Disclaimer: Todo reconocible de Harry Potter es propiedad de J.K Rowling.

Faaa: Jijiji... ¡Dedicado especialmente a ti! por leerme con mis cosas locas, si no me lo hubieras pedido no habría considerado la idea :3 Así que espero que te guste y lo disfrutes.

Jjaacckkyy: ^^ Gracias por leerme linda! Y también por leer el otro!

^^ Cualquier crítica, sugerencia y demás es bien recibida. Besos lindas.


Por obligación, serán un dragón y una víbora

3.-14 " De palo de rosa y núcleo de...

El 29 de Agosto de 1993 llegó. Era el cumpleaños número 11 de la pequeña Greengrass, y pasó sin pena ni gloria, a Astoria no le importaba nada en lo absoluto. A pesar de que la fiesta se anunció y se realizó nadie vio a la cumpleañera, porque la castaña se negó rotundamente a ponerse el vestido azul que había comprado meses atrás justo para ese evento y sobre todo se negó a dar la cara. Se sentía humillada, tonta y ridícula, ella que tanto había presumido su francés, sus habilidades y sus sueños, ahora todos sabrían que aquello quedo en la nada... maldito Hogwarts. Maldito Draco.

—Astoria ¿Por qué no sales a saludar a tus invitados? - le llamó su madre, mientras golpeteaba la puerta de la habitación, pero como respuesta solo obtuvo un brutal grito de desesperación.

—Astoria si no sales por la buena, te terminaré sacando a la mala – habló su padre que había escuchado aquel grito.

La niña llevaba encerrada en su habitación desde que se enteró que no iría a Francia y aunque podían obligarla a que hiciera lo que ellos querían, no tenía sentido y además de eso no querían lastimarla más.

—Por favor, princesa... - insistió su padre.

—¡ Déjenme en paz! -hizo una pausa para gritar a todo pulmón con un perfecto acento — ¡Laissez-moi tranquille!

El cuarto estaba hecho un completo desastre, desde cosas rotas a otras que solo estaban tiradas. La cama estaba revuelta y las almohadas en el piso. Por el piso se formaba un camino de cosas que en su momento fueron bellas, unos zapatos cuyos adornos habían sido arrancados a la fuerza, también había vestidos rasgados, maquillaje abierto y revuelto, hojas con apuntes en francés... el camino se tendía hasta el tocador de la castaña donde el espejo estaba fragmentado posiblemente por un golpe muy fuerte. Posiblemente fue golpeado por la caja de música se encontraba tirada aun lado, abierta y con la muñequita sin cabeza.

Astoria se encontraba en un rincón de la habitación. Aun traía sus zapatillas de ballet, que estaban algo rasgadas y tenían la punta manchadas de sangre. ¡Oh sí! La niña había pasado esos días haciendo puntas, a pesar de saber que esas zapatillas no le servían, por eso sus pobres dedos se habían torcido, lastimado y las uñas enterrado hasta provocar que sangrara. La Greengrass no dejaba de llorar, pero hace un tiempo había dejado de hacerlo por dolor, ahora lo hacía por rabia.

O-O-O

Sus padres hicieron lo que su hija les pedía y terminaron despidiendo a los invitados, justificándose con que la niña estaba enferma y no será conveniente que bajara, pues los podía contagiar.

—Lo siento mucho – murmuró la señora Greengrass, mientras despedía a Narcisa Malfoy con un abrazo.

—Espero que se recupere pronto.

—Gracias.

A corta distancia estaban la singular pandilla de los Slytherin. Los chicos se ponían de acuerdo para ir a comprar sus cosas de magia ese año. Irían solos, como "chicos grandes".

—Mi madre me regalo una mágica tarjeta de plata – presumió Pansy, abrazando a Malfoy.

—Que fortuna – habló desinteresadamente Daphne.

—Oye Greengrass ¿Por qué tu hermana no quiso bajar? - enarcó una ceja el rubio de ojos grises.

—Bueno... - intentó decir.

—Gritaba horrible, seguro se sentía muy mal ¿No? - Como siempre Pansy con sus comentarios. No es que realmente le molestara, pues hasta cierto punto decía la verdad, claro que todo mundo pensaba que era por "enfermedad". Cuando en realidad la joven bruja sufría por la noticia de que no estudiaría a donde ella quería.

—Sí, eso fue. Está muy enferma la pobre – mintió.

—Una lástima. Quizás podría ir cono nosotros – comentó mientras se ponía de pie, alejando a la joven de cabello corto y negro que le había estado abrazando.

—¿Cómo crees, Draco? - frunció la boca al ver como la dejaban de lado — Ella es de primero.

—Uhm... Pensé que por ser hermana de Daphne te iba a caer bien – comentó irónico. La verdad es que ya le estaba fastidiando tener siempre al mismo grupo detrás de él. Y es que Pansy no dejaba que nadie se acercara a ellos. Y el Malfoy quería caras nuevas, quería otro panorama que no fuera el mismo de Crabbe y Goyle comiendo y actuando como títeres, si no les decía nada, los tipos no hacían nada. Pansy parecía algo como una pulga, siempre pegada a él, la quería pero aquello se volvía tedioso en algunas ocasiones, la muchacha podía ser linda pero tener que escuchar todas sus estupideces tan cerca... era algo que no podía aguantar mucho tiempo. Y Daphne solo seguía a Pansy. Un día terminaría huyendo de la propia pandilla que había formado.

—Hijo, vámonos – llamó Narcisa — Pansy, ven. Te llevaremos a casa.

La familia Parkinson no había podido asistir por compromisos previos, pero Pansy se había escapado de ello para no dejar solo a su querido Draco. Y es que la muchacha se le había pegado al rubio desde primer año, en segundo año se auto declaro su novia y ahora no había quien la alejara de él.

—Bueno, nos vemos en el callejón Diagon – se despidió la pelinegra con una sonrisa mientras tomaba a Draco para llevárselo con ella.

Ninguno de los escasos presentes notó como desde una ventana en el tercer piso de la mansión, unas enormes esmeraldas enrojecidas de tanto llorar, miraban aquella escena con odio.

Los Malfoy se retiraron y el resto de las familias también.

O-O-O

Los días siguieron pasando sin pena ni gloria para los Greengrass. Era 31 de Agosto y tenían que comprar las cosas para el nuevo año escolar.

—No quiero ir – murmuró Astoria, haciendo un revoltijo con toda su comida, no pensaba comer.

Había decidido salir de su habitación solamente porque la tonta de Daphne decidió entrar sin permiso y se interpuso entre la pared y el joyero de su hermana menor. Astoria se había asustado mucho cuando su hermana se desmayó por el golpe en la cabeza y salió a llevarla con sus padres. Y desde ese instante no la dejaron regresar al cuarto y ahora la tenían allí, sentada en la mesa como si nada hubiese pasado y hablando de lo emocionante que sería ir a comprar su varita, su caldera, su traje y lo demás.

—Hija, tienes que hacerlo. Quizás no sea Beauxbatons, pero Hogwarts es una escuela muy buena. Aprenderás mucho... – intentó animarla su madre.

—Si quieres puedes ir con nosotros – sugirió con media sonrisa Daphne. Loca o no, era su hermanita y la quería mucho, además Draco había dicho que ella podía ir ¿No? Quizás si Astoria comenzaba a convivir con sus futuros compañeros, podría asimilar las cosas mejor. Pero la castaña se negó.

—No gracias – fue su corta respuesta, mientras dejaba su tenedor aun lado.

—Entonces iras con nosotros – sentenció su padre.

—¿Qué más da? - suspiró con resignación. Por más berrinche que hiciera empezó a entender nada funcionaría. Nada le regresaría las ilusiones, nada cambiaría lo que ya estaba escrito, pero ella se encargaría de hacerle conocer a Draco lo que era perder los sueños. No sabía cómo, pero algo se le ocurriría.

O-O-O

—¡Ten cuidado Daphne! - le despidió la , viendo como su hija mayor se alejaba corriendo para reunirse con sus compañeros.

Los Greengrass se encontraban en el Callejón Diagon. Los tres destacaban por la elegante vestimenta: Lucina Greengrass, llevaba un elegante vestido azul eléctrico que hacían destacar el bello azul de sus ojos, su cabellera caoba estaba perfectamente agarrada en un moño y afirmada por un prendedor de plata con la forma de una rosa. El señor, Samael Greengrass, traía un traje negro, con una corbata de un pálido gris verdoso, su rubia y corta cabellera estaba impecablemente peinada hacia atrás, dejando despejado el pálido rostro de facciones cuadradas, donde solo sobresalían unos ojos verdes, y al igual que su amigo Lucios, el portaba un bastón con la empuñadura de plata, pero en lugar de una serpiente, la suya era la cabeza de un dragón y las alas que se doblaban hacia abajo. Por su parte la pequeña Astoria después de mucho luchar y gritar, había terminado con un vestido rojo y el cabello sostenido por una diadema. Los tres traían encima unas gabardinas negras, que le daba el toque de clase y distinción, dejándoles saber a todas las personas a su alrededor que ellos eran sangre pura.

—¿A dónde vamos primero? - declaro Lucina, intentando romper el sepulcral silenció en que caminaban sin rumbo alguno. La gente se quitaba para abrirles el paso y aunque la mujer disfrutaba aquellos tratos, por alguna razón sentía incomodidad, más cuando veía como su hija solo miraba el piso. —¿Qué les parece Ollivander's? Lo más importante para un mago o una bruja, es su varita.

—Me parece bien, cariño – acepto secamente el hombre. Y la niña ni siquiera prestó atención. Solo les seguía, en silenció, evitando ver cualquier cosa que le recordara su tristeza.

La familia camino lentamente hasta el local donde comprarían en la varita de su pequeña heredera.

—¡Lucius Malfoy! - saludó animadamente Samael, cuando al entrar al local se topó con la grata sorpresa de que allí estaban los Malfoy, al menos Narcisa y Lucios.

—Samael – le estrechó la mano, para luego hacer una pequeña inclinación hacia la señora — Lucina.

—Sí, esa por favor... - Narcisa pedía unos estuches y productos para limpiar varitas. Pues la mujer conservaba como adornos, en el salón de su casa, las varias que pertenecieron a sus padres e incluso la de su hermana Bellatrix, la cual consiguió con algo de influencia por parte de su esposo, después de que metieran a Bella a Azkaban. —¡Oh! Buenas tardes – saludó cortésmente al notar la presencia de la otra familia — ¿Qué les trae por aquí?

—Venimos para comprar la varita de Astoria – anunció la señora Greengrass, empujando hacia adelante a su hija que se había escondido detrás de ella. Y es que la pequeña, fuera lo que fuera, no dejaba de ser una niña... una niña que se había asustado al escuchar la palabra "Malfoy". Aquello la hizo sentir rara, pues primero había sentido tristeza, luego odio y ahora sentía miedo...

—Hola – sacudió la cabeza y aparto todo de su mente, recordando los modales de una señorita — Buenas tardes, Señores Malfoy – dijo suavemente y con una pequeña reverencia.

—Buenas tardes, Astoria – saludó Lucius, mientras se agachaba para ver mejor a la niña. Quizás su hijo había olvidado a su prometida, pero él no. Él recordaba perfectamente que esa chiquilla sería una Malfoy, su futura nuera.

—¿Ya estas mejor, linda? - preguntó sonriente Narcisa. La pequeña parpadeo y volteó a ver a su madre, la cual asistió. La castaña no pregunto, aunque no había entendido la pregunta, pero según su educación no debía hacer comentarios que dejaran en ridículo a sus padres o a ella, por lo tanto solo debía: sonreír, asistir y agradecer.

—Sí, . Gracias por preguntar – volvió a hacer una inclinación y sonrió muy falsamente.

—Lamento la demora – se disculpó el viejo señor Ollivander, que traía consigo las cosas que le había pedido Narcisa.

Después de unos minutos y de que el viejo le explicara a la Malfoy como debía de aplicar los productos, se centró en la otra familia.

—¿Les importa si nos quedamos? - habló Lucius, que más que preguntar, afirmaba que se quedarían a ver que varita le tocaba a la pequeña.

—Por supuesto, no nos molesta – contestó Samael y es que ¿Cómo negarles aquello a los futuros suegros de su niña?

El viejo Ollivander regresó con distintas cajas que contenían las varitas que en su criterio podrían ser compatibles con la pequeña de ojos verdes que no había dicho nada y parecía ser muy tímida.

Cada varita que le daba provocaba algún desastre, unos peores que los demás. El dueño de la tienda no entendía porque la pequeña no parecía conectarse con ninguna de las que le ofrecía. Decidió que a lo mejor debía darle algo que concordara con su familia, a Lucina le había funcionado el olmo con núcleo de cabello de unicornio y a Samael el roble con núcleo de escamas de sirena, así que fue a traer de aquel tipo, pero tampoco funciono.

Aquello estaba resultado ser algo frustrante, tanto para el vendedor como para los demás presentes. Menos para la niña, que sentía diversión por causar aquel desastre con las varitas y la frustración y desesperación que causaba el hecho de que ninguna varita la escogiera. Eso la hacía sentir bien, como si fuera algo superior y especial que nada era lo suficientemente bueno para ella. Estuvo tentada a decir que si no congeniaba con esas varitas era porque ella necesitaba una varita Francesa. Pero permaneció en silencio y sonriendo para sus adentros.

Ollivander fijo su vista en la familia Malfoy y recodo también perfectamente de que estaban compuestas aquellas varitas, Lucios había sido olmo con núcleo de musculo de dragón, así como Narcisa le había tocado nuez con corazón de víbora. Fue a buscar diferentes varitas con aquellas combinaciones pero ninguna funciono, la última casi termina incendiando todo...

El viejo fabricante de varitas ya no sabía que podría ser útil para la niña, hasta que la vio. En una esquina había una pequeña caja purpura que reconoció muy bien... ¿Podría ser a lo mejor que?...

— Probemos estas – dijo algo dudoso al pasarle la simple varita a la joven.

Lucios frunció levemente el ceño ¿Por qué Ollivander le daba aquella varita tan simple a su futura nuera? Si sería una Malfoy se merecía algo mejor, algo más elegante, algo aunque fuera llamativo. ¿Pero quién entendía a ese viejo? A su hijo también le había tocado una igual, sin chiste, sin color... si no fuera por lo difícil que era hacerlas y el núcleo, él mismo podría fabricar una mejor.

La niña hizo un suave movimiento de muñeca y en seguida paso...

Una silueta de humo verde se formó en el aire, para luego materializarse en un dragón miniatura que voló alrededor de la joven hasta volverse estelas brillantes. Y aquello solo significaba una cosa: "La varita había escogido a su dueña"

—Esa varita... - murmuró el — Nunca pensé que esa varita fuera a terminar en las manos de una niña.

—¿Qué tiene de especial la varita? - cuestiono la madre que temerosa al ver el rostro del viejo. Se acercó a su hija que sostenía la varita frente a ella, como si estuviera a punto de empezar un duelo.

—Su núcleo es único y peligroso. Cabello de Banshee... - hizo una pausa para voltear a ver a los Malfoy y es que después de pensar un poco, se le había cruzado aquella idea... más nunca pensó que fuese a funcionar — Antes de ser encerrada en Azkaban me pidió que la hiciera – hizo una pausa para ver a la niña y luego a Narcisa, luego volvió a ver a los Greengrass - Pues con ella se puede maldecir sin necesidad de conjurar algún maleficio o siquiera sostenerla. En un principio me negué a hacerla, pero bajo amenazas termine accediendo. Para cuando terminé su fabricación El-Que-No-Debe-Ser-Nombrado ya había caído junto a sus seguidores. La guarde mucho tiempo, pues nunca me deshago del fruto de mi trabajo, incluso había olvidado que la tenía, pero jamás imaginé que existiera alguien además de Bellatrix Lestrange que pudiera ser compatible con ese núcleo.

Los presentes tragaron en seco. Menos la joven, que no prestaba atención a lo que decían, observaba la larga varita de 35.56 centímetros de palo de rosa, era negra y recta, con una agarradera cómoda color blanco.

Solos dos personas en ese lugar entendían lo que esa varita encerraba. Una Banshee era un demonio que se alimentaba de las emociones de los demás, las buenas, las malas y todo lo que alguien pudiera sentir. El sentimiento favorito de aquella criatura femenina que gritaba hasta hacer reventar las venas de sus víctimas, era el de la melancolía. Decían que el grito era en realidad un llanto, por eso aquellos quienes lloraban sufrían más y entre más sufriendo la Banshee tenía más fuerza y placer. Narcisa lo sabía, sabía que su hermana le gustaba esa forma de matar, un grito profundo y desquiciado que mataba sangrientamente, solo Bellatrix podía tenerle gusto a aquello. Y aquella varita, así como Bellatrix, estaría desquiciada. Reaccionaria a los sentimientos de su dueño, que si hubiese sido la mortífago, aquellos sentimientos siempre serían de locura por asesinar. Y es que si la mortífaga estaba loca, su varita debería estarlo también. Por eso es que ahora la joven Greengrass si no tenía un buen carácter, terminaría matando a alguien con tan solo levantarla.

—Muéstrenos otra – suplicó alarmada la .

—Querida – habló calmadamente Narcisa — La varita es quien escoge al mago y no al revés. Confiemos en que Astoria será una buena bruja — finalizo sonriendo mientras veía a su pequeña nuera.

Astoria no escucho nada en realidad, pues estaba perdida contemplando su varita. A pesar de haber pasado el día renegando y diciendo lo absurdo que sería todo aquello, ahora por su joven mente pasaban cosas raras que nunca imagino. Gritos. Victoria. Satisfacción. Superioridad. Belleza tenebrosa. Locura...

Una víbora, con escamas doradas como si fuera de oro o miel. Con ojos grandes y verdes que provocaban la muerte.

Un rostro desquiciado. Piel pálida. Ojos negros, llenos de maldad. Cabello rizado, también negro. Los labios rojos como la sangre. Bella Black.


Bueno para empezar las Banshees en las que me estoy basando, no son las conocidas por todos... Si no las de Charmed, claro que omitiendo el detalle de que las brujas en lugar de morir se transformas en Banshees, bueno los que saben de eso me entenderán, y los que no... Pues busquen Banshees en la Wiki de Charmed, porque sería extenso explicarlo.

También aclaro que tiene sus fines (en un futuro) el hecho de que esa varita fuera hecha para Bellatrix. Y si se lo preguntan... Sí. Mi versión de Astoria está un poco loca, pero juro que al final se justificara, solo espero no me dejen de leer antes de que lo explique xP

Pues Gracias a todos los que me leen y a los que se toman la molestia de dejar Reviews.

Besos y nos leemos. ^^