Holaaaaa…!
Antes que nada… LO SIENTO!
En serio lo siento (;_;)
No pude entregar el capitulo ni el sábado ni el domingo por las fechas festivas. Tuve que ayudar a mi familia a organizar todo, salí de viaje, luego regrese el 26 pero tenía que entregar tarea para la maestría el 27 y ¡Aaaahhhh! –explota-
Si se los digo, es porque considero merecen una explicación… u_u
En fin, con respecto al capitulo, Aomine y Kise brillan por su ausencia, así que desde ahorita se los digo. xD
Pero como irán viendo, habrá capítulos que se enfoquen más en unas parejas que en otras.
Aun así Muchas gracias por todos y cada uno de sus reviews y por tomarse el tiempo para leer este intento de buena historia xD
Les deseo un FELIZ AÑO NUEVO! Y que todo lo que se propongan para este 2015 lo vuelvan realidad…
Les mando muchos besos y abrazos… y espero que este año nuevo, podamos seguir compartiendo juntas nuevas historias…!
Que su vida este llena de bendiciones, mis mejores deseos para Uds. hoy y siempre! ^w^
No me extiendo más…
Nos leemos al final ;3
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Esta sentando frente él. No se dicen nada, ni una sola palabra.
La situación es extraña, incomoda. Habían sucedido muchas cosas y entre ellas, la lejanía, sobre todo por parte del gigantón.
No pudo evitarlo, por más que se esforzara, su mente revivía tristes recuerdos con tan solo ver su cara.
Y ahora lo tiene ahí, frente a él, sentando al otro lado de la mesa, también sin saber que hacer, que decir.
-Y… ¿Cómo has estado? –pregunto el peli-negro, no pudiéndose creer que después de tanto tiempo, fueran a coincidir en ese lugar. Desde hace dos años que abrió la cafetería, no había ido, ni se había asomado por el lugar; Y pensar que estuvo tan cerca de él todo este tiempo.
-Muy bien Muro-chin. – menciono como si nada, como si nunca hubiera tomado la decisión de alejarse de él, de ya no verlo, ni contestar sus llamadas.
Para el gigante de Yosen, ya todo era aguas pasadas.
-Q-Que Bueno… -se sentía extraño, eso se le notaba. –Vaya, no puedo creer que seas el famoso "Willy Wonka" del que tanto hablan.
-No me considero eso, simplemente me gustan los dulces Muro-chin… -dijo, con su voz infantil.
Aun recuerda lo sucedido, tanto en Teiko, como en Yosen.
Son heridas que se quedaron marcadas en su corazón. Que aunque ya no duelen, siguen ahí, recordándole esa sensación que desea olvidar.
Dos amores, no correspondidos.
La primera vez que se enamoró, fue de aquel peli-rojo, él que en un principio era jugador y luego de ciertos meses, termino siendo el capitán por decisión propia de Nijimura-senpai.
Cuando les dieron la noticia, se alegró (mostrando por fin, una emoción diferente al aburrimiento), ya que para ese entonces, debido a la convivencia, a la paciencia que le mostraba, y los cuidados a su salud debido a su excesiva ingesta de dulces, se terminó enamorando de él.
Porque sencillamente, para Atsushi, aquel chico bajo de piel blanca y encendido color rojo en sus cabellos, era una persona fascinante, interesante, siempre propio, elegante, refinado, y con un alto deseo de siempre probar sus labios, imaginándose el sabor que estos tendrían.
¿Dulces? ¿Cómo las cerezas?
¿Acidas? ¿Cómo las fresas?
O tal vez, picante. Porque su personalidad, aunque calmada, era realmente intensa.
No lo sabía, y ciertamente, cada día que pasaba, deseaba sobre manera probarle. Hacerlo suyo, era su deseo más profundo.
Así que, después de pensarlo tanto, un día simplemente decidió tomar la iniciativa, luego de haber engullido un trozo de su barra de chocolate esperándolo en el salón para irse juntos al gimnasio.
Al no llegar por él, tomo sus cosas y emprendió camino; ya que no era la primera vez que lo llamaban para alguna reunión.
Fue en ese instante, que con el rabillo del ojo, pudo notar al acercarse a un salón, que el peli-rojo se encontraba sentando en el escritorio con una pieza de ajedrez en las manos, jugueteándola de un lado a otro, y Midorima frente a él, que lo miraba atento.
En otros tiempos, no le hubiese tomado importancia, pero ahora que había descubierto los sentimientos que tenía por su capitán, aquella escena simplemente no le gustaba.
¿Por qué tenía que estar a solas con él? ¿Con que derecho? La respuesta era: con todo del mundo, ya que Akashi no era suyo, pero lo sentía como propio. Al final de cuentas, con quien pasaba más tiempo, era con él. Y aunque sabía que espiar estaba mal, no pudo moverse.
No es que tampoco fuera chismoso, pero sus piernas no reaccionaban, y sus oídos parecían haberse agudizado.
-Iras a mi casa. –aquello había sonado más a una orden que a una invitación.
-¿Y porque tendría que hacerlo? –la pregunta de Midorima, lo calmo un poco.
-Porque vamos a jugar un partido de ajedrez. –menciono lo obvio.
-No estoy de humor.
-Últimamente no lo estás, pero te conviene. –su voz había sonado… ¿Seductora? ¡No, imposible! Tenso los puños el gigante de Yosen.
-¿Y tú como sabes lo que es bueno para mí?
-Sencillo. Porque si yo gano, que es lo ocurrirá… -alzo al rey, la pieza de ajedrez que sostenía y la coloco frente a su corazón. –entonces tú serás mío.
-Eso no tienes ni que apostarlo, Seijuuro.
Su corazón se detuvo en seco. ¿Aquello había sido una confesión? Y Midorima… ¿le correspondía?
No, no podía ser cierto… -Aka-chin…- susurro. Porque tampoco podía negar la realidad de lo que acababa de escuchar.
Su dulce de cereza, ya tenía dueño.
Y eso le dolía.
Pero si creyó que lo que había sentido en su momento por Akashi era fuerte, vaya que eso no demostraba más que su inocencia pura del primer amor.
Lo que había sentido por Himuro, iba más allá de lo que su propio entendimiento infantil le permitía digerir.
Lo que había comenzado con una sana convivencia al momento de entrar a la escuela, con el tiempo se volvió algo rutinario para él.
Himuro le había enseñado otras emociones desconocidas aparte del aburrimiento. Emociones que ni siquiera el ojo de emperador, le había enseñado.
Se divertía con él, lo ponía contento cuando se preocupaba por que tuviera dulces, practicaba y estudiaban juntos y podía escucharlo hablar por horas y horas de un tema tan trivial como las nuevas golosinas que habían puesto en la máquina expendedora, y si estas le habían gustado o no y porque. Himuro, le había traído alegría, incluso ganas de platicar, cuya palabra ni siquiera existía en su vocabulario.
Así que, en el momento en que este, se reencontró con su hermano Kagami; fue que se dio cuenta de que lo que sentía por el pelinegro, iba más allá de una sana amistad. Aquello, era muy similar a lo que en su momento sintió por Akashi. Pero mucho más fuerte. Más intenso.
Incluso, había conocido los celos. Odiando a Taiga, por haber compartido años de su vida junto a él.
Pero de lo único que no se había dado cuenta. Era de las miradas que él y el enemigo Yukio se dedicaban.
Tampoco supo el momento en que ellos dos comenzaron a mensajearse, llamarse, e incluso tener citas.
Porque según el gigante de Yosen, ¿Cómo sucedió si todo el tiempo estaba con él?
Lo que había olvidado, es que ellos tenían otra vida aparte de la escuela.
Así que poco a poco comenzó a darse cuenta de la lejanía se su Muro-chin, del tiempo que pasaba pegado al teléfono, de las salidas que ya no tenían. Sin saber que todo eso, era provocado por otra persona.
Y aun así, le pidió apoyo a la única persona que creyó, podía ayudarlo a solucionar su problema de distanciamiento con el joven del lunar, y que en realidad, era la única que le inspiraba la confianza suficiente como para contarle sobre su dilema.
Takao.
Luego de una semana de haber estado hablando con el azabache y de reunir el valor suficiente. Ambos habían desarrollado un plan que se llevó acabo un viernes por la tarde, después de los entrenamientos. El ojo de halcón, se presentó corriendo al instituto con un ramo de flores (que le hizo el favor de comprar) aprovechando que con su equipo no había tenido entrenamiento.
-T-Toma. –la respiración se le cortaba, realmente había corrido lo más rápido que le daban sus piernas. – Fueron las más bonitas… grandes… y coloridas que encontré.
-Muchas gracias Kao-chin. –le extendió uno de sus caramelos y bebidas favoritas como agradecimiento, que el otro acepto.
-¡Mira, ahí está!– señalo con su dedo a Himuro, que se encontraba parado mirando su celular en la entrada del instituto. –¡Ve por él! Demuéstrame que toda esa altura que tienes, también lo tienes en valor.
-O-Ok… -dijo inseguro, porque, al final de cuentas, una confesión era aterradora por la posible respuesta.
Pero lo que vieron sus ojos, lo dejo totalmente estoico en su lugar, a unos 10 metros antes de llegar a él.
Yukio había llegado con ramo de flores aún más grande, bonito y colorido, que de inmediato extendió al presente. Himuro lo tomo, con las mejillas sonrojadas, y poniéndose más rojo aun, cuando Kasamatsu le propició un beso sin importarle el lugar donde estuvieran. Beso que él correspondió, abrazándolo por el cuello.
Fue en ese momento que el mayor, dio tres pasos hacia atrás y se hecho a correr lejos, lo más lejos que pudo hasta que se le cansaron las piernas.
Arrojo el ramo al suelo, pisándolo con ganas, hasta desbaratar las flores y dejarlas casi irreconocibles en el sucio pavimento, descargando toda su frustración.
Su dolor.
Limpiando con el dorso de su brazo, aquellas lagrimas amargas que no dejaban de salir.
-Y-Yo… -tartamudeo, sin dejar de llorar. -Realmente quiero a Muro-chin… -mencionó, al notar la presencia de Takao tras él.
-Lo se… -suspiro pesadamente. Porque en ese momento, él también sabía lo que estaba sintiendo el gigante de Yosen. –Vamos… te compraré como 5 kilos de helado y veremos películas de terror donde desmiembren humanos.
El gigante solo movió su cabeza en afirmación, haciendo un intento de sonrisa. Tomando la mano que el azabache le extendía, caminando juntos, hasta su casa…
-¿Y tú como has estado Muro-chin? Llevas un traje muy elegante. –menciono con voz pastosa.
-He estado bien, gracias. Y el traje es porque soy abogado, es el protocolo.
-Woow, eso es impresionante, siempre supe que serias algo importante. –ante ese comentario el peli-negro no pudo evitar sonrojarse.
-P-Pero dime…
-Disculpe Murasakibara-san… –lo interrumpió la mesera que se acercaba con una bandeja de postres.- Miyaji-san dice que vuelva a la cocina o le arrojara una piña. –sonrió. –ya sabes que como es, así que date prisa.
-Ok, Saku-chin. –se levantó de su asiento. –Fue un gusto verte de nuevo Muro-chin, nos vemos…
-¡Espera! –se apeno un poco, pues casi le había gritado. –Q-Quería preguntante… ¿Trabajas aquí todos los días?
-Sí, pero en diferentes turnos y descanso los domingos.
-Ya veo… -se calló un momento, pensando si estaría bien formular la pregunta. –Será que mañana…
-¡MURASAKIBARA¡ ¿DONDE DIABLOS ESTAS?
-Ya debo irme, lo siento. –hizo una leve reverencia. –Y Muro chin… -el mencionado lo miro interrogativo. –Mañana salgo a las 3 pm…
-Está bien, -sonrió.- Te veré mañana… -Y lo vio alejarse. Sintiéndose contento por haberse reencontrado con un buen amigo.
- xx X xx -
Ha releído los papeles diez veces completas, con detalle y detenimiento, cada palabra, letra, punto y coma.
Y como Akashi, no encuentra nada raro en ellos.
Pero tampoco le parecen del todo… legales.
Suspira, dejando los documentos frente a él en el escritorio.
Al otro extremo esta el peli-rojo ,recargado en su silla, con los abrazos cruzados mirándolo expectante.
-Nada. –menciona apesadumbrado. –Según esto, si haces alianzas con su compañía, realmente son muchos los beneficios. De hecho demasiados…
-Buenos. Tan buenos que pareciera incluso que nos estuvieran regalando sus acciones. ¿No es así?
-Afirmo. Y eso es lo que lo hace sospechoso. –toma un sorbo de su café, que muy amablemente les llevo Momoi. –Pero dime algo….
Akashi lo mira, esperando la pregunta.
-¿Por qué has querido llamarle nuevamente a Midorima? –menciona y lo mira de manera seria.
-Supongo que es… costumbre. –relaja sus brazos, colocándolos sobre la silla.
-¿Costumbre? –lo mira con ironía.- Ya tienen dos meses desde que decidieron separarse.
-No fue por los dos.
-¿Estas seguro? Ni siquiera se hablaban, y eso que vivían bajo la misma casa. –dice con ironía.
-Pero eso no significa que aun no lo quiera.
-Akashi, tu ya no lo… -Se calló al instante, al escuchar el golpe que propicio al escritorio con su mano abierta. Seijuuro lo miraba bastante serio, parado frente a él. Quien también lo mira de la misma forma.
Pasado unos segundos, el peli-rojo se relaja, suavizando su mirada. Suspira, caminando a un lado del escritorio parándose frente al gran ventanal, dándole la espalda.
-Le hable, porque a final de cuentas, él es bastante analítico como nosotros. Tal vez podía ayudarme… ayudarnos en esto. –abre las pestañas de las persiana con sus dedos, mirando al exterior, los edificios, las calles, los coches. -Es difícil desligarte de una persona por completo. Sobre todo cuando has pasado muchos años conviviendo con esa persona.
-Lo se. –se levanta de su silla, caminando hacia su dirección. Lo toma de la mano, dándole la vuelta para que quede frente a él, sin soltar su mano, acariciándola. Con su izquierda, acaricia su mejilla, recargando su frente con la suya. –Pero es tiempo de que lo superes. De que se superen. –susurra.
-No es…
-Sencillo. Lo se. Tienen una historia. Pero es tiempo de que le des vuelta a la pagina, cambies el libro, escribas una nueva historia. –acaricia su rostro con ambas manos, sin apartar su frente de la de él. –Tienen que continuar, dejar de quedarse en el pasado. –lo mira a los ojos y se entristece por dentro.
Le duele verlo así.
Sus ojos, aunque diferentes y hermosos, ya no son ni la sombra del brillo que reflejaban llenos de vida, determinación, seguridad y tenacidad.
Ahora solo tienen dos colores, diferentes y opacos.
Que aunque sigue siendo el Akashi seguro y absoluto que una vez conoció en Teiko y volvió a reencontrarse en Rakuzan; en otros sentidos, es totalmente diferente. Reservado ante él y ante el mundo.
Guardando su dolor solo para él. Tras esa puerta que no lo deja pasar, y que desea entrar para sanar cada una de sus heridas.
Acaricia con su nariz la mejilla contraria, acercándose a los labios del menor.
-No lo hagas… -susurra Seijuuro. –No es correcto…
-No estas casado. –sonríe ante el comentario del peli-negro.
-No, pero puedes quemarte… -musita sobre sus labios, sujetándose de su camisa.
-Entonces…incéndiame…
Sabe que no es correcto. Que no esta bien. Besarse, mientras aun guarda esperanzas de volver con Midorima.
Hundirse y que se hunda con él, no es sano, para él, para ninguno.
Pero hay otra parte, que lo desea, que se muere por quererlo, por besarle y ser suyo.
Y eso le confunde.
Porque no puede dejar de sentirse, tan egoísta.
No puede dejar de sentirse…
Tan maldito.
- xx X xx -
El corazón se le acelera de la impresión, aunque su rostro refleja una calma total propia de un doctor.
Se ajusta los lentes, sin poder emitir palabra alguna. Quería casi decirle como a cualquier amigo "¡Dios, cuanto tiempo!, ¿!Cómo has estado¡? ¿Porque te desapareciste maldito!?" Muy al estilo de sus dos mejores amigos, Kagami y Aomine. Pero que, siendo como es, un tsundere, solo se dedica a estar ahí, quieto y en silencio.
No sabe que fue lo que paso con él. Ni donde había ido, ni porque rayos se había alejado durante todos estos años.
Simplemente un día, después de la ceremonia de graduación, ya no estaba.
Dejo de ir a su casa, de salir juntos, de ser una "molestia", como según él le llamaba, pero que en realidad, siempre le prestaba atención a toda su palabrería.
Sencillamente, Takao se había ido. Su mejor amigo había desaparecido.
Y aunque muchas veces tuvo la intensión de irlo a buscar a su hogar, mandarle un mensaje o llamarlo a su celular, simplemente nunca lo hizo, no tuvo el valor… porque según él. ¿Qué le diría?
¿Por qué ya no me llamas? ¿Por qué ya no me mandas mensajes? ¿Por qué ya no vienes a mi casa? ¿Por qué te alejaste?
Y todas esas preguntas al final, se quedaron sin respuestas.
Siendo olvidadas con el pasar de los días, de los meses y los años.
Y justo ahora, después de 4 años. Sus orbes verdes se conectan con los azules, volviendo el tiempo atrás.
Porque ha decir verdad, con todo lo que había sucedido en su vida. Lo había extrañado a él, a quien consideraba realmente, su mejor amigo.
Porque sabía que si él hubiera permanecido más tiempo en su vida, tal vez esta no se habría vuelto un caos total.
Lo hubiese apoyado.
Y quizás, solo las cosas hubieran sido aunque sea poquito, diferentes.
-Toma. –le extendió a la pequeña, de larga cabellera roja. La cual se revolvía entre sus brazos, negándose a ir con el doctor.-¿Es tu hija?
-No. –la tomo entre sus brazos. –Es una paciente, del área de cardiología.
-No quiero que me inyecten. -la niña amenazaba con llorar de nuevo, empujando con sus pequeñas manitas el pecho del Midorima, intentando escapar.
-Aiko. Debemos hacerte los análisis, ya lo sabes. –menciono con paciencia, algo que sin dudas dejo asombrado a Takao. Vaya que jamás se habría imaginado ver esa faceta de él.
-Pero duele mucho. –se aferro a su bata con sus pequeñas manitas.
-Dime algo… ¿Tu eres una niña muy valiente no es así?. –la pequeña asintió con la cabeza.- ¿Y te gusta ver feliz a tu mamá? –volvió a asentir. –Entonces si te haces los análisis, harás muy feliz a tu mamá, porque ella vera que su hija es muy valiente. Además, es para ver tu salud, porque se que pronto quieres volver a la escuela y jugar con tus amigos. –la niña se quedo pensativa, relajando el agarre. Midorima, sonrió victorioso.
-¿Lo harás?
-Si… -dijo tímida. – ¿Y después puedo tener una paleta?
-Tal vez dos si te portas bien.
-¡Trato hecho! –grito entusiasmada.
-Hinata-san. –llamó a la enfermera que iba pasando.
-¿Qué sucede Mido-san?
-Por favor, llévate a la pequeña al consultorio de Yoshiro-san, la están esperando. Y menciónale que en un momento voy.
-Claro que si. –sonrió, tomando a la niña en sus brazos. Mientras la pequeña se despida de Takao con su manita.
-Vaya… -sonrió despidiéndose de la pequeña. – así que ya eres todo un doctor.
Shintaro solo afirmo.
-Sin sonar metiche. ¿Qué es lo que tiene Aiko-chan?
-Un soplo en el corazón. Tuvo problemas al nacer y hay que hacerle otros análisis. Muchas veces algunas complicaciones no se presentan hasta después de determinado tiempo.
-Entonces ¿eres cardiólogo? –Takao lo miro aun más asombrado.
-Aun no. –se ajusto los lentes, intentando disimular su sonrojo.- Es mi residencia, estoy estudiando la especialidad en cardiología y soy asistente de un doctor que tiene esa especialidad.
-Ya veo. –igual no dejaba salir de su asombro.
-¿Y tu que haces aq…?
-Takao-san. –lo llamo la enfermera sonrojada, desde el mostrador.
-¿Ud. conoce mi nombre? – el azabache la miro extrañado.
-C-Claro que sí. D-De hecho todas aquí. –bajo la mirada apenada. Observando que efectivamente, las otras enfermeras que pasaban por el lugar se sonrojaban y cuchicheaban entre ellas –Ud. es el famoso pintor Takao Kazunari, quien tiene intima amistad con el modelo Kise Ryota y el de diseñador de modas Reo Mibuchi.
¡Ah! Es verdad, lo había olvidado. Que ahora, era una "figura publica".
-P-Pero dígame… ¿qué desea?- Midorima solo rodo los ojos ante el nerviosismo ridículo de su compañera de trabajo.
-Pues, me gustaría poder hablar con el director.
-C-Claro que si, ahorita no esta ocupado. Así que es muy posible que lo atienda. –se levanto de su silla, caminando hacia el inicio del pasillo. –S-Sígame por favor.
Se notaba que la enfermera hacia un esfuerzo sobre humano para no desmayarse en ese instante.
-Bueno… nos vemos Shin chan~ -Takao se alejo, poniéndose a un lado de la enfermera, haciéndole platica mientras esta se sonrojaba y se ponía más nerviosa.
Midorima se quedo ahí, estático, observando como el par se perdía en el elevador.
Y aunque no quisiera admitirlo, realmente se sentía feliz por volver a verlo.
Lo había extrañado.
…
-Es aquí, espere un momento por favor. - la enfermera señalo los asientos frente a la puerta de la dirección general del hospital. –Director Akira-san. ¿Puedo pasar? –golpeteo la puerta de manera suave.
-Adelante por favor. –menciono la voz al otro lado.
Takao se quedo ahí parado, mirando como la enfermera entraba por la puerta, quien salió casi de inmediato.
-El directo esta realizando una llamada, en cuanto termine, lo atenderá.
-Muchas gracias. –sonrió el azabache, provocando que la enfermera se sonrojara aun más, haciendo que saliera disparada hacia el baño, para intentar mojarse la cara y se le bajara el calor del cuerpo.
El azabache la miro alejarse, y luego se dejo desparramar sobre el asiento, mirando el techo.
Hace unos momentos, cuando aun se encontraba en el primer piso, juraría que se desmayaría de la impresión. Jamás pensó, que en el primer hospital que visitara a su regreso, se lo encontraría.
Es más, jamás pensó que se lo volvería a encontrar. Pero el mundo es muy pequeño ¿no es así?
Suspiro, cerrando sus ojos.
Aun podía recordarlo, el momento en que decidió alejarse de él.
Cuando estaban en Shutoku, después del tiempo que tenían conviviendo juntos, se había dado cuenta que la cercanía, que en un inicio había sido solo para molestarlo, se convirtió en amor.
Un profundo, sincero y silencioso amor.
Un amor, que en un principio pensó que tal vez podría ser correspondido; por el tiempo que compartían, por las salidas, las horas que pasaban en casa uno del otro, incluso la convivencia familiar con ambos era buena.
Vaya, el ¡ambiente estaba de Perlas!
Pero con el tiempo, se empezó a dar cuenta de que hablaba mucho con Akashi, y no es que con los demás no lo hiciera, pues había asistido a la secundaria con todos ellos. Si no que, comenzó a notar, que Akashi era mucho más cercano a él de lo que Takao podría haberse imaginado.
Aun así, no quiso darle mayor importancia, no quería ser inseguro, ni llenarse la cabeza de ideas locas. Es decir, era lógico ¿no? con la personalidad de Midorima, era más que obvio que Akashi fuera el más cercano.
Que puede decir; Tenia esperanzas, por su misma inocencia en el amor.
Así que, después del partido que tuvieron contra Rakuzan, en donde este mismo salió victorioso, su unión se volvió más fuerte, incluso un poco más intima.
Jamás habían llegado a los besos, ni a las caricias, pero había aspectos del peliverde que solo le mostraba a él y a nadie más.
Y eso a Takao, le emocionaba.
Por lo que una tarde, en un ataque de impulso, quiso ponerle fin a ese asunto que ellos dos se traían, sería valiente y pensaría positivo. Así que decidido, tomo sus cosas y fue directo a casa de su Shin-chan para por fin ponerle nombre a aquello que se traían ellos dos.
Fue entonces, que todas sus preguntas se hubieron contestadas al momento de doblar la esquina de la calle que daba a la mansión de la casa del peli-verde.
Nunca, en toda su vida, había odiado tanto tener el ojo de halcón.
Ahí estaba Shintaro, parado frente a las rejas de su lujosa mansión, sosteniendo los hombros de Seijuuro, inclinado a su altura, brindándole un amoroso beso.
Y Justo cuando el pensaba que tal vez tenían una oportunidad, por los celos que le demostraba, las miradas, sus tiempos juntos.
Al final, nada de eso era real, solo las ilusiones que el mismo pensó se harían realidad por las acciones que Midorima le dedicaba.
¡Que idiota, solo era su amigo!, ¡estaba haciendo lo que cualquier amigo haría por otro!
Aquella tarde, lloro en su cuarto, con ganas, como nunca antes lo había hecho, intentando a minorar el dolor y la presión que sentía en su pecho.
El corazón, realmente le dolía, incluso al latir.
Luego de eso, tuvo que soportar convivir todos los días con él, mientras le llamaba a Akashi en sus horas libres de la escuela. Lo que en un momento eran salidas, platicas y largas horas de practica de tiros libres después de los entrenamientos, empezaron a volverse tardes aburridas, horas de almuerzo solitarias, incluso, practicas inconclusas y muchas veces inexistentes.
Esa lejanía, le dolía. Cada vez Midorima estaba más distante, iba menos a su casa y el a la suya, incluso, en los entrenamientos, aunque su coordinación aun era buena entre los dos. Ya no sentía esa unión especial que los hizo ser la luz y sombra de Shutoku.
-Es normal.- pensó de manera melancolica, que su mundo girara ahora entorno a su novio.
Aun no sabe como fue tan fuerte, como fue capaz de aguantar esa opresión en su pecho día con día, que aunque ya sabia que Midorima jamás lo querría, él lo seguía queriendo, en silencio.
Por eso, cuando llego la ceremonia de graduación, decidió dejar de buscarlo, decidió dejar de sufrir a lo imbécil y comenzar a pensar en él. Ser feliz.
Y la mejor manera de iniciar un nuevo ciclo en su vida, era sencillamente, alejándose.
Luego de eso, lo demás vino solo. Entro a la Universidad de artes plásticas, gracias a las arduas horas de estudios dedicadas al examen de admisión. Al año, sus profesores quedaron fascinados con él, con su técnica, su creatividad, su ojo imaginativo. Por lo que le otorgaron una beca en el extranjero que con gusto acepto.
Quedándose a vivir hasta terminar sus estudios en París, Francia.
Y ahora que lo volvía a ver, se sentía tranquilo. Su corazón no se acelera, y no duele.
Lo ha superado y eso le hace sentir bien.
Muy bien.
-Joven Takao… -Abrió los ojos al escuchar su nombre, incorporándose.- Adelante.
…
Lo estaba buscando.
Después de la cita medica con Aiko, había caído en cuenta de una cosa. ¿Qué hacia ahí?
Pero antes de que pudiera seguir caminando, dispuesto a buscar a la enfermera que lo había atendido, volvieron a toparse de frente, chocando, al doblar al pasillo.
-Auch… -se sobo la frente. –Lo siento mucho.- alzo la mirada y sonrió.- Shin-chan.
-Takao. –pronuncio, sin dejar de mirarlo de manera seria.
No sabia que decirle, ni como preguntarle. Aun con el pasar de los años, era pésimo entablando una conversación.
Hubiera sido más fácil hablar con él, si hubiera acudido en calidad de paciente, porque a su parecer, no tenia porque estar ahí, no se notaba enfermo.
El celular del azabache sonó sacándolo de sus pensamientos.
-¿Hola?
-Neee… Kao-chan, ¿dónde estas? ¡Prometiste almorzar con nosotros! –esa voz, al peli-verde se le hacía muy familiar.
-Gomen, gomen, en un momento voy para allá. Llego en 20 minutos.
-¿Eh? ¿Por qué?
-Estoy en el hospital.
-¿EHHH? ¿¡Por qué!?, ¿sucedido algo?, ¿estas bien Takaocchi? ¿Quieres que Reocchi y yo vayamos para allá?
-Si, estoy bien Kise, y no, tranquilo, en un rato te explico, nos vemos…. –colgó su celular y miro a Midorima, tocándole el hombro. –Bueno, debo irme, me dio gusto saludarte. ¡Nos vemos mañana!
-Ehm… Sí. – lo miro alejarse, sin poder decirle nada más. ¿Acaso realmente estaría enfermo para volver mañana?
-¡No puedo creerlo!, ¿estás hablando en serio? –miro de reojo con el ceño fruncido, a la enfermera que pasaba. Estaba siendo demasiado escandalosa.
-¡Si, es verdad!, el director se lo acaba de confirmar a Yume-chan. ¡Takao-san va a trabajar en este hospital! –grito emocionada.
Así que era eso. Trabajara en el mismo hospital que él… -¿QUUEEEÉ?
Que destino tan caprichoso, al querer reencontrarlos en ese hospital…
- xx X xx -
Los niños lo agotan, de eso no había dudas.
Los pequeños de primaria eran peor que los de la guardería.
Y segundo año, era todo un caso.
Aunque los pequeños ya estaban más conscientes de que las acciones que realizaban traían futuras consecuencias, eso no les impedía hacer travesuras debes en cuando.
Y ese día no era la excepción.
Habían hecho todo un desastre en la clase de artes.
Lo que tenía que haber sido un dibujo con macarrones de colores y brillantina, termino siendo un reguero de pintura, macarrones con pegamento y brillantina por todo el salón y cabellos de los niños, incluido el suyo al intentar detenerlos.
Al final, todos pararon de arrojarse los materiales de "artes" cuando lo vieron enojado; y eso era cuando desaparecía y aparecía de nuevo en cualquier parte del salón. Esa acción les asustaba mucho, porque les recordaba a un fantasma; pero se lo habían ganado, y de eso eran conscientes.
Porque lo que había comenzado como un pequeño accidente de un niño a otro al mancharle su dibujo de pintura, había terminado en un gran desastre al momento en que el afectado, le arrojo su bote de escarcha a la cara y el otro respondió de vuelta arrojándole macarrones, que acabaron en la cara del niño de atrás. Toda una reacción en cadena.
Y ahora se veía ahí, en la escuela dos horas después de haber finalizado su jornada, terminando de limpiar el salón. Que aunque los niños le habían ayudado (y llorado por sentirse culpables) después de lo que habían cometido, no le había alcanzado tantas manitas para terminar a tiempo. Pero bueno, al menos no le tomaría toda la tarde.
Tomo los últimos botes de pintura que quedaron ilesos y los colocó sobre el anaquel más alto del salón.
Guardo sus cosas, que momentos antes estaban regadas en su escritorio, y salió de la escuela, dispuesto al fin a llegar a casa.
Cruzaba la calle, cuando pudo percibir esa sensación extraña de que alguien lo miraba, de manera penetrante y profunda.
Se detuvo en seco, aferrando su mochila a su espalda, sacando su celular, fingiendo tranquilidad y mando un mensaje.
Volteo de manera sigilosa, y no había nadie. Tal vez, eran solo sus ideas.
Volvió a emprender camino, y ahí estaba de nuevo, esa sensación que le erizaba la piel, una mirada muy pesada, sintiendo más cerca, esa presencia.
Empezó a caminar de manera rápida, intentando no perder la tranquilidad, quería llegar a una calle principal, la que fuera, porque esas siempre están más transitadas.
Pero a medida que avanzaba, podía percibir a aquel desconocido cada vez más y más cerca.
Volvió a sacar su celular y mandando otro mensaje. Su respiración empezaba a ser más agitada. No iría a su casa, llegaría directamente a la estación de bomberos porque ahí está su esposo; su jornada termina en una hora, y la estación está a tan solo 5 minutos.
O tal vez 3, por la manera tan rápida en que ya camina.
Nuevamente esa mirada, penetrante, sofocante, esa horrible sensación que le causa le es familiar, pero no podía ser él.
No quería creer que fuera él.
-Quien sea, menos él. –pensaba.
Comenzó a correr, y entonces se dio cuenta de que sus sospechas eran ciertas. Lo estaban siguiendo, y escuchaba sus pasos apresurados tras él.
Se detuvo al final de la calle, el semáforo en rojo, los coches circulando en ambos sentidos. Su respiración entre cortada. No podía cruzar así.
Pero se tranquilizó, al verlo al otro lado de la calle donde se encuentra la estación de bomberos, Kagami había leído el mensaje.
El peli-rojo sonrió en cuanto lo vio, y de repente, frunció el ceño, corriendo rápidamente hacia él sin importarle que el semáforo aun estuviera en rojo.
Esa acción por parte de Taiga, le confirmo solo una cosa: ese extraño ya lo había alcanzado, y esta detrás de él.
-Kuroko. –musito.
Y entonces el corazón se le paralizo al reconocer su voz, sintiendo como el miedo invade todo su cuerpo de nuevo.
-Kuro…
-¡NO, ALEJATE! –grito con fuerzas, lanzándole la mochila, sintiendo como Kagami lo toma entre sus brazos y lo coloca tras él.
-¡LARGATE DE AQUÍ! –le grito Taiga, valiéndole un carajo que las personas los miraran sorprendidas.
-Espera, yo solo…
-¡NO TE PREGUNTE QUE HACES AQUÍ!, TE DIJE ¡LARGATE DE AQUÍ, OGIWARA!
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Y buenooooo, que les pareció?
Espero les haya gustado y que no se les haya echo aburrido…!
Les mando un beso y espero que esta vez sin falta nos veamos el sábado (o domingo!)
Me despido…
Con abrazos y mordidas…
Mely Wolf~
pd: sus reviews, ya se los voy a contestar ^w^
