Capítulo 3

"...alguien pagó un alto precio por ti." Natalia nuevamente dirigió su mirada al desconocido que yacía inconsciente sobre la cama. Aquel debía ser el hombre al cual se había referido el extraño con quien se había encontrado en el campo de girasoles.

Apretando los dientes, intentó ponerse de pie nuevamente. Se vengaría de cualquier cosa que le hubiesen hecho a su cuerpo; primero, acabaría con el malnacido que estaba durmiendo, luego de lo cual, saldría en búsqueda de aquel que la había puesto en aquella situación.

Lentamente, intentando no despertarle, se le acercó sigilosamente haciendo todo lo posible para no causar ruido mientras se arrastraba sobre el suelo hasta llegar al otro lado de la cama, lugar donde calculaba tener mayor facilidad de alcanzar el cuello del inconsciente. Debido a la falta de su afilado cuchillo se vería en necesidad de utilizar las manos desnudas; lo cual no le molestaba en lo absoluto, pero no negaría que el degollar el pescuezo de aquel hombre sería más entretenido que el simple hecho de ahorcarlo.

En aquel estado, hizo todo lo posible por ponerse de pie. El rubio abrió los ojos al instante en que sintió el fuerte agarre alrededor de su garganta. Los ojos azules de la muchacha observaban gélidamente el rostro del alemán, el cual empezaba a cambiar de color por la falta de oxígeno. Algunos mechones del largo cabello rubio de la joven cayeron sobre el rostro de éste.

Para la sorpresa de Ludwig, los instintos de supervivencia que creía haber perdido tras caer en depresión habían vuelto al reconocer en la mirada de la muchacha una silenciosa advertencia que dejaba en claro que cualquier movimiento de su parte podría acabar con su existencia. Aquel agarre era seguro y preciso, como si fuese por inercia llevó sus propias manos a las muñecas de ésta, con toda la fuerza que tenía intentó hacerlas desistir de su objetivo, pero aquello no hizo más que enfurecer mayormente a la rubia, quien deseaba zafarse del agarre pero se negaba a dejar pasar la oportunidad de acabar con la vida del alemán.

Ambos batallaron por unos segundos. Natalia sintió sus fuerzas desfallecer nuevamente, no obstante, se obligó a sí misma a continuar con su cometido, hasta que finalmente cayó inconsciente sobre Ludwig.

El aire inundó desesperadamente los pulmones del alemán, quién seguía aturdido por lo ocurrido. Dirigió la mirada hacia la joven que estaba sobre él. Sin cuestionarlo dos veces se levantó con la intención de alejarse de ella, lo lógico sería llamar a la policía lo antes posible, pero primeramente encerraría a la muchacha en algún lugar donde se le fuese imposible atacarle nuevamente. Apesar de que ella estuviese inconsciente, no podía darse el lujo de bajar la guardia.

Observando sus alrededores, la tomó entres sus brazos y dio unos cuantos pasos a través de la habitación, abrió la puerta del armario y la depositó sobre el suelo. Aquel era el único lugar donde ella no podría abrir la puerta desde el interior.

Precipitándose a las ventanas de su recámara, notó que éstas aún tenían seguro, considerando la posibilidad de que ella no hubiese sido la única escabulléndose en su casa, tomó el revólver que había estado a punto de utilizar la noche anterior y se dispuso a indagar fuera de su habitación.

En el exterior de su pieza todo parecía estar en orden, todas las puertas y ventanas estaban cerradas y no parecían haber sido forzadas… regresando nuevamente a su habitación, suspiró pesadamente y se dispuso a marcar el número de la policía, ellos podrían hacer una investigación más detallada; sin embargo, antes de poder hacerlo recibió una llamada que le hizo voltear a ver el reloj.

—Ludwig. ¿Puedo saber dónde estás? —Elizabeta ocultaba preocupación en la seriedad de su voz.

Varios golpes provenientes del armario le impidieron responder a la pregunta de la muchacha. —Lo lamento, Elizabeta. —Logró decir antes de colgarle a la representante de Roderich.

Con tal de obstaculizar la única salida de la joven, se posicionó contra las puertas del closet, tras unos segundos, el intento de escape se detuvo, agudizando el oído lo pegó contra la superficie de madera, logrando escuchar la respiración agitada de la muchacha junto a leves alaridos de dolor.

—¿Quién eres? —Cuestionó el rubio con voz lo suficientemente alta para que ella pudiese escucharle.

La rubia frunció el ceño tras escuchar aquella pregunta en un idioma extranjero. Si bien lo reconocía y entendía, no comprendía la razón por la que no se dirigían a ella en ruso. Natalia se mordió la lengua antes de responder con un brusco alemán. Si bien había aprendido el idioma de niña, nunca lo había practicado realmente, sus padres le habían obligado junto a Iván a aprender otros idiomas, puesto que se rumoreaba que la guerra podría separarlos y enviarlos a países extranjeros.

—¡Sácame de aquí! —El tono exigente de la joven demandaba acción inmediata.

—Te daré una última oportunidad. Dime como entraste y que hacías aquí. —Ludwig sabía que negociar con una posible asesina no era prudente, por lo que decidió grabar la conversación con su móvil. Podría entregarle la grabación a la policía si fuese necesario comprobar su inocencia.

—Tsk… —Natalia se estaba impacientando. —No eres el único que quisiera saber eso, idiota. ¿Por qué no se lo preguntas al desgraciado que me trajo aquí?

Ludwig observó a su alrededor temiendo que alguna otra persona estuviese ocultándose en alguna parte de su habitación.

Natalia escuchó un arma ser recargada del otro lado de las puerta. Si bien ella era una persona emocionalmente fuerte, no negaría que aquel sonido le había puesto la piel de gallina.

—¡Ludwig, detente! —Aquel grito femenino se dejó escuchar tras un brusco golpe que Natalia suponía había sido el de una puerta chocando contra alguna pared al abrirse descuidadamente.

—¡Ludwig! —El nombre fue repetido, pero a diferencia de la primera vez ésta era la voz de un hombre cuya respiración era lo suficientemente pesada para que ella pudiese escucharle.

—Roderich… Elizabeta… —La rubia escuchó desconcierto en la voz del alemán. —¡Aléjense, es peligroso!

—¡No, Ludwig! ¡Espera! —Elizabeta suplicó con lágrimas en los ojos. —¡Queremos ayudarte! Sabemos que perder a un hermano es duro... ¡Pero a Roderich y a mi realmente nos importas!

—Ludwig… Gilbert no… él no… hubiera querido esto… —Alcanzó a decir antes de caer de rodillas por el cansancio. —Lo que Elizabeta dice… es cierto.

—¿De qué están hablando? —Cuestionó observando al par de recién llegados.

Natalia consideró su posición en aquella situación, cualesquiera que fuesen las circunstancias, daba la impresión que quienes fueran los que acaban de llegar desconocían de su presencia en el armario.

—Parece que estás en problemas, Ludwig. —Se burló la rubia.

Tanto Elizabeta como Roderich dirigieron sus miradas hacia el ropero al escuchar la desconocida voz.

La representante del músico se precipitó sobre el rubio, haciéndole soltar el arma, luego de lo cual le empujó para alejarle de las puertas del armario, abriéndolas de par en par se encontró con la mirada seria de Natalia.


Gracias por el apoyo que le están dando al fic! Estoy acomodando mi horario para actualizar un poco más seguido, así que estén atentos a lo que se viene! Realmente les agradezco por darle fav y follow a este fic!

Hasta entonces, Sayonara!

Marialex: No te preocupes ¡aquí está la actualización! :) gracias por la motivación que me diste, quise subir el cap desde hace unos días pero por unos contratiempos te lo entrego hasta ahorita. Espero que la historia te siga intrigando :D