Como vereis he cambiado un poco la descripción del fanfic. Eso es porque el fanfic en si ha cambiado, o al menos la idea previa que tenía sobre el.
Sé lo que os había prometido, un ZoRo. Pero me ha pasado algo muy curioso con esta historia, que en principio iba a ser una serie de historias breves sobre diferentes personajes de One Piece. Ha tomado vida propia y se ha convertido en un fanfic sobre Sanji y Vivi. Cada vez que empezaba a escribir se me venían mas ideas a la cabeza, hasta que se ha formado una historia por si sola. Así que, esos capítulos que tenía preparados sobre otros personajes los subiré en otro fic. Este será sobre Sanji y Vivi, y posiblemente meta algo de LuNa mas adelante, cuando haya avanzado un poco.
Disclaimer: Oda es el creador de One Piece, y no yo.
PROMETIDOS
Habían pasado 10 años desde la última vez que Sanji y Vivi se habían visto por última vez. El cocinero por fin había cumplido su sueño y había encontrado el All Blue. La emoción embargaba todo su cuerpo tan solo con imaginarse lo que le podría contar a Zeff sobre aquel maravilloso lugar donde habitaban peces de todos los mares. Sin embargo no era hacia el Baratie a donde se dirigía el barco que había cogido en una isla del East Blue. Aquel barco de mercancías, en el que el había aceptado trabajar de cocinero para partir, ponía rumbo a Arabasta. El archiconocido Sanji Pierna Negra había decidido tomarse unas pequeñas vacaciones cuando Luffy, el rey de los piratas, había conseguido su nuevo título. Y lo tenía claro desde el primer momento. Las vacaciones serían el mejor momento para cumplir aquella promesa hecha añicos hace años al separarse. Aún recordaba felizmente la noche en que ella, cogiéndolo desprevenido, le besó.
No muy lejos de allí, una princesa con el pelo azulado, leía el periódico. Era otra costumbre que había cogido en la época que viajó con los Mugiwaras, cuando tenía que estar constantemente informada sobre su país. Desde entonces leía el periódico cada mañana, acompañado de un café con leche, antes de comenzar su jornada de trabajo. Y por ello sabía perfectamente que Luffy había, finalmente, cumplido su sueño. Se había enterado de todo mediante el periódico y desde entonces esperaba la visita de sus inestimables amigos. Tenía noticias importantes que darles.
El bajel en el que Sanji viajaba desembarcó en el puerto de Albarna. El cocinero se despidió de toda la tripulación, cogió su mochila, y puso rumbo al palacio donde estaría esperando su princesa. Si era sincero, había pensado en otras mujeres durante su viaje. Las sirenas le robaron el corazón, Violet le había hecho soñar a lo grande, y Nami y Robin siempre habían estado a su lado... Sin embargo jamás se había podido olvidar del dolor que sintió cuando hizo daño a su princesa. Y de todos los extraños y nuevos sentimientos que recorrieron su cuerpo ante el contacto de sus labios. Incluso alguna noche había vuelto a salir, esperando encontrarla sola en el barco preparada para hablar, como solían hacer ellos dos. Al llegar al palacio contempló su inmensidad. Tragó saliva antes de hablar con uno de los soldados para solicitar la presencia de Vivi. ¿Iba a cometer una estupidez? Posiblemente. No sabía si Vivi le había estado esperando, podría haber rehecho su vida. Sin embargo tenía una pequeña esperanza de que aún quisiera retomar aquella conversación. Además, el era un caballero, y era incapaz de romper una promesa.
- Princesa? - dijo el cocinero rubio al entrar al castillo, con cierto temblor en la voz.
- ¡Sanji! - respondió ella pletórica de alegría. La muchacha se abalanzó sobre el en busca de un abrazo - ¡Cuánto tiempo! Te he echado mucho de menos. ¿Donde están los demás?
- Bueno... he venido yo solo, el resto vendrán mas tarde. Yo no he podido esperar. Tenía una promesa que cumplir.- dijo guiñándole un ojo a la princesa.
- ¿Te apetece dar un paseo por el jardín?
- Por supuesto.
Cuando salieron al pasillo Sanji y Vivi pasearon de nuevo, como 10 años atrás. El panorama había cambiado mucho. Los tristes árboles que antes crecían con desgana ahora parecían querer tocar el cielo. Eran tan altos que Sanji no lograba ver su final. A los arbustos le habían crecido preciosas flores y el laberinto ahora se había convertido en una plaza de juegos para los niños de la ciudad, con la estutua en el medio. Lo único que no había cambiado era el estanque. Aunque ambos tenían mil cosas que contarse ninguno de los dos pudo hablar. En su lugar Sanji se limitó a coger a Vivi de la mano mientras paseaban. La princesa se enrojeció levemente ante aquello, pero no retiró la mano. En su lugar miró a Sanji con una sonrisa.
- No sabes como deseaba volver a verte sonreír Vivi-chan.
- ¿Cómo has llegado hasta aquí? - preguntó curiosa la princesa.
- No sabes como echaba de menos tus preguntas. - dijo Sanji. Tras esto se puso a bailar a su alrededor de la felicidad que sentía. La princesa se rió como años atrás, cuando el estaba a su lado. A pesar de que habían pasado 10 años parecían los mismos.
- Entonces, ¿Cumpliste tu sueño Sanji? ¿Existe de verdad el All Blue?
- Oh, por supuesto. Nunca lo dudé. Y lo mas interesante es que existe una enorme variedad de peces que he llegado a pescar peces totalmente nuevos que jamás hubiese conocido. Veo que tu sigues cumpliendo el tuyo. El país ha avanzado mucho.
- Si, día a día estoy trabajando duro mientras cumplo mi sueño. Por desgracia mi padre nos abandonó hace un año, dejando un vacío enorme en nuestro país.
El rubio notó un deje triste en el tono de su voz.
- Lo siento de verdad, Vivi – dijo Sanji al enterarse por primera vez de la noticia – Nefertari Cobra era un hombre admirable que dedicó toda su vida a este país.
- Lo era. - dijo ella aún con cierto dolor en el corazón.
La pareja se sentó en el bordillo del estanque. Sus pies colgaban y casi podían tocar el agua.
- Hay algo que llevo años preguntándome – dijo el rubio. - Ya sé que tienes todo el derecho del mundo a rehacer tu vida, al fin y al cabo ha sido mucho tiempo. Pero yo he estado pensando en ti todo este tiempo, Vivi-chan. En nosotros. Todas las noches, antes de acostarme, pensaba en ti, en que estarías haciendo; en si tu también, quizás, estarías pensando en mi.
- Sanji. He deseado durante estos 10 años volver a verte. No hay día en que no piense en ti y en aquel tiempo que pasamos juntos. Nunca he dejado de tener sentimientos hacia ti...
- Eso es fantástico, princesa.
- Déjame terminar Sanji, por favor. Yo nunca he dejado de pensar en aquella noche cuando cometí la mayor locura que recuerdo. Y llevo años deseando tener esta conversación contigo. Sin embargo... una princesa tiene sus deberes. - dijo ella con cierto aire de tristeza. - Al morir mi padre yo heredé el trono, sin embargo no podía tomar posesión de mis poderes a menos que estuviese casada con un hombre. Hubo muchos problemas porque el hermano de mi padre quiso arrebatarme el trono al no querer desposarme. Quise... que vinieras... pero no podía pedírtelo. Eres un alma libre y tenías que cumplir tu sueño.
La princesa empezó a sollozar. Sabía que debía tener esta conversación tarde o temprano. Y sabía que no sería fácil. Sin embargo nunca imaginó que le dolería tanto.
- ¿Quién fue? - preguntó Sanji. - ¿Quién es tu marido, Vivi-chan?
- Aún no nos hemos casado. Tan solo estamos prometidos.
- ¿Quién es?
- Decidí que lo más inteligente sería casarme con Khoza. El es un fiel amigo mio y se ofreció cuando descubrió mi problema. Además tiene mucha aceptación por parte del pueblo, tiene mucha popularidad.
- ¿Le amas? - preguntó Sanji un tanto contrariado.
Vivi tardó un rato en responder, pues tuvo que pensar un tiempo cuales eran sus sentimientos hacia Khoza. Ese momento de duda fue lo que hizo que Sanji se derrumbara. Llevaba 10 años esperando para volver a verla y decirle que la amaba y que estaba dispuesto a pasar el resto de su vida con ella. Pero estaba prometida, y además enamorada.
- Sanji, quiero que sepas que no he dejado de pensar en ti. Aún te quiero.
Aquello alivió un poco a Sanji.
- Vivi-chan. Entiendo que te encuentras en un momento muy difícil de tu vida. No quiero ser una enorme molestia. Así que, me iré, como buen caballero que soy.
- Has cambiado mucho en estos 10 años, Sanji.
- ¿Porqué dices eso?
- Antes no te hubieses rendido... El Sanji que conocí luchaba con todas sus fuerzas por mi. Y me hacía promesas a largo plazo, pero se esforzaba por cumplirlas. No voy a ser egoísta, así que no te pediré que te quedes. Pero creo que tras tanta espera no deberías rendirte.
Aquello dejó pensando a Sanji. Las palabras de Vivi eran tan ciertas que le dolían en el alma. Sin embargo el solo quería lo mejor para la princesa, verla feliz. Y puede que consiguiera ser feliz junto a Khoza.
- Princesa. Yo solo quiero que seas feliz.
- Yo soy feliz a tu lado.- dijo ella mientras acariciaba la cara del muchacho rubio.
La princesa y el cocinero se miraron a los ojos. Se sintieron como aquella noche, 10 años atrás. Los sentimientos resurgían, avivando las llamas del amor de la joven pareja. En aquel momento no importaba nada. Ni el tiempo, ni Khoza, ni siquiera el reino. En ese momento se dieron cuenta de que la espera había valido la pena y de que se amaban, tanto como la primera noche que pasaron juntos. Esta vez fue Sanji quien tomó la iniciativa. Cogió a la princesa por la barbilla, acercándose a ella. Sus finos labios, con los que tantas veces había soñado, estaban por fin a su alcance. Ella simplemente se dejó llevar entre aquella marea de sentimientos reencontrados. Su beso fue dulce y tierno, con cientos de sentimientos que habían sido reprimidos durante años. La pasión fue surgiendo a medida que se besaban, y pronto pasaron a ser desesperadas bocanadas de aire, en medio de pasionales búsquedas de labios ajenos. Se deseaban tanto el uno al otro que dolía imaginarse la separación que habían tenido que soportar. Sanji tocó su cabello, pasando sus dedos entre su fino pelo tan suave y lacio como siempre. Había echado en falta todo de ella. Sus sonrisas, su pelo, su caricias en la noche, sus ojos que brillaban, sus palabras colándose entre sus labios para decirle te quiero, sus abrazos cargados de sentimientos, su dulzura siempre tan latente, su cariño a todo y a todos. Y ella, que jamás pudo imaginarse una vida sin el, lloró por la emoción de volver a saber lo que era amar de verdad. Porque echaba de menos al pirata que la había salvado de perder la esperanza en el resurgimiento de su pueblo. Su sonrisa, siempre tan complaciente. Sus atenciones, la capacidad de mirar en su interior para sacar sin duda lo mejor de ella, su ojos azules y misteriosos, sus promesas incumplidas, esa atención a los detalles mas insignificantes, su aliento a tabaco tan adictivo, sus chaquetas elegantes, sus camisas de colores.
Sus labios no se separaron hasta que ambos necesitaron coger una buena bocanada de aire. Entonces fue cuando se dieron cuenta de que alguien los miraba desde el balcón. Khoza, con auténtico dolor y resentimiento no podía apartar de ellos la mirada.
