Un Mundo Desolado

Capítulo 3¿Saldré ilexa?

'¡Mira¡Esta gente ya descubrió cómo hacer funcionar la Torre de Radio!' dijo la voz de una mujer, en una sala muy oscura, en donde todas las luces que había eran de color azul.

'Siempre tan nerviosa, Nadia. No te preocupes. Tal vez hasta le podamos sacar provecho más adelante. Nuestra jefa ha dicho que no hay nada por qué preocuparse' le respondió la voz de un hombre, que estaba en algún lugar de la misma habitación.

'Si lo dice ella, es porque tiene razón. Nunca se ha equivocado' admitió Nadia. 'Aunque me gustaba más la forma de hacer las cosas de Douglas.'

'Ese viejo murió hace tiempo ya, déjalo en paz. Acostúmbrate a la manera de Madame Lynette. No te gusta porque te hace trabajar ¿eh?'

'No veo que tú hayas sacado muchas beneficios, Aidan.'

'No, pero es divertido.'

'Tú y tus extrañas maneras de divertirte…'

-

'Es un bonito día¿no es así Laura?'

'¡Sauuur!'

Nuevamente, había un sol radiante en el cielo. Deborah había viajado todo el día anterior y en la tarde llegó a armar su tienda y dormir frente al Bosque Ílex. En la mañana se despertó para desayunar junto a Laura.

'¿Te gustó la comida Laura?'

'¡Venusaur!' dijo Laura, asintiendo.

'Me alegro' dijo Deborah. 'Ahora estamos listas para entrar al Bosque Ílex.'

Apenas Deborah terminó de hablar, comenzó a ordenar su tienda y sus cosas, y en diez minutos estaba entrando al Bosque con la pequeña Laura a su lado.

'Está oscuro… y hace frío' se quejó Deborah cuando ya llevaba cierto camino 'y pensar que cuando era pequeña me gustaba venir aquí…'

'Saaaauur…' dijo Laura, lentamente.

'¿Qué pasa Laura¡Ah, parece que tienes frío! Regresa.' Dijo Deborah, y luego sacó la Pokébola de cristal para hacer volver a Laura. 'Ojala pudiera entrar una Pokébola para no pasar frío' comentó.

'Quejica' dijo una voz desde algún lugar del bosque.

'¿Qué¿Quién está ahí?' preguntó Deborah, algo asustada.

'He dicho que eres una quejica. Nadie te obliga a venir a pasar frío aquí. Si no te gusta vete.' Respondió la voz.

'¿Quién eres?' preguntó Deborah nuevamente, esta vez con voz firme, pero no menos asustada.

Se oyó algo entre los árboles, como si alguien pisara las hojas y ramas caídas. El sonido continuaba y se hacía cada vez más fuerte, a medida que se acercaba a Deborah. De a poco se comenzó a visualizar una silueta humana que se acercaba hacia ella. Unos segundos después se hizo completamente visible.

'Tú eres…' comenzó Deborah, algo sorprendida.

'¡Ah! Tú eres la niña tonta de ayer' dijo el chico de cabellos desordenados cuando había salido completamente de entre los árboles. Era un poco más alto que Deborah, y ahora ella notó que tenía ojos café.

'¡¿Qué haces aquí?!' preguntó Deborah con enojo.

'Creo que la pregunta es qué haces tú aquí. Andas toda asustada y desorientada.'

'Eso a ti no te incumbe. Yo hago lo que me da la gana' le contestó Deborah. Ella no podía soportar que un completo desconocido y maleducado se inmiscuyera en sus asuntos.

'Muy bien, entonces seguiré con lo que estaba haciendo' respondió el chico.

'Bien, vete. No te necesito.' Pero cuando Deborah acabó de decir esta oración el chico ya se había ido.

'¡Huy¡Ese maleducado ni siquiera me escucha!' se decía Deborah, mientras seguía caminando por el bosque a zancadas. Su enojo había nublado sus pensamientos completamente. Deborah era tranquila, pero no podía soportar a la gente que se creía superior sin tener alguna razón.

Deborah sólo recuperó la calma luego de caminar varios minutos sin rumbo alguno.

'Ah sí… el santuario. Vine a dejar una ofrenda' recordó Deborah. 'Pero… ¿dónde estoy? Ay… ¡ese idiota!... Bueno, creo que no saco nada con perder la calma' se decía mientras caminaba por el bosque. 'Mi abuelo me trajo aquí tantas veces… ¿Cómo no lo voy a recordar? Creo que era por aquí, sí… ¡Ay no! Este no es el camino¿qué haré¿qué haré?' se preguntaba, cada vez más nerviosa.

Casi no había luz ahí. En los árboles casi no había Pokémons. Deborah creyó haber visto una mariposa mientras caminaba, pero nada más.

'Creo que si camino en línea recta, llegaré a algún lado' razonó, pero luego de caminar una hora descubrió que, además de no ir a ningún lugar en particular, cada vez estaba más oscuro y hacía más frío. Además, los árboles eran cada vez más grandes y gruesos, y según ella recordaba, no eran así cuando había venido con su abuelo.

'Creo que esta experiencia me servirá para no perder los estribos por culpa de gente que no vale la pena' se dijo, cuando ya se había dado por vencida. Luego se sentó bajo uno de los muchos árboles que había allí.

'¡Ah sí!' exclamó de pronto, y sacó el dispositivo que le dio su padre en la salida de Ciudad Trigal. 'Esto me servirá para ver dónde está Ciudad Trigal. Si sigo hacia allá ¡lograré salir de aquí!' y lo encendió. Al principio la pantalla no marcaba nada. Deborah creyó que como estaba lejos de la entrada del bosque, si caminaba un poco en dirección hacia ella pronto vería el punto parpadeante en la pantalla, aunque corría el riesgo de caminar en dirección contraria y alejarse aún más. '¿Y qué puedo perder? Camine hacia donde camine estaré igual de perdida. Sólo tendré suerte si camino hacia la entrada.' Pensó, y así, se puso a caminar.

La pantalla seguía sin marcar nada, pero Deborah no perdía las esperanzas, y luego de alrededor de veinte minutos, apareció el tan deseado punto amarillo en a pantalla. '¡Síii¡Te amo, papi¡Te amo!' decía, exaltada, mientras besaba repetidamente la pantalla del aparato. La alegría era tal que comenzó a correr, y aunque tropezó dos veces, se levantó rápidamente para seguir corriendo en la dirección deseada.

Sin embargo, aunque la pantalla decía algo, los árboles decían lo contrario. Cuando Deborah ya estaba muy cerca del punto amarillo aún no había salido del Bosque Ílex, y los árboles eran más frondosos y grandes que antes. Ya casi no había luz en aquel lugar.

'Aidan, apresúrate' dijo la voz de una mujer en algún lugar del Ílex. Deborah creyó que estaba escuchando cosas, y prefirió quedarse callada y atenta para asegurarse de que lo que oía era verdad y no su imaginación.

'¡Vamos Aidan¡El tiempo para esta misión es limitado!' insistió la mujer.

'¡Ya voy¡Ya voy!' respondió Aidan. Con esto, Deborah supo que no era su imaginación, y no dudó en pedir ayuda.

'¡Ayuda¡Por favor!'

'¡Aidan¡Escucha eso!' dijo Nadia, la mujer que hace poco lo apuraba.

'¿Qué cosa?' respondió éste.

'¡Ayuda¡Estoy perdida!' gritó Deborah.

'Ah, es una chica gritando' dijo Aidan.

'Deducciones como ésa son las que te tienen dentro de la organización' respondió Nadia, con sarcasmo.

'¡Por favor¡Ayúdenme!' gritó Deborah por última vez y aún más fuerte que antes, pensando que no la escuchaban.

'Sí, espéranos, ya te iremos ayudar' respondió Aidan.

Deborah se tranquilizó y se sentó, esperando que la ayuda llegara. Escuchaba el sonido de los pies de ambos sujetos que pisaban las hojas y ramas caídas. Cada vez estaban más cerca, y cada vez la tranquilizaban más. Guardó el útil aparato que le obsequió su padre, y que le había salvado la vida en estos momentos.

Luego de unos pocos segundos, aparecieron frente a ella las personas que venían a su rescate, Aidan y Nadia, quienes usaban unos extraños uniformes, y traían una linterna cada uno, las cuales les ayudaron a encontrar el camino hacia Deborah.

'Ven, levántate' dijo Nadia extendiendo su mano.

'Gracias' respondió Deborah, tomó su mano y se levantó.

'No es muy común ver a chicas como tú en lugares tan solitarios como éste' comentó Aidan. '¿Qué hacías por acá?'

'Bueno, yo…' comenzó Deborah, algo avergonzada. 'Yo… venía al Santuario… pero… me perdí con un descuido.' Ahora estaba completamente ruborizada.

'Ah, no te preocupes. Eso pasa muy seguido' dijo Nadia con una sonrisa. 'Yo soy Nadia, mucho gusto' dijo luego, sin dejar de sonreír.

'Y yo soy Aidan' se presentó éste, también con una sonrisa.

'Yo… yo soy Deborah' dijo ella, aún ruborizada y avergonzada. 'Y… ¿qué tan seguido se pierde la gente por aquí¿Les ha pasado a ustedes?' preguntó, esperando recibir una respuesta afirmativa para no sentirse tan estúpida.

'A nosotros no' dijo Nadia. 'Pero al señor de ahí sí' añadió, con una sonrisa un poco sarcástica, luego de alumbrar detrás de Deborah.

'¿Un señor¿Cómo no lo vi antes?' dijo, y se dio la vuelta, para descubrir un cadáver muy sucio y casi completamente cubierto por las hojas. Aún tenía la ropa puesta, ropa de entrenador.

Deborah se exaltó, y su corazón comenzó a latir muy rápido.

'¡Aaaaa!' gritó ésta con su asombro.

'Ya, ya tranquilízate' la calmó Aidan. 'Eso no es algo de que preocuparse. Él fue muy desafortunado. Eso no te pasará a ti.'

'¿Ah n-no?' dijo Deborah, aún sorprendida.

'No, claro que no' prosiguió. 'Tu no morirás de inanición' añadió con una malvada sonrisa, mientras le mostraba un pañuelo con cloroformo. El olor llegaba hasta su nariz.

Deborah conocía muy bien el olor del cloroformo porque su padre muchas veces lo utilizaba en sus experimentos, y siempre llegaba a casa con ese olor.

Ella no lo dudó un segundo y comenzó a correr lo más rápido que podía en dirección contraria a ellos.

'¡Vamos!' escuchó que dijo Aidan, mientras comenzaba a correr tras ella.

'Todo lo que intentes será inútil, niña boba' añadió Nadia, justo después de que comenzara a correr tras ella, al igual que Aidan.

Deborah sabía que, por ser adultos, correrían más rápido que ella, y en un intento desesperado, comenzó a gritar.

'¡AAAAAA¡AYUDA¡POR FAVOR AYÚDENME¡ALGUIEN!' gritaba desesperadamente, mientras unas gruesas lágrimas caían por su rostro. Sabía que lo más probable es que, si salía con vida del bosque, la matarían unos segundos después.

'¡Te tengo!' dijo Aidan, cuando se acercó lo suficiente y le agarró una mano, pero Deborah no se iba a dar por vencida, así que la tiró fuertemente y le dio una fuerte patada en las piernas. Aidan la soltó inmediatamente.

'¡AYUDAAA¡ALGUIEN¡POR FAVOOR!' seguía gritando, con la cara empapada completamente por las lágrimas. Ahora comenzó a meterse entre los árboles, sin seguir en línea recta, para que a Nadia –quien iba más adelante porque a Aidan le costaba seguir con su dolor en su pierna—le fuera más difícil alcanzarla.

'¡SOCORROO!' no se cansaba de gritar.

'¡Ah¡Ya me harté!' exclamó Nadia '¡Ve¡Iphigenia!', y luego se escuchó el sonido de una Pokébola abriéndose, liberando un Pokémon de su interior.

Deborah sintió curiosidad por saber qué Pokémon era (¿Quién podía llamarse Iphigenia?), pero sabía que si se daba vuelta para mirar, podría ser mortal.

'¡Terremoto!' ordenó Nadia, y en un momento, el suelo comenzó a temblar incontrolablemente. Deborah no pudo mantener el equilibrio, y cayó.

'¡AAAAAA!' gritó ella '¡AYUDA!'

'No seas ilusa, nadie vendrá' dijo Nadia, muy cerca tras ella.

'¡AAAAAA!' gritó Deborah nuevamente, mientras se ponía de pie y comenzaba a correr nuevamente.

'¡Terremoto!' ordenó Nadia nuevamente.

Nuevamente comenzó a moverse el piso.

'¡Por favoooor¡Ayúdenmeee!' dijo Deborah nuevamente, pero esta vez ya no tenía energías para gritar y el llanto la dominaba por completo. '¡Por favor!... snif… no quiero morir.' Esta vez no se levantó del suelo.

'¡Iphigenia¡Aplástala!' ordenó Nadia.

Esta vez Deborah se dio vuelta, para ver un enorme Pokémon redondo, cuyo cuerpo estaba hecho completamente de roca viniendo sobre ella. 'Ahora sí, moriré' pensaba ella. 'Y no alcancé a vengar la muerte de mi abuelo'.

'¡Alan¡Placaje!'

En un abrir y cerrar de ojos, un enorme camello naranja pasó frente a Deborah, casi encima de ella, para empujar a la enorme Golem unos metros más allá. En su caída, ambos rompieron varios árboles.

Deborah quedó atónita. No reaccionaba. Todo había pasado frente a sus ojos y aún no comprendía. ¿De verdad acababa de sobrevivir a la muerte¡Por poco un Golem le cae encima!

'¡No seas estúpida¡Párate y sal de ahí¿Qué acaso no estabas llorando mientras decías que no querías morir?'

Deborah aún no reaccionaba. Sólo se volteó para ver quién le gritaba. Alcanzó a ver la silueta de un chico, con el cabello muy desordenado.

'¡Que te pares te digo!'

'¡Iphigenia¡Lanzarrocas!' dijo Nadia.

'¡Niña tonta¡Sabía que si venías de Ciudad Trigal no podías ser inteligente!'

Deborah reaccionó…Miró a su alrededor: a menos de un metro de ella había dos Pokémons enormes peleando uno contra el otro, hacían temblar el piso. '¡Kyaaa!' gritó ella, y se paró rápidamente.

'¡Ven acá!' dijo el chico.

'¡Iphigenia¡Terremoto!' ordenó Nadia nuevamente.

Deborah gritó nuevamente, y comenzó a correr hacia el chico.

'Te tengo' dijo Aidan. Había alcanzado a Deborah entre los árboles y ahora le aplicaba el cloroformo.

Deborah, en un último intento, se movía desesperadamente, y consiguió sacar la Pokébola de cristal que contenía a Laura. Ésta salió y vio lo que estaba ocurriendo.

'¡Venusaur!' exclamó, y le dio su mejor Placaje a Aidan.

'¡Aay!' exclamó éste, quien yacía en el suelo.

'Si serás tonta' dijo el chico, que se había acercado, y ahora llevaba a Deborah, media inconsciente, a un lugar más seguro.

'Muy bien Iphigenia, así me gusta' exclamó Nadia de pronto.

Alan e Iphigenia ya habían derribado un montón de árboles debido a su pelea. La luz del sol llegaba por encima, ya no la tapaban los árboles.

Iphigenia estaba sobre Alan, aplastándolo, mientras saltaba repetidas veces.

'¡Ruuupt!' se quejaba el enorme camello.

'¡Alan¡Erupción!'

El camello dejó de quejarse por un momento y comenzó a concentrar energías. Un poco de humo le salía por sus fosas nasales. De pronto, de sus jorobas salió una gran cantidad de lava que lanzó a Iphigenia muy lejos, y a la vez comenzó a quemar los árboles alrededor.

'¡Regresa Alan!' ordenó el chico, con su Porta-Bonguris negro. '¡Regresa Laura!' dijo ahora, usando la Pokébola de Deborah para poner en un lugar seguro a la pequeña Venusaur.

'Muy bien, vamos' dijo finalmente el chico, quien cargaba a Deborah en su espalda.

'Pero… los árboles…' dijo Deborah lentamente, quien sufría un poco los efectos del cloroformo.

'No hay tiempo para eso' dijo el chico, mientras apresuraba el paso.

Deborah miró hacia atrás. Alcanzó a ver un montón de llamas, y en medio de ellas había una mujer, con uniforme negro y una gran letra 'R' roja en él.