Sumary: Es tu vida y es tu momento, y no hay otra vida y quién sabe si habrá otro momento.

Maze Runner pertenece a James Dashner.

Reto Espejo para Ame Winner .

Advertencia: Esto contiene temas religiosos y temática slash (niñoxniño), si no te gusta o no eres tolerante, desde ya puedes abandonar el fic.

Los temas aquí son tratados con la seriedad propia y sin el deseo de ofender a terceros.

Aclaraciones: Esto es un AU (Universo Alterno).
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3.-

Se escuchaban gritos, pero no cualquiera, sino unos demenciales y luego azotes como si alguien diera de lleno su cabeza contra la pared. Cuando uno se acercaba a la zona, incluso podía llegar a apreciarse el chapotear de la sangre que brotaba de las heridas.

Dean esperaba al centro de la sala, manos tras la espalda mientras seriamente meditaba sobre diferentes cuestiones, ninguna conectada a dónde se encontraba ahora. Generalmente hacia eso, lo evitaba.

—Señor Dean, por acá —la amable enfermera de setenta años le guió lento en su paso, el hombre pudo apreciar que esos lentes de botella ya no surtían los mismos efectos que antes y la mujer se guiaba tanteando al palpar las paredes. Uno se pregustaría por qué es que no se habría retirado ya, su espalda encorvada y las ojeras pronunciadas en su rostro afirmaban con claridad que era tiempo, sin embargo nadie con quien trabajara le apresuraría para ello.

—No todos aguantan este trabajo como lo hace ella —una vez le contó el director de aquel hospital—, y no podemos darnos el lujo de perderla. ¿Ha visto usted lo populares que somos?

El Hospital Psiquiátrico no era el mejor lugar para ir a vacaciones, era verdad, pero conforme los años se había hecho más impopular de lo normal con la ola creciente de demencia.

Desconocemos la razón —esa tarde el hombre veía a uno de esos pacientes mientras se daba de topes contra el vidrio y luego, mirando su reflejo y ver en lo que se había convertido, soltaba en sonoros mujidos de risa mientras comenzaba a tirarse de un brazos. Aquella tarde Dean presenció algo que le insistía en no pensar de más en aquel futuro.

—Aguarde aquí, por favor.

—¿Le han cambiado de lugar?

Amanda le miró poquito torciendo lo mejor que podía se cabeza para alcanzar su altura mientras apoyaba una mano a la pared para mantener el equilibrio, luego volvió a girarse y caminar lento. —Pronto lo colocaran al tanto, no se preocupe —Dean sólo la siguió con la mirada hasta que ella entró por una puerta.

—No podemos estar al pendiente de todo —el doctor aún llevaba la bata repleta de sangre y con un pedazo de tela sucio se limpiaba una vez y otra la cara como si aún sintiese la necesidad de retirarse más carne de encima—. No podemos —repitió perdido en su mente.

Los que lo presenciaron, todos intentaron detenerlo, pero fue tarde al llegar porque el paciente se arrancó el brazo entre alaridos y risas ahogadas por la sangre que escupía, y uno pensaría que moriría del dolor, pero incluso tuvo que se sedado para que dejara de arañarse y tirarse la carne del resto del cuerpo que podía.

—Dean... —su corazón dio un salto del susto pero años de práctica lo llevaron a sólo girar el rostro manteniéndose sereno—, escuché tu voz.

Se trataba de Castiel. Su amigo deslizó la mirada azul sobre su rostro como si fuera cualquier saludo y después la perdió adelante, por el pasillo. Llevaba un pijama blanco y simple, a la muñeca derecha un brazalete amarillo donde resaltaban pequeñas y minúsculas letras.

—Cas —observó breve a los alrededores sólo con la mirada y luego volvió a él—, ¿qué haces fuera?

El nombrado volvió a verle pero esta vez directo a los ojos y con el mismo gesto serio regresó adelante. —Te lo he dicho, escuché tu voz —después pareció estirar los labios levemente, muy poco e inclinó el rostro a un lado perdido en algo que parecía haber frente a él pero que el propio Dean no entendía—. Sabía que vendrías, ellas me lo dijeron.

—Cas, yo siempre vengo este día.

Pero el nombrado alzó una mano y llevó el índice a la boca solicitándole que guardara silencio, y así de apacible mientras había vuelto a verlo, regresó adelante, insistente. —Ellas lo saben todo, por eso jamás guardan silencio.

—¿Te refieres a las moscas?

Cas dio tres pasos, vagos y lentos.

—¿Qué te dicen Cas?

—Dean... —desde ese lugar y girando sobre sus talones, el menor se quedó contemplándole, aún inclinaba la cabeza y llevaba la mano arriba pero sin alguna función en particular—, deberíamos morir, justo ahora. ¿Morirías conmigo?

Y antes que éste pudiera siquiera adelantar para evitarlo, Castiel con unas tijeras a mano las llevó contra su cabeza, justo a uno de los lados y enterró con fuerza.

—¡Cas! ¡NO! —logrando acercarse lo sujetaba intentando cediera, que soltara. Sacó aquel metal y lanzándolo a un lado le apretó la herida mientras ambos caían al suelo—. Alguien, ¡necesitamos ayuda! ¡Ayuda! —volvió la vista abajo, el otro reía vagó mientras miraba el techo—. Cas, aguanta, estarás bien —Y eso insistía en su mente quien antes jugara a ser cazador cuando era pequeño junto con el chico que ahora sostenía en brazos, se lo repetía una y otra vez como un maldito mantra.

Dean, quien intentaba que el otro no se desangrara, buscó con la vista los alrededores, primero por ayuda, después por cualquier cosa con la que secar.

—Venga, resiste... —acomodando su cabeza entre las piernas se sacó la chamarra y luego la camisa, la cual hizo bola y presionó contra la cabeza sangrante. Y Cas seguía riendo bajo y leve mientras él se aferraba a decir lo mismo.

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Sentado sobre la banca de madera podrida, llevaba las piernas abiertas y los brazo sobre los muslos mientras se encorvaba hacia adelante. A sus manos unidas la camisa seguía hecha bola, sus dedos estaban secos y pegajosos al igual que el faldón de sus vaqueros; su rostro no dejaba entrever lo que realmente pensaba, pero fuera lo que fuera, parecía serio.

Aquellos cambios eran cada vez más frecuentes. Anteriormente sólo se trataba de breves pausas, frases incoherentes, miradas perdidas, pero desde que comenzó a herirse esto no dejaba de ser cada vez más alarmante.

Los gritos del hombre arrancándose el brazo vinieron a él.

—No voy a mentirle Dean, sabe lo que sucederá —Apretó entre sus dedos el trapo ahora inservible—. Lo mejor sería que dejara de hacerse esto.

La mayoría de los familiares si no es que todos, jamás habían vuelto a aparecer para verlos, sólo los dejaban ahí, ¿para que tuvieran por lo menos un funeral? Aunque ahí precisamente no se hacía eso, sólo se calcinaban y enterraban, punto. Pero, desde que Dean se había encargado de donar ayuda al lugar, él mismo se encargaba de que algún sacerdote acudiera puntual una vez por semana para ofrecer misas en sus nombres.

—Agradezco su ayuda doctor, volveré la próxima semana, cuídelo.

¿Cómo podía simplemente dejarlo ahí? ¿Cómo podía ignorar todos esos recuerdos y sentimientos que tenía hacia él?

Cas en alguno de sus momentos lúcidos le dijo que no lo odiaba ni lo haría, que estaría feliz que se marchara y siguiera viviendo su vida. Pero Castiel era un estúpido. Él, Dean, no podía simplemente obviar que no existió y listo. Olvidarlo. Él no era así.
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—Deja de decir tanta mierda —movía el trapo, ellos limpiaban unas piezas viejas para arreglar el coche, Cas aún no ingresaba al hospital y él tampoco era director.

—No es mierda Dean, es la verdad. Todo será más fácil si...

—¿Sí qué? —enojado sentó la pieza llena de grasa con el trapo ya inútil—. Nosotros sabemos bien que la vida no es fácil, así que vele con esa puñetera verdad a alguien más porque a mí no me estás diciendo nada nuevo.

Ambos eran chicos de orfanatos diferentes. Dean había visto morir a su hermanito junto con su madre cuando se incendió la casa, su padre, quien había quedado vivo estuvo breve tiempo con él, hasta que desapareció. Y Cas... Castiel siempre estuvo solo desde que recordara. Fue a conocer a Dean cuando le ayudó a escapar de unos tipos rudos que lo habían encerrado para que se quedará ahí a pudrir de hambre.

—Ahora calla tu puta boca, porque no me importa lo que pase ¡Me vas a tener ahí jodiendote la existencia por el resto de nuestras vidas!

Castiel, sorprendido, se había quedado observándolo.

—¡Pásame otro trapo! —apuró.

Pero el otro sólo seguía viéndole fijo, como si esa mirada traspasara su mente y leyera todo. Toda esa verdad. —Gracias Dean.

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Alzó el rostro colocándose de pie cuando el doctor se acercó, aparentaba estar cansado.

—Le hemos dado un sedante —sacó un pequeño pañuelo ya manchado de sudor y limpió su frente—, por ahora se encontrará bien —apuró antes de que fuera interrumpido—. La herida ha sido sólo leve, fue más una cortada larga ya que el hueso del cráneo detuvo la penetración, sin embargo no podemos pasar por alto que sus intentos de lastimarse han ido en aumento el último mes. Dean, en preciso cambiarlo de ala.

Contraído en sus propios pensamientos, el que ahora fungía como director del Orfanato Sur buscó la otra ala lejana a través de la ventana enrejada a la izquierda. Aquel lugar estaba repleto de alaridos, mujidos y risotadas, aparentaba más una casa del terror que otra cosa, sin contar que, todo aquel que entraba ahí ya no salía.

—Lo lamento.

—No lo lamente.

—Él pronto dejara la conciencia. Sería mejor que deja-...

—¿Puedo pasar a verlo?

Apenado ante la insistencia, el hombre no tan mayor de edad pero si apariencia gracias a los años trabajando en el lugar, asintió breve y le cedió el paso. Cuando lo sintió alejarse le retuvo por un hombro.

—Seguiremos haciendo nuestro mejor esfuerzo.

—Gracias doctor.

Dean continuó de largo por el pasillo hacia la habitación de la enfermería. Él no era muy mayor realmente, apenas tocaba los treinta y algo, pero pese a su corta edad logró un puesto como el que fungía gracias a su notable desempeño. El chico de texas, quien se había prometido dejar el lugar y pasear por el mundo recorriendo carreteras con Castiel sobre un auto clásico viejo, vio truncado ese futuro cuando entendió que necesitaba crecer para ayudar de alguna manera.

Se detuvo al marco de la puerta, y viéndolo atrapado con fuertes amarres, sólo se talló medio rostro y continuó hasta él. No importaba si Cas lo recordaba o no, él aún lo hacía. Así que, seguiría cumpliendo su parte.
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Minho gimió con un dolor creciente naciendo por su cabeza, que terminó de detonar cuando parpadeó. Se quejó, masculló un par de insultos pero terminó por medio levantarse ya que sólo logró despegar media espalda de la cama antes de volver a caer sintiéndose más pesado de lo normal.

—Necesitas descansar un poco más.

Sintió que lo tomaban de las manos y lo guiaban para agarrar un vaso, luego el peso se movió hasta desaparecer. Por el ruido, el asiático identificó que Thomas estaba sentado en una silla a su lado.

—¿Qué klunk te está pasando? —enfadado intentó volver a doblarse hasta que lo logró y, contrario a beber el agua, aventó con molestia el vaso a un lado—. ¿De mierda crees que voy a volver a caer? —Con el gesto contorsionado por el esfuerzo de moverse, logró jalarse hasta que su espalda chocó con la pared y él quedó sentado.

Llevaba la ropa que su amigo le hubiese prestado, sin embargo buscando en sus bolsillos se dio cuenta que el dinero guardado y una fotografía tomada del armario del otro, habían desaparecido. De hecho, justo esa Thomas la llevaba en manos. Estaba algo rota, sucia y vieja, pero para ambos tenía mucho significado.

—Creo que es la única que tenemos —él la miraba con nostalgia, sus labios se estiraban levemente en algo parecido a una mezcolanza de felicidad y algo más.

—No me jodas Thomas, ¿qué pretendes? Y no insultes mi inteligencia.

—Todo lo que intento es protegerte Minho, eres mi mejor amigo —por fin dejó la imagen y lo miró—. He venido por ti, jamás mentí, conseguí lo de la beca para ambos —e hizo una pausa—. Déjame explicarte mis razones con respecto a ese chico, tú no está-...

—Shank, ya te di-...

—No Minho —Thomas no lo dejó continuar—, no puedo aceptar eso. No sé qué ha pasado, pero creo que puedo entender tu confusión con respecto a ese chico. Créeme, es una confusión.

—¿De qué mierda hablas? —irritado lo miraba—. Shank, ya te dije que él no tiene que ver en esto.

—¿No?

—No.

—¿Qué fue lo que vi cuando ingresé?

El asiático se cruzó de brazos, molesto. —Shank, metete en tus asuntos.

—Tú eres mi asunto.

Se formó un silencio, Thomas lo contemplaba de manera realmente seria y meditativa, hasta que al pasar de los segundos entendió que no habría otra solución que esa a la que resultara entre cavilaciones mientras el otro dormía. —Bien, si es tanto tu deseo de ingresar en esa escuela, entonces me quedaré contigo —era claro con sus palabras y firme—. Minho, ahí o aquí podemos seguir construyendo nuestro sueño, juntos, tal cual lo hemos planeado. ¿Aún lo recuerdas?

—Shank... —Minho estaba un poco impresionado—, déjate de mierda. ¿De verdad vas a tirar todo lo que has hecho? —Entre los dos, el otro es quien más se había esforzado desde siempre para continuar adelante. Justo ahora había ido a Roma. ¡Roma! Por un jodido año lo había estado escuchado parlotear de todo lo que estudiaba para ganar la beca de aquel viaje. ¿Ahora le decía que se quedaría ahí, en una escuela perdida de la nada y lejos de lo que le gustaba hacer?

Thomas se encogió de hombros. —Tú eres mi familia Minho, no un lugar —se dobló hacia adelante pasándole la foto—. ¿Qué dices?

Con la imagen entre los dedos, aún sin habla, Minho la miró y luego al otro.

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Newt corría a trompicones mientras a intervalos intentaba ver sobre su hombro si no le seguían. Pero nada, todo era oscuridad y más oscuridad que crecía devorándolo entre siseos lejanos hasta que por fin se detuvieron. Pero él no, él seguía y lo hizo así hasta lograr volver el camino hacia aquel orfanato.

Quería llegar con Minho, quería alcanzarlo. Tenía que hablar con él.

Trepó por una pared del patio, esa que horas atrás hubiera subido, pero conforme más lo lograba, los brazos más flaqueaban y la vista le nublaba hasta que sin poder sostenerse, le falló una pisada en el rapel y resbaló en seco.

No iban a dejarlo llegar. Ese chico, el raro que los interrumpió, era claro que él era el culpable de todo.

Lo odió.

—Minho... —veía el cielo oscuro, las estrellas antes tan vivas perdían credibilidad ante sus ojos. Apretó los puños y se obligó a levantar impulsándose para arriba volviendo a trepar, pero ni medio muro, resbaló nuevamente.

Una puerta lejana se escuchó, no la veía pero estaba seguro de algo...

—Minho...

Sí, tenía que ser él, podía sentirlo. Se torció en esa dirección y aguzó la vista hasta que por fin lo logró localizar. El nombrado caminaba por la oscuridad como si se estuviera escondiendo, pero no iba solo. Newt frunció las cejas, pero sin dejarse intimidar se empujó arriba. Iba a alcanzarlo. Iba a...

Una sombra negra larguirucha se detuvo metros adelante, atravesada en su camino; luego llegaron dos más. Gruñendo él los encaró, pero una cuarta, más alta que todas se abrió paso entre ellas y eso le hizo dudar.

Estaba a unos metros, todo lo que tenía era que...

—¡MIN-

La voz se le ahogó con la garganta apretada, se llevó las manos a ella e intentó soltarse, pero era como si lo asfixiaran y esto se marcaba más conforme esa sombra se acercaba.

Todo lo que tenía que...

No iba a...

Torció el sentido y comenzó a correr al lado contrario. No iba a rendirse, no después de haberlo conocido.

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Thomas, quien iba en silencio escuchando el plan de su amigo, lanzó una mirada a la oscuridad y, sin nada más qué decir, siguió escuchando atento.

—¿Crees que en aquel lugar seamos bienvenidos? —él no estaba muy de acuerdo. Recordaba, según comentarios del padre Ethan, a ellos no les agradaba la orden.

—No hay muchas opciones —Minho buscó el orfanato con la vista pero Thomas le dio un pequeño empujón antes de reír breve por la broma—. Y luego dices que yo soy el inmaduro —Rodó los ojos y se rascó la nuca, de alguna manera seguía sintiendo la mente confusa, como si tuviera ruido.

—Tengo algo de dinero y conozco un amigo que nos dejaría quedarnos, es fuera de la ciudad pero funciona. ¿Qué dices? —Thomas lo miró, pero no hubo respuesta y es que, no la había. Minho no quería ir a ese lugar, sino lo que buscaba realmente era al rubio y eso no podía escondérselo—. ¿Crees que podamos hacer una parada antes?

—¿A dónde quieres ir?

—Confía en mí, es mejor llegar ahí primero.

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Alby veía a través del cristal de la ventana, sus ojos estaban rojos del cansancio y su postura desgarbada apenas y lo sostenía en pie. Bostezaba cada cinco minutos e incluso algunas lágrimas le derramaban sin poderlo evitar.

Le habían dicho que era mejor marcharse, que más nada podía hacerse hasta que llegase la hora indicada, pero él se negaba, quería creer que todo sería diferente y que no tendría que escuchar la decisión de la Directora Paige llena de condescendencia.

—Vamos Newt... —urgió. Quería despertarlo a golpes si era necesario, pero ni eso había funcionado (excepto un sermón fastidioso del doctor).

Respiró molesto y giró al ver el reflejo de unos chicos al abrirse la puerta.

—¿Qué quieren? —No quería ser rudo, pero no estaba de humor para chismosos—. Se han equivocado de lugar.

Thomas, bajo el marco de la puerta, negó. —En realidad es donde debíamos llegar —Una enfermera terminó por ingresar y acercándose ella creó una floritura mostrando al chico en cama.

Newton del Orfanato WICKED.

—Es muy amable, por favor déjenos a solas.

Alzando una ceja el de color los observó molesto esperando, pero le llamó la atención que uno de los dos chicos presentes veía demasiado impactado la situación. Se preguntó con toda franqueza si estaba bien. —¿Le sucede algo? —señaló con un gesto.

Thomas no respondió pronto, luego se giró a su amigo y le colocó ambas manos a los hombros. —Lo lamento Minho, esto es lo que trataba de explicarte.

—¿Es una broma shank? —y luego vio al otro chico—. ¿Tú estás en esta mierda?

Ofendido Alby contrajo el rostro. —Cuida tu vocabulario y tono, éste no es el lugar.

—¿De qué mierda se trata todo esto Thomas? ¿Qué hicieron? —a zancada grande llegó a la cama, era Newt—. ¿Fue Ethan?

Alby no entendió. —¿Quiénes qué? ¿A quién? ¿Quién es Ethan y quiénes son ustedes? —empujó a Minho lejos—. ¿Qué quieren con Newt?

—Por favor, déjanos explicarnos —pidió—. Nosotros somos del orfanato del otro lado.

—¿Los padres? —seguía enfadado—. ¿Qué quieren unos padres aquí? La Directora Paige aún no ha dicho nada.

—¿De qué mierda hablas? —Minho veía algo afectado aquel cuerpo y luego a él—. Escupe.

—Minho —Thomas calmó—, escucha —y pareciendo tener la atención de ambos, por fin habló explicándose lo mejor que pudo y que fuera rápido para no ser interrumpido. Fue claro y expresó todo lo que él pudo apreciar al conocer a la figura que se presentara en el orfanato.

—¡Estás de mierda, shank! —retraía el gesto en incredulidad y molestia, retrocedió dos pasos esperando risas o algo, pero enojado sólo dio media vuelta y se marchó.

—Shank, estoy a la par, ¿qué es eso de que... —¡Alby no supo siquiera cómo describirlo! Arrugó el gesto de manera chistosa y pasándose las manos sobre la cabeza dio pasos a un lado y a otro—. ¡Eso!

—No importa —Thomas veía meditativo el camino sin ganas de querer explicar más. Él era muy inteligente, más que cualquiera que conociera; pero justo eso también le hacía alejarse de las personas, odiaba explicar cosas que los otros no entendían o entenderían en su vida—. Tiempo desperdiciado —se decía.

—Te recomiendo despedirte de tu amigo —iba a salir pero el de color lo detuvo por el hombro sin embargo él sólo jaló soltándose—, será más fácil para ti si lo aceptas ahora —fue breve y siguió. El moreno entendía pero no entendía a la gente en varios aspectos, suponía que eso le hacía llevarse tan bien con el asiático.

—El mundo puede pudrirse —era parte de sus rezos esas noches de escapada a la montaña donde querían observar el espacio en su máxima negrura.

Planeaban. Analizaban. Soñaban.

No límites, no juicios.

Ninguno sabía por qué habían sido abandonados, aunque a él le contaban que su madre lo hizo por su bien ya que había enfermado y no quería que le sucediese lo mismo. Thomas no lo creía.

—Hacer algo, no lo sé, un cambio. Dejar de ser inútiles.

Y Minho lo miraba con profunda solemnidad desde el pico de la roca donde observaba la caída a una muerte segura, y asentía antes de volver al vasto universo.

Ellos se habían vuelto buenos amigos a los meses de conocerse, más o menos a los siete, cuando el asiático en problemas (sin novedad) requirió una mano amiga y fue él para defenderlo dejando en ridículo al sacerdote con semejante argumentación. De lo único que el corredor (así lo conocía porque siempre lo veía corriendo) había pecado, era ser más inteligente que los otros y arriesgado. Él había robado un par de vegetales para dar de comer a los caballos con el punto de que: —Morirán si siguen así, ¿no se supone que ayudan para arar? —Pero aunque ese niño no mostraba ser muy emocional, Thomas encontró claramente frente a él a alguien con una debilidad extraordinaria por proteger a las almas nobles.

Cinco años en la siembra fueron la solución para que ambos se conocieran bien durante esas largas tardes bajo el sol, hasta que Ethan, el sacerdote más renombrado dentro del exorcismo, descubrió un talento innato en ambos.

—Esto es mierda shank —Minho había llegado hasta el final del pasillo y observaba el exterior por una ventana grande, seguía sin creerlo. Su amigo lamentó encontrarlo tan afectado.

—Necesitabas verlo ya que no me dejabas explicarlo.

Thomas, quien se había quedado unos pasos atrás cediéndole un poco de espacio, colocó una mano sobre el hombro de su amigo en señal de apoyo. Le dolía verlo así, pero no se permitiría flaquear con la decisión de cuidarlo contra quien fuera y eso incluía al chico a medio camino de la muerte.

—Minho, técnicamente ese chico está muerto y fue su elección —su voz era firme—. A quien conoces sólo se está aferrando a algo para no irse. Está más allá de lo que podemos. Vamos, él tiene que continuar su camino, conoces lo que sucede con aquellos que se quedan a la mitad. ¿Realmente deseas ese futuro para su alma?

No le quedaba mucho tiempo, era verdad pues se encontraba rodeado de las sombras que lo consumían desde que él mismo las dejó entrar. Por ello fue que lo echó del orfanato y le dejó a su suerte; sólo él podía combatirlas y sólo a él le competía lidiar con ellas.

Hubo un silencio, mismo que a Thomas no le agradó al ver aquel gesto de profunda meditación en el rostro ajeno.

—Puedo traerlo.

Y lo que temió, llegó.

—Puedo traerlo —volvió a repetir ahora firme y claro regresando a esa realidad y observándole sin siquiera una duda. Tras todo aquel diálogo él sólo entendía que, si Newt seguía, es porque su esperanza de algo en esta vida aún no había terminado de romperse.

—Son muchos demonios los que le persiguen. Él cavó su propio infierno.

—He dicho que puedo —apretó los puños, firme. Y no sólo se trataba de salvar a alguien, sino que él entendía mejor que nadie eso de una segunda oportunidad. Sabía lo que era fallar y querer solucionarlo.

—Minho...

—No te estoy pidiendo que me ayudes Thomas, pero sí que lo respetes.

Hubo otro silencio, y cuando el moreno contestaría, fue interrumpido por la pronta voz de Alby.

—Los encontraba ya de rodillas rezando —parecía malhumorado.

—¿Nos importa una mierda haber destruido tus sueños?

—Lárguense de una vez, ya he solicitado al hospital para que no les dejen entrar. Esfúmense.

—Oblíganos.

—Ya lo he hecho —apuntó a un enfermero a lo lejos que les veía con curiosidad—. Les dije que unos pasantes de sacerdotes chiflados están jugando a los fantasmas. Mi siguiente paso es llamar a psiquiatría —y apuntó con dedo acusador a Thomas antes de que siquiera abriera la boca—. Déjate de tonterías hermano, pareces el más sensato pero no escupes menos incoherencias que él —e hizo un gesto de cabeza señalando al asiático quien estiró los labios en una sonrisa desafiante.

—¿Quién mierda te crees tú? —agregaría algo más pero, pareciendo entender algo, se retrajo un poco con el impacto de lo que su mente concluyó, pero en defensa dio un paso desafiante pateando todo eso que no entendía a un lado—. ¿Ustedes son algo? —Minho fue directo y sin tapujos, su miraba penetrante. Aunque el de color hubiera querido hacerse al que no entendía, la verdad que no se podía.

—¿Y qué si sí? —Alby gruñó, le enfadaba esa gente. Deslizó con cuidado su observación sobre el chico y al final no lo dudó—. ¿Tienes problemas en que lo seamos?

—Escucha, no estamos aquí para juzgarles —Thomas había puesto una mano al hombro de su amigo y le apretó poquito en comprensión, de alguna manera podía leer en su gesto que éste estaba raro.

—Ustedes los padres nunca entienden nada, todo lo dejan a la fé. Ya lárguense, nadie aquí les ha llamado.

—Como te explicábamos, tu compañero requiere ayuda.

—Y qué, ¿rezando lo van a ayudar? ¿Alejaran todos esos monstruitos? —Alby rió sin proponérselo, no quiso ser grosero pero le parecía absurdo—. Hablan pura sarta de imaginaciones ridículas. Newt no intentó suicidarse, él trepó por un muro y accidentalmente cayó, eso es todo. No hay demonios ni cosas de mierda que estén a su alrededor. Si no despierta es por el fuerte golpe que se dio en la cabeza.

Minho volvió a la batalla. —Déjate de mierda, sólo queremos saber dónde suele frecuentar. ¿Existe un lugar en el cual se sienta seguro al ir?

—¿Por qué debo contestarte?

—Porque puedo darle un nuevo orden a tu rostro.

—¿Sí? —Alby sonrió incrédulo e infló un poco el pecho sin intimidarse—. Veamos.

Thomas se atravesó, no estaba de acuerdo en ayudar a aquel chico, pero tampoco dejaría que Minho se metiera en más problemas. Él sólo levantó las manos pidiendo tiempo y observó al del otro orfanato.

—Entiende algo, no se trata de ti. ¿No prefieres intentar lo que sea? Porque... —y observó por la puerta como si supiera que algo se acercaba—, si mal no me encuentro, se te acaban las alternativas y el tiempo.

Y a la nada ingresó una mujer mayor con el cabello rubio, se veía afectada.

Directora —Alby se puso recto como tabla, ella se acercó unos pasos y le ofreció unas palabras que hicieron al chico ponerse mal, luego se volvió a los más jóvenes—. Agradezco que se encuentren aquí —ella era suave al hablar pero firme—. ¿Podríamos contar con su disposición? Les agradeceríamos profundamente que pudiesen asistir una ceremonia en una hora.

—¿Una hora? —Minho se olía algo pero no estaba seguro del qué—. ¿Qué quieren en una hora?

—Se ha tomado la decisión de evitar más sufrimiento a nuestro querido miembro —y observó brevemente el cuerpo del rubio—. ¿Podrían ser tan amables de...

El moreno interpuso una mano al pecho de su amigo y tomó el mando. —Con gusto podremos asistirle, sin embargo en una hora nos es complicado. ¿Podrían posponer el evento para la noche? Sería para nosotros importante estar presentes puesto que se ha hecho de relevancia en nuestra vida.

—¿Noche? ¿Ustedes conocen a Newt? —ella pareció sorprendida, pero tras pensarlo poco comprensivamente asintió—. Lamento que cursen por tal situación. Estaremos contentos de contar con su presencia —y luego se retiró.

—No me jodas Thomas, ¿cómo crees que podemo-...

—Minho, van a hacerlo aquí o allá, sabes perfectamente que con lo que menos cuenta ese chico es tiempo —y volvió la vista al otro—. ¿Vas a ayudarnos? No creo que pueda extenderse más.

No muy seguro Alby asintió, se le veía algo desorientado.

—¿Y bien?

Negando, el de color se rascó la nuca y dando de pasos a un lado y otro balbuceó relamiéndose los labios, y con ausencia soltó una par de cosas sobre un viejo parque, una pista para correr y otras cosas más sobre lo mucho que Newt solía ir ahí antes del accidente que le dejó mal una pierna.

—Mierda hombre ¡encaja las oraciones!

Minho iba a golpearlo pero Thomas lo detuvo y, al final, con paciencia desconocida para el asiático, esperó las instrucciones para cuando el otro por fin espabilara soltando dónde se encontraba aquel bendito lugar, y sin más comenzó a caminar a la salida.

—No necesitas venir, shank. Me encargaré.

Pero era claro que el moreno iría. —¿Y perderme ver cómo patean tu trasero? —Su amigo era fuerte, él también lo era, pero aún así tenían que ser humilde y reconocer que les faltaba camino por recorrer. Fantasmas tan densos como aquellos podían consumirles toda la energía, y aparte de fallar, ellos podrían morir. —No —brilló en su mente de manera segura. No permitiría que su amigo fuera perjudicado.

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—Creo que es ahí —Thomas señaló a lo lejos, en aquel edificio solían realizarse pequeñas competencias e incluso existía uno que otro juego como columpios donde recordaba alguna vez haberse divertido. Minho sólo asintió y ambos doblaron a la izquierda y cruzaron la calle.

Thomas pensaba que quizás no se había ido mucho tiempo pero que al mismo tiempo sí. Veía al asiático igual en forma pero... todo él le resultaba un poco desconocido, un poco más secreto. Para él había sido difícil su estancia en Roma. Demasiado estudio. Demasiadas actividades. A todo momento tenía el pensamiento lleno que fue olvidando en preguntar al otro su vida.

—¿Me vas a decir qué son esas cicatrices Minho?

Éste torció el gesto con cierta molestia, con cierta reticencia pero al final sólo negó no dando importancia. —Un par de amigos que me hice.

—¿Tú? —Thomas rió—. Sé que la llevas muy bien con esas habilidades, pero no recordaba qué tanto.

—¿Qué puedo decir? —sus labios se medio estiraron algo divertidos—. ¿Es un don?

Hubo un silencio, habían llegado. Minho vagó sus pasos por los escalones a de la entrada de aquel sitio que el tal Alby señalara y se detuvo, a la salida para ingresar a la pista de correr ahí estaba aquella figura rubia, sentada, esperando.

Se acercó lento.

—Yo... —Newt le daba la espalda, veía los columpios viejos a punto de caerse que decoraban el centro de la ahora, extinta pista. A él le gustaba ir ahí para distraerse, para alejarse de todo. Correr. Correr tanto como podía hasta que le dolieran los pulmones y se sintiera libre. Pleno—, de verdad desearía haber hecho diferentes las cosas —Minho lo veía, serio, sin mencionar nada—. Conocerte antes, ¿sabes?

—Ahora lo haces.

No rápido, pero sí tras los segundos el rubio le regresó la mirada. —¿Y seguirá así si regreso?

—Shank —Minho con un gesto le indicó para que se moviera y le hiciera lugar, él se sentó a un lado—, ¿quién sabe? La vida es mierteramente rara. Aunque, ¿quieres que te sea franco? El preocupado aquí soy yo, el espanto de alguien tan horripilante como tú nadie me lo quita.

Hubo una baja risa.

—¿Listo?

Pero Newt se sentía raro y aquel sentimiento creció cuando observó no lejos a la otra figura. A ese chico.

—Él quiere alejarme de ti.

—¿Thomas? —Minho lo miró breve y pensando en los acontecimientos recientes no estaba seguro del cómo explicar—. Puede parecer un shank y comportarse como uno, pero si hay alguien a quien confío mi vida, es a él.

Pero el menor seguía insistente mirándolo y aquello persistía. Descendió la mirada a sus manos y observando las palmas se dio cuenta que las sentía pesadas, densas. Tan espesas como la negrura de aquellas sombras.

—¿Newt?

—No... —los dedos medio se cerraron y unas lejanas voces pronto gritaron a sus oídos traspasándole con tanto dolor la cabeza que se llevó las manos apretándola. Retrocedió y negó en un grito—. ¡NO! —Quería que se callaran. ¡Qué se fueran! ¡¿No había logrado perderlas?! ¡ELLAS NUNCA IBAN AHÍ!

—Mátalo.

—¡Shank!

—¡Llévalo!

El rubio negó retrocediendo ante el contacto del otro.

—Mátalo.

—Acabalo.

—Elimínalo.

Ellas no...

—¡MÁTALO!

Dio un manazo a la mano del otro dándole la espalda. Su cabeza... Su cabeza le explotaba.

—¡MÁTALO!

—¡NO!

—¡MÁTALO!

De la nada saltó contra Minho y encajó las manos cerradas sobre su cuello, los ojos desorbitados le brillaban en un insano miedo. —¡MÁTALO! ¡MÁTALO! —jalaba sus manos y presionaba haciendo que la cabeza del asiático golpeara contra el cemento—. ¡MÁ-

Una patada al rostro le hizo rodar medio metro y acuclillado al piso chilló con una intensidad que destrozaba los tímpanos. Al piso Minho se apretó contra sí pero Thomas fue más fuerte, aunque gritó con intensidad por el dolor, él no había caído y se posicionaba frente a su amigo defendiéndolo si es que podía decirse así.

Newt volvió a saltar con fuerza pero algo invisible le hizo retroceder y aullar con dolor. Thomas dio un paso firme adelante aunque su cuerpo aún se encorvaba con dolor y con una oración volvió a hacer que el rubio retrocediera aullando.

—¡Newt! —Minho tosió, las cuerdas vocales le dolía y de una lado de su cabeza escurría sangre. Escupió a un lado y a como pudo se levantó—. ¡¿Qué mierda sucede Thomas?!

Alaridos venían desde lejos presentes por tal la oscuridad cernida a su alrededor.

—Observa bien Minho...

El nombrado siguió lo que éste veía y se concentró, ahí fue las vio. Unos seres espantosos bailaban como en un festejo.

—Son sus propios fantasmas —una gota de sudor resbaló por la sien del moreno, jamás se había enfrentado a tal pesadilla—. Se encuentran consumiendo sus esperanzas. Destruyendo lo último que le aferra aquí.

Una de esas sombras gritó, de un clavado entró al cuerpo del rubio y éste saltó ya no contra el moreno sino contra Minho, pero Thomas nuevamente volvió a atravesarse y alzando su Biblia quedó como escudo. El moreno siempre lo había pensado así, que su amigo tenía una luz muy especial, algo que brillaba en su interior como un guerrero y eso hacía a otros tener esperanza.

—Van por ti.

Un aguijonazo vino desde atrás de la cabeza del nombrado, algo cálido. Líquido. —No voy a correr, shank —se sacó la sangre que le escurría y colocándose firmemente de pie les mostró el dedo medio de la mano zurda y luego apretó los puños—. Seré la carnada, ¿crees que puedas hacer algo?

Antes de que Thomas pudiera decir algo, el asiático alzó una mano y cerrando los ojos comenzó a rezar en voz muy baja, inmediatamente las sombras comenzaron a retorcerse. El menor entendió lo que intentaba y se concentró en el chico del otro orfanato. Éste parecía asustado, perdido. Enojado.

—Newt —su voz fue firme—. Escucha mi voz Newt y ven a ella —abrió su libro y comenzó a recitar una oración. Las farolas que aún quedaban con algo de luz explotaron inmediatamente y todo quedó sumergido, perdido en una viciada densidad sesgada por el silbar de una respiración que soltaba diferentes sonidos impronunciables—. Newt.

El rubio se enterró las uñas contra el cabello y arrancó mechones de éste, golpeó su cabeza contra la piedra durante segundos asfixiantes pero luego todo pareció detenerse. Las sombras desaparecieron.

Silencio.

Minho cayó con una rodilla contra el piso, su rezó invisible no paraba. Su rostro concentrado se contraía con aparente dolor, las cejas se torcían y los ojos se apretaban con fuerza.

El viento sopló leve, el arrulló de los columpios lejanos meció el ambiente.

Thomas observó con cuidado a los alrededores escondidos. Su corazón latía con demasiada fuerza y algo de sudor le corría por la frente y nuca.

Una bocanada de aire, como si fuera el escupitajo del mismo infierno bramó con histeria empujando a ambos chicos lejos. Thomas pegó prontamente contra una pared, pero Micho rodó más lejos y luego cayó por unos escalones. El primero se levantó, sobre su rostro se veía una clara expresión de dolor. Él no dudó. Se irguió firme abriendo el libro que cargaba con él y siguió leyendo claro y alto.

—A ti me encomiendo ¡oh gran padre! Concédeme el poder para alejar...

El viento sopló y con un grito fuerte Newt se dobló hacia atrás en una contorción que no parecía sana, rasgó su cara con dolor y regresando ahora a encovarse hacia adelante, le miró feroz.

—... Te pido padre, ¡alejadlos de aquí! Llena el lugar de tu presencia y limpia la esencia del mal. ¡Padre os lo suplico!

Minho a duras penas se estaba levantando, le cimbraba la cabeza y aún podía escuchar un zumbar. Se apretó el lado afectado y supo que aquel golpe le había abierto una buena herida como para sangrar así. Gimió con un poco de dolor y tratando de enfocar observó el justo momento cuando el rubio se levantaba con fuerza y corría contra su amigo.

—Tho...

—¡PADRE, HUMILDELEMENTE TE PIDO TE PRESENTES!

Newt rebotó contra una pared invisible, dio de vueltas para atrás rodando al piso, pero como si no hubiera pasado a más, se levantó rasguñando el aire, reptó hacia atrás en cuatro patas, trasero al piso y luego como un sapo saltó con fuerza intentando ir nuevamente en contra del moreno. Volvió a golpear con algo, está vez más potente y él alarido no se hizo esperar mientras la intensidad de un viento proveniente de ningún lado azotó buscando detener aquellos susurros cada vez más potentes.

Pero Thomas no se intimidó, el rezó que llevaba cambió a otro idioma, con una mano sostuvo fuerte la Biblia y la otra la alzó en dirección al rubio, creó el símbolo de persignación y bramó más alto.

—¡Ad vos, Pater, ego confido! (¡A ti Padre yo te confío!)

Minho se apoyó contra la pared, las piernas fallándole y se impulsó arriba dando de pasos como pudo para acercarse. —¡Thomas! —llevando un brazo frente al rostro lo dobló en ala tapándose del viento quien se cargaba toda clase de cosas cercanas como rocas o vidrios. Intentaba hacer memoria de aquel rezo para poder ayudarle, pero el dolor que le recorría todo el cerebro no le dejaba pensar con claridad.

Newt gruñó, insultó y aulló con furia volviendo a levantarse contra el otro con un salto furioso, Minho intentó interceptarlo pero no lo logró y se fue contra el piso. Thomas, segundos después, cayó con el rubio encima.

—¡THOMAS!

Al piso intentando ver sobre el desastre visual que tenía, el asiático se concentró y comenzó un susurro muy bajo, un cántico.

—Min... —intentando quitárselo de encima, Thomas trató de llamarlo—. ¡Detente Minho...! —Pateó al rubio pero fue tarde, éste se había levantado y corrido contra el otro—. ¡DETENTE MINHO!

Aquel cantico no era cualquier cosa, era el llamado que te llevaba hacia la luz. Un rezo poderoso pero con un alto precio. Dicho constaba de guiar a bien la energía que estaba corrompiéndose, evitando así su sufrimiento eterno; pero en pago, quien efectuara el ritual entregaba su vida. Pocas veces se había implementado en la historia aquella solución por la magnitud de su precio.

Minho flaqueó un poco al sentir cómo se avecinaba aquel tormento, sin embargo siguió sin dudar. —Lo lamento —dijo mentalmente, hacia Thomas, hacia Newt. Quería cumplir al moreno su promesa de hacer un cambio en el mundo, pero... ¿Cómo podía lograrlo si no comenzaba por cumplir con esa primer alma? Lamentaba no poder hacer algo más por Newt, de verdad quería entregarle una segunda oportunidad, pero aunque fuese ésa, de llevar su alma al descanso, por lo menos lucharía en cumplir ello al costo que fuese.

Todo se detuvo y en aquel silencio, al ojo de la tormenta, Newt quedó frente a Minho observándose fijamente. Era el momento.

—No —Thomas apretó la Biblia con fuerza y con la mano libre la alzó colocándola encima de la cabeza rubia, y con una fuerte exclamación éste último salió impulsado hacia adelante desapareciendo en el acto. Todo alrededor cayó, el moreno junto con ello.

Silencio.

Impresionado Minho tenía la mirada clavada sobre quien fuese su mejor amigo, Thomas estaba al piso, sangraba por la nariz y el mismo líquido comenzaba a escurrir por los oídos.

—Thomas...

‒.‒

Minho estaba sentado sobre el banquillo, su ropa mugrienta y con sangre, él había sido quien cargase el cuerpo de su amigo y ahora, impactado como seguía, veía la Biblia fuertemente apretada entre sus manos. Ésta, algo gastada, había sido un regalo muy preciado para el otro, el mismo Papa se la había obsequiado y la cuidaba como un gran tesoro.

—¡INEPTITUD! ¡INMADUREZ! —la voz fue fuerte del otro lado de la puerta, claramente era Ethan. Al salir observó duramente al moreno y se acercó lento—. Deseo firmemente que tu imprudencia al haberlo arrastrado, por fin entienda lo que son consecuencias. Thomas es una pérdida lamentable para el mundo. Él realmente deseaba hacer un cambio a la humanidad, tú sólo eres un ególatra que no llegará a tener siquiera la mitad de tan maravillosa capacidad y entrega.

—Ethan, es suficiente —otra voz, más profunda, le hizo guardar silencio y el mayor, con el mismo gesto de desagrado que le dirigía siempre, se marchó—. La Santa Misa comenzará en tres horas, hijo —era Dean, se le veía seriamente afectado, él no se había movido del marco de la puerta—, ve a descansar.

En mecánica éste se levantó encaminándose a lo que fuera antes su alcoba, seguía sin saber bien cómo sentirse.

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‒.‒.‒

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Frente al cuerpo, mientras se ofrecían cantos y velas se encendían en memoria para guiar el camino de aquel joven hacia la luz, Minho volvió a descender la vista al libro en sus manos. Él estaba dispuesto a dar la vida. Él y sólo él. ¿Por qué tuvo Thomas que interponerse?

Apretó los dedos contra el grueso bloque.

Lo que Thomas había hecho era redactar una poderosa oración entregando toda su energía de luz para desaparecer las sombras de aquella energía que se estaba corrompiendo. Heroico. El moreno había entregado su existencia para salvarlo.

—Shank...

—Hijo... —Dean, quien se había sentado a su lado, no lo miraba, sino veía hacia adelante donde se encontraba aquella estatua tan emblemática—, uno intenta ayudar como sabe, recuerda que para cada quien es diferente. Thomas creía en lo que hacía, eso lo convertía en un prometedor exorcista; pero ése era Thomas.

Minho, quien seguía hincado y en silencio, no oraba, pero tampoco aparentaba hacer algo más. Había pasado ya una hora desde que terminase la misa y todo lo que había hecho era llegar ahí y arrodillarse mientras meditaba en silencio. Y en silencio siguió.

Respetando ello, el mayor continuó con la mirada al frente dándole su espacio pero sin dejarlo solo. Todos tenían sus propios fantasmas y los combatían como podían. Bajó el rostro en humildad y cerrando los ojos intentó comenzar a charlar con quien fuera que estaba del otro lado. No pedía por él, pedía por su amigo y se disculpaba, día con día, por ser tan cobarde como para no poder dejarlo ir. Sabía, probablemente sería lo mejor para Castiel, pero él no... no estaba preparado para un mundo sin su presencia.

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—Alby, tráeme agua shank, muero —un susurro de voz rasposa recorrió el cuerpo del asiático, quien instintivamente había detenido su lectura y lo miraba. Hubo un silencio prolongado donde éste intentaba entender si aquello fue real o sólo producto de su imaginación, pero al verle mover los labios dejó el libro a un lado y se acercó, tomó un vaso al cual vació agua y con más paciencia de la que pudiera habérsele visto alguna vez, le ayudó a tomar aunque fuese un sorbo.

—Shank, me siento de mierda... —Newt parpadeó entre tanta luz sintiendo que le quemaba las pupilas. Gruñó, maldijo y al final abriendo y cerrando la boca pastosa volvió a intentar enfocarle. Se sintió confundido cuando frente a él hubo un rostro diferente—. ¿Qu-... —carraspeó—. ¿Quién eres?

La puerta se escuchó, y a la nada interrumpiendo la figura, apareció una nueva. Ésa sí que la conocía.

—Shank, ¡eres un slinthead! —era Alby, se le veía una sonrisa de oreja a oreja aunque su rostro parecía preocupado.

Minho, con libro en mano dio dos pasos para atrás observando, más que a Newt, su entorno; encontrando que aquellas figuras que lo rodeaban absorbiendo su energía, ya no estaban a los alrededores. Después se centró en él y la pequeña carcajada que soltaba en su charla con el otro. Algo se sintió extraño por dentro.

—¡Tienes mucha tarea en el orfanato shank, ni creas que te salvas!

En silencio, el moreno se encaminó afuera. Todo aquel tiempo había estado apoyándose en rezos iluminados alejando a las entidades demoniacas, pero ahora que todo estaba "normal" y que entendía su posición en aquel lugar, era tiempo de marchar.

—Minho, ahí o aquí podemos seguir construyendo nuestro sueño.

Sonrió breve saliendo del edificio y sacó dos papeles de aquella Biblia que fuese de Thomas. Uno era el cupo que le daba el pase para ir a presentar en la universidad de ese pueblo; el segundo, el nombre de un hombre que le esperaría en La Alta Orden de Exorcistas y con quien emprendería formalmente su iniciación.

Tiró en un bote de basura el segundo y siguió a paso apresurado mientras se apretaba el estómago. Aún andaba a tiempo para llegar.

—Shank..., ya que tienes línea directa, diles que den lonche. ¡Mierda que muero de hambre!

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Fin

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Comentarios: Me... ¿au? Me tomó meses asimilar aceptar la muerte de Thomas, lo admito. Bien, reto terminado.

¡Cleoru Misumi, muchas gracias por leer y tener paciencia!

Ni hablar, gracias por su atención. Me despido y cualquier cosa manden un mail o facilítense la vida y dejen un review.

Fin de la transmisión.