Capítulo 2. Reencuentro.

P.O.V Ciel Phantomhive

Me encontraba en un lugar desolado, no había nada a mi alrededor, solo una inmensa oscuridad que me rodeaba, emprendí mi camino buscando una salida.

—Ciel… —Escuche que me llamaba una sutil voz, pero no había nada ni nadie a los alrededores.

—Ciel, llegó el momento que despiertes. —Me giré sobre mis pasos encontrándome con la persona que me llamaba.

Una hermosa mujer de cabellos castaños, piel blanca, ojos zafiro, y un hermoso vestido blanco, parecía un majestuoso ángel, entonces recordé todo, mi familia y yo fuimos asesinados por aquel vampiro, miré a la mujer con más atención, ella me sonreía con nostalgia, de sus mejillas rodaban algunas lágrimas, sentí la sensación de consolarla, pero no lo hice, no me atreví a moverme de mi lugar.

—¿Eres un ángel? —Cuestioné con ingenuidad, ella se me acercó, y me abrazó, me quedé atónito, sin embargo, aquel contacto era tan cálido y acogedor que sentí la necesidad de quedarme en ese abrazo para siempre.

—Debes regresar… él te necesita… solo tú puedes sanar su corazón…

—¿Quién? —Cuestione confundido, no entendía a lo que se refería.

—Debes despertar ya…

Ella se apartó de mí, dándome cuenta de que sus ropas estaban manchadas de sangre, de su cuello se vislumbraba una herida en donde se escurrían hilos de sangre, me asusté al verla así que no pude articular palabra alguna.

—Aún no es tiempo para que estés aquí, regresa mi niño… —Ella comenzó a alejarse e instintivamente corrí para alcanzarla, pero no avanzaba, la mujer sonrió para luego desvanecerse.

—¡Espera! —Grite sollozando y una luz cegadora me cubrió.

Abrí los ojos encontrándome con la realidad, sentí dolorosamente como el aire entraba a mis pulmones bruscamente, mi corazón comenzó a bombear con fuerza, me incorporé sentándome, me toque mis mejillas que estaban húmedas, estaba llorando, me coloque de pie, dándome cuenta de que ya no tenía ninguna herida, mi brazo y mi muñeca las podía mover sin problemas, mire hacia arriba, aquel vampiro ya no estaba,

—¿Cuánto tiempo me mantuve muerto?,—Me pregunté mentalmente notando que el cielo se aclaraba con sutiles tonos naranjas, pronto amanecería, debía buscar un lugar para refugiarme porque sabía en lo que me había convertido y no debía darme el lujo de morir otra vez, no, hasta realizar mi venganza.

Narrador omnisciente

Época Actual.

"Después de tanto tiempo de incógnito, el joven empresario Ciel Phantomhive ha dado la cara en un evento que se llevó a cabo en un famoso hotel, acompañado de su más grande socio… Varios empresarios y gente famosa se dieron cita en esta cena de gala en dónde… "

Menciona una joven locutora de noticias en la televisión, del cual era visto por un joven azabache que esbozaba una enorme sonrisa al ver las imágenes en donde aparecía aquel empresario.

—¿Qué tanto ves en la televisión? —Mencionaba una joven pelirroja que restregaba su cuerpo semidesnudo al joven vampiro.

Sebastián no le contesta seguía atento a lo que la locutora decía, ella hace un leve puchero y le quita la camisa que ya estaba desabotonada, le acariciaba su torso hasta llegar a sus hombros, se coloca de puntillas para alcanzar su cuello y poder morderlo, pero al intentarlo, es detenida por el vampiro que la toma de las muñecas aventándola en la cama, quedando encima de ella.

—¿Cuántas veces debo decirte que no puedes? —Le decía a Meyrin con cierto enfado.

—Tengo derecho, ¿Hasta cuándo me dejarás?. —Contesta con indignación, sin forcejear, después de todo amaba aquel ser, aparte que era medio masoquista y le encantaba que la someta de esa manera.

—Te dejare hacerlo cuando yo lo decida. —Dicho eso, clava sus colmillos sin previo aviso en el cuello de la pelirroja del cual suelta un leve gemido, mientras sus mejillas se sonrojan por aquel contacto.

En otro lado, en una mansión alejada de la ciudad, se encontraba dos seres que conversaban amenamente.

—¿No crees que fue muy prematuro darte a conocer de esa manera? Preguntaba un hombre alto, de ojos dorados, con anteojos que los acomodaba con sutileza con dos de sus dedos.

—Claude, tranquilo, todo es parte de mi plan.

—Si, pero es muy arriesgado Ciel.

—Lo sé, pero esta es la oportunidad perfecta, según la información que obtuve, ellos han despertado después de un largo sueño, así que debo aprovechar esta ocasión y usar todos los medios necesarios. —Explica el joven de ojos zafiro que sonríe con malicia, sus ojos brillaron tenuemente.

Claude suspiro con resignación, no podía llevarle la contraria, ya que una vez que Ciel se empecina con algo era difícil convencerlo de lo contrario o que entrara en razón.

—¿Acaso ya no quieres ayudarme? —Lo cuestionó con cierto temor, observando a su acompañante.

Claude, se había convertido en una de las personas más importantes en su vida, ya que él fue quien lo ayudó después de su despertar como vampiro, aunque al principio tuvo sus dudas pues él es un vampiro de sangre pura, pero no del clan de la nobleza; porque, así como los humanos tiene sus clases sociales, así lo tienen los vampiros, y en este caso la familia noble que dirige a todos los vampiros es la familia Michaelis.

—Claro que te ayudare, no dudes de ello.

—Gracias Claude, has sido un gran apoyo para mi durante tantos años. —Habló con alivio y sinceridad el ojiazul.

El tiempo que llevaban conviviendo, forjaron una gran amistad, pero, sobre todo, Ciel sentía algo más por aquel vampiro, eso lo descubrió hace unos años atrás, pero no se atrevía a confesárselo por miedo a su rechazo, aparte que estaba enfocado en su venganza hacia Sebastián Michaelis.

—Siempre tendrás mi apoyo, por favor confía en mí. —Sonrió haciendo ruborizar al joven vampiro del cual inmediatamente desvió la mirada.

—Aunque me sigue sorprendiendo tu naturaleza, cualquiera pensaría que eres una sangre pura.

—Créeme que a mí también me sorprende. —Contesta con seriedad Ciel, quien se cruzaba de brazos recordando aquel acontecimiento.

Cuando despertó como vampiro, creyó que el tiempo se había detenido en su infantil cuerpo y que siempre tendría 13 años, pero no fue así, él creció, aunque el proceso fue lento, ahora él contaba con una edad de más de cien años, pero aparentaba una de 17 años.

—Eras tan lindo cuando eras pequeño. —Dijo una voz femenina, que interrumpió aquel momentáneo silencio entre ambos.

—Hannah, ¿Cómo te fue? —Preguntó Claude colocándose de pie, Ciel dejó pasar el comentario de la mujer ya que le molestaba que le digan lo lindo que era y está amaba molestarlo, era su manera de demostrarle su cariño.

—Bien, mañana habrá una junta con varios accionistas y adivinen quien estará presente. —Ella les entrega la lista de las personas que asistirán en la junta.

—Esto es perfecto. —Sonrió complacido el ojiazul al ver en la lista el nombre de aquel ser que tanto ansiaba ver para aniquilarlo.

Mientras tanto, Sebastián había sido llamado por su padre, al ingresar a la habitación donde se encontraba, hizo una reverencia.

—Explícame porque un Phantomhive sigue con vida. —Habló con enfado e imponencia el padre de Sebastián.

—Aún no lo sé, pero ya estoy trabajando en ello. —Contestó con sublimidad hacia su padre pues le tenía un gran respeto, aunque por una parte lo odiaba por haberse casado de nuevo.

—Espero que esta vez sí puedas erradicarlos por completo, Sebastián. —Manifestó una voz filosa femenina cargada de burla en sus palabras, del cual hicieron enfadar al azabache que la fulmino con la mirada.

—Oh cariño no me veas así, recuerda que me debes de tener respeto, soy tu madre. —Sonrió jactanciosa la mujer.

—No eres mi madre y nunca lo serás, así que deja de usurpar un papel que no te corresponde, Madame Red. —Vuelve a dirigir su mirada a su padre para proseguir antes de que fuera interrumpido por aquella mujer.

—Me encargare del inconveniente, así que no se preocupe. —Hace una reverencia y sale de la habitación.

—Maldito mocoso. —Fue lo que pensó Madame Red, odiaba que Sebastián la tratara así, pero tenía que aguantar su sentir por amor a su marido.

—Vincent, ¿cuándo le exigirás que me de mi lugar? —Con molestia se expresa la mujer, ya que él nunca la defendía antes los ataques de Sebastián.

—No es momento para tonterías, aparte no pienso obligarlo a algo que no quiere, después de todo aún no ha superado la muerte de su madre… al igual que yo. —Las últimas palabras las pensó pues no quería tener inconvenientes con su actual esposa, pero a pesar de que se casó con ella, aun no podía olvidarse de su amada Rachel e ingenuamente creyó que podía hacerlo casándose con otra, pero no fue así. Aunque, si quería Angelina, pero no de la manera en que amó a la madre de Sebastián.

—¿Todo bien? —Preguntaba Meyrin a Sebastián al verlo salir de la habitación con un rostro enojado.

—Si, aunque tu madre me hace enfadar.

—Lo siento, ella es así.

—Lo sé, me alegro de que no seas como ella. —Él azabache acaricia la mejilla de la pelirroja con ternura y ella sonríe por aquella acción de parte de él, de las cuales eran raras, que, por ende, quiso aprovechar para besarlo, pero este se alejó de ella.

—Vamos que tenemos mucho que hacer.

—Eh… si…

Al día siguiente, en el edificio Tecnology Futom, empresa del cual se dedicaba a la creación de tecnología novedosa, para la sociedad, así como también, secretamente, se trabaja en la innovación de armas para la destrucción de los vampiros, esto bajo la supervisión y elaboración de Ciel que es el dueño junto con Claude.

En ese mismo edificio, en la sala de juntas varios accionistas se encontraban sentados en una gran mesa rectangular, los grandes ventanales se encontraban cubiertas por las cortinas, puesto que se rumoraba que el joven empresario Phantomhive tenía una rara enfermedad que no le permitía salir a luz del sol.

—¿Cuánto tiempo lo esperaremos?, comienzo a pensar que no vendrá. —Con un susurro Ciel le hablaba a Claude.

Claude se limitó a acomodar sus anteojos y miró su reloj de pulso, estaba a punto de contestarle al ojiazul cuando las puertas se abrieron, dando paso a Hannah que iba acompañado de la persona que faltaban en la junta.

—El Sr. Sebastián Michaelis. —Habló Hannah presentando al recién llegado a todos los presentes, Ciel sonrió de lado sin dejar de mirar al ser que tanto esperaba ver, por consecuente Sebastián se encontró con aquella mirada y esbozó una sonrisa.

—Lamento la demora, tuve algunos inconvenientes. —Explicó el azabache que tomaba asiento enfrente de Ciel, le dedicó una mirada rápida al joven Phantomhive para después mirar con cierto recelo a Claude.

La junta dio inicio sin inconvenientes y finalizó un par de horas después en donde Sebastián se acercó a saludar a Claude ya que Ciel se había apartado de este para hablar con Hannah.

—Jamás imaginé que te vería de nuevo, Claude.

—Hola Sebastián. —Lo saluda con total indiferencia.

—Sigues siendo muy antipático, pero dime ¿qué haces aquí?, o más bien deja y formulo bien mi pregunta ¿Qué haces al lado de un Phantomhive?, sabiendo que es mi enemigo. —Claude se rió en tono de burla, algo que hizo irritar al azabache.

—Los tiempos cambian, y como bien lo dijiste, es tu enemigo, no el mío.

—Entiendo, solo espero que no intervengas en mis asuntos o tendré que matarte también. —Amenazó a Claude con aires de soberbia

—No te tengo miedo. —Agregó tranquilamente acomodándose los lentes

—Deberías… —Contestó rápidamente el ojicarmin apretando los puños, conteniéndose de golpearlo. Ciel noto la tensión de ambos y se acercó a ellos antes que iniciaran una pelea

—Lamento la intromisión, Soy Ciel Phantomhive. —Se presenta hacia Sebastián extendiendo su mano derecha, Sebastián lo mira y cambió su semblante a uno más apacible, sonriendo.

—Un gusto, soy Sebastián Michaelis. —Estrecho su mano amigablemente, observando al joven, sus ojos zafiro llamó su atención que no pudo evitar arrugar el entrecejo al tener la sensación de que lo conocía.

—¿Nos hemos visto antes?

—Lo dudo… aunque… —Lo jala levemente hacia él, pues aún no se soltaban de aquel saludo, quedando cerca de su oído derecho.

—Debiste asegurarte de haber matado a tu presa en aquel acantilado. —Susurro e inmediatamente Sebastián se apartó un poco, soltándose de su mano, sorprendido, entendió de qué se trataba de aquel niño de hace años atrás. Borro su cara de sorpresa en segundos, sonriendo tranquilamente.

—Interesante. —Murmuró —Es un gusto haberlo conocido joven Phantomhive, lastimosamente tengo que retirarme, espero verlo pronto.

—Lo mismo digo, aunque creo que será más pronto de lo que usted imagina. —Sonrió con arrogancia, Sebastián se dio la vuelta y se retiró casi a paso veloz. Bajo rápidamente el edificio y subió en la parte de atrás del auto que lo esperaba.

—¿Cómo te fue?. —Preguntó Meyrin, que estaba de conductor, mirando al azabache desde el retrovisor.

—Después te contare a detalle, ahora pon en marcha el auto.

—Entendido.

Meyrin aceleró alejándose de aquel lugar, pero minutos después se percató que los venían siguiendo

—Sebastián…

—Lo sé, mantén tu vista al volante.

Ella se limitó a sentir, de repente dos motos se colocaron a las laterales del auto y dispararon del lado donde está Sebastián rompiendo los cristales, la pelirroja seguía manejando sin mirar si el azabache se encontraba bien, ya que confiaba en que así fuera y no se equivocó, él estaba bien

Meyrin acelero y con habilidad esquivaba los autos que estorbaban, necesitaban alejarse hacia la carretera libre, las motos quedaron atrás del vehículo, hasta que se escuchó un estruendo en el techo de este, alguien había aterrizado, la pelirroja sacó un arma y comenzó a disparar hacia el techo, Sebastián solo se tenía cruzado de brazos esperando el momento pacientemente.

En segundos, el techo fue atravesado por una mano para después ser rasgado, dando acceso al invasor, del cual estaba vestido de negro, su rostro lo cubría un casco del mismo color, Meyrin sin titubear le disparó hábilmente sin dejar de conducir, el sujeto lo esquivo, pero no pudo evitar la patada que le propinó Sebastián del cual lo hizo caer en los asientos de enfrente ya que se trataba de una espaciosa y lujosa limosina.

Rápidamente el atacante se colocó de pie sacando dos cuchillas filosas que sin dudar empezó atacar a Sebastián, Meyrin se limitó a manejar puesto que no quería cometer el error de herir a su amado.

Entre el forcejeo el invasor logró hacerle algunas leves heridas al azabache, este último enfadado logra tomarlo de unos de sus brazos dispuesto a rompérselo, pero antes le rompe la cuchilla, el sujeto lo aprovecha propinándole un golpe brutal en su mandíbula aturdiéndolo, iba a tomar la oportunidad de clavarle su única cuchilla en el pecho de aquel vampiro, pero Meyrin no lo permitió; maniobrando con el auto haciendo que este se moviera de su objetivo, Sebastián lo nota y le da una fuerte patada a su atacante sacándolo del auto, rompiendo la puerta.

El sujeto rodó por el asfalto, cuando se detuvo se colocó de pie rápidamente, notando que la visera de su casco se había roto, mostrando sus ojos, se giró sobre sus pasos encontrándose a un metro de él a Sebastián que lo miraba con cautela.

—¿Un neófito?. —Murmuró Sebastián al notar los ojos rojos de aquel tipo, este último se lanzó a atacarlo.

Iniciaron una danza de golpes y fuerza bruta, el azabache no pretendía matarlo porque necesitaba información del joven Phantomhive por lo que su objetivo era capturarlo, por ende, es que no se atrevía a usar todo su poder. En un descuido tomó al sujeto de la comisura de su ropa, lo alzó para azotarlo fuertemente en el asfalto emitiendo un leve quejido de parte de este, Sebastián sonrió y colocó su pie en la espalda de aquel ser, colocando fuerza para que no se levantara.

—¿Eso es todo? —Rio con sorna Sebastián al percatarse que no hacía ningún movimiento de forcejeo, solo estaba ahí, quieto sin hacer nada.

Movió su pie del cuerpo de su atacante se inclinó un poco y con un leve golpe partió en dos el casco, para que al menos se quemara un poco por el sol, pero no ocurrió, intrigado se dispuso a moverlo para ver su rostro, pero al intentarlo sintió como una filosa cuchilla le cortaba cerca del peroné haciendo que cayera hincado, el individuo se colocó de pie dándole la espalda sin mostrar su rostro.

A lo lejos una moto apareció, se frenó a un costado del joven atacante, este se subió rápidamente para después desaparecer de la vista del azabache, a los pocos segundos llegó Meyrin con otro auto, rápidamente salió del vehículo acercándose a Sebastián que se colocaba de pie, sus heridas se habían curado.

—¿Estas bien? —Cuestionó con preocupación la joven

—Si… —Sonrió divertidamente sin mirar a la pelirroja, aún seguía viendo el camino que había tomado aquellos sujetos.

—Esto se está volviendo cada vez interesante…