¡Buenas, lectores! Soy Zword y les mando un saludo muy grande. Gracias por sus comentarios :3 Veo una cara nueva y caras conocidas:
"GreenTunic" me alegra que vinieras a leer esto y espero que te parezca interesante xD y si, :v ¡Vamos, nipones! ¡No les cuesta nada hacer deslizamiento de escudo como deporte oficial!
"Falcon" Mi buen valedor. Me alegra que te este agradando por ahora. Espero y siga así uwu
"frank74" Woah! Hace mucho que no te veo por acá. No te preocupes por lo del fic de smash xD y no lo leas, quedo muy mal. Es posible que me haga el remake y quite algunos personajes de personas que no me mandaron una información basta de sus OC, que parecían de puro adorno en la historia, pero Tara era consentida así que xD ella se queda si o si.

Muy bien, ahora que les he respondido un poquito :3 ¡vayamos al fic!


Capítulo II: Propuesta tentadora –Parte 1: El campeón soberano–

Faith se quedó viendo como el joven de cabello dorado se marchaba. Una ola de calor inundó sus mejillas, sacudiendo la cabeza para evitar pensar tonterías. Selmie notó como la joven se quedó observando su partida por varios segundos, con una expresión tranquila y seria, pero con un poco de brillo sobre los ojos.

– Faith… – Le llamó Selmie unas cuantas veces – Oye… ¿A caso…?

Su pequeña insinuación hizo salir de sus pensamientos a Faith – ¡No comiences! – Comentó con un enorme sonrojo en el rostro – Es sólo que me pareció muy familiar al tal Link.

Los soldados observaron curiosamente a la joven. Le miraron extrañados y como si hubiera dicho algo incorrecto.

– ¿Qué miran? – preguntó atrevidamente con las manos sobre la cintura.

Estos, a escuchar el tono amenazante, retrocedieron y desviaron la mirada a otro lado, haciendo como si en primera nunca le hubieran puesto los ojos encima. Sin embargo uno de ellos no lo hizo, pero era incierto si la observaba o no. El caballero de la guardia, que las había traído desde Hebra, ahora venía acompañado por otro con un traje especial. Este también era de la guardia, pero vestía el traje de gala.

El joven tenía la cabellera en un tono rojizo, bastante peculiar. Sus ojos eran dorados y tenía facciones un poco sureñas, dicho esto por el tono moreno claro de su piel. Parecía como hijo de una Gerudo, o eso pensó Faith al verle. Era un poco más alto que el joven rubio y tenía una musculatura envidiable, fácil de ver incluso a través de la robusta tela.

Su tono de voz la sacó de sus pensamientos. Era un poco grave, pero atractiva. Quizá el muchacho tenía unos veinte.

– Creo que mis compañeros no están acostumbrados a llamar de manera tan… –El joven hizo una pausa tomándose la barbilla a manera de cuestión – informal a nuestro rey – Comentó el joven con una amable sonrisa.

Faith iba a replicar, pero sólo le bastaron dos segundos para analizar sus palabras "nuestro rey" Aquellas resonaron en su cabeza una y otra vez. Pronto comenzó a ruborizarse de las mejillas, como si hubiera dicho algo malo, algo… estúpido. Estaba segura de que los soldados ahí, incluso ese joven, ahora pensaban que era una simple campesina en fachas de princesa, o bueno, ahora en puros harapos.

– Vaya, realmente está un poco lastimada, mi lady. ¿No creen que deberían ayudarme a llevar a las damas al castillo? –Preguntó el muchacho con una sonrisa. Los demás acataron sus órdenes. Sin embargo este se tomó la libertad de poner a Faith entre sus brazos con tal caballerosidad que ruborizó las mejillas de esta.

Los otros soldados se encargaron de llevar a los ladrones que estaban en el suelo, y el otro joven de la guardia escoltó a Selmie. Ambos iban detrás de Faith y el peli-rojo.

Llegaron al castillo más pronto de lo que se imaginaban. La reina Zelda estaba ansiosa por ver a Selmie, y por ello se adelantó. Faith iba a encontrarse con un médico para que le revisara el oído derecho, el cual tenía ensangrentado.

Cerraron la herida con algunos puntos. La muchacha no hizo ninguna mueca de dolor. Sólo estaba ahí, tan serena como el viento del verano. Eso le sorprendió bastante al moreno. Sonrió un poco ante la cara seria de la joven. Cuando el médico terminó, dejó a solas al muchacho y a la jovencita.

El silencio reinó por algunos segundos. Ninguno se atrevía a mencionar palabra. No fue hasta que este rompió el silencio, pronunciándose al aclarar su garganta. Faith le prestó toda su atención.

– Señorita, si se siente mejor podemos llevarla a su habitación o con mi ma… es decir, la modista de la familia real, para que remplace su vestimenta.

Faith le observó detalladamente. Parecía avergonzado y bueno, aunque tenía eso puesto, la camisa del rubio, seguía un poco expuesta. El mismo doctor se le había quedado viendo de manera extraña, como si verla en un vestido destrozado fuera lo más excéntrico del mundo, y la verdad que tenía sus razones.

– No, está bien – Comentó la joven un poco pensativa. Sentía bastante molestia por ese altercado. La reina le había mandado ese hermoso vestido. Había causado bastantes molestias ese día.

– Insisto – El joven le tomó de una mano, pero ella se zafó de inmediato.

Se miraron unos instantes antes de que el joven se resignara a la decisión de Faith. Suspiró profundo y sonrío ampliamente.

– De acuerdo. Disculpe las molestias – Dijo el peli rojo frente a ella – Igualmente la reina me seleccionó para darles una buena bienvenida, aunque eso ha fallado ya… – Faith sintió empatía ante la vergüenza del joven guardia real.

Al verle tan apenado tomó la palabra, continuando con la conversación – Ya, no pasa nada – Comentó la joven entre sonrisas divertidas – Creo que nadie esperaba eso. Siendo sincera, apenas me di cuenta.

– Aun así… – Antes de poder seguir su charla alguien entró al cuarto médico donde estos dos se encontraban.

Un escalofrió recorrió la espalda de la joven. Y el otro muchacho se inclinó sobre el suelo.

– ¡Hylia! – Comentó esta con un tono de enfado – ¿Ya atraparon a los responsables? – Preguntó aquella voz femenina con una mueca sobre los labios, esperando respuesta inmediata del joven, que así fue.

– Sí, Su Majestad – Respondió el joven apenado. La mujer relajó el gesto al observarle avergonzado y suspiró hondo.

–Ah… bueno, menos mal que esos tipejos ya fueron apresados. Les espera un buen castigo. – decía esta con los brazos sobre la cintura.

Faith se dio media vuelta encontrándose con una hermosa mujer de cabello largo y rubio, un par de ojos verdes, más una figura excepcional en un hermoso vestido… bueno, eso esperaba ella pero en realidad la reina Zelda llevaba consigo un conjunto diferente de lo que se ve común en la realeza femenina, más hablando de la reina.

Zelda se acercó hasta la joven y revisó su oreja lastimada. Hizo una pequeña mueca al verle, como si con sólo observar la cortada y las puntadas le generara dolor. Pero no sólo tuvo aquella reacción, también parecía sorprendida al ver que no hacia ni un gesto al tocarla. Faith ni se inmutaba, aunque si parecía bastante sorprendida.

– Jovencita Faith, he escuchado mucho de usted – Comentó Zelda con una sonrisa alegre.

Por la puerta entraron una niña pequeña y un hombre. Eso escuchó Faith pues había agachado la mirada ante la prescencia de la hermosa rubia. Poco a poco fue alzando la frente hasta toparse con el susodicho y la pequeña

Un hombre tomaba de la mano a su hija, una niña de rostro alegre, ojos azules y cabello rubio largo y bastante desordenado. Tenía como unos diez años, calculaba Faith.

El hombre era rubio y de cabello corto, de ojos azules y rebasaba con creces a su esposa. Un hombre casi irreconocible, vestido con una ropa similar a la de su esposa. Ya no tenía aquella túnica que usó durante su empresa para detener al Cataclismo, Ganon.

Luego de este entró Selmie, acompañada por un caballero que la escoltaba.

– ¿Quién es…? ¿Qué le pasó a la oreja? – Preguntó la niña viendo directamente a Faith.

Esta última pensó que la niña se parecía mucho a su padre, y tan sólo a su madre observando sus amplias cejas.

– Es una dama que vino con la señorita Selmie – Comentó el hyliano con un tono calmado y poco firme – Y alguien le lastimó.

La niña se acercó hasta Faith y tocó con delicadeza la oreja de la joven. El rubio parecía un poco asustado del acto de su monstruito e intento detenerla, pero al ver que Faith sólo lo observaba a él, no pudo evitar quedarse tan quieto como su acechadora.

La reina sonrió ampliamente y miro cómplice a Selmie. Asintieron y luego le hizo un gesto al caballero, trayendo hasta la reina unas prendas encima.

– Su nombre es Faith Halley, y es una gran admiradora del joven campeón – Zelda miró a los ojos a Link y este le devolvió la mirada muy sorprendido.

Faith se levantó muy apenada al encontrarse cara a cara con el mismo hombre al que había estimado desde hacía diez años, cuando lo vio enfrentarse a la bestia que se conocía en ese entonces como "Ganon, El Cataclismo" La desgracia de Hyrule y todo ser vivo que habitase en él.

– Hay mucho que deben conversar – Comentó la reina a su marido que salió finalmente del trance – Pero primero permítele cambiarse de ropa.

La joven se tapó con una sábana que tenía al lado de la camilla donde la habían atendido. Miró a otro lado con un rostro avergonzado y pensando aún en la maldita suerte que había tenido. Quería estrangular a esos idiotas por haberle arruinado el vestido y ahora generar una impresión mala al rey, o es lo que ella creía.

Todos salieron de la habitación, a excepción de Selmie. Antes de salir Edward le observó a la joven con curiosidad "¿qué tendría ella que hablar con él rey?" Sabía que no era una persona normal. Una joven tan hermosa y que además parecía importante. Se sintió como un idiota al haberla tratado con tan poca formalidad. No había entendido nada de nada, sólo siguió a la reina.

Selmie se había dado la libertad de quedarse para ayudarle a Faith a ordenar su cabellera que había quedado en un estado deplorable a comparación con lo bien vestida que había llegado al reino.

La rubia tomó un cepillo y lo deslizo suavemente por la castaña cabellera de Faith, quien se quejó de uno o dos jaloncitos que sin querer le generaron el cepillado.

– Seguro creyó que era una salvaje – Comentó Faith después de unos segundos de largo silencio. Selmie sabía que en cuanto estuvieran solas le confesaría sus preocupaciones.

– Nada de eso. Si tú supieras el pasado de Su Majestad – Selmie echó a reír divertidamente, observado los pucheros y los gestos de la castaña – Dudo mucho que Link piense algo tan superficial como eso. Yo diría que estaba sorprendido al saber cómo actuaste.

– ¿Qué? ¿De qué hablas? – Preguntó la joven desconcertada. Ella no había visto al campeón por ninguna parte.

– Los rumores corren rápido en la ciudadela de Hyrule – Respondió ella con una sonrisa nerviosa, sabía que eso no le haría gracia a la castaña.

– ¡¿Qué?! – Se levantó rápido de la camilla provocando jalarse el cabello al seguir siendo cepillado por Selmie.

Esta comenzó a reírse divertida. Faith sólo le miraba avergonzada y a la vez hacia la puerta de la misma forma. Una vez se vistió, la deslizante salió de la habitación y en su lugar entró Link. Ahora ella estaba vestida con un conjunto que la princesa le había traído. Un tipo de túnica azul femenina, un pantaloncillo ajustado color café, y unas botillas con cinturón.

Se miraron unos segundos, luego Link se sentó en una cama contigua a la que Faith estaba sentada. Ella trago saliva y Link aclaró su garganta.

– Señorita Faith – le llamó Link lo más sereno posible, esta se inmutó de inmediato.

– ¿Sí, Su Majestad? – Cuestionó expectante de lo que fuese a decirle.

– ¿Es cierto lo que dijo Zel…? ¡Es decir! – Se sonrojo al instante. Ya estaba acostumbrado a llamar a su esposa por su nombre, pero frente a otros debía llamarle como se debe – ¿La reina…?

La castaña asintió sin dilación alguna impactando al muchacho de sobremanera.

– ¿Cómo supiste que yo…? Quiero decir, nadie en el reino lo sabe, y pocos creen en la leyenda. Además me temo que Selmie no tiene conocimiento de mi identidad. No completamente ¿Cómo es que tú sabes? – Cuestionó el hombre con curiosidad. Faith quedo de piedra "¿nadie sabe, dijo?"

– Yo… bueno – los nervios comenzaban a comerla, pero agitó la cabeza fuertemente a los lados – Cuando era pequeña, mi padre y yo íbamos a buscar cachivaches cerca de Hyrule central, pero un día, en el que se me había concedido un capricho, el cielo comenzó a tornarse rojo y las nubes se movieron a una velocidad inverosímil. De pronto una nube roja, violeta y negra se arremolino cerca de nosotros y corrimos fuera del peligro, o eso creímos, pues quedamos encerrados en un domo extraño. Entonces apareció Ganon, un monstruo de proporciones descomunales, según recuerdo dijo mi padre, bastante horrorizado.

El hombre escuchaba atentamente las palabras de la castaña, estaba impactado, ni siquiera se había percatado de la presencia de dos personas cerca de la batalla, había sido un enorme descuido. Faith continuó:

– Mi padre intentaba salir pero yo me quede observando a la lejanía como una luz caía del cielo, como una gota de lluvia, y luego apareció una figura. A su lado también se encontró un caballo al que montó apresurado y del cielo calló posteriormente otra luz dorada, ¿qué era? – Faith interrumpió el relato con aquella pregunta, una que la había carcomido muchas veces cuando soñaba ese momento otra vez.

Link contestó – Era… el arco de luz – dijo con un hilo de voz.

– Luego vi como la bestia cayó ante el héroe, y la diosa se presentó ahí mismo. Fue cuando mi padre por fin dejó de luchar y le rezo a Hylia para que viviéramos. La diosa y el héroe vencieron a la bestia, y luego mi padre me tomó en brazos y fuimos a contarlo a los ranchos cercanos que no nos creyeron en nada. Creó que el resto ya se lo sabe.

– Es increíble, no puedo creer que en ese momento haya estado alguien más aparte de la princesa y yo… – Faith observó a Link con una cara anhelante. Había recordado ese momento al instante y no podía dejar de observar a la leyenda frente a sus ojos – Dime… ¿crees en la leyenda de los cien años?

Faith alzó los hombros, realmente era difícil creer que alguien como ese hombre frente a él tuviese más de cien años. Siempre escuchaba en la región zora maldecir a quien ahora estaba frente a ella cada vez que les preguntaba por la leyenda. Y las Gerudo, cuando fue a la ciudadela, también le contaban historias parecidas que se habían transmitido gracias a una matriarca que había fallecido poco después de la visita de Faith.

– Parece muy joven para tener cien años – Dijo ella con una sonrisa escéptica.

– Muy bien. – Link se levantó del asiento como si nada y luego le ofreció levantarse – Sólo quisiera que mantuvieras el secreto sobre quien soy en realidad. Aunque no creas que… – El rubio se dio la media vuelta – he vivido más de cien años – el tono de su voz parecía decepcionado, pero Faith no logró percatarse de aquello. – Más que nada porque no mucha gente cree en la leyenda.

– Entiendo – Comentó Faith bajando la mirada. Sentía que por darle el beneficio de la duda se había molestado con ella, aunque no era así.

– Descendiente o no, yo fui quien sacó la espada del pedestal y se enfrentó a Ganon hace diez años. – El ojiazul volteó clavando la mirada en la muchacha, y sonrío con picardía – Actualmente nadie sabe mucho de ese pasado, por ello la gente cree que sólo soy un noble que cortejó a su Alteza, aunque no sea así. Que este sea un secreto ¿de acuerdo? – El joven rey postro el dedo índice de la mano derecho sobre los labios y Faith asintió con la cara llena de rojo.

– "Perdóneme, mi reina, pero su esposo es sumamente atractivo" – Pensó la joven al ruborizarse por los gestos de Link – Me parece bien – Dijo la castaña con una sonrisa satisfecha.

Marchaban ya fuera del cuarto, aunque el hyliano se detuvo a centímetros de la puerta. – Espero que algún día sigas con toda tu voluntad tu sueño – Le dijo el rubio sin mirarle – Ser caballero requiere de una enorme disciplina, no basta solo con tener una gran cantidad de…

– Lo sé… sé que necesito más que una enorme cantidad de fuerza. Se necesita habilidad y disciplina constante. Gracias por el consejo, Su Majestad.

El hombre le dedicó una sonrisa satisfecha. La jovencita tenía madera, quizá hasta ella llegase a convertirse en campeona.

Salieron del cuarto, Link seguido por Faith, mientras las mujeres, e incluso el joven pelirrojo, esperaban afuera expectantes.

– Hay futuro, sólo falta pulir bien ese diamante – Dijo Link dirigiendo la mirada a Selmie, esta quedó sorprendida.

Zelda también sonrío al ver como su marido salía satisfecho. Seguramente había sido una larga charla sobre deslizamiento de escudos y trucos. O quizá se había equivocado, aunque ella no pensaba en esa posibilidad.

La reina se despidió de Selmie y de Faith, debido a que se les necesitaba, tanto a ella como a su esposo, en los preparativos de esa noche, donde habría un baile temático del aniversario. Y claro, posterior a este el festival de selección de los demás campeones de otras regiones exceptuando a Hyrule.

Antes de anunciar su marcha la reina le encargó a Edward que les señalara las habitaciones, y este claramente lo hizo. Una vez se dio la orden, los miembros de la familia real se retiraron. La niña se despidió de Selmie y de Faith, sobre todo mirando intrigada a esta última.

Edward, tal como se le fue encomendado, guió por el lujoso castillo a ambas damas. Les mostró lo que sería su estadía por aquella pequeña semana. La biblioteca, el comedor real, hasta superficialmente los lugares del castillo para descansar, como kioscos y jardines. Y finalmente se dirigieron hasta las habitaciones.

Faith siempre había deseado explorar el castillo de Hyrule cuando aún estaba hecho un verdadero lio, pero jamás había tenido la oportunidad, ni la tuvo. Más no importaba ya. El presente era mejor, y no sólo para ella, sino también para mucha más gente que en los tiempos del cataclismo había corrido sólo con suerte si vivía un día más.

Una vez llegaron a sus respectivas habitaciones tendrían el resto del día libre. Selmie aprovecharía para ir de compras, buscando escudos nuevos y puliendo alguno que traía en su maleta. Faith, por otra parte, tenía algo, o más bien, a alguien en mente.

– Disculpa… ¿hay algún lugar donde pueda lavar esto? – Cuestionó la joven a Edward, alzando la camisa que el rubio del callejón le había prestado. Este hacía guardia para ella, misma asignada por la reina a petición de Selmie.

– Oh… – Edward la tomó entre sus manos. Era una camisa de hombre, y ahora que recordaba, la misma que tenía cuando aparecieron y ella estaba sola – Podemos mandar a que la laven ahora. ¿De quién es? – Preguntó un poco inquieto y algo sonrojado.

– De un muchacho llamado Kain Highwind, ¿lo conoces? – El pelirrojo abrió bien los parpados – El me ayudo en el callejón, aunque podía haber pateado sola a esos imbéciles. Parecía un noble, hasta me dio la impresión de que era hijo de Su Majestad, Link. Se parecen mucho, aunque tiene un rostro más tosco y una mirada más amenazante, y es más alto. Aunque ahora que lo pienso, sería imposible que fuese el hijo de Su Majestad, ambos son muy jóvenes.

Edward seguía sin palabras, pero muy inmerso en sus pensamientos – "Me preguntó cuándo va a hacer la prueba para caballero…" – Sacudió ligeramente la cabeza y tomó la camisa del rubio en sus manos – Le conozco… un poco. Es hijo de la cocinera real, así que a veces lo vemos por aquí.

– Oh… y-ya veo – Respondió la joven ¿nerviosamente? ¿Desde cuándo ella se ponía nerviosa? – Aunque podría llevarla a que la laven, me gustaría encargarme de ello personalmente.

– De acuerdo – Mencionó el joven – Igual tendremos que ir al cuarto de lavado, para que puedan prestarte algunas cosas. Y después podría ayudarte a buscar a Highwind.

– Muchas gracias por su amabilidad, Sir Edward. Quizá abuse un poco preguntando, pero ¿cree usted que haya una posibilidad de que me acepten cómo caballero en mí efímera estancia?

Edward esbozó una sonrisa, y luego acaricio por autor reflejo la corta cabellera de la castaña – Claro que sí. – Faith se limitó a observarle un tanto desconcertada por su acto, pero le dio poca importancia.

No sabía por qué, pero esa muchachita le parecía bastante atractiva, no sólo en el sentido estético. Solo verla le daban ganas de tenerla cerca y protegerle, cosa que no había sentido con nadie más en la vida. ¿A caso se había enamorado a primera vista…? O ¿era algo más?

El caballero comenzó a indicarle el camino, y esta le siguió de cerca, aunque paró la marcha unos momentos después, dirigiendo la mirada a la joven, y le dijo:

– Oh, y una cosa más, mi lady, no es necesario el Sir, con Edward basta – Esbozó una pequeña sonrisa traviesa y esta le devolvió el gesto un poco apenada.

En ese momento se dio cuenta que era posible que terminara dándole esas cincuenta rupias a Selmie "Apuesto cincuenta rupias a que te enamoras de un joven en la ciudadela" Maldecía su suerte, mientras esas palabras hacían eco en sus pensamientos.

Pasaron unos segundos para que llegasen al cuarto de lavado. Sin embargo al llegar Faith se encontró con una sorpresa: Tecnología ancestral.

Edward sabía perfectamente cómo usar cada uno de los artefactos, así que le ayudaría en conjunto con todos los sirvientes que atendían esa área del castillo. Con solo verlos entrar, los presentes sonrieron ampliamente.

– ¡Diosas! – Pronunció una señora de una edad avanzada, mirando y tentando a Faith como si estuviera viendo un recuerdo – Se ve igual a la niña Zelda, bueno, casi – Dijo con una voz casi cortada de la emoción.

La ropa de la castaña se trataba de nada más y nada menos que las ropas de viaje de la princesa Zelda, cuando aún era princesa y viajaba en compañía de Link para restaurar el reino después del cataclismo.

– ¡¿E-En absoluto?! La reina es una mujer hermosa y… – Faith bajo la mirada con algo de vergüenza. Sabía de primera mano que la princesa era una mujer increíblemente hermosa y el que se le comparase con ella era un enorme privilegio.

– Cuando la princesa viajaba alrededor de Hyrule, usaba la ropa que traes puesta. Supongo que la vio cómoda para ti y ella ya no le da un buen uso – Anuncio Edward con una amplia sonrisa.

Faith quedó hecha piedra. Lo que usaba y le quedaba como anillo al dedo pertenecía a la reina. Todo ese buen trato le estaba carcomiendo, y seguro era culpa de Selmie, por ser buena amiga de la reina Zelda.

Las mucamas y sirvientes comenzaron a cuchichear de ambos muchachos, burlándose además de la forma en la que el joven parecía tratarla. Faith tomó lo necesario para lavar a mano saliendo algo despavorida de ahí. Edward le siguió de cerca con algunas sonrisas divertidas.

Llegaron a los lavaderos, los que se usaban antiguamente para limpiar la ropa y que ya casi nadie usaba. Gracioso porque eran los únicos en quedar en pie tras el cataclismo, o eso se rumoreaba.

Con una cubeta, una pila pequeña y jabón, comenzó su tarea. Colocó la camisa en agua dentro de la cubeta y la dejó remojarse unos minutos. Luego añadió jabón, frotándolo en la camisa y después frotando esta con la pila. Las manchas de sangre se iban rápido, y que bueno que la sangre estaba fresca, si no sería más difícil quitar las manchas. Cuando ya estaba lista enjuagó la camisa, quitando bien el jabón de esta. Recogió todo y luego pasó a tenderla afuera, en un pequeño patio que estaba unido al cuarto de lavado moderno y antiguo, además ahí había diversos tendales para la ropa, y también alguna que otra prenda ocupando algunos espacios.

Satisfecha, la joven se dio media vuelta y observó a Edward. – Sé que no debes, pero ¿podrías enseñarme donde entrenan ustedes? Necesito ejercicio, claro, si es que me dan el permiso.

– Aún con la oreja herida, pero quieres entrenar ¿de verdad vienes con Selmie por la celebración? – Cuestionó el muchacho desconcertado, aunque la sinceridad de Faith le sorprendió al contestarle lo siguiente:

– Por supuesto que no. Mi intención de venir a Hyrule es más que celebrar el deslizamiento de escudo. Busco, claramente, entrar a ser caballero y convertirme en campeón ¿ésta mal?

La pregunta hizo reír a Edward, por el tono recio en que lo había recitado la muchacha.

Obviamente a ella no le hizo gracia – ¿Qué pretendes con burlarte de mí?

Edward aclaró la garganta y se limitó a sonreír – Hoy no podrá ser, mi lady, porque estamos en día festivo, pero puedo recomendarla. Por la forma en que dejó a esos tipos imagino que hay potencial, además el mismo rey lo dijo. Nadie podrá negarse.

Bajó la mirada y suspiró hondo – No quiero que sea a través de contactos. Quiero que sea mi esfuerzo el que hable por mí misma.

– Y eso hará – Respondió rápidamente el muchacho – No tiene por qué pensar lo contrario. Por cierto… ¿Alguien le comento que esta noche se hará un baile? Además será un baile de máscaras.

Faith negó con la cabeza y luego le dijo:

– No sabía. De todas formas quizá no asista. Ya no tengo vestido – La joven comenzó a caminar afuera del área de lavado. Aunque paró en seco, recordando las insinuaciones que los sirvientes del castillo habían hecho con "su guardia personal"

– Es posible que para ahora ya le hayan mandado otro vestido nuevo – Anunció triunfante, y aunque a ella no le gustaba la idea sabía perfectamente que era una posibilidad.

– Sería vergonzoso. Dos ostentosos vestidos para una chica de origen humilde, y todo porque su torpeza hizo que uno quedara hecho pedazos. – suspiró hondo, hasta para ella parecía ridículo.

– Quizá necesites algo de distracción. Vamos… – El muchacho se atrevió a tomarle una mano y a llevarla con delicadeza hacía algún lugar. De todas formas no podría entrenar, daba totalmente lo mismo a donde fueran.

Pasearon por algunas alas del castillo, eran simples pasillos adornados con ostentosa decoración. Metales y piedras preciosas. Algunos cuadros, estatuas, armaduras, escudos y telas, tanto de las alfombras como de las enormes cortinas.

Le explicó el significado de algunas decoraciones, a quienes pertenecían algunas habitaciones, etc. Finalmente llegaron a la parte más hermosa del castillo: los jardines traseros.

Había bancas alrededor de una pequeña fuente que era muy parecida a la de la ciudadela en épocas del cataclismo, por no decir que era la misma.

– A la princesa le gusta mucho el jardín. Es visible desde su laboratorio – Mencionó Edward con un tono amable – Si lo ve desde donde ella, se lograra apreciar el símbolo de la familia real, dibujado con las flores. El rey Link recolecto cada una de ellas y las planto andes que naciera su hija. Por eso son especiales.

Faith no esperaba menos. Es decir, el hombre no iba a requerir de un séquito de sirvientes para hacer algo así de especial. Le recordaba a su padre y por ello se atrevió a soltar una pequeña risita.

– Tiene una hermosa sonrisa, señorita Faith. Debería usarla más a menudo– Dijo el muchacho sinceramente, y de manera obvia sonrojó a la joven.

– Desde ya le digo que no me interesa. No es mi tipo – Mentía un poco. Cualquier joven capaz de rebasarle de estatura era su tipo, especialmente si parecía ser fuerte – De todas formas se hace tarde, debería ir a la habitación...

– ¡Espere! – Tomó de nuevo su mano, pero Faith se la arrebató – Disculpe, no quería ser rudo pero… ¿quiere ser mi pareja en el baile? – Cuestionó el muchacho con una ligera sonrisa.

– De acuerdo, pero sólo si puede reconocerme. Advierto que no va a lograr nada. – Dijo está sonriendo triunfante.

– No es demasiado justo. ¿Qué tal si subimos la apuesta? – Faith arqueó una ceja, pero finalmente hizo un gesto positivo ante esta – Si usted gana, le conseguiré una audiencia para que demuestre que vale la pena más que otros para convertirse en caballero – Nuevamente la castaña sonrió para sus adentros, tenía que tomar la oportunidad, no obstante… – Pero si yo gano, quiero su mano en matrimonio, ¿qué dice?

La joven se sorprendió inmediatamente. Era obvio que rechazaría aquello. De cierta forma no le molestaba la idea, pero jamás planeo casarse, al menos hasta ese momento no lo había pensado como algo a priori. Finalmente, pensando en las posibilidades terminó aceptando. Sabía que, aunque la tuviera en frente no iba a reconocerla. Ese sería trabajo de Selmie y si quería ganar había que marcharse ya hacia su habitación y preparar todo.

– Muy bien, acepto el reto… – Paró unos instantes y sonrió triunfal ante la expresión de sorpresa de él – Sólo Edward – Esta se alejó a paso veloz, dejándolo boquiabierto y bien sorprendido, de tal manera que esa chica entró más en su círculo de interés.