Escuché a lo lejos un sonido molesto, sabía que era el monitor del ritmo cardiaco. Empecé a abrir poco a poco los ojos. Vi una habitación oscura, pero por la ventana se reflejaba la luz de la luna dejando ver que me encontraba en una habitación de hospital. Mi mirada se comenzó a ajustar a la escasa luz, vi que el cuarto era pequeño. Miré hacia abajo y vi que tenía una bata de hospital puesta, giré la vista hacia mi mano y vi la intravenosa. Amaba todo tipo de instrumentos médicos, siempre y cuando no fueran usados en mí. Levanté la mirada para tratar de ignorar la aguja en mi mano y vi un sillón al lado de mi cama y sobre él se encontraba Edward dormido. De pronto recordé lo que había ocurrido, el golpe que me di en la costilla hacía que se me dificultara un poco el respirar. Traté de mover mi mano para tocar a Edward pero lo hice muy rápido y la intravenosa se incrustó de forma que me hiciera daño. Solté un gemido de dolor y traté de acomodarla yo misma pero la falta de luz me lo hizo un poco difícil. Solté unos cuantos gemidos más antes de que quedara en su lugar. Cuando levanté la mirada vi que Edward comenzaba a levantarse, abrió los ojos y en cuanto se fijaron en los míos puso cara de sorpresa.

-¿Bella? – Se acercó muy despacio y tomó mi mano con cuidado - ¿Cómo te sientes?

Pude ver que sus ojos estaban hinchados y rojos probablemente por llorar. Depositó un beso en mi mano.

-Edward ¿Qué ocurrió? – mi voz sonaba rasposa y cansada.

-Al parecer no se cuidar de ti – trató de ser gracioso y sonreír, pero sin mucho éxito ya que lo único que logró fue hacer una mueca que dejaba ver el dolor en sus ojos. – Como pasaste dos semanas sin comer ni tomar lo suficiente te dio anemia, es muy leve pero aun así te debilita y te dificulta respirar. Tienes que reposar durante una semana y comer y tomar mucho. Te trajimos lo más rápido posible y comenzamos aplicándote suero y nutrientes por medio de la intravenosa – sus ojos se comenzaron a poner llorosos y se hincó frente a la cama. Llevé mi mano, la que él no sostenía, hacia su mejilla. El cerró los ojos y pude ver y sentir una lágrima derramarse de sus hermosos ojos. Traté de moverme para abrazarlo pero no tenía las fuerzas necesarias, Edward adivinó mis intenciones y fue él quien se movió. Puso sus brazos alrededor de mi cintura muy despacio y después recargó su cara contra mi pecho, mientras yo recargaba la mía en su cabeza y jugaba con su cabello.

-Perdóname Bella, soy un idiota. Si no hubiera insistido nada de esto hubiera ocurrido.

-No Edward, no te culpes. Yo quería… - en ese momento Reneé entró en la habitación.

-¿Bella, hija? – Edward inmediatamente se puso de pie y se giró hacia la ventana, vi como trataba de arreglar su cara y secar sus lágrimas. Me giré para ver a mi madre y me di cuenta de que traía solamente una bata y su pijama debajo.

-Estoy bien mamá, es solo un caso leve de anemia por no comer suficiente. Me repondré en una semana. – Solo esperé que Edward me dejara mentir, no quería preocupar a mi madre.

-Hay Bella, ¿estás segura de que no estás embarazada?, eso sería peligroso si fuera el caso – al escuchar eso no pude evitar soltar un sollozo y comenzar a llorar. Edward corrió inmediatamente a mi lado y me abrazó.

-¿Qué paso, que tiene? ¿Dije algo malo? – dijo Reneé, que no entendía porque mi reacción.

-No es un buen momento Reneé, ¿podemos hablar más tarde? – dijo Edward con un tono serio.

-¿Qué es lo que ocurre? – trató de acercarse a mí pero Edward la detuvo.

-Por favor señora Swan espere afuera, yo iré en unos momentos a explicarle todo. – Edward sonaba tan serio que no le dio oportunidad a mi madre de decir que no. Salió de la habitación y cerró la puerta.

Edward se recostó sobre la cama y me tomó en brazos. Yo comencé a llorar más fuerte sin poder evitarlo, sabía que tenía que detenerme porque esto hería a Edward pero me era imposible.

-Ella no lo sabía Bella, ¿quieres que le explique? – solo asentí, se comenzó a mover para salir de la cama pero se lo impedí.

-No, aun no. Quiero que te quedes conmigo hasta que me quede dormida, quizá tu deberías dormir también. Si es que estás cómodo – dije mientras lo abrazaba por la cintura. El movimiento fue rápido y me mareé.

-Yo estoy cómodo siempre y cuando esté contigo, ahora solo intenta reposar. – Comenzó a tararear mi nana y a acariciar mi cabello.

-Edward, lo siento tanto. Yo veía como te encontrabas pero creía que era a causa de lo de mi incapacidad, no de mi estado de ánimo. De haberlo sabido antes hubiera tratado de salir adelante tiempo atrás. Nunca quise causarte dolor. Te amo más que a nada.

-No te preocupes Bella, sé que es difícil pero lo superarás porque eres fuerte, te amo más que a nada también. – Levantó mi cara para que lo mirara a los ojos – No te voy a dejar ni ahora ni nunca, y te pido que me prometas algo.

-Lo que quieras

-Prométeme que no vas a volver a sumirte en ese estado y de ahora en adelante no vas a volver a pisar un hospital más que para trabajar, ¿entendido? Verte en la cama de un hospital, pálida y débil es lo más horrible que he pasado en mi vida.

-Yo te hice prometer lo mismo cuando te apuñalaron ¿recuerdas? No veo porque no te pueda regresar la promesa. – no estaba muy segura de si debía besarlo pero mi cuerpo lo necesitaba. Me acerqué a él poco a poco, pero él se apresuró y chocó sus labios con los míos. El beso fue todo lo que necesité en esos momentos, por medio de el supe el gran amor que Edward sentía.

-Ahora descansa – dijo cuando por fin nos separamos – tienes que reposar por dos semanas. Contrataré a alguien para que te ayude ese tiempo y que se quede después para limpiar mientras ambos estamos trabajando.

De nuevo comenzó a tararear y a acariciar mi cabello y después de unos minutos caí en un profundo sueño.

Tuve que pasar unos días más internada a causa de que mi cuerpo no aceptaba muy bien los suplementos que me daban. Edward había estado conmigo las dos noches que me quedé ahí, y en las mañanas se duchaba en el hospital y se iba a trabajar. Le insistí en muchas ocasiones que se fuera a casa, pero él se negaba. Quería estar conmigo en cualquier momento. Alice y mi madre también estaban ahí, cuando Edward le explicó a mi madre lo que había pasado ella se disculpó conmigo. La verdad no había hecho nada malo, solo no estaba completamente informada. Alice llevó a Anthony a visitarme y traía a Elizabeth en brazos, Jasper apareció solo un día. La verdad es que los ojos de Jasper brillaban más que las estrellas y eso me recordó que los de Edward nunca podrían brillar de la misma forma.

Después de esos dos días internada me llevaron de vuelta a casa, Edward me consentía todo el tiempo. En sus ojos, por más que lo escondiera, podía ver el miedo de que volviera a lo mismo de antes. Pero no lo haría, no lo lastimaría de esa forma de nuevo. Como había dicho contrató a alguien que nos ayudara con el quehacer de la casa. Edward trabajaba toda la mañana y la tarde y Ana, que era la chica que nos ayudaba, se quedaba a acompañarme y a ayudarme en lo que fuera necesario. Era una chica agradable, había tenido que abandonar sus estudios a causa de problemas económicos. Quedó huérfana a los ocho años y entró en un orfanatorio hasta los 18. Anduvo trabajando de casa en casa hasta ahora. Tenía 24 años y la verdad era muy linda. Su habitación era el antiguo cuarto de estudio. Tenía mucha experiencia cocinando por lo que lo hacía bien.

Las dos semanas pasaron y ya estaba mucho mejor, podía regresar a trabajar y solo esperaba que todo volviera a la normalidad. El tema de los hijos no se volvió a tocar, al menos no por ahora estaba segura. Quizá Edward había considerado alguna de las opciones del Dr. Aníbal y las discutiría conmigo cuando él creyera que estaba lista. Una noche mientras cenábamos trató de abordar el tema.

-Bella, creo que debemos hablar de algo. Es serio y no quiero lastimarte ni nada, así que si digo algo que creas que te lastima solo dilo. – Me quedé en silencio, para que continuara. El solo suspiró profundamente – Bien, creo que ya ha pasado un tiempo y creo que estás lista para ver… o considerar algunas de las opciones de…

-Edward basta, yo nunca voy a estar lista. El hecho de saber que quieres algo que yo no te puedo dar y otras sí, no me hacen sentir bien. Pero quiero que seas feliz y si crees que alguna de esas opciones es segura y te gusta entonces yo lo aceptaré con gusto. ¿Has considerado alguna en particular? – Edward se quedó un poco pasmado al escuchar mi declaración. Bajó la mirada y negó con la cabeza. – Es en serio, no dije esto para lastimarte, por favor quiero saber qué es lo que estas pensando, que es lo que estas considerando.

-Pues me pareció que la adopción es algo común, pero la idea de que puedan ser nuestros propios genes me atrae más. He estado investigando acerca de la inseminación artificial en una madre sustituta y creo que es la que más me gusta. Sería nuestro hijo genéticamente, solo alguien más cargaría con el trabajo pesado que es el parto. Si gustas podemos asistir el parto juntos. El problema es que tendríamos que buscar a alguien que se atreva o a alguien que esté dispuesta a hacerlo por dinero. Viviría con nosotros durante todo el parto. Pero eso solo es una opción, ¿tú qué opinas? – Sabía que estaba tratando de ser lo más suave y profesional posible. La verdad la idea no era mala pero había cosas que no me gustaba, como el hecho de que la persona que esté cargando con nuestro bebé viviera con nosotros. Eso sería probablemente muy duro.

-Me agrada la idea, pero no me gusta que la persona viva con nosotros. ¿Y que pasa si se arrepiente Edward? He escuchado muchas veces que el lazo entre una madre y su hijo es más fuerte que nada, puede ocurrir que la madre sustituta se encariñe con el bebe y nos deje sin nada.

-No hay que ser negativos, hay que pensar en lo bueno que sería. – Mi temperamento cambió, me comencé a molestar. ¿Por qué siempre trataba de ver lo positivo? ¿Que acaso no entendía que no podía tener hijos?

-No, estoy cansada de que me digas que saldremos adelante y que quieres un hijo. ¿Solo piensas en ti? Entiende que te casaste con alguien defectuosa, alguien que no te puede dar lo que quieres. Si de verdad lo deseas tanto como dices, ¿Por qué no te consigues a alguien que te lo de? – me puse de pie y me dirigí a la habitación.

-¿Por qué haces esto Bella?, ¿Acaso te he ofendido de alguna forma? – me contestó antes de que entrara en la habitación. – Lo único que quiero es tu salud, que salgas adelante. A mi lado por supuesto. No he hecho nada más que pensar en ti y tú no puedes detenerte un momento a pensar en alguien más que en ti. Eso es lo único que has hecho últimamente, te extraño no eres la misma de antes. ¿Dónde está la Bella de la que me enamoré, la segura de sí misma, la que me enseñó a mí a amar y ser amado?

-¡Se ha ido con junto con mis esperanzas de ser madre y hacerte feliz! – grité tratando de contener las lágrimas.

-No necesito ser padre para ser feliz, no digo que no sería grandioso, pero no es algo indispensable para mi felicidad. Lo único que es necesario eres tú. Si te insisto en lo de lo hijos es porque quiero que salgas del hoyo en el que tú misma te has enterrado, todos los días trato de darte la mano y sacarte pero tú solamente lo haces más grande y te entierras en tu miseria. – eso fue todo lo que necesité para que mi autocontrol se fuera por la ventana. Mis lágrimas comenzaron a caer, yo sabía que él tenía razón. Edward respiró hondo para tratar de calmarse y poco después fue a mi lado y me abrazó. Me dejé caer en ellos y me acunó hasta que me recostó en la cama. Escondí mi cara en su pecho y seguí llorando hasta que me quedé dormida.

Al día siguiente no teníamos trabajo ninguno de los dos, me desperté antes que él. Me quedé mirándolo por largo tiempo, todo lo que había dicho ayer era verdad. No había hecho nada más que sentirme inútil, no estaba siendo una buena esposa para él. Según yo, Edward merecía todo pero no ponía de mi parte para dárselo y él no se quejaba, solo me apoyaba y trataba de ayudarme. Después la opción de la que me había hablado no me parecía tan mala. Solo habría que encontrar a alguien de confianza para que lo hiciera. Consideré a Alice, pero ella estaba ocupada en casa con una bebé de tres meses y un niño de año y medio. Después pensé en Ángela, ella se había ido a la escuela de leyes al igual que Jacob y estaba en Boston sobresaliendo como la mejor abogada de la ciudad. Eran las únicas dos mujeres que se me ocurrían en ese momento. Probablemente la mejor opción sería encontrar a alguien quien necesitara dinero y podríamos pagarle por nueve meses de servicio como incubadora.

Me levanté de la cama y fui a la cocina. Ahí se encontraba Ana, ya había reparado café y estaba limpiando la cocina, el desastre de la noche anterior. Eso me recordó que tal vez había escuchado algo de lo que dijimos.

-Buenos días señora Cullen – dijo muy amablemente mientras me alcanzaba una taza de café.

-Bella, Ana. Llámame Bella – dije tomando la taza y tratando de sonreír lo más sinceramente posible.

-Sí, disculpe Bella. ¿Cómo ha amanecido hoy?

-¡Ugh! No me hables de usted, me haces sentir vieja.

-Bien Bella, ¿Cómo amaneciste hoy? – dijo riendo entre dientes.

-Muy bien gracias Ana, el café esta delicioso como siempre – empecé a tomar el café rápidamente y bajé la mirada – Este, Ana de pura casualidad ¿No escuchaste la discusión que Edward y yo manteníamos anoche, o sí?

-Te soy sincera, tus gritos me despertaron. Y no me dejaron más opción. – dijo algo apenada.

-No importa, siento mucho haberte despertado.

-Quería hablar de algo contigo, escuché acerca de lo de la madre sustituta y la verdad me caen muy bien ambos, quería ofrecerles un trato. Oí decir al señor Cullen que podían pagar a alguien para tener a su hijo y pues la verdad yo necesito el dinero, no se si me podrían considerar entre las opciones de la madre sustituta. – Eso me dejó un poco confundida, tal vez esa era la respuesta. ¿Qué mejor que una muchacha que era joven, sana y que además nos conocía y había confianza?

-Me parece muy bien, ¿cuánto dinero necesitas? Podemos pagar lo que sea necesario y claro te quedarías a vivir aquí. Necesitaría consultarlo con Edward. Lo más seguro es que esté de acuerdo. Iré a hablar con él mientras tú consideras cuanto quieres cobrar.

Sabía que Edward estaría de acuerdo y que estaría muy contento. – Edward – dije moviendo un poco su hombro.

-¿Si? – aun tenía sus ojos cerrados, lo que significaba que no estaba bien despierto aun. Decidí tratar otro método para despertarlo. Me recosté sobre él y comencé a besar su pecho. Fui subiendo hasta llegar a sus mejillas y cuello. Para después ir hasta su oído y morder su lóbulo.

-Edward, te tengo buenas noticias – le susurré. Él de inmediato respondió y me abrazó por la cintura, se giró para ser él quien quedara sobre mí.

-¿Por qué cambiaste de humor? – dijo mientras besaba mi cuello y mi oreja.

-Tengo algo muy emocionante que decirte. – Él no se detuvo, pero sabía que me estaba escuchando – Ana se ofreció para ser madre sustituta.

En ese momento se quedó en shock y dejó de moverse e incluso de respirar. - ¿Y tu estas dispuesta a hacerlo? – Dijo en un tono muy serio y viéndome a los ojos.

-Yo haría lo que fuera por ti – dije tomando su rostro en mis manos y besándolo.

-Eso no es a lo que me refiero, quiero que tú lo quieras tanto como yo si no, no va a funcionar.

-Edward, yo lo quiero y lo deseo tanto como tú.

Pareció que me creyó porque seguido de eso sonrió y me besó con tanta pasión, a la cual solo pude responder de la misma forma. El estaba contento de nuevo y yo no pensaba arruinárselo.

-Haré una cita con el doctor Aníbal esta tarde para que le realice un chequeo general a Ana. El nos podrá decir si es apta o no. Además tenemos que hacer una cit… - me interrumpió con un beso.

-Te amo Isabella Cullen, más que a nada ni nadie en éste mundo.

-Yo también te amo – con eso dimos como concluida la charla. El recostó su cabeza en mi pecho y comenzó a acariciar mis costados y mi vientre. - ¿Sabes Edward?

-¿Qué?

-Seremos padres – eso hizo que sonriera más y me besara otra vez. Esta vez no nos conformamos con un solo beso, habían pasado ya dos meses desde la última vez que estuvimos juntos de esa manera, así que toda la pasión atrapada fue liberada en ese momento.

Otro capítulo más, por cierto se me había olvidado decirles que este capítulo y el anterior fueron muy difíciles de escribir. No me gusta para nada que Edward sufra y pues en estos últimos capítulos estuvo un poco triste. Bueno espero que les haya gustado y que me dejen sus opiniones, ¿Qué les parece la historia hasta ahora?

Gracias, muchas gracias a todos los que siguen esta historia y a los que dejan sus reviews, eso me ayuda mucho psicológicamente. Espero que continúen y que no se aburran. Hasta el próximo capítulo.

Los personajes son de Stephenie Meyer.