Notas de la autora: Sorry guys. Ni siquiera tengo una excusa, I am a little piece of shit :(. Espero que les guste el capítulo y lamento la tardanza. Muchas cosas sucedieron que, bueno, dejemoslo así.
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Capítulo 3
Dudas intermitentes
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Su mirada permaneció sobre ella y la de ella sobre él por lo que pensaron eran horas y resultaron ser unos cuantos segundos. El dolor en su piel todavía estaba presente, recordándole y presionándola para confirmar sus sospechas.
Él podía ser un demonio. Como ella.
—Tú…
No quería saberlo. ¿Cómo se supone que iba a reaccionar? ¿Brincando de felicidad? Además, nada le confirmaba que aquél toque eléctrico fuera en realidad para constatar que fuera un demonio como ella. Por un segundo, se permitió pensar que habían sido imaginaciones suyas, hasta que Natsu se miró las palmas de sus manos y luego, como un gatito mostrando interés, le dio una mirada.
Lucy corrió.
Y mientras lo hacía, se maldijo por ser una cobarde. Se desvió hacia un callejón creando una táctica para que su perseguidor no la encontrara tan fácil y se apresuró a sacar su teléfono.
En la pantalla táctil rápidamente apareció el número de Erza. La pelirroja contestó casi al instante.
—Lucy, pensé que te habías perdido.
—Erza, necesito saber algo—hubo una pausa del otro lado de la línea—, es sobre cómo encontrar otros demonios. Sé que tiene que ver con algo, como una conexión eléctrica o algo así.
—¿Estás bien? Te escuchas algo…exaltada.
—Sí, sí. Sólo dime—Natsu regresó por la misma calle y Lucy dio varios pasos atrás entre las sombras, escondiéndose lo más posible.
—Pues, bien. En realidad no hay un método exacto para saber quién es demonio y quién no; muchos de nosotros, sólo tocamos a la persona con la intención de descubrir si es parte de nosotros. Si te encontraste con un demonio, ya debes saber cómo es. Un toque eléctrico que deja un dolor suave después del dolor insoportable—Erza paró por un segundo—, aunque no somos los únicos que los usamos.
—¿Qué quieres decir?
—Bueno, como ya te dije, es demasiado inexacto. Puedes equivocarte, hay personas que tienden a conducir electricidad y se puede confundir, y—su amiga tragó saliva y a Lucy le comenzó un ataque de ansiedad.
—¡¿Y?!
—Um. También puedes identificar otros seres, pero es poco probable.
Lucy escuchó los pasos de Natsu acercándose y supo que era sólo cuestión de tiempo que la encontrara. ¿Por qué sentía que estaba haciendo algo mal? Había una vocecita al fondo de su cabeza cantando una cancioncita molesta y avisándole algo, pero no podía oírla muy bien.
—¿A qué te refieres? Quiero decir, exactamente.
—¿Lucy? —Su mirada asustada se desvió al inicio del callejón, donde una sombra se proyectaba delante de las luces provenientes del alumbrado de la calle—. Tienes una habilidad para desaparecer.
Erza dijo algo.
—¿Qué?
—Seres…—Él avanzó con esos ojos penetrantes hacia ella y una sonrisa torcida—. Como ángeles. Nuestros enemigos naturales.
Lucy pestañeó.
Evaluó las posibilidades y se apegó a la pared, dejando caer el teléfono dentro de uno de sus bolsillos. Natsu se acercó presuroso.
—No, no, no. Espera. Sé que he sido un idiota porque desaparecí de repente—había un tono de desesperación en su voz, que la hizo olvidarse momentáneamente del verdadero problema—. Pero creía que esto estaba realmente mal. Sabes que enamorarse de los humanos está prohibido y estuve tan frustrado porque caí tontamente.
Lucy aguantó la respiración. ¿Acaso él había dicho…?
—Y eso es…—sopesó las palabras. Quería decir algo pero decidió no terminar—. Pero eres diferente.
—Eso buscabas—ella talló su brazo, justo en el lugar en que había recibido la descarga—. ¿Cómo supiste…
Soltó una risa coqueta que le recorrió todo el cuerpo, causándole escalofríos. Las manos del muchacho se engancharon a las costuras de su falda y la arrastró hasta él, provocando que hubiera una colisión de cuerpos. Lucy no supo cómo, pero ahora se encontraba a unos cuantos centímetros de la cara de Natsu.
—Puedes llamarlo una corazonada.
Imposible que esa mirada devoradora fuera de un ángel. Decidió intentarlo una vez más antes de apoyar sus manos sobre sus hombros.
—Tal vez no soy lo que tú piensas.
—Estoy muy seguro que eres exactamente lo que pienso.
Esta vez ni si quiera intentó alejarse. Se dejó besar de forma famélica y algo dentro de ella se removió con violencia, como si toda su vida hubiera querido salir y hubiera permanecido encerrado entre las sombras. Sus manos buscaron el cuello de su víctima y se descubrió a sí misma acercándose con ímpetu y necesidad. Dando pasos hacia atrás hasta chocar con la pared de ladrillos rojos.
En sus labios había algo nuevo que le causaba una sensación placentera, parecían gritar de felicidad y estaba segura-segurísima que la forma de atacarla del chico frente a ella, tenía mucho que ver. Era desesperado, profundo pero lento, cada pausa para respirar era una tortura nueva; las manos de Natsu permanecieron en sus caderas hasta que una de ellas subió por la piel de su espalda.
Estaba ardiendo.
¿Qué le estaba sucediendo? Era como si de repente supiera lo que quería hacer.
Y no era nada muy decente.
Sus manos se cerraron en torno a la camiseta y un gruñido salió desde el fondo de la garganta de él. Algo comenzó a vibrar en el bolsillo de su falda, ¿Ese era su móvil? Pues le importaba una mierda. Quería quedarse ahí colgada del cuello de ese perfecto demonio, con sus labios traviesos y su lengua explorando con diversión y sensualidad.
En la ventana más próxima alguien encendió una luz.
Santa mierda.
Natsu giró, internándose más en el callejón obscuro y regresándola a su nuevo lugar favorito. Entre la pared y el perfecto cuerpo demoniaco de Natsu.
No supo exactamente cuánto tiempo permanecieron besuqueándose en ese callejón solitario, su teléfono seguía vibrando y varias veces quiso patearlo lo más lejos posible. Natsu paró de besarla, dejando frente contra frente y sus alientos mezclándose a mitad de la noche.
—Creo que alguien quiere hablarte.
—No importa— (¿Por qué sentía que eso ya lo había vivido?) —. No debe ser importante.
Un beso nuevo.
—Parecen insistentes.
Otro beso.
—No es cierto.
Una risa burlona—. Contesta.
Lucy casi se aferra cuando él se movió de su lugar, devolviéndole su espacio personal y dejándola sola a la intemperie de la noche. No quitó su mirada fulminante de él incluso cuando tomó el móvil y contestó.
—¿Sí?
—¿Dónde mierda estás? —la voz de su padre la hizo espabilar. Logró sentir como todo el calor que había estado un segundo atrás, comenzaba a disiparse y salir de su cuerpo. Se escuchaba enojado –nada nuevo-. Ella se aclaró la garganta, irguiéndose como si pudiera verla.
—Em, um…yo—le dio un mirada a Natsu, pero él sólo levantó una ceja y se cruzó de brazos expectante—. Estoy afuera.
—Ya lo noté. Te quiero en casa, ahora. —Sentenció—. Y no me obligues a enviar una limusina por ti.
—Entendido. Estaré ahí en unos minutos.
Colgó con el corazón, todavía latiendo como loco, en parte por su sesión de besuqueos y en parte por el miedo a su padre. Natsu la miró con intensidad.
—Tengo que irme—le besó una vez más—. Te veo después.
—¿Qué? Espera.
Pero ella ya salía con rapidez en dirección al subterráneo.
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Su padre levantó una ceja en cuanto la vio cruzar la puerta de su despacho. Había arreglado toda su ropa en el espejo, pero tal vez no había disfrazado bien su nuevo pasatiempo, ya que la miró con sospecha en cuanto puso los ojos sobre ella.
Para su sorpresa, Erza estaba sentada mirándola por sobre su hombro. Una sonrisita se asomó en su adorable y demoniaca-sensual cara.
—Muy bien. Ya estoy aquí—avanzó con pasos cortos hasta tomar asiento. Las miradas concentradas en ella casi la hacen enrojecer hasta morir—. ¿Qué pasa? ¿Por qué siguen viéndome como a una serpiente en cautiverio?
Su amiga se cruzó de piernas y llevó uno de sus dedos para golpear repetitivamente su mejilla—. Bueno, Lucy. Tal vez me equivoqué contigo.
—¿Por qué lo dices? —Intentó que sus mejillas no explotaran en coloración roja—. ¿Hay algo extraño?
—Realmente no quiero saber nada sobre tu pecado, incluso si soy el actual Lucifer. Sigo siendo tu padre, jovencita.
Lucy le dio una mirada confundida.
—Pensaba que el pecado de la lujuria sería con el último con el que hicieras paces. Tú—Erza se acomodó mejor en el asiento, cruzando sus dedos y mirándola orgullosa—. Me alegro que por fin hayas salido del caparazón.
La rubia se mordió el interior de su mejilla.
Tal vez se había dejado llevar un poco, ok; tal vez había besado por más de una hora y había creído que era la mejor sensación del universo, ok; tal vez había deseado que Natsu y ella dispusieran de un espacio un poco más privado, sí; pero una cosa era que el chico le hiciera pensar esas cosas y otra muy diferente era que ella se ofreciera a hacer eso con cualquier persona de la tierra.
Se aclaró la garganta—. No es lo que piensan.
—¿Y qué es lo que pensamos, Lucy?
—Que soy una ninfómana o un súcubo tentando a todos allá arriba—se cruzó de brazos—. No lo soy. En cualquier caso, ¿para qué querías verme? —Se dirigió a su padre—, dudo mucho que te interese esto.
—Quería que Erza lograra enseñarte algo más que permanecer sentada en una librería sin hacer nada.
—Sí hago cosas, para tu información. Como aumentar las ventas.
—¿Y eso me beneficia…cómo?
—¿Qué importa? La cuestión es que hago mucho más de lo que piensas.
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La chica rubia poco pudo hacer cuando Levy le dijo que debía tomarse unos cuantos días libres; no tenía idea de qué hacer con exactitud hasta que su mejor amiga se apareció y la arrastró -casi literalmente- hasta su trabajo. Adentro del casino, las maquinas sonaba con su tan típico tintineo, la música era suave y el lugar se encontraba lleno de personas, incluso a esas horas del día.
—Usa esto—Lucy miró a Erza como diciendo ¿Estás jugando?, pero la pelirroja solo le dio una sonrisita y comenzó a desvestirse—. ¿Una conejita? Ni de coña.
—Oh, vamos. No es tan malo una vez que te acostumbras.
Una mirada mordaz la hizo quedarse callada y cambiar su atuendo por el traje rojo con cola de conejo, las medias negras y las zapatillas a juego. Terminó por colocarse las orejitas mientras un sonrojo cruzaba por sus mejillas. ¿Qué estaba haciendo? ¡Joder!
—Primero—comenzó Erza—, tienes que olvidarte de la vergüenza. Tu pecado es lujuria y tienes que aprender a usar tus atributos. No solo tus palabras.
—Pero yo no quiero aprender a hacer esto.
Erza abrió la puerta de los vestidores y pronto regresando a la vida del casino—. Bueno, al menos puedes intentarlo—se paró frente a ella irguiéndose en todo su esplendor. Lucy cubrió un poco por todos lados, se sentía desnuda—. No hay nada malo en el traje, te lo puedo asegurar.
Un hombre apareció detrás de Erza, pasando sus manos por su pequeña cintura y descansando su barbilla en su cabeza—. Una gatita iracunda.
Lucy se tensó.
Tenía muchísimo tiempo que no veía al novio de Erza en acción; el tipo era una de las personas, o mejor dicho, de los demonios más atractivos que habitaban el infierno, y resultaba ser un íncubo, tentando con sus miradas lascivas. Erza giró con una sonrisa madura.
—Jellal—él la miró como ciego que ve por primera vez el sol y Lucy casi suelta un suspiro. Desde que la rubia tenía memoria, el tipo estaba perdidísimo por su amiga, eso sí, nunca olvidando utilizar de vez en cuando sus poderes lujuriosos, pero ella se atrevía a decir que entre el infierno y todos esos pecados entre los que vivían, su amor era al menos puro. Venía desde el fondo, tocando las fibras más sensibles de ambos demonios—. Qué bueno que estás aquí hoy.
—Vaya, ¿mi chica por fin dejará el trabajo? Sabía que al final mis poderes te llegarían a afectar, Erza.
—No—la mirada de él lució incrédula por unos segundos—, Lucy es un súcubo.
—No soy un súcubo.
Él la evaluó un momento. —Pensé que eso era obvio, princesa. Sólo que no sé cómo has logrado apartar tu pecado durante tanto tiempo. Demasiado puritana para cualquier demonio.
—¡No soy una puritana! ¡Tengo mis cosas malas!
—Besuquearte con un humano que te gusta, no es una de ellas, Lucy—los interrumpió Erza deshaciéndose del agarre de su demoniaco y atractivo novio—, Jellal, ayuda a la princesa, ¿quieres? Tengo trabajo que hacer y no hay nadie mejor que tú para enseñarle sus deberes.
Él lo sopesó un momento. Apoyó su peso en un solo pie—. Bien—miró a Erza—, pero me debes la noche.
—Como quieras—dejó un beso rápido y se alejó, moviéndose ávida entre la gente para comenzar sus tareas de demonio. El chico suspiró, luego giró y le indicó que lo siguiera con la mirada, la llevó por entre las maquinas, los juegos y las luces de neón hasta un pequeño bar al final. Ambos tomaron asiento en los taburetes altos de metal y miraron hacia las personas.
Jellal pidió dos shots.
—¿Entonces te besuqueaste con alguien? —el barman se volteó a preparar sus bebidas. Lucy se sonrojó violentamente.
—Tal vez.
—Al menos veo que no estás en completos ceros. Supiste seducir a ese alguien, ¿o no?
Ella gruñó por lo bajo recordando como Natsu había enganchado los dedos en las pinzas de su falda y la había atraído a ella. Sus ojos brillando con picardía en aquél callejón. Mil veces, había sido completamente al revés. Ella había caído en las redes de otro demonio mucho más hábil. Decidió no decirle nada a Jellal.
—Algo así.
—Necesito verte en acción. —Enarcó una ceja. El hombre detrás de ellos, dejó dos pequeños vasitos en la tabla y Lucy examinó el contenido con figuritas rojas por dentro—. Bebe.
La rubia no le dio mucha importancia al ver como el demonio frente a ella, se empinaba el pequeño recipiente de cristal y bebía como si de agua se tratara. Bien, al menos no se ve tan mal. Lo hizo de forma rápida y cuando el líquido bajó por su garganta quemándola, lo maldijo en voz alta.
—¿Pero qué coño es esto? Sabe horriblemente amargo—dijo haciendo caras de disgusto.
—¿Y qué esperabas? ¿Jugo de uva? —lo miró enojada pero Jellal no quitó ese semblante divertido. Le quitó el vaso de forma ruda—. Ve con ese tipo e intenta seducirlo.
—¡No!
—Al menos míralo, ¿quieres?
Lucy entornó los ojos y desvió la mirada hacia su víctima. Un hombre al final de la barra en su pináculo de la tristeza se encontraba bebiendo de un vaso con ginebra.
—No debe ser muy difícil. Ya casi está listo para caer en el agujero—sus ojos brillaron con intensidad—. ¿Crees poder hacer esto o se lo dejas al maestro?
—¿Tú? Pero eres hombre…
—¿Crees que no podría hacerlo? ¿Mejor que tú al menos?
Se sintió indignada—. Bien, solo mira a la princesa del infierno actuar.
Caminó rápidamente hasta el hombre y se encaramó al asiento más cercano. Bien, había visto muchas veces a los demonios actuar, sabía cómo era esto, solo tenía que dejar salir su súcubo interior…es decir, ¿Qué más da que su pecado fuera la lujuria?
Cruzó las piernas y junto los brazos sobre la barra, lanzando una mirada interesada al hombre. Él solo la miró sin ningún brillo en sus ojos. Carraspeó—. Hola.
Siguió bebiendo.
—Hola, amigo—otro trago de ginebra. Decidió picar su hombro—, amigo, estoy hablándote.
—No tengo dinero que darte.
Frunció el ceño. Comenzaba a sentirse ignorada.
—No quiero tu estúpido dinero—lo empujó de la silla con fuerza y el hombre cayó hacia el otro lado. Se levantó hecho una furia.
—Pero ¿qué crees que estás haciendo, golfa?
Ella le soltó una cachetada sin pensárselo dos veces. —¿Qué crees que haces aquí? Desperdiciando tu vida mientras te ahogas en alcohol.
Los ojos del hombre pestañearon varias veces, saliendo de la transición en la que se encontraba, de repente interesado en los que veía y le decían sus ojos. Lucy entreabrió los labios.
—¡Tienes razón, conejita! ¡Eso es! —se le iluminó el alma de un segundo a otro y la demonio rubia se quedó estática. El hombre avanzó hasta ella de un brinco y donde ella pensó que le haría algo indecente, solo dejó un abrazo fraternal—. ¡Gracias por la idea! ¡Eres genial!
Dio media vuelta y salió huyendo con rapidez, casi brincando de la alegría.
Por un momento, se quedó observando el camino por el que el hombre había salido del casino, dejando un rastro de súbita emoción por algo que Lucy no lograba comprender. Se giró hacia Jellal, quién la estaba mirando estupefacto ¿Acaso la hija del jefe del infierno acababa de sacar a un humano de una zona casi repleta de demonios? ¿Pero qué coño?
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El trabajo que le daba Jellal era extraño, a una hora servía bebidas, a otra acompañaba a los bartenders. Luego la obligaba a sentarse cerca de tipos forrados en dinero y se sentía tan usada que después le daba dolor de cabeza.
—No sé qué hacer contigo, Lucy—se tocó las sienes, visiblemente estresado. Lucy nunca lo había visto así y es que al parecer ella era un asco siendo un demonio.
—Sólo dame los malditos panfletos.
Se los arrancó de las manos y se apresuró a salir del casino, en dirección a la calle llena de transeúntes. Se aventó hacia un arbusto en cuando vio la cabeza rosa aparecer en la calle, el chico venía acompañado de otra persona, un muchacho que se veía divertido al cruzar palabras con Natsu. Pasaron frente a ella y Lucy se agazapó mientras le rogaba no sabía a quién que no la viera.
Logró escuchar pedazos de la conversación como niños, algo amarillo, y otra cosa que tenía que ver con pintura. Levantó la cabeza viéndolo desaparecer entre la gente. Una mano cayó en su hombro y dio un brinco, alejándose de la persona detrás de ella.
—¿Qué estás haciendo? —Erza levantó las cejas—. Jellal se está volviendo loco. ¿Estás bien?
La rubia se mordió el interior de la mejilla. Había algo que la seguía molestando de sobremanera. ¿Cómo era posible que Natsu fuera tan…así? Era un demonio como ella. ¿Qué era lo que hacía? ¿Cómo podía trabajar con niños?
Frunció el entrecejo.
—L-Lo lamento. No soy buena haciendo esto.
La pelirroja se sentó en una banca improvisada hecha por el letrero de concreto del casino y dio unas palmaditas a su lado—. Cuéntame que pasa.
—Es solo que…no puedo dejar de pensar en algo que me dijiste. Sobre conexiones y esas cosas—su amiga la escuchaba interesada—. Mencionaste ángeles. Casi nunca los ha mencionado antes, solo sé que es muy raro ver alguno.
—Bueno…—Erza de pronto se veía incómoda. —Es muy raro que bajen, pero lo hacen. Nosotros trabajamos el triple que ellos y, aun así, ellos parece que deshacen nuestro trabajo en un pestañeo. Es muy injusto.
—¿El bien siempre triunfa contra el mal?
Le dio una mirada molesta.
—¿De qué lado estás? —Lucy miró sus zapatillas contra el suelo.
—No lo sé.
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Notas de la autora: Ya regresé masomenos y ya no sé si soy creíble o no pero sigo trabajando en la continuación. Realmente lo siento chicos. Espero que el beso pueda al menos calmarlos antes de que me linchen como se que me merezco jajaja. ¡Pero escuchen, al menos regresé!
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