Noche de Tormenta
Salí de casa antes que el alba rompiera con el resplandor del sol, la brisa fresca del mar alejaba mis pensamientos acumulados por estos cuatro años.
Mis piernas se aferraban con firmeza a las tablas del muelle, mientras observaba a tres marinos forcejear con los lazos gruesos al encallar su embarcación -¡A prisa! Estos serán días de tormenta y tenemos que bajar toda la mercancía… -Miré el cielo y las nubes arremolinadas confirmaban las palabras de aquellos hombres rudos, curtidos por el arduo trabajo…
-Terry – El apretón firme de la mano de mi mejor amigo me trajo por completo a la realidad.
-Maurice- Él era el único que conocía perfectamente el deseo de mi ser, de las incontables veces que quise huir y dejar todo. Hacerme cargo del Eleonor´s no fue lo mejor para mí. Muy a pesar de la reputación que podía tener era el peso de saber que se me negaría la oportunidad de poder tener una vida tranquila y de hogar como la que disfrutaban mis hermanos.
-Me sorprendió que me citaras aquí en el muelle, habiendo lugares más cálidos.
-No seas quejumbroso, amigo; es aquí porque tiene que ver con el negocio que queremos emprender juntos –Teníamos el deseo de asociarnos en la empresa de pesca, Maurice sería el representante y ambos pondríamos la misma cantidad para cubrir el capital de inicio. No tenía ningún inconveniente que él se encargara de la administración.
-Si estamos aquí es porque quieres que vea algo.
-No te equivocas –Caminamos hacia unos barcos varados y entre ellos destacaba uno en especial, con una belleza en la proa, mitad mujer, mitad pez;
-Granchester! Es sublime… me dejas sin palabras –Mi hermano miró estupefacto la gran embarcación, sus ojos recorrían cada parte de la nave y tenía una gran sonrisa –Hermano, ¿por qué una sirena? Pensarán que somos piratas… -Estalló en una carcajada como expresión de la emoción que lo embargaba.
-Por Susana – Susy era mi bella amante y siempre que intimábamos terminaba diciéndome "Me tratas como un pirata a su mujer y no como un caballero a su Lady" … "mi pirata"
-Me imagino que esta belleza se llamará "Susy"…
-Te equivocas, Maurice, te equivocas… Se llamará Candy –Un pequeño diminutivo del nombre de la Dulce Candice, no me importa recibir críticas por el nombre de la embarcación, pero si no puedo tenerla a ella al menos tendré algo que la represente, que la materialice en mi vida…
-¿¡Candy!?
-Sí, porque es fuerte y tierna a la vez, es firme y suave al mismo tiempo, porque es impasible y dulce … además -¿Cómo olvidar su expresión cuando me dijo "Puedo dormir tranquila en las noches de tormenta"? Aunque todavía no logro descifrar a lo que se refiere sé que no me defraudará –No le temerá a las noches de tormenta…
Llegué a casa un poco después del medio día para comer en compañía de mi madre, todo ocurrió sin novedad, hablamos de todo como cada día… el tema principal era el negocio que montaría con Maurice, a mi madre también le emocionaba la idea de algo diferente –Entonces, si las cosas marchan bien… en una par de años podremos olvidarnos del Eleonor's
-No, madre… eso nunca
-Pensé que era lo que querías, deshacerte de él
-No, lo que deseo es que vuelva a ser lo que fue en sus inicios, tal y como mi padre y tú lo diseñaron…
-Amé a tu padre, cada día de nuestras vidas… aunque al final no fue lo que los dos deseamos…
La tristeza siempre hacía acto de presencia sin importar el momento, la situación o la condición… y yo odiaba que mi madre viviera así –No es momento de sentirse triste, venga conmigo al salón y charlemos de negocios.
Mi madre tenía una vocación para la actuación y el baile pero siempre lo hacía a escondidas de la sociedad y disfrutaba mucho que yo participara con ella. Ella fue quien me enseñó modales para tratar a una dama, la forma correcta de sentarme a la mesa y tomar los utensilios… a mi madre le dolió que mi padre me nombrara albacea del Eleonor's ya que al ser el menor de tres hermanos siempre fui apegado a ella, fui su fiel compañerito hasta que mi padre tomó, lo que ella llama, la peor decisión condenando así mi futuro.
Tomé a mi madre por la cintura; su brazo rodeó mi espalda y dos de nuestras manos permanecían unidas en la cúspide de dos brazos extendidos. Perdí la cuenta después del vals número ocho y disfruté bailar con ella -¡Basta!, no más… creo que es suficiente por hoy – Hablar con mi madre de negocios era algo que la volvía a la vida, era otra en ese momento, sus ojos brillaban, su cabello resplandecía a la luz de las velas, su delgada silueta parecía flotar. Teníamos años que manteníamos esa contraseña muy íntima y llena de complicidad. La teníamos, aun cuando mi padre estaba vivo, él llegaba cansado del Eleonor´s y dejó de ser atento con mi madre; eso me llenó de furia, ver su constante rechazo hacia ella y fue algo que yo le prometí: "Madre, aunque yo esté en agonía, siempre tendré tiempo para charlar de negocios" –Gracias, hijo, por mantenerme viva, por darme felicidad…
Mientras admiraba la hermosura de mi madre un temor se apoderó de mi mente, ella reposaba en un sillón intentando recuperar su aliento y yo estaba de pie en medio del salón, apreté los puños a mis costados –Madre, usted no se opondrá a mi felicidad, ¿verdad?¿A usted le hará feliz si yo soy feliz?...
Levantó la mirada incrédula de mis palabras, su intuición fue suficiente para saber la dirección de la intención de mis palabras –Jamás he intentado sustituir a Richard en mi vida, y pensar … ¡Por Dios, Terrence! Eso es una degeneración… Hijo, yo sería la más feliz que te pudieras realizar como esposo, ver a tus hijos correr por estos largos pasillos, así como tus hermanos y tú lo hicieron de pequeños, que sus risas llenen cada rincón y que tú seas un fiel ejemplo para ellos…
-Eso fue un sueño para mí, ahora no, no quiero hijos, me conformo con los que, en su momento, tendrán mis hermanos… -Mi madre se despidió de mí, sus palabras dieron a mi alma el descanso que necesitaba ante esa escalofriante idea absurda, pensar en la posesividad de mi madre hacia mí y verme como hombre era aberrante.
-Terry- Dirigí mi vista hacia ella al momento en el que salía del salón –La joven que trajiste ya la coloqué en el servicio.
Debo admitir que las palabras de mi madre me dolieron y preferí que no me diera detalles de la decisión que había tomado, era lo mejor, mantenerme lejos de esa niña y de todo lo que ella significaba. –Gracias, madre por su apoyo.
-Le indiqué a Carlright que la ocupara en…
-Lo que haya decidido fue lo mejor, no dudo de ello, y lo que el Mayordomo le indique tiene que ser obedecido, ella responderá como cualquier persona del servicio.
-Creí que deseabas saber… pero está bien, hijo.
Caminé rumbo a la biblioteca a revisar algunos libros de la contabilidad, tenía que avisar a mi administrador que tenía una empleada más y añadirla a los libros con la cantidad de su paga y la descripción de servicios.
Habían pasado ya cuatro días desde que Candy llegó a la Mansión Granchester y no la había visto en ningún momento, Carlright me había asegurado que era muy buena en los deberes asignados y que era muy responsable… pienso que cuatro días no son suficientes para dar una recomendación de tal magnitud, pero Carlright lleva la mayordomía desde hace 30 años y su palabra tiene valor delante de mí y de mi madre.
En estos días mi estado de ánimo no ha sido el mejor, es tan inestable como el clima, había momentos en los cuales estaba radiante como el sol y otros tan inexpresivo como el frío viento y otros enfurecido como la lluvia que golpea recio…no sabía a qué se debían tantos cambios de humor, pero me sorprendí a mí mismo pensando en ella más de un par de veces.
Había usado el pretexto de supervisar de cerca a los sirvientes, en los que laboraban en las habitaciones, no la vi, tampoco estaba entre los que servían en la cocina, ni en los que se encargaban de la ropa, menos entre los que fregaban los pisos. Sentía cierta desesperación por mirarla… mirarla de nuevo… me hervía la sangre de pensar que podría sonreírle a alguien, que otro fuera el dueño de sus risas, que alguien más pudiera conquistar su corazón y profesara protegerla.. –Maldita sea, odio mi infortunio.
-Señor, la tormenta está por soltarse en cualquier momento…
Miré a mi mayordomo preocupado por la seguridad de la Mansión. Las tormentas en Sanit Ives eran catastróficas y dejaban muchas pérdidas lamentables si no se actuaba con la suficiente precaución. Incluso si se era precavido existía la probabilidad del infortunio. –Carlright, hay que asegurar las ventanas, alistar los víveres y pedirle a los peones que se resguarden. Por su seguridad no quiero a nadie fuera de sus habitaciones- Salí para seguir dando órdenes y me dirigí al Eleonor´s para supervisar que se hiciera lo propio.
A media tarde la lluvia comenzó a descender acompañada de truenos y duró hasta media noche, el sonido del viento parecía ánimas en pena y el resplandor de los rayos atravesaba el cielo oscuro, las calles estaban completamente vacías y las mujeres se unían para elevar plegarias para que la tormenta pasara lo más pronto. Rogaban por los que estaban en altamar y por los desdichados que no tenían en donde vivir, se rezaba por el huérfano y por la viuda para que Dios fuera su refugio en este momento; también era menester que la señora de familia, en este caso mi madre, participara en estas plegarias.
Mi deber era procurar la tranquilidad de mi familia y de mis siervos, era mi obligación brindarles seguridad y protección…
La tormenta retomó su fuerza en la segunda vigilia, la voz del rezo de las mujeres se intensificó y en lugar de darme paz me exasperaba.
Caminé hacia el salón azul para escaparme del bullicio, me acerqué a la ventana con ella en mi pensamiento, si no estaba entre el servicio de la Mansión probablemente estaba en la Hacienda.
Gracias a la luz de un relámpago pude ver más allá de las verjas decorativas de la mansión y lo que vi aceleró mi corazón ya que no era la primera vez que ocurría.
Cerré de un tajo las cortina y corrí llamando a gritos a mi mayordomo –Las caballerizas! –Había visto a través de la ventana al menos veinte caballos corriendo desbocados y asustados sin dirección. Tenía los mejores ejemplares y no los perdería por un grave descuido de los que se encargaban de las caballerizas, establos y viñedos.
-Señor, no salga, la tormenta está en su pleno…
-Terrence, hijo, la vida de un animal la puedes sustituir con otro pero la tuya no…
La voz de mi madre estaba cargada de nerviosismo y miedo pero no lo suficiente para detenerme –Necesito 10 hombres que me ayuden… rápido!
Corrí a todo lo que mis piernas me lo permitían en dirección de los carruajes, tomaría los caballos y llegaría a las caballerizas. Era toda una osadía pensar que no pasaría nada, las patas de los animales podrían fracturarse en el camino cenagoso y tenía el viento en contra y la lluvia agolpaba contra nosotros sin piedad –Ustedes tres de aquél lado, tres por aquél otro y ustedes conmigo.
-Señor, rodearemos a los animales y los iremos acorralando hacia el ala norte
-Sí, señor, si se han salido es porque las caballerizas no están seguras, los meteremos en los establos de las cabras…
-Entonces, que dos de ustedes se adelanten y todos los demás haremos que los caballos y las yeguas lleguen a esa dirección
-Señor, permítanos encargarnos de esto, usted regrese con su madre quien ha quedado muy desconsolada….
-No y no digan más….
Nuestros ejemplares galoparon en lo espeso de la noche de tormenta, sus relinchidos fueron opacados por la fuerza de la lluvia y de los truenos, me levanté más de tres veces después de caer debido a que los animales tenían miedo. Nos llevó más de dos horas acorralar a todos los animales desbocados que habían salido de las caballerizas.
Di las indicaciones para que regresaran a la Mansión y yo tomé la dirección contraria pese a las recomendaciones de mis siervos que me apreciaban como a su noble Señor, ante tanta insistencia mi cólera acrecentó, tenía que encontrar al irresponsable que no hizo bien su trabajo y que dejó que los animales escaparan exponiendo, no solo a las bestias, sino la vida de otros trabajadores.
Mi caballo relinchó al llegar a las caballerizas y encontrarlas en calma, incrementó más mi cólera hasta convertirse en ira, lancé más de un juramento asegurando que el responsable sería despedido luego de ser azotado.
Me bajé de un brinco y me metí solamente para ver que cada uno de mis animales dormían plácidamente en sus propios apartados, tenían paja suficiente para mantener su calor; tomé una tea y la prendí rogando que no se apagara, rodeé los establos y las caballerizas y ambas estaban igual, llegué a la conclusión que los animales que escaparon y que resguardaba en los establos de los ovinos no eran míos… levanté la mirada para inspeccionar y los techos estaban reforzados con lazos fuertemente atados, eso era nuevo…
Corrí hasta toparme con una puerta gruesa y vieja –Señor, pase – el torpe anciano que abrió la puerta me insistió que me quitara la ropa mojada, su esposa, igual anciana como él, tiernamente me puso delante un tarro con una bebida caliente para reponer el calor de mi cuerpo.
-Vimos algunos caballos desbocados por la tormenta, por eso he venido para ver las caballerizas…
-Señor lamento tanto el inconveniente –La sorpresa se apoderó del gesto del anciano
-No son nuestros
-Lo sé, nuestra hija nos dijo cómo debíamos asegurar a los animales para evitar que se asustaran por la tormenta
-¿Hija? –Sabía que los ancianos habían perdido a su joven hija de una enfermedad viral en Saint John pero conservaban a sus hijos con sus esposas, todos útiles y serviciales.
-Sí, Señor, la vida nos ha devuelto a nuestra niña-La sonriente anciana me mostró un camino para llegar a donde estaba la hija de los Anderson.
En menos de tres pasos llegué hasta la habitación humilde para mirar a la doncella dormir plácidamente, la anciana se acercó con un candelabro de mano y aluzó la habitación lo suficiente para mirarla, su larga cabellera rubia y ondulada descansaba encima de los almohadones, cubierta por una frazada de algodón dejaba ver parte de su pierna y su brazo izquierdo, tendida boca abajo y la respiración acompasada ante la tranquilidad de su sueño. -¡Candy! – Mencioné con sorpresa, ternura y en voz baja para no despertarla.
-Así es Señor, es una gran bendición para nosotros.
Regresamos para sentarnos nuevamente a la mesa, la había encontrado sin buscarla y me di cuenta del peso de sus palabras al mencionar "Puedo dormir tranquila en las noches de tormenta" nada podría quitarle la paz que tenía por hacer las cosas bien y no solamente había prevenido un desastre sino que había llegado a dar alegría a una anciana pareja.
-Estamos muy agradecidos con usted al pensar en nosotros y permitirnos tener en casa a Candice, Carlright la trajo de parte de usted para alegrar nuestra vida.
-Señor, trabajamos tanto en cuanto ella observó las caballerizas y nos dio sus observaciones, no habíamos ido a presentar nuestros respetos de gratitud porque estábamos uniendo esfuerzos para evitar que la tormenta fuera algo más que lluvia, truenos y relámpagos.
-Gracias por cuidarla.
Estaba amaneciendo cuando hice mi camino hacia la Mansión, me sentía un tanto entumido por el frío y la humedad de la ropa, pero me sentía muy satisfecho de haberla encontrado y de saber que estaba bien.
No me había equivocado en llamar a la embarcación "Candy" porque era justamente lo que representaba y ahora podía añadirle: Desesperación y Paz
Muchas gracias por sus comentarios, todos son muy emotivos.
La historia es mía, no es adaptación y gracias por su paciencia.
Prometo publicar muy seguido.
