Pues aquí esta la tercera parte de esta historia a petición de dos personillas que han sido tan amables en dejarme sus reviews. Espero sea de su agrado y disculpen si no se manejar correctamente los celos de Rachel, pero es algo que como hombre no se apreciar, no supe como expresar ese sentimiento. De antemano una disculpa por ello. Cabe mencionar que este capitulo esta fuera de la serie, es un extra.
—Flash Back—
—Noah, ¿Por qué estás tan contento? — pregunto Daniela, mi hermana, mientras desviaba su mirada del televisor.
—Si Noah, cuéntanos porque sonríes — dijo mi madre, como si en verdad le importara.
—Bueno, digamos que estoy siendo responsable — les respondí mientras tomaba un poco de mi soda.
—¿Es una chica? — pregunto Dani sonriendo mientras se acercaba a mí y se colocaba en mi regazo. Para tener 6 años, estaba comenzando a saber más que yo a su edad.
—Sí, es una chica igual de hermosa que tú — sonreí al recordar a Rachel, mientras le acariciaba el cabello a mi hermana.
—¿Quién es ella, Noah? — pregunto mi madre mirándome fijamente.
—Rachel Berry — dije mirando atento la expresión de la cara de mi madre quien mágicamente poso una sonrisa en su rostro.
—No lo puedo creer — dijo sin dejar de sonreír — ¿Cómo has conseguido a semejante chica? — pregunto suspicaz.
—¿Acaso estás diciéndome que no soy capaz de tener a una chica como ella a mi lado, madre? — le pregunte despacio mientras Dani, salía corriendo a su habitación para evitar presenciar un enfrentamiento.
—Noah, debo mencionar que todas tus relaciones son para pasar el rato — dijo seriamente sin dejar de mirarme — por lo que más te vale que lo tuyo con esa chica sea algo serio, no quiero problemas con los Berry por vuestra culpa — sentencio.
—No, ella es especial — dije derrotado pero sonriendo — con ella soy otro, he cambiado tanto que algunas veces no me reconozco, ¿es que acaso no lo has notado? — le pregunte débilmente.
—He de admitir que te has vuelto más responsable, últimamente no te he visto bebiendo o fumando, haces deberes y ayudas en casa. Es admirable lo que esa chica está haciendo contigo.
—Lo sé — respondí sonriendo ante lo dicho por mi madre.
—Invítala a la casa — soltó de repente, sonriendo mientras comenzaba a recoger los platos de la cena para llevarlos a la cocina y poder lavarlos — este sábado, quiero que cene con nosotros — sentencio mientras se ponía en pie y caminaba a la cocina con los platos, dejándome pasmado ante tal invitación.
—Fin Flash Back—
Rachel estaba sentada a mi lado en el porche de su casa mientras le contaba todo esto, que hasta cierto punto me hacía sentirme avergonzado, sin siquiera saber el porqué. Ella me veía atento a cada gesto que hacia mientras me escuchaba.
—Y por eso mi madre quiere que vengas a casa mañana por la noche — dije mientras jugueteaba con mis dedos — pero si no quieres ir, le diré que tenías un compromiso y sé que ella lo tomará bien — le dije al ver que tardaba en responder.
—No es eso Noah — dijo pausadamente — es que, nunca he hablado con Débora Puckerman fuera de nuestra comunidad, cuando vamos al templo.
—Lo sé — suspire pesadamente — creo que es algo pronto para esto — dije ligeramente decepcionado.
—Iré — respondió mientras me daba un beso en la mejilla y yo le abrazaba dulcemente acariciando su cabello — ¿a qué hora será la cena?
—Amor, no quiero que te sientas comprometida — sonreí levemente antes de darle un pequeño beso en la punta de la nariz, haciéndola sonreír.
—Claro que no, solo ten en cuenta que la próxima cena será en mi casa — dijo sonriendo con suficiencia — con mis padres — y entonces comenzó a reír.
—Pues eso no supone ningún problema para mí — le dije mientras sonreía — porque yo haría eso y más solo por verte feliz — entonces me beso dulcemente.
—¿A qué hora vendrás por mí? — preguntó mientras dejaba un pequeño beso en mis labios.
—Pues, te parece bien 7:30 pm — le dije mientras colocaba un mechón de cabello tras su oreja.
—Sí — respondió sonriendo — nos vemos mañana a esa hora — ella se puso de pie y yo la imite.
—Te quiero, amor — le digo besándola dulcemente — descansa y sueña conmigo — ella río ante mi sugerencia.
—También te quiero — me dijo abrazándome — y lo haré, siempre y cuando tú lo hagas.
—Eso no tienes ni que pedirlo, siempre lo hago — le dije guiñándole el ojo dándole un último beso para después alejarme lentamente perdiéndome en la oscuridad de la noche sonriendo como idiota, gracias a ella y a toda la felicidad que me da cada que estamos juntos y aun cuando no lo estamos.
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Estaba tan cansado que aun cuando sabía que tenía que hacer un sinfín de deberes para la cena de esta noche, estaba aún durmiendo, o al menos fingiendo hacerlo, mientras seguía cubierto por la sabana de mi cama. He de suponer que era pasado de medio día pues los rayos del sol atravesaban levemente las cortinas de mi ventana.
De pronto mi móvil comenzó a sonar, por lo que saque una mano para poder cogerlo, lo cual me costó algo de trabajo, pues no veía lo que hacía.
—Diga — conteste sin mirar quien llamaba, con una voz que apenas pude reconocer como mía.
—¿Noah? — pregunto una voz que muy a pesar de los sollozos pude identificar.
—Quinn, ¿Qué pasa? — le pregunte mientras me sentaba de golpe para hablar mejor.
—Necesito tu ayuda — me suplico, lo cual hizo que me preocupara de sobre manera, haciendo que mi cerebro mandara órdenes al cuerpo para ponerme ropa limpia y salir en su búsqueda.
—¿Por qué lloras? ¿Finn te ha hecho algo? — le pregunte esperando paciente la respuesta mientras me colocaba unos vaqueros limpios.
—Mis padres — dijo entre sollozos — se me han enterado del embarazo y me han echado de casa — ella lloraba.
—¿Dónde estás? — le pregunte mientras bajaba rápidamente las escaleras y cogía las llaves del auto de mi madre sin pedir permiso, ya me disculparía después — trata de calmarte, por favor — le pedí mientras subía al auto y lo ponía en marcha.
—Termino de hacer una maleta antes de que ellos vuelvan — me respondió ya más calmada.
—Voy para allá, tranquila — le dije colgando la llamada mientras corría por las calles evitando a toda costa ser visto por la policía o pasarme un alto.
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Llegue y la vi parada a la entrada de su casa, baje del coche y me acerque veloz a donde se encontraba, no espere que hablara y solo la abrace, mientras ella comenzaba a llorar contra mi pecho.
Verla de ese modo me desarmo, no sabía que decir o que hacer por lo que solo atiene a acariciarle el cabello para tranquilizarla, en silencio.
—¿Estas mejor? — le pregunte una vez que sus sollozos se calmaron y ella se alejó un poco de mi para verme a los ojos.
—Si — dijo levemente mientras con cuidado le limpiaba las últimas lagrimas que caían por sus mejillas.
—¿Qué ha dicho Finn? — le pregunte mientras cogía su maleta y a ella de la mano, para llegar al auto.
—No contesta el móvil, no sé qué hacer — dijo desesperada mientras subía al auto.
—Tranquila, en el camino pensaremos que hacer — le dije antes de caminar y guardar su maleta en el portaequipajes.
Conduje en silencio sin saber a dónde ir, mirando de reojo las reacciones de Quinn y sus miedos visibles ante mí.
—No tengo a donde ir — soltó de repente mientras me veía estacionar el auto a un lado de la acera.
—Puedo llevarte a casa de Finn — le dije mientras sostenía su mano con la mía, dándole un pequeño beso en el dorso.
—Su madre no lo sabe…— me vio dudar — lo de embarazo, aun no se lo hemos dicho.
—Creo que es un buen momento para hacerlo — dije acariciando su cabello lentamente antes de atraerla hacia mí para abrazarla.
No recuerdo cuanto tiempo paso desde que estuvimos así, solo fui consciente de ello cuando mi móvil comenzó a sonar, después de hablar con mi madre sobre lo que debería estar haciendo, tome una decisión.
—Quinn — suspire lentamente — te quedaras en casa esta noche — al decir esto, obtuve toda su atención — hablaras con Finn mañana y determinaran como decírselo a la señora Hudson.
—Puck, eso es muy amable pero no quiero causarte problemas — dijo triste sin mirarme.
—Quinn, eres lo más parecido a una hermana que he tenido, y no puedo hacer nada más que ayudarte.
—¿Qué dirá tu madre? — me pregunto.
—Te aceptara, tu solo tranquilízate y si eso no ocurre — la mire dudoso — le pediremos ayuda a Mercedes — ella asintió antes de acomodarse en el asiento permitiéndome poner en marcha de nuevo el auto.
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Después de explicarle a mi madre detalladamente él porque Quinn pasaría la noche en nuestra casa ella pareció aceptarlo, no sin antes reñirme por no haberle ayudado con los preparativos de la cena. Decidió que lo más viable seria ayudar a preparar la habitación de huéspedes para que Quinn se quedará allí.
—¿Tienen una cena familiar? — pregunto Quinn mientras Dani y yo le ayudábamos a colocar las sabanas limpias a la cama.
—¡Oh, sí! La novia de Noah vendrá a cenar — le respondió Dani sin darme tiempo a evitarlo.
—Rachel — dijo Quinn mirándome fijamente por lo que asentí — no creo que deba estar aquí — dijo seriamente.
—Mi madre acepto que te quedases, ella quiere ayudar al igual que yo — le dije mientras Dani salía de la habitación para atender el llamado de mi madre.
—No creo que tu novia vea bien el que yo esté aquí — suspire mientras terminaba de acomodar las almohadas.
—Es la casa de mi madre y Rachel no está en condiciones para objetar nada — dije mientras salía de la habitación dejando a Quinn sonriendo divertida. Supongo que le agradaba el hecho de pensar en que mi chica y yo tuviésemos problemas.
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Eran casi las 7, solo tenía media hora para ducharme e ir por Rachel. Busque algo decente que ponerme y camine hacia la ducha. Me afeite y puse un poco de loción para evitar la irritación. Me duche rápidamente, al terminar salí del cuarto de baño con la toalla ceñida a mi cintura.
—¡Dios! — la voz de Quinn me sobre salto antes de que tocara la perilla de la puerta de mi habitación.
—¿Estás bien? — le pregunte girándome para verla.
—Sí, es solo que — vi su mirada viajar de arriba-abajo observándome, mientras se relamía el labio, lo cual no considere buena señal — ¡Dios! — volvió a repetir, pero esta vez pude ver en sus ojos el deseo en respuesta a ese gemido que salió de su boca.
—Supongo que estas bien — dije mientras rápidamente entraba a mi habitación y cerraba la puerta.
Solté un largo suspiro mientras trataba de no recordar la mirada que Quinn le había dado a mi cuerpo, comenzando a vestirme. Cuando mire el reloj comprobé que tenía el tiempo justo para llegar a la casa de Rachel, que estaba a un par de cuadras de la mía.
Baje rápidamente y atravesé el vestíbulo camino a la puerta, no pude evitar mirar hacia la cocina viendo a mi madre, a Dani y a Quinn cocinando y poniendo la mesa.
—Vuelvo enseguida — dije saliendo de mi casa mientras sonreía, escuchando a lo lejos un "no tardes" por parte de mi madre.
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Llegue a casa de Rachel apenas un par de minutos antes de 7:30, por lo que toque el timbre esperando a que alguien lo atendiera.
—Buenas noches, señor Berry — salude cortésmente extendiéndole la mano, mientras el respondía el gesto.
—Buenas noche, Rachel bajara en un minuto — dijo sonriendo mientras se hacía a un lado invitándome a pasar — y por favor, llámame Hiram.
—Como usted guste, Hiram — le dije mientras caminaba por el recibidor.
—¡Hey Puckerman! — saludo el otro señor Berry.
—Buenas noches señor — le respondí algo nervioso.
—Llámame Leroy — por lo que asentí, mientras escuchaba los pequeños pasos que bajaban por las escaleras haciendo que instantáneamente me girara hacia ese lugar.
—Esta hermosa — le dije mientras le extendía la mano para ayudarla a bajar.
—Gracias — respondió sonrojada mirando a sus padres quienes la veían con adoración y luego a mí, sin dejar de sonreír — ¿nos vamos? — pregunto sonriendo con timidez.
—Claro, vamos — le dije tendiéndole el brazo para que lo tomara.
—Cuídala mucho — me dijo uno de sus padres, que no pude distinguir quien pues en ese momento Rachel cerró la puerta mientras caminábamos hacia la calle.
Caminamos un par de metros en silencio, sin saber que decir. Podía notar la tensión de la que éramos presos. Por lo que comencé a buscar la manera de decirle a Rachel lo que pasaba con Quinn.
—¿Qué pasa, Noah? — Preguntó dulcemente por lo que me detuve para mirarla fijamente haciéndome el desentendido — Esta noche te noto diferente, ni siquiera me has dado un beso.
—Amor — dije después de suspirar sonoramente — Quinn se quedara en mi casa esta noche — observe su reacción detenidamente.
—Me parece que no escuche bien — dijo nerviosamente.
—Los padres de Quinn le han echado de casa y no tiene a donde ir — dije pausadamente.
—¿Y eso que tiene que ver contigo? — Dijo casi gritando — Finn es el que debe llevarla a su casa, ¡no tú! — dijo molesta.
—Amor cálmate, por favor — le dije intentando tomar su rostro entre mis manos pero ella dio un paso atrás evitando el contacto.
—¡No me pidas que me calme! — Volvió a gritar — ¿Cómo pretendes que duerma esta noche sabiendo que ella estará en tu casa? — dijo a punto de llorar, moviéndose desesperada de un lado a otro.
—Rachel — la llame pero parecía no escucharme — amor, mírame — dije mientras la abrazaba para hacer que me mirase.
—¿Cómo se supone que actuaré durante la cena? — dijo mientras un par de lágrimas salían de sus ojos por lo que con cuidado se las limpie.
—Rachel Berry, te amo a ti — le solté mirándola a los ojos sin titubear.
—¿Qué has dicho? — dijo sorprendida sin ninguna expresión en su rostro, lo que hizo que me arrepintiera al momento de lo que había dicho.
—Dije que te amo, que eres la única chica en mi vida — me acerque a su oído — y la única con la que pienso hacer el amor, porque te amo — un estremecimiento le recorrió todo el cuerpo, pude sentirlo.
Ella al fin pareció reaccionar, besándome un tanto desesperada pero transmitiendo todo lo que sentía en ese momento. Desarmando todas mis defensas dejándome llevar por el beso haciéndome olvidar de que el tiempo fuera de nuestra burbuja transcurría sin detenerse.
—Debemos llegar a casa — dije contra sus labios haciendo que un puchero se formara en su rostro.
—Lo sé — dijo resignada mientras me tomaba de la mano y comenzaba a caminar — te prometo que tratare de comportarme, pero sabes que no será fácil teniéndola allí.
—Eso lo he tenido claro, mi amor — le abrace — pero no habría tomado esa decisión de no ser por la bebé, no tenía donde llevarla y solo será esta noche.
—Es lo que espero — dijo mirándome tiernamente.
—Así será, porque a primera hora de mañana mi madre hablara con Finn para ayudarlos a decirle como está la situación a la señora Hudson — Rachel solo asintió mientras llegábamos a la entrada de mi casa.
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—Hola — dijo Dani al instante en que nos escuchó entrar y se acercaba para saludar a Rachel.
—Hola, pequeña — dijo saludándola dándole un pequeño beso en la mejilla — yo soy Rachel, ¿me recuerdas? — le pregunto mientras yo cerraba la puerta.
—No lo creo, de cualquier modo yo soy Dani — le respondió antes de irse dando saltitos hasta donde Quinn estaba sentada mirando televisión.
—Hola, hola — saludo mi madre dándole un beso en la mejilla — pasa, hermosa — su cordialidad me sorprendió.
—Buenas noches, señora — le respondió mi chica mientras caminábamos a la sala de estar.
Quinn y ella solo se miraron dirigiéndose un asentimiento de cabeza, sin disimular su descontento ante la presencia de la otra.
—Pasemos a la mesa, ya está lista la cena — dijo mi madre mientras caminaba hacia allá sonriendo.
Amablemente ayude a que Rachel se sentara mientras, las demás mujeres lo hacían ellas mismas. Lo que mi madre había preparado era justamente los platillos favoritos de Rachel, lo cual me sorprendió pues yo no se lo había dicho.
La cena transcurrió de lo más normal, salvo por unas cuantas miradas envenenadas por parte de Quinn y Rachel, pero mi madre parecía no notarlas, o hacerse la desentendida.
—Que deliciosa cena — dijo mi chica después de limpiarse con la servilleta.
—Gracias, esto es parte de nuestras cenas favoritas, ¿Verdad Dani? — le pregunto mi madre a mi hermana y esta solamente asintió.
—¡Oh! — Mi chica se sorprendió — debo decirle que justamente estos son mis platillos favoritos para la cena — ambas sonrieron en complicidad. Mientras Quinn parecía atravesar a Rachel con sus miradas.
—Dime Rachel, ¿Cómo has logrado que Noah cambie? — su pregunta me sorprendió, causando que me atragantara un poco con el jugo de naranja que mi madre había preparado. Ante esto todas se rieron sin aparentar lo absurda de la situación, mientras Rachel me miraba entre divertida y preocupada.
—Realmente — ella me tomo de la mano entrelazando nuestros dedos para molestar a Quinn — no he hecho nada, simplemente Noah ha vuelto a ser el mismo chico que conocí hace años — me miro por un momento antes de volverse hacia mi madre — él siempre estuvo aquí, salvo que no era capaz de dejarlo salir.
—Creo que mi hijo se había cerrado al mundo de las posibilidades, pero ahora contigo ha vuelto a ser quien era antes — estas mujeres hablaban como si yo no estuviese presente.
—Muchas gracias por la cena, señora Puckerman — dijo Quinn mientras se ponía en pie y cogía los platos sucios.
—-Deja esos platos, querida — dijo seriamente mi madre a lo que Rachel se sorprendió un poco — Noah y Dani se encargaran de ello — por lo que mi hermanita y yo nos pusimos manos a la obra, dejando a las mujeres charlar a gusto.
Realmente no sé de qué hablaron en ese momento, pues todo ocurrió mientras yo fregaba los platos y Dani los secaba, riéndonos de vez en cuando.
—¿Qué piensas de Rachel, Dani? — le pregunte mientras la sentaba sobre la encimera.
—Es linda — dijo secándose las manos.
—Ella es hermosa como tú — le dije mientras revolvía su cabello.
—¡Noah! No hagas eso — me respondió riendo mientras trataba de dejar su cabello como lo tenía antes.
—Volvamos antes de que Quinn o Rachel terminen golpeándose — le dije divertido bajándola de la encimera.
—¿Por qué harían eso? — Pregunto divertida pero al ver que no le respondía soltó — cosas de adultos, ya lo sé — yo asentí y ella se echó a correr a la sala de estar. Pude notar que había encendido la televisión mientras yo caminaba de vuelta a la mesa.
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Rachel se despidió de mi familia y de Quinn para después pedirme que la acompañase a su casa.
—¿Es verdad lo que dijiste hace rato? — pregunto lentamente mientras se frotaba sus brazos por el frío haciendo que le colocara mi chamarra sobre sus hombros.
—¿Qué cosa? — pregunte pasando mi brazo sobre sus hombros abrazándola dulcemente.
—El que me amas — dijo mirándome por un momento antes de fijar su mirada al frente nuevamente.
—¿Te ha molestado que lo dijera? — le pregunte mientras me detenía y sin mirarme ella me imitaba, quedándonos parados bajo la luz de una farola.
—No — dijo sin mirarme — simplemente creo que estas yendo muy rápido — suspiró con la mirada perdida en algún punto.
—Tranquila, no volverá a ocurrir — le dije antes de tomarla de la mano y comenzar a caminar rumbo a su casa.
—Noah, lo siento — dijo con tristeza — es solo que yo… — no la deje terminar poniendo un dedo sobre sus labios.
—No digas nada, por favor — dije quedito — prometí ser paciente — suspire sin dejar de caminar ahora en silencio.
Realmente me sentía mal por todo lo que estaba ocurriendo, le había expuesto mis sentimientos de tal manera, que había dicho por primera vez un te amo, sabiendo que nunca lo podría utilizar con alguien que no fuese ella.
Pero al parecer no fue suficiente, o lo hice demasiado pronto. Al final tan solo sé que ella no siente lo mismo por mí, aun. Y sé que el tener a Quinn en casa no ayuda a mejorar la situación por lo que prefiero ya no decir más.
—Gracias por aceptar la invitación — le dije mientras le daba un beso en la mejilla notando su descontento ante esto.
—Noah, por favor — suplico mirándome a los ojos — no quiero que nuestra noche termine así. Te quiero — dijo triste mientras se ponía sobre las puntas de sus pies para besarme, pero traté de que el beso no se prolongara.
—También te quiero — le dije rozando sus labios con los míos, aun cuando mi corazón exigía un mayor contacto — descansa — le dije antes de dar media vuelta y alejarme de su casa dejándola de pie sin reaccionar.
Camine lo más rápido que pude con mis manos cerradas en puños queriendo destrozar todo lo que me encontraba en el camino, sintiendo que había quedado como un completo imbécil delante de ella, pero sobre todo queriendo llorar al saber que quizá ella nunca me amaría como yo lo hacía desde hace mucho.
De pronto comenzó a llover, parecía diluvio mientras yo corría sin dirección alguna, sintiendo como mi ropa se enfriaba. Sabía que estaba actuando mal, que había aceptado ser paciente, pero quizá lo dije sin pensarlo, porque estar con Rachel se había vuelto una necesidad para poder sobrevivir, y temía que al llegar mañana este sueño se terminara.
Y ahora estaba allí de pie, frente al lugar al que había estado tantas veces, sin saber qué hacer, esperando una señal del destino.
Si son tan amables me gustaría que me hicieran llegar sus quejas y sugerencias por medio de sus reviews que son muy preciados para mi, sin ellos esta historia hubiese sido solo un capitulo y miren, ahora son tres. ¡Gracias por leer!
