¡Hola a tods!
He tardado un poco más de la cuenta, pero aunque tenía presente que quería terminar el capitulo en el puente de la Inmaculada, no pude. Mi madre me arrastró por todos los centros comerciales que pudo encontrar. Además tengo que ponerme a estudiar, pero buscando un poquito de tiempo libre he conseguido subir el capitulo.
He contestado todos los reviews que he podido, a los demás: amy_malfoy, popis, agueda, euson, muchas gracias por tomaros un tiempo para leerme y escribirme. A todos los que me dejaron un comentario les dedico Otoño.
Espero que os guste:
.
.
Otoño.
Lily se caló bien el gorro para que le tapara las orejas, y se subió la bufanda hasta la nariz. Aunque si bien apenas había empezado noviembre, ya se sentía que el frío estaba llegando. Había estado nublado todo el día y durante la semana no había parado de llover. Ese sábado, por suerte, no hubo ni gota y Lily se alegró de salir por fin a los jardines, aunque hubiera unos cuantos charcos y la hierba todavía estuviera un poco húmeda.
-Lily, con el frío que hace no sé porque no lees en la Sala Común –le había dicho su amiga Mary en el vestíbulo.
-No sé si te diste cuenta pero estaba un poco atestada.
Mary solo se encogió de hombros.
-Sí, porque solo tú estás tan loca como para salir fuera. Vas contra natura.
-Porque no me gusta estar encerrada. Ya sabes que también me pasa en primavera y eso que estoy con la alergia.
-Lo dicho, vas contra natura.
Lily se había reído y se había vuelto hacia el exterior agitando la mano en son de te veré luego.
Así que ahí estaba, con la nariz roja y las orejas como témpanos de hielo, pero no le importaba. Incluso que se le estuviera congelando el culo tenía poca relevancia comparado con la alegría de salir después de una semana detrás de los muros maldiciendo la lluvia.
Como siempre, había elegido su haya preferida y apoyada la espalda en el tronco, leía la versión mejorada (ahora incluía una sección más sobre información acerca la magia negra utilizada recientemente por el Innombrable) de Cómo combatir la magia negra sin perecer en el intento.
Sí, el libro que tanto le había costado conseguir de las garras de James Potter en verano, cuando éste accedió a darle el libro si tenía un poco de paciencia con él. Quizá no tanto, pues no le resultó tan difícil como había creído llevarse bien con el muchacho.
Y pensando en James Potter, sonrió.
-¿Probaste algún hechizo este verano?
Lily no se sorprendió cuando le llegó su voz desde arriba. Seguramente el muchacho andaría sentado en una de las ramas bajas del haya que aún soportaba su peso.
Y no es que Lily hubiera mejorado en adivinación, porque su ojo interior seguía siendo tan nefasto como cuando estaba en tercero, sino que se había acostumbrado a que el muchacho estuviera unos pies por encima de ella.
Hacía semanas que había descubierto que, al igual que ella, el chico se apoyaba en su haya para pasar un rato. Lily no sabía que hacía ahí arriba, si pensaba en las futuras bromas o en el día que salieran de Hogwarts, si jugaba a la snitch o ideaba nuevas estrategias de quidditch, o si simplemente se echaba una pequeña siesta.
Desde que ambos fueron nombrados Premio Anual (y también gracias al acuerdo en la librería acerca de soportarse mutuamente), Lily ya casi consideraba la presencia de James junto a ella como algo normal. Algo que en su fuero interno le hacía sentir bien.
Así que ambos compartían ese grandioso árbol desde al menos un mes. Curiosamente, algo que Lily no se explicaba era que en la mayoría de las ocasiones que ella iba allí, James se encontraba ya o acudía al poco tiempo.
-Todos los que estaban a mi nivel, supongo –le contestó volviendo al libro-. Ahora me siento mejor al saber que mis padres estarán un poquito más seguros.
-Me alegro.
James no dijo nada más porque volvió a su recién hobbie del año. Que era, pura y llanamente, observar a Lily Evans.
Y es que, ya fuera por la casualidad, la gracia divina o por ayuda de su preciado mapa del merodeador, James no había fallado un solo día desde que supo que Lily iba a aquel lugar. Así que nada de pensamientos especiales, ni de quidditch ni de siestas como se creía la pelirroja, porque el muchacho lo único que hacía era tenderse en la rama cuan larguirucho era, y observar a su compañera.
Cuando lo hacía se encontraba en paz. Disfrutaba de ver las distintas tonalidades de rojo en el pelo de Lily según la posición del sol. Le encantaba que el viento lo azotara pero que aun así cada mechón volviera luego a su lugar, muy distinto del suyo con cada punta para una dirección. Adoraba ver sus blancas manos pasando de página y escuchar sus suspiros nada elegantes cuando no entendía algo.
En esos momentos solo bebía sus rasgos, aunque probablemente, y era algo que James no confesaría, a la noche iba a ver acariciando y enredando sus suaves mechones, y esas mismas manos pasando sobre él tan delicadamente como lo hacía con el libro. A veces no tan delicadamente.
Pero en ese lugar y en esos instantes, ambos sentían que las palabras faltaban y que solo necesitaban saber que el otro estaba ahí también. No habían tenido grandes conversaciones, pero cuatro frases aisladas y ya conocían más del otro que en los seis años anteriores.
-¿Qué dijo tu madre?
Aunque Lily hizo la pregunta sin venir a cuento, James la entendió. Arrancó una de las pocas hojas que aún le quedaban al árbol (pues el viento, la lluvia y la propia estación se habían llevado el resto) y la giró entre los dedos.
-No pudo decir nada: se echó a llorar.
Como algo natural, James supo que sin dar más explicaciones Lily comprendería que su madre había llorado de la emoción.
-No se cumplen sesenta años todos los días.
-No –coincidió James.
Ninguno de los dos se miraban, porque aparentemente Lily seguía con su libro, pero a pesar de eso estaban muy pendientes el uno del otro.
-Ni un hijo te dice te quiero todos los días.
Eso era algo que verdaderamente James no hacía.
-Gracias por el consejo.
Y es que apabullado por no saber que regalo hacerle a su madre por su cumpleaños, James les había pedido ideas a sus amigos. Sirius le sugirió regalarle algo para el jardín (sabía que ella le encantaba la tranquilidad de plantar flores) Remus, algo bonito como un vestido elegante o una colonia y Peter, cosas para cocinar (él siempre tan glotón).
Pero James sabía que su madre ya tenía de todo como para dar y regalar (de todos es sabido que los Potter viven en abundancia). Cuando lo comentó con Lily, su sugerencia fue simplemente que le hiciera saber todo lo que la quería. Así que cuando sus padres se presentaron en Hogwarts porque él se lo pidió, James le dio una rosa roja a su madre y le regaló un sincero te quiero, mamá.
Algo avergonzado, le dio una patada a las ramas más bajas, que al sacudirse dejaron caer un montón de hojas marrones y doradas sobre la cabeza de la pelirroja.
-¡Eh!
Cuando Lily miró hacia arriba, James le lanzó otro puñado.
-¡Eh! –volvió a repetir ella, aunque en esta ocasión entre escupidos porque una hoja se le había metido en la boca casi en su totalidad.
James solo rió.
Lily sonrió y se dejó caer de nuevo ahora sobre un lecho de hojas, oculto el libro debajo de todas ellas. Se quitó una que se le había quedado enredada en el pelo y luego volvió a la conversación como si no hubiera habido interrupción ninguna.
-Cuando yo tenga un hijo, le enseñaré a decirme te quiero todos los días.
James sonrió. Aunque sabía que Lily tenía su genio (sobre todo cuando él la enfadaba), había descubierto que cuando quería era bastante tierna.
-¿Cómo?
-Diciéndole primero lo mucho que lo quiero yo.
Y eran cosas como esa las que refutaban las ganas de James de pedirle que saliera con él y de tenerla junto así mucho tiempo, pero se sentían tan cómodos el uno con el otro que temía que si, por un casual Lily le decía que no, nada volviera a ser como antes y sería mucho más difícil empezar de nuevo.
Así que dejó que el silencio se impusiera de nuevo, pero no le molestó. Pronto llegaría el momento en que él practicara el consejo en ella y le dijera, simplemente te quiero, Lily y acompañarlo de una flor, o del mejor de los besos.
.
.
He estado buscando en Internet y no se dice ni la fecha de cumpleaños de los padres de James ni sus edades, sólo que cuando lo tuvieron eran ya bastante mayores, así que he puesto una edad que a mi me pareció suficiente mayor. Incluso he tenido que mirar si el haya era caduca o perenne, por lo de las hojas, ^.^
Creo que estarán conmigo en que es un poquito más corto incluso que los anteriores (y ya es decir) pero me gusta como ha quedado porque tengo la misma sensación que nuestra pareja, no hace falta más palabras para mostrar lo que quería mostrar: el hecho de que Lily y James se sienten cómodos y a gusto el uno con el otro. Creo que no volverán a molestar sólo por molestar, jeje.
A todos los que hayan leído esto, espero vuestros comentarios.
Un beso. Mimig2
