Buenas noches a todos :3

Me tarde mucho en continuar este fic, la inspiración no me llegaba XD pero por fin traigo el capitulo 3. Ahora ya me sera mas fácil continuar con los que faltan :)

Muchas gracias por leer y por sus comentarios ;D

Atención: InuYasha y todos sus personajes son propiedad de Rumiko Takahashi. Yo solo escribí la historia porque me encanta este anime.


Capitulo 3: Entrenador

Después de convencer al legendario herrero Totosai para que le forjara una guadaña, Kohaku debía buscar la manera de cumplir con la segunda condición. Debía encontrar un instructor que lo entrenara adecuadamente para dominar su futura arma. Con esto en mente, había emprendido el regreso a la aldea de Kaede.

– ¿En serio tienes que hacer eso?, podría ser muy peligroso– dijo Sango, después de escuchar a su hermano.

–Lo sé hermana, pero ya estoy decidido. Primero hablare con el señor InuYasha, él es un semi demonio y tal vez quiera ayudarme– contesto Kohaku.

–Pues sí, pero… es probable que InuYasha no pueda ayudarte cómo quieres– respondió preocupada.

– ¿Crees que se niegue?– cuestiono el muchacho.

–No, no creo que se niegue. Pero en estos días ha estado algo apartado de nosotros, tiene la mirada triste y ni siquiera Kaede ha logrado saber porque esta así. Tal vez acepte tu petición, pero no creo que de lo mejor de sí mismo para ayudarte– explico Sango.

–Tendré que intentarlo, sino puede ayudarme, buscare a alguien más– término de decir Kohaku, mientras se levantaba para salir del lugar.

La joven mujer observo a su hermano desaparecer en la entrada, la pequeña Kirara se acerco a ella para repegarse con amistoso gesto.

Ella la tomo en brazos y la acaricio. –Kirara, prométeme que apoyaras a Kohaku en todo– pidió la joven.

La gata demonio la miro y maulló en tono afirmativo.

InuYasha se encontraba recargado en el árbol, donde tiempo atrás, estuvo sellado. Su fresca sombra lo cubría y solamente se limitaba a mirar la luz que alcanzaba a entrar por el espeso follaje. Su mirada era melancólica, la ausencia de Kagome lo tenía sumido en una especie de depresión.

No era todo el tiempo, pero ese día se cumplían exactamente seis meses desde la última vez que la vio. Su estado de ánimo no era el mejor, así que visitaba al árbol para estar solo. Ni siquiera tenía el valor para acercarse al pozo devora huesos, sabía que permanecía vacío e inalterable, sin la capacidad de abrirse nuevamente.

Kohaku lo miraba a distancia, desde la altura de otro árbol. Podía percibir su tristeza y su vano intento de controlar el llanto, sin éxito.

Pobre del señor InuYasha, la ausencia de la señorita Kagome y la muerte de la sacerdotisa Kikyo son muy recientes… a pesar de ser un semi demonio poderoso, no puede contener sus sentimientos– pensó el muchacho.

Lo miro un poco más, el joven de cabello blanco se dejo caer, recargándose contra el árbol y ocultando su rostro sobre sus rodillas. En ese momento Kohaku supo que no podría contar con él, no por ahora. Suspiro un poco y después brinco de la rama, alejándose de nuevo hacia la aldea.

Un par de días más tarde el muchacho estaba preocupado. Aun no había encontrado a un demonio que lo pudiera apoyar, la mayoría de los conocidos que tenían sus amigos, eran pacíficos y no sabían cómo ayudar al exterminador. Su inquietud comenzaba a crecer, pronto tendría que visitar a Totosai para recoger su guadaña.

La pequeña Kirara estaba caminando a su lado, de pronto maulló volteando al cielo, el joven siguió el gesto de la felina y se dio cuenta de que alguien llegaba volando a la aldea.

El señor Sesshomaru ha venido a visitar a Rin– pensó fugazmente. – ¡Eso es, el señor Sesshomaru podría ayudarme!– expreso de pronto, sorprendiendo a la gatita. –Tengo que hablar con él– dijo, mientras corría rumbo a la cabaña de Kaede, donde también vivía Rin.

A distancia observo como el señor del Oeste y Jaken, platicaban con la niña. Un rato después, se despidieron y comenzaron a caminar, alejándose de la choza. Rin se despidió animosamente, para después acompañar a la vieja sacerdotisa a recoger algunas plantas al campo.

Kohaku corrió por un sendero, que era un atajo al camino de salida por donde pasaría Sesshomaru. Éste y su sirviente caminaban tranquilamente, cuando de pronto apareció el muchacho con gesto de agotamiento.

– ¡Señor Sesshomaru, espere por favor!– hablo, mientras tomaba un poco de aire.

– ¡Oye niño, como te atreves a aparecer de esa manera!, casi me infarto– reprocho Jaken.

El señor del Oeste lo miro con indiferencia, sin embargo detuvo su marcha y espero a que el chico hablara.

–Señor Sesshomaru, le agradezco la ayuda que me brindo hace unos días. Gracias a usted pude encontrar al herrero Totosai– explico rápidamente. –Él accedió a forjar una nueva guadaña para mí, sin embargo…– continúo Kohaku.

–Quien lo diría, ese viejo idiota acepto crear un arma para un humano– hablo de pronto Sesshomaru. –Pero seguramente te puso alguna condición, ¿No es así?– pregunto el demonio.

–Así es… el señor Totosai me indico que debía buscar a un poderoso demonio para que me instruyera, es necesario, si es que quiero aprender a controlar el arma que está creando para mí– contesto el exterminador.

Sesshomaru alzo una ceja ligeramente, parecía esperar a que el joven dijera algo más y estaba en lo correcto.

–Señor Sesshomaru, de nuevo quiero solicitar su ayuda… quiero que usted me adiestre– expreso con firmeza Kohaku.

– ¡Jajaja, que tonterías dices mocoso!, Lord Sesshomaru jamás accedería a tratar con humanos y menos para ayudarlos en algo tan ridículo como lo que pides– se burlo Jaken.

–Pero señor Jaken, realmente necesito su ayuda, quiero convertirme en el mejor exterminador y no pienso rendirme– contesto el muchacho. – ¡Por favor, señor Sesshomaru, no hay nadie mejor que usted para ayudarme!– volvió a pedir, mirando al Lord.

–Es una estupidez lo que estas solicitando niño, no soportarías ni por un minuto mis ataques– contesto el demonio fríamente.

– ¡Déjeme intentarlo por favor!– dijo con más vehemencia.

–Busca al idiota de InuYasha, su nivel es suficiente para que puedas empezar a entrenar– contesto sin inmutarse, al tiempo que iniciaba su marcha, pasando al lado del muchacho.

–Te lo dije niño tonto, el amo bonito no tiene tiempo para tus impertinencias– volvió a decir Jaken con tono socarrón.

El exterminador los miro perderse en el bosque. –No me daré por vencido tan fácilmente– pensó, mientras regresaba a la choza de su hermana.

Poco después Kohaku y Kirara partieron de nuevo, siguiendo la ruta del Lord.

Algunas horas más tarde el joven y la felina les dieron alcance, después de todo sabían cómo seguir un rastro y Sesshomaru viajaba despacio.

Ya estaba atardeciendo cuando llegaron al claro de un bosque. Más allá se encontraba un lago y en la orilla opuesta, se hallaba el señor del Oeste, recargado en un árbol con los ojos cerrados, ensimismado en sus pensamientos. Mientras tanto Jaken trataba de pescar la cena, con muy malos resultados. Kohaku y Kirara rodearon a pie el cuerpo de agua, acercándose con sigilo. Sin embargo, no contaban con que el poderoso demonio ya los había percibido desde hace rato.

–Deja de ocultarte niño, sé que tú y la gata me han estado siguiendo. Muéstrate, no me agradan los cobardes– hablo de pronto Sesshomaru, sin abrir los ojos.

Ambos permanecían detrás de unos tupidos arbustos a una distancia considerable, pero lo suficientemente cerca como para escuchar la orden del Lord. Se voltearon a ver sorprendidos, pues estaban seguros de que el viento soplaba a su favor y era imposible que los hubiera olfateado. Como fuera, ya habían sido descubiertos y tenían que obedecer, no era buena idea irritarlo.

–Señor Sesshomaru, no era mi intención molestarlo…– comenzó a hablar el muchacho.

–Silencio, no deseo escuchar tus disculpas– lo interrumpió el demonio, al tiempo que abría los ojos.

–Señor Sesshomaru, vengo nuevamente a pedirle su ayuda– volvió a hablar Kohaku.

–He dicho silencio– ordeno. El joven humano cerró la boca sin dejar de mirarlo con reserva, esperando algún tipo de negativa. –Ve con Jaken, está tardando demasiado en atrapar algo para comer– volvió a ordenar.

Kohaku se desconcertó por un segundo, pero inmediatamente comenzó a caminar hacia la orilla del lago junto con Kirara. No entendía porque de pronto Sesshomaru le dijo esas palabras, pero sin duda, era mejor que si lo hubiera rechazado con su fría indiferencia.

–Señor Jaken, he venido a ayudarlo– comento Kohaku, al ver como el pequeño demonio lidiaba con los escurridizos peces.

– ¿Qué haces aquí mocoso?, el amo Sesshomaru se va a molestar– contesto Jaken al verlo.

–Él ya nos descubrió desde hace rato y me ordeno ayudarle a atrapar la cena– contesto el joven con una pequeña sonrisa.

– ¡¿Qué?, eso jamás, puedo encargarme de esto yo solo!– dijo con molestia el sirviente.

–Está bien señor Jaken, como diga. Yo solamente voy a pescar la comida para nosotros– respondió el exterminador, al tiempo que sacaba de entre los pliegues de su vestimenta unas pequeñas cuchillas.

Con lentitud entro al agua y camino un par de metros hasta que sus rodillas quedaron cubiertas. Se quedo quieto y espero a ver el movimiento de los peces. La luz solar que aun quedaba, le permitía una buena visión. Con algo de precaución, los peces pasaban a su lado, de pronto unas pequeñas saetas comenzaron a atravesarlos. Las cuchillas entraban limpiamente desde la superficie y se clavaban en la suave carne. Los animales se retorcían, sin poder hacer nada más que extrañas convulsiones antes de que Kohaku los tomara por la cola, sacándolos del agua. En total logro atrapar seis ejemplares de buen tamaño, sin lugar a dudas, su habilidad con armas blancas se había perfeccionado considerablemente.

Un poco después, dos pescados se cocían sobre el fuego de una pequeña hoguera. Otros dos permanecían a un lado y los otros dos, eran devorados por ambos demonios. A fin de cuentas Jaken no pudo pescar nada, así que tuvo que aceptar a regañadientes el ofrecimiento de Kohaku, después de todo, fue su amo quien mando al muchacho.

El exterminador tomo ambas brochetas con la carne ya cocida y le acerco una a Kirara mientras él comenzaba a comer. Con disimulo, observaba al señor del Oeste, los demonios no necesitan cocinar los alimentos, o al menos esa es la idea que se le formo en mente, al verlo morder la carne cruda. A decir verdad, esta era la primera vez que lo veía comer, después de todo tenía que hacerlo, el hecho de ser un poderoso demonio, no lo exentaba de necesitar alimentos.

– ¿Por qué estás aquí?– cuestiono Sesshomaru, mirando al joven a los ojos.

Kohaku le sostuvo la mirada y habló con firmeza. –Señor Sesshomaru, deseo proteger a mis seres queridos, quiero ayudar a los que no pueden defenderse de las criaturas sobrenaturales. Mi meta es convertirme en el mejor exterminador de demonios y para ello requiero de su ayuda. El herrero Totosai me dijo que necesito dominar la nueva guadaña, forjada con mi sangre y para ello es necesario un entrenamiento especial, uno que solo un demonio de alto nivel me puede brindar– explico sin titubeos.

El Lord lo miraba en silencio, al tiempo que comía con lentitud cada bocado. Jaken permanecía cerca y casi se atragantó con la carne al querer decir algo, sin duda, un comentario burlón. Sin embargo, Sesshomaru hablo antes que su sirviente.

– ¿Por qué quieres proteger a otros?, si no son nada de ti, no es necesario que lo hagas– dijo el demonio.

–Tiene razón señor. Pero yo recibí el ejemplo de mi clan, ellos eliminaban amenazas que atentaban contra personas débiles, contra niños, ancianos, contra nuestra especie en general. Nosotros como humanos somos frágiles, la naturaleza no nos brindo colmillos, garras o pelaje para protegernos de todo y de todos. Por esto mismo nuestro instinto de supervivencia nos lleva a cooperar y a ayudarnos entre nosotros mismos. Protegernos los unos a los otros, así es nuestra naturaleza humana– contesto Kohaku.

–Ustedes aparte de ser débiles, son cobardes, traicioneros y agresivos con su misma especie, les gusta derramar la sangre de los individuos menos aptos y eso también forma parte de su comportamiento… ¿Cuál es la diferencia, si haces algo al respecto?– cuestiono el Lord.

–No puedo negar lo que dice, sin embargo, el único punto a favor de mi especie es que somos más los humanos que deseamos el bien común, que los que solo buscan hacer daño. Para mí, cualquiera que desee lastimar a quien no se puede defender o a mis seres queridos, merece ser castigado, sea humano, demonio u otra criatura– expreso el joven exterminador.

–Esa mentalidad no es común en un niño, ¿Qué te sucedió?– pregunto Sesshomaru. Él tenía vagos conocimientos de que Naraku le había hecho daño, sin embargo no estaba enterado de todo. Y por extraño que parezca, sentía una ligera curiosidad por el pasado de ese humano.

–Yo… no deseo hablar de eso– dijo Kohaku con algo de pesar y desviando la mirada.

– ¿Que fue lo que te hizo Naraku?, seguramente también te engaño– continuo el Lord.

El joven exterminador lo miro de nuevo y suspirando pesadamente, hablo. –Él me manipulo para asesinar a mi clan, a mis amigos y a mi familia. Fui asesinado y después me revivió con un fragmento de Shikon, me borro la memoria y me convirtió en uno más de sus sirvientes. Hice demasiado daño bajo sus órdenes, aun me siento culpable por ello. –

Sesshomaru lo escuchaba en silencio, mientras seguía comiendo con pasividad la carne cruda. –Cuando tus amigos trataban de ayudarte, tú te alejabas, ¿A que le tenias miedo?– pregunto.

–Yo no tenía el valor para darle la cara a mi hermana, no después de recordar todo lo que hice. Temía que me juzgara, temía al rechazo y sobre todo, no me perdonaba a mi mismo por todo el dolor que había ocasionado– dijo Kohaku.

– ¿Y piensas que convirtiéndote en el mejor exterminador, podrás lavar tus culpas?– volvió a cuestionar el demonio.

–No… jamás podre regresar el tiempo, lo hecho, hecho esta y eso no cambiara. Pero lo que sí puedo hacer es tratar de redimirme protegiendo a otros, usando mis habilidades para ayudarlos y al final, mi recompensa será el saber que he salvado a un inocente, que he protegido una vida– respondió el muchacho con evidente sentimiento en su voz.

–Protegerse los unos a los otros… que filosofía tan extraña e inútil es a veces, en ustedes los humanos– murmuro Sesshomaru, desviando la mirada al cielo.

–Pero señor Sesshomaru… eso no solo se ve en nosotros, también muchos seres sobrenaturales tienen esa mentalidad– comento Kohaku, haciendo evidente referencia a la protección que le brindaba a Rin.

El Lord no respondió, siguió mirando a la nada, ignorando al joven humano.

–Ya cállate niño, esos temas no son del agrado de mi amo bonito– interrumpió Jaken.

–Sí, entiendo señor Jaken, pero usted también es un demonio agradable. Solo se oculta detrás de esa apariencia seria– le contesto el chico con una sonrisa.

– ¡Eso no es cierto!, no te atrevas a decir que soy agradable, niño tonto– se quejo el sirviente, haciendo una rabieta.

Poco después de cenar, Kohaku y Kirara decidieron dormir bajo el cobijo de un árbol. La fogata permaneció encendida por un rato y ambos demonios seguían en su lugar. Jaken dormitaba junto a una raíz sobresaliente, del árbol donde Sesshomaru permanecía recargado, mirando al cielo y a la lejanía.

Amanecía, cuando de pronto Kohaku despertó con sorpresa e instintivamente se movió a un lado, esquivando un ataque. Era el golpe de un látigo verde, que se estrello contra el suelo. Inmediatamente se puso en alerta y con katana en mano, adopto una posición defensiva. Aun no despertaba del todo cuando se dio cuenta de que no estaban Kirara ni Jaken. Solamente el Lord del Oeste permanecía a escasos metros de él, amenazando con atacar de nuevo.

– ¡Señor Sesshomaru, ¿Que está sucediendo, porque…?!– trato de preguntar, pero el golpe del látigo le impidió hablar. La fuerza del mismo hizo que chocara contra el tronco de un árbol cercano.

La acometida no tenía intención de partirlo por la mitad, solamente era un golpe directo. El muchacho sintió como su espalda crujió, sin embargo, la adrenalina comenzó a correr e inmediatamente se incorporo, ignorando el dolor.

–Vaya, tienes buenos reflejos y ese golpe no te desmayo. Eres bastante fuerte para ser solo una cría– dijo Sesshomaru, quien comenzaba a acercarse de forma amenazante.

Kohaku ya había tomado conciencia por completo de lo que pretendía el poderoso demonio, lo estaba poniendo a prueba. Ese era el momento adecuado para demostrar su habilidad, su valor y para hacerle ver que su petición de ayuda iba en serio. Tardo un par de segundos en dirigir un ataque contra Sesshomaru, de entre sus ropas tomo unas puntas afiladas que lanzo hacia él.

En un parpadeo la figura del Lord desapareció y las cuchillas siguieron su camino hasta incrustarse en un tronco lejano. En ese momento él se materializo detrás del joven exterminador. Cuando éste quiso voltear, ya era demasiado tarde, el demonio lo tenía sujeto por el cuello.

–Eres muy lento, en menos de un segundo podría haberte matado– dijo Sesshomaru.

El muchacho trato de liberarse, empuñado su katana contra él. Sin embargo éste sujeto la hoja con dos dedos de su otra mano, desarmándolo en un instante. A pesar de ello, Kohaku volvió a intentar soltarse, pero la garra ya le cortaba el aire poco a poco y su cuerpo empezaba a sufrir las consecuencias. De pronto, en un gesto desesperado, el chico dirigió sus manos al rostro del demonio y comenzó a manotear muy cerca, casi logrando alcanzarlo. Este sorpresivo ademan desconcertó por un instante a Sesshomaru, quien soltó al humano por inercia.

–Extraña acción, pero inútil, si hubiera tenido la intención de asesinarte– hablo el Lord.

El exterminador estaba en el suelo, agitado y tratando de recuperar la voz. –Señor… Sesshomaru, yo…– intento hablar.

–Niño, sería mejor que te rindieras, jamás sobrevivirías a un minuto de pelea conmigo– dijo fríamente.

–No… no me… rendiré, quiero… intentarlo de nuevo…– pidió el joven, al tiempo que se levantaba y tomaba nuevamente su katana, apuntándola contra el señor del Oeste.

Por respuesta Sesshomaru, extendió dos dedos de su mano derecha y el látigo verde emergió nuevamente. El aire fue cortado y el sonido que produjo, erizo la piel del muchacho. Tenía su espada frente al rostro, había conseguido detener parte del golpe, sin embargo, un dolor en su hombro izquierdo se hizo presente y la piel comenzó a sangrar, la punta del flagelo lo había alcanzado.

–Te falta demasiado camino por recorrer, eres muy débil– volvió a sentenciar el Lord.

– ¡Eso no me detendrá!– grito Kohaku. – ¡Voy a demostrarle que puedo ser más fuerte!–

El demonio lo miro un par de segundos, después hizo un gesto de pasividad, bajo la mano y el látigo desapareció. En ese instante se escucharon pisadas acercándose y de entre los arbustos emergieron Kirara y Jaken, quienes regresaban del lago con un par de pescados.

– ¿Amo bonito?, ¿Qué sucede, que me perdí?– pregunto Jaken al mirar la escena.

La felina corrió junto a Kohaku, soltó su presa y comenzó a lamer la herida, tratando de ayudarlo. –Estoy bien Kirara, no te preocupes– dijo el joven, llevándose la mano al hombro.

Sesshomaru giro sobre sus pasos y comenzó a caminar rumbo al bosque, dándole la espalda el exterminador. –Tienes un mes para prepararte. Si no eres capaz de soportar un minuto mis ataques, te matare por hacerme perder el tiempo– fueron sus últimas palabras antes de desaparecer entre los árboles.

Kohaku lo escucho sorprendido y de pronto una gran emoción lo invadió, el señor del Oeste había aceptado ayudarlo.

– ¡Como usted diga señor Sesshomaru, muchas gracias!– expreso con alegría y haciendo una reverencia al mismo tiempo.

Jaken no entendía nada de lo que estaba pasando, pero salió corriendo detrás de su amo, con el desayuno entre las manos.

–Vámonos Kirara, debo ir por mi guadaña y comenzar a entrenar– dijo el muchacho, al tiempo que montaba sobre la felina sin importarle su herida. Debía hacerse a la idea de que era la primera de muchas más.


Continuara...