Notas/advertencias:
+ ¡Lamento que esto haya tomado un poquito más! Escribir sobre afterlife no es fácil.
+ ¡Quiero agradecer a todos los que están haciendo review y guardando en favoritos! ¡Gracias por apoyarme! ¡Su motivación me ayuda a seguir escribiendo!
+ Hombrecito rana, finalmente.
Muerte.
Si uno quisiera describirla no podría hacerlo. Cada cultura tiene una idea o historia diferente sobre el más allá, una vida después de la actual, buena o mala. Muchos creen en el cielo, o en un paraíso. Muchos creen en infiernos. Algunos en purgatorio, inclusive. La muerte no es, sin embargo, una extensión, o una línea hacia algún otro mundo… en su forma más simple, la muerte es sólo olvido puro y dichoso.
Entumido.
Frío.
Esas son las palabras que llegan partiendo a través de la helada nulidad, conciencia que despierta en la mente — o su ausencia — de los muertos. No es la voluntad humana la que estimuló tan misteriosa eventualidad, pus en la muerte no hay voluntad o humanidad en absoluto sino, en su lugar, algo mucho más extraño. Un trato. Una libreta. Un dios humano.
Su primer instinto es respirar.
Trata de abrir su boca, expandir su pecho, hacer cualquier tentativa para que sus pulmones se muevan un poco, para que su corazón bombeé el oxígeno. Si pudiera recuperar su aliento, se reiría ahogadamente. Una especie de pánico se establece y entonces, simplemente recuerda.
Él ya no está vivo.
Él no tiene un cuerpo.
Él es el gran detective L, y está muerto.
Se encuentra a sí mismo – o la falta de sí mismo – en suspensión, tendido en la obscuridad de tal forma que ya no puede encontrarse a sí mismo. Es solo una gran expansión de conciencia de sí mismo atravesado en la obscuridad y el vacío.
Conciencia, pero no existencia. Tiene ideas, pero no cuerpo, cerebro, pulmones, brazos, piernas… ¿tan siquiera es L?
L, el detective más grande del mundo.
L, el hombre que fue asesinado por…
Lucha por recordar. Aunque es brumoso, un nombre se arrastra a su conciencia.
Light Yagami.
Si tuviera un corazón, se habría cerrado. Él había muerto, sido vencido, destruido por el adolescente. Un adolescente que se creía Dios.
Kira.
¿Pero hace cuánto tiempo? ¿Diez años? ¿Quince años? ¿Mil?
No podría asegurarlo. Parecía que, junto con su cuerpo, también perdió la habilidad de determinar el tiempo.
¿Por qué había despertado, arrastrado desde el olvido? ¿Un límite de tiempo? ¿Mera coincidencia o destino? ¿Un error? ¿Un castigo cruel? Quizás hasta la muerte estaba del lado de Light. ¿Qué podría querer Light más que su tormento eterno? ¿Tal vez sus sucesores fallaron? ¿Y si Light realmente se convirtió en dios?
Si L pudiera, se habría estremecido.
Todo esto porque L había fallado. No había sido capaz de proporcionar evidencia para culpar a Light, y por eso, todos aquellos por los que se preocupaba quedaron en peligro. Sí, esa gente conocía bien los riesgos, pero la conciencia que es L se siente bastante responsable.
Watari.
Quizás la fuerza especial.
Tal vez hasta sus sucesores…
Los puso a todos en peligro. Condenados a la ejecución por la mano de Kira.
Todo porque había puesto demasiada fe en el chico, aferrándose a él. Lo supo desde el principio.
L Lawliet había resuelto muchos casos, puesto a miles en prisión, y pese a ello había sido vencido por un estudiante de preparatoria. Por supuesto, la edad nunca importó cuando era cuestión de inteligencia, pero aun así irritaba al detective.
Él no cayó en un truco o en un juego mental, fue por afectos.
SI L hubiera dejado sus emociones a un lado, habría ganado.
Light había sido un desafío, había comprendido su genialidad, y L había quedado intrigado. Una cualidad muy peligrosa, realmente.
Si tan solo tuviera una segunda oportunidad, tal vez podría arreglarlo todo. La probabilidad de tal evento, no obstante…
Desea la habilidad de morder su pulgar, de encogerse, de acuclillarse, de hacer algo más que esto.
Hacer cualquier cosa además de sentir nada.
Tal vez sea por su deseo, o quizás sea por el mero recuerdo de vivir, pero en ese preciso momento algo empieza a pasarle a L. No sabe cómo, pues no tiene un cuerpo para experimentar sensaciones, pero L comienza a sentir calor. Desde las profundidades de la nada, algo empieza a quemar dentro la culminación de su ser. Algo empieza a despertar.
La sensación es tan familiar, tan terriblemente redundante de su propia muerte que casi siente la necesidad de asustarse. No tiene corazón, pero siente como si estuviera convulsionándose de nuevo— el espasmo antes del latido final. ¿Es ese su castigo? ¿Experimentar su propio deceso una y otra vez? ¿Restregarle en su cara constantemente cómo fue derrotado por Kira?
Y entonces, como una especie de luna eclipsada, algo se acerca convirtiéndose en visión.
Blanco. Un blanco cegador.
Viene goteando en su conciencia como leche derramada, cerrándose a su alrededor, reuniéndolo y cultivándolo— envolviéndolo con marfil.
A través del dolor y sombras perladas, siente que se congela— convirtiéndose en algo completo, y después,
"L Lawliet, es momento de que despiertes".
Una voz lo llama. Es ruidosa y está a su alrededor. Trata de abrir los ojos, de atrapar un destello de la persona que le ha hablado, pero es tirado hacia afuera de ese mundo y dentro del siguiente.
Y entonces, por primera vez en un largo tiempo, L Lawliet respira.
Light Yagami abre sus ojos después de un segundo, la tormenta furiosa frente a él.
Mira hacia su libreta, viendo la página ahora vacía que alguna vez contuvo el nombre de L, antes de volverse hacia el shinigami.
El viento no es fuerte, pero resuena en el exterior. Aunque el chico no cree en señales, Light espera que la tormenta no sea una profecía. Gira y enfrenta al shinigami, ojos a su alrededor en pánico. Ryuk sonríe ampliamente, aparentemente satisfecho.
"No veo a L". Susurra, ceño fruncido mientras observa a la criatura. "No me digas que es un truco, shinigami".
El dios de la muerte rie de nuevo y otro choque de un relámpago aparece justo a tiempo para iluminar el rojo de sus ojos brillantes. "¿Qué, realmente esperabas que apareciera de la nada, humano?"
Si estuviera hablando con cualquier otro humano, quizás ese individuo habría temblado.
Light gruñe, su ceño frunciéndose más. "¿Entonces cómo aparecerá?"
Ryuk se encoge de hombros, "Creo que en el último lugar donde estaba su cuerpo, pero es sólo una suposición".
Light casi quiere darse un puñetazo por su estupidez. Debe recordar que solo porque hizo un trato con un shinigami no significa que la gente aparecerá mágicamente a su voluntad.
En un instante, baja volando la escalera. Ryuk lo sigue de cerca.
El cementerio.
El equipo de investigación observa a un apresurado Light atravesando las puertas hacia la sala de investigación, tomando las llaves de su auto y una chaqueta ante de dirigirse a la salida.
"Light, ¿a dónde—?
No reciben respuesta. Light ya está tras la puerta, en la lluvia torrencial, corriendo hacia su Lexus.
L es astuto y escurridizo. Podría encontrar una forma de escapar a cualquier situación—incluyendo un ataúd. No había sido atrapado nunca por una razón. Light no va a permitirlo. L no arruinará sus planes perfectos.
No puede permitir que alguien más lo encuentre.
Nadie.
