-Walter, eso es imposible. Todos los mobs hostiles atacan apenas te ven. No lo dudan ni un instante.
-Adelle, no seas mala, relájate. Walter tiene razón. A veces ciertos mobs tienen la tendencia a mirarte por algunos segundos antes de atacar o de perseguir. Me ha ocurrido un sinnúmero de veces, por cierto. Es más, una vez rodeé a un creeper en el camino. No me persiguió, yo estaba claramente en su rango de visión. Al final fue una trampa; me fui acercando curioso hasta que explotó repentinamente. Por suerte no me hizo nada.
-Vaya, ¿entonces los creepers lo suelen hacer por ese motivo? ¿Para emboscar?
-No lo creo... los creepers también hacen eso, se quedan impávidos por instantes para luego correr hacia uno llenos de determinación. Walter, ¿recuerdas lo que les dije acerca de los creepers cuando estallan?
-Oh, sí. No les importa morir, ¡es que son unas criaturas desalmadas! ¡Son horribles!
-Michael, ¿qué sugieres?
-Creo que debe ser algún tipo de coincidencia. Eso es todo. Sin embargo, esto es más común entre zombies. Piénsalo. Los zombies en su vida pasada fueron jugadores también. Puede que estén sintiendo algún tipo de rebeldía frente a sus impulsos de atacar y de devorar cerebros, ¿no?
-Puede ser... Pero es algo poco posible, no hay pruebas de ello.
-A mí me consta.
-Walter, a ti todo te consta. Lo que yo creo es que es lo más posible. Tan... tan sólo piénsenlo, en este mundo nada es seguro, díganme si no se han enfrentado a errores en el mapa, por ejemplo. Definitivamente esto puede ser posible entre zombies. Se los digo, estoy seguro de que aún no sabemos nada...
-...
-¡Responde!
-¡Jugador, responde!
-E... ¿Eh?- balbuceó Michael, inmerso en recuerdos traídos al parecer al azar. La absorción en los pensamientos puede ser algo muy interesante.
-¿Qué significa domesticar?
-¿Q- qué dices? ¿Qué...?
Y se detuvo. No se había dado cuenta hasta dónde se había sumergido en sus memorias. Aún no recordaba los últimos sucesos.
Por eso se espantó al ver a un creeper junto a él dentro de su misma casa.
-¡Aaaahh...!- repuso. Pero de inmediato recordó todo. Es más, casi saca su espada, con la que hubiera armado bastante lío.
-¿No me vas a contestar?- insistía la pequeña. Tenía la boca cerrada y apretada, y el ceño fruncido.
-Perdona, es que...
-¿No me lo vas a decir? ¡Pero qué descortés!
-Ah, no, es que estaba algo... distraído...
No podía estarlo menos. Acabada de recordar una de las muchas conversaciones que había tenido con Walter y Adelle durante un campamento juvenil, allá por el día 27000, el mismo día en el que ocurrió la fatídica tragedia. Una pareja de creepers le fabricaron una práctica entrada a las paredes del recinto y un grupo de zombies se coló por la brecha. Se vieron obligados a luchar salvo Walter, quien se ausentó unos minutos dejando a Michael solo.
Sólo unos pocos pudieron dar fe de lo ocurrido, por desgracia excluyendo a Adelle.
-Déjame pensar... Domesticar quiere decir lograr que algo salvaje deje de serlo. Hacemos eso todo el tiempo con caballos y lobos. Incluso con zombies.
-¿Eeeeehhh? ¡No puede ser cierto!
-Claro que lo es. No los domamos exactamente, en realidad curamos a jugadores y a aldeanos que han sido convertidos en zombies. No podemos, en cambio, intentar lo mismo con los hostiles, están ahí siempre para atacarnos.
-¿Y tampoco con creepers? ¿Cómo explicas mi domesticación? ¡Simplemente no es posible!
Michael sólo sonrió.
-Pues creo que soy el primero en lograrlo...
La pequeña estaba llena de dudas, pero fácilmente podía ver que Michael apenas sabía algo más que ella misma. Ambos estaban descubriendo algo nuevo e insólito justo cuando se creía conocido todo, pero apenas conocían el overworld y el nether. Michael estaba tan entusiasmado con este hallazgo que quería saber cómo y qué ordenarle. Así que se dirigió hacia la pequeña creeper y le dio una orden simple.
-Sit!
-¿Eh?- dijo la creeper, inquieta.
-Sit!
-¿Qué estás...?
-No, creo que no funciona- se dijo a sí mismo. Se desilusionó un poco, pero aún conservaba a la pequeña.
Aunque no sabía nada de ella. No sabía siquiera si iba a seguir siendo pacífica cuando creciera o si se iba a tornar hostil. Y eso si es que crecía, porque no tenía idea si es que iría a seguir creciendo o no. Y si es que ese era el caso, no sabía bajo qué método debía hacerle crecer. Tampoco sabía si atacaba. Si es que su método era simplemente golpeando o estallando, y si fuera estallando desconocía si aún seguiría viva, o incluso solamente algo lastimada. Y no podía saber si la explosión también le haría daño a él o no, y si es que crearía un agujero o dejaría todo intacto, solamente causando daño a las entidades. O si es que el ajujero iría a ser enorme, como los que dejan algunos de esos creepers cargados, de los que, por cierto, sólo había escuchado. Nunca se pudo topar con uno, ya que los abetos respondían con firmeza bajo las tormentas eléctricas y los rayos no tocaban piso.
Se hacía tarde y había que dormir.
-Esteeee... ¿oye?
-¿Huh?
La creeper no tenía ganas de dormir en absoluto. Estaba pasando su primera noche fuera de la cueva, y esto le tenía terriblemente extasiada.
-¿De dónde vienes?
-Ah, era eso- dijo Michael no muy contento. Sabia que le haría la noche larga. Ya lo estaba visualizando todo: le tomaría la entera noche contarle acerca de sus huidas de casa o de las veces en las que se vio envuelto en peleas, todo con apenas ocho años.
Así que decidió empezar por el campamento. Desde allí no tendría que contar excesivamente mucho. Además tenía un par de historias interesantes que contar. Por ejemplo, la vez en la que Todd y Dereck huyeron cuando lo vieron con un cráneo de zombie que había tomado de una de las casas de los aldeanos. O la vez en la que él, Adelle y Walter planearon una broma con pistones, agua y...
-¿Quién es Adelle?- preguntó la curiosa. Evitándole, Michael le respondió.
-Fue una amiga de la infancia. Pero ya no está entre nosotros, ¿lo entiendes?
-Creo que sí- pronunció bajo. Pero cuando Michael iba a continuar, le interrumpió.
-Um, ¿puedo preguntar qué le pasó?
Michael comprendió que no tenía esperanza.
-...
Todavía recordaba todo, uno de los pocos momentos que hacían que se lamentara de tener buena memoria. Construido por aldeanos, el campamento juvenil era una excelente elección para quienes buscaban algo de paz o tranquilidad en el mundo. Allí habían gastado tardes enteras charlando y riendo, fomentando la amistad y el apoyo entre ellos. Pero eso, aunque duró muchos años, de un día para otro se acabó. Una de las reforzadas paredes del sitio fue bombardeada, y un sinnúmero de enemigos, principalmente zombies, entraron y comenzaron a arrasar con aldeanos y no aldeanos en el nombre del Grande. A Michael le tocó ver cómo un grupo de zombies rodeó a Adelle, quien fue asesinada muy rápido y para cuando recién se estaba dando cuenta de lo que ocurría otro grupo ya le estaba rodeando también. Por suerte apareció Walter salvándole la vida con un par de hachas, ya que dada la emergencia no podía darse el lujo y perder tiempo crafteando.
En medio de la lucha Walter salió disparado hacia una mesa, dado que un zombie había dejado un lingote de hierro. Michael se las tuvo que arreglar solo un rato y, pese a que la intención era buena, el momento era el peor, pero era entendible.
Pero esa no era la razón que Michael había tenido para estar molesto con Walter. Entre todos los zombies que atacaban, uno de ellos se mantuvo detrás. Michael inmediatamente notó que no era uno común. Pelo desordenado, ropa clara y ojos oscuros llenos de sagacidad le separaban del resto. Cuando Michael acabó con la horda más cercana a él, dicho zombie se le acercó y ya no le quedaban fuerzas como para seguir luchando contra más zombies. Y el zombie le tomó del cuello y lo alzó al borde de un precipicio enorme. Lo miró un buen rato... Michael lo miró a los ojos y creyó reconocerle, puesto que, al tener una inspección más cercana se dio cuenta que sus ojos no eran negros, sino morados.
El zombie lo dejó en el suelo, retrocedió unos pasos y bajó la vista.
Michael le habló.
-¿Adelle?
Y entonces Walter, sin tener idea, de un salto prodigioso, le dio una poderosa estocada, la que el zombie no recibió con gusto, gritando muy dolido cayendo por el barranco apagándosele el alarido gradualmente mientras caía en las oscuridades absolutas.
-Es todo por hoy. Ve a dormir por ahí- dijo Michael molesto. La creeper entendió que fue duro para él, así que obedeció.
-Sí, enseguida.
-Oye...
La pequeña volteó.
-Mañana tendremos que salir.
