Los personajes pertenecen a la señora S. MEYER. Pero aquí estoy jugando de nuevo con ellos.

Esta historia la comencé a publicar en Facebook, ya está terminada así que prometo actualizar por lo menos tres veces a la semana porque los capítulos son cortos.

Gracias por su apoyo y si les gusta la historia espero me dejen sus comentarios, es la única manera de saber si les gusta o no.

Sin más cháchara, aquí el capi…


Tratando de Olvidarte

Viaje corto, viaje largo.

Isabella…

«Cómo es posible que existiendo más de cuatro millones de habitantes en los Ángeles me lo tenga que topar justo en el aeropuerto». Eso es algo que sin duda solo me sucede a mí. Pensaba ella mientras avanzaba en la fila.

Gracias a la prensa conocía de primera mano cada uno de los pasos que él daba, ya que en cuanto pisaba la ciudad aparecían los paparazzi hacer de las suyas. Nunca se había podido escapar de ellos o de algún fan, ese era uno de los precios que tenía que pagar debido a su fama y una de las razones por la que ella evitaba atravesarse en su camino cuando sabía que él regresaba. Gracias a ese castigo auto impuesto, hacía mucho tiempo que no los involucraban. Para mí era realmente fácil escabullirme o simplemente quedarme encerrada en casa, pero esta vez mi plan no había funcionado.

No pude prever o imaginar si él acababa de llegar hace tan sólo veinticuatro horas —según las redes sociales que mantenían información bien actualizada— de que estaría tomando otro avión justo al día siguiente y que lo tendría ante mis ojos después de tanto tiempo.

En fin, ya lo había divisado, y estaba rogando a todos los santos existentes que no notara mi presencia, pero ninguno escuchó mis ruegos aunque intentara infructuosamente ocultarme detrás de mi melena colorida y de otros pasajeros.

Edward avanzaba en la fila a unos cuantos metros delante, sin embargo desde mi lugar incluso podía percibir su aroma. El olor de ese perfume tan conocido inundaba mis fosas nasales provocando millones de recuerdos.

Estaba embobada comiéndomelo con la mirada.

Él haciendo uso de todo su encanto, con esa elegancia y sonrisa pícara que más de un vez utilizó en mi contra, comenzó a quitar cada una de sus pertenencias y colocarlas en la cesta, era imposible no percatarse de su presencia y del efecto que causaba tanto en mujeres como en hombres. Así como había causado su efecto en mí, años atrás.

Los flashes de las cámaras no dejaban de parpadear y aunque él tratase de ignorarlos siempre ponía su mejor cara. Como bien decía: "se debía a su público y a sus fans". Aunque nuestra relación se hubiese ido a la mierda gracias a una de ellas.

Y allí estaba él, observándome con esa sonrisa torcida moja bragas. ¡Bendita sonrisa!

¿Es qué nunca iba poder superar a este hombre? o ¿es qué el destino se estaba riendo de mí?

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«Definitivamente no era su día». Pensó ella. Recordando de inmediato que esta noche era la premier de una de sus últimas películas. Se dio un golpecito en la frente con la palma de su mano, ¿cómo pudo olvidarlo?

Que idiota se sintió, sin embargo sabía que tendría que saludarlo, total, ya no tenía donde ocultarse.

Después de tomar de nuevo sus cosas de la cesta se encaminó a la sala de embarque. Había odiado tanto el protocolo en otras ocasiones, pero hoy estaba agradecida; primero dejaba atrás a los fotógrafos y segundo, a él lo había perdido de vista. ¿Claro, cómo no? Edward iba en primera clase, así que abordó de inmediato, ella tendría que esperar como los demás mortales.

Por su parte él trató de disimular muy malamente lo agradable que había sido verla y aunque se tardó tomando sus cosas más de lo debido, tenía que avanzar para su abordaje, puesto que ya habían hecho el llamado para el mismo.

Ubicado y sentado dentro en el avión, Edward también estaba perdido en sus pensamientos, sabía que aunque ella huyera de él y odiara a los jodidos paparazzi, lo más probable era que les involucrasen de nuevo. Eso era lo que menos le importaba, si de algo estaba convencido es que daría cualquier cosa por volver con ella, estrecharle de nuevo en sus brazos, pero tenía dudas sobre la reacción de Isabella.

No dejaba de recrearse recordando la sonrisa tímida que le había obsequiado y su ¿cabello?

¡Dios! de dónde habría sacado esa idea de pintarse mechones de colores, sin embargo le quedaba encantador, a ella todo le quedaba bien, pero Edward la imaginaba de una sola manera: "desnuda y en su cama" aunque era consciente que después de tanto tiempo sería imposible.

Estaba pendiente de cada persona que abordaba hasta que la vio. Palmeando el lugar a su lado, le rogó con la mirada que se sentará con él.

—Lo siento, Ed no puedo— le dijo apenada y causando un atasco con las personas que le seguían.

—¡Oh! por favor, sabes que Carlisle siempre se encarga de que el asiento del acompañante a mi lado este desocupado, así que siéntate conmigo, ¿prefieres la ventanilla?

La señora mayor que estaba parada justo detrás de ella, carraspeo impaciente llamando la atención de ambos.

—No, aquí está bien — claudicó sentándose al lado de Edward que la observaba sonriente.

—Gracias, así podemos ponernos al día, son unas cuantas horas de vuelo.

—No tienes nada que agradecer, Ed. Y en un par de horas no pondremos al día dos años de vida ¿No crees?

—Sí, bueno en realidad son más de cuatro horas, eso lo sé —contestó apesadumbrado—. Me gusta tu cabello—dijo intentando desviar el tema.

—Claro y a mí el tuyo —respondió ella sonriente.

Así comenzaron su viaje, uno junto al otro como en el pasado.

«Este va a ser un viaje muy corto. No será suficiente para saber todo de ella» —pensó él.

«Este va a ser un viaje largo, muy largo»—decretó ella.


Gracias por los favoritos, besos de a dos.

Cleo.