Muchos lo pidieron, algunos lo exigieron, otros me amenazaron de muerte, y otros llegaron a mi casa buscando mi cabeza, pero ha llegado, el fina, el gran, graaaan final, lo digo así, porque, bueno, es un capítulo muy largo, considérenlo como un final alternativo, mi idea era dejar el capítulo dos como final pero a ver si les gusta esto.
Paz
Oscuridad. Tan pura, tan profunda, tan perfecta, acompañada de gruesas nubes de tormenta, bloqueando al completo la luz del firmamento nocturno, así mismo el argénteo fulgor de la luna se veía opacada por las grumosas masas de agua condensada en el cielo, solo una leve cantidad de tal fulgor lograba colarse entre los cúmulos, iluminando las capas más delgadas de las nubes, de igual manera, reflejándose en las incesantes gotas de agua que arremetían contra la tierra, al ser alumbradas por la escasa aunque impetuosa luz de la luna, simulaban ser pequeñas perlas plateadas que caían a la tierras, pocas eran las gotas de agua que recibían tal oportunidad, solo aquellas que lograban cruzarse en el trayecto de la luz que lograba escapar de su prisión nubosa, algo majestuoso de ver, pero carecía de importancia para cierto individuo que se movía entre la oscuridad; aquél negro mar de oscuridad se veía únicamente alterado por una luminosa línea de luz artificial, creada por el animal. Al igual que un barco surcando el mar, cortando las aguas a su paso, las luces de un tren se abrían camino entre la penumbra, iluminando por breves segundos las áreas aledañas, antes de que éstas regresaran a la negra espesura. Simples y momentáneos, iluminación efímera que se desvanecía como suspiros en el viento, suspiros provenientes de una pequeña y solitaria coneja.
Viajando en el tren, con la mirada perdida en la ventana, daba la ilusión de estar buscando algo entre las sombras, la verdad era que simplemente trataba de pensar, trataba de meditar sobre lo que pasaría en cuanto su viaje llegase a su fin. Hacía poco menos de media hora que había despertado, no estaba segura de cuanto había dormido, pero bien recordaba que antes de caer en los brazos de Morfeo, había un sol brillante en lo alto del cielo, iluminando extensas praderas cubiertas de verdes pastizales hasta donde el ojo dejaba ver, recordaba uno que otro riachuelo en el camino, seguían el rumbo de las vías del tren hasta desviarse en una pequeña curva, desapareciendo en el horizonte, recordaba la brisa y el aire fresco, los árboles y el olor de la húmeda madera golpeando suavemente su nariz, había sentido paz durante ese tramo del viaje, tranquilidad que no había experimentado en meses. Una vez más, había regresado a la realidad, al presente y los problemas que éste tenía, viejas cargas que había estado cargando, cayeron cual concreto solido sobre sus hombros. Al ver la oscuridad y la lluvia, cual película, todas las escenas regresaron a su mente, Jack, Nick, aquella noche en el distrito forestal, aquella noche en que todo se echó a perder.
Un pequeño suspiró escapó de sus labios, materializándose en forma de vapor frente a su nariz, el clima se había tornado frío, ¿Era el mundo haciéndole una mala broma? Todo era tal cual que el día en el que abandonó a Nick, solo faltaba un conejo hipócrita con vestido con traje y franjas negras en su pelaje.
Los animales que viajaban con ella eran escasos, solo 2 o 3, era lo que su estatura le permitía ver, cuando subió al tren en la estación, todos los asientos estaban llenos, poco a poco se fueron vaciando hasta que su transporte se convirtió en lo más cercano a un ferrocarril fantasma, había silencio en el interior, si bien el sonido de las ruedas era ominoso, por alguna razón, no era suficiente para opacar el pesado silencio que se había manifestado, había sido un viaje muy largo, un día entero, desde que el sol hizo su aparición en el horizonte, hasta que desapareció en el anaranjado atardecer.
Después de varios minutos de amargos recuerdos, Judy finalmente decidió prestar atención a su alrededor, había oscuridad fuera, sí, ¿Pero cuánto tiempo había estado en ese tren? Rebuscó en sus bolsillos hasta que dio con su celular, éste marcaba 1:00 AM en el reloj, no podía creer haber pasado casi 24 horas viajando, pero la sorpresa no fue para tanto. Dejó de prestar atención al reloj, con uno de sus dedos desbloqueó el aparto, dejando así ver el fondo de pantalla, una forma masoquista de recordarse a sí misma lo que tenía, y que había sido ella quien arruinó todo; la última fotografía que se tomó con su mejor amigo, ambos en aquél café que pasaban todos los días camino al trabajo, Nick sostenía un vaso de café y Judy se encargaba de la cámara, no pudo evitar sonreír al recordarlo, seguido de una pequeña lágrima deslizándose por su mejilla. ¿Cuánto había pasado? ¿Hace cuánto que vio a Nick por la ventana de aquél tren? En ese entonces habían pasado 4 meses, ahora, después de haberlo visto por última vez mientras se alejaba por las vías, había pasado poco más de un año.
Judy
¿Cómo estará? Quisiera haber sabido lo que fue de su vida durante todo este tiempo, a veces me pregunto si seguirá con vida, es un zorro después de todo, en Zootopia era un policía, era respetado y podía vivir con seguridad, pero ahora, lejos de todo y todos los que lo conocían, ¿Qué podría quedarle? Solo una miserable vida de ser menospreciado por todos los mamíferos del mundo. Tal vez es mera exageración, tal vez soy yo quien quiere encontrarlo en una situación así, para poder llegar y ser la heroína de su historia una vez más, ser la coneja que vio más en él que un simple estafador, volver a ser su mejor amiga y ayudarlo a salir adelante, quisiera ser su única opción, quisiera que me extrañase al menos un poco, para sí, en el momento en el que me vuelva a ver yo pueda correr y que él me reciba con los brazos abiertos, ver en sus ojos amor y amistad, no aquél frío odio, ese dolor que le ocasioné, en verdad, quisiera que fuese la primera vez que nos viéramos, y así empezar desde cero, ésta vez sin cometer los mismos errores, ésta vez sin alejarlo de mí por una estupidez. Que vuelva a engañarme con sus trucos, pasar otra pequeña aventura para acercarnos mutuamente, que él me contase sobre su pasado, que se burlara de mí por ser una coneja policía, es lo que quiero encontrar al bajar de este tren, las cosas solo han ido de mal en peor desde que se fue.
.
.
.
.
.
.
Recorrió todos los pasillos del edificio de su departamento, corrió subiendo escalones, evadiendo o chocando a los animales que se metieran en su camino, constantemente limpiaba sus ojos con su antebrazo, las mangas de su uniforme habían tomado un color azul oscuro debido a la humedad que se había impregnado en la tela, todas esas amargas lágrimas que se esmeraba en ocultar, daba la impresión de que a cada vez que limpiaba sus ojos, aún más brotaban de los mismos. Algunos de sus vecinos lo notaron enseguida, no había pasado tanto tiempo en ese lugar sin haber hecho al menos un amigo, pero nada de eso importaba, de igual manera, nadie se atrevía a dirigirle la palabra, nadie quería indagar en la vida de la coneja, y ella lo prefería así, era más fácil lidiar con las penas cuando no tienes que contárselas a nadie, ahora, ella solo quería llegar a su hogar, a aquél vació y oscuro agujero al que llamaba hogar, era depresivo, era silencioso, era gris, carente de toda chispa de vida, reflejaba a la perfección cómo se sentía Judy en ese momento.
El viaje pareció ser eterno, peri finalmente terminó; en cuanto diviso la puerta de su departamento, sacó la llave de su bolsillo mucho antes de siquiera haber llegado a la entrada, se apresuró, abrió rápidamente, y con la misma fuerza e impulso, cerró la puerta. De un salto, se arrojó a la cama, tomó una almohada, pero en vez de irrumpir en el llanto, gritó, fuerte y desgarradoramente, como si alguien estuviese cortando partes de su cuerpo una y otra vez.
-¡NICK!-
Repetidas veces vociferaba su nombre a través del relleno blando de la almohada, seguido de múltiples maldiciones, no para el pobre zorro, sino para ella, menospreciando cada aspecto de su vida, deseándose la muerte una y otra vez, añoraba el momento en el que la paz llegase a su vida, suplicaba por él, sin importar la manera en la que ésta se presentase. No podía olvidar a su compañero, jamás lo haría, eso lo sabía bien, estaba al tanto de que aquél error, la perseguiría por toda su vida, la culpa, la angustia, y la cruel soledad. Después de casi haber acabado con sus cuerdas vocales, finalmente se dio el lujo de desahogar toda la tristeza; él estaba ahí, estaba frente a ella, a escasos metros de donde se encontraba, pudo verlo, pudo ver a Nick preparándose para abordar un tren hacia un destino ajeno a ella, estaba segura de que lograría alcanzarlo, ¿Entonces por qué no lo logró? Sus piernas eran rápidas, tal vez era la oficial más veloz de toda la estación, pero aun con toda esa celeridad, parecía ser que sin importar qué, siempre llegaba tarde. No tuvo la oportunidad de despedirse, de decir adiós, de pedir perdón, todo se le negó en cuanto Nick atravesó la entrada de abordaje, y lo remarco con aquella cruel mirada, esa era la última imagen que tuvo de él, siempre creyó que sería diferente, estaba al tanto de que algún día tendrían qué separarse, alguno tendría que decir adiós primero, Judy siempre creyó que sería algo más alegre, y no sería adiós, sino un "Hasta luego" Esperaba que esa amistad durase para aun después de la muerte, pero no, fue tan efímera como un cubo de hielo derritiéndose en el agua, tan fugaz como la llama de una vela, apagándose con un soplo. Tal vez habría durado más, si tan solo se hubiese esmerado en mantener esa llama con vida.
Perdió la noción del tiempo, la almohada que con tanta fuerza abrazada, estaba llena con sus lágrimas, necesitaba sentirse segura, protegida, por eso no aflojaba el agarre, debía aferrarse a algo en ese momento, o de lo contrario, caería hasta el fondo, sin esperanza alguna de volver a salir.
-Es mi culpa, todo es mi culpa- Musitaba entre sollozos, sin siquiera apartar su rostro del cojín –Debí estar contigo, debí apoyarte a ti y a nadie más. Lo siento Nick, lo siento tanto-
Palabras carentes de todo sentido, no había motivo alguno de enunciarlas, ¿Quién podría escuchar tan patética disculpa? Había quién quería hacerlo, que añoraba escuchar una sincera y profunda disculpa por parte de la coneja, alguien que no podía dejar de pensar en ella, que se esmeraba en encontrar un motivo valido y suficientemente fuerte para odiarla, pero no tenía éxito, sin importar cuánto esfuerzo pusiera en ello, a los ojos de Nick, Judy seguía siendo todo su mundo, el mismo al que acababa de abandonar.
-Quiero saber por qué estabas ahí, por qué viniste a la estación, quiero saber si en verdad lo hiciste por mí- Decía para sí mismo, mirando la pantalla de su celular, en éste, se mostraba un contacto, la foto del mismo era la de una risueña coneja de ojos color violeta, y el pulgar de Nick estaba a escasos centímetros del botón para llamar -¿En verdad volviste por mí? Viniste para enmendar lo que pasó ¿O simplemente para aliviar tu propio remordimiento?- El zorro empezaba a cuestionarse si había tomado la decisión correcta, abandonarlo todo solo porque no podía olvidar a Judy, cualquiera lo vería como algo estúpido y sin sentido, pero para él, el daño que le hacía verla al pasar por la calle era desmesurado, lo hacía sentir desesperado, lo hacía sentir abandonado; ella siempre cuidó su espalda, siempre estuvo de su lado, pero el día en el que más la necesitó, fue el mismo en el que lo abandonó, de no ser por la boca floja de Jack, él seguramente se encontraría en prisión en ese momento, pero aun a sabiendas de eso, se negaba a creer que Judy había sido tan cruel, trataba de justificarla, pero hacía ya mucho tiempo que había realizado lo tonto que era. No podía quedarse atrapado en el pasado, no podía dejar que toda su vida girase entorno a la coneja, y si para ello tuvo que abandonar la ciudad, Nick aceptaba las consecuencias, tal vez no de buena gana, pero estaba dispuesto a vivir con ellas.
-Lo siento Judy- Musitó al mismo tiempo que desplazaba su pulgar, alejándolo del botón color verde, directo a la pestaña "Eliminar" esperaba que así, se cortase finalmente todo lazo con ella, pero, solo era un contacto telefónico, retirarlo de su celular no sería suficiente para terminar con una amistad como la que tenían, pero, era un inicio, luego se preocuparía por el resto, por ahora, solo le quedaba mirar hacia adelante.
.
.
.
.
Un ominoso chillido se hizo presente, rompiendo con la perfecta coordinación de los pistones del tren, haciendo que las ruedas tallaran el hierro sobre el que se movían; la velocidad empezaba a decrecer, mientras el vapor dejaba verse y poco a poco el tren dejaba de moverse. Los pocos animales que se encontraban dentro, por mero reflejo dirigieron su atención hacia el exterior, verificando si, en efecto, habían alcanzado su último destino. Judy no fue la excepción, al mirar por la ventana, ya no era solo aquella pesada oscuridad lo que se divisaba, ahora había luz, artificial y escasa, pero lo suficientemente brillante como para alumbrar las pequeñas calles de un pueblo que alcanzaba a vislumbrarse a lo lejos.
Judy recargó sus manos contra el cristal, sentía el frío del mismo y se hacía una idea de cómo sería el exterior, ya llevaba encima un abrigo, pero ahora le quedaba en claro que no sería suficiente; reviso en su equipaje, tomó una chamarra, algo grande para ella, pero al menos de esa manera se resguardaría del frío. La coneja abandonó su asiento, camino por el pasillo del vagón, siguiendo la fila de 3 animales frente a ella, depredadores todos ellos, un tigre, un jaguar, y un oso, eran las únicas almas que había además de ella, en cuanto abandonasen el tren, éste quedaría únicamente con el maquinista, pasaría a ser un tren fantasma, eso pensó Judy, eso sería lo que su amigo diría en una situación así, idear una broma simplemente para alegrar el momento. Tal alegría se desvaneció al instante, bajó la mirada, tratando de recordar la voz de Nick, por poco y había olvidado su nombre en todo el tiempo que había pasado sin él, se trataba de una simple silaba, que había llegado a significar todo para ella.
Uno por uno, todos abandonaron el vagón, la vista al salir no era como la de Zootopia, no había un caudal de animales en la estación, de hecho, ésta ni siquiera era tan grande, se trataba únicamente de unas tarimas de madera, todo al exterior, sin protección ante el clima, sin nadie alrededor, más que los animales que habían arribado, mismos que poco a poco se alejaban, dando nuevamente lugar al silencio.
Judy miró a su alrededor antes de bajar del último escalón, no había ningún sonido, ahora ni siquiera el tren rompía con la calma, lo único que lograba escuchar era su propia respiración, y el sonido de la lluvia golpeando el suelo; abrió una pequeña sombrilla color naranja, y avanzó, tendría que caminar un poco para llegar al pueblo que había visto a la distancia, para su suerte no tendría que andar entre toda la oscuridad, había un sendero iluminado por faroles, luces algo tenues, no alumbraban más allá del camino, parecía un pequeño puente sobre un gran y oscuro mar. Judy sentía el lodo bajo sus patas, la tierra llevaba así un largo rato, constantemente examinaba las proximidades, no advirtiendo ningún sonido extraño, eso lo hacía más tétrico todavía, tanta calma, tanta tranquilidad, no era normal, y no había nadie para hacerle compañía.
Sus pasos eran inseguros, temiendo que el siguiente pudiese ser el último, no estaba segura de lo que podría esperar en tal espesura, podría ser cualquier cosa, cualquier animal, incluso un simple y pequeño insecto podría terminar con su viaje si no se cuidaba adecuadamente. Judy tragó un bulto, anhelando llegar a las luces del poblado que se encontraba al frente, hasta que algo entró en su campo visual, logrando calmarla, dándole una pequeña sensación de seguridad y alivio; un letrero, viejo y de madera, lo miró por algunos segundos, leyendo una y otra vez la única palabra escrita en él.
.
.
.
.
.
.
Las dos semanas de descanso que Bogo les había otorgado a sus oficiales más confiables habían sido los días más amargos y crueles en toda la vida de Judy, más allá de las burlas por ser una conejo policía, más allá de los abusos e insultos de Gideon Grey, los fatídicos días en la academia, teniendo que luchar por sobresalir, no eran nada frente a lo que estaba viviendo durante ese medio mes; no había día que no despertase llorando, ahogándose en sus propias lágrimas, siempre pesadillas todas la noches, todos los posibles finales que la historia de Jack hubiese tenido si ella no hubiera despertado a tiempo, a veces era Nick siendo asesinado, en otras ocasiones era llevado a prisión, Judy soñaba con la clase de cosas que ella imaginaba que pasaría en ese lugar, era un policía después de todo, no sería bienvenido ahí; lo soñaba siendo golpeado, mutilado, cada noche era una película de terror con un final diferente, pero siempre la misma historia. No había nada en su vida que pudiese alejar su mente de Nick, su trabajo no estaba para distraerla, la idea de suplicar a Bogo que terminase con esas "Vacaciones" era tentadora, demasiado a decir verdad, en más de una ocasión se encontró frente a las puertas del ZPD, preparada para hacer frente al gran búfalo, pero el temor de desmoronarse en la estación le impedía cruzar el cristal de la entrada, no iba a mostrar tal debilidad frente a nadie, además, ella era la única que sabía qué había pasado con Nick, bueno, ella y tal vez Finnick; de vez en cuando se lo topaba por la calle, trataba de saludarlo, pero era más que claro que esa pequeña bola de odio no quería nada que ver con ella, ¿Quién querría hacerlo después de las monumentales estupideces que había cometido? Ni siquiera se atrevía a llamar a sus padres, sentía que no podría verlos a los ojos, aun a pesar de que ellos no sabían mucho sobre lo que pasó; la noticia de la conmoción en Zootopia había llegado hasta Bunnyburrow, sí, pero no por completo, varios detalles habían sido omitidos, habían tratado de llamar a Judy, pero ésta jamás contesto, al menos no de manera directa, simplemente cancelaba la llamada y enviaba un mensaje "Ahora no puedo hablar" era su excusa, sus padres, en cierta manera entendían que todo había sido difícil para ella, habían decidido darle su espacio, pero la preocupación por su hija seguiría vigente siempre.
Judy
Dos semanas parecieron ser dos años para mí, contaba cada maldito minuto para volver a trabajar, así al menos lograría mantenerme ocupada en otra cosa, no estaba siendo fácil sobrellevar la pérdida de Nick, es casi como si hubiese muerto, no vi remordimiento ni tristeza alguna en su mirada cuando se fue, no me extrañaría eso era obvio, y sé que rogarle no resolvería nada, pero, al menos quería que supiera lo mucho que en verdad me importaba, si iba a irse, me hubiera gustado decirle adiós, pedir perdón mil veces más, demostrarle el gran amigo que era para mí, y entonces y solo entonces, no, jamás podría dejarlo ir, de haber sido posible, habría subido al tren con él, habría dejado todo por seguir con Nick, ¿Qué es lo que sentía por él realmente? No lo sé, creo que jamás lo he sabido, desde que lo conocí todo fue y ha sido tan confuso, a veces parecía mi amigo y en otras ocasiones parecía mucho más que eso, me daba la seguridad que nadie me había dado, me hacía sentir gigante, a pesar de ser únicamente una pequeña coneja, ¿Debí decirlo? ¿Debí decirte "Te amo? ¿Habría cambiado algo? De haber sido así, lo hubiese gritado a los cuatro vientos, sin temor a que los demás animales me escuchasen, que toda la ciudad lo supiera, el mundo si con es te quedabas a mi lado, te amo Nicholas Piberius Wilde, amo a un zorro a pesar de que yo soy una coneja, y aun así, aun sabiendo cómo era que me sentía por ti, te cambié por el primero conejo que se puso frente a mí, me acosté con él e incluso llegué a concebir la idea de dejarlo ser parte de mi vida.
Finalmente regresé al ZPD, Bogo nos recibió a todos con los brazos abiertos, y a los pocos minutos comenzó a gritarnos, fue lo más grato que viví en esos días, era algo que conocía, algo a lo que estaba acostumbrada, todo empezó bien en cierta manera, pero, inmediatamente empezó a empeorar. El jefe decidió que yo ya no podía seguir sin un compañero, Colmillar terminó siendo el reemplazo de Nick, al menos era naranja, eso no ayudaba en nada, pero eso no fue lo que me hundió, yo ya no era la misma, las persecuciones en las que me veía en vuelta, casi siempre terminaban con Colmillar atrapando al delincuente; ya no me sentía ágil, ya no me sentía veloz, no me sentía un conejo, un perezoso podría vencerme con toda facilidad. No me había dado cuenta de ello hasta que regresé a trabajar, cuando Nick se fue, se llevó una parte de mí que jamás lograría recuperar. No tardé mucho en percatarme, a nadie le tomó tiempo darse cuenta, soy un conejo, se supone que debo ser veloz, era la tal vez la única cosa que me hacía ser un buen oficial de policía, poder alcanzar a cualquier animal a pie, esa era mi mayor virtud, en cuanto la perdí, mis días en las calles vieron su fin muy rápido, terminé haciendo trabajo de escritorio, era muy meticulosa al momento de archivar y buscar información, de mejor oficial del ZPD a una simple archivista que se hundía a cada día que pasaba, entre tantos documentos sobre casos, logré encontrar algo de seguridad, pero lo bueno que pasaba en mi vida, simultáneamente acarreaba algo malo, leía los informes de los demás oficiales, no podía evitar imaginar cómo Nick y yo hubiésemos resuelto el caso, seguramente en menor tiempo y de una manera mucho más fácil, o más complicada, dependiendo de mi compañero, "Los buenos viejos tiempos" pensar en los casos que Nick y yo hubiésemos tenido se convirtió en mi juego diario, en mi martirio, parecía ser que todo terminaría así, conmigo sentada detrás de un escritorio por el resto de mi carrera policial, pasaron 12 meses y no había ningún cambio ni en mí, ni en la ciudad, ni en nada, me enfadaba saber que la partida de Nick ya no era importante, como retirar una zanahoria del campo, el resto seguirían bajo tierra, aun con la ausencia de la que fue desenterrada, todo seguía su curso, y otra zanahoria ocuparía el lugar vacío, yo no quería eso, no quería que nadie llegase a sustituir a Nick, lo quería de regreso, quería volver a verlo.
Podía sentir fácilmente que mis días como policía estaban por llegar a su fin, una coneja archivista no tiene ningún tipo de atractivo, y no sirvo de nada encerrada en mi cubículo, realmente no tenía más motivos para seguir en la estación.
Temía ser despedida, ya no me quedaba nada más que ese sueño, el mismo que me había acompañado desde que era una niña en la granja de zanahorias de mi familia; ser oficial de policía. El día en el que Bogo me llamó a su oficina, sentí que sería el último de mi vida. Todos me miraban mientras caminaba por los pasillos, los nuevos habían estado suficiente tiempo en la estación como para saber que si Bogo te llamaba, estabas acabado, en cuanto a los oficiales de mi generación, bueno, ellos estaban al tanto de mi actual situación, me miraban de manera condescendiente, sentían lástima por mí, solo remarcando lo pequeña que en realidad soy. En cuanto entré con el jefe, no hubo gritos, no hubo miradas llenas de ira, a decir verdad, no hubo sonido alguno, solo me miraba, estático, sin moverse, solo estaba ahí, sentado detrás de su escritorio.
-Toma asiento Hopps- Lo miré por escasos segundos, y acaté su orden; de un salto trepé a la silla, y como siempre, apenas lograba ver a Bogo desde el nivel en el que me encontraba -¿Sabes por qué estás aquí?- Me preguntó sin alterar la calma que profesaba, aunque no por ello hacía la pregunta más ligera, solo la hacía más difícil de responder.
-Estoy despedida ¿No es cierto?-
-(Suspiro) Escucha Hopps, nos has dado grandes momentos de tu vida, una oficial de policía eficiente, audaz y valiente, has atrapado a muchos delincuentes, y salvado a miles de inocentes, pero te has convertido en un elemento poco práctico para la estación- Demonios, era agraviante escuchar eso, pero era cierto, fui la mejor, y ahora ya no era nadie, y el jefe se encargaba de dejármelo en claro –Ya tenemos animales archivistas, y aunque el trabajo que realizas es muy bueno, es el que dejaste de hacer lo que afecta a la estación- Solo bajé la mirada, no sé ni por qué se molestaba en darme todo ese sermón, solo bastaba con las dos palabras mágicas "Estás despedida"
Aun lo escuchaba hablar, pero no prestaba atención a sus palabras, en mi mente, solo me preguntaba lo que podría hacer ahora, ¿A qué me dedicaría? Al parecer Nick había tenido razón, iba a terminar regresando con mis padres con la cola entre las patas sin haber logrado absolutamente nada en la vida, cultivaría zanahorias por el resto de mi existencia y nunca nadie recordaría quienes fueron Nicholas Wilde y Judy Hopps, quería terminar con este mal cuento de una vez por todas.
-Jefe- Hablé finalmente, claro que lo interrumpí, pero él no me detuvo –Con todo respeto, si ya no le soy útil ni a usted, ni a la estación, no es necesario que me diga todo esto, solo dígame qué papeles debo llenar y ya no lo molestaré- Esperaba que con eso el nudo que se empezaba a formar en mi garganta lograra desaparecer, pero solo se hizo más grande. No quería dejar de ser policía, no quería abandonar mi sueño otra vez, pero parecía ser que no tenía control sobre mis propias palabras, mi dolor hablaba por mí. En cuanto terminé de hablar, desprendí mi placa del chaleco, me puse de pie sobre la silla, y dejé el trozo de metal sobre el escritorio, todo había terminado, ésta vez no habría una gran hazaña que me regresara a ser la gran policía que fui, esta vez no tendría a mi compañero para ayudarme a salir adelante, esta vez estaba sola. Vi cómo Bogo extendió su brazo para tomar mi placa, era la afirmación que estaba esperando, me di media vuelta y me preparé para bajar al suelo.
-Fangtown-
-¿Qué?-
-Debido a que has llevado acabo tu trabajo de archivista de manera eficiente, y a que tu manera de trabajo no es nociva para la estación, estoy impedido por la ley a despedirte a menos que tú presentes tu renuncia, si te echara de aquí solo porque sí, me vería envuelto en un gran lío legal, y eso es algo que la estación no necesita después de lo que pasó hace un año- No lograba entender nada de lo que me decía.
-Jefe, ¿De qué está hablando?-
-No puedo y no voy a despedirte Hopps, pero debido a que tu actitud es un tanto deprimente, y afecta un poco a mis demás oficiales, tendré que suspenderte durante un mes-
-¿Qué? Pero…-
-Durante ese tiempo, aconsejo que te des algo de tiempo libre para tratar de resolver los conflictos emocionales y, o personales que evitan que tu desempeño sea más óptimo, ya que en la estación, de nada nos sirve si vienes deprimida o molesta con algo ajeno a tu trabajo- Estaba empezando a volverse molesto, ¿A caso también él olvidó lo de Savage? ¿Cree que no quiero olvidarlo también? ¡¿Por qué se está burlando de esa manera?!
-¡Esto es ridículo! ¡He trabajado aquí por todo un año y ahora va a suspenderme por supuestos conflictos personales!-
-Cuide su tono oficial, durante el mes que tendrá para resolver lo que sea que la esté afligiendo, le aconsejo que tome un tiempo lejos de la ciudad- Eso fue lo que dijo mientras extendía un trozo de papel hacia mí, yo estaba furiosa, pero por alguna razón decidí tomar lo que me dio.
-Ya veo, no solo me quiere lejos de la estación, también me quiere lejos de la ciudad, ¡Tal vez despidiéndome se ahorraría todas las indirectas! y…- Todo el enojo que había sentido momentos atrás se disipó al instante, fue contundente, por no decir que fue muy extraño; lo que Bogo me había dado era una postal de un pueblo "Fangtown" -¿Qué es?...-
-Un poblado, lejos, muy lejos de Zootopia, es un viaje de un día entero, los trenes que van de aquí hasta allá son muy pocos, pero es un ambiente al aire libre, sin la contaminación auditiva, con un índice de crímenes bajo debido a la poca población, la cual en su mayoría son depredadores-
"¿Depredadores?"
-Ver una presa en ese lugar es muy poco común, pero según se dice, cuando una se presenta, se le da el mismo trato que al resto de los habitantes, eso según mis fuentes-
-No, no entiendo ¿Por qué quiere que vaya a este lugar?-
-(Suspiro) Es un buen lugar para descansar Hopps, aunque deberías cuidarte, mis informantes aseguran haber sido engañados por un zorro en múltiples ocasiones, y ya que no podrás ejercer la autoridad de Zootopia ahí, te aconsejo que tengas cuidado-
-¿Un zorro? De qué diablos…- Ahora sí me sentí como una idiota, seguramente aunque el jefe hubiese gritado el nombre de Nick en mi rostro, no me habría dado cuenta al instante -¿Lo encontraron?-
-No sé de qué estás hablando, ya recibiste tus órdenes, confiscaré tu placa hasta entonces, y recuerda, solo es un mes, nada más- Bogo finalmente se levantó de su asiento y caminó hacia la puerta de la oficina, yo lo seguí con la mirada, aun incrédula de lo que acababa de pasar.
-Gracias- Musité en cuanto escuché la puerta abriéndose detrás de mí, Bogo estaba por salir, pero al parecer logré detenerlo, ni siquiera me di vuelta, aun no lograba recuperarme del todo.
-Si lo encuentras, dile que nos hace falta aquí-
Finalmente me encontré sola, y oficialmente estaba suspendida de mi empleo por un mes, es curioso, junto con la postal del pueblo, venía un boleto, destino: Fangtown
.
.
.
.
.
Fangtown. Judy miró el letrero por algunos segundos más, luego alzó la mirada, ésta vez, pudiendo ver el fulgor de las luces en las pequeñas calles del pueblo, no era nada en comparación a Zootopia, eso era más que claro, aunque después de tanto tiempo en la oscuridad cualquier luz podía resultar cegadora, aunque se tratase de una pequeña vela en medio de la noche.
Judy suspiró, admiró la lluvia que caía a su alrededor por un momento, y siguió avanzando. En poco tiempo el camino que recorría llegó a su fin; la suela de sus patas había tomado un color marrón debido al lodo que había pisado desde que abandonó el tren, sentía el pelaje de sus patas incómodamente húmedo y algo pegajoso. La vista frente a ella, no era la más agradable, no había ni un alma en las proximidades, todas las edificaciones eran viviendas, las más grandes eran de 3 pisos, no más, y eran contadas, las calles no eran de pavimento, parecían calzadas antiguas, sin banqueta alguna, de igual manera, no había marcas de ruedas en el suelo. Judy examinaba lo que veía, aun a pesar del acabado antiguo de las calles, las casas guardaban un aspecto "Moderno" en cierta manera, podía verse fácilmente que contaban con electricidad, había alumbrado público y antenas sobre los techos, si Nick iba a alejarse de todo, no iba a abandonar las comodidades de las que disfrutaba en la ciudad, eso es lo que Judy quería creer, quería pensar que de verdad se encontraba ahí. Después de un rato de contemplar todo bajo la lluvia, el clima empezó a incomodarla aún más, caminó por las silenciosas calles, con la esperanza de encontrar un lugar para pasar la noche, no había pensado en ese problema en cuanto subió al tren, pero algo dentro de ella quería pensar que al igual que en cualquier lugar normal, habría al menos un motel para los viajeros, dicha esperanza no flaqueo, no tardó mucho en encontrar lo que buscaba, un pequeño letrero de neón, desentonaba con el ambiente que el pueblo profesaba, pero facilitó la búsqueda de Judy, de igual manera dicho letrero no era tan grande, y algunas de las letras titilaban, se notaba que era viejo, muy viejo.
Judy tragó un bulto, no sabía si debía tocar o si la puerta estaría abierta al igual que en Zootopia, haciendo caso de su sentido común y por guardar el mayor respeto posible, tocó la puerta un par de veces, aguardó, pero no hubo respuesta, la idea de tener que pasar la noche a la intemperie no era agradable, estaba por golpear la puerta nuevamente, pero entonces se percató de un botón al lado de la misma, a una altura un poco superior a ella, tal vez por eso no se había dado cuenta antes; dando un pequeño salto presionó lo que presumía ser el timbre del establecimiento, las grandes orejas de Judy escucharon una campana sonando del otro lado de la puerta, acompañado por un gruñido. La coneja retrocedió levemente, las palabras de Bogo resonaron en su mente "Habitado en su mayoría por depredadores" La idea de una presa entre tantos colmillos la hizo estremecer, su respiración se agitó, y entonces la puerta se abrió.
No es que Judy no estuviese acostumbrada a ver animales del cuádruple de su tamaño, pero en esta ocasión, la paranoia de ser una presa en ese lugar se encargó de generar la imagen de un fiero y aterrador depredador sediento de sangre, abriendo la puerta para devorarla; era un gran tigre de color blanco, Judy no tenía recuerdos de haber visto alguno así en la ciudad.
-Hmm, es muy tarde para que los niños estén haciendo bromas como esta- Dijo para sí misma, el tono de su voz daba a entender que era una hembra. Judy reaccionó, aclaró la garganta. Las orejas del gran felino reaccionaron al sonido, miró a los lados pero de nueva cuenta no encontró nada.
-Aquí abajo- Habló Judy, encogiéndose de hombros al verla bajando la mirada, la tigresa parecía sorprendida, era lógico en cierta manera, no era muy probable que hubiese gran cantidad de conejos por esos lares –Hola, mi nombre es Judy, Judy Hopps- Dijo la coneja al notar el prolongado silencio que se había generado –Vi, vi el letrero, así que esperaba poder pasar la noche aquí, ¿Hay algún problema?- Preguntó tímidamente, aun aguardando por la respuesta de la dueña del lugar, ésta agitó levemente la cabeza, dibujando una pequeña sonrisa en el rostro.
-No hay ningún problema querida, adelante- Soltó haciéndose a un lado, dejando camino libre a Judy para entrar en la vivienda, detrás de ella la puerta se cerró de nueva cuenta, al menos ahora no tendría que preocuparse por el clima.
-Lamento mi comportamiento ahí fuera, no es muy común ver a los de tu clase por aquí- Explicó el felino con suma cordialidad.
-¿Conejos?- Cuestionó Judy.
-Presas, el lugar se llama Fangtown por alguna razón- Rio el tigre.
-Oh, ya veo-
Judy estudió un poco el interior, no era lo que presumía por fuera; los pisos de madera estaban bien cuidados, al igual que las maderas, había un sofá cercano a una ventana, daba la impresión der ser la sala de estar, y al fondo contrario, se encontraba un pequeño escritorio, en donde se encontraba ahora la anfitriona de la casa.
-¿Cómo puedo ayudarla señorita Hopps?-
-Pues, esperaba poder alquilar una habitación por la noche, ¿Cuál es el costo?- Preguntó con tranquilidad, acercándose al escritorio.
-Descuide pequeña coneja, las habitaciones son gratuitas, siempre y cuando no rompa nada en ellas- Explicó entregándole una llave.
-¿Qué? Pero, esto es…-
-No hay muchos forasteros que visiten este pueblo, esta es mi casa, tengo unas cuantas habitaciones de más, así que lo convertí en un "Motel" como los llaman en la ciudad, solo es una ayuda para quienes terminan aquí, como usted, un techo y una cama cálida, aquí las noches son muy frías-
-No creo que esté bien, de algo tiene que vivir ¿O no?-
-Hehe, tengo un trabajo de medio tiempo en un restaurante local, este lugar solo lo abro de noche. La habitación de esa llave está subiendo las escaleras, es el número 3, y el baño está al fondo del pasillo-
Judy sonrió, se dirigió a las escaleras, no sin antes agradecer una vez más, hasta ahora había tenido un buen comienzo. Busco la puerta con el número que indicaba su llave, no fue difícil dar con él; al entrar, no había mucha diferencia entre su departamento en Zootopia y la habitación que había conseguido, pero no había quejas por parte de la coneja, la hacía sentir como si estuviese en casa. Dejó su equipaje en el suelo, descansó sus pies un momento, para luego dirigirse al tocador, no tenía intención de ducharse en ese momento, solo buscaba remover el lodo y la tierra de sus patas, necesitaba descansar.
Luz apagada, ventana cerrada, pero la tormenta seguía y seguía en el exterior, la única iluminación de la que gozaba era la que se colaba por la ventana, sumada a la pantalla de su celular. Las frazadas cubrían casi todo su cuerpo, sus brazos estaban por fuera, con sus manos sosteniendo el aparato frente a su rostro, el brillo se reflejaba en sus ojos, y una pequeña sonrisa permanecía en sus labios, estaba en la galería de fotos, deslizaba su dedo una y otra vez, ¿Cuántas veces había visto ya todo eso? Judy tenía memorizadas todas y cada una de las fotografías que había ahí, en todas ellas estaba Nick, ya fuese solo él o una imagen de los dos juntos. Judy recordaba los días en los que obtuvo esos recuerdos, pero también se preguntaba si lograría recuperar algo así. Había salido de la ciudad con un único objetivo, y no era tomar vacaciones, estaba ahí por Nick.
-En verdad espero que estés aquí- Musitó para sí misma, al mismo tiempo que bajaba su celular, dejando la pantalla contra su pecho –Vine por ti Nicholas Wilde, y no voy a irme hasta recuperarte-
.
.
.
.
.
Nick
¿Qué haría si pudiera cambiar una sola cosa de mi vida? Si pudiese reemplazar algo en mí mismo, o arreglar algún error que hubiese cometido en el pasado, ¿Qué haría? Me hago esta pregunta, no sé por qué, tal vez por la falta de sueño, he estado trabajando en este traje todo el día, uno de mis clientes más importantes dejó muy claro que lo necesitaba para mañana temprano, solo faltan un par de costuras y todo estará listo, empiezo a preguntarme por qué no hice esto en Zootopia en vez de estar estafando animales en la vía pública, oh es cierto, porque era un zorro, y nadie le confiaría nunca nada a alguien como yo. Estoy divagando demasiado, solo terminaré esto, e iré a dormir. Ahora puedo retomar mi pregunta, si pudiese cambiar algo en mi vida ¿Qué sería? Los crímenes que cometí, naa, haber conocido a Judy, de ninguna manera, ¿Haberme vuelto policía? Tentador, pero no, lo que cambiaría, lo único que odio de mí mismo, vaya, desearía haber nacido como cualquier otro animal, en vez de ser un zorro.
.
.
.
.
El sol se asomó por el horizonte, elevándose entre los árboles circundantes al pueblo, la brillante y cálida luz del sol iluminaba los techos de las casas, aun empapados por la noche anterior, las pequeñas perlas de agua goteaban por las cornisas, el suelo estaba repleto de charcos, los cuales se hondeaban con los suaves suspiros del viento. Poco a poco aquél pueblo fantasma de la noche anterior empezaba a cobrar vida, tal como se esperaba, todos los animales a la vista que abandonaban sus hogares por la mañana eran depredadores, era un desfile de largas garras y colmillos afilados. Ningún auto se escuchaba a la distancia, al parecer no había ninguno, era un lugar razonablemente grande, pero todos se desplazaban únicamente a pie. Contrario a lo que Judy esperaba, no era un ambiente hostil, de hecho había ciertos aspectos en los que era mejor a la ciudad, todos parecían conocerse, todos parecían llevarse bien unos con los otros, aun a pesar de ser únicamente depredadores. La coneja no tardó en percatarse de ello, después de todo, era la única que desentonaba ahí, era como ver un lobo entre ovejas. Muchas miradas caían sobre Judy, no despectivas, no indiferentes, simplemente, curiosas, tal vez muchos de los lugareños no habían visto un conejo en persona, alguna que otra sonrisa se presentaba frente a Judy, la idea de hacerle gracia a los demás no le agradaba, pero trataba de ponerse en su lugar, además, ella debía admitir, que sí era algo adorable.
Dejando de lado lo extraña que se sentía al caminar por las calles, aún tenía en mente lo que había ido a hacer, se paseaba frente a los negocios, frente a las casas, esperando obtener aquél destello anaranjado que estaba buscando, pero parecía ser que estaba buscando en el lugar equivocado. Llevaban consigo una foto, pero no estaba mostrándola a nadie, la usaba para saber a quién buscar, sonaba tonto, había esperado un años para volver a verlo y ya ni siquiera tenía clara su apariencia, aún a pesar de haber estudiado todas las fotografías de su galería la noche anterior.
El tiempo pasaba, pero Judy no encontraba lo que buscaba, al final, el no haber desayunado tampoco estaba siendo de ayuda, fue ahí cuando recordó las palabras de la tigresa que la recibió, un restaurante local. Judy no tardó en dar con él, era significativamente más grande que el resto de las construcciones que había visto. Al abrir la puerta, una campana anunció su presencia, rápidamente las miradas se clavaron en ella, hubo silencio, solo podría escucharse el aceite quemándose sobre las sartenes. Judy tragó un bulto, la idea de salir sonó en su cabeza como un martillo golpeando vidrio.
-Bienvenida- Dijo una voz conocida.
-Hola, eres tú, am…-
-Evelyn, no me presenté ayer- Interrumpió el felino, era la misma que había hospedado a Judy, era algo lógico pensar que se toparía con ella en ese lugar.
De pronto todos dejaron de prestar atención a la coneja, regresando a sus asuntos, algunos simplemente comiendo, otros leyendo o haciendo otra cosa en sus mesas.
-Ya te lo dije, no es muy común ver un animal sin garras o colmillos por aquí- Explicaba Evelyn mientras guiaba a Judy hasta una mesa desocupada.
-Sí, me lo imaginé-
-¿Y qué te trae por aquí pequeña coneja? Si me permites preguntar-
-De hecho, estoy buscando a alguien-
-¿Otro conejo?- Inquirió deteniéndose frente a una silla.
-No, no, estoy buscando a un zorro-
-Hmm, es un poco extraño que… Bueno, creo que entiendes lo que quiero decir-
-Sí, supongo- Judy tomó asiento, a decir verdad había perdido el apetito, el único olor en el aire era de carne, si bien en su mayoría era pescado, no era algo que ella disfrutase.
-Debo disculparme, no creo que haya mucho en el menú para ti-
-Está bien, supongo que sabía a lo que me atenía al venir aquí-
-Bueno, veré si tenemos algún vegetal, por cierto, dijiste que buscabas a un zorro ¿Cierto?- Dijo Evelyn, poco antes de irse.
-Sí, debe haber varios aquí ¿O no?-
-Hay varios, pero creo que te será fácil encontrar a quien buscas-
-Eso espero, no lo he visto en mucho tiempo, de casualidad ¿Lo has visto?- Preguntó la coneja, extendiendo la fotografía hacia el felino, ésta tomó el trozo de papel, parecía sorprendida –No puede ser, ¿Eres amiga de Nick Wilde?-
-¿Lo conoces?-
-Todos aquí conocemos a Wilde- Se escuchó una voz a lado de ella –El hizo este abrigo- Señaló el lobo que se había metido en la conversación.
-Es el sastre del pueblo- Agregó una lince –Es muy bueno con sus clientes, pero no se relaciona con nadie-
-Ese zorro tiene una historia triste, odiaría ser él en este momento-
-¿Dónde está?-
.
.
.
.
El interior mantenía un ambiente cálido, las ventanas permanecían cerradas, aunque las cortinas que las acompañaban se encontraban replegadas a los lados, permitían el paso de la luz. Varios rollos de tela, uno que otro maniquí, máquinas de costura, agujas, hilos, la habitación en la que todo eso se encontraba podría ser tomada fácilmente por un estudio. De una puerta apareció un zorro, pelaje anaranjado, ojos color verde, la descripción de siempre, no había cambiado mucho, la única diferencia significativa podría ser la ropa que llevaba puesta, en vez de su camisa hawaiana y sus pantalones llevaba encima ropa "Elegante" un chaleco color gris y una camisa color blanco cubrían la parte superior de su cuerpo, un pantalón de vestir color negro sobre sus piernas.
Nick se movía entre todas las telas y las máquinas, llevando consigo un atuendo de gran tamaño, resguardado por una cubierta impermeable. Atravesó una puerta más, ésta daba a la "Recepción" En donde un gran oso pardo aguardaba pacientemente.
-Muy bien Berny, aquí está- Habló el zorro, dejando el atuendo sobre el escritorio.
-Se ve bien Wilde-
-Esa es la idea-
-Ya acordamos el pago, estará en tu buzón ésta tarde-
-Lo estaré esperando- La actitud que hacía sobresalir a Nick por el resto de los animales había desaparecido, sin algún vestigio de lo que solía hacer, lo más significativo era su mirada, completamente vacía, siempre melancólica; era serio, era callado, se veía más centrado, una manera cruel de madurar, haber tenido que pasar por Jack, Judy y el rechazo de toda la ciudad, la verdad es que un año no era tiempo suficiente para olvidarlo, aun soñaba con eso, y el dolor fantasma de las heridas seguía vigente, los doctores que visitó le dieron todos el mismo diagnóstico, no había ningún daño realmente, el hueso y el musculo estaban en perfecta condición, pero de vez en cuando se veía en la necesidad de usar el bastón para caminar nuevamente, debía mantenerse trabajando para desviar sus pensamientos de todo lo que le causaba dolor.
La campana de la puerta sonó, anunciando la salida del oso; Nick suspiró, recargó sus brazos sobre el escritorio y bajó la mirada, tratando de pensar en su siguiente trabajo, el cual no tenía, había terminado con los encargos, por ahora estaba libre, y eso no le gustaba.
Había abierto ese negocio de sastrería hacía ya 9 meses, las enseñanzas de su padre habían servido para bien después de todo, a veces pensaba en él, en cómo habría sido la vida de ambos si tan solo la sociedad los hubiese tratado diferente, su padre habría cumplido su sueño de abrir su propia sastrería, y seguramente Nick la habría heredado, seguramente no habría cometido aquellos delitos menores, no habría conocido a Judy, no habría sido policía, y no habría conocido a Jack.
-Tsk…- Se quejó al sentir un punzante dolor en la pierna, la misma en la que las balas de Jack habían impactado. Nick estaba al tanto de que no tenía nada, pero se sentía tan real que era difícil de ignorar, cuando el dolor llegaba normalmente no desaparecía hasta que empezaba a trabajar, en más de una ocasión se vio en la necesidad de confeccionar su propia ropa, solo para aletargar su aflicción, no había mucho problema cuando pasaba en casa, ya estaba acostumbrado, el problema era cuando los "Ataques" como el los llamaba, ocurrían en la calle, tenía que cojear de regreso hasta su hogar para buscar el bastón y ponerse a trabajar. En los 4 meses que pasó en Zootopia antes de irse jamás había sucedido algo así, había estado bien hasta el momento en el que subió al tren, hasta la última vez que vio a Judy, la idea de que ella fuese el motivo de sus problemas había rondado su cabeza en innumerables ocasiones, puesto que ese dolor fantasma se manifestó por primera vez cuando recién llegó al pueblo, tuvo que hacerse de una rama de árbol para mantener el paso hasta lograr conseguir algo mejor. En esos días la idea de que el daño hecho por Savage fuese permanente lo había preocupado, hasta que los doctores del lugar le dieron el diagnóstico de que probablemente estuviese loco, no fue eso lo que le dijeron, pero así sonaba para sus oídos. Se preguntaba si algún día desaparecería, o si un día el dolor fuese tan intenso y jamás desapareciera, por eso odiaba pensar demasiado en el tema, pero ahora no tenía nada con qué distraerse, y su mayor error, fue pensar en Judy.
La campana sonó nuevamente, Nick alzó la mirada, respiro hondo y trató de ignorar el dolor.
-¿Olvidaste algo Berny?...
Nick
Fue, como morir, como si todo a mí alrededor dejase de existir, toda la luz se convirtiese en oscuridad, todas las cosas junto a mí desaparecían una a una, dejándome envuelto en la penumbra, la única luz estaba frente a mí, pero no por ello era regocijante, me quemaba, sentía que iba a terminar con lo poco que me quedaba de cordura, todo lo que traté de olvidar, todo de lo que me oculté por un año estaba ahí, parada con las manos en la espalda como si nada hubiese pasado, me miraba incrédula, con una ridícula sonrisa en el rostro mientras que sus ojos se cristalizaban poco a poco, ¿Iba a llorar, esa era su estrategia? Tanto tiempo pasó y lo único en lo que había pensado era venir a suplicar de esa manera, jamás la escucharía, maldición ni siquiera quería verla, si me aleje tanto de ella fue por una razón, una simple razón, buscaba sacarla de mi vida para siempre, pero ahí estaba ¿Cómo me encontró? ¿Cómo dio conmigo? Quiero tratar de buscar explicación, pero el maldito dolor no me deja pensar bien, solo puedo decir…
-¿Puedo ayudarte?-
-Nick…- Murmuró la coneja, aun creyendo que lo que veía no era más que una cruel ilusión.
-Lo siento pero ya estoy cerrando- Respondió el zorro, una vez más, tratando de ocultar su actual situación.
-No tienes que hacer esto, escucha yo…-
-Señorita, le pido que por favor abandone el establecimiento-
-¿Señorita? ¿En verdad esperas que crea que no recuerdas quién soy?-
-Las prendas que confecciono aquí son únicamente para depredadores, me temo que usted no pinta nada aquí- Nick trataba de moverse, pero siempre se mantenía pegado al escritorio, sosteniéndose con sus brazos, tratando de mantener una postura firme, no estaba seguro de cómo proseguir, de repente, se sentía como un completo inútil.
-No voy a irme a ningún lado, te he estado buscando por todas partes y yo-
-¡Te dije que te fueras!- Exclamó dando un paso en falso, en un abrir y cerrar de ojos se encontró en el suelo, no pudiendo ocultar más el punzante dolor que había ido en aumento desde que vio a Judy nuevamente. Ese fue el acabose, la coneja corrió rápidamente hacia él.
-¡Nick! Estás…-
-¡¿Por qué viniste Judy?!- Cuestionó casi a gritos, una clara señal de que no quería a la coneja cerca de él.
-Sí te acuerdas de mí entonces- Fue lo único que se le ocurrió responder –Creí, creí que tu pierna estaría bien-
-¡Pues no lo está!- Exclamó tratando de reincorporarse –Y tú solo lo empeoras-
-¿Qué?-
-¿Por qué estás aquí?- Inquirió logrando ponerse en pie, aunque sin poder alejarse del escritorio.
-Vine por ti-
-Ha, no me hagas reír ¿Por mí? ¿Para qué? ¿Poder burlarte de cómo me dejo tu novio?- Judy bajó la mirada, el comentario había sido cruel, no por ser una burla, sino por hacer mención a Jack.
-No es necesario que digas eso…- Musitó Judy.
-Déjame ver si entendí, ha pasado un año y cuatro meses, no nos hablamos, no nos vimos, estuve solo, creyendo que finalmente me había librado de ti, para que de un día para otro decidas aparecerte ¿Para qué? ¿En serio creías que una simple disculpa bastaría? ¿Crees que alguna de tus palabras bastaría?-
-No-
-Entonces dime ¿Por qué estás aquí? ¿Esperabas que al verte corriera hacia ti?- Nick se desplazó por el borde del mueble hasta alcanzar el bastón que se encontraba colgado en la pared detrás del mismo -¿Esperabas que me arrodillara diciéndote lo mucho que te extrañé? ¿Es eso?-
-Eso no es lo que yo esperaba-
-¿Cómo fue que llegaste aquí en primer lugar?-
-El jefe me suspendió un mes, y él me dio el boleto de tren-
-No era barato, Finnick tuvo que hacer mucho para conseguir el mío, así que te felicito, no solo eres un mal chiste como oficial, también eres un desperdicio de dinero-
No hubo más respuestas después de eso, Judy bajó la mirada, no buscando palabras, sino tratando de soportar la crueldad que muy merecidamente estaba recibiendo.
-¿Qué pasa, el zorro te comió la lengua?- Bufó Nick.
-Si, si de esa manera puedo lograr que me escuches entonces…-
-No, no, no, ¿Crees que mi intención todo este tiempo ha sido solamente desquitarme contigo? ¿Gritarte y decirte lo mucho que te odié? No Judy, si estuve tan lejos todos estos meses, fue porque no quería verte, porque esperaba no tener que escuchar tu voz otra vez, dejaste muy en claro que tú no querías escuchar la mía-
Las orejas de la coneja se levantaron al escuchar eso –El, el bozal no fue…-
-¿Idea tuya? ¿Entonces qué? ¿Jack te dijo que me lo pusieras antes de poder hablar? ¡Fuiste tú quien dio la orden, me abandonaste en una celda, y de no ser por la boca floja de Jack, yo estaría ahora en prisión! O tal vez muerto, así que te lo preguntaré otra vez, ¿Qué esperabas obtener al venir aquí?-
-Yo, no lo sé…-
-(Suspiro) El tren que te llevara de regreso a la ciudad saldrá mañana por la noche, hasta entonces, aléjate de este lugar- Punto final a la conversación, Nick se adentró en su estudio nuevamente, cerrando la puerta detrás de él, dejando a Judy completamente sola.
Judy
Nick tiene razón, ¿Qué estaba esperando al venir aquí? Quería obtener su perdón, era todo lo que me importaba, pero jamás me di el tiempo de pensar cómo lo haría, solo me arrodillaría y suplicaría, tuve un año entero para pensar en lo que haría si algún día lo veía otra vez, y ahora, acababa de arruinarlo todo, de nuevo, ¿Qué sigue Judy? ¿Qué brillante idea se te ocurre ahora? Solo me queda volver a casa, no hablo de Zootopia, no hablo de ese horrible departamento en el que he vivido todo este tiempo. Sé cuáles fueron las intenciones de Bogo al enviarme aquí, pero había fracasado, más allá de eso, todo lo que dijo fue verdad, ya no soy útil para el ZPD, sin Nick yo, no sirvo como policía, solo estaré estorbando a los demás y llenando espacio sin aportar nada. Normalmente seguiría intentando, no me rendiría hasta poder llegar a Nick otra vez, pero, todo era diferente ahora, y la idea de seguir detrás de él no me parecía correcta, fue muy claro, no quería verme, por eso se fue, solo le hago daño con estar cerca de él, ya pasó por mucho como para que yo siga molestándolo. Mañana por la noche me iré, me pregunto cómo me recibirán en la granja, o si me recibirán siquiera, no he hablado con mis padres en mucho tiempo, va a ser la segunda vez que regrese derrotada a la granja, pero esta vez el nombre de una flor no me va a salvar, de eso estoy segura. Quiero que él sea feliz, y sé que no lo es en este lugar, pero sí no puedo ayudarlo, tampoco voy a empeorarlo.
-Perdóname Nick-
Nick
Juro que jamás había visto un día pasar tan rápido, en cuanto Judy se fue, en cuanto escuché el sonido de la campana de la puerta, salí tan rápido como mi estúpida pierna me lo permitió, coloqué el letrero de cerrado y aseguré bien la puerta, después de eso solo me encerré en mi habitación, me sentía desprotegido, me sentía como el día en el que todo se puso en mi contra. No recuerdo mucho después de eso, solo estaba sentado al borde de mi cama, con una botella del licor más barato que pude encontrar, el resto es borroso desde ahí, pero recuerdo despertar al día siguiente, mejor dicho a la tarde siguiente, me sentía horrible, mi cabeza palpitaba y daba vueltas, ni siquiera me había quitado la ropa del día anterior, escuchaba a alguien tocar a mi puerta, en ese tipo de momentos es cuando odio tener el sentido del oído que tengo, parecía que alguien golpeaba mi cabeza con un martillo. Un año entero de tranquilidad, de vivir en paz, y de la nada esa coneja aparece y me arruina en una noche… Más vale que no sea ella quien está llamando a la puerta.
.
Con una mano en la cabeza, la otra en su bastón y los ojos entrecerrados, Nick se abrió camino entre las habitaciones hasta poder llegar a la entrada; en su camino chocó múltiples veces con los maniquís y las maquinas, cada pequeño sonido se multiplicaba por mil y el animal que estaba fuera era persistente, la idea de recibirlo con un fuerte golpe en la cabeza empezaba a sonar tentadora.
-¡Ya escuché! Dejen de golpear- Replicó al estar frente a la puerta.
-Señor Wilde ¿Está bien?- Escuchó del otro lado, esa no era Judy, era una voz masculina sin duda, poco antes de abrir se topó con un sobre, seguramente el pago del día anterior, el mismo que llegaría por la tarde; lo hizo a un lado con la pata, abrió la puerta.
-¿John?- Dijo al ver a un lobo parado en la entrada.
-Hola, algunos de tus vecinos dijeron que no habías abierto hoy-
-Sí, desperté algo tarde-
-Escuche, ha vivido aquí un año, nos agradas a muchos-
-¿Eso qué tiene que ver?-
-Que nos preocupamos por usted, su trabajo es maravilloso, pero también no gustaría poder conocerlo mejor, además, fue preocupante para todos no ver la sastrería abierta en la mañana- Explicó el lobo, ocultando sus manos detrás de la espalda.
-Una vez dejé que alguien se preocupara por mí, y me costó muy caro, no tengo problema en hacer ropa para ustedes, pero agradecería que apartaran mi vida de sus intereses- Demasiado crudo, incluso para el estado en el que se encontraba, John bajó sus orejas al igual que la mirada, empezando a retroceder.
-Lamento haberlo molestado señor Wilde, de igual manera solo vine a ver si se encontraba bien- Empezó a alejarse, de pronto el mal ánimo de Nick empezó a desaparecer, dándose así, cuenta de que se estaba convirtiendo en el mismo patán que casi terminó con su vida.
-Espera- Soltó el zorro.
-¿Pasa algo?-
-Sí, lo lamento es solo que, no tuve un buen día ayer-
-Ya veo, me disculpo, supuse que por la visita de su amiga ayer, usted estaría mejor- Señaló el lobo.
-¿Amiga?-
-Sí, bueno eso creímos casi todos, una coneja llegó a la cafetería, preguntando por usted, dijo ser su amiga así que, creímos que finalmente decidiría hacer amistad con alguien del pueblo-
-(Suspiro) Esa coneja, sí, fuimos amigos, hace mucho tiempo ¿Sabes dónde está ahora?-
-Pues, se está quedando con Evelyn, pero me parece que se irá esta misma noche, de regreso a Zootopia, podría alcanzarla para despedirse ¿No?-
-Sí tal vez lo haga- Respondió Nick, falseando una pequeña sonrisa, no iba a hacer partícipe de sus problemas a los demás
Unos momentos más de conversación y Nick se encontró solo nuevamente, pero en esta ocasión, con un mejor sabor de boca, al menos casi por completo, sus problemas habían desaparecido.
-Entonces se irá después de todo, creí que en verdad algo habría cambiado en ella después de todo este tiempo, tenía esa esperanza- Se lo negaba a sí mismo, pero haber visto a Judy otra vez había sido lo mejor que le había pasado desde que dejó la ciudad, pero de igual manera, aun había muchos sentimientos encontrados, mucha inseguridad, miedo, miedo a ser lastimado otra vez, ya había tenido suficiente de eso, pero aun así, parte de él si quería correr a ella en cuanto la vio, abrazarla fuertemente y entonces contarle todo lo que le había pasado, sentir sus pequeñas manos abrazándolo, encontrar confort y seguridad en ellas.
"Maldición Nick"
.
.
.
Por ese día, Nick no abrió su negocio, la voz de que no se encontraba bien corrió como agua en arrollo, todos respetarían su espacio, y al día siguiente, verían qué hacer para tratar de ayudarlo, era una comunidad muy unida, entre depredadores se ayudaba, y el zorro tenía en mente eso, no podría hacer nada para evitar lo de mañana, pero por el momento, ya era de noche, y una vez más, la lluvia y las nubes adornaban el cielo, ya eran dos días seguidos en los que no había tenido oportunidad de ver las estrellas o la luna, podría decirse que las extrañaba. Nick se arregló, pero no para dormir; desde la distancia podía escuchar el tren acercándose, se debatía a sí mismo si debía ir a ver a Judy, a darle el último adiós, ésta vez la probabilidad de volver a verla sería nula, si algo significó para él, si en algún sentido apreció esa amistad, era lo mínimo que podía hacer. Le tomó tiempo decidirse, pero al final sucumbió ante sus sentimientos; tomó una gabardina para la lluvia, y salió, el dolor en su pierna no había desaparecido, pero a ese punto, había empezado a acostumbrarse. Sus pasos eran lentos y algo torpes, la tierra mojada bajo sus pies dificultaba más su avance, pero no iba a prisa. Para cuando llegó al camino que daba a la estación del tren, éste ya se encontraba ahí, podía ver unos cuantos animales bajando y muy pocos subiendo. En eso, un escalofrío recorrió su cuerpo, no se explicó cómo, pero sintió miedo, miedo de no volver a verla, de perderla para siempre, no se explicaba cómo ni por qué, de la nada Judy era la única cosa en el mundo que le importaba. Apretó el paso, haciendo caso omiso del dolor, el cual ya no tenía ningún lugar ahí, no había nada, todo estaba en su mente y nada más, entre más se acercaba, más sentía que la perdía, empezaba a desesperarse, en cuanto escuchó el sonido del silbato empezó a correr, tal era su determinación, que ni siquiera se percató de haber dejado caer el bastón, simplemente corrió, su respiración se agitó, y su corazón latía a una velocidad peligrosa, pero no por el esfuerzo físico, no por estar corriendo bajo la lluvia, sino por la idea de perderla, esta vez para siempre. Tal vez él no lo sabía, pero así fue como Judy se sintió el día en el que él abandonó Zootopia, la misma desesperación, el mismo temor y de igual manera, la misma esperanza de llegar a tiempo, pero cuando finalmente alcanzó aquella casucha de madera que era la estación, el tren partió. No hubo gritos, no hubo llanto desconsolado, solo suspiro, miro hacia el cielo, dejó que la lluvia empapara su rostro, cerró los ojos, y dejó que el frío aire del campo llenase sus pulmones.
-Supongo que se acabó- Murmuró para sí mismo ¿Qué haría de su vida ahora? Ni siquiera él mismo lo sabía.
-¿Nick?-
Sus ojos se abrieron como platos, lentamente miró a su derecha, ahí estaba, parecía una aparición, pero se percató de una sonrisa creciendo en el rostro de la coneja.
-Viniste, estás, estás aquí- Dijo incrédula, él aun sentía algo por ella, aun quería verla, pero la respuesta que obtuvo no fue la esperada; Nick se giró y comenzó a alejarse.
-¡Espera!- Ella no dudó en ir tras él, dejando su equipaje en la plataforma de madera, de igual manera nadie lo tomaría, lo peor que pasaría sería la lluvia estropeando todo.
-Apártate de mí coneja- Soltó Nick sin detenerse.
-¿Qué? Fuiste tú quien vino aquí-
-Solo quería asegurarme de que te fueras, ahora veo que debí lanzarte al tren en vez de solo venir a ver-
Si bien Judy sabía que no estaba en posición de reclamar, la actitud de Nick se empezaba a volver molesta.
-¡Alto!- Exclamó plantándose frente a él, deteniendo su avance de una vez por todas – ¡No voy a creer que solo estás aquí para asegurarte de nunca volver a verme! Quiero saber la verdad, si realmente me odias, si realmente esperas que salga de tu vida para siempre, pero quiero que me mires a los ojos aquí y ahora y lo digas- Su corazón latía rápidamente, temerosa de obtener la respuesta que estaba exigiendo, había tomado un gran riesgo, pero pondría final a toda esa tortura, a toda esa crueldad, fuera para bien o fuera para mal, todo acabaría esa noche bajo la lluvia.
-Yo…- Nick trataba de hablar, trataba de mantener su vista fija sobre ella, pero no podía hacerlo, temblaba al hablar, no podía articular bien sus palabras –Yo te, quiero que tú… ¡Maldición Judy!- Gritó furioso, ésta vez dando media vuelta, no podía seguir viéndola, se sentía débil frente a ella. Judy por otro lado, sintió un gran alivio al ver que no fue capaz de responder, Nick aun sentía algo por ella, aun pensaba en ella.
-Quiero odiarte, quiero repudiarte- Mascullaba entre dientes.
-¿Por qué? Sé que lo que hice fue horrible, pero no quiero que me odies, solo quiero recuperarte, por favor-
-Quiero odiarte, ¡Porque tú hiciste que me odiara a mí mismo!- Soltó con lágrimas en los ojos, nuevamente mirándola de frente.
-¿Qué?-
-Cuando era niño, desde lo que pasó con los exploradores, me odié durante cada día de mi vida, me culpaba a mí mismo de haber sido un zorro, deseaba con tanta fuerza un día despertar siendo cualquier otro animal, siendo algo que los demás aceptaran, odiaba mi vida, no quería ser un zorro, y luego te conocí, y me hiciste creer que en verdad podía ser algo más, me hiciste creer que había encontrado a alguien que realmente me quería sin importar mi especie-
-Nick…-
-Todo ese tiempo trabajando contigo, fue el mejor de mi vida, éramos inseparables, éramos los mejores, pero entonces llegó Jack, al ver la facilidad con la que ese conejo te apartó de mí, siempre creí que nuestro vínculo era más fuerte, pero gracias a él, me di cuenta de que en realidad yo no valía nada para ti-
-No, no digas eso- Habló Judy, no pudiendo contener más las lágrimas.
-Me cerraste la boca, aun sabiendo lo mucho que odio los bozales, no me escuchaste, y me ibas a dejar en una celda para morir. Después de eso, solo podía pensar en lo que me hiciste, que en realidad jamás fuimos amigos, que simplemente sentías algún tipo de pena por mí-
Judy bajó la mirada, las orejas igual, ahora veía el daño que había ocasionado.
-Pero yo jamás dejé de quererte-
-¿Qué?-
-Todos estos meses busqué un motivo para odiarte, pero no podía, te amé demasiado para poder hacerlo, aun lo hago, por eso me lastima tanto pensar que yo nunca fui nada para ti. A tus ojos solo era un zorro, un depredador, un animal salvaje- La tristeza y la amarga sensación de abandono que Nick había tenido habían sido reemplazadas por ira -¡Solo eso fui para ti! ¡Un animal que debía estar encerrado! ¡Lejos de los demás para así no causar ningún daño!-
-No, jamás fuiste eso para mí- Habló Judy, empezando a retroceder, asustada por la conducta del zorro.
-¡Vamos! ¡Corre! ¡Grita! ¡Llama a más animales para que esta vez puedan encerrarme para siempre! ¡Termina el trabajo! ¡Aquí estoy!- Gritó mostrando los colmillos y sacando las garras. Judy tropezó, aterrorizada por lo que veía. -¡Solo soy un zorro! ¡A quién va importarle si muero hoy! No soy más que una plaga, así que corre a buscar ayuda antes de que yo te…-
Y de la nada hubo silencio, completo y absoluto silencio, aun a pesar de la lluvia, todo se había detenido para Nick, no, no había sido golpeado, no había sido atacado ni detenido por nada así, bajó lentamente la mirada, Judy estaba aferrada a su pecho, los abrazaba con fuerza, las lágrimas caían a cantaros de sus mejillas, pero aun así no se apartaba de él.
-No me importa lo que seas- Dijo entre lágrimas –No me importa si eres un depredador, o un zorro, ya no quiero dejarte, por eso no subí al tren, iba a volver, sin importar cuanto me tomara, te quería de vuelta.
Nick bajó sus brazos, retrajo sus garras y en su mirar había confusión.
-No te temía a ti, temía por ti, miedo a un día encontrarte solo por las calles, retomando la vida que habías dejado por mi culpa, me asustó pensar que todas tus heridas fueran peor de lo que parecían. Puedes tener garras, puedes tener colmillos, pero nada de eso me va a alejar de ti otra vez, incluso si debo quedarme en este lugar, un mes, un año o toda mi vida, solo quiero estar contigo otra vez. Pero por favor, por favor, te lo suplico ¡Di algo! – Exclamó alzando la mirada, esperando ver en el rostro del zorro solo más rechazo, ver esa fría mirada otra vez, pero no, lo que vio fue algo sin precedente para ella, lágrimas en el rostro de Nick, dolor como nunca antes lo había visto.
-¿Nick?- La abrazó fuertemente, se arrodilló sobre el barro y el lodo para lograr estar a su nivel. Las lágrimas de la coneja volvieron a fluir, ésta vez con más fuerza, aunque confundiéndose fácilmente con la lluvia que caía sobre sus rostros –Somos, ¿Somos amigos otra vez?-
-No, no Judy tú no lo entiendes- Respondió el zorro, apartándola levemente para verla a los ojos –Te amo, es por eso que sufrí tanto al perderte, porque no quiero ser tu amigo Judy, me tomó mucho tiempo juntar valor para decírtelo, pero luego llegó Jack, en cuanto otro conejo entró en tu vida, supe que yo pasaría a segundo plano, pero jamás creí que me harías eso-
-No fue mi intención, estaba, no sé cómo, pero Jack logró controlarme. Fui una idiota al creerle, caí en su juego desde que llegó a la estación-
-Te extrañé Judy, más que a nada en el mundo-
-Y yo a ti, no debes odiarte Nick, mucho menos por ser un zorro, quien debería odiarse a sí misma soy yo, no tú, por ser un zorro fue que nos conocimos, si no me hubieras engañado en la heladería, jamás habríamos sido amigos, y jamás habríamos llegado a esto-
-No quiero perderte, no otra vez-
-No lo harás, te juro que no lo harás-
Ambos bajo la lluvia, juntos otra vez, una oscura noche de lluvia los separó, y ahora los estaba uniendo, pero no por completo, ese había sido el primer paso, pero la vida de Nick no iba a cambiar de la noche a la mañana, habría mucho que hacer, cosas por enmendar, solo que ésta vez, ya no estaría solo.
.
.
.
.
El cálido interior de la habitación de Nick resguardaba a ambos del frío y el agua, el equipaje de Judy se había empapado, pero entre las pertenencias del zorro, había encontrado algo para ella, holgado claro está. Ambos estaban sentados al borde de la cama, charlando, poniéndose al día, ninguno de los dos estaba seguro de cómo empezar, menos aún después de tanto tiempo lejos.
-Entonces tu pierna…-
-No hay nada en ella, solo, dolor que ya no está ahí, comenzó cuando me fui de la ciudad-
-Lo siento mucho-
-Has dicho eso cerca de cien veces solo esta noche-
-Y tal vez nunca sea suficiente- Judy sostenía una de sus orejas, habiendo pasado la emoción inicial, realizaba lo difícil que podría ser recuperar la vida que Nick había perdido.
-No, no me perdonaste del todo ¿Cierto?- Soltó la coneja.
-No-
-¿Pero me darás una oportunidad?-
-Sí, ya te lo dije, jamás dejé de quererte y tal vez nunca lo haga, pero siento que no te conozco Judy-
-(Suspiro) Entonces, lo de "Zanahorias" ¿Se terminó?-
-Por ahora, no me mal entiendas, en verdad, me alegra como no tienes idea estar contigo, pero, es complicado-
-Lo sé, ¿Hay algo que pueda hacer para empezar?-
-Puedes dormir conmigo- Respondió Nick, extendiendo su brazo hacia Judy, ésta sonrió y lo tomó; acomodaron la cama, se resguardaron del frío debajo de las frazadas. Nick se perdió en los ojos de Judy, éstos habían recuperado su brillo, su alegría, era la imagen que el recordaba. Judy aún no podía creer lo que estaba viviendo, al fin, después de tanto tiempo, volvieron a estar juntos, y haría todo lo posible para mantenerlo así.
-Judy, sobre la ciudad…-
-No, no voy a presionarte, si quiero que te recuperes, no puedo acelerar las cosas, esperaremos y cuando estés listo, hablaremos sobre visitar Zootopia otra vez-
-¿Y cuánto esperaremos?-
-Un mes, un año, tal vez dos, lo que sea necesario-
-¿Vas a dejar tu vida solo por mí?-
-Yo hice que perdieras la tuya, es lo más justo ¿No crees?-
La coneja recargó su cabeza en el pecho del zorro, dejando sus manos explorar el pelaje, familiarizándose con él otra vez, recordando cada detalle de cómo solía ser todo, hasta la última de las cosas que había olvidado, todo estaba regresando. Escuchaba el latir de su corazón, calmado, constante y suave, ella sonrió alzó la cabeza y lo besó en la mejilla.
-Te quiero Nick-
-Y yo a ti Judy-
Fin
Bueno, eso fue todo, espero les haya gustado, entretenido o al menos les haya dado algo qué hacer, como siempre es un placer escribir para ustedes, y lo que pueden hacer es dejar un comentario contándome qué les pareció, así sabré si les gustó, les encantó…. Y si les gustaría más fics de mi parte, este es oficialmente el primero que termino en el fandom de Zootopia, espero haya sido de su agrado y nos vemos en otra actualización
Paz.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
.
Extra
1 año después.
La gran urbe de Zootopia, tan ruidosa y ominosa como de costumbre, autos en las calles, animales en las aceras, todos viviendo sus vidas diarias, la paz había regresado, el ZPD había limpiado su nombre una vez más, todo se había archivado y guardado como una simple mala experiencia del pasado, algo de lo cual aprender para no cometer los mismos errores en el futuro.
Parados frente a las puertas cristalinas del ZPD, un zorro y una coneja, ambos con el uniforme puesto, pero carente de la placa que reflejaba su autoridad, sonrisas en ambos rostros y una determinación que llevaba tiempo extinta, había regresado.
-¿Estás seguro de esto Nick?- Inquirió Judy.
-Claro que lo estoy, la pregunta va para ti, ¿Crees que te devuelvan tu trabajo después de tanto tiempo?- Bufó el zorro, dibujando su sonrisa respectiva en su rostro.
-Eso espero, si no, siempre puedes abrir una sastrería aquí en la ciudad-
-Di lo que quieras Zanahorias, pero esa sastrería nos alimentó durante un año, he, creo que ahora la extraño un poco-
-Bueno, aquí vamos- El primer paso dado por Judy no fue el mejor, terminó tropezando y cayendo al suelo, Nick la pasó de largo, burlándose de su torpeza –Es un mal comienzo, jamás lo olvides, zorro astuto-
-Y torpe coneja-
