Disclaimer: Quiero aclararles que, como todos sabemos, los personajes, lugares y el mundo maravilloso de magos sobre los que trata mi historia no son producto alguno de mi imaginación! Harry Potter es producto de JKR.
Hola a todos/as! Cómo están? Yo feliz de subir un nuevo capítulo, y feliz de saber que algunas personas me están leyendo. Agradezco a quienes se tomaron un tiempito para dejarme un review, a quienes me han puesto en favoritos, y a los que me están siguiendo! Me causa realmente mucha emoción y les doy gracias de todo corazón!
Bueno, me despido con un saludo, y espero que el capítulo a continuación les guste! Y, si no es mucha molestia, también me gustaría saber sus opiniones! Un besito, y hasta el próximo capítulo :)
Scorpius & Lily
Capítulo 3: Nada tiene sentido.
Faltaba tan sólo una semana para que Lily Luna Potter comenzara su primer año escolar en el Colegio Hogwarts de Maga y Hechicería. Se sentía inquieta y ansiosa. Quería que los días pasaran lo más rápido posible, pero a la vez tenía los nervios de punta, especialmente por la Cena de Bienvenida, en donde sería evaluada por el Sombrero Seleccionador. Estaba bastante preocupada por ese tema, tanto, que había soñado que el Sombrero la enviaba a Slytherin, por su curiosidad con Malfoy. Igualmente, Lily en su sueño se había sentido repentinamente feliz por la elección, algo que la dejaba aún más exaltada con el correr de los días. ¿Y si sucede de verdad?, pensaba Lily, cada vez que despertaba sobresaltada.
Scorpius… Recordaba sus ojos grises, su porte recto y elegante, su andar distinguido, día tras día. No podía, ni quería, borrar de su mente la última vez que lo contempló, aquella vez que regresaban los alumnos de Hogwarts para la semana de Navidad, hacia ya ocho meses. Ocho meses sin verlo… Por supuesto, Lily había acompañado a sus padres otras veces a la estación de King's Cross en busca de sus hermanos, pero no había podido divisarlo nuevamente, y hasta llegó a creer que estaba esquivándola deliberadamente. Pero finalmente se dijo que no encontraba sentido a esa acción por parte de él, así que era inútil continuar con esa idea.
Igualmente, sus hermanos y primos continuamente tenían una historia que contar sobre Scorpius Malfoy. James y Fred, por ejemplo, estaban todo el tiempo hablando de como Malfoy se pavoneaba como lo hacía su padre por el colegio, creyéndose superior al resto, un punto de vista que Rose siempre reprochaba abiertamente, ya que lo consideraba exagerado. Según Rose, a Malfoy le importaba muy poco lo que pensaran o dijeran los demás, especialmente James Potter, y por eso demostraba siempre una actitud seria y estricta, aunque se notaba su inclinación por las creencias de la casa de las serpientes, pero tampoco era algo criticable, a su parecer. Para sus primas Roxanne y Lucy, Malfoy era insufrible en pociones, especialmente porque era el mejor de su clase y, además, tenía un nivel muy superior en relación al primer curso, y eso claramente les causaba molestia. Según Albus, Malfoy se las agarraba con ellos siempre que James se proponía molestarlo, aunque a veces el rubio daba el primer paso, pero era considerable dado que entre Malfoy y su hermano se habían declarado una guerra silenciosa.
Lily, sin embargo, no quería formar una opinión respecto al rubio, ya que le parecía algo injusto y superficial. En primer lugar, porque Scorpius Malfoy no había hecho en ningún momento nada en contra de ella (aunque hubiera peleado varias veces con su hermano mayor, la consideraba una razón injustificable dado que conocía el carácter extremista de James). Y, en segundo lugar, porque tenía la esperanza (algo que le había dado su prima Rose) de que en el fondo, tal vez si alguien se animara a acercarse a él y conocerlo, no sería tan malo, tan egocéntrico como se hacía ver, tan desinteresado por todo y todos. Sí, seguramente tendría sus propias convicciones e ideales, tal vez distintas en cierto sentido a las de los demás, pero ¿quién no las tenía? Tal vez su andar aristocrático y arrogante era un poco chocante para algunos, pero Lily era de aquellas personas que afirmaban que nadie podía ser juzgado sin ser antes escuchado y, por lo tanto, no quería opinar acerca de lo que no conocía (algo que James hacía muchísimas veces, y Lily odiaba en demasía). En fin, Lily quería dar su propia oportunidad a Scorpius Malfoy, y no creía que alguien fuera a morirse por eso, especialmente sus padres, quienes siempre hablaban de Snape y el voto de confianza que había recibido de Dumbledore. Con estas creencias había sido criada Lily Luna Potter, y las respetaría con quien fuera, inclusive el hijo de Draco Malfoy.
Ese día, Ginny llamó a sus tres hijos temprano por la mañana, ya que irían a comprar los útiles y libros que necesitaran para el comienzo de las clases, al Callejón Diagon. Lily ya se encontraba despierta para ese momento, por la emoción que implicaba hacer tal cosa, y fue la primera en bajar a desayunar. Observó por la ventana del salón principal el sol radiante que iluminaba el cielo, que le daba una claridad serena y estimulante.
-¡Es un hermoso día, mamá!-, exclamó cuando entró en la cocina. Acercándose a su madre y dándole un beso tierno en la mejilla, preguntó: -¿Y papá?
-Hoy tenía que trabajar, hay unos casos importantes que debe resolver-, le respondió su madre con tono preocupado, pero devolviéndole la sonrisa. -¿Quieres té, leche, o jugo?
-Leche está bien-, dijo Lily tomando a la vez una tostada con dulce de limón. -¿Es algo grave? ¿Otra vez hay alguna amenaza o algo por el estilo?
-No, Lily-, respondió su madre, mientras le alcanzaba un tazón. -Y si así fuera, es un asunto del Ministerio y ustedes no deben preocuparse- zanjó Ginny.
Lily observó a su hermano Albus entrar en ese momento por la puerta de la cocina, con su particular pelo color azabache (exactamente igual al de su padre) imposible de peinar, aunque ese día parecía que realmente se hubiese subido a un huracán para dar un paseo matutino. Lily, al pensar aquello, se rió mirando a Albus: -¿Te metiste en un huracán o un lavarropas?
-¿Un lava qué?-, preguntó el aludido con cara de pocos amigos, sentándose también a la mesa.
-El abuelo Arthur me explicó, es un artefacto que usan los muggles para lavar la ropa-, contó Lily riendo una vez más. -Tiene un agujero donde se coloca la ropa, y cuando se enciende el artefacto, la ropa comienza a girar y girar y girar- terminó señalando la acción del lavarropas con las manos.
-Ja, ja-, contestó Albus. -Qué ingeniosidad para hacer comparaciones.
-A mi me pareció interesante-, se escuchó la voz de James entrando también a la habitación. Acomodándose frente a su hermano lo miró con una sonrisa maliciosa. -Mi teoría es que se le metió un puercoespín en la cabeza.
-¿Por qué no paran?-, dijo este bastante malhumorado. -Que ustedes sean pulcros y estén peinados no quiere decir que puedan burlarse de los demás.
-Uh...-, James respondió al reproche de su hermano-. Parece que alguien se encuentra ofuscado hoy, ¿no te parece, Lily?
Cuando estaba por responder con algún que otro chiste, su madre los cortó definitivamente: -Ya basta, los dos.
-Es un chiste, mamá- se defendió Lily.
-No me importa-, dijo severamente. -Ya saben lo sensible que es su hermano con el tema del pelo, y más cuando los despierto temprano por la mañana.
Al terminar de decir estas palabras, Lily y James se rieron del susodicho, el cual observó a su madre con una mueca en el rostro: -Cuanta ayuda, mamá.
Ésta, restándole importancia, dijo firmemente: -Si, si. Y ahora se apuran porque nos iremos dentro de media hora con polvos flú.
-¿Dónde iremos primero?-, preguntó Lily olvidando rápidamente el tema de su hermano, y sintiéndose emocionada por las compras que estarían por realizar.
-Primero, las túnicas-, explicó su madre. -Todos necesitan nuevas, especialmente tú- le dijo mirándola. -Y James necesita una túnica de gala, para asistir al Baile de Navidad.
-¿Cuándo dije que iría?- dijo éste con cara de asco. La idea de tener que invitar a una chica a un baile, luego vestirse de gala, y por último tener que bailar con esa misma chica formalmente frente a una multitud de gente, no le parecía agradable en absoluto.
-Es obligatorio tener una, lo dice la carta-, aseguró su madre.
-Además, tal vez Bridget, si te arrastras frente a ella un poco más, se decida a hablar contigo-, agregó Albus. Ante la mención de ese nombre, James le devolvió un gesto obsceno a su hermano en el rostro.
-Yo no me arrastro.
-¡James!-, su madre lo miró enojada.
Lily ahora se unió a su hermano Albus: -Así que tienes una noviecita, eh. ¿Y tuviste que trabajar mucho en el caso?
-Ya dije que paren, todos- volvió a repetir Ginny, con voz de no querer escucharlos más por esa mañana. -Y desayunen rápido, que me gustaría regresar antes de la noche.
Se acercaba el mediodía, y la temperatura había subido notablemente. Lily caminaba junto a su madre, cargando varias bolsas. Ya habían comprado las túnicas, los libros, los calderos, y varias cosas más que enumeraban las cartas recibidas de Hogwarts. James se había quedado con Fred y su tío George en su tienda, Sortilegios Weasley; y Albus se había encontrado con Rose y Louis para tomar un helado y pasear un rato por el callejón, ya que hacía varias semanas que no se encontraba con ellos. Lily, por su parte, se había quedado con su madre, quien debía comprar unas nuevas cortinas para el salón y, de paso, ya que el local estaba cerca de Gringotts, quería saludar a su hermano Bill.
Mientras paseaban entre la gente, Lily divisó el local "Artículos de Calidad para Quidditch", y no dudó en que quería visitarlo. Ella era una gran jugadora, en cualquier puesto, y era la envidia de sus hermanos al tomar una escoba y alzar vuelo. Su familia siempre decía que había heredado la habilidad de su padre como buscadora, y la determinación de su madre a la hora de actuar en el campo de juego. Era una costumbre para los Potter-Weasley iniciar torneos de Quidditch, dado que al ser tantos podían formar varios equipos y, desde que tenía siete años, Lily era la más solicitada. Hasta sus tíos, George y Ron, se habían peleado en una ocasión a causa de que ambos querían que jugara con ellos. Así que, era evidente que, cada vez que Lily ponía un pie en el Callejón Diagon, unas de sus principales atracciones sería el local de Quidditch.
-Mamá- , tanteó Lily, -¿puedo quedarme mientras compras las cortinas un rato en el local de Quidditch?
Su madre la miró un poco indecisa. -No sé, Lily. La última vez no te quedaste a esperar que volviera.
-¡Es que tardaste más de dos horas!- le remarcó como si fuera una razón irrebatible. -Además, cuando fui a buscarte donde supuestamente debías estar, no te encontré.
-Fue una ocasión especial- le devolvió su madre.
-Fue culpa de ambas- retrucó Lily. Ginny la observó y se sonrió a sí misma. Era su viva imagen, tanto físicamente como en su personalidad. Lily tenía un carácter fuerte y decidido, en todas sus acciones era resuelta y su energía era imparable. Por eso no podía decirle que no a casi nada que le pidiera, porque sabía que aún así, lo conseguiría. Por supuesto, conocía a su hija como la palma de su mano, ya que era prácticamente el calco de ella misma.
-Sólo tardaré media hora, ¿está bien?- le dijo Ginny posando un beso en la frente de su hija, la cual la observó con una expresión irónica en el rostro.
-Sí, media hora, y contando- le gritó a su madre cuando esta se alejaba de la puerta del local de Quidditch e iba en la dirección opuesta.
Con una sonrisa en el rostro, Lily entró en su mundo. Siempre que visitaba aquel lugar, sentía que estaba en uno de los sitios que más apreciaba. El olor a palo de escoba inundaba todo de lado a lado, y la adrenalina del Quidditch parecía hacer vibrar a cualquiera que estuviera allí. Caminó entre las estanterías observando las escobas último modelo, y se detuvo en la "Tornado Imperial". Era una de las escobas más asombrosas que había visto en su vida, más aún que la tan reconocida Saeta de Fuego. Decían que esa escoba llegaba a alcanzar tal velocidad, que podría provocar que aquel que la monte no pudiera ver el camino que recorría. Obviamente, esa no era una opción recomendable, pero mostraba lo imponente que podía llegar a ser.
Al detenerse a leer las características de la escoba, Lily escuchó sorpresivamente la voz de un chico, que reconoció al instante por su forma de arrastrar las palabras. Scorpius... Su voz era grave, pero no perdía esa elegancia tan propia de él. Tal suavidad le provocaba a Lily escalofríos. Sintió como él se acercaba por detrás, diciendo a su madre que vería la nueva escoba de la que todos hablaban. No sabiendo que hacer, si moverse, o girar, o simplemente quedarse allí haciendo como si nada pasara, Lily tuvo la sensación de que alguien la estaba observando fijamente, desde atrás y, prestando más atención, aguzando el oído, se dispuso a escuchar los pasos de Scorpius acercándose a ella, pero nunca los oyó. Finalmente, tomando valor, uno que siendo sincera con ella misma, no sentía, y sabiendo que su rostro debía opacar el color de su cabello, llenó de aire sus pulmones y se volteó rápidamente, para no perder de vista la reacción de Scorpius.
Allí estaba él, simplemente estático, observándola. Lily quiso sonreír, pero sólo pudo formar una mueca un tanto nerviosa. Exhaló todo el aire que había retenido. Malfoy la estaba mirando como si no pudiera creer lo que veía, y Lily sintió una punzada de felicidad al no notar odio o repugnancia en su mirada. En vez de eso, se percató de que la estaba analizando, recorriéndola con aquellos ojos. Ojos de color gris…
Aún así, como siempre, su rostro mostraba una imperturbabilidad que no permitía ver más allá, así que Lily se adelantó un paso antes de que aquella situación (que, en realidad, se sentía como el sueño más real) llegara a su fin, y sólo hizo lo único que se le ocurrió a su cerebro: extender la mano.
-Soy Lily-, dijo con una firmeza en su voz que no era la que verdaderamente sentía. -Lily… Potter.
Diciendo su apellido bastante insegura, pero aún así sin acobardarse, esperó una acción a modo de respuesta por parte de Scorpius. Éste sólo miró su mano, con una expresión de sospecha y confusión. Parecía no poder decidirse, entre levantar su mano y estrechar la que Lily le ofrecía, o girar sobre sus talones y alejarse lo más rápidamente posible de ella. Asombrosamente, vio como el brazo del rubio se movía disimuladamente, como sopesando sus opciones, y Lily se animó una vez más a incentivarlo a actuar: -Y… ¿Y tú eres?-, dijo acercándose un paso, decididamente.
Lily notó que Scorpius estaba aún más extrañado (si eso era posible) por lo que estaba ocurriendo, pero inseguramente movía su mano hacia ella. No podía creerlo, faltaban segundos sólo para que ambos se encontraran en aquel saludo, cuando una voz (que Lily supuso que era la de la madre de Scorpius), los interrumpió.
-¡Scorp, es hora de irnos! ¡Hoy cenamos en casa de tus abuelos!
Al escuchar el llamado de su madre, el Malfoy pareció despertar de aquel trance infinito que lo poseía, y retrayendo la mano, un tanto pasmado, observó una vez más el rostro de Lily, y sin ninguna expresión se alejó de allí lo más velozmente que pudo. La pelirroja lo observó marcharse, notó su espalda más rígida que las otras veces que lo había visto, y sintiendo una pequeña punzada en su corazón, se quedó allí parada, observando como Scorpius decía algo a su madre, y luego se encaminaban fuera del local.
Segundos más tarde, era la madre de Lily la que entraba por el mismo espacio. La encontró al lado de la escoba Tornado Imperial, con una mirada perdida y, se podría decir, un poco entristecida. Le preguntó si estaba bien, si se sentía enferma o tenía algún dolor, a lo que Lily respondió en un murmullo que no. En realidad, no podía alejar su mente de la presentación frustrada con Scorpius Malfoy, y no podía tampoco reprimir el dolor que sentía en su cuerpo. Sólo se fue… ¿Por qué? Se preguntó Lily, durante todo el trayecto a su casa. Estaba segura que iba a tomar mi mano.
Pero, aunque repitiera una y otra vez el hecho en su memoria, no encontraba el punto donde podría entenderlo. ¿Se habría arrepentido? ¿La odiaría por ser hermana de James?
No, no podía odiarla, porque entonces, en primer lugar, no se habría quedado analizándola, y menos habría (casi) respondido a su saludo, sino que se habría marchado de allí en el preciso instante en que ella giró para presentarse. Lily daba vueltas al asunto, pero no terminaba de entender ninguna de las reacciones que Scorpius Malfoy había tenido ese día. No podía imaginar siquiera qué habría pasado por la mente del rubio, qué habría pensando al verla extender su mano, como si él no fuera un Malfoy, y ella no fuera una Potter, hermana de uno de sus principales enemigos. ¿Tiene sentido que me haya observado detenidamente, luego casi me responda el saludo… para finalmente irse así como así?
No, pensó Lily, un tanto aturdida y perdida en sus emociones, nada tiene sentido…
