III
La Pandilla
Storybrooke
Hace Muchos Años
La ventaja de vivir en un Pueblo tan pequeño como Storybrooke era que todos los niños se conocían perfectamente, todos vivían cerca de cada uno, así había sido siempre.
De entre todos los niños, había muchos que sobresalían del resto. Como: Graham Humbert, quien era el hijo del Sheriff, Elsa y Anna Enrile, que eran las hijas del Alcalde en turno en ese entonces, y no conformes con eso, su madre y sus tías eran dueñas de la Heladería más grande del lugar. August W. Booth era el hijo del mejor Carpintero de ahí, David Nolan, era hijo de dos Criadores de Caballos muy experimentados que decidieron probar su suerte en Maine, Jefferson Hartford, miembro de una de las Familias más acaudaladas de todo el estado, dueños de un Criadero de Langostas. Ruby Lucas, la nieta de la propietaria de la Cafetería más espectacular de la zona, Zelena Mills, una chica un poco loca, pero demasiado astuta, decidida y leal a sus creencias y convicciones, Walsh Tate, el mejor amigo de Jefferson casi desde que nacieron, Mary Margaret Blanchard, hija del Entrenador del Colegio local y creador del Equipo de Arquería, y de una Campeona de Equitación retirada. Y, por último, pero no menos importante: la pequeña Emma Swan, hija de un Pescador y una Doctora, una niña que a muy corta edad había sufrido la pérdida de su madre.
La Señora Swan falleció cuando Emma tenía tres años de edad, dando a luz a James, su hermano menor. A pesar de la falta de una figura materna, el Señor Swan hizo todo lo que estuvo a su alcance para que sus dos hijos fueran niños alegres, felices, y que a ambos no les faltara nada.
El Sr. Swan no estaba totalmente solo, tenía el apoyo incondicional de los Blanchard, ya que, Eva Blanchard y Allison Swan eran hermanas.
Su padre le daba mucho Amor y cariño, Emma era muy apegada a él, le ayudaba en todo lo que podía, y ella también le transmitía mucho Amor a él.
Sin embargo, por alguna razón, le costaba mucho trabajo socializar con los demás niños de su edad. La única excepción a la regla era Ruby, ella fue la primera capaz de hacer que las palabras salieran de su boca, aunque, con los demás fue muy difícil que congeniara en el preescolar, se cohibía demasiado.
La Orientadora del Preescolar; Cora Mills, se preocupaba mucho por la niña, ya que estaba por entrar a Primer Grado, y la timidez de Emma era un problema, no sólo para la niña, sino también para los que la rodeaban.
─Le juro que no sé qué es lo que le pasa. ─Confesaba el Sr. Swan, mirando a su hija jugando sola con unos bloques.
─Comportamientos así son normales en niños que han sufrido una pérdida tan grande como la de una madre ─replicaba Cora─. Me sorprende que Emma no haya tenido riñas con otros niños, o esté desesperada por llamar la atención. ¿Ruby es su única amiga?
─Sí ─respondía Gregory Swan mirando a Cora─. Ella y james son los únicos capaces de sacarla de su mundo.
─Tal vez, sea prudente hablar con Ruby y su Abuela ─sugería la Orientadora─. Ruby es capaz de hacer que hasta Pongo hable con ella. Esa podría ser la solución, porque de lo contrario, Emma sufrirá demasiado con el paso de los años.
─Ella estará bien, lo prometo. ─Agregaba Gregory levantándose de su asiento.
─Eso espero. ─Reconocía Cora estrechando su mano.
─ ¡Ems! ─exclamaba el hombre─ Nos vamos, cariño. Despídete de la Señora Mills.
─Nos vemos la próxima semana, pequeña Emma. ─Declaraba Cora poniéndose al nivel de la niña que ya estaba al lado de su padre.
─Hasta luego, Sra. Mills. ─Contestaba Emma con voz susurrante.
Su padre la tomó de la mano, y juntos salieron de la Oficina de Cora. Emma estaba callada y comenzaba a tensarse minuto a minuto, cuando estaban próximos a llegar a su salón de clases.
Una pequeña Pandilla liderada por Graham los hizo apartarse. Emma los vio cuidadosamente, tratando de imaginarse corriendo junto a ellos, se veían tan felices y despreocupados, tan libres, eso era lo que ella quería experimentar, pero, el miedo no se lo permitía.
─ ¿Alguno de esos niños te está molestando? ─Pedía saber su padre mirándola a los ojos.
─No. ─Contestaba la niña moviendo su cabeza muy rápido.
─ ¿Qué es lo que sucede entonces, Ems? ─preguntaba Gregory realmente preocupado─ Sabes que puedes contarme lo que sea, que por eso soy tu padre.
─No lo sé ─respondía Emma dándose por vencida─. Quiero hablar con ellos, jugar, correr, pero, tengo miedo. ¿Y si no me aceptan?
─Sólo un tonto no aceptaría estar con una niña tan hermosa y divertida como tú ─afirmaba su padre tocando su nariz con el dedo índice─. Emma, ellos no te van a hacer nada malo, no te van a comer. He oído que Ruby intenta todos los días desesperadamente que te unas a ellos. La Abuelita me ha dicho que siempre llega triste del Colegio por la misma razón. Dales una oportunidad para que te conozcan. Y si alguno te molesta, yo me encargaré de que no lo intenten una segunda vez.
─Trataré, papi. Te lo prometo. ─Exclamaba Emma con mejor ánimo.
─Eso espero, cariño ─deseaba Gregory─. Ahora, hay que correr, que la Profesora Mulán ya casi llega al salón.
Hacerlo y decirlo eran cosas completamente diferentes. Emma entró al salón antes que su Maestra, dejó sus cosas en su lugar, y tomó asiento en el último y solitario pupitre de la esquina pegado a la ventana, su sitio preferido.
Los niños jugaban mientras Mulán trataba de controlarlos mientras que la pequeña Swan jugaba con sus útiles en la parte de debajo del pupitre, justo donde se suponía que debía poner las cosas no utilizaba.
El tiempo transcurría, y con él, la clase sin ningún inconveniente, Mulán dejaba a Emma jugar así, ya que, al principio de las clases, era imposible que prestara atención.
─ ¡Muy bien! ─exclamaba la Profesora con entusiasmo─ Hoy vamos a hacer algo divertido. Todos pónganse de pie.
Los pequeños obedecieron alegremente, al menos, la gran mayoría de ellos, Swan, por su parte, abría su libreta para comenzar a dibujar en la parte de atrás.
─Emma ─empezaba la mujer─. Ya es hora de trabajar. Por favor, ponte de pie.
La niña simplemente asintió en silencio y se levantó muy rápido.
─Haremos equipos de cuatro integrantes cada uno. Juntos, me contarán un cuento, el más alocado que se les ocurra, ¿de acuerdo?
─ ¡Sí! ─Respondían los niños muy alegres.
Mulán acomodó a los niños dejando en el mismo equipo a August, Ruby, Elsa y Emma. tal vez el poner a niños de casi seis años a contar una historia no era la mejor idea del mundo, pero era la única manera que se le ocurría para que la chiquilla al fin lograra hablar, cuando menos una vez.
─ ¿Qué vamos a hacer? ─Cuestionaba August mirando a Elsa.
─ ¡¿Yo qué voy a saber!? ─espetaba la pequeña Rubia─ Si apenas sé que mi nombre tiene tres letras.
─Elsa, tu nombre tiene cuatro letras ─replicaba Ruby rápidamente─. Yo digo que hagamos el cuento de Caperucita Roja. Yo quiero ser Caperucita, August puede ser el Lobo, tú la Abuelita, y Emma podría ser la Leñadora.
─ ¡No! ─contradecía August alzando la voz─ ¡Yo no quiero ser un Lobo! ¡Yo quiero ser Pinocho!
─ ¡Y yo quiero ser la Reina de las Nieves! ─Agregaba Elsa, luego de contar las letras de su nombre con los dedos.
Los pequeños alzaron la voz cada vez más, y comenzaron a pelear sobre lo que querían hacer. Los demás niños se juntaron a su alrededor cuando Elsa y Ruby se abalanzaron contra August. Emma fue haciéndose más hacia atrás, alejándose de todos, caminando lentamente de regreso a su lugar.
─ ¡Ya basta! ─ordenaba Mulán separándolos a los tres─ En vez de pelear entre sí, deberían trabajar juntos. El equipo es de cuatro, no de tres. ¿Ya le preguntaron a Emma que es lo que quiere hacer?
─ ¡Ella nunca dice nada! ─Espetaba August.
─ ¿Te has tomado el tiempo de preguntarle? ─Inquiría su profesora.
─No. ─Contestaba el niño honestamente.
─Emma, ven aquí, por favor. ─Pedía Mulán amablemente.
La pequeña Emma caminó despacio ante la mirada de sus compañeros de clase y regresó al lugar donde los niños peleaban momentos antes.
─Dinos, Ems. ¿Qué quieres hacer?
Emma miró a Mulán, y segundos después a Ruby, ésta última movía los labios, y le pedía en un susurro que escogiera a Caperucita Roja. Quería decir y exclamar lo que deseaba hacer, pero, las palabras no salían de su boca, o eso creía, hasta que su lengua comenzó a moverse.
─Yo... quiero la historia del Patito Feo. ─Exclamaba Emma.
─ ¡Salió la misma, Miss Mulán! ─Decía Elsa.
─Pero… ─continuaba la niña─ ¿Por qué no hacemos a todos juntos?
─ ¿Qué? ─Cuestionaban los tres niños.
─ ¿Y si en vez de tomar un solo cuento, August toma a Pinocho, Elsa a la Reina de las Nieves, Ruby a Caperucita, y yo al Patito Feo, y hacemos una nueva historia? ─Decía Emma en un susurro.
La idea parecía algo descabellada, pero a Ruby le encantó y los otros dos accedieron creando el mejor cuento de hadas sin sentido que pudiese existir. Pero, ¿a quién le importaba? El plan de Mulán funcionó, Emma al fin se reía y convivía con los demás, por fin se veía como era con su padre, su hermano James o Ruby. Lo único que necesitó fue armarse de Valor, nadie entendía la razón de su silencio y autoimpuesta reclusión desde la Muerte de Allison Swan, había algo dentro de ella todavía.
Fue tan buena química que los cuatro niños generaron, que siguieron con su historia en el descanso, afuera del Colegio, y en cada oportunidad siguiente que tuvieron hasta que se cansaron de hacerlo.
Los cuatro niños continuaron con su amistad por muchos años más, se apoyaban y se querían inclusive en los momentos más difíciles, y en los más alegres. Se hicieron llamar la Primer Pandilla de Storybrooke, y con el paso de los años, ésta se fue haciendo más grande, sin embargo, Caperucita, Pinocho, la Reina de las Nieves, y Patito Feo serían los sobrenombres que ocuparían entre ellos hasta la edad adulta.
San Diego
El Presente
Ya no había marcha atrás, Ruby envió el mensaje y en unas horas comenzaría a recibir todos los regaños, reproches y quejas de la Pandilla de Storybrooke.
¿Tenía miedo? Sí, se sentía como cuando era una niña, inconscientemente, se había aislado de una vez más, igual que después de la Muerte de su madre, y también del accidente en altamar que provocó el deceso de su padre cuando ella tenía diez años, Emma Swan tenía la mala costumbre de bloquear lo malo que le ocurría, y sumergirse en su mundo.
Lo más curioso era que estaba haciendo exactamente eso justo ahora. Tenía a Henry usando su computadora, transcribiendo los textos que redactó en la ausencia de Emma, y ella miraba el enorme edificio de enfrente, pensaba en lo que todos le dirían, en lo que responderá, y en muchas cosas más.
Esa tarde, Emma atendió a dos clientes más, revisó lo que su nuevo aprendiz había hecho, y les dio un vistazo rápido a los otros dos.
Dieron las seis de la tarde, lo que significaba que era hora de irse para todos, excepto para ella, que debía terminar el informe trimestral para Gold.
Ya no quedaba nadie con ella, estaba sola con la música de fondo. El informe llevaba consigo información detallada de las campañas realizadas, y como última adición, la incorporación de sus nuevos esclavos. Le costaba trabajo concentrarse, todo el tiempo pensaba en lo que sus amigos le dirían, sus pensamientos eran tan fuertes, que en repetidas ocasiones escribió lo que tenía en la cabeza, su mente le pedía un descanso, así que, apagó todo y salió de su Oficina.
Cuando cerró la puerta con llave, un sonido la alertó, y los nervios se apoderaron de Swan, creía que era un mensaje de August, pero, para su sorpresa, eran dos mensajes: uno de Robín, y el otro de Killian.
─ Killy ─
─Amor, lamento no poder ir por ti al trabajo, Bella nos dio trabajo extra, y nos quedaremos hasta tarde. ─8:15 p.m.
.
─No te preocupes, Killian, tomaré un taxi. De todos modos, Ruby me perjuró que se quedaría esta noche en el Apartamento. ─8:16 p.m.
.
─ ¿De verdad? No quiero que estés sola a esta hora. ─8:16 p.m.
.
─ ¿Y qué piensas hacer, Jones? ¿Salir disparado desde Ocean Beach para recogerme? ─8:17 p.m.
.
─Si es que tengo que hacerlo para asegurarme que estás bien, entonces, voy para allá. ─8:17 p.m.
.
─Relájate, Killian. No es la primera vez que vague sola por las calles de San Diego. Despreocúpate, te enviaré mensaje cuando llegue. ─8:17 p.m.
.
─De acuerdo, Emma. Esperaré con ansias tu mensaje. ─8:18 p.m.
.
─Gracias por preocuparte por mí. Sabes que Te Amo, ¿verdad? ─8:18 p.m.
.
─ ¿Puedes repetir lo último? ─8:19 p.m.
.
─Te Amo, Killian. ¿Hay algo de malo en eso? ─8:19 p.m.
.
─Nada, Amor. Es sólo que suelo ser yo el que lo dice primero. ─8:19 p.m.
.
─No es la primera vez que te lo digo, bueno, es la primera que lo escribo, pero, después de casi nueve meses, ya era tiempo de decírtelo. ─8:20 p.m.
.
─Si esto me lo hubieras dicho cuando comenzamos a salir, te habría tomado por loca. ─8:20 p.m.
.
─Eso siempre lo haces, Killian. ─8:20 p.m.
.
─Por supuesto que sí, pero, eres mi loca favorita, y lo sabes. Ya tengo que irme, yo también Te Amo, Swan. ─8:20 p.m.
.
─Muy gracioso, Killy, pero, tú también eres mi loco favorito. Te dejo continuar con el trabajo, nos leemos en un rato. Adiós. ─8:21 p.m.
.
─ Killy ─
Emma cerró esa conversación, e inmediatamente abrió la de Robín mientras esperaba el ascensor.
─ Robín L. ─
─Emma, ¿todavía estás aquí? ─8:15 p.m.
.
─Sí, si tú aún sigues aquí, la respuesta es sí. ─8:21 p.m.
.
─Qué bueno que te mandé el mensaje antes de tomar el ascensor. Sigo aquí, Ems. ─8:22 p.m.
.
─ ¿Para qué me necesitas? ─8:22 p.m.
.
─Ruby me dijo que no vio tu auto en el estacionamiento, así que, supusimos que Killian te trajo. ¿Quieres que te deje en tu casa de camino por Roland? ─8:23 p.m.
.
─Te lo agradezco, Robín, pero, creo que tomaré un taxi. ─8:23 p.m.
.
─Yo no cobro, Swan. ─8:24 p.m.
.
─De verdad, no quiero molestar, Roland debe estar desesperado. ─8:24 p.m.
.
─A estas horas es muy probable que esté perdido en la pantalla. Hablé con Annie, y dijo que no hay problema si llego tarde por él. ─8:24 p.m.
.
─Muy bien, Locksley. Tú ganas. ¿Estás en el estacionamiento? ─8:25 p.m.
.
─Sí. Aquí te espero. ─8:25 p.m.
─ Robín L. ─
Swan guardó su teléfono y esperó a que el ascensor llegara hasta el estacionamiento, salió de esa enorme caja de metal, y caminó hasta el automóvil de Robín.
El camino fue en silencio, Emma miraba por la ventana mientras pasaban por las oscuras calles de San Diego. Ella le envió un mensaje a su chico para avisarle que se iría con él.
─Recuerdo el día en que Gold te presentó como la Directora Creativa ─exclamaba Robín sin dejar de mirar a la carretera─. Eras una Maestra en socializar y con las relaciones con tus compañeros de equipo. Sin embargo, las cosas cambiaron cuando Arturo, Percy y Gwen te invitaron a cenar. Movías tan rápido la cabeza que creí que se te saldría del cuello.
─ ¿Que tratas de decir con eso? ─Pedía saber Emma mirándolo.
─Hay patrones de conducta que nos acompañan toda la vida ─comenzaba a explicar Robín─, La mayoría de ellos, los adquirimos en nuestra infancia, y esos patrones salen a relucir cuando menos te lo esperas. Ems, cuando estás nerviosa o piensas mucho en algo, tiendes a retraerte y a enfrascarte en tu propio mundo.
Emma escuchó lo que su amigo trataba de darle a entender, él estaba en lo correcto, desde que Allison murió, Emma decidió inconscientemente guardar lo que sentía solo con los que le generaban confianza y seguridad, nunca comprendía la razón, y por mucho tiempo consiguió controlarlo, aunque en ocasiones, era inevitable.
─No tienes que decirme si no quieres ─recalcaba el padre de Roland─. Sólo te pido que no te lo guardes. Sé que tu vida no fue fácil, que tienes un pasado oscuro y doloroso, pero, debes dejar salir lo que te aflige.
Sus palabras retumbaban en la mente de Swan, Robín tenía razón. Como siempre.
─Robín ─comenzaba Emma mirando de nuevo por la ventana─, ¿Alguna vez has abandonado a una persona?
─Que yo recuerde, no. ─Respondía Robín.
─Yo sí. Y no solamente a una, sino a varias. ─Proseguía la mujer.
─No te entiendo.
─Como sabes, yo nací en un pueblo llamado Storybrooke, en Maine. ─Expresaba Emma.
─Continúa. ─Pedía Robín.
─Ahí hice muchos amigos cuando era niña, ellos me ayudaron a desenvolverme y evitar estas reclusiones autoimpuestas. Y bueno, para no hacerte el cuento largo; hubo un accidente en Tallahassee, Florida, hace unos seis años, antes de que Ruby y yo entráramos a la Universidad. Ambas sufrimos una terrible pérdida, pero ella reaccionó mucho mejor que yo, me aislé y hui a Boston, dejé de aparecerme por mi hogar, y poco a poco la Pandilla fue perdiendo contacto. No he hablado con varios de ellos desde el viaje, y hoy, estoy a punto de enfrentarme a ellos dentro de un grupo de Whatsapp.
─Swan ─comenzaba Robín mirándola a los ojos aprovechando el alto─, si ellos son tus amigos, ellos lo entenderán. Te conocen mucho mejor que nosotros, así que, no tengas miedo, todo estará bien.
─Gracias Robín. ─Respondía Emma tímidamente.
─De nada, Ems.
El hombre encendió la radio y comenzó a tararear la canción que estaba en sintonía, Emma continuaba mirando por la ventana sopesando lo que su amigo le acababa de decir, hasta que, él golpeó su hombro, y cinco segundos después, los dos comenzaron a cantar como locos durante los últimos diez minutos de viaje. Cuando menos se dieron cuenta, ya estaban frente al Edificio de Emma y Ruby, los dos amigos se quedaron en el carro cantando con las ventanillas abiertas, dejando que los transeúntes los escucharan a viva voz. Después de dos canciones más, Emma por fin salió del auto de Robín.
─Gracias por todo, Robín Hood. ─Agradecía Emma desde la puerta del Auto y haciendo una reverencia.
─Fue todo un placer, Princesa Cisne ─respondía Robín con una sonrisa en el rostro─. ¡Ah! Por cierto, Ruby me pidió que te dijera que probablemente pase la noche con Víctor.
─ ¿Por qué no me extraña recibir esa noticia? ─Preguntaba Emma provocando la risa de su amigo.
─No hay nada que puedas hacer con ella, por lo visto.
─Lo he intentado todo, y nada surte efecto con esa mujer.
─Sólo soportarla ─aseguraba Robín─. ¡Buenas noches, Ems!
─Ha sido mucho peor, créeme ─reconocía Emma─ ¡Buenas noches Robbie! Y saluda a Roland de mi parte.
─Claro que sí, gracias, y adiós.
─Adiós.
Una vez en su Apartamento, dejó su teléfono en la sala y fue a ponerse algo cómodo antes de cenar. Luego de ir a la cocina y servirse un plato de Cereal, encendió el televisor y se sentó en el sofá, cambiaba de canal buscando algo bueno que ver, hasta que se topó con un nuevo episodio de Criminal Minds, una de sus series favoritas. Estaba a la mitad del mismo cuando su teléfono vibró, y en la pantalla se distinguía el nickname de "Pinocho", que Ruby le había puesto a August hace unas horas. En las notificaciones aparecía el nombre del contacto con la leyenda: Pinocho te agregó al grupo "La Pandilla de Storybrooke".
Emma apagó el televisor, se acomodó en el sofá, y abrió la conversación.
─ La Pandilla de Storybrooke ─
─Pinocho te agregó ─
─ ~Mary Margaret ─ ¿De quién es ese número? ─9:00 p.m.
─ ~Jefferson ─Sí. Dinos ya, August. ─9:00 p.m.
─ ~Zel ─Tranquilos lo van a asustar. ─9:00 p.m.
─ ~David Nolan ─Zelena, sólo ellos dos han hablado. Pero estoy de acuerdo con ellos. ¿De quién es el número? ─9:00 p.m.
─Pinocho ─ ¿Qué estás esperando? ¡Contesta! No te agregué sólo para que leyeras los mensajes. ─9:01 p.m.
─ ~Walsh T. ─Agregaste a un mudo, August. ─9:01 p.m.
─Pinocho ─ ¡Con un demonio! En vista de que no quieres hablar; yo comenzaré. Pandilla, ¿recuerdan que hace muchos años solíamos tener una amiga amante de la velocidad. ─9:01 p.m.
─ ~Regina M. ─ ¿Quién? Sabes que no me gustan las adivinanzas, Booth. ─9:01 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─Yo podría decirles la identidad de esa persona que estuvo casi una semana incomunicada telefónicamente hablando, porque su antiguo móvil se perdió en el fondo del Pacífico. Sólo les diré que siempre ha sido un Patito Mudo. ─9:02 p.m.
─ ~Mary Margaret ─ ¿Patito Mudo? ¿Emma? ─9:02 p.m.
─ ~E. E. ─ ¡Emma! ─9:03 p.m.
─ ~Jefferson ─ ¿¡Qué?! ¿Es en serio? ─9:03 p.m.
─ ~Mary Margaret ─Ahora entiendo por qué tanto silencio. Vamos, Emma, no te vamos a comer. ─9:03 p.m.
─ ~David Nolan ─ No prometemos nada. ─9:04 p.m.
─ ~Mary Margaret ─ ¡David! ─9:04 p.m.
─ ~David Nolan ─ ¿Qué? Lo siento, Mary Margaret. Sé que es tu prima, pero también se suponía que era nuestra amiga, y nos abandonó todo este tiempo. ─9:04 p.m.
─ ~Zel ─Lamento decirlo, pero Dave tiene razón. ─9:04 p.m.
─ ~E. E. ─David, sé que estás enfadado, pero, dale tiempo a Ems. Sus razones habrá tenido. ─9:04 p.m.
─ ~David Nolan ─Elsa, ¿has hablado con ella desde que se fue a San Diego? ¿Te ha dicho por qué? ─9:04 p.m.
─ ~Jefferson ─Tómalo con calma, Nolan. Al igual que Zel, muchos de nosotros, estamos de acuerdo contigo, pero nada lograremos forzando a Emma. Tomemos un respiro, deja que ella hable, porque, si esperas que te conteste mientras alegas, sabes que no conseguirás nada. ─9:05 p.m.
─ ~Walsh T. ─Jefferson está en lo correcto. Emma, háblanos, estás en todo tu derecho. ─9:05 p.m.
─Pinocho ─Vamos, Patito. Sin miedo. ─9:05 p.m.
.
─Para ser honesta, esperaba un recibimiento más agresivo por parte de todos ustedes, amigos. ─9:06 p.m.
.
─ ~David Nolan ¿Qué tienes que decir en tu defensa? No supimos de ti desde que te fuiste. Sólo permitías que James te visitara, y nos limitaste a unos cuantos tus números. ─9:06 p.m.
─ ~Walsh T. ─No quisiste volver aquí. Ni siquiera para navidad. ─9:07 p.m.
─ ~Zel ─Sólo decías que estabas bien, sin darnos más detalles. ─9:07 p.m.
─ ~Jefferson ─Lo más estúpido era que la única forma de tener noticias tuyas, era por medio de los periódicos y las noticias. ─9:07 p.m.
─ ~Graham ─ ¿Emma? ¿De verdad eres tú? ─9:07 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─ ¡Miren! ¡Otro resucitado! ─9:08 p.m.
─ ~Graham ─No seas mala conmigo, Ruby. Sólo iba a darles la buena noticia de que volveré a casa cuando termine mi incursión, sabes que en este lugar tan solo y abandonado es una hazaña obtener una buena conexión de internet. ─9:08 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─Tienes razón, perdona. ─9:08 p.m.
─ ~David Nolan ¿Podemos volver al tema principal? ─9:08 p.m.
.
─Dave tiene razón. Miren, todo lo que hice, no sólo desde que me mudé a San Diego, sino desde que me fui a Boston fue una tontería inexcusable. Ni yo encuentro razones claras para ese comportamiento tan errático. Es más, el día de hoy, a partir de que Caperucita le envió un mensaje a Pinocho con mi celular, volví a aislarme. ─9:08 p.m.
.
─Esta noche, seré honesta con ustedes. La gran mayoría de los que están en este grupo, sabe que todo esto comenzó luego del accidente en Tallahassee. ─9:08 p.m.
.
─Sin embargo, estos tres años, traté de escapar de mi pasado, estuvo mal, eso lo sé. Yo le dije a August el día que acepté el puesto que me iba porque realmente quería hacerlo, y en un principio así lo fue. Viví tantas cosas buenas, malas, e increíbles, pero, a ustedes los hice a un lado. ─9:10 p.m.
.
─No quiero que eso siga ocurriendo. No soy la mejor amiga del mundo, he cometido errores graves, y tal vez no la merezca, pero les suplico que me den una segunda oportunidad, estos años los he extrañado demasiado, los quiero de vuelta en mi vida. ─9:10 p.m.
.
─Lo lamento, en serio. ─9:10 p.m.
.
─ ~Mary Margaret ─Todos cometemos errores, Prima, y tú necesitabas tiempo para sanarte de tanto sufrimiento tras la Muerte de Neal. Aunque hay que reconocer que sí te pasaste con tu exilio. ─9:11 p.m.
─ ~Jefferson ─Nos preocupamos mucho por ti, y en lo personal, me dolió que nunca contestaras. ─9:11 p.m.
─ ~Zel ─Yo tengo mucho en la cabeza, pero, no lo puedo expresar ahora, siendo sincera, me parece algo bueno que por fin te decidieras a hablarnos antes de que fuéramos a buscarte hasta San Diego. ─9:12 p.m.
.
─Creo que se tardaron un poco en hacerlo, sobretodo tú, Zelena. Conociéndote, me imaginé que estarías afuera de mi puerta seis meses después de que me mudé. ─9:12 p.m.
.
─ ~Walsh T. ─Lo intentó, pero tu prima y James la detuvieron de hacerlo. ─9:12 p.m.
─ ~Mary Margaret ─Si no, habrías vuelto desde hace dos años. ─9:12 p.m.
.
─Dave, ¿no tienes nada más que decirme? ─9:13 p.m.
.
─ ~David Nolan ─ ¿De verdad quieres que te siga reprochando? ─9:13 p.m.
─Sigo molesto contigo, no te lo puedo negar, pero este no es ni el tiempo ni el lugar para seguir con esto. No obstante, déjame decirte, que no te has salvado todavía. ─9:14 p.m.
.
─Pues, yo podría ayudarte con eso. ─9:14 p.m.
.
─ ~David Nolan ─ ¿A qué te refieres? ─9:14 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─Aquí es donde entro yo. Hace unos días le hablé a Emma sobre la posibilidad de que ustedes vinieran para pasar el Spring Break con nosotras. ─9:14 p.m.
─Yo no digo que permanezcan toda la semana, sólo desde el jueves, y si quieren, se quedan hasta el domingo. ─9:15 p.m.
─Pinocho ─A mí me agrada la idea, no sé qué digan los demás. ─9:15 p.m.
.
─El Apartamento no es tan grande como la casa de Jefferson, pero nos acomodáremos. ¡Anímense! Será como en los viejos tiempos. ─9:15 p.m.
.
─ ~Jefferson ─ ¿Y nos avisan una semana antes? ─9:15 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─Emma tenía que hablar con ustedes antes de comentarles esto. ─9:15 p.m.
.
─Y todos están invitados. ─9:15 p.m.
.
─ ~Regina M. ─ ¿Todos? ─9:16 p.m.
─ ~Ruby Lucas ─Sí, Regina. Todos. ─9:16 p.m.
.
─Así es, Mills, todos están invitados. ─9:16 p.m.
.
─ ~Ruby Lucas ─Dicho esto, ya ustedes nos avisan si vienen o no. ─9:16 p.m.
─ ~Mary Margaret ─De mí parte, ya tienen un "Sí" asegurado, y de David también ─9:16 p.m.
.
─Nos avisan en el fin de semana. Yo por mi parte, me tengo que retirar, aún no termino el informe trimestral, además, debo cerrar bien todo, porque ¡ALGUIEN! Al parecer no va a pasar la noche aquí, aunque, eso ya no es novedad. ─9:17 p.m.
.
─ ~Ruby Lucas ─ ¡Emma! ¿Tenías qué decirlo aquí? ─9:17 p.m.
─Tú tuviste la culpa, Caperucita. En fin. ¡Buenas noches a todos! ─9:17 p.m.
─ La Pandilla de Storybrooke ─
Emma se levantó del sillón, dejó el plato en la mesa de la cocina, apagó el televisor, y se fue a su habitación para terminar el informe trimestral, su teléfono no dejaba de sonar con los mensajes de buenas noches de su Pandilla, luego de eso, lo apagó y continuó con su trabajo.
Ya no quería saber nada del exterior, lo único que le interesaba era continuar con su vida actual.
A pesar de eso, ella pensaba en la Pandilla, le había ido mejor de lo que habría esperado, aun así, su reprimenda y castigo todavía no terminaban.
Todos los viejos recuerdos volvían a ella, pero sobretodo, uno en especial, el día que otra pelea con Regina Mills le hizo poner un alto a tanta riña sin sentido.
Storybrooke
Hace Muchos Años
El tiempo pasó, y esos niños crecieron. Al principio de su amistad, Emma sólo se desenvolvía con Ruby, Elsa y August, le costaba trabajo congeniar con los demás niños de su clase.
Las cosas cambiarían cuando ellos entraron a primer grado. Su prima, Mary Margaret, quien era un año mayor que ella la ayudaba a convivir con todos los demás durante los descansos. Ruby siempre la acarreaba con ella cuando podía, así fue como conocieron a David, Zelena y Walsh, chicos dos años más grandes que ellos, un día que Caperucita, la Reina de las Nieves, y el Patito Feo, corrían por el patio de juegos buscando a August y se tropezaron con ellos.
La Pandilla fue creciendo, añadiendo a Graham y a Jefferson como últimos miembros cuando pasaron a segundo grado.
Pero, había alguien que no lograba congeniar con ellos, sobre todo con Emma, y ese alguien, era Regina Mills.
Regina era la hermana menor de Zelena, tenía la misma edad que Emma, y a diferencia de Swan, se relacionaba bien con los demás niños, el único defecto que tenía era el ser un poco mandona y autoritaria desde tan corta edad.
El único amigo incondicional que tuvo desde niña era Sídney Glass, un niño soplón que corría por todo el pueblo buscando que tontería contarle al mundo, juntos, le hacían la vida imposible a los niños que no se podían defender. A Emma y a la Pandilla original era lo que más les disgustaba, por eso, a cada oportunidad, frustraban sus planes, he ahí la razón por la que no se llevaran bien.
A partir de segundo grado, Emma y Regina comenzaron una guerra sin sentido, constantemente discutían y peleaban por ser las primeras de la clase, en las que ambas estuvieran juntas, era tanto el descontrol, que pequeñas peleas físicas se hacían presentes.
Cora y Henry Mills, junto con Gregory Swan, tenían que presentarse todas las tardes después de la escuela en la Oficina de la Orientadora Mérida Thorn.
─Emma ─comenzaba la mujer─, Regina, tomen asiento aquí enfrente, por favor.
─ ¡No! ─espetaba la pequeña Emma cruzando los brazos─ ¡No quiero estar cerca de ella!
─ ¡Ni yo quiero estar cerca de ti! ─Replicaba Regina.
─Vamos, Ems ─pedía Gregory─. Sólo será un momento.
─Regina, está bien ─exclamaba Henry─, el Sr. Swan tiene razón, Mérida quiere hablar con ustedes dos.
─ ¡No! ─Contestaba Regina.
─Por favor, cariño ─intervenía Cora─. No te va a pasar nada, es un momento, y Mérida quiere ayudar.
─De acuerdo. ─Respondía la niña obedeciendo a su madre.
─Sólo un momento, no más. ─Concluía Emma.
Las niñas se bajaron de las sillas, y tomaron su lugar en las sillas pequeñas frente a ellas.
─ ¡Muy bien! Gracias a las dos por cooperar ─exclamaba Mérida─. Ahora, Emma, dime ¿por qué golpeaste a Regina?
─Porque ella me jaló el cabello. ─Respondía Emma.
─No me hacías caso ─replicaba Regina─. Te dije que te callaras.
─Yo no iba a hacerte caso. ─Contestaba la niña alzando la voz.
─ ¿Por qué no?
─ ¡Tú no eres mi jefa!
Emma y Regina se levantaron y estaban a punto de pelear una vez más, Henry y Gregory decidieron tomar a sus hijas y dejarlas separadas en cada esquina de la habitación, luego de eso, regresaron a sus lugares.
─Como ustedes pueden ver, aquí tenemos un serio problema, Emma y Regina literalmente no pueden estar juntas por más de cinco segundos, si no, terminan golpeándose una a la otra, y su discusión llega a afectar a los que las rodean. ─Explicaba Mérida.
─ ¿Por qué ocurre esto, Srta. Thorn? ─preguntaba Gregory─ Emma ha tenido problemas para comunicarse, Cora lo sabe, pero nunca algo como esto.
─Es simple, Regina tiene una tendencia a mandar a los que tiene a su alrededor, sobre todo a su amigo Sídney, y con Emma, bueno, pues puedo decir que encontró la horma de su zapato. ─Exclamaba la Orientadora.
─ ¿Y qué podemos hacer? ─Preguntaba Henry.
─No podemos cambiarla de escuela ─intervenía Cora─. La más cercana está en Boston.
─No será necesario, mi recomendación es sólo que ellas no estén juntas en la misma clase, hasta que a ambas se les pase esta etapa ─determinaba la mujer─. Hablaré con sus profesores para que las niñas no coincidan en clases, sin embargo, en los pasillos y en el descanso, será otra historia.
─Sólo por curiosidad, ¿cuál es el problema que tiene Emma? ─Preguntaba Gregory.
─Sr. Swan ─comenzaba Mérida─, el problema actual de Emma es que le encantan los desafíos, y en un futuro eso puede conducirla a problemas con las figuras de autoridad. Emma sabe comportarse, pero, cuando la retan, suele ser algo de otro mundo.
Siguiendo las indicaciones de la Orientadora Thorn, Emma y Regina fueron separadas desde el segundo grado, pero a veces en los descansos, o los entrenamientos del equipo de Baloncesto era casi imposible evitar una pequeña pelea.
Aunque, con el tiempo, el interés de discutir y pelear fue disminuyendo, y para ser más precisos, esto comenzó a ocurrir desde el tercer grado, luego de la trágica Muerte del Sr. Swan, Emma prefirió seguir con su vida, sus amigos, James, y tratar de superar y sobrellevar eso de la mejor manera posible.
A partir de quinto grado, después de dos años enteros sin incidentes, los profesores las dejaron juntas una vez más, ahora, la Pandilla estaba junto a Regina y sus insoportables amigos: Sídney Glass y Kathryn Hillard. Dos años más siguieron sin ningún problema entre las chicas, o eso era lo que todos creían.
─ ¡¿Estás loca?! ─preguntaba August─ Me va a matar, mejor quítaselo tú.
─A mí me va a alcanzar enseguida, y Elsa no quiere.
─Yo la detengo, y tú corres. ─Sugería Booth.
─ ¡Sólo hazlo y ya! De aquí a que Emma te alcanza, estarás de regreso en esta mesa.
─Ruby. A veces te odio ─decía August bajando de la mesa─. Cuida mi Patineta.
─ ¡Apresúrate!
August caminó un poco sin que Emma se diera cuenta, y rápidamente le arrebató el Nintendo DS que tenía en las manos, para después, salir disparado del lugar.
─ ¡Oye! ¡Booth! ¡Dame eso! ─Gritaba Emma corriendo detrás de él.
─Ruby, ¿qué sucede? ─Preguntaba Mary Margaret llegando a la mesa tomada de la mano de David.
─Emma no nos hacía caso, y Ruby le pidió a August que le quitara el Nintendo DS. ─Explicaba Elsa.
─Pinocho es hombre muerto. ─Aseguraba David.
Emma se detuvo veinte metros más delante de la mesa de la Pandilla, echó la vista atrás, y vio a Ruby con una risa incontenible, a Elsa, Mary Margaret y David moviendo la cabeza de un lado a otro con una sonrisa en el rostro. Miró de reojo a Walsh, Zelena y Jefferson llegando juntos, por último, regresó la mirada a la mesa, y encontró la patineta de August mal puesta.
Swan volvió a correr, llegó a la Patineta, la tomó y salió corriendo hacia otra dirección.
─ ¡Emma! ─vociferaba August desde lo lejos─ ¡Emma Swan! ¡Vuelve acá con esa Patineta!
─ ¡Emma! ─Gritaba Ruby, saliendo disparada tras ella.
─Esos tres nunca aprenderán. ─Afirmaba Elsa.
August y Ruby corrieron tras Emma, quien ya estaba usando la Patineta de Booth, no los escuchaba, no le prestaba atención a nadie, sólo los miraba de reojo. De pronto, la voz de Graham la alertó, y cuando regresó la mirada al frente, ya estaba chocando con Regina. Emma salió volando y cayó unos metros delante de Regina, mientras que la patineta dio un giro y el Deck se talló en la parte delantera con el pavimento.
─ ¡Maldición! ─mascullaba Zelena─. Esto no pinta bien.
─ ¿Qué? ¿Emma se hizo daño? ─Preguntaba Mary Margaret.
─No, algo mucho peor ─respondía Zelena sin dejar de mirar la escena─. Mi hermana.
La Pandilla salió corriendo con la firme intención de detener la inminente batalla.
─ ¡¿Por qué nunca te fijas por dónde vas, Swan?! ─Espetaba Regina mientras Sídney y Kathryn le ayudaban a ponerse de pie.
─Fue un accidente, ¿sí? ─Refutaba Emma limpiando sus rodillas.
─Déjala, Gina ─decía Kathryn de forma despectiva─. Sabes que Emma siempre ha sido una despistada, no sé por qué te extrañas.
─ ¡Repite eso, simplona! ─Espetaba Emma.
─ ¡No le hables así, Swan! ─Alegaba Regina.
─ ¡Esto no es contigo, Mills! ─aclaraba Swan haciéndola a un lado para estar frente a la amiga de Regina─ ¡No te metas!
─ ¡Será mi problema si también es el de Kathryn! ─Argumentaba Regina volviendo a su posición inicial y empujando a Emma.
Una vez más, comenzaron a reñir, mientras que Sídney y Kathryn reían a la distancia, Emma había caído al suelo y Regina comenzó a forcejear con ella, después, Swan le dio la vuelta y estaba a punto de darle un puñetazo en el rostro cuando David la levantó y la apartó de Regina, mientras que Walsh arrastraba a ésta última lejos de la escena. Ambas intentaban zafarse para volver a sacarse los ojos.
─ ¡Ya basta! ─gritaba Mary Margaret─ ¡Ya fue suficiente!
─ ¿Es que acaso ustedes siempre encontrarán un pretexto para casi matarse? ─Cuestionaba Zelena parándose junto a la Prima de Emma.
─ ¿Qué está pasando aquí? ─Comenzaba Leopold acercándose a los chicos.
─No es nada, papá ─replicaba Mary Margaret─. Una leve discusión, es todo.
─ ¡Eso no es verdad, Señor Blanchard! ─Aseguraba Sídney.
─Así es ─proseguía Kathryn─. Emma golpeó a Regina con la Patineta, y luego intentó golpearme sin razón alguna.
─ ¿Es eso cierto, Emma?
─Fue un accidente, Tío. ─Esclarecía Emma zafándose del agarre de David.
─ ¡Siempre dices lo mismo cada que le haces algo a Gina! ─Agregaba Glass.
─ ¡Silencio! ─ordenaba Leopold─ Sea como sea, la riña se presentó aquí, después de dos años sin ningún problema, creí que ya todo se había arreglado entre ustedes, Emma, me has decepcionado de verdad, y pues, no me queda otra opción que mandarlas a detención. De nuevo.
Emma miró a Regina, Sídney y Kathryn con mucho enfado, no podía creer lo que acababa de suceder, y sin más, se fue con sus amigos para lo que restaba de sus clases, mientras, David, Walsh y Zelena regresaban a las suyas en su piso correspondiente. Una vez que las clases terminaron, Swan se dirigió al salón 108 para cumplir con su castigo.
El profesor Archie fue el encargado de custodiar a las dos chicas. Pasó el tiempo, y el hombre se dedicó a leer un libro mientras Emma y Regina trataban de guardar silencio, aunque, eso era lo que menos sabían hacer.
─Tenías que usar esa maldita Patineta ─mascullaba Regina─. Pudiste por primera vez comportarte como una persona normal, pero no lo hiciste.
Emma guardó silencio y decidió mirar a otro lado, no quería hablar, estaba furiosa por la situación y no quería decir una tontería. Zelena tenía razón con sus palabras, ¿es que acaso ese era su propósito en la vida? ¿Ella había nacido para discutir con Regina por cualquier estupidez? Eso tenía que cambiar, ya era justo y necesario.
Regina la observaba, ansiosa por su reacción, esperando que le contestara, y se iniciara una nueva discusión. Nada sucedía, Emma miraba hacia la ventana, todo el tiempo pensando en lo que había pasado en el descanso con Kathryn y Regina defendiendo a su amiga, ella tuvo la culpa por no fijarse hacia donde iba, y por reaccionar de esa manera con ambas chicas, si ella quería evitar que la volvieran a separar de sus amigos por cuestión de las peleas con Mills, tenía que hacer algo rápido.
Una hora después, las chicas salieron al mismo tiempo, y comenzaron a caminar a la salida donde la Pandilla ya esperaba a Emma.
Al ver a su hermana junto a su novio Walsh, Regina comenzó a caminar más rápido con la intención de que no la detuvieran.
─Mills ─exclamaba Emma extendiendo su mano─. Espera.
─ ¿Ahora qué quieres, Swan? ─espetaba Regina con fastidio─ Ya déjame en paz.
─Lo siento. ─Decía Swan muy rápido y bajo.
─ ¿Qué? ─Volvía a preguntar la hermana menor de Zelena.
─Lamento lo que pasó, fue mi culpa por no llevar la vista al frente. ─Esclarecía Emma.
─ ¿Y esperaste hasta este momento para decírmelo? ─Continuaba Mills.
─Tú y Kathryn no me dieron oportunidad de hablar hace un rato, ¿lo olvidas?
─ ¿Y vas a comenzar una pelea de nuevo? ─Inquiría Regina poniendo sus manos en sus caderas y alzando la voz.
─No, no quiero volver a pelear ─afirmaba Emma con seriedad─. Escucha, durante detención lo pensé, y me parece absurdo y tonto que sólo separadas podamos estar en paz.
─ ¿Qué es lo que sugieres? ─cuestionaba Regina─ ¿Qué tú y yo seamos amigas?
─Una locura, ¿no? ─aseguraba Emma riendo nerviosamente─ Yo no digo que lo seamos ahora, sería algo descabellado con nuestro pasado si nos hacemos amigas de la noche a la mañana. Tal vez, en un futuro consigamos esa hazaña, pero, por ahora, lo único que te pido es una simple y llana tregua. Tratemos de llevarnos bien por una vez, si no, no tendremos nada divertido que contar más adelante.
─ ¿Hablas en serio? ─Preguntaba la chica sin poder creer lo que escuchaba.
─Siéndote sincera, yo tampoco pensé que esto fuera a suceder. Entonces, ¿qué me dices, Mills? ¿Tregua? ─Cuestionaba Emma con la mano extendida.
Regina titubeó al escuchar esas palabras, en el fondo, no le interesaba si llegaba a convertirse en amiga de Emma o no, no obstante, estaba de acuerdo con ella en ponerle un alto a las peleas.
─De acuerdo, Swan ─accedía Regina estrechándola con la de Emma─. Tregua.
Jefferson y Walsh azotaron un bote de basura para simular un trueno cuando ambas sellaron el trato. Las dos voltearon a verlos, Regina soltó a Emma muy a prisa, y después salió caminando sin prestarle atención a la Pandilla. Emma llegó con sus amigos y los miró divertida por lo que acababan de hacer. Todos juntos fueron a comer con la Abuelita, y a disfrutar de su tarde de películas, como todos los viernes.
Casa de Robín
El Presente
Llegó el día viernes, y éste transcurrió sin pena ni gloria. Emma entregó su informe a tiempo, aunque Gold no estuviera cerca del País. La tarde se fue en revisiones y juntas, para culminar la noche en la casa de Robín.
Arturo, Gwen, Percy, Lance, Ruby, Víctor, Killian, Emma y varios amigos y compañeros de trabajo estuvieron presentes esa noche para la fiesta en la piscina.
Todo era increíble, la música, el ambiente, las bebidas, nada podría arruinarlo.
Emma y Ruby entraron a la casa pasando la media noche, ambas ya con unas copas encima, y con sus chicos esperándolas ya dentro de la alberca junto con los demás, mientras Lance demostraba sus dotes como DJ en el tablero.
Las dos amigas tomaron sus bolsos, y revisaron sus teléfonos, ambas tenían un mensaje de August que decía lo siguiente:
"─Patito, Ruby, de parte de la Pandilla: Nos vemos el jueves".
