RECORDATORIO: Twilight no me pertenece.

Amor sin Miedos por Alejita Masen
Summary: Frente a ella Edward la miraba fría y calculadoramente, odiaba verla llorar pero también odiaba que se hiciera la victima, él también estaba sufriendo ¿Por qué bella no se daba cuenta de eso?
R: M
Género: Romance/General

Viviendo con Edward… otra vez

Cómo cada mañana sonó el despertador, me levante y con pereza me arregle, fui al cuarto de las niñas y…no estaban, mi corazón empezó a latir con fuerza, mis pensamientos se volvieron incoherentes y mi mente viajaba a mil por hora ¿Dónde estaban mis hijas? Busque en el baño, en la sala, la cocina y el comedor pero sin resultado, empezaba a desesperarme cuando mi vista se clavo en una chaqueta de cuero que estaba colgada en una de las sillas del comedor, gemí por dentro, Edward sabía que odiaba que no dejaran los abrigos en su puesto… ¿Edward? Respire tranquila. Había olvidado que él estaba aquí. Con pasos lentos me dirigí al cuarto de invitados, la puerta estaba cerrada y desde afuera alcanzaba a oír las voces de mis angelitas.

—Shhh, Calla Nessie vas a despertarlo— Dijo Lizzy en un fallido intento de que no la escucharan, me reí suavemente, los niños no entienden que es susurrar.

—Pero yo quiero despertarlo—Bufo Nessie, casi puedo jurar que estaba haciendo un puchero y con sus bracitos cruzados.

—No, ya sabes que papá es un ogro en las mañanas— Volví a reír no es que fuera un "ogro" es que era por el cambió de horario, en Forks deberían ser las 3:00 am, se lo había dicho a las niñas cientos de veces, pero ellas parecían olvidarlo.

—Si lo se, ni mamá lo aguantaba—Casi pude palpar la decepción en las palabras de mi pequeña Lizzy. Un silencio horrible se apodero del cuarto, y entonces quise golpearme, no creo llegar a imaginarme cuanto dolor debe haber en el corazoncito de mis hijas, suspire, iba a terminar con ese silencio incómodo, cuando un ronquido como de un oso invadió la habitación seguida de unas pequeñas risas infantiles, rodé los ojos, Edward ya estaba despierto y seguro había escuchado la conversación de nuestras hijas, le agradecí en mi mente el hacerlas olvidar –aunque sea por un instante- su infelicidad.

—¡Oh! y escucha como ronca- Dijo Lizzy divertida.

—Creo que por eso mamá lo dejo, ¿Cómo le hacia para dormir con él? —Dijo Nessie tratando de ocultar las risitas, decidí que ya había escuchado lo suficiente y fui a preparar el desayuno para los cuatro.

Era tan raro y a la vez tan familiar tener a alguien más en casa, después de unos cuantos meses en los que no le veía terminaba por acostumbrarme a su ausencia, a levantarme sola, preparar a las chicas, cocinar para tres y mantenerme ocupada todo el tiempo, normalmente no me permitía pensar en Edward pero luego él llegaba a mi vida como si nada hubiera pasado entonces toda mi rutina y mis intentos por olvidarlo se iban por el caño. Siempre que él venía empezaba a recordar y a ansiar con fuerzas locas el dominarle, el recuperar su alma su corazón y su cuerpo. Deseaba enjaularlo para que nunca jamás se pudiera alejar de mi otra vez.

Gemí inconforme, la vida era tan injusta, él ocupaba cada espacio de mi mente, mi cuerpo y mi alma, cada día me convencía más de que era inútil el querer olvidarlo, el querer arrancarlo de mi vida para siempre, yo le amaba, aún después de todo le amaba, incluso más que en el pasado, incluso más que ayer, o que está mañana, cada segundo que pasaba mi amor crecía y el hueco donde se supone estaba mi corazón dolía más y más, a veces sentía que mi vida sin él era monótona, vacía, absurda, sin chispa. Si, tenía a mis hijas, y era difícil aburrirse con esas dos traviesas, pero, en ese rompecabezas de mi vida hacía falta una pieza, la más importante, él, mi corazón.

Lejanamente escuchaba a Edward y a las niñas jugando y preparándose para empezar el día, ¿Sería así cada día que nos levantáramos… si aún viviéramos juntos? Fruncí ligeramente el seño. ¿Por qué no luche por él?
¿Por qué no lucho él por mí?
¿Sera ahora demasiado tarde?
¿Me echaba él de menos?
¿Recordaría el sabor de mis labios y el contorno de mi cuerpo?
¿Me deseaba tanto como yo a él?
Cientos de preguntas rondaban por mi cabeza, pero había una en especial que me quitaba el sueño…
¿Tendría Edward a alguien más?...
La herida de mi pecho empezó a doler, creo que era mejor no saber la respuesta, no iba a admitirlo nunca pero me daba miedo despertar y saber que Edward había encontrado a alguien más, a alguien mejor, me daba terror, pánico saber que Edward estuviera ahora con una mujer, una mujer que no era yo, eso significaría que no habría más esperanzas, que él no estaría nunca más a mi lado cada amanecer, no sería yo la persona que le diría Te Amo cuando le hacía el amor apasionadamente durante las noches antes de dormir, no sería conmigo con quien soñara, ni con quién pasara el resto de su vida.

—Bella…—Escuche el suave susurro de su voz, gire mi cabeza para encontrarme con el rostro de Edward lleno de preocupación.

— ¿Te pasa algo? —Preguntó tomándome por los hombros y girándome para quedar frente a frente. Me tense por completo al tiempo que intentaba calmar las vibrantes sensaciones que querían hacer convulsionar mi cuerpo cuando él me toco. Dios, este hombre tenía tanto control sobre mí, más, no queriendo que él supiera la urgencia que sentía de ser tocada, besada y acariciada por todo su cuerpo me obligué a recordar la pregunta, cuando tuve un poco de lucidez negué suavemente con la cabeza.

—Bella…—Dijo está vez con tono de reproche, por supuesto él sabía que yo estaba mintiendo, si, me pasaba algo, pasaba que él no me amaba, pose mi mirada en el piso en un intento de esconder la excitación y al tiempo el dolor que sabía mi mirada reflejaba en este momento, pero como en el pasado Edward no me lo permitió, me tomo con su mano delicadamente del mentón hasta que mi rostro quedo a merced de él, sus brillantes ojos esmeralda buscaban algo en mi mientras que yo estaba allí, quieta, deslumbrándome por su imponente presencia, sus labios estaban ahora tan cerca de los míos, no se había afeitado, su corta barba le hacía ver malditamente sexy de pronto tuve la necesidad de pasar mi mano y acariciarle y casi gemí cuando imagine como se sentiría si sus insipientes bellos rozaran sensualmente la parte interna de mis muslos. Edward vio algo en mi que lo hizo entrecerrar los ojos y luego un largo y fuerte suspiro que salió de sus labios y que sentí en los míos casi me hace perder la razón y sin ser capaz de controlar mi cuerpo empecé a acercarme a esos suaves labios cereza que tenían mi nombre escrito, su suave halito me acarició y antes de tiempo pude degustar el agridulce sabor de su lengua, una de sus manos se deslizo desde mi estómago pasando por mi cintura hasta llegar a la curva de mi espalda donde hizo presión, de inmediato mi cuerpo se acercó más al suyo cerré los ojos, en cuanto nuestros labios se rozaron levemente pero cuando sentí que movía su otra mano para posarla en mi mejilla caí en picada del cielo. No esto no tiene porque pasar; Edward y yo no somos nada, me recordé y con gran esfuerzo me aleje de él apartando mis ojos de su cuerpo, le escuche tomar una bocanada de aire y por fin habló.

—Lo, lo siento— Susurro y yo levante los hombros dándole a entender que no importaba.

—Bella, lo que te quería decir es que… — Sus manos empezaron a halar su desordenado cabello en muestra de nerviosismo—Mira entiendo que no quieras decirme lo que te pasa, pero… Bella— Las facciones de su rostro se dulcificaron cuando pronuncio mi nombre—Sea lo que sea que te está atormentando, tienes que dejarlo ir—Pidió él con voz profunda y justo en ese momento no supe si reír por la ironía del asunto o echarme a llorar, por que inconscientemente o no él me estaba pidiendo que lo olvidara. ¿A caso podía ser mi vida peor?

Respire hondo y empecé a servir el desayuno intentando hacer una mueca que se pareciera a una sonrisa, mis hijas no tenían que sufrir conmigo, por mi culpa, hoy y los próximos 14 días eran de ellas, sólo de ellas. Sacudí mi cabeza mientras que notaba como Edward iba a no se donde en mi pequeño pero acogedor apartamento. Cuando el desayuno estuvo listo y servido los 4 pasamos a la hermosa mesa de vidrio de 4 puestos que ocupada lugar a un lado de la sala, como era de esperarse quede enfrente de Edward, nuestros pies se rosaban casi imperceptiblemente bajo la mesa, me miro con arrogancia y yo puse los ojos en blanco cuando sentí su pie acariciando levemente mis piernas. Parecía un adolecente cuando se trataba de seducirme, porque si Edward también venía a seducirme y al la vez trataba de convencerme de que me extrañaba y esas cosas de que me amaba, pero él y la vida me marcaron y no soy tonta, él sólo quería llevarme a la cama y no es que no me gustara la idea, de hecho me encantaba, pero no podía dejar de pensar en el futuro. Cuando él se marchara todo sería peor, ya sufría cada vez que el se regresaba a USA después de haber pasado dos semanas aquí y ni siquiera le dirigía la palabra a menos que fuera algo importante no quería ni imaginarme la destrozada Bella en la que me convertiría si hiciéramos el amor para luego tener que dejarle ir. Demonios ese maldito arrogante pero cuando quería tierno hombre me tenía completa e irrevocablemente enamorada ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¿Por qué?, ¡¡¿Por qué?!! Ya basta de sufrir.

—¿Y qué van a hacer hoy? —pregunte con aire casual mientras esparcía mermelada por una tostada.

—Querrás decir que vamos a hacer hoy— Dijo Lizzy mientras empezaba a desayunar.

Bufe, siempre era la misma discusión, en nuestras salidas ellas se empeñaban en que Edward y yo pasáramos el mayor tiempo posible, mientras que yo trataba de escabullirme y negarme a todas sus propuestas, sin éxito alguno, claro está.

—Tiempo en familia, ¿recuerdas? — Canturreo con alegría.

"Tiempo en familia", suspire sonoramente, lo cierto es que nosotros no éramos una familia, ni siquiera se que somos. Yo no podía medir el dolor y la pesadez que mis hijas sentían cuando Edward se marchaba pero ellas tampoco se alcanzaban a imaginar el martirio no solo físico sino también emocional que sentía estando cerca de él, a su lado yo era un mar de sensaciones, el reproche, la furia, el dolor viajaban por mis venas pero al la vez esa necesidad de tocarle, de besarle de dominarle de recuperar su corazón y hacerlo mío se hacía más fuerte, Edward no era el agua, él era la sed, la sed de confianza, de cariño, de amor.

—Bien— Dije entre dientes — ¿Qué vamos a hacer hoy? —

Lugo de tontas discusiones, risas y unos cuantos suspiros teníamos hecha la agenda del día que incluían compras, caminatas, juegos y cine, me gusto la idea, hace mucho que no salía tenía que distraerme un poco aunque lo vi difícil si tenemos en cuenta que Edward iba a estar cerca de mi.

—¿Me dejaras conducir? — Preguntó deteniéndome frente al auto luego de haber puesto gentilmente a las niñas en la parte de atrás. Me reí un poco y negué. Era muy posesiva con mis cosas, mi auto era una de ellas y no lo iba a conducir nadie que no fuera yo.

—Bella, no me hagas rogarte— Dijo en tono acusador.

—No te le estoy pidiendo—Le respondí como si fuera lo más obvio del mundo.

—Bella, —Musito débilmente y parpadee cuando lo tuve frente a mí, estaba cerca tan cerca que nuestras narices se rozaban. —Vas a prestarme tu auto— Su aliento tibio nublo mis sentidos y tal como esta mañana me perdí en ese mundo de sensaciones que Edward me hacía sentir. Me miro fijo y detenidamente a los ojos y sentí como su fuerte mano acariciaba la mía, sus dedos buscaron la llaves y las tomaron y como punto final acaricio durante unos segundos la palma de mi mano, me estremecí y creí que iba a besarme pero claro yo estaba equivocada, él sonrío triunfante y se fue hasta el asiento de conductor escuche el vibrante motor encendido del auto y luego la desesperante bocina, resople y me subí al auto no sin antes fulminarlo con la mirada.

El día no fue tan mal como pensaba, ahora íbamos caminando casualmente al cine, las chicas iban comiendo helado y correteando por el lugar, Edward me llevaba de gancho, a veces él empezaba una conversación y luego no podíamos parar de hablar, él me controlaba como una marioneta y yo no podía hacer nada al respecto. Después del divorcio por el bien de nuestras hijas decidimos ser amigos, no me animaba mucho la idea, pero prefería eso a perderlo definitivamente para siempre, y el que fuéramos amigos nos implicaba fingir una relación sana frente a la gente, aunque en realidad hacíamos esto por Nessy y Lizzy. Ellas lo eran todo en nuestras vidas y allí caminado todo parecía tan… normal y la verdad es que no me sorprendió que en pocas horas ya me hubiera acostumbrado a la presencia de Edward, tal y como siempre pasaba. Era como un reloj biológico que se activaba cada seis meses a la espera de que su otra mitad llegara a sanarle, a guiarle a acompañarle. Me odie por eso, y me alejé del cuerpo de Edward fingiendo ver un abrigo en una vitrina, temblaba por dentro al extrañar el calor de su ser pero él ni se inmuto, es más, parecía incomodo cada vez que tenía que tocarme, siempre esperaba más de lo que Edward estaba dispuesto a darme, eso me devastaba por completo. ¡Ya basta Bella! ¡Ya basta! Me repetía una y otra vez, aunque me aterraba la idea, tenía que aprender a olvidarle después de todo fui yo quién le dio fin a todo esto, pero en aquel tiempo yo ya no podía más, empezaba a volverme loca. Los celos, la ira, el desconcierto estaban matándome lenta y tortuosamente. La vida se reía a mis espaldas por mi fracaso.

Fracaso, suspiré cansinamente, había fracasado en tantas cosas, en primer lugar en mi tarea como esposa y como madre. No fui capaz de llevar mi matrimonio hasta que la muerte nos separara y mis hijas sufrían por no poder estar con su padre. Fracase como amiga al enfrentar rudamente a Alice haciendo que nuestra amistad de tantos años se terminara. Fue una pelea tan absurda, no se como empezó pero se que termino mal. Y por último había fracasado en un inútil intento de dejar de amar a Edward, estoy enamorada de él desde los 14 años y a la parecer yo era de esas chicas que sólo se enamoran una vez. Suspire al recordar nuestra adolescencia, y la tonta manera en la que nos conocimos.

Como siempre Alice iba colgada de mi brazo mientras hablábamos de cosas superficiales y tomábamos nuestro refrigerio, caminábamos tranquilamente por los patios de la escuela cuando sentí un fuerte golpe en mi trasero, me gire para ver como un redondo y sucio balón de futbol salía en dirección contraría a mi, luego de chocar contra mis nalgas. Me sonrojé y sutilmente me llevé una mano al lugar donde el balón me había ía. Seguramente luego se me pondría rojo. Furiosa empecé a rastrear el mugriento artefacto que me ataco buscando su dueño hasta que mis ojos se encontraron con un delgado chico. Estaba un poco lejos y no podía notar muy bien sus facciones. Miré a Alice que después de haberse calmado del ataque de risa que le dio por culpa del maldito balón miraba con curiosidad al chico. Suavemente le pregunte que si sabía quien era. Ella levanto los hombros y en seguida se puso a reír. El chico empezó a caminar en nuestra dirección, los finos trazos de su rostro empezaron a aclararse. Alice me susurró que era su primo que acababa de llegar de no se donde para estudiar aquí en Forks.

Lo siento— Dijo cortésmente poniendo su mejor cara de arrepentido. Inspeccioné al chico con la mirada. Era alto, muy delgado, tenía una cara muy tierna y el cabello revuelto. Lo odie de inmediato.

No es verdad—Recriminé, vi una chispa en sus ojos verdes.

No, no es verdad— Acepto. Sus finos labios se fruncieron en una sonrisa que también odie y siguió—No, bueno si, bueno sólo quería llamar tu atención—

Pues fue un intento muy malo y muy descortés—

Si lo se y lo siento, sólo… sólo quería saber tú nombre—Golpeó distraídamente el balón que ahora tenía entre sus manos mientras Alice intentaba esconder una sonrisa. Negué con la cabeza ¿El idiota del balón me pego y dejó adolorido mi trasero sabiendo que aún quedaban dos horas de clase en las que ahora tendría que estar incómodamente sentada sólo para saber mi nombre? Bufe Porque no se lo pregunto a Alice o algo.

Soy Bella, Bella Swan— Dije extendiendo mi mano tratando de acabar con esto lo más pronto posible.

Yo soy Edward Cullen— sonrío y luego se miro la mano derecha estaba sucia por haber cogido el balón, suspiro resignado y triste como si le hubiera dolido no poderme tocar, pero luego una malévola sonrisa me hizo dudar de sus buenas intenciones. No tomo mi mano pero se acerco a mí sin tocarme. Era la primera vez que estaba tan cerca de un hombre y no tenía ni idea de que hacer. Vi algo en su mirada que no pude reconocer y cuando menos me lo esperé me planto un rápido beso en los labios que a penas pude sentir, pestañee y cuando me fije el ya iba corriendo a no se donde. Le escuché soltar una carcajada al igual que su prima y yo golpeé el piso con fuerza. Y quise llorar, ahora no sólo me dolía el trasero ahora también el pie.

Se me escapo una risa de los labios ciertamente no fue amor a primera vista, tuvo que pasar un tiempo para que me dignara a dirigirle la palabra, cuando me di a la tarea de conocerlo, supe que él era la clase de hombre/chico que quería para mi, en mi vida. Fue así que nos hicimos novios y luego me enteré de que Alice se había a negado decirle cualquier cosa de mi y que él intentando llamar mi atención de mil maneras hasta que sus recién descubiertas hormonas de adolecente quinceañero le habían obligado a golpearme en el trasero. Tiene un fetiche por ellos, nunca lo entendí. Reí más fuerte.

—¿De qué te ríes mami? — pregunto Lizzy parándose frente a nosotros. Sonreí y miré malévolamente a Edward.

—De la forma en que tu padre y yo nos conocimos—

—Awww— Dijeron las gemelas al tiempo — ¿Cómo fue? ¡Yo quiero saber!— Empezaron a llenar a Edward de preguntas y me fulmino con la mirada. Por su puesto él nunca le iba a confesar a nuestras hijas lo pervertido que era, obviamente el las evadió poniendo como tema la película que veríamos y ellas emocionadas olvidaron por completo el tema anterior.

Mientras entrábamos a la sala de cine sentí como una mano me deba una suave nalgada y luego me acariciaba el lugar donde me pego, resople cuando supe a quién pertenecía la maldita mano

—No creo que a nuestras hijas les guste saber como nos conocimos— Dijo arrogantemente para luego pasar por mi lado y sentarse como si nada. Sonrojada mire hacia los lados esperando que nadie hubiera visto la escena y le seguí. Las gemelas estaban absortas en la película, Edward y yo estábamos sentados uno al lado del otro y sin aviso alguno el tomo mi mano y la puso sobre su muslo para luego entrelazar nuestros dedos. Miré nuestras manos unidas y luego de reojo a Edward que no demostraba emoción alguna, intente apartar mi mano de su cálido encierro pero él afianzo su agarre. No dije nada y fingí ver la película también. Hace mucho que Edward no me tomaba de la mano. Era reconfortante sentirlo aunque todo esto fuera una equivocación. Él tampoco dijo nada y cuando salimos del cine las niñas fueron quienes acapararon toda la atención.

Llegamos al apartamento tarde en la noche, Edward llevaba a Lizzy en brazos y yo a Nessy, las gemelas se había quedado dormidas en el trayecto del restaurante a casa. Las recostamos en sus camitas y decidimos no prender ninguna luz, las niñas en especial Nessy se despertaban con cualquier barullo o luz.

Salí al pasillo donde conectaban todas las puertas, tenía una mano pegada a la pared intentando guiarme y no caerme, me sobre salte cuando sentí que un fuerte brazo me tomaba de la cintura, me volteaba y al tiempo me aprisionaba contra la pared. En medio de la oscuridad pude ver como sus brillantes ojos me miraban con pasión y cuando miró mis labios se estremeció levemente. Me estrecho más contra él, y cada una de mis curvas frontales se pegaron a su duro cuerpo. Su cara se acerco a la mía y temblé. Iba a besarme.

—No, Edward no—Alcance a musitar antes de que sus labios cubrieran mi boca. Cálidos y apasionados se movían contra los míos y sin más prejuicios empecé a devolverle el beso también. De manera inmediata nuestras lenguas se encontraron húmedas, eróticas; sin tregua empezamos a lamer la del otro. Edward paso sus brazos por mi espalda y me atrajo más hasta su cuerpo, mis pechos se aplastaron contra su cuerpo hasta que dolieron. Mis manos viajaron entonces se deslizaron por su cuerpo hasta llegar a su musculosa espalda.

Edward mordisqueaba sensualmente mis labios y una de sus manos viajó hasta mi muslo derecho que levanto y puso al lado de su cadera gemí suavemente en su boca. Cuantas veces soñé con volver a estar con Edward así, pero ahora que tenía la oportunidad me sentí extrañamente mal. Aunque me era difícil ignorar las oleadas de punzante y estremesiente calor que mi cuerpo recorría cada vez que Edward estaba cerca de mi y la imposibilidad de frenar esa pasión que despertaba en mí. Abrí los ojos mientras seguíamos besándonos Edward no me amaba ¿Por qué me estaba haciendo esto? Lloré por eso. Lloré por ser tan débil y estúpida. Lloré por que lo amaba y por que ese amor me estaba desgarrando por dentro. Lloré por Alice, por Edward, por mis hijas y por mí.

Cuando Edward noto mis lágrimas se aparto y me miro con ojos tiernos, me acuno en sus brazos y me dejo llorar en su hombro. Todos mis muros se derrumbaron, ahora él sabía cuanto daño me había hecho su partida. Ahora él sabía que aún lo amaba y que me moría por estar con él. Espere y espere porque Edward dijera algo pero el sólo se quedo allí, calmando mi llanto. Cuando estuve un poco más serena con mucha delicadeza el me llevó en brazos hasta mi habitación y me sentó en la cama. Me acarició el cabello y me beso en la frente. Antes de salir se volvió con la cabeza gacha.

—Lo siento— Susurro para luego salir.

De lejos escuché como se abrían y cerraban puertas y el correr del agua el la ducha. Tome aire profundo y limpié con mi mano el rastro húmedo de mis lágrimas. Me puse de pies y me cambié mi bonito vestido por un suave y cómodo camisón, me desmaquille con pereza y luego me acurruque dentro de las cobijas en mi solitaria cama. Abrace una de las almohadas que sobraba, la de el lado que pertenecía a Edward, cerré los ojos con fuerza. ¿Qué había pasado allí afuera? ¿Qué iba a pasar ahora? No podía permitir que Edward se alejara más, ya me resultaba bastante difícil tener que sobrevivir de las sobras que él me daba como para tener que rogarle ahora porqué me mirara o me hablara, lo que pasó está noche fue un error uno muy grande, no porque no pudiéramos tener sexo o porque no quisiéramos, ya estaba claro que ambos nos deseábamos, pero yo no podría acostarme con él y luego fingir que nada había pasado, ese era todo el problema. Yo le haría el amor, y cada vez que le besara o le abrazara o susurrara su nombre entre gemidos sería con pasión con amor desbordante para él sólo sería sexo, una chica más con la cual disfruto unas horas en una cama. Yo no quería ser una más, yo era la madre de sus hijas, la mujer que le enseño a amar y no me dejaría caer en sus redes ni en sus brazos a menos que estuviera segura de que él me amaba con la misma intensidad que yo.


N/A: Hey volví L= Siento haber tardado tanto, pero en serio no tenía ni idea sobre como seguir esta historia…Pero bueno aquí estoy y sólo para que sepan no pienso dejar la historia, tal vez me tarde en actualizar pero soy fiel partidaria de terminar lo que se empieza… Si te gusta lo que haces claro está.

Tengo que agradecerle a Saranya.x por iluminarme en cuanto a la realización de este capítulo. L= Besotes mujer

Pásense por mi perfil y vean mis otras historias =D Besos y abrazos para todas. Chauu.

Con todo,

Alejita Masen