Advertencias: La pasión no se detiene~ Toros, flamenco, la liga española~ está buenísimo, tan bueno, te encantará~ Sangría, CHURROS, paella~ *canta awesomemente*

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Tercer Capítulo

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-¿Ocurre algo malo?

Habían salido al patio trasero de la mansión, donde entre rosas, se alzaba una pequeña cúpula y pilares de mármol blanco, teniendo en su interior una pequeña pista de azulejo negro. Era bastante privado y había buena iluminación por los faroles, así que le daba un toque muy tranquilo al ambiente… o eso decían, porque él no lo sentía ni un carajo

Atendió aquella frase luego de unos minutos de silencio: no era que no supiera cómo iniciar, pero la aparente meditación le ayudó a ensayar lo que debía sacar de una maldita vez

Volteó a mirarla fríamente

-Es mejor dejarme de estupideces- habló claro, despacio, con inusual calma – Françoise, no te quiero

-¿Eso era todo? – rió quedamente- Por un momento me inquieté

… ¿Qué demonios…?

-No pareces sorprendida

-No lo estoy… ¿y te preguntas por qué? – se veía realmente tranquila – Simple: ya lo sabía

… no entendía nada

-Eres un hombre de palabras inmediatas: dices lo que piensas al instante, sin remordimientos y sin dejar espacio a la duda – suspiró – Si me quisieras, desde hace mucho que lo hubieras dicho

-… ¿entonces por qué aceptaste mi propuesta de matrimonio?

-Porque te amo – expresó con firmeza al tiempo que le miraba con dulzura – Pensé que si no sentías lo mismo por ahora, debía esforzarme para que lo hicieras algún día

-No es tan simple – siguió en el mismo tono- No sólo no te quiero, sino que amo a alguien más

-Eso también lo sabía

¿De qué se trataba? ¿Lo sabía todo, eh? No entedía por qué, pero le irritó de sobre manera

-Si te querías casar conmigo a pesar de eso, significaba que no eras correspondido. Debió ser un desastre como para que te rindieras

… ¿de verdad lo había hecho? No, ya que ni siquiera lo intentó

Vaya que era un imbécil

-Ya no importa, lo entiendo, ¡y no estoy molesta! – parecía decirlo en serio – Sé que estás lastimado, ¡pero todo mejorará! Después de la boda, nosotros…

-No habrá boda

-¿Eso también lo sabías?

Ella bajó la cabeza y junto sus manos encima de la falda, apretándolas tan fuerte que se tornaron rojas. Asintió con lentitud

… estaba llorando, lo sabía, per no había nada qué decirle para hacerla sentir mejor, y menos viniendo de él. Suspiró largamente, ya dispuesto a marcharse

-¡Sabía que terminarías el compromiso! – gritó de pronto todavía en la misma posición- ¡También sabía que si nos casábamos no serías completamente feliz! ¡Pero bastaría, ¿no? ¡Era mejor un poco de felicidad que no tener nada, ¿cierto?

-Françoise…

-¡NO! –alzó el rostro, mostrando sus ojos llenos de agua- ¡Sé que no me quieres por completo, que no sería la número uno, pero me bastaba! ¡Si recurriste a mí luego de que no fuiste correspondido, quería decir que te sentías a gusto conmigo, ¿verdad? ¡DIME! ¡¿Realmente nunca te sentiste feliz conmigo? ¡¿Ni un poco? ¡¿Ni por un segundo?

-No

Y ya no dijo más

Avanzó por el umbral, hasta alejarse de aquella cúpula, de aquella mujer que lloraba por él, de aquella carga que representaba esa boda hipócrita

Quería se libre, lo sería, y ese había sido el comienzo

Ni siquiera lamentaba que iniciara con lágrimas de una buena chica que exclamaba su nombre


Siendo realistas, Bryan y Ryan nunca desconocieron la… inusual relación que se dio entre sus hermanos a lo largo de los años. Quizá la conocían mejor que los propios protagonistas, pero nunca del debatido objeto de deseo

Por mucho que lo pensaron, nunca entendieron el toque que Gwyneth tenía sobre Arthur y Alasdair, ¡claro que reconocían sus cualidades! Pero la pieza seguía sin encajar en su pluzze mental

Ellos, tan bromistas como eran, no solían mirar el lado crudo de las circunstancias. No lo hicieron en esa, ¡era divertido en muchos bizarros sentidos! Pero conforme crecieron y comprendieron lo esclavista del sistema social, comenzaron a preocuparse de verdad por el destino de esos tres, más de sus hermanos mayores, ya que cada uno tenía un rol específico que cubrir y que sacaría a flote su apellido y el imperio mercantil que poseían… Básicamente se traducía a "Tienes que cumplir con un destino. Jódete"

Fue difícil sobrellevarlo a lo largo del crecimiento, pero se hizo insoportable cuando sus propios padres se la pasaban repitiéndolo como fórmula mágica. Tal vez tenían en mente aquella lógica de "Si lo digo muchas veces terminaré por creerlo", y para lástima de ellos, funcionó: Alasdair era un sádico de primera, pero siempre dentro de un marco del que no se atrevía a salir; Gwyneth era una seria antisocial, actuando más por voluntad ajena que por propia

Estaban atados hasta el cuello, cosa que se demostró innegablemente cuando el pelirrojo anunció su compromiso con Françoise Bonnefoy, la hija de una adinerada familia de París. Era una gran chica, hermosa, agradable, educada y culta, pero eso no cambiaba el hecho de que no era correspondida… y eso era lo trágico: frente a sus narices veían la resignación de la bestia ante su destino, ¡y era un asco!

Pero tampoco era como si tuviera algún futuro con la ojiazul: además de que no aceptaría una relación de dicho calibre, tenía otras obligaciones que cumplir y mucho más evidentes, bastaba con recordar a Jones y sus atenciones: era preciso que se casara YA, y el yankee parecía ser el elegido. Ahí tenían otro tipo de bestia que se sometía ante lo trágico, ¡y también era un asco!

Por esas mismas razones, Arthur tenía las mismas nulas oportunidades que Alasdair: su situación personal no era mala, menos cuando no tenía las presiones por ser el más pequeño. Su futuro era prometedor en muchos sentidos, y si dejaba a un lado ese horrible carácter, sus posibilidades de "hacer lo que quisiera" eran más realistas, ¡ya hasta había publicado una novela! Eso ya era mucho decir… pero no significaba que no estuvieran preocupados: en esas líneas prácticamente había confesado su amor por Gwyneth, y era muy profundo, inocente y en cierta medida, hasta puro… sin embargo, no tenía futuro, y si seguía con ese sentimiento, lo más probable era que se pasaría la vida amargado y solo, añorando ese amor…

Así que, lo único que podían hacer, era evitar una declaración hablada: si ambos no decían nada, no habría nada que pensar, ni desear, ni soñar; era mejor que pensaran que no había opción, a que contemplaran una que destruiría sus lazos en definitiva. No significaba que les agradaba aquella tarea, pero entre todas las malas opciones, era mejor escoger "la que no era tan peor"

Desde cualquier punto de vista, Alasdair no podía declararse porque ya estaba por casarse y heredar oficialmente un gran monopolio. Era mejor que pensara que no tenía futuro con la ojiazul y tratara de llevar una vida buena con lo que se le imponía

Arthur tampoco podía declararse: era cuestión de días para que Gwyneth aceptara oficialmente a Jones y se casara. Era mejor que se diera por vencido, que arruinar su prometedora carrera por un amor que no tenía salida

Y su hermana… lo lamentaba más por ella: en dado caso de que se hubiera decidido por alguno de los dos, ya estaba atada a alguien más. En su ser recaía la culpa y la deshonra si mostraba algún comportamiento inapropiado, por eso no venían incomprensible su silencio… era obvio que estaba más que consciente de sus circunstacias…

¿Y ellos? Nada, les tocó algo asquerosamente frustrante: ser meros espectadores que no podían hacer nada real para ayudar, salvo evita palabras dolorosas…

Por eso, en cuanto vieron cómo su hermanito le daba un libro a Gwyni, la apartaron con el pretexto tonto de cortar el pastel. Por eso ya no la dejaron sola el resto de la noche, acaparándola en juegos tontos o bailes. Menos dejaron que se quedara sola con el pelirrojo, quien regresó solo y excusando a Françoise por su ausencia

Se vieron en la necesidad de secundar las palabras de sus padres, insistiendo en una próxima fecha para la fiesta de compromiso con el estadounidense. Igualmente molestaron al mayor en que sus futuros sobrinos no heredaran su horrible carácter ni su gesto pervertido. Acecharon a Arthur con preguntas de sus admiradoras y el impacto que había tenido sobre ellas

Se comportaron como unos bastardos… sus hermanos seguro los odiaban, y no los culpaban: no era como si les estuvieran haciendo la vida más fácil… pero en el estricto sentido, sí lo hicieron: les recordaron sus posiciones… sin embargo, al mismo tiempo, plantaron una implícita idea, "Si esto no les gusta, ¿por qué no lo cambian?"

La sociedad no cambiaría, pero ellos tal vez sí… sólo era cuestión de valor… si lo tenían, los apoyarían, ¡para eso era hermanos! Y si no… dejarían que las bestias fueran dominadas hasta morir

-Me retiro a descansar – dijo la rubia a los invitados – Buenas noches y gracias por venir

-¡Te acompañamos! –dijeron al unísono mientras la abrazaban – ¡Las niñas buenas siempre son arropadas por sus hermanos favoritos!

-No es necesario

-¡Claro que lo es! Hasta te leeremos un cuento

-¡Uno que trate sobre el grandioso mundo de Timmy!

Porquería de papel que les tocó en aquella tragedia


Cuando todos pasaron a sus recámaras y las luces se apagaron, Alasdair salió con sigilo de la suya, recorriendo con prisa los pasillos. Se dirigía con su hermana, a la habitación de la primera planta, al extremo derecho

Se sorprendió a sí mismo haciendo aquello, ¿no se suponía que no podía tener a Gwyneth en ese sentido? Al carajo: la quería, la necesitaba, quería hablar con ella y sacarse esa sensación de la garganta que no lo dejaba respirar

Luego de cancelar la boda, supo que ya no había manera de retroceder: quería se libre, zafarse de su impuesto destino y gritarle a sus padres "Váyanse a la mierda". Quería hacer lo que no se atrevió, decir lo que siempre calló. No se trataba sólo de lo que sentía por la rubia, era por todo: deshacer el compromiso, renunciar al negocio, desaparecer su apellido, viajar más allá de UK, sentirse al fin el dueño de sí y vivir para él mismo

Lo que quería hablar con la chica era parte del proceso, pero no lo menos importante: ella, siendo el ideal de toda una existencia, era lo primero que deseaba sacar de sí y convertirlo en "lo posible"

Así, caminó hasta su cuarto, no sorprendiéndose de que los gemelos estuvieran recostados en el sillón al lado de la puerta: habían sido demasiado obvios en su intento de no dejarla sola, y era predecible "que la cuidaran" hasta donde pudieran… pero en verdad eran idiotas si pretendían hacerlo quedándose dormidos en su guardia… o tal vez no…

De todos modos, ágilmente abrió la entrada y pasó, cerrando con seguro

Silencio

Anduvo hacia la cama, encontrando a Gwyneth dormida en medio de ella: parecía tan tranquila, delicada y frágil. Su pecho subía y bajaba acompasadamente a un ritmo hipnótico; sus largas pestañas negras adornaban unos párpados blancos, cerrados y dulces; su cabello atado en una sencilla trenza descansando en su hombro izquierdo se notaba perfumado; sus mejillas pálidas, sus labios rosados y ligeramente entreabiertos

Quería besarla

Poco a poco fue bajando el rostro, deteniéndose a escasos milímetros para sentir su respiración y contemplar los labios que profanaría. Que hermosa era. Y con esa convicción, destruyó el espacio existente, besándola con suavidad, fuerza y ansiedad

… era más extasioso de lo que imaginó

Segundos después, cuando tuvo la cordura suficiente y se alejó, vio aquellas iris azules observándole con profundidad, tranquilidad, tal vez curiosidad, pero no con sorpresa

Estaba despierta… quizá desde el mismo momento en que entró… ¿significaba que le había permitido besarla?

Bastó un intercambio de miradas para encontrar no sólo una respuesta, sino una aprobación

Podía seguir

Exactamente eso hizo: volvió a besarla, aumentando la profundidad y las ansias, logrando que suspirara con dulzura y correspondiera con cierta torpeza. Sonrió en su boca, atreviéndose a subirse y acomodarse entre sus piernas, ya que las había abierto por inercia

La sensación de sus cuerpos juntos rebasó cualquier expectativa: era tan suave, cálido, excitante… lo quería todo, y lo tomaría: no podría vivir si dejaba ir aquello que se le estaba ofreciendo. Deseaba amarla con libertad, con voluntad, sin preocuparse de que el día de mañana ya no podría permanecer en esa casa, atado a esa vida y a un nombre que lo esclavizaba

Acarició su cabello, su cuello, sus hombros que aún eran protegidos por la bata de dormir y aquellos pechos que se delineaba bien a pesar de la manta que los cubrían. Mordió sus labios, los succionó y marcó como quiso, lo que provocó que ella los entreabriera, permitiendo el paso a su húmeda cavidad

Alasdair sonreía y exploraba con curiosidad, pero deseoso de descubrir los secretos de aquel cuerpo que siempre deseó… y al tocar cierta parte detrás de la oreja, la sintió retorcerse, aunque reprimió el gemido que ansiaba por salir

Frunció el ceño

-¿Qué te sucede?

-B-Bryan y Ryan…

… oh, cierto, ¡maldición! ¿Quería decir que no…?

-Tendrás que resignarte a no escuchar nada…

Volvió a sonreír con travesura y cierta sorpresa: no esperó aquella oración

-Puedo vivir con eso

Y volvió a besarla, ahora acariciando como mayor cinismo su cuerpo. Aprovechó un momento para quitar la manta y ya estar en verdad encima de ella, a lo que respondió abrazándolo y doblando las piernas para acunarlo. Comenzó a acariciar ambos muslos despacio, con atrevimiento, grabando en su mente la textura, pero enseguida bajó un poco las manos, aprisionando con voracidad aquel trasero que, pensó, era el más perfecto de todos

Otra vez reprimió un gemido, aunque suspiró con lujuria en sus labios, devorándolos como si fuera lo único que pudiera hacer: parecía atrevida, sin embargo, el color rojo que atacaba sus mejillas la hacía lucir demasiado avergonzada, y eso le encantó

Todavía acariciando su trasero, con un dedo definió la línea que lo dividía, bajando poco a poco, hasta sentir el inicio de su intimidad. Ya estaba húmeda, pero el inconsciente vaivén que comenzaban sus caderas también lo pusieron igual, ya sintiendo la erección crecer en sus pantalones. Queriendo complacerla, le siguió ese movimiento, frotando su miembro contra ella, en esa zona que demandaba atención, y a pesar de la tela, ambos pudieron sentir con finura el constante roce, obligándolos a besarse con ansias para no soltar algún jadeo que los delatara

Ese frote, que fuera con ella y en esa situación tan comprometedora… sino hacía algo, se vendría en su ropa. Decidió dar el paso definitivo: se desabrochó la prenda lo suficiente para dejar salir su hombría, quitó la ropa interior y visualizó la parte que asaltaría

Era rápido, lo sabía, pero había deseado tanto el momento…

A los siguientes minutos, Alasdair ya estaba sosteniendo un constante y firme vaivén en su interior, acariciando los muslos, las caderas y esos pechos que se balanceaban por debajo de la bata. Ella suspiraba, trataba de suprimir cualquier jadeo sustituyéndolo por incontrolables arañazos en su espalda; se besaban, acariciaban y miraban intensamente, derretidos por ese delirante roce entre ellos y suplicando implícitamente por más

El pelirrojo continuaba con el desesperado ataque, buscando la entera satisfacción de su hermana… y lo estaba consiguiendo al verla retorcerse de ese modo. En ese momento, él era todo lo que veía, lo que sentía, lo que deseaba y quería…

Él era todo lo que necesitaba, viéndolo como si no hubiese otra cosa, exclamando en silencio que era suya. Sólo suya, amándolo con entera libertad…

Ojala fuera así siempre…

Ojala que la mañana nunca llegara…