Capítulo Tres
Cuando Harry volvió al jardín, lo hizo con una botella de hidromiel en la mano. Tenía que callar a su conciencia durante un rato, y puesto que lanzarse un desmaius a sí mismo iba contra su integridad como Auror, a parte de ser sumamente peligroso, y realmente quería olvidar el encuentro con Draco Malfoy de hacía un instante, optó por alcoholizar un poco su sistema.
Se sentó al lado de Hermione, quien se había levantado a trasformar seis arboles en los respectivos aros de cada equipo para el partido de Quidditch, y se llevó un vaso de licor a los labios, disfrutando profundamente del sabor.
— ¿Cómo están divididos?—le preguntó a su amiga.
— Adultos contra niños.
Harry frunció el ceño extrañado, y luego negó pesadamente con la cabeza.
— Los niños van a perder —concluyó con resignación, sabiendo que tanto James como Albus se enfadarían después porque ambos eran extremadamente competitivos.
— Ya, pero Teddy ha comentado que ya hay suficientes niños como para formar un equipo, y se ha unido a ellos —Hermione se encogió de hombros. Harry sabía que en el fondo se alegraba de que a Rose no le gustase el Quidditch y que Hugo fuese demasiado pequeño como para jugar—, creo que les ha contagiado el espíritu competitivo a los chicos.
El moreno miró hacia donde su amiga apuntaba con la cabeza, viendo como Teddy les daba un discurso motivacional, cual entrenado profesional, a los niños que iban a jugar. Luego miró a los adultos, que consistía en básicamente la mayoría de los hombres Weasley. Se atragantó con un trago de hidromiel cuando vio a Ron pelearse con la protección que debía llevar en la cabeza, que seguramente era la misma que usaba cuando iba al colegio y por eso ahora no le cabía.
— Deberías ayudar a tu marido —le dijo en tono divertido a Hermione.
La chica bufó, poniendo los ojos en blanco y sacó su varita, lanzando un hechizo no verbal de agrandamiento, haciendo que Ronald por fin pudiera colocarse bien su protección.
Harry volvió su vista hacia los más pequeños, fijandose en que Teddy ya había terminado de dar su discurso. Observó también que Malfoy no estaba por ninguna parte, y supuso que seguramente había ido a buscar una escoba, así que aprovechó para llamar a su hijo.
— Albus —pronunció, cuando el niño se acerco a él. Casi se sentía estúpido por lo que estaba a punto de preguntar— ¿Scorpius sabe volar?
Su hijo le miró extrañado, y Harry se sintió definitivamente muy estúpido.
— Claro que sabe volar.
Harry asintió, pero no pudo evitar recordar como el niño le había hecho hincapié a su padre en que no iba a hacerse daño durante el partido, por eso él había concluido que era porque a lo mejor Scorpius no sabía volar.
— ¿Pero sabe hacerlo bien?— insistió.
No quería que por algún casual Scorpius se cayera de la escoba y tuviera que esquivar algún avada kedavra de Draco Malfoy.
Albus asintió lentamente, con su mirada transformándose de la extrañeza al escepticismo.
— Madame Hooch dice que es el mejor de nuestro curso, así que diría que lo hace bastante bien, papá —Harry asintió distraídamente, antes de que su hijo volviese a hablar—. ¿Por qué lo preguntas?
— Por nada.
Albus hizo un ademán de abrir la boca para volver a cuestionar algo, pero la voz de su ahijado se alzó en el jardín, llamándole y haciéndole ir hacia donde estaban porque ya iba a empezar el partido.
Harry suspiró tranquilo, viendo que efectivamente Scorpius parecía manejarse bien encima de la escoba. Todos se pusieron en sus respectivas posiciones, de un lado: Ron como guardián, Charlie como buscador, George y Bill como golpeadores y Victorie, Fred y Angelina como cazadores, y esta última como capitana. En el grupo de los niños estaban: James como guardián, Scorpius como buscador, Dominique y Teddy como golpeadores, Roxanne , Albus y Louis como cazadores. Su ahijado obviamente era el capitán del grupo.
Como el moreno había predicho, los niños iban perdiendo. James estaba enfadado, y apretaba el mango de la escoba con demasiada fuerza mientras intentaba que la quaffle no entrara por ningún aro, Teddy daba ordenes a diestro y siniestro, Dominique, Roxanne y Albus no estaban en mejores condiciones, Scorpius daba vueltas y vueltas intentando ver la snitch, y tenía que admitir que Charlie se lo estaba poniendo complicado, el único que parecía que todavía conservaba algo de ánimo era Louis. Mientras tanto los mayores estaban disfrutando de todo el jolgorio.
Lo peor había sido cuando Fred había cogido la quaffle y había volado todo lo arriba que había podido, confundiendo al equipo contrario, la mayoría de niños había ido tras él, creyendo que iba a marcar un tanto, entonces Fred dejó caer la quaffle hacia abajo, donde su padre la esperaba, lanzandola con fuerza hacia dentro de uno de los aros. Harry sabía que esa maniobra se llamada Finta de Porskov, porque la había visto en un partido de Equipo Nacional Nórdico.
— Creo que son peores los padres que los niños —comentó Hermione, negando con la cabeza.
Harry asintió, dándole la razón, viendo como Ron y George se dedicaban a soltarle comentarios mordaces a los niños, haciéndoles enfurruñarse todavía más.
— Tal vez deberíamos para ya el partido —opinó el moreno. Al fin y al cabo, los mayores ganaban 170 a 50, y si encima Charlie atrapaba la snitch, todo iba a ser peor, y ya se veía consolando a un montón de niños en el salón de La Madriguera.
Hermione abrió la boca, seguramente para darle la razón, pero antes de pronunciar palabra su ceño se frunció con confusión, y ladeo la cabeza de esa manera en la que lo hacía cuando iban al colegio y no entendía algo.
— ¿Qué está haciendo Teddy?
Harry elevó la vista, viendo como su ahijado zigzagueaba sin parar hacia los cazadores del equipo contrario.
— Se llama maniobra Woollongong Shimmy —la castaña le miró, todavía sin entender nada—, está intentado tirar a los cazadores de su escoba, pero no creo que lo consiga.
Cuando Lupin pasó por al lado de Victorie, está se tambaleó, agarrándose fuertemente a la escoba mientras chillaba.
— ¡Teddy! —se quejó, mirando con reproche a su novio.
— Lo siento, cielo. En el amor y en el Quiddith todo vale.
— ¡Eh, Ted! —gritó Ron— ¡No vayas tan rápido, o te confundirán con una snitch! —se burló.
— ¡Ronald Wealey, deja de meterte con los niños!— reprochó Hermione desde abajo— ¿¡Qué edad tienes, doce!? Ah no, espera, si a esa edad todavía no te querían en el equipo de Quiddith del colegio.
— ¡Hermione! ¿A quién estás apoyando, a ellos o a mi?
Harry se llevo el vaso de hidromiel hasta los labios, solo para disimular la risa que le estaba entrando. Los niños no la disimularon, riéndose del pelirrojo abiertamente, haciendo que Ron se desconcentrase y así poder marcar un tanto.
— ¡Gracias, tía Hermione! —chillaron los niños al pasar a su lado.
— Dominique, cariño, ¿no prefieres ir a jugar con muñecas?
La hija de Bill miró a George, con los ojos peligrosamente velados por el rencor, y de repente su cara se suavizó, y le miró ligeramente preocupada.
— Tío George, ten cuidado con la bludger —dijo inocentemente, señalando a un punto por encima del hombro del mayor.
George se giró con rapidez, pero no vio nada, y cuando se volvió otra vez hacia Dominique, esta le miraba con una sonrisa que rallaba la perversión, justo antes de batear una bludger hacia su dirección, consiguiendo desestabilizar al mayor, que se llevó una mano hacia el pecho.
— ¡Bill! —le gritó a su hermano— ¡Tu hija tiene muy mala leche!
— Pues entonces no te metas con ella, ¿no ves que ha salido a su madre? —nada más terminar la frase, un rayo le rozó el oído, y cuando miró hacia abajo, vio a su esposa Fleur arrojándole ira con la mirada, aun con la varita en la mano.
— ¡Nuestras esposas están contra nosotros! —exclamó Ron.
— A mi no me miréis, la mía juega en mi equipo —se excusó George, con una sonrisa burlona.
— Y como no os dejéis de tonterías, pronto me uniré al equipo de los niños —le reprochó Angelina. La sonrisa de George se borró de golpe.
— ¡Vamos, James!
Harry se giró, mirando con una sonrisa como Rose y Molly II coreaban el nombre de su hijo a la vez que aplaudían. En el cielo Victorie volaba como un ave hacia el aro donde James estaba parado. El moreno pudo ver como la mirada de su hijo se endurecía y su ceño se fruncía con concentración, Harry había visto demasiadas veces esa mirada como para saber que James iba a parar ese tanto. Victorie lanzó la quaffle con todas sus fuerzas, pero James consiguió desviarla justo antes de que entrase en el aro, haciendo que Roxanne la atrapase y que Rose y Molly lo vitoreasen.
— ¡Roxanne te deja atrás, y a la escoba culparás, pero la culpa es toda tuya, no mejorarás aunque la sustituyas! —cantaron las niñas.
— Dios mío, no debería haberle enseñado a Rose a jugar al Scrabble.
Harry soltó una carcajada ante el lamento de Hermione, divertido por las rimas musicales que se inventaban.
— Es más entretenido que en el colegio —consoló. Hermione solo bufo hastiada.
— ¡Si el partido quieres ganar, a los Weasley has de machacar! —continuaron.
— Chicas, vosotras también sois Weasley —apuntó Harry.
— Mientras dure el partido yo soy solo Granger —dijo Rose con soltura.
— ¡Rose! —protestó su madre.
— Y yo soy Lane —imitó Molly, adoptando el apellido de Audrey.
— Esto se nos está yendo de las manos —se lamentó Hermione.
Harry tuvo que darle la razón mentalmente, pero no dijo nada porque veía como los chicos poco a poco se iban animando y ganaban confianza con los cánticos de las niñas mientras que los adultos cada vez se abochornaban más.
— ¡James es mejor guardián, de lo que Ronald lo será jamás!
— Menos mal que Ron no lo ha oído.
Harry sonrió totalmente divertido, viendo cómo Louis marcaba otro tanto para los chicos. Se agachó para coger cuatro piedras del suelo, y con la varita las transformó en cuatro grandes pompones de animadoras de color amarillo y azul, y se los tendió a Molly y a Rose, quienes rieron encantadas y empezaron a agitarlos, cantando con más fuerza.
— ¡Harry! —protestó Hermione—. No las animes más.
— Oh, vamos, se lo están pasando genial.
La castaña frunció el ceño y sus labios se convirtieron en una fina linea, demostrando que no estaba nada de acuerdo con eso, pero no dijo nada.
— ¡Albus vuela como un rayo, mientras George lo hace como un yayo*! ¡Vaaaaaamos, Albus!
Harry soltó una carcajada tan fuerte que se ahogó con su propia saliva, a su lado Hermione parecía más serena que él, pero sabía que ella se estaba aguantando la risa.
— ¿No hay rima para mi o qué? —preguntó Teddy con gracia, cuando pasó volando por encima de sus cabezas.
— ¡Teddy es el Rey volando, y a los mayores está callando, no te metas con el Rey, si no quieres que te rompa hasta el jersey!
Las niñas chillaron emocionadas y agitaron con fuerza los pompones cuando Teddy, alias el Rey, les guiñó un ojo y les manos un beso.
Sí, definitivamente eso se les estaba yendo de las manos.
— ¡Charlie no lo verá venir, cuando Scorpius atrape la snitch, el partido ganaremos, y una tarta nos comeremos! —corearon las chicas, y luego se giraron para mirar de manera expectante a la matriarca Weasley—. ¿Verdad que nos harás tarta si ganamos, abuela?
Molly las miró con cariño, antes de asentir con la cabeza.
— Tarta de chocolate —confirmó, haciendo que las niñas se emocionaran porque la tarta de chocolate de Molly era mítica por estar realmente deliciosa.
— ¡Vamos chicos, que hay tarta de chocolate de la abuela si ganamos!
— ¡Eh, yo también quiero tarta! —se quejó a lo lejos Ron.
— Ronald, no te desconcentres —le amonestó Angelina, cuando Albus volvió a colar la quaffle por el aro.
El equipo de los niños, para asombro de todos, se estaba viniendo rápidamente arriba, remontando 110 a 200. Todavía perdían por un gran trecho, pero si seguían así pronto podrían igualarlos, y si Scorpius conseguía la snitch entonces ganarían y la fiesta de el cumpleaños de Albus se convertiría en una celebración como si fuera la final de Mundial de Quidditch.
— ¡Scorpius, la snitch! —el grito de Albus resonó por todo el aire, mientras señalaba a un punto lejano entre dos de los aros de su equipo.
— ¡Gracias, sobrino!— le dijo Charlie, pasando velozmente por su lado.
Albus abrió los ojos con alarma, mientras se llevaba las manos a a boca, arrepintiéndose de haber desvelado el lugar donde estaba la snitch.
Harry vio como Malfoy se ponía a la par de Charlie rápidamente y con gran maestría. El moreno debía admitir que seguramente tenía más destreza sobra la escoba de la que tuvo su padre a su edad. Pero antes de que llegasen a la altura donde Albus había señalado, el rubio se desvió con un repentino quiebro y voló justo hacia el lado contrario donde se dirigía Charlie sin que este se diera cuenta. Harry frunció el ceño sin entenderlo, entonces miró hacia donde había señalado su hijo, y se percato de que ese brillo peculiar que emitía la snitch mientras revoloteaba no se veía por ninguna parte, después miró hacia el lado donde ahora se dirigía Scorpius, y se fijo casi con asombro como la pelotita dorada volaba cerca de Roxanne. Cuando miró a su hijo, notó como Albus sonreía con suficiencia, y un par de minutos despues, Scorpius atrapaba la snitch dorada.
— ¡Hemos ganado! —gritó Teddy.
— ¡Tarta, tarta! —corearon Rose y Molly, haciendo que el equipo completo de niños, se les unieran— ¡Tarta, tarta! —empezaron a chillar todos mientras bajaban al suelo, para desagrado de Ron.
— ¡No es justo, eso es trampa!
— Ronald, madura un poco, por favor —le pidió Hermione con cansancio, haciendo que su marido se sonrojase de vergüenza.
— ¿Lo de Albus era mentira? —preguntó Charlie, una vez que había desmontado de su escoba.
— Por supuesto que lo era. ¿De verdad me creéis tan tonto como para delatar la snitch?— contesto ofendido el aludido.
— ¡Albus es un genio, y nos ha hecho ganar el premio, los mayores habéis perdido, os toca llorar a moco tendido!
— Rose, Molly, basta ya con las rimas —les amonestó Hermione.
Las chicas asintieron un poco desilusionadas, pero no dejaron de agitar los pompones mientras entraban en casa, donde Molly ya les tenía preparada la tarta de chocolate porque sabía que sus niños iban a ganar.
— Señor Potter —le llamó una voz, cuando se giró, se encontró a Scorpius, que todavía seguía en el jardin con la escoba en la mano.
— Scorpius —saludo— buena jugada.
— Gracias, señor —el mayor abrió la boca con la intención de decirle que podía llamarle Harry, pero entonces se dio cuenta de que el rubio tenía la mirada fija en el suelo y movía su pie derecho con algo de impaciencia, como si estuviera nervioso, así que le dejo continuar—. Quería preguntarle, bueno, más bien pedirle, si podría no denunciar a mi padre, por favor.
Harry frunció el ceño confundido durante un segundo, preguntándose de qué hablaba el chico, y luego recordó el incidente con el giratiempo. Entre el partido y la botella de hidromiel, casi se había olvidado de la conversación con Malfoy. Miró al chico durante un momento sin que este se diera cuenta porque todavía no había levantado la vista, su curiosidad le atacó una vez más y su instinto de Auror pensó que tal vez podía hacerle un par de preguntar al niño para saber porque rayos Malfoy tenía un giratiempo ilegal.
— ¿Para qué querías el giratiempo? —preguntó antes de nada, porque era una incógnita que le había estado rondando por la cabeza, sin entender porque alguien de doce años querría volver al pasado.
Scorpius levantó la vista en ese momento, y Harry se fijó en que había algo vulnerable en sus ojos grises. Dudó antes de contestar, mientras se mordía el labio como si estuviera calibrando si debía responderle o no.
— Quería volver a ver a mi madre —contestó con una voz tan baja que le costó escucharlo. Aún así, no le entendió del todo, y supuso que el rubio se dio cuenta de eso porque añadió:—, ella murió hace nueve meses y yo... Quería verla otra vez.
La mente de Harry se congeló durante un segundo, y luego sus hombro se cayeron con desazón. Observó como Scorpius había vuelto a desviar la mirada hacia un lado, y sus ojos brillantes intentaban retener las lágrimas. Al moreno se le rompió un poco el corazón.
Harry no podía culparlo por eso. No por eso, porque si a él a los doce años, o a los treinta y ocho que tenía ahora, le hubieran dado la posibilidad de volver al pasado para poder ver a sus padres, para hablar con ellos o aunque hubiera sido solo para verles de lejos y durante dos minutos, él hubiera cogido la oportunidad sin pensar en nada más, así que no podía regañar a Scorpius por querer hacer lo mismo.
Se agachó para quedar a su altura, y apoyó una mano en el hombro del chico para tratar de reconfortarlo, aunque sabía que eso no sería suficiente, porque no lo había sido para él.
— Lo siento mucho, Scorpius —el aludido asintió, mientras apretaba los labios para detener el llanto—. Te entiendo, y yo hubiera hecho lo mismo de haber sido tú, pero tienes que comprender que aunque vuelvas al pasado, eso no te va a devolver a tu madre, y a la larga será peor. Tú has tenido más suerte que yo, porque mis padres murieron antes de que yo ni siquiera tuviera conciencia, pero tú has podido disfrutar de tu madre, y todavía tienes a tu padre.
— Lo sé —contesto con voz temblorosa.
— Sé que no es fácil, pero tienes que ser fuerte por las personas que todavía están contigo y te quieren. Tú madre siempre será parte de ti, aunque ya no esté contigo.
Scorpius asintió, y respiró profundamente, intentando calmarse.
— Gracias, señor Potter.
Harry negó con la cabeza, con una sonrisa conciliadora en el rostro, mientras se levantaba y acompañaba a Scorpius al comedor para que pudiera comerse el trozo de tarta que le correspondía.
— ¿Por eso tu padre conserva el giratiempo? —cuestionó sin poder aguantarse, justo antes de entrar en la casa.
— No —dijo negando con la cabeza—. Si papá hubiera querido ya lo habría arreglado para que funcionase bien, porque hay un libro en casa que describe como hacerlo —explicó—. Papá guarda el collar porque era del abuelo. Dice que es una de las pocas cosas que no se llevaron los del Ministerio.
A Harry se le fragmentó un poco más el corazón, recordando como poco después de la muerte de Lucius Malfoy, un grupo de Aurores con una orden de registro firmada por el ministro se había plantado en la Mansión Malfoy y se habían llevado casi hasta los candelabros. Hasta ese momento nunca había pensado en lo doloroso que tenía que ser ver como te arrebataban los recuerdo de tu padre.
— ¿Va a denunciar a mi padre? —volvió a cuestionar Scorpius.
— No, no lo haré —contesto tranquilizándole.
Scorpius le sonrió con la mirada más brillante que había visto en su vida, le abrazo, y se fue corriendo para unirse a Albus en el comedor justo despues de haberle dado las gracias.
Harry suspiró encontrandose cansado de repente, y se sentó en uno de los sofás del salón, maldiciéndose por tener el defecto de poder sentir compasión, porque ahora se sentía mal por Draco Malfoy.
*Yayo es otra manera de decir abuelo.
¡Holaaaa!
Siento si voy algo lenta con el desarrollo de la historia, pero me gusta explicarlo todo bien, porque cuando leo un fic y tiene saltos temporales demasiado extensos a veces me pierdo.
La verdad es que nunca antes había escrito tantas rimas como en este capitulo, ni si quiera cuando en el colegio me pidieron escribir un poema.
Muchas gracias por el apoyo, y me alegro de que os esté gustando. Esperó seguir así.
