Tra le Nuvole ed il Cielo.

----- Objetivo 3 -----

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Un chico de cabellos blancos caminaba aburrido por los pasillos de la escuela, sólo faltaba una semana para el viaje a Italia, hace mucho tiempo que no volvía a su tierra natal y se sentía un poco ansioso por eso, no pensaba regresar a ver a su padre ni mortificarse por los recuerdos de su pasado, pero a pesar de lo convencido que estaba de sus propias palabras, no podía evitar sentir cierta ansiedad.

Miró hastiado por la ventana las gotas de lluvia que no dejaban de caer, hace ya un rato que las clases habían terminado, pero por culpa de la lluvia no se había podido ir, maldijo la hora que no había llevado su paraguas, si fuera por él hace rato que se hubiera ido sin importar mojarse, pero no podía permitirse bajo ninguna circunstancia enfermarse, en especial ahora que sólo faltaba tan pocos días para ese gran acontecimiento.

- ¿Gokudera? – una voz conocida para el peliblanco le llamó, hastiado giró los ojos, además de la estúpida lluvia que no le dejaba irse se topaba con el guardián de la lluvia, vaya ironía. Se giró para encarar al muchacho, pero le vio totalmente mojado.

- ¿¡Estás loco!? ¿Por qué estas todo mojado? –

- ¿Mmh? – Le miró confundido – me moje cuando estaba en el entrenamiento –

- acaso no sabes que en una semana más viajamos, ¿qué pasa si enfermas? – dijo enojado.

- oh, ¿preocupado por mí? – dijo con una sonrisa Yamamoto.

- ¡¡Claro que no!! – alegó y por alguna razón sintió su cara arder – pero luego debemos ir a Italia y debemos estar en el mejor estado por si algo pasa – aclaró al tiempo que desviaba la vista.

- lo sé, pero tengo una salud muy firme, además no es la primera vez que lo hago y nunca me he enfermado – dijo con una sonrisa – pero tú ¿por qué estás aquí aún? –

- no traje mi paragua – dijo mientras se giraba para volver a caminar – espero a que la lluvia pase – alcanzó a dar algunos pasos cuando sintió como una mano fría tomaba su muñeca – ¿pero qué? - se giró enojado.

- yo traje uno, vámonos juntos, te lo dejaré cuando lleguemos a mi casa, está antes de la tuya ¿no? –

- no necesito tu ayuda – dijo al tiempo que se soltaba.

- lo sé – dijo con una sonrisa – tómalo como un préstamo, después me devolverás el favor – sin esperar la confirmación del peliblanco comenzó a guiarlo a la salida del lugar.

- hey, espera… estúpido fanático de béisbol – los alegatos de Gokudera se siguieron escuchando por todo el corredor.

Tsuna caminaba por las calles de Namimori sin rumbo fijo, estaba bajo la protección de su paraguas por lo que no le preocupaba mojarse, hace algunos días que los nervios le venían matando, tan solo quedaban unos pocos días para su mentado viaje a Italia, contempló como una a una las gotas de agua impactaban contra el piso, se detuvo en una esquina, el semáforo estaba en rojo, varias personas comenzaron a detenerse a su lado esperando su oportunidad de cruzar.

- La sua morte è vicina Decimo*una oscura y rasposa voz sonó cerca de su oído, asustado se volteo a ver en todas direcciones, pero nadie parecía ponerle atención, era como si esa voz hubiera salido de la nada.

- estaré imaginando cosas – pensó para sí. La luz del semáforo dio a verde, comenzó a caminar mirando en todas direcciones, en eso una moto; salida de la nada, se dirigió a donde estaba él, la gente alarmada comenzó a correr para resguardarse, tal parecía que el conductor había perdido el control del vehículo , ya que chocaba constantemente con los vehículos que hacían fila en el cruce, el castaño miraba todo asustado, no sabía porque, pero era incapaz de moverse, escuchó como algunas personas le gritaban que se quitara de ahí, pero parecía que su cuerpo se había congelado. Milagrosamente el vehículo sólo pasó a su lado, sin embargo.

- Questo è solo un avvertimento*nuevamente esa voz, el sonido de algo explotando a sus espaldas lo alarmó, asustado se giró en dirección al accidente. Sus ojos se abrieron impresionados, se dejó caer de rodillas. La moto había chocado contra uno de los postes, había quedado totalmente destruida, en el piso, a unos cuantos metros había un cuerpo, un gran charco de sangre comenzaba a formarse bajo éste, una de sus piernas estaba en dirección anormal a la que debería estar, así mismo uno de sus brazos.

- ah… - comenzó a respirar de forma agitada, un gran pánico había comenzado a invadirlo, no podía quitar la vista de aquel cuerpo ensangrentado, los gritos aterrado del resto de la gente inundaron el lugar. Las gotas de lluvia mojaban su cuerpo, pero aquello no parecía importarle. En eso sintió como una mano se posaba sobre sus ojos, impidiendo que siguiera viendo aquella escena tan cruel.

- no estás listo para ver esa clases de cosas – pequeñas lagrimas comenzaron a bajar por su rostro.

- Dino-san – dijo en un susurro.

- vamos Tsuna, no debes estar aquí – con dificultad el castaño se puso de pie, sentía que sus piernas no soportarían su cuerpo.

Dino miraba a su hermanito preocupado, aquella escena era algo shokeante para alguien como Tsuna. Era verdad que el castaño había visto heridas, había visto sangre, había contemplado batallas aterradoras, pero sabía que eran batallas y que esas cosas eran una de las consecuencias de éstas, pero en un día normal, donde simplemente vas caminando por la calle y de repente ves como alguien muere frente a tus ojos, así nada más, era para quedar asustado y tembloroso.

Cuando llegaron a la vereda sintió como el castaño se desplomaba. Debía llevar a su hermanito a un lugar seguro y seco, pero no había nada cerca, tan solo un lugar, pero sabía que su ocupante no estaría muy feliz de recibirlos, sonrió ante eso, quizás no fuera del todo cierto. Tomó su celular para luego marcar un número con rapidez.

- Romario, ha habido un accidente en la avenida principal… no, no me he lastimado, pero casi arrollan a Tsuna… si, él está bien, necesito que averigües lo más que puedas sobre eso… sí, tengo algunas dudas… aja… estaré en "ese" lugar, Tsuna necesita descansar… no es necesario que nos vengan a buscar, el lugar está cerca… de acuerdo, nos vemos – guardo una vez más su móvil para luego ayudar al castaño a ponerse de pie – vamos Tsuna, te llevaré a un lugar seguro – el castaño se dejó guiar sin queja alguna.

Bostezó con aburrimiento, los días de lluvia no le gustaban para nada, sentía sus movimientos limitados por ésta. Posó su vista en la pequeña avecilla que dormía plácidamente sobre el estate de sus libros, el calor de ese cuarto le era acogedor, se recostó en su cama una vez más, quizás se volvería a dormir, no tenía nada mejor que hacer, sin embargo unos toques insistentes le hicieron ponerse de pie molesto. Salió de su habitación, llegando a una pequeña sala donde había tres puertas más, una que parecía que daba a la cocina, la segunda al baño, quedando la última como la puerta de calle, se dirigió a ésta ultima ya que de ella provenía aquel molesto ruido, estaba dispuesto a moler a golpes al que osaba molestarlo.

Abrió la puerta enojado, pero le descolocó la imagen que encontró tras de ella. Dino le miraba preocupado y frente a él estaba Sawada Tsunayoshi completamente mojado y al parecer algo ido.

- ¿Sawada Tsunayoshi? – fueron las primeras palabras que uso para romper aquel silencio, el castaño pareció reaccionar ante ese peculiar timbre de voz, levantó su vista y sus ojos acuosos y asustados chocaron contra unos negros indiferentes, pero con cierto rastro de desconcierto. Sacando valor; de no sabía dónde, el castaño se lanzó a los brazos de un pelinegro que le recibió confundido, el amargo llanto del castaño llenó la pequeña estancia. Hibari tenía los brazos en alto, como a medio camino de abrazar el delgado cuerpo que se apoya con insistencia al suyo, pero honestamente no sabía qué hacer, aquello le había tomado por total sorpresa. Dirigió su vista al rubio con la clara duda en ella.

- ¿podrías resguardar a Tsuna?, te lo explicaré a dentro – asintió con la cabeza, posó con cuidado una de sus manos en la cintura del castaño para así poder guiarlo al interior, Dino lo siguió de cerca con cierto alivio en su cara.

Una vez dentro el castaño parecía más calmado, pero por su rostro seguían bajando algunas lagrima, se había separado de Hibari cuando reparó en su inapropiada conducta, pero había necesitado sentirse seguro, y sólo el pelinegro conseguía dejarlo en ese estado. Dino vio como Kyoya ingresaba a su cuarto para volver con una toalla y algo de ropa en sus manos.

- ve a tomar un baño – no fue una sugerencia, si no una orden, una que el castaño no se atrevió a contradecir, tomó lo que el moreno le extendía para luego encaminarse a la puerta que le había indicado.

- gracias por recibirnos Kyoya – Dino simplemente recibió una mirada molesta en contestación.

- ¿qué sucedió? –

- tal parece que intentaron matar a Tsuna – Hibari alzó una ceja dudoso, sabía muy bien que el Herbívoro era capaz de defenderse, no entendía porque había llegado en aquel estado – en realidad, creo que era una advertencia, usaron ilusiones para hacerle llegar un mensaje y luego hicieron morir a una persona frente a sus ojos… Tsuna nunca ha visto a alguien morir… y menos de esa forma, así que está shokeado – ahora entendía medianamente todo el asunto.

- ¿sabes quien fue? –

- no, pero lo estamos averiguando… necesito dejarlo aquí unas horas, Romario me está esperando para decirme los resultados de lo que le mande a investigar – el moreno cerró los ojos molesto.

- no se volverá repetir – Dino sonrió ante el significado de aquellas palabras.

- lo sé, bien, te dejo, se cariñoso con él – apenas soltó esas palabras corrió en dirección a la puerta, chocó con varias cosas antes de lograr que su huida resultara un éxito.

- lo morderé hasta la muerta cuando lo vuelva a ver – dijo enojado Hibari. El ruido de la puerta del baño abrirse le indicó que el castaño había terminado, venía con la vista baja mientras se secaba el cabello, ahora usaba un cómodo pijama azul marino, el cual le quedaba algo grande – ve a dormir –

- pero… - dijo mientras levantaba la vista.

- ve, es mejor que descanses – caminó a la puerta de color marrón, aquella que daba a su cuarto, para luego indicarle al castaño que entrara – puedes ocupar mi cama, yo iré a ver televisión –

- no quiero causarte problemas Hibari-san… -

- ve a dormir, ahora – repitió molesto, Tsuna no quiso enojar al moreno, ya mucho estaba haciendo con sólo recibirlo y prestarle ropa.

- muchas gracias Hibari-san – dijo cuando pasó por su lado, el mencionado no dijo nada, cerró la puerta cuando el castaño ingresó a la habitación. Ahora, necesitaba tiempo para poner su mente en orden.

Tsuna contempló la habitación en la que había entrado, había un estante lleno de libros, una cama bien ordenada aun lado de la ventana, el piso estaba cubierto por una alfombra de color verde, había algunos cuadros de paisajes en las paredes, una puerta que al parecer daba a otro baño, y una mesita en medio de la habitación. No podía creer que Hibari viviera sólo. Se dirigió a la cama donde tomó asiento, colocó sus manos en sus rodillas, su vista fija en el suelo, a su mente llegó nuevamente aquella espeluznante escena. Colocó sus manos en su rostro, quería olvidar todo aquello.

- Hibari, Hibari – la singular vocecita de Hibird sacó de su pensamientos a Tsuna. La pequeña ave voló hasta posarse en una de las manos del castaño – Hibari – Tsuna se permitió sonreír.

- no soy Hibari-san… me llamó Tsuna –

- Tsu… Tsu… - decía animada el pajarillo. Quizás no lograría que dijera su nombre como había logrado el moreno, pero le alegraba no estar completamente sólo en aquella habitación. Se dejó caer en la cama, quedando recostado en ésta, Hibird voló brevemente para luego posarse en el respaldo de la cama, mirando los alrededores buscando, tal vez, a su dueño.

- ¿puedes cantar el himno de la escuela? – pidió, sin saber realmente si entendería su petición, pero ahora lo menos que quería era que el silencio le rodeara.

- Midori Tanabiku, Namimori No… – la fina voz de Hibird inundó la estancia, Tsuna cerró los ojos al tiempo que dejaba una sonrisa en sus labios, estaba asustado - Dainaku Shounaku, Namii Gaii… – el ave siguió cantando sin ser consciente del estado de ánimo del ocupante de la habitación. Un leve sollozo acompañó la canción - Istumo Kawaranu…

Hibari de manera silenciosa había ingresado al cuarto, quería saber si el castaño había seguido sus ordenes, pero se había encontrado con aquella peculiar escena, un extraño malestar se había alojado en su pecho, no podía describir que era lo que pasaba, pero era algo totalmente nuevo para él. Sin meditar en sus acciones, bajó el interruptor de la habitación; lo que apagó la luz, se encaminó al cuerpo que se estremecía por los sollozos, con cuidado se sentó junto a él. Tsuna al sentir la cama hundirse a su lado levantó la vista, unas perlas de color negro le devolvieron la mirada, y sintió en ellos un inexplicable apoyo, de forma presurosa se sentó en la cama, miró unos segundos más aquella mirada para luego lanzase en los brazos del guardián de la Nube quien lo recibió de manera silenciosa. Hibari sólo le sostuvo y permitió al castaño descargar sus lágrimas en él, cuidando de que no cayera, colocó una mano en su espalda y la otra cerca de la cintura, mientras que la frente de Tsuna estaba recargada en su hombro.

- Sukoyaka Kenage – el canto del ave no cesó, y la lluvia comenzó a caer con más fuerza, ahogando de esa forma los sollozos de un castaño, el cual estaba completamente aterrado.

Reborn estaba junto a Dino, éste le había contado todo lo que había pasado, molesto había movido también sus cartas, sabía muy bien que su alumno debía aprender y que lo más probable es que tendría que enfrentarse con miembros de su propia familia de Italia, pero habían traspasado los limites que había fijado. Japón era territorio de la Décima familia, nadie debía ir a ese lugar, en especial porque él así lo había estipulado, nadie podía ir sin su autorización.

Había llamado a Lal Mirch para que le asistiera como miembro de la CEDEF, junto a Dino habían comenzado la investigación. Así mismo apresuro el trámite de liberación de Mokuro, tal parecía que las cosas se habían complicado y lo mejor, en éste caso, era mantener a Tsuna vigilado, no dudaba que aquellos que habían comenzado su rebelión contra el próximo descendiente comenzaran a utilizar trucos más bajos, como la utilización de drogas o rehenes. Dino había colocado a varias personas vigilando a las personas más cercanas a Tsuna. Nana, Lambo, I-Pin, Futa, Haru y Kyoko eran la prioridad al no poder defenderse por sí solos.

Ahora sólo faltaba colocar en alerta a los Guardianes y a las personas importantes para ellos, como el padre de Yamamoto, Bianchi o el resto de la pandilla de Kokuyo. Lo importante ahora era que en estos escasos 6 días debía mantener a Tsuna bajo vigilancia, ya que para su molestia era él el más vulnerable mentalmente, cosa que sus enemigos no desaprovecharían.

También había solicitado una llamada con el Noveno, las precauciones en este caso, nunca estarían de más.

- ya se estableció el enlace con el Noveno – le informó Lal, ésta se encontraba frente a una computadora.

- también tengo a Squalo en el monitor – habló a la vez Dino quien estaba junto a Lal con otro computador frente a él.

- bien, conéctenlos –

- VOOOIIIII – el estruendoso grito de Squalo hizo saltar a algunos de los hombres de Dino que estaban presentes.

- bájale el volumen a ese idiota – dijo enojada Lal, Dino no tardo en obedecer.

- ¿¡¡para que nos llamas trío de idiotas!!? –

- ¿ha sucedido algo Reborn? – la voz calmada de Timoteo emergió desde el otro computador, Squalo se veía molesto, mientras que el Noveno algo preocupado.

- han atentado contra Tsuna – ambos hombres no pudieron ocultar su sorpresa.

- ¿¡¡Por esa mierda nos hablas!!? – Gritó molesto el guardián de la Lluvia de los Varia – ¡¡La última vez ese idiota sabia pelear!! –

- fue atacado por los Vongola – dijo enojado.

- ¿Qué has dicho? – dijo asombrado el anciano - ¿qué pasó exactamente? – Dino procedió a relatarle los hechos, ya que por sugerencia de Reborn había mantenido a su hermanito bajo vigilancia, pero por un asunto completamente diferente el cual no comentó.

- eso fue lo que sucedió… según las reglas, Japón era territorio de Primo y ahora pasó a ser territorio de Tsuna, cualquier ataque en esta tierra pasa a ser traición – dijo Dino.

- desde hoy, así como los Varia declararon estar bajo las ordenes únicas del Noveno, la CEDEF da su total apoyo al Decimo, todas las operaciones de la CEDEF serán en post de su protección – habló Lal – por lo que sus integrantes desde hoy tiene como prioridad la seguridad de Sawada –

-¿¡Y donde mierda estaba ese maldito mocoso de la espada!? – habló enojado Squalo – no deberían dejar al imbécil sólo –

- nunca pensamos que nos atacarían acá, sabíamos de la rebelión en Italia, pero nunca creí que la familia no respetaría sus propias reglas – dijo algo molesto el Arcobaleno.

- comenzaré a hacer las averiguaciones acá… Squalo – lo llamó el Noveno – contacte con Mammon y dile que averigüe sobre los ilusionistas más capaces en la familia. Por otra parte el resto de ustedes, a excepción de Xanxus, se quedaran en los alrededores de la casa principal –

- No creo que a los demás les guste ser niñeras, a mi me apesta la idea – dijo molesto.

- es una orden – un pequeño tic apareció en el rostro de Squalo.

- SI TRATAN DE MATAR A ESOS ESTUPIDOS GUARDIANES NO ME CULPES – la comunicación fue cortada.

- ¿Cómo esta Tsunayoshi-kun? ¿Dónde está ahora? – habló con falsa calma el Noveno.

- aún está algo shokeado… - dijo molesto Reborn – pero está en un lugar seguro –

-debes comprenderlo Reborn – habló con calma el anciano – Tsunayoshi-kun es alguien muy gentil como para presenciar una muerte, incluso de ser el autor de esta… comprendo cómo se debe sentir –

- Va a ser jefe de la mafia, deberá enfrentar cosas como estas – Dino miró serio a su ex-tutor.

- lo sé, pero aún no es el momento, además… quien sabe, quizás nunca llegue a esos extremos, porque su familia querrá protegerlo de todas esas cosas, tú mismo lo estás haciendo ahora – Reborn suspiró.

- en eso tienes razón –

- Tsuna es alguien fácil de querer – habló divertido Dino – ya ves los cambio que ha conseguido con algunos mafioso o personas peligrosas – refiriéndose a un chico de cabellos negros que el bien conocía.

- supongo que algo estaban tramando, por ahora lo principal es su seguridad… ¿Quién le está cuidando? –

- el Guardián de la Nube – el anciano miró extrañado a Reborn.

- según me habías dicho, ese chico era igual al primer guardián de la Nube –

- y lo es, en el todo sentido de la palabra – aclaró Dino.

- ¿entonces? Tengo entendido que no estaba muy preocupado por la familia –

- como ha dicho Dino, Timoteo – habló Reborn con una sonrisa – Tsuna es capaz de hacer que la gente se preocupe por él, así como Giotto lo consiguió con Araundi, Tsuna lo consiguió con Hibari, incluso me atrevo a decir que su influencia es mayor que la que tuvo Primo -

- jojojojo eso será algo interesante de ver –

- ya lo creo –

Hibari contemplaba la dormida figura de Tsuna, éste estaba acostado bajo las tapas de aquella cama, había llorado hasta quedar dormido. Cuando eso pasó Hibari se encargó de meterlo a la cama y procurar que no pasara frio. Miró con detenimiento al castaño quien tenía sus manos cerca de su pecho y rostro, las piernas algo recogidas, respiraba con tranquilidad, tal parecía que había conseguido paz en sus sueños. La lluvia no había cesado, dirigió su vista a la ventana, una extraña sombra llamó su atención, sonrió con arrogancia, tal parecía que algunos borregos habían venido a entretenerlo un rato, se puso de pie vigilando no despertar al castaño. Encendió las llamas de su anillo para luego depositarlas en una de sus cajas. El pequeño Erizo parpadeo varias veces, elevó su pequeña naricita, el aroma de su amo estaba cerca, contento se volteó a mirarlo, Hibari se agacho a su altura.

- sé un buen chico y vigílalo – y apuntó al castaño que descansaba sobre su cama. El animalito miró con atención la figura que debía cuidar según las ordenes de su amo, y alegre se percató que era el mismo chico que poseía aquel ahora tan rico.

- nii – dijo feliz, se encaminó para ganarse cerca del castaño cuidando de no lastimarlo con sus púas.

- bien, ahora – decía al tiempo que sacaba sus tofas – es hora de morder a algunos borregos – salió por la puerta de la habitación con una sonrisa divertida y algo escalofriante.

Mientras tanto, Dino y Reborn afinaban algunos detalles con el Noveno y Lal Mirch, ella había llegado justo para el accidente debido a que había decidido darle un informe de forma personal a Reborn y así tener la oportunidad de ver a Coronello, algo que no quería admitir pero que el Arcobaleno del chupete amarillo había logrado deducir.

- entonces, si dejamos ese orden será fácil de cubrir, en especial porque el guardián de la tormenta lo tendrá bajo vigilancia todo el tiempo – habló calmada la única mujer del lugar.

- correcto y si…- comenzó a hablar Dino.

- Dino-san tenemos problemas – uno de sus hombres se había acercado.

- ¿qué sucede? –

- uno de los hombres que dejó cerca de la casa de Hibari-san nos acaba de llamar para decirnos que en estos momentos se encuentra peleando con algunos hombres encapuchados a los alrededores de su casa -

- ¿¡Qué!? –

- así que esos malditos planeaban hacer algo más – dijo con enojo Reborn –vamos Dino, iremos a ver a esos sujetos –

- Romario alista todo, nos vamos ahora –

- si jefe –

- Reborn será mejor que llames al resto de los guardianes –

- de acuerdo –

La lluvia caía copiosamente, la visibilidad era casi nula, pero eso a Hibari poco le importaba, ya había dos sujetos inconscientes en el suelo, ahora sólo faltaban tres más. Agradecía no estar peleando en la escuela, porque ya había varios destrozos en los alrededores. Agitó una de sus tofas para limpiarla del resto de sangre que le cubría, estaba bastante molesto, así que quería acabar con todo eso pronto, esos sujetos eran bastante débiles, lo cual le molestaba de sobremanera.

- ¡¡Ocúpalo de una vez!! – escuchó como uno de los sujetos le gritaba a uno de sus compañeros.

- El jefe dijo que sólo lo ocupáramos en Sawada –

- me importa una mierda, éste sujeto es muy fuerte – odiaba ver como las cucarachas se retorcían antes de morir, así que comenzó a caminar hacia el grupo de gente.

- maldita sea – el sujeto que había alegado no ocupar "algo" sacó de entre sus ropas una caja de color morado. Hibari frunció el seño al tiempo que elevaba una de sus tofas frente a su cuerpo en modo de precaución, supuestamente las cajas aún no deberían aparecer.

- ¿por qué, gente como ustedes, tiene ese juguete? – dijo con malicia, ninguno respondió. Vio como el sujeto insertaba una llama del mismo color que poseía aquel odioso sujeto de las ilusiones.

De la caja emergió un enorme manto que cubrió a los tres sujetos y a Hibari, la lluvia que persistentemente lo había cubierto ya no estaba, el lugar estaba por completo cubierto en tinieblas y los sujetos que estaban frente a él ya no estaban, aquello comenzaba a molestarle, sin duda odiaba las ilusiones. Cuando encontrara a esa gente los mordería hasta la muerte. Dio unos cuantos pasos, el sonido de sus pisadas resonó en todo el lugar, cosa que le molesto, el ser silencioso en este medio parecía imposible, un leve brillo desde la lejanía llamó su atención, pero luego un fuerte dolor proveniente de una de sus piernas le atacó, bajo la vista, pero no pudo ver nada, con cuidado bajo una de sus mano, tal parecía que le habían enterrado algo filoso en su pierna derecha, gruño, aquello comenzaba a cansarlo.

Sin cuidado sacó el objeto que tenía en su pierna, para luego lanzarlo al piso, no tenía paciencia para jugar con ellos, en especial porque si continuaba ahí, cabía la posibilidad de que esos tipos entraran a su casa y encontraran al herbívoro durmiendo. Luego se cuestionaría el porqué de su preocupación, ahora debía concentrarse en la pelea.

Dejó caer sus tofas, encendió las llamas de su anillo para insertarla en una de las cajas que siempre llevaba consigo, unas nuevas tofas aparecieron en sus manos, enseguida fueron cubiertas por sus llamas. El lugar se iluminó levemente, pero ahora podía sentir cualquier cosa que se le acercara, saltó hacía atrás, una serie de cuchillos habían sido arrojados en su dirección. Al menos ya sabía a dónde debía dirigirse.

Por otro lado, Ryohei, Yamamoto y Gokudera corrían apresurados por las calles húmedas de Namimori, había recibido el mensaje de Dino. Se habían encontrado en una de las intersecciones y ahora los tres corrían en busca de su amigo y jefe. Dino les había dado las indicaciones necesarias para llegar al departamento de Kyoya, sabía que el mencionado se enojaría, pero esto era un caso de emergencia.

- aún no entiendo que hace el décimo en ese lugar – dijo molesto Gokudera.

- ya lo sabremos, ahora debemos darnos prisa –

- tal parece que Sawada necesita ayuda extrema –

- esperen – Gokudera detuvó a los otros dos sujetos, pronto una luz negra se esparció por la zona, tanto gente como vehículos desaparecieron misteriosamente, todo parecía más opaco y lúgubre.

- ¿¡Qué rayos!? – exclamó sorprendido Ryohei.

- un ilusionista – dijo precavido Yamamoto al tiempo que sacaba su espada.

- recuerden, no podemos ocupar nuestras cajas, a menos que sea realmente necesario – habló Gokudera al tiempo que sacaba algunas de sus bombas, se alegraba que la lluvia también hubiera desaparecido.

- Así que estos son los guardianes – una voz emergió de la nada – increíble pensar que fueran estos mocosos los que pudieron vencer a los Varia – su timbre era divertido.

- se nota que las generaciones van en decaimiento – habló una segunda.

- Muéstrense malditos – gritó molesto el chico de pelo blanco.

- jajaja demasiado impacientes – Frente a ellos dos figuras encapuchadas aparecieron – veamos que tan fuerte es su voluntad de proteger a su "Jefe" –

La imagen de esos sujetos desapareció y ahora miles de imágenes más aparecieron, pero esta vez eran de las gente que conocían, cientos de Harus, Kyokos, Bianchis, Futas, Lambos e I-Pins. Miraron preocupados las imágenes, además de ellos imágenes de sí mismos se acercaban, y del resto de los guardianes y de Tsuna.

- Son simples ilusiones – dijo enfadado Gokudera.

- ¿estás seguro? – una leve brisa se dirigió a uno de los Yamamoto causando un corte de su mejilla. Impresionados Ryohei como Gokudera vieron como a su compañero le aparecía la misma lesión y como baja sangre por ella.

- esto no es bueno – pensaron los tres a la vez.

Continuará…


Aclaraciones:

*La sua morte è vicina Decimo: Su muerte se avecina Décimo.

*Questo è solo un avvertimento: Esto es sólo una advertencia.

Hola gente, debo disculparme por la tardanza, tenía planeado actualizar antes, sin embargo, supongo que todos son consientes de la tragedia que sucedió en mi país, gracias a Dios a mí y a mi familia no nos pasó nada, sin embargo, no mucha gente corrió con la misma suerte, estuvimos más de una semana aislados, sin luz y agua ni internet, además que no tenía los ánimos de escribir. El terremoto en si no me afecto mucho, si no las cosas que pasaron después de él.

Espero que este capítulo les haya gustado, agradezco de todo corazón todas las opiniones positivas que he tenido sobre esta historia, la cual se está transformando en una de mis preferidas.

Sé que en este cap, así como el anterior, hay muchas cosas que Hibari sin duda no diría ni haría, a pesar de que conserve al máximo su personalidad, pero si Hibari no cambia, aunque sea en una ínfima parte ¿Cómo podríamos hacer esta historia, donde sin duda se terminará enamorando de Tsuna, sin pequeños cambios? En lo personal son cambios necesarios y para nada inútiles, como bien dice el dicho, el amor te cambia para "esa persona" pero eso no significa que el cambio será para todos, Oh no, xD un Hibari amable es signo de apocalipsis.

Agradezco a todos los que dejaron sus opiniones: Freesia Monochrome, mogu95, Anker, Himeno Sakura Hamasaki, Lelouch V'BXVII, Noriko-leo, Chibi y Hina, Lal, Kauket_k, Laraafix, Ethere Envy, Alfader, anonimo202, Lorey, Lenah-1827.

Muchas, muchas gracias a todos los que leen, me animan a seguir escribiendo, espero que me dejen sus opiniones en este cap, para así seguir mejorando.