CAPÍTULO 3: CLASE DE VUELO.

- ¡Mamá! ¡Date prisa, o llegaremos tarde!

- Joy, por favor… dame tiempo de respirar.

- Seguramente ellos ya están allí.

Marjory comenzaba su segundo año. Era demasiado emocionante volver a subirse a ese hermoso tren color rojo, pero lo que más la llenaba de sentimientos era ver a sus amigos. Jamás había tenido amigos. Siempre se quedaba en casa con su madre, leyendo algún libro o viendo alguna película de moda. Iba a la escuela muggle como los demás vecinos, pero nunca entablaba conversaciones. Así que cuando le contó a su madre, por medio de cartas, que tenía buenos amigos, ella casi no le creyó. Pero tuvo que ir cambiando su forma de pensar poco a poco, pues su hija escribía cada semana contándole con emoción acerca de cada travesura que los gemelos hacían, o los regalos que Alicia Spinnet le había hecho, o las clases particulares de vuelo con Angelina Johnson (pues a Joy le aterraban las alturas y no era muy buena volando). Su madre estaba agradecida con aquellos amigos que iban cambiando poco a poco a su cerrada hija.

Cuando la vio bajar del tren después de medio año sin verla (pues habían pasado las vacaciones de Navidad juntas), con una gran sonrisa en su rostro y corriendo con sus brazos abiertos gritando: "¡MAMÁ!", no pudo hacerse la fuerte y rompió a llorar. ¡Por fin había felicidad en los ojos de su hija! Sí, ella más que nadie se lo merecía. Después de abrazarse y besarse, Joy le había presentado a Angelina, Alicia, Fred y George. A lo lejos había otro muchacho, al que los gemelos llamaron a gritos: "¡EH, LEE! ¡VEN A CONOCER A LA MAMÁ DE JOY!". En menos de diez minutos, Joy había presentado a cinco personas a su madre y todas ellas parecían quererla de verdad. Haber recibido la carta de Hogwarts había sido toda una bendición.

- No se irán sin ti, cariño.

- ¡Allí están los gemelos y su familia!

A lo lejos vieron a un grupo de pelirrojos que saludaban alegremente a Joy. Madre e hija caminaron hasta ellos. La madre de los gemelos era una mujer algo bajita y rechoncha, que llevaba a una niñita de la mano. Se acercaron a ellos y la madre de Joy se presentó ante la madre de los pelirrojos.

- Buenos días, soy la madre de Marjory. Mi nombre es Eleonora Gresham.

- Buenos días, buenos días. Es un placer conocerte. Me llamo Molly Weasley, puedes llamarme Molly. No tengas pena conmigo, si nuestros hijos son amigos, nosotras podemos ser amigas.

- Llámame Nora, entonces.

Nora estaba divertida. Esa señora estaba llena de energía y confianza. Seguramente era porque tenía un par de hijos a los que les gustaban las travesuras más que nada. Y, por lo que le había dicho Joy, había más hijos en casa.

- ¡Mamá, es hora de irnos! – dijeron los gemelos.

- Muy bien, pero primero denme un beso… Y tú tampoco te salvas de eso, Percy.

- Madre, debo ir a buscar un compartimiento. Los mejores se llenarán pronto.

- ¡BESO!

Los gemelos y Percy hicieron caso a lo que su madre les decía. Percy tomó sus cosas, se despidió de la madre de Joy, y subió al tren. Los gemelos esperaron que Joy se despidiera de su madre.

- Ten cuidado, amor. Invierte todas tus ganas en tus materias y diviértete con tus amigos. No te metas en problemas.

- ¿Meterse en problemas? Eso será imposible, señora, pues se junta con nosotros – dijo Fred guiñándole un ojo a la niña.

Joy sintió como las mejillas comenzaban a ponerse rojas. ¡Qué vergüenza! ¿Acaso era normal sentir un cosquilleo en el estómago? Probablemente era la emoción de regresar al castillo. Sí, debía ser eso. Nora se río del comentario del pelirrojo y abrazó a su hija de nuevo. No había notado nada extraño en Joy.

- Sí mamá. Te escribiré todas las semanas. Te amo.

- Te amo también, cariño. Esperaré tus cartas con ansias. Adiós Nox, cuida a mi niña – añadió acariciando al gato. Ya había crecido lo suficiente, pero seguía siendo el bebé de Joy.

Joy subió al tren con los gemelos. Y se situó junto a una ventana para despedirse de su madre hasta que se perdiera de vista.

- Vamos, Joy. Por allá veo a Lee Jordan.

- Los alcanzaré hasta que deje de ver a mi madre en el andén.

Joy amaba a su madre, era su familia. Pero ahora tenía una nueva familia, y amigos, y vivía en un mundo donde la magia estaba siempre a su alrededor, y no sólo en libros de fantasía. Siempre tendría la navidad para estar con su madre, además del verano. Era un momento agridulce.

Cuando dejó de ver a su madre, fue en busca de los gemelos y de Lee. Se topó con Alicia Spinnet, que estaba buscando a Angelina. La chica le recordaba a un perico, siempre hablando y comiendo. A Joy le encantaba.

- ¡Joy! Qué bueno es verte otra vez. ¡Segundo año! ¿Te imaginas? Vaya, no puedo creer que hayamos sobrevivido a todas las tareas… y a Snape. Juro que él nos odia, siempre nos anda quitando puntos. Lo peor es que tenemos sus clases con las serpientes. Ni quiero imaginar lo que nos espera este año. Sólo pienso en que podemos estar juntas de nuevo y… ¡Mira! Allá está Angelina. ¡Angelina! ¡Angelina, aquí estamos!

Ambas chicas corrieron a abrazar a su amiga. Angelina les devolvió los abrazos fuertemente. Joy no paraba de sonreír. ¡Extrañaba tanto a sus amigos! Juntas encontraron a los gemelos y a Lee en un compartimiento. Esos tres se habían vuelto inseparables.

- … y entonces le dije a mi madre que habían lanzado dos bombas fétidas. Ella casi no podía creerlo – decía Lee en medio de lágrimas de risa –. Y me dijo… me dijo: "Más te vale no perder puntos para tu casa, o tu trasero lo pagará" – Lee había hecho una voz muy aguda y se movía de manera femenina, imitando a su madre, por el compartimiento. – ¡Y mi trasero lo pagó hasta con impuestos!

Los gemelos se revolcaban de risa en sus asientos. Y las chicas no lograron reprimir su alegría al verlos en ese estado. Jamás faltaban risas cuando estaba junto a llos. Hicieron entrar sus pertenencias y se sentaron. Angelina se sentó junto a Fred y sacó una bolsa de golosinas para repartir con todos. Eran unos dulces de menta rellenos de chocolate.

- Este año me presentaré ante Astrix para entrar al equipo de quidditch. ¿Lo harán ustedes? – dijo ella.

- ¡Claro que sí! No nos perderíamos la oportunidad de golpear a algunas personas – respondió Fred estirándose en su asiento y tomando otro dulce de chocolate.

- ¿Serán golpeadores?

- Es un puesto hecho específicamente para nosotros – añadió su hermano.

- Joy – dijo Alicia –, ¿te presentarás tú?

- Nunca. Haría que el equipo perdiera todo el tiempo. Además, no sobreviviría al primer partido.

- Bueno, entonces no seré el único del grupo en no presentarse – dijo Lee Jordan.

Llegaron al castillo al anochecer, y esta vez unos carruajes les estaban esperando. Joy vio que los jalaban unos extraños animales. No podía llamarle caballos a esas cosas. Sólo llevaba un año en Hogwarts, y aún le faltaba mucho por conocer a los habitantes del lugar. Recordó las palabras de Angelina cuando la conoció, en los botes: "Seguro habrá otras cosas peores". Y estuvo completamente de acuerdo con ella. Subió al carruaje junto a sus amigos, que parecía que no notaban a los extraños animales. Se sintió rara, y la sonrisa desapareció.

Juntos se sentaron en el comedor, esperando la ceremonia. Los niñitos entraron temblando de miedo, y Gryffindor recibió a sus nuevos alumnos con fuertes aplausos. La cena de bienvenida estuvo compuesta por deliciosos platillos: empanadas de carne y verduras, tarta de manzana caliente, muffins de banana con canela, jugo de calabaza y chocolate caliente. El director dio su discurso como todos los años y luego los mandó a dormir.

Mientras iban caminando hacia su sala común, Joy sintió una mirada fría a su espalda. Al volverse se encontró con el slytherin Graham Montague. ¿Aún la seguía odiando? Bueno, no lo culpaba del todo. Es decir, sus mejores amigos le habían lanzado una bomba fétida en su primer año; y después ella había pasado todo el año alejándose de él, rechazándolo e, incluso, insultándolo. Se quedó paralizada sosteniendo su mirada, sólo fueron unos segundos, pero sintió que habían pasado años. ¿Quién era ella para haber despertado semejante odio? Montague podría prestarle atención a cualquier muchacha, no entendía por qué se la pasaba detrás de ella. Angelina la tomó del brazo, sacándola de sus oscuros pensamientos.

- Joy, vamos. Tenemos que acomodar nuestras cosas.

Ella no había notado la mirada del niño. Joy le sonrió y asintió, pero volvió la cabeza hacia el lugar donde Graham había estado. Él había desaparecido en medio de la multitud. Esperaba que ese año también sus amigos la protegieran. Se sentía la más cobarde de la casa, pero había vivido algunas cosas difíciles, y ella sabía que la habían roto y hundido por algún tiempo. Aún en las noches temía irse a dormir, porque no quería que sus sueños le recordaran el pasado. Llevaba una carga demasiado pesada para alguien de doce años.

oOoOo

Comenzaron las audiciones para el quidditch y los gemelos, Angelina y Alicia se presentaron como habían dicho. Astrix Aldrich, capitana del equipo reunió a todos los aspirantes un sábado en la mañana. Lee y Joy se levantaron temprano ese día para ir a apoyar a sus amigos. Se sentaron en las gradas esperando el turno en que sus amigos tomaran sus escobas y volaran dando lo mejor de sí mismos.

- Te juro por Merlín que estoy temblando de emoción – le dijo Lee a su compañera.

- ¿Por qué no te presentaste?

- No es mi fuerte, pero la profesora McGonagall me dijo que podría ayudarla a narrar los partidos. ¿Sabes? Ella ama el quidditch.

- ¿En serio lo ama? Se ve tan seria.

- Sí, lo sé. Pero debes creerme, ella desea ganar la Copa de Quidditch este año. Llevamos perdiendo desde hace mucho.

Astrix llamó comenzó las pruebas haciendo volar a todos los participantes. Joy notó con emoción que Fred y George lo hacían más que bien: no les costaba moverse con libertad en sus escobas, parecían extensiones de ellos mismos. Volaban tan rápido que pronto Aldrich gritó:

- ¡HEY, BLUDGERS DE FUEGO, PARAD!

Lee Jordan lanzó una carcajada y dijo a Joy: – La capitana tiene razón, parecen bludgers humanas.

- ¿Se le ofrece algo, mi señorita capitana? – preguntó George, hizo el ademán de hacer un saludo militar.

- Estamos a vuestras órdenes, mi lady – Fred, haciendo una reverencia desde su escoba.

- Quiero ver vuestros golpes. Les lanzaré varias bludgers para saber si califican. ¡Wood, trae la caja con las buldgers!

En ese momento, Oliver Wood, abrió una caja donde guardaban las cosas de quidditch y de ella salieron volando dos objetos con rapidez. Sin siquiera pestañar los gemelos tomaron sus bates y golpearon con tanta fuerza que sacaron las bludgers del campo de quidditch. Astrix Aldrich se había quedado con la boca abierta. La mayoría de las personas que se habían presentado era para ser cazadores y buscadores, muy pocos para tener el puesto del guardián, y sólo 4 personas se presentaron para ser golpeadores. Bob Hitches había sido golpeado por una bludger y se lo habían llevado a la enfermería, mientras que Michael Karaue se había caído de su escoba.

- Están dentro – dijo la capitana del equipo de Gryffindor, mientras esquivaba el regreso de las bludgers.

oOoOo

Sus amigos habían entrado oficialmente al equipo de quidditch de Gryffindor. Marjory no podía sentirse más orgullosa. Pero su emoción decayó un poco cuando Gryffindor perdió contra Ravenclaw en su segundo partido. Astrix se había querido arrancar los cabellos al perder tan sólo por 10 puntos, pero los demás la habían detenido de hacer semejante barbaridad.

- Bueno, al menos hemos dado un buen espectáculo – dijo Alicia esa noche en la sala común.

Todos los gryffindor estaban alicaídos, pues esperaban ganar la copa ese año. Aunque debían admitir que Lee Jordan había hecho un trabajo estupendo como narrador del partido; había hecho reír a la mayoría de los alumnos con sus comentarios ocurrentes y divertidos. Incluso se había atrevido a mandarle cumplidos a su compañera Angelina Johnson que, en lugar de incomodarla, la hacían reír.

Los gemelos, que habían desaparecido después de la cena, entraron a la sala común con los brazos llenos de cervezas de mantequilla. Al ver las caras largas de sus compañeros comenzaron a gritar:

- ¡No estén tristes! ¡Ahoguemos nuestras penas bebiendo hasta el amanecer!

La mayoría sonrieron y se acercaron a ellos. Oliver Wood se quedó enfurruñado en su sillón. Astrix les despeinó los cabellos y aceptó la oferta de los gemelos. En ese momento entró Percy Weasley escandalizado por oír a sus hermanos hablar así.

- ¿Qué pensarán nuestros compañeros? ¿No se dan cuenta de qué mala manera retratan a nuestros honrosos padres? ¡No voy a permitirlo!

Los gemelos se miraron y avanzaron hacia su hermano mayor. Odiaban que él arruinara toda la diversión.

- Ven abuelita, es hora de que te vayas a la cama.

- ¡No me llamen así! ¡Deben respetarme!

- Sí, sí. A los magos de la tercera edad se les respeta, por eso te llevaremos a tu cama.

- ¡Suéltenme! ¡Le avisaré a la profesora McGonagall!

- No lo harás.

Tomaron a Percy de los brazos y lo llevaron arrastrando hasta su habitación. Allí lanzaron un hechizo para mantener cerrada la puerta y que sólo se abriera desde fuera. Cuando bajaron, notaron a todos sus compañeros más relajados y platicando, incluso el guardián del equipo charlaba tranquilamente con Joy. Ambos bebían cervezas de mantequilla y se reían.

- ¿Qué le dices a nuestro guardián, Como-te-llames? – preguntó Fred cuando se acercaron a ellos dos.

El muchacho de mayor edad sonrió abiertamente. No había tenido ganas de celebrar una cuasi victoria, pero desde su lugar había visto a la muchacha de ojos azules. Sus miradas se cruzaron y ella le sonrió. Sin darse cuenta, Oliver le había devuelto la sonrisa. Tal vez podía animarse un poco. Astrix le llevó una cerveza de mantequilla.

– ¡Vamos, Wood! He de hacerte festejar un poco. Lo merecemos a pesar de todo.

– Muy bien. Creo que puedo hacerlo.

Volvió a mirar a Joy y decidió acercarse a ella. Se encontró con una chica simpática, algo callada y tímida, pero dispuesta a escuchar cualquier cosa.

- Oh, yo le estoy contando absurdas historias de quidditch… cuando iba en mi segundo año – respondió alegremente Wood.

- No llevas ni una cerveza de mantequilla y ya andas de lengua-alegre – dijo George mientras tomaba una para él –. Bueno, quiero beber a la salud de nuestra honrada y maravillosa capitana. ¡POR ALDRICH!

Y todos los gryffindor respondieron con un grito: –- ¡POR ALDRICH!

- ¡POR EL EQUIPO DE GRYFFINDOR! – gritó alguien más.

- ¡POR EL QUIPO DE GRYFFINDOR!

- ¡PORQUE PERCY NO ARRUINE LA DIVERSIÓN! – gritó Fred aún más alto, y todos comenzaron a reír.

Tal vez no estaban festejando una victoria, pero sí estaban festejando su amistad como casa. George tomó su varita comenzó a lanzar fuegos artificiales. Su hermano le imitó. Angelina y Alicia hicieron salir de sus varitas serpentinas de colores, mientras que Joy hacía aparecer confeti cayendo del techo. Lee Jordan tuvo la magnífica idea de poner un ambiente más alegre y animado: pronto todos escucharon las voces de Las Brujas de Macbeth resonando en las paredes de la torre. Fue una noche especial para los leones.

oOoOo

Ese fin de semana estaban libres de tarea. O al menos, casi libres. Sólo McGonagall y Snape habían dejado hacer varios resúmenes y ensayos. Pero podían darse el lujo de dejarlos para más tarde. Toda la casa de Gryffindor (con excepción de Percy Weasley) había ido al lago para divertirse. Algunos del equipo de quidditch llevaban sus escobas consigo, pues Astrix les había sacado muy temprano para practicar. Para buena suerte de todos, era un día cálido de marzo y la mayoría se animó a nadar un poco.

- ¡Vayamos todos al lago! – había gritado Angelina al terminar las prácticas de quidditch.

- Nos hace falta un buen baño. Estoy todo sudoroso.

- Estoy sudando como una puerca – dijo George, imitando la voz de Alicia.

- Los cerdos no sudan.

- Claro que sí. Percy lo hace.

Lee Jordan y Joy bajaron de las gradas para unirse a sus amigos. No importaba si Astrix hacía al equipo de quidditch salir muy temprano los fines de semana a practicar, los dos amigos se levantaban como podían sólo para ver a sus compañeros. Lee decía que le gustaba volar, pero que prefería evitar ser asesinado por una bludger perdida. Joy le temía a las alturas.

Habían alcanzado al equipo y todos juntos se dirigían hacia el lago, excepto Fred que se hallaba parado en el centro mismo del campo. Joy notó enseguida que él se había quedado atrás, así que se detuvo para esperarlo. Los demás siguieron caminado sin darse cuenta de la ausencia de esos dos. Fred seguía en el mismo lugar, con la mirada fija en su escoba.

- ¿Qué sucede? – preguntó Joy alzando un poco la voz. Estaba a unos 3 metros del pelirrojo.

- ¿Por qué nunca te he visto volar? – dijo Fred después de un largo rato.

- Porque me aterra. Ahora vamos, seguramente nos estarán esperando… o al menos a ti, pues siempre haces algo tonto para hacernos reír.

- ¿Por qué te aterra volar?

- No lo sé – respondió Joy con total honestidad.

Fred alzó la mirada y la posó sobre ella. Joy sintió cómo el corazón le latía con más fuerza y comenzó a respirar con dificultad. El pelirrojo le hizo señas con un dedo para que se acercara. Sin pensarlo dos veces ella lo hizo. Caminó hacia él hasta quedar frente a frente. Fred era mucho más alto que ella, pues le sacaba ya una cabeza.

- ¿Qué quieres?

- Quiero verte volar.

Joy se cruzó de brazos, no porque estuviera molesta, sino porque sentía que sus brazos le temblaban como gelatina y así se sentía un poco más en control. Sin darse cuenta, aguantó la respiración. Negó con la cabeza.

- ¿Por qué no? – preguntó el niño, acercándose más a ella.

- Pues… yo… – Joy no conseguía formar una idea clara; había olvidado todas las palabras; su mente estaba en blanco – quiero… es que… lo inten… intento… ammm…

- Creí que Angelina te estaba dando clases particulares de vuelo.

- Sí. Bueno, lo hacía. Ya no, pues con eso del… del equipo de quidditch ya no tiene… amm… no tiene mucho tiempo. Además… hay muchas tareas… yo no… no creo que yo haya sido hecha para volar, porque… porque jamás he logrado dominar una escoba.

- Pues, yo tengo una escoba. Sé que no es la mejor que hay, pero es buena. Puedes intentarlo ahora.

- ¿Qué? ¿Ahora? Pero pensé que iríamos al lago.

- No nos llevará mucho tiempo.

- No… yo no… no quiero. Es decir, no… no creo que sea conveniente.

- ¡Bah! Puras excusas – dijo Fred sonriendo.

"¡Oh, Merlín! No esa sonrisa"

- Yo te estaré cuidando. Sólo que tenemos un pequeño problema: tienes puesta una falda y creo que será incómodo para ti subirte así a la escoba. Pero estoy seguro que podrás arreglártelas.

Ignorando las protestas de Joy, Fred acercó su escoba y la puso frente a ella.

- Anda. Sube.

- No.

Fred puso sus ojos en blanco, y tomó a la niña por la cintura y la subió a la escoba. Joy sintió como si la hubiesen quemado. Su corazón se agitó de manera que pensó que le atravesaría el pecho. Se alegraba de que él no hiciera ningún comentario acerca de lo roja que estaba. Incluso sus ojos parecían más azules, y sus pecas habían desaparecido de sus mejillas. La cara le hervía de vergüenza. No tenía idea de que Fred Weasley tuviera ese poder sobre ella. Lo que ella no notó, debido a la emoción del momento, es que su cuerpo no se sintió incómodo al contacto del niño. O tal vez lo pasó por alto, porque sólo Fred y George eran los únicos chicos que podía abrazarla sin que ella se sintiera incómoda.

- ¡Ahora vuela, Joy!

- ¡Ni loca!

- ¡Tú puedes!

- No sé hacerlo – Joy se había agarrado fuertemente del palo de la escoba en ese momento. De pronto sintió cómo se elevaba y sus pies se separaban del suelo.

- ¡Estás volando!

No era técnicamente cierto. Joy se mantenía en un mismo lugar, pero la escoba subía y subía más por los aires. No avanzaba nada. Pronto se encontró a unos cinco metros de altura. Oh no. No, eso no estaba bien. ¿Cómo iba a bajar? No sabía controlar una escoba. En primer año la señora Hooch le había enseñado lo básico para volar, pero ella nunca pudo controlarlo. Apenas y logró pasar esa materia. Ahora estaba más alto de lo que le hubiera gustado y no sabía cómo bajar. La garganta se le había quedado seca; sus articulaciones parecían ser hechas de piedra, pues no podía moverse. Con un estremecimiento de miedo, sintió cómo poco a poco se iba yendo de lado.

- ¡Te estás inclinando peligrosamente hacia la izquierda! ¡Enderézate, enderézate! – le gritaba desde el suelo Fred, dando saltitos.

Pero ella era incapaz de estabilizarse. Cuando trató de moverse, se fue completamente hacia la izquierda y quedó boca abajo. Aún se sostenía de la escoba, eso era bueno. Sólo que estaba al revés. Fred Weasley reía a carcajadas.

- ¿Fred? ¡Fred! ¡ME VOY A CAER! ¡FRED!

- ¡Déjate caer, yo te atrapo!

Joy se agarró con más fuerza a la escoba. Enroscó sus piernas y abrazó el palo, pegando su mejilla. ¡Qué vergüenza! Pero ella no podía hacer nada para evitarlo. Además, las risas de su compañero no ayudaban en nada. Tenía que bajarse de allí pronto, pues temía que la escoba cediera a su peso y se precipitara al suelo. Con todo el valor que reunió, soltó sus piernas de la escoba y quedó suspendida verticalmente. Fred había dicho que él la atraparía en caso de que ella cayera. Y ella confiaba en él. Así que se dejó caer.

- ¡OUCH! – gritó con dolor. Había caído con un golpe sordo en el pasto. No hubo ningún niño que la atrapara.

- ¡Joy! ¡Has hecho el ridículo allí arriba!

La niña se levantó sobándose el trasero. Al menos no se había roto nada, pero seguramente quedaría una gran marca morada en la zona donde se había golpeado. Las lágrimas acudieron pronto. Eran lágrimas de dolor, de vergüenza y de coraje. ¡Qué tonta había sido! Temblando de rabia se alejó de allí, sin hacer caso a las llamadas de Fred.

- ¡Vuelve! – gritaba entre risas.

Ella seguía caminando. No quería verlo. No quería hablarle. No quería saber nada de él. Él dijo que la atraparía. Ella había confiado en él. Se secó con fuerza una lágrima, y continuó con pasos presurosos su camino. Sentía cómo Fred la estaba alcanzando, podía escuchar sus pisadas. Joy se mordió el labio inferior, al tiempo derramaba más lágrimas. Le dolía el cuerpo, y le dolía su corazón.

En lugar de dirigirse al lago, fue hacia el castillo. Las puertas estaban abiertas y nadie le prestó atención a la niña que lloraba. Comenzó a correr mientras subía los escalones que llevaban al piso donde estaba su torre, pero no se dirigió a la sala común. No, sabía que podía toparse con algún compañero y no quería que le hicieran preguntas incómodas. Entró en uno de los lavabos de chicas y se quedó allí a llorar.

- Vete – le dijo una voz –, este es mi retrete.

- ¡Myrtle, déjame en paz!

- ¡Qué grosera te portas! Yo no me merezco esto, sin embargo lo soporto todo.

- No es cierto, te la pasas llorando.

- ¡Mira quien lo dice!

- ¡LARGO!

Joy estaba enojada, y trataba de desquitarse con la pobre Myrtle. Quería estar sola y no le importó escuchar cómo la fantasma se había puesto a llorar al lanzarse al retrete de al lado. Siguió llorando sin que nadie la interrumpiera. Llegó un momento en que ya no tuvo más lágrimas para derramar. Decidió que era hora de salir. Al verse en un espejo se dio cuenta cuán descompuesta lucía: sus ojos azules estaban rojos e hinchados, al igual que su nariz, incluso su cabello estaba totalmente revuelto. Abrió un grifo y, lanzando un suspiro, metió la cabeza bajo la fría agua. Eso la relajó un poco. Cerró la corriente de agua y se secó con su suéter. Luego se deshizo la trenza y trató volver a peinarse, pero se sentía sin fuerzas. Se dirigió a la puerta tristemente.

Al salir se topó con la misma persona de la que se había alejado, frente a ella estaba Fred Weasley. Joy frunció el ceño y volteó el rostro para hacerle ver que seguía muy enojada con él.

- Joy, lo siento.

- Vete. No quiero hablar contigo.

- Déjame llevarte con Madame Pomfrey – dijo, mientras la tomaba suavemente del brazo.

- No me toques, Fred Weasley.

- Puedes haberte hecho un grave daño.

- Mi trasero estará morado por algunos días. Puedo vivir con eso.

Fred no pudo evitar soltar unas risitas. Eso hizo enojar más a Joy. Se lanzó contra él dándole de golpes con los puños. Con cada palabra, ella asestaba un golpe. El pelirrojo sólo se encogía y trataba de cubrirse la cara mientras reía. Nunca la había visto tan enojada.

- ¡Eres un idiota, Fred Weasley! ¡Pude haberme hecho daño! ¡Dijiste que me atraparías si yo caía! ¡Lo prometiste!

- ¡Vale, vale! Ya fue suficiente… Perdón por no cumplir mi promesa.

- ¡Jamás volveré a creer una palabra de lo que digas! ¡Por mí podrías caerte de tu escoba el próximo juego!

- ¡Eso ya es crueldad!

Joy había perdido el aliento, incluso las manos le dolían de tanto golpe. Pero aún seguía muy enojada con Fred, no lo perdonaría fácilmente. Se mordió el labio inferior; a Fred le pareció que lucía más infantil haciendo ese puchero. Entonces se dio cuenta que sus ojos estaban hinchados, su nariz estaba roja, y no iba peinada en una trenza como todos los días. Vio cómo le temblaba ligeramente el mentón, como si estuviese al borde del llanto otra vez. Muy pocas veces se sentía culpable de sus actos, y ahora mismo se sentía responsable por las lágrimas de su amiga.

- Marjory – él nunca la llamaba así –, de verdad te pido perdón.

Ella se cruzó de brazos y miró el suelo. Algo en su interior se revolvió cuando él dijo su nombre. Su madre siempre le había dicho que la mayoría de las niñas maduraban más rápido que los niños, y que, algunas veces, las niñas comenzaban a sentir algo por los niños y que eso era normal. Claro, habían hablado de eso cuando su padre aún estaba con ellas. Pero después de lo que sucedió en los días que ella prefería olvidar, jamás volvieron a tocar el tema. Tenía que aprender a controlarse.

Había algo en la voz de Fred que le hizo saber que él hablaba en serio. Alzó la mirada y se encontró con unos ojos brillantes de color café. Él le sonrió tímidamente y extendió su mando hacia ella.

- ¿Somos amigos de nuevo?

Maldición, no podía permanecer mucho tiempo enojada con él. Ya había sacado todo su dolor y coraje con lágrimas y golpes, no le quedaba nada para aferrarse. Suspiró fuertemente y le devolvió la sonrisa al pelirrojo.

- Somos amigos – dijo, mientras extendía su mano, pero sin dejar que Fred se la estrechara aún –, con una condición. Nunca más me vuelvas a dar clases de vuelo.

- Trato hecho.


¿Les ha gustado? ¿Qué piensan de la historia?

Muchas gracias por leer, de verdad. Es todo un placer escribir para ustedes.

¿Te ha gustado el capítulo? ¿Querrías como maestro de vuelo a Fred o alguna otra persona? Escríbelo en un review ;)

* Por cierto, Astrix A. fue un estudiante de Hogwarts perteneciente a Gryfffindor y fue alguna vez capitan del equipo de Quidditch de su casa. Aparece únicamente en Harry Potter: The Exhibition. No se especifica su apellido, así que le he puesto un apellido inglés común.