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Capítulo 3
─ Estoy molido viejo ¿Cuánto más debemos de entrenar? ─ dijo el pelirrojo noble mientras caía al suelo y lanzaba una espada a su costado, espada que solo tenía filo por uno de sus lados y tan delgada que parecía ser de estilo oriental, impropia para los estándares de los caballeros.
─ No puedo creer que con esa pequeñez de tiempo ya estés completamente derrotado ─ fue el noble de cabellos azabache quien le respondió en un tono reprobatorio ─ Mira a Asun que está lleno de energía, debería darte vergüenza.
─ Nuestro pequeño amigo de aquí es un caballero de élite bien entrenado, nosotros somos meros y simples nobles que apenas han sido entrenados solo por las apariencias ─ el tono agotado del pelirrojo era bastante obvio para el caballero en cuestión.
Era algo inusual para el azabache que se refiriera a sí mismo como un "mero y simple noble", a diferencia de él que aún poseía a su padre, el conde había heredado su título y sus tierras al cumplir la mayoría de edad por la pronta muerte del anterior conde Tsuboi, incluso personas que no lo conocía aseguraban que él era un genio digno de confianza, claro que al ver su personalidad poco ortodoxa cambiaban de opinión al conocerlo. Ryoutarou había sido un hombre muy valiente al heredar el rango de conde a corta edad y hacer un gran papel en ello; había logrado expandir su territorio, mejoró las condiciones de vivienda de los campesinos, recuperó la estabilidad de su condado y, por lo que él sabía, aumentó la fortuna Tsuboi además de que gozaba de plena confianza de cada persona que vivía en su territorio. El heredero Kirigaya una vez paseó con él en su territorio y para él fue completamente palpable la admiración que desprendían los ciudadanos a su paso, pero también la ligereza y confianza lo acompañaban; ya que hasta los vendedores ambulantes le saludaban como si de un amigo se tratara y no de un conde.
Él deseó de todo corazón ser ese tipo de noble, algún día. Siendo de confianza para sus plebeyos, inspirando respeto y seguridad a su paso, como lo era su amigo Ryoutarou y como lo era el actual rey. Se olvidó por completo de la familiaridad que su amigo desprendía, con su personalidad tan parca y retraída ese sí que era un sueño completamente imposible, pero no le importaba no ser amigo de su pueblo siempre que confiaran en él y en sus decisiones con respecto al ducado.
─ Hasta hace poco no dijiste que eras la reencarnación de un Samurái oriental ─ comenzó a hacer mofa de su cansancio como forma de entretenerse, moviendo su cabeza de lado a lado de forma reprobatoria ─ si hasta mandaste a pedir que trajeran ese sable del oriente lejano...
─ ¡Por supuesto que soy la encarnación de un gran Samurái! ─ el pelirrojo comenzó a protestar molesto y sonrojado por las burlas de su amigo ─ Pero hoy no estoy en mis más óptimas condiciones, idiota.
─ Eso es porque te la pasas en juergas en el burdel, eres un irresponsab-
─ Supongo ─ la palabra fue dicha en un tono mortalmente suave, interrumpiendo la anterior reprimenda del de mirada plata ─ que si Kirigaya-sama está tan en contra del descanso de Tsuboi-sama tiene mucha más energía que él, tanto como para enfrentarme.
Quien dijo eso fue el caballero guardián del menor de los dos, que hasta ese momento se había mantenido al margen de la charla entre los dos nobles, pero ahora veía a su empleador con fuego en la mirada. Desde el inicio, cuando el azabache sugirió tener una tranquila pelea de espadas al aire libre ─ en el jardín de su mansión ─, el caballero guardia se opuso terminantemente alegando que el heredero aún tenía mucho trabajo por hacer, pero al ser ignorado por los otros dos, de mayor rango que él, no tuvo otra opción más que seguirlos al jardín y cuidarlos desde una cercana pero considerable distancia, lo suficiente para no perderlos de vista, pero darles sensación de intimidad a los nobles. Cuando el conde dijo que ellos eran simples nobles entrenados superficialmente por las apariencias, no mentía. Normalmente el manejo de la espada era un pequeño pasatiempo sin importancia para la mayoría de las personas con un cargo, por supuesto que también había sus excepciones, nobles que se lo tomaban en serio, el azabache era una prueba de ello; pero por más que quisiera, un noble nunca alcanzaría el rango y habilidad de un caballero de la corte real, que ha crecido junto a una espada, siendo entrenado desde joven con el único propósito de ser parte del ejército del país.
El pelirrojo pensó que esas palabras eran un desacato muy fuerte que, si hubiesen sido dichas a otro tipo de nobles, le hubiesen valido al delgado caballero una reprimenda muy severa; pero al ver la sonrisa llena de maldad del azabache pudo deducir que, lejos de sentirse insultado, su joven amigo estaba satisfecho con la respuesta dada por su caballero. Él solo rió con un poco de incomodidad; también le gustaba el descaro que algunas veces sacaba a relucir el caballero de ojos miel, lo único que le incomodaba era presenciar la fuerte conexión que había entre esos dos, que parecían tener una batalla de miradas donde se entendían a la perfección y nadie era invitado, se preguntó si las personas en cuestión eran conscientes del fuerte vínculo del que eran partícipes.
─ Ya oíste al joven caballero lleno de energía ¿Por qué no luchas contra él? ─ ahora él haría mofa de su amigo, en venganza por sus anteriores comentarios ─ Me encantaría verte mordiendo el polvo por un pequeñuelo al que le sacas una cabeza.
─ ¡JA! ─ el azabache se desabotono y lanzó su jubón* al piso para después enrollar las mangas de su camisa y se preparó en una pose de batalla propia de los caballeros ─ Asun solamente me tomó desprevenido la primera vez que nos conocimos, dudo mucho que me vuelva a derrotar una segunda vez.
A pesar de la bravuconería mostrada por el azabache, el caballero guardián solo le dio una reverencia antes de sacar el espadín* de su cintura y plantarse rectamente frente él, indicándole que estaba listo para la batalla.
─ Asun ¿No te pondrás más ligero? ─ el noble alteró poco su posición mientras lo veía con extrañeza ─ Hace un calor de infierno, será difícil moverse con todo eso.
─ La caballería real tiene que usar una armadura realmente pesada incluso en épocas calurosas, esto no es nada ─ aunque era un simple hecho dicho en un tono sin importancia, el azabache podía sentir la bravuconería que emanaba de su guardia, así era como estaba contestando a su declaración anterior.
─ Bueno, pero si te da un golpe de calor, luego no te quejes.
─ No lo haré Kirigaya-sama.
Antes de que el noble pudiese decir algo más una luz entro en su campo de visión.
Era el destello de la hoja de una espada reflejando el sol, más específicamente hablando, era de la espada de su guardia que sin piedad lo atacaba con una velocidad que debería considerarse inhumana. Antes de poder reaccionar, su cuerpo se movió por instinto y usó su propia espada para desviar a la certera hoja que se dirigía a su cuello.
El sonido del metal contra el metal rompió el momentáneo silencio que se había instaurado en el jardín de la mansión.
Mientras el azabache se las arreglaba para desviar el ataque, el impacto inesperadamente poderoso aturdió a todo su brazo derecho, brazo con el que sostenía su espada. Antes de siquiera poder recuperarse en totalidad del aturdidor golpe, llegó un segundo ataque instantáneo que evitó a duras penas.
─ ¡Asun! ─ él jadeó el nombre de su caballero en estado de shock, consternado por el temprano ataque.
─ Un espadachín siempre debe estar listo para cualquier ataque Kirigaya-sama ─ fue lo único que le dijo el de ojos miel antes de realizar una rápida sucesión de ataques con su espadín, sin darle descanso u oportunidad de respirar con calma, por alguna extraña razón que el noble no comprendía, su caballero parecía estar demasiado entusiasmado ante la idea de derrotarlo.
Tras inmediatamente hacer su juicio, Kazuto Kirigaya comenzó con su contraataque abalanzándose contra su oponente, bloqueando y esquivando la mayoría de sus cortes y tratando de darle uno de su propia cosecha, pero era algo imposible para él por la velocidad que estaba mostrando el caballero. Pensando que no le podía ganar a una velocidad tan inhumana con ataque directos, se lanzó con velocidad al suelo para propinarle una patada a su caballero en sus piernas y desequilibrar su centro de gravedad.
El espadachín de cabello castaño saltó hábilmente, esquivando la patada que se acercaba hacia él, para inmediatamente después atacar en línea recta con un malicioso corte superior. Pero esta vez, Kazuto se mantuvo firme y, su mano derecha logró moverse a la velocidad suficiente para interceptar el ataque. Ambas espadas volvieron a chirriar en cuanto chocaron, por la fuerza que sus dueños les ponían. En ese sentido Kazuto podría decir dignamente que poseía ventaja, Asun no tenía tanta fuerza física como él, usando eso como ventaja principal comenzó a elevarse del suelo imprimiendo la mayor cantidad de fuerza posible en su espada, haciendo retroceder a Asun, que hasta entonces parecía tener la ventaja.
─ Ten piedad de mi Asun, anoche apenas y dormí ─ aunque la frase trataba de mantener un tono ligero, la rapidez que con la que fue dicha y los dientes apretados de su portador denotaban el esfuerzo que él estaba haciendo.
─ Tal vez Kirigaya-sama debería de pasar menos tiempo en el burdel ─ era obvia la molestia del caballero hacia su señor que usaba un tono de reprimenda. A pesar de sus palabras el noble fue ganando terreno y haciendo retroceder al caballero mediante el uso de la fuerza, empujando su espada sobre él ─ y más tiempo cumpliendo con sus obligaciones.
Pero una vez que estuvo de pie, el de ojos miel deslizó su espadín por el filo de la espada de su contrincante, haciendo que la enorme fuerza que él estaba poniendo en hacerlo retroceder fuera puesta en su contra. Aprovechando ese momento el caballero puso un poco más de fuerza, girando su espada hacia el centro de su acompañante de forma leve para después imprimir toda su fuerza en un empujón, que provocó que el brazo derecho del noble saliese volando, pero sin hacer que soltara la espada de su mano, inmediatamente después aprovechó ese hueco vulnerable para propinarle una patada en su abdomen con toda la fuerza que era capaz de dar, sacándole el aire a su oponente de cabellos oscuros, haciendo que retrocediera un par de pasos y jadeara con fuerza.
El amigo pelirrojo de ambos solo podía ver con sorpresa el acalorado encuentro.
─ ¿Se rinde Kirigaya-sama?
─ Nu-nun-ca ─ jadeando desesperadamente por aire el noble se negó a rendirse. Era bastante gracioso para él que, a pesar de lo que había dicho al inicio del encuentro, él era el único sudando y jadeando por aire, su amigo estaba completamente entero, con sus ropas bien puestas y su peinado de niña sin moverse ni un ápice, sin sudar ni una sola gota de sudor; era hasta cierto punto injusto.
La pose digna, recta y seria del caballero era casi un insulto al maltrecho noble que luchaba desesperadamente por regresar el aire a sus pulmones.
─ Listo Asun, segunda vuelta ─ cuando el azabache se sintió un poco más estable rápidamente retomó su ataque a su amigo, esta vez se encargaría de ser la ofensiva.
A pesar de su poderosa y fuerte ofensiva, él no significó un oponente abrumador para el caballero que le respondió con velocidad e inteligencia. Ambos dejaron de pensar en el tiempo y en las personas a su alrededor mientras se enfrascaban en su lucha, en la que ninguno de los dos quería ceder terreno. Para el heredero a duque esos encuentros eran divertidos y alentadores, era la única ocasión en que Asun, su caballero, no lo veía por encima sino todo lo contrario, ambos se ponían al mismo nivel.
Enfrascados en una lucha de iguales, donde los títulos no tenían ninguna importancia, solamente con la compañía de sus espadas y donde ningún otro individuo era invitado.
Para cuando el ocaso se hizo presente ambos contrincantes jadeaban por aire, cubiertos de sudor, claramente agotados. Su lucha; que anteriormente había sido vigorosa y violenta, se había reducido a meros movimientos torpes y burlas hacia el otro, donde ninguno de los dos dejaba de reír.
─ No puedo creer que ya esté oscureciendo ─ decía entre jadeos el caballero de ojos miel.
─ Ni yo, creo que es hora de poner fin a esto ─ le respondía de la misma forma el noble.
─ ¡Oigan, ustedes dos! Hace bastante tiempo que pasó la hora de ponerle fin a su maldito encuentro ─ El pelirrojo, aburrido desde su posición, les reclamó.
─ Mis más sinceras disculpas Tsuboi-sama.
─ ¿Sigues aquí? ─ la impertinencia del noble de cabellos azabache no tardó en aparecer ─ Creí que ya te habías ido.
─ Pues si me fui, pero regresé a darles conciencia para de cabezotas. Han perdido gran parte del día comportándose como niños.
─ Mira quien llegó a hablar...
A pesar del rudo hablar del noble, dueño de la casa, el caballero solo hizo una profunda reverencia a modo de disculpa ─ Será mejor que hagamos caso de las advertencias de Tsuboi-sama, es hora de-
─ ¡Oh vamos! Por lo menos un golpe más; mínimo para decidir un ganador ─ cuando la expresión de ruego especial del noble le llegó al caballero, el no tuvo más opción que aceptar ante lo que le pedía.
─ Un noble rogándole a su sirviente ─ la carcajada del conde fue estruendosa ─... Kazu-chi cuando acabes, recoge tu dignidad, a ver si la encuentras.
La carcajada fue acompañada de una risa suave, que provenía de parte de su sirviente.
─ Un hombre con una risa tan femenina como la tuya Asun, no tiene derecho a reírse ─ fue la única respuesta enfurruñada que el heredero a duque dio.
Aun así, se posicionaron en una pose de batalla para dar su ataque final, estaban agotados pero felices, ese encuentro suyo los había revitalizado de sobremanera.
Ambos se miraron a los ojos, medio divertidos, medio exasperados y se lanzaron al ataque del otro.
Kazuto con un ataque horizontal desde su derecha, apuntando a la cadera de su oponente.
Asun usó su espadín para darle una estocada de lleno en su hombro.
─ Bien, esto es el triunfo del ex caballero real, momento de retirarse ya que está a punto de oscurecer ─ era el pelirrojo que, por la visión del hombro desnudo del heredero, a causa de la rotura de su camisa por la estocada del caballero, determinaba el ganador.
─ No, el triunfo es mío ─ fue la exclamación del azabache al ver como el pantalón de su caballero caían por su cadera, producto su ataque que rompió la prenda.
─ Se equivocan los dos, esto es un empate ─ determinó el caballero mientras se apuraba a levantar su pantalón y lo afianzaba a su cadera, con una voz suave y determinada, mostrando una calma que estaba lejos de sentir ─ Mire atentamente su hombro Kirigaya-sama, creo que le sangra un poco.
Pero el noble no movió su vista del pantalón de su amigo, a pesar de la advertencia de un posible sangrado, su mirada era tan intensa que estaba poniendo nervioso al caballero, con cada segundo que pasaba sus nervios no hacían más que aumentar.
─ Asun... tu...
─ ¿Sí, Kirigaya-sama?
─ ¿Qué sucede Kazuto-chi? No puedes encontrar tu dignidad, mira que bajarle los pantalones a un hombre con tu espada es-
─ ¿Por qué usas más de un pantalón Asun? ─ antes de que el pelirrojo terminara su burla fue abruptamente interrumpido por la pregunta del azabache, hecha en un tono serio, mientras veía fijamente a la cadera de su caballero.
Cuando arremetió contra su cadera; el noble solo planeaba rozarla sin dañar, pero al ver el pantalón de su compañero caer se dio cuenta de que no tenía una precisión tan ideal con la espada como él esperaba, se apresuró a disculparse, realmente quería hacerlo. Pero al ver que debajo de su pantalón, su caballero traía un segundo puesto, cualquier disculpa que quisiese decir murió en sus labios, nunca había escuchado de un hombre que usara varios conjuntos de ropa encima.
Eso era algo realmente extraño e inentendible para él.
─ Asun te hice una pregunta ─ no quería sonar severo, pero no podía evitarlo, la curiosidad y un malestar dentro suyo; que no comprendía, lo obligaba a exigir una respuesta.
─ Así que el pequeño caballero de aquí usa más de un pantalón ¿Qué sucede, Asun? ¿Tratando de verte más musculoso de lo que eres para las chicas? ─ el pelirrojo no había perdido su tono burlesco, como si sintiese la tensión en el ambiente y luchara por disiparla.
─ No creo que Asun sea un idiot-
─ En realidad hay algo de verdad en ello ─ Cuando el azabache estaba a punto de responderle que no todos eran tan idiotas como él, la respuesta de su caballero no tardó en llegar, interrumpiendo su insulto ─ Cuando estaba en la academia de caballeros; era tan delgaducho que parecía desnutrido a ojos de mis maestros, hasta que llegó un punto en que comencé a usar ropa holgada encima de la que ya me ponía, para no verme tan delgado, al final se me hizo costumbre y no he podido dejarlo.
─ ¿Enserio? Pero si hace un calor de infierno...
─ Esto no es nada Tsuboi-sama.
─Asun... ¿Realmente esperas que me crea esa tontería? ─ no entendía porque, pero el azabache se estaba irritando mucho ─ Tú nunca has sido tan superficial.
Antes de que se enfrascara en una pelea, un potente golpe en su espalda casi hace que cayera de bruces, el pelirrojo conde fue quien se lo dio, denotando más fuerza de la que normalmente poseía ─ Ya Kazu-chi, si el honrado caballero dice que es eso, es porque eso es. Dime ¿Cuándo te ha mentido?
Dio un suspiro antes de contestar ─ Nunca.
─ Entonces ya vámonos Kazuto, Asun; necesitan cambiarse.
El azabache se ahorró de contestar que siempre había una primera vez para todo, especialmente después de ver la cabeza gacha de su caballero, que no lo observó durante el resto del camino.
La sensación de malestar solo se hizo más grande y, por alguna razón que no comprendió, sintió la enorme necesidad de dirigirse al burdel donde su chica muda lo esperaba.
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Entrenar todo el día no era una cosa de juego para alguien que no estaba acostumbrado al trabajo duro, o eso fue lo que pensó Kazuto Kirigaya cuando el peso de haber hecho ejercicio todo el día hizo mella en su cuerpo. Sus músculos se sentían aletargados por el extenuante ejercicio realizado, además de que la cabeza le empezaba a doler ante la enorme cantidad de trabajo y papeleo que le esperaba, se había atrasado bastante; después de todo manejar un ducado, los negocios comerciales de la familia Kirigaya y los proyectos que tenía con su majestad no eran algo que le permitieran a un hombre pasarse toda la tarde haciendo el tonto. Plus a todo ese trabajo y a la pérdida de tiempo, ahora se encontraba en el burdel, relajándose aún más, estaba seguro de que pagaría caro por tanta irresponsabilidad. De todos modos, dejó sus preocupaciones para después, mandándolas lejos de su mente mientras se concentraba en el suave masaje que su amante le estaba dando, envuelto entre la relajante agua caliente.
Inmediatamente que regresó a su casa después de su exhaustiva lucha y despedirse de su pelirrojo amigo, se dirigió a su estudio personal a concentrarse en el trabajo, durante toda la noche de ser necesario, para recompensar todo el tiempo que había perdido con su caballero, que se había retirado a cambiarse prometiendo que pronto regresaría su lado. No se había sentido ni levemente arrepentido de usar su tiempo de esa forma, le encantaba pasar el tiempo con Asun así; pero al encontrarse en su estudio, completamente solo, se vio incapaz de concentrarse en el trabajo, se sentía agotado y un tanto desesperado por la chica por la que pagaba en aquel burdel, estaba seguro de que, si se trataba de ella, disiparía cualquier cansancio tanto físico como mental. Para cuando su guardia se presentó ante él cambiado y repuesto, él ya se dirigía a la salida y había mandado a su cochero a preparase.
Como siempre Asun lo acompañó religiosamente hasta la entrada con la promesa de que lo estaría esperando en el coche para cuando quisiese retirarse, pero él lo despachó inmediatamente avisándole que se quedaría toda la noche dentro del lugar. Al escuchar su respuesta su guardia se mostró sorprendido pero compuso su expresión de inmediato y esperó a que él entrara en el recinto antes de retirarse, él azabache no estaba seguro pero tenía una enorme sospecha de que, aun así, su caballero montaba guardia fuera del burdel como forma de protegerlo; esa era una de sus principales razones para no quedarse en el lugar toda la noche, pero ese día se encontraba tan cansado que no tenía ánimos para nada más que para retozar en los brazos de su amante, por esa única ocasión sería egoísta prometiéndose que compensaría a su guardia en el futuro.
La culpabilidad que sentía por su guardia se fue volando de su mente en cuanto vio a su chica esperando por él, de la misma forma que la veía siempre.
Tan arrebatadora, tan seductora y, a la vez tan tierna y tímida.
Obviamente, todas sus preocupaciones se fueron volando por la ventana y solo se pudo concentrar en ella, a pesar de lo agotado que se sentía tuvo la fuerza suficiente como para poseerla y darle placer mientras obtenía el propio en una lenta y deliciosa entrega carnal. Cuando acabaron el encuentro terminó tan agotado que su mente comenzó a flotar en la semiinconsciencia, pero estuvo lo suficientemente despierto para notar el cómo su amante se retiraba de la cama, trató de detenerla con su mano pero no poseía las energías suficientes para ello y, por primera vez, ella le habló; susurrando algo sobre que volvería pronto pero estaba tan cansado que no pudo entenderle bien, solo sintió que lo que ella le dijo fue lo suficientemente tranquilizador como para soltarla, lo último que vino a su mente fue que la voz de ella le parecía familiar.
Para cuando despertó de vuelta, ella se encontraba a su lado observándole animada. En un movimiento rápido ella lo instó a levantarse de la cama y, tan desnudo como se encontraba, lo guío fuera de la habitación por el pasillo del piso, que en ese momento se encontraba cavernoso y solitario, hasta una habitación nueva que se encontraba a solo unas puertas de distancia de donde habían salido. En la habitación se encontraba una enorme tina llena de agua caliente, o eso dedujo por el vapor que salía del agua, al centro de la habitación; resaltando sobre el resto de cosas que parecían accesorios de baño. Ella lo había guiado a un baño de aspecto pagano y decadente que encajaba perfectamente con el burdel.
Jalando con más insistencia a su amante hacia el centro de la habitación, justo frente a la tina; la chica de cabellos castaños entró en ella y lo motivó a que la siguiera. Colocándose ella en la orilla de esta y permitiendo que el de cabellos azabache se sentara entre sus piernas, dándole la espalda a ella, para inmediatamente después jalarlo y hacer que quedara recostado en el tórax de ella; usando sus pechos como si de una almohada se tratase.
La cómoda posición y el agua caliente lo relajaron de inmediato, pero la cereza del pastel para él fue cuando ella comenzó a masajearlo de forma suave; cruzó sus brazos sobre el pecho de él para masajear cada hombro contralateral y subió sus piernas sobre las de él para masajear suavemente con sus pies ambas piernas masculinas, permitiéndole la relajación absoluta y aliviando dolores que no sabía que tenía; el dolor en sus piernas era el resultado de pasar toda la tarde luchando contra su caballero, haciendo ejercicio al que no estaba acostumbrado. En ese momento se serenó, cerró sus párpados y se puso a disfrutar de los mimos de su amante.
Y de esa forma habían permanecido por una buena cantidad de tiempo, o eso juzgaba el heredero a duque al sentir el agua tibia, a pesar de que cuando entro a esta se encontraba caliente.
─ Creo que eso hora de regresar a la cama ─ él no quería sonar insinuante, pero la relajación extrema a la que estaba sometido hizo que su voz saliese ronca de su garganta, escuchándose como si pidiera sexo.
Pero como si no le escuchara, o no quisiese obedecerle, la chica solo se levantó y salió de la tina para ir por productos de aseo; a lo que inmediatamente se puso a bañar a la persona que pagaba por ella. El heredero de los Kirigaya se encontraba tan relajado que no protestó y dejó que su amante hiciese lo que quisiese, a su mente llegó el reclamo de su pelirrojo amigo sobre no tener dignidad para hacer a otros obedecer, anteriormente solo le había pasado con su caballero guardián, pero ahora le pasaba con su amante, pensó que tal vez era hora de empezar a creerle; no servía para mandar a otros, por eso no todos lo obedecían.
Cuando ella terminó de bañarlo, le colocó una bata sacada de algún lugar y se aseguró de guiarlo de vuelta a la cama, donde lo acostó y arropó mientras se colocaba a su lado, dándole el descanso pleno que necesitaba.
Antes de entrar en el mundo de los sueños, el último pensamiento de Kazuto Kirigaya fue que la razón por la que no podía mandarles nada tanto a su amante como a su caballero era por sus ojos color miel, que reflejaban una fuerza y honestidad inquebrantable, tan similares, como dos gotas de agua, ambos tenían los mismos ojos y le producían la misma sensación.
Lamentablemente para él, a la mañana siguiente que despertó, se olvidó por completo de ese pensamiento.
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Esto es tan incómodo.
Eso era lo que pensaba el heredero principal de la familia Kirigaya mientras paseaba por los jardines de la plaza principal de la ciudad real junto a su prometida, y su hermano. Aunque al principio creyó que sería buena idea aprovechar la creciente y prohibida amistad entre su hermano y su prometida como forma de acercarse a ella, pudo averiguar rápidamente del enorme error que había cometido; ellos prácticamente le estaban mostrando su amor de forma descarada, lanzándose miradas anhelantes y sonrisitas insinuantes, encerrándose en su propia burbuja por momentos dejándolo de lado a él. Lo más humillante del asunto es que él no era el único que se había dado cuenta de este hecho; en lo que había durado su paseo la doncella de Alice la había reprendido tres veces y, el mayordomo fiel que siempre acompañaba a Eugeo no dejaba de dedicarle miradas nerviosas al azabache; como si temiese que fuera a explotar en ira en cualquier momento. No entendía porque, Kazuto siempre se había jactado de ser un hombre muy controlado y calmo, además de adorar a su pequeño hermanito con su vida, estaba seguro de que jamás perdería el control por algo como eso, por más humillante que resultara la situación. Cosa contraria sucedía con su caballero guardia que los acompañaba; él parecía emanar un aura de muerte y hostilidad demasiado notoria, que estaba poniendo incómodos a los sirvientes que los acompañaban. Aunque al principio del paseo; Kazuto se sintió un poco herido por el desplante de su prometida y su adorado hermano, esa sensación fue inmediatamente reemplazada con diversión al ver el odio que desprendía su siempre calmo y frío guardia, su amigo realmente era una cosa interesante de ver. Ahora solo perduraba la sensación de incomodidad; gracias a las miradas de miedo mezclado con lástima de los sirvientes, el odio que emanaba de Asun y, las miraditas anhelantes entre su prometida y su hermano.
En resumen; el paseo había resultado una pésima idea y ahora estaba arrepentido por ello.
Trató de pensar varias formas para ausentarse del paseo ─ era demasiada su incomodidad ─ pero para él, se sentía un poco como un acto de cobardía simplemente sacar un pretexto y retirarse, después de todo, el compromiso entre Alice y él era algo que no se podía romper por eso tenía que romper todas las barreras entre ellos ya que, con ella llegando pronto a la mayoría de edad, pasarían de ser prometidos a esposos.
La sola idea le causo vértigo.
Esa pequeña pero hermosa niña que le veía con cierto deje de desagrado e indiferencia se convertiría en su esposa en cuestión de meses. No estaba tan seguro de que una chica tan caprichosa sería ideal como portadora del título de Duquesa de los Kirigaya; a lo largo de los años había visto a su madre enfrentarse a la nobleza con gracia y elegancia inalterables siempre poniendo en alto el nombre de la familia Kirigaya, una chica que ni siquiera podía esconder el desagrado hacia su persona y mucho menos comportarse con decoro en público no podría ni llegarles a los talones a su madre.
Volvió a pensar en su amante, olvidándose del resto de personas que lo acompañaban. Esa chica sabía muy bien leerlo a él y a sus necesidades, incluso aquel día que se encontraba agotado por el cansancio ella supo cómo actuar; algo completamente desconocido para él la forma en la que pudo leer la situación y actuar en consecuencia. También era increíblemente recatada fuera de la cama, nunca actuaba de más ni hacia algo impropio, pero tampoco nunca hablaba; más de una vez le había pedido que hablara para él, pero ella solo había negado con su cabeza llena de un semblante de tristeza, de alguna forma pensó que, si ella tuviese un apellido ideal, sería perfecta para ser la Duquesa de los Kirigaya.
Algo ilógico que pensara eso de una prostituta.
Pero no podía negar las emociones que ella le hacía sentir cada vez que la veía, no era tan tonto ni tan obstinado como para no darse cuenta de que ya la veía más que como una mera conveniencia, la veía de una forma especial; tal vez desde el inicio fue así viéndola como algo más que una simple prostituta, por más que se la pasara nombrandola como tal, en el fondo de él sabía que jamás la había visto así. Por tal motivo, era imprescindible terminar cuanto antes su relación con ella, pero cada vez que la veía, el terminar su relación se le antojaba algo impensable sino es que imposible.
¿Me estoy convirtiendo en mi padre?
¿Haré a Alice tan infeliz como mi madre?
Una carcajada amarga quiso salir de sus labios ante tal pensamiento especialmente después de ver como su prometida "tropezó" y Eugeo la tomaba de su mano para asegurar su estabilidad, si es que su matrimonio se volvía igual al de sus padres, estaba seguro de que él sería quien ocupará el lugar de su madre. El hijo mayor cerró sus párpados e inspiró hondo; no se iría a casa, buscaría la forma de separar a Eugeo de Alice y luego enviaría a su hermanito a casa para quedarse a solas con Alice y hacer un intento de romper el hielo con ella. Pensó con tristeza; que eso era un poco inútil, él no poseía el encanto para hablar que a su hermanito le sobraba.
Cuando abrió sus párpados de nueva cuenta pudo ver a un vendedor ambulante de flores, a todas luces parecía un plebeyo realmente humilde, también pudo ver como Asun se le acercó al vendedor y le dio de forma discreta un par de monedas de oro, pero pudo ver como toda su discreción fue mandada a tomar viento cuando el vendedor de forma insistente persiguió a Asun para darle un ramo de flores a cambio. Eso le hizo recordar un episodio pasado con su pequeña amante; hace unos meses ─ cuando se había tomado la licencia de pelear con espadas todo un día con Asun ─ había quedado tan agotado que el cuerpo le dolía por entero, fueron los tiernos cuidados de ella lo único que lo aliviaron, a tal punto que quería darle algo en compensación a parte de su paga. Después de quebrarse la cabeza por varios días, sin saber que regalarle; un día ─ mientras iba a visitarla nuevamente, todavía sin regalo ─ terminó comprándole una rosa de color rosado claro a un vendedor ambulante fuera del burdel, más por darle monedas al pobre hombre qué otra cosa, pero cuando ella vio la rosa en sus manos su felicidad fue tan evidente que no tuvo opción más que mentirle al decirle que la había comprado para ella. Durante aquella noche, ella fue especialmente cariñosa y proactiva, fruto de su felicidad ante una simple y pequeña rosa. Cuando se dio cuenta de su felicidad procuró tener una rosa lista para ella, siempre que iba a visitarla, procuraba siempre llevarle de color rosa*, puesto que parecía que le gustaba mucho, aún el último día que la vio ella relucía de felicidad ante el obsequio dado.
Se acercó al vendedor que tan insistentemente acosaba a su caballero y le pidió todas las rosas rojas que poseía en su simple canasta y, a cambio, él le extendió una bolsa llena de monedas de oro para que las tomara todas. El hombre, que nunca había visto tanto dinero en su vida, se asustó como si estuviese frente a la mismísima muerte e intentó regresarlas asustado.
─ Está bien; puede tomarlas todas, yo me estoy llevando la mayoría de las flores de su canasta, además de que parecen ser las más valiosas ─ estaba tan ocupado convenciendo al plebeyo de guardarse las monedas que no pudo ver la mirada herida de su caballero*.
Cuando pudo deshacerse del hombre se dirigió directamente hacia su prometida y su hermano, que se encontraban a unos metros cerca de ellos, a punto de sentarse en una banca.
─ Kirigaya-sama ─ su siempre leal guardia siguió su paso, a una corta y prudencial distancia detrás de él ─... ¿Conoce el lenguaje de las flores*?
Pero la pregunta fue tan suavemente susurrada que no pudo escucharla ─ ¿Eh?
Antes de girarse hacia su guardia para preguntarle que sucedía, alcanzó la distancia de Alice y Eugeo, se olvidó de la pregunta de su guardia, concentrado su atención en su prometida al punto en que no notó como el de ojos amielados se limpiaba rápidamente una lágrima solitaria que había descendido por su mejilla, extendió las rosas hacia la rubia que solo lo miró desconcertada ─ Flores para mi prometida.
Él mayor de los hermanos se preocupó en recalar la palabra "mi". No quería ser grosero con su hermano, pero necesitaba que entendiera en qué posición estaba y con quien se estaba volviendo descaradamente familiar.
Darle las flores hizo que la tarde se arruinara por completo; ante el olor del polen que desprendían las flores Eugeo reaccionó tosiendo escandalosamente a lo que preocupó tanto a Alice como a él mismo, como forma de prevenir que la salud de su hermanito empeorara, había ordenado a su fiel asistente que se retirara y lo llevara a casa con él, lo que le valió una mirada de odio por parte de los dos adolescentes. Kazuto pensaba que no era justo que lo miraran de esa forma; el prometido de Alice por imposición era él, no Eugeo. A la vista del rubio alejándose, Alice se alejó lo más posible de él, recorriéndose a la otra orilla del banco donde se encontraba sentada, sin hacer amago de tomar sus flores.
─ Qué flores tan hermosas, un precioso detalle para Ojou-sama, Kirigaya-sama ─ la doncella de Alice se había apurado para tomar las flores y agradecerle en nombre de su señora.
─ Yo creo que son demasiado corrientes, vi al harapiento vendedor al que se las compró, probablemente estén llenas de enfermedades ─ el comentario ácido de Alice creó un ambiente tensó entre los presentes, el azabache no sabía si se debía a una pataleta porque Eugeo se fue o porque ella era sí de poco decorosa.
─ Las flores no portan enfermedades de humanos milady, eso es algo que se le debe de estar enseñando en la escuela ─ trató de darle un tono suave a su forma de hablar para que no sonara ofensivo, no quería que se soltará llorando como la última vez que la reprendió.
─ Yo ya abandoné la escuela hace mucho tiempo; ser la futura duquesa Kirigaya ─ dijo el último título como si tragara algo amargo ─ requiere de enorme preparación mental, no puedo perder mi tiempo en esa institución donde groseramente se me obliga a convivir con plebe de menor rango.
─ Nosotros no hemos empezado nuestra preparación para nuestro compromiso, ni siquiera hemos tenido la fiesta de anuncio ─ frunció el ceño al pensar en su madre y en la condesa Schuberg encargándose de todo, sin darle una mínima responsabilidad a su prometida ─ Es una obligación para todas las personas entre quince y dieciocho años ir a la escuela.
─ Eugeo-sama tampoco va a la escuela.
Kazuto trató de no sentirse molesto ante la tozudez y grosería de la chica, especialmente de lo impropio que era que llamara a su hermano menor con su nombre ─ Eugeo recibe educación en casa ante lo débil de su constitución, pero ha sido propiamente educado en todas las cuestiones importantes ¿Recibe educación en casa, Alice?
─ ¿Cuál es el punto? Yo ya tengo mi compromiso asegurado, no necesito educación ─ le dijo ella mientras agitaba una de sus enguantadas manos, como si se quitase una mosca de encima.
La respuesta dada por la rubia escandalizó al azabache; una duquesa sin educación apropiada era una absoluta ridiculez, la pregunta '¿Siquiera sabes escribir?' pugnó por salir de sus labios, pero inmediatamente entendió que era algo muy grosero para preguntar. Aun así, continúo viéndola con una mirada sorprendida, se preguntó qué clase de educación le dieron sus padres, se estaba volviendo dolorosamente obvio que no se sabía comportar con decoro en público, no sabía hablar de forma cortés, no sabía las cosas básicas que se aprendía en la escuela y parecía tener una actitud déspota ─ juzgado por la forma en la que se refería a los sirvientes y plebeyos ─ , en resumen, era una completa inútil con la única buena cualidad de que tenía un apellido y su sangre noble. Porque su compromiso era irrompible, los condes Schuberg había echado a perder a su única hija. Repentinamente un fue asaltado por un dolor de estómago terrible producto de la ansiedad ante la idea de tener como esposa a una completa cabeza hueca, independientemente de lo que abundaran ese tipo de mujeres en la corte real, jamás se vio a sí mismo casado con una. Se sentó en el banco ante la impresión que le había causado la breve charla, lo hizo de forma inconsciente cerca de chica rubia, quien inmediatamente se levantó con desagrado del banco, pero a él no le importaba menos lo que ella hiciera; estaba demasiado inmerso en sus oscuros pensamientos sobre su futuro.
Salió de su estupor ante el grito de su prometida ─ ¡Insolente! Merecer ser azotado como castigo.
Al menos podía deducir que ella tenía carácter para mandar a otros al ver cómo le gritó a su guardia, quien la miraba con ira apenas contenida, eso provocó que también la ira comenzara a crecer dentro de su ser, había sido muy específico la última vez al decirle que ella no podría mandar sobre sus propios sirvientes.
─ Las prácticas de tortura hacia los sirvientes quedaron prohibidas hace mucho tiempo Ojou-sama ─ Asun parecía desprender fuego por su mirada mientras se le enfrentaba, hablando a través de sus dientes apretados ─ Y antes de que se me azote, usted merece unos cuantos, ante su falta de educación y modales, tiene un comportamiento vulgar y corriente.
Los regaños de Asun fueron contestados con una expresión anonada en un delicado rostro envuelto de furia, lista para contestarle Alice abrió su boca, pero fue detenida por el grito del azabache.
─ ¡Asun! ¿Cómo te atreves a hablarle a la prometida de tu señor y futura señora de esa forma? ─ le palpitaba la cabeza ante todo lo que estaba sucediendo, nunca había visto a su caballero comportarse de una forma que no fuese impecable y respetuosa, aunque sentía que su ira iba más hacia su prometida, el deber de reprender a su caballero por esa escena estaba por encima ─ ¡Lárgate y espérame en el carruaje!
─ Kirigaya-sama yo-
─ Te he dado una orden ─ asustados ojos miel le miraron con una expresión perdida ante su tono frío, pero él no cedió.
─ ¡Ese pordiosero sin gracia debe de ser echado a patadas del ducado Kirigaya rápidamente! ─ Alice parecía orgullosa ante la escena.
─ Cuidado Alice ─ su helado tono no se había suavizado ni un poco ─ aún no eres la duquesa de los Kirigaya y dar ese tipo de órdenes puede considerarse una afrenta hacia mi madre.
Su furibunda mirada del color de la plata se encontró con una anonada mirada del color del cielo.
─ Claramente tengo que hablar con el conde Schuberg sobre ese comportamiento falto de gracia tuyo, hasta entonces no nos veremos y la próxima vez que nos veamos espero que te hayas corregido un poco ─ sabía que estaba sonando como uno de esos hombres miserables que estaban tan llenos de su título y dinero, pero estaba demasiado enojado como para pensar en una forma cortés de hablarle a su díscola prometida ─ Ambas retírense.
Alice y su doncella casi corrieron asustadas ante su tono, en otra situación esa escena le habría parecido graciosa, pero en ese momento no estaba de humor para nada. Él mismo se encaminó hacia donde se encontraba su carruaje y se subió sin dedicarle ni una mirada a su guardia y al cochero que esperaban fuera; normalmente él viajaba con Asun dentro del carruaje, pero apenas entró, tomó la puerta y la atracó de un portazo para indicarles que quería viajar solo.
Hizo el trayecto en completo silencio y para cuando habían llegado a la casa Kirigaya su ira no había mermado ni un poco, ignoró a todas las personas a su alrededor y se encerró en su estudio, con la indicación de que estaba indispuesto para todos; incluyendo sirvientes y familiares.
...
...
Después de horas de repasar los eventos sucedidos aquella tarde, por fin pudo tranquilizarse. Llegó a la conclusión de que exagero en su forma de actuar tanto con Alice como con Asun; se había desesperado por el comportamiento de su hermano y Alice, después por la información negativa que había recibido de esta última que tuvo una de sus pocas e inusuales explosiones de carácter, tenía que disculparse con los agraviados, de ser necesario incluso con la doncella que acompañó a su prometida ese día.
Apenas él y Alice se casarán lo primero que haría sería obligarla a tomar clases de etiqueta y conocimiento general, todo impartido por maestros discretos que él contrataría, para no crear chismorreos sobre el probable analfabetismo de su esposa. Independientemente si la idea le hacía gracia o no, necesitaba una compañera que lo ayudara a manejar todas las propiedades Kirigaya o mínimo que aprendiera a llevar la casa, era incluso una afrenta para él que su esposa no fuera a la escuela; esa chica solo demostraba más y más lo inadecuada que era para él.
Al salir de su despacho la brisa fresca de la noche le resultó tan agradable que no pudo evitar dirigirse hacia los jardines, no le importó mucho su seguridad al salir sin guardia, la propiedad Kirigaya estaba llena de guardias en los muros, su jardín era extremadamente seguro. Trató de no pensar en su prometida y solo relajarse, pero no podía quitarse de la cabeza todos sus defectos y razones por las que ella no era adecuada como esposa, pero eso no era algo que pudiese decidir libremente sobre un compromiso pactado hace ya más de diez años; era imposible deshacerse de ella.
¿Y si destruyera mi compromiso con ella?
Inspiró profundamente ante la dirección que estaban tomando sus pensamientos, acariciando una idea prohibida y desagradable. Suponiendo que él borrara el nombre de Alice Schuberg de su futuro entonces; ¿Quién la suplantaría? ¿Una noble aún peor que ella? ¿Más mimada y absurda?
A pesar de lo que se dijera a sí mismo, la idea continúo siendo repasada en su mente, antes de que se diese cuenta su mente fue llena de imágenes de preciosos ojos del color de la miel y sonrisas de bienvenida. Por primera vez en su vida lamentó ser un noble y el heredero de su casa; si él fuese otra persona, tal vez un campesino o incluso estuviese en la privilegiada y cómoda posición en la que estaba su hermano, un matrimonio con la prostituta que conoció en el burdel sería posible. Aunque si no fuera quien es jamás la hubiese conocido, ni mucho menos ella le dedicaría una segunda mirada si no fuera por la enorme cantidad de oro que invertía en ella.
Sin darse cuenta llegó hasta el lago que estaba casi al final de la propiedad, que servía como sustento de todo el verdor del lugar y por el que su madre estaba tan orgullosa. Recordó que de niño su madre solía traerlo a la orilla del lago cuando algo inundaba su cabeza, solía decirle que dejara que los pensamientos fluyeran en el agua y solo tomará los útiles de vuelta, solía decir que la hermosa vista que daba aclaraba la mente. De adolescente era un sitio que visitaba frecuentemente ante las enseñanzas de su madre, pero con el tiempo dejó de hacerlo, al invertir todo su esfuerzo en llenar el papel de heredero y prometido ideal. Pensó que era buen momento de retomar las enseñanzas de su madre y prosiguió a sentarse en la orilla del lago, aunque de noche no se podía apreciar el esplendor de toda la fauna que rodeaba el lago, la brisa se sentía mucho mejor en ese sitio, además el reflejo de la luna sobre la superficie era algo hermoso y, hasta cierto punto, relajante.
Dejó de pensar en su prometida y comenzó a pensar en su amante, que a últimas instancias visitaba casi todas las noches, pero ese día no había acudido a ella; su mente estaba demasiado turbia para realmente disfrutar algo de su tiempo con ella.
Luego comenzó a intercalar pensamientos de su inminente matrimonio y su prostituta personal. Imaginándose la idea absurda de que ella se convirtiera en su esposa. Si era por el dinero; él le pagaría toda la vida y le daría una vida de reina para que se quedara a su lado, también usaría el dinero para 'probar' su inocencia, se preguntó vagamente si también podría usar el dinero para comprarle algún título, mínimo de alguna casa de vizconde para que su unión sea aprobada por la santa Iglesia y la corona, o sino nunca sería un matrimonio oficial. Recordó con vaguedad su cordial relación con el rey actual, sopesando la idea de utilizarla a su favor a base de manipulaciones.
Todo sonaba muy ideal, pero no es como que fuera posible. Para empezar, él no conocía los verdaderos sentimientos de su chica muda, tampoco sabía si realmente la quería a su lado toda la vida, independientemente de que sentía un lazo muy fuerte hacia ella no estaba seguro de que se tratase del tipo de sentimientos que duran toda una vida y lo soportan todo, todo era tan conveniente en ese momento, pero tal vez cambiando su relación ella también cambiaría, mostrando sus feos colores que podrían ser incluso más feos que los de Alice. Sintiendo el pasar del tiempo, inmerso en el suave y apenas perceptible movimiento de la superficie del agua, pensó que era momento de retirarse, pero no podía levantarse, no sentía tener la fuerza para ello.
Cuando por fin pudo hacer un intento de ponerse de pie, se sentó de golpe debido a la impresión. Sus músculos se endurecieron ante el estrés que su cuerpo estaba experimentando.
En aquella noche de verano, la verdad fue mostrada ante sus ojos.
Fue tan sorprendente que se congeló al verla, anonadado por la verdad que se mostraba hacia él, en aquel lago. Estaba tan impactado que por un momento hasta olvidó como respirar, su cerebro dejó de trabajar por breves momentos, antes de volver a hacerlo con una intensidad renovada. Comenzó a conectar hechos y diálogos que anteriormente le había parecido irrelevantes, pero que en ese momento le servía como prueba, por primera vez en meses; en lugar de pensar en sus problemas, comenzó a pensar en soluciones, todo gracias a la vista que le era mostrada.
Solamente la luna y él fueron testigos de lo que sucedió.
Se quedó toda la noche sentado en su sitio trazando planes, cualquiera pensaría que era parte de la fauna ante la quietud que mostraba. Para cuando amaneció ya tenía todas las soluciones a sus problemas. Tan egoísta como sonará, al final sería feliz, estaba determinado a luchar por ello. Se apuró a toda prisa hacia su casa; necesitaba una ducha con urgencia y ponerse a trabajar inmediatamente.
Una sonrisa, imposible de aplacar, floreció en su rostro; era hora de arreglar todo.
Continuará...
Notas y aclaraciones:
1.- Jubón: Prenda de vestir ajustada que cubre el tronco del cuerpo, generalmente con faldones, sin mangas o con mangas fijas o de recambio; era una prenda básicamente masculina que se acolchaba con plumas de ave, algodón o capas de tejido.
2.- Espadín: Espada de hoja muy estrecha usada como complemento en ciertos uniformes, es usada por los militares y, aunque su hoja es estrecha, es un poco más gruesa que el estoque, es el tipo de espadas que están acostumbrados a usar los mosqueteros. Preferí usar esta espada en lugar de un estoque porque mi bebé es un caballero real, o sea una militar y los estoques son más para personas que no tienen realmente entrenamiento.
3.- ¿Conoce el lenguaje de las flores*?: En el lenguaje de las flores una rosa de color rosa significa "belleza (tanto interna como externa) y pureza", en cambio la rosa roja significa "te amo tanto que podría morir". Interprete cada uno lo que sucedió ahí.
Pasando a lo que sucedió en el capítulo ¿Cuál creen que fue la "verdad" a la que llegó Kazuto? ¿Qué le mostró la divina providencia? Y ¿Qué va a hacer a partir de ahora? Todas estas preguntas van a ser contestadas dentro de dos capítulos porque el próximo es un especial de Asuna sobre cómo se volvió caballero y se enamoró de Kazu-chi Jajajajajaja
Agradezco a todas las personas que le han dado una oportunidad a esta más que extraña historia; llena de clichés y, por momentos, cosas sin sentido. Nos vemos en la siguiente actualización.
Shine~
