Cualquiera que viera aquella expresión llena de inquietud en el hombre italiano, pensarían que es por el hecho de que no le agradaba para nada en ver a su querida hermana entre tanto sollozo y las lágrimas inundando sus ojos y mejillas. Sin embargo, Michele lo que menos pensaba en esos momentos era en si su hermana estaba bien, aunque ni siquiera se molestó en mirarla para comprobar que la verdad era que obviamente no se encontraba bien.
Al igual que él.
Se sentía muy mal. No podía despejar ese sentimiento tan erróneo que comenzó a crecer luego de saber la noticia que su melliza le informó por vía telefónica. El sentimiento de culpa que había comenzado la noche anterior, justamente después de que el checo saliera de su habitación, estaba creciendo mucho más, combinándolo con la pequeña angustia y la desesperación que trataba de no soltar.
Por lo menos no ahora que se encontraba en el taxi con Sara en camino al hospital en la cual le habían informado que trasladaron a Emil de inmediato. Por el momento, se encontraba abrazando a la chica para tranquilizarla un poco, aunque no podía acompañar los brazos de consuelo con algunas palabras que acostumbraba a decirle cada vez que pasaban este tipo de situaciones. Ni siquiera quedaban en la punta de la lengua.
Fue casi eterno el camino hacia el hospital; sin contar que hubo un leve momento que se les atravesaron el tráfico. Cuando el taxi se detuvo, Michele se calmó lo suficiente para no arrojar el dinero al chofer por la abrumación. Salió casi volando junto a Sara del vehículo y entraron al lugar.
En primeras se encontraron a Seung-Gil. Michele se contuvo las ganas de reprochar al ver como la chica se lanzaba a los brazos del asiático, acompañado de unas palabras de agradecimiento. Supuso que había sido él quien estaba con Emil cuando ocurrió el accidente.
—¿Que han dicho sobre él? —Preguntó la italiana sin despegarse del todo del de cabellos azabaches.
—Está inconsciente —Recalcó— Ya lo están atendiendo. Pero… Realmente mentiría si dijera que el golpe no le sacó un poco de sangre. —Comentó, tratando de ser cuidadoso en sus palabras.
La Crispino solo llevó las manos a su boca. Inútilmente trataba de contener sus lágrimas— N-No puede ser…
Mickey no había dicho nada aún. Nada. Ni siquiera un suspiro se había oído salir de sus labios. Pero sus ojos expresaban todo el temor que podía reflejar en esos momentos.
Temor… A que al checo le diagnostiquen algo que lo lleve a alto riesgo.
Con solo imaginarlo, sintió sus piernas fallarles. Se sostuvo de la pared.
—¡Mickey! —La melliza fue en ayudar al mayor. Él solo parpadeó suavemente.
—Michele —El coreano solo mantuvo una expresión seria al ver al italiano. Sara ofreció su hombro de apoyo para su hermano.
Crispino mordía su labio. No quería verse más abrumado, si es que ya lo estaba.
Fue lentamente ayudado por Sara a tomar asiento en los sofás de la sala de espera. Justamente cuando oyó pasos apresurados, más palabras en el idioma neutro con acentos que obviamente no eran ni los de ese idioma, ni alemanes.
Supo quien era al sentir cierto fastidio repentino.
—¡Sara! —El canadiense había aparecido, junto a Leo de la Iglesia. Ambos se acercaron de inmediato a la chica. Pasando de largo al de cabellos castaños.
—¿Cómo está Emil? ¿Ya dijeron noticias de él? —A diferencia de Mickey, el chico estadounidense no trataba de ocultar su preocupación por ningún medio de su habla o sus acciones.
—Apenas están atendiéndolo, Seung dice que estaba inconsciente en todo el camino hacia el hospital.
El asiático se fue acercando a los chicos y a la italiana para conversar sobre el asunto. Se sintió realmente arrepentido, cuando vio que Leroy comenzaba a hacerle demasiadas preguntas.
—¿Lo descuidaste?, ¿Estaba ebrio o el conductor lo estaba?, ¿Dieron a saber de quien se trataba? —Jean comenzaba a alzar solo un poco su tono de voz. Tampoco podía evitar demostrar el gran temor que sentía en esos momentos, si a Nekola le llegaba a pasar algo.
—¿La niña que Emil salvó está bien? —Preguntó Leo, Sara asintió.
—Afortunadamente ella está bien, quisieron ofrecer ayuda, pero ellos no tienen nada que ver. Solo les pedimos que recordaran las placas de auto que atropelló a Emil.
—Ojalá encuentren al loco que atropelló a mi amigo. —Deseó Leroy— Con un tiempo en la cárcel es suficiente.
—No sé como son las leyes aquí en Alemania. Pero aún así, deseo lo mismo que tú. —Sara cruzó de brazos.
Lee dejó escapar de sus labios un largo suspiro—Tenía un mal presentimiento de esto. —Dirigió un dedo en su mentón.
—¿A que te refieres? —La Crispino, al igual que los otros le pusieron atención.
—Emil no se veía muy bien. Se notaba algo decaído, realmente no sabría la razón, pero cuando lo encontré en el bar, no tenían pizca de nada más que… Tristeza. —Miró a los otros chicos.
—De hecho, lo estaba. Aún y cuando salió con nosotros.
Las palabras del medio latino activaron la atención del chico Crispino, solo mirando y poniendo un poco de atención a los otros.
—Se veía muy triste, a pesar de que trataba de sonreirnos, él no se miraba como Emil. Me preocupé un poco, pero él seguía insistiendonos de que estaba bien.
Michele abría sus ojos a más no poder. Sintió la gran y pesada sensación llena de culpa caer sobre él. Estaba siendo aplastado poco a poco al oír más los comentarios de los otros.
¿Tan mal lo había dejado? ¿Que tanto fue lo que le gritó el día anterior?
Todo empeoró cuando se aproximaron las palabras de Leroy.
—También presentía que algo no iba a salir bien. —JJ concordó.
El italiano, sin poder resistir más, se levantó del sillón y fue hacia el baño. No fue problema el tratar de que los otros no lo vieran; él no estaba en la atención de ninguno.
Entrando de inmediato a los sanitarios, se acercó al lavamanos, tomando un poco de agua para mojar su rostro con cierta rapidez. Agitó el rostro para que secara un poco, mientras se apoyaba ambas manos en los costados.
Miro su reflejo en el espejo. Se sintió nervioso al notarse totalmente mal.
Era claro que no estaba bien, la situación lo ameritaba, pero jamás pensó que realmente… Se mirara así.
Demasiado, hasta al punto de que al verse él mismo, se daba pena y dolor.
Su labio temblaba al tiempo que retrocedió un poco. Retiró sus manos del lavamanos mientras cubría con estas su cara aun con la humedad.
Respiró profundo. Quería calmarse.
No podía llorar. No ahora.
Emil estaría bien. Ese checo idiota no podía irse. Claro que no.
Él mostrará una de sus estúpidas sonrisas, como suele hacerlo.
Y en cuando lo haga, él se dedicara a gritarle, diciéndole y reclamándole por haberle dado el peor susto de su vida.
… ¿De verdad fue bueno lo que hizo anoche?
Los comentarios de los otros patinadores hicieron reflejar el hecho de que Emil había salido con la mala sensación que tenía.
Todo por su culpa.
Si, totalmente su culpa.
Michele era el culpable, él había hecho que el menor se fuera de su habitación, y de ahí, pasándola mal en su noche con sus amigos, y luego que ocurriera tal accidente en la cual aun no se sabe si saldrá bien de esto o no.
Y de repente, el mal sentimiento que comenzó la noche anterior seguía ahí, solo que se habían convertido en un conjunto de malestares que inundaban todo dentro de sí; su conciencia se veía afectada por ello.
Y gracias a eso, se pudo verificar que no había hecho para nada bien el haberle gritado a Emil, todo por sus malditos celos de hermano.
¿Solo eso era? Ya ni sabía si fue exactamente eso lo que causó todo su enojo y la mala actitud que desató y desquitó hacia el checo.
Solo sabía, que en estos momentos no puede dejar de rogar internamente que el más joven despierte y muestre que aquel accidente no pudo con él.
Lo reconocía, fue un idiota. Un estúpido. Emil no merecía esto.
Ahora, no podía dejar de dar vueltas mientras se abrazaba a sí mismo. Guardándose sus lamentos para sus adentros.
Sus ojos estaban a punto de cristalizarse, pero la puerta del baño al abrirse hizo que tuviera resistencia de incluso mostrarse vulnerable.
Miró a Iglesia entrar— ¡Michele! Que bueno encontrarte. Tu hermana te busca. —Tragó saliva— El doctor está afuera.
Michele no tardó en hacer caso a lo que le dijo el medio latino. En un abrir y cerrar de ojos, ya se encontraban en los pasillos en camino de regreso a la sala de espera.
El corazón del italiano se aceleraba demasiado rápido; eso no era bueno para él.
Ya estando nuevamente con los demás, –Más con un par de rusos recién llegados– Crispino miró como los ojos de su hermana brillaban, pero ahora con un toque de alivio y alegría.
Su angustia bajaba poco a poco.
—¿Qué ha sucedido? ¿Có-Cómo está Emil? —A pesar de que la pregunta era en general, la mirada de Michele fue hacia al doctor.
—No hay que preocuparse. Emil Nekola está fuera de peligro. —Contestó el amable doctor en el idioma neutro con su notorio acento alemán.
Leo solo soltó un gran suspiro aliviado, apoyando su brazo en el hombro de JJ, el cual no podía dejar de sonreír gracias a que le quitaron el peso de la preocupación.
Sara era abrazada por Mila Babicheva y Georgi Popovich que venían apoyar.
Seung solo miraba a estos mientras sonreía muy leve.
Michele, a pesar de que su corazón volvía a su ritmo normal, algo en su interior no dejaba de estar tranquilo.
Pero de todas formas, agradecía internamente que el checo estuviera bien.
—Solo tiene algunos rasguños, no graves pero se deben tratar y tal vez una muñeca rota, pero con buen reposo y tratamiento se debe de calmar.
—¿Y e-el golpe? Según mi compañero, dijo que su cabeza estaba sangrando.
—Solo fue un leve rasguño. Hicimos parar el sangrado, pero aun así es recomendable que se mantenga la venda en la herida.
Mickey asentía, ya solo preguntando algunas cosas más para luego finalizar con una en especial— ¿Podemos verlo?
Sara tenía planeado hacer aquella pregunta, aunque no se quejó cuando su mellizo la hizo, más solo le causó sorpresa, tanto al momento que notaba por fin la preocupación del chico.
—Aun lo están atendiendo; pediré a una de las enfermeras que venga a darles el permiso de las visitas, solo moderen la cantidad de personas.
—Lo haremos. —Ambos Crispino asentían— Muchas gracias, doctor.
El hombre se despidió con una sonrisa, llevándose consigo las angustias de los jóvenes.
—Bien, yo entraré —Dio por hecho el canadiense. Cruzándose de brazos— Debo disculparme por haberlo dejado anoche, a pesar de haber notado su tristeza.
—Jean, comprendo tu culpa, pero creo que los más indicados que deberían entrar son Sara y Michele, por lo menos que sean los primeros.
—¡Pero es mi amigo, Mila! —Reprochó Leroy— Además, Michele no se lleva tan bien con Emil como yo.
—¡Aquí no es quien se lleva mejor con Emil! —Mila alzó más la voz, harta de las quejas y berrinches del chico. Fue obligada a calmarse al ver que una enfermera le pedía silencio— Emil vino por Sara, y ella está decidida a hacerse responsable de los gastos y demás que se ocupe; lo menos que pueden dejarle hacer es que lo vea.
Jean no dijo nada más, mordió su lengua antes de decir algo más.
Al oír las palabras de la rusa pelirroja, fueron lo que calmaron en el de ojos violetas las ganas de querer recriminar al molesto canadiense. Sin embargo, no fue para bien; oír principalmente el que Emil haya venido por su hermana fue lo que hizo que pasara de su enfado con Leroy hacia un disgusto por la idea de que Nekola si sentía algo por su melliza.
Pero bueno, de eso ya no se preocuparía más. No era mentira cuando dijo que ya no trataría de impedirle al checo que conquistara a su preciosa Sara. Aun así, le seguía calando en su pecho.
Pero… Era otro tipo de molestia, era algo diferente a como normalmente sentía cada vez que cualquier hombre se acercaba a ella.
¿Por qué simplemente no podía saber con exactitud lo que pensaba y sentía al respecto?
Se quedó en silencio por un momento, antes de ver que la mano de su hermanita tomaba la suya. La miró con cierta confusión, pero solo demostraba neutralidad.
—Tranquilo, solo hay que esperar a que nos digan que pasemos a verlo.
La chica abrazó un poco a su mellizo, haciendo que por un segundo, Michele recobrara calma por completo.
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La bata blanca cubría el cuerpo con moretones; las visibles partes rasguñadas que no fueron necesarias cubrirse, y también el golpe en la cabeza, en la cual habían asegurado que solo fue leve.
Sara se sentaba en la silla a lado de la cama, y Michele en el pequeño sofá del otro lado de esta, estrechando sus propias manos al apoyar sus brazos en sus piernas, tratando de no soltar esas leves ganas de ir a mirar más de cerca al checo que seguía sin despertar.
La melliza solo dejo escapar un suspiro. Ella no trato de evitar sus ansias de acercarse más y mirar a su amigo; acarició sus cabellos los cuales se encontraban desordenados y eran ciertas partes cubiertas por la venda blanca.
Michele desvió su mirada, no quería presenciar esa escena, tener que pensar que probablemente entre esos dos pueda surgir algo más, eso le hacía querer salir de aquella habitación para no mirar como su hermana por fin había buscado a alguien más que la protegería, y a quien amaría…
Quería huir...
Pero aún así, no podía desistir; Se disculparía con Nekola cuando se despierte.
Aunque, pensándolo un poco, mirar a su hermana, recordó que ella no sabía sobre la discusión que se dio entre Emil y él.
Trago saliva suavemente, cobrando la fuerza suficiente para poder decirle, antes de que Emil despertara.
Cuando giró su vista hacia los otros dos, notó como su hermana se separaba levemente, y el cuerpo reposando en la cama se removía un poco.
Y de repente, los ojos azules claros de aquel joven se dejaron ver poco a poco.
Notó la confusión en ellos, como los orbes miraban a cada lado del techo de aquella habitación blanca en la cual se encontraban.
—¿Do-Donde estoy? —Fue lo primero que Emil pudo articular en su habla, levantándose un poco, pero una parte de su torso dolió— U-Ugh.
—Emil, cuidado…
Antes de que Michele se pusiera de pie, su hermana se acercó a ayudar a su amigo. Oprimió un botón para alzar un poco la cama y que este mirara mejor a su alrededor.
El rubio no miró más, su atención fue hacia la chica— Sara…
—¡Emil! —La chica lo abrazó, recibiendo solo un quejido leve por parte del otro, pero luego fue correspondida— Re-Realmente me preocupé mucho, pe-pensé que tú…
—Hey, tranquila, Preciosa. —El checo acarició la mejilla de su amiga, el cual sus ojos nuevamente comenzaban a humedecer— Estoy bien, o… Bueno, eso creo. —Se miró a sí mismo— ¿Q-Qué me sucedió?
—¿N-No recuerdas? Te… Te atropellaron. —Le comentaba la Crispino, sentándose nuevamente en la silla— Salvaste a una niña de que fuera atropellada, pero… Recibiste el daño.
—¿Soy… Un héroe? —Nekola alzaba una ceja con curiosidad. Sara solo rió un poco.
—De verdad, no recuerdas. —Esta sonrió un poco— Pero descuida, seguro y fue el golpe que te diste, además que…
—E-Emil…
La chica se detuvo en hablar, recordando que su hermano también estaba ahí; se sintió apenada por dejarse llevar con el checo.
El otro volteó a mirar a su llamado, mirando ahora al chico que estaba a su otro lado.
Michele se había puesto de pie, para luego inclinarse, cerca de la cama.
Miró a Emil. Sus manos le temblaban un poco; estaba nervioso, pero también algo de culpa estaba reflejada en su cara.
Y Sara lo notó.
Dejó escapar un suspiro, casi inaudible—Se-Seguro te preguntaras que hago aquí, luego de… B-Bueno, ya sabes… Lo de anoche… —Y no se equivocaba, Emil miraba un poco extrañado al italiano— Pero… Pero aún así, vine para poder hablar, y disculparme, yo… Yo fui un tonto, yo… Yo no sé como pude decirte todo eso, dios…
Sara miraba confundida y con cierta preocupación a su hermano.
Extrañamente, Emil también lo miraba confuso, y Mickey notó la expresión en él, lo cual solo podía sentirse más nervioso y "pequeño", pero no podía parar— So-Solo olvida todo lo que dije, yo… Yo realmente no pensaba en lo que decía, estaba muy molesto, y ni siquiera puedo saber el porque…
—Di-Disculpa, pero…
—¿Uh? —La chica miró confuso al más joven— ¿Emil?
Michele frunció un poco el ceño, el rostro del rubio seguía siendo la misma.
—Pero… —Emil miró de cintura a cabeza a Crispino, girando ver un segundo a Sara, antes de volver con este— ¿Quién eres tú?
Tanto Sara como Michele, no podían tener los ojos más abiertos.
Sin embargo, el Crispino sintió su labio temblar un poco, tocando la muñeca –La cual no era la dañada– del checo.
—No… No juegues. —Pidió el italiano, sintiéndose mucho más nervioso, y temeroso— Emil, soy… Soy yo, Soy Michele, el patinador de italia, tú… Tú me conoces más que nadie, ¡Tú…!
Mickey quería llorar ahora, mirar el rostro de Emil, que no paraba de verlo con esas dudas y confusiones.
Como si en verdad fuera un completo extraño.
—Emil…
—Perdóname… ¿Michele? —Llamó inseguro de haber oído bien si ese fuese el nombre del chico— Pero… En serio no te conozco. N-No sé de qué me hablas, de verdad.
Con eso, el italiano soltó la muñeca del checo. Este mismo la dirigió hacia su pecho, acariciándola con suavidad.
Sara, suavemente iba poniéndose de pie, queriendo ir a buscar a una enfermera, pero con sorpresa, esta llegó a la habitación.
—¡Señorita! M-Mi amigo tiene un problema…
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La sala estaban reunidos los jóvenes quienes las angustias se volvieron a ellos cuando notaron que las enfermeras y el doctor quien atendió a Emil iban de regreso hacia donde estaría.
Los italianos también estaban de regreso a ellos. El canadiense junto a la rusa fueron los primeros en acercarse.
—Mich… —Mila no tuvo oportunidad; Michele se había dirigido a otro lado. No quería hablar con nadie— ¿Sara? ¿Qué sucede? ¿E-Emil no está bien o…?
—N-No es eso, de hecho, despertó y se ve muy bien, pero…
—¿Pero? —Jean frunció su ceja con cierta incomodidad a lo que pudiese decir la otra— Vamos Sara, no nos dejes así…
La italiana miró a su hermano, el cual estaba recargado en la pared con brazos cruzados, y su mirada perdida.
—Pero… —Volvió a mirar a sus amigos— Él… N-No reconoció a Mickey.
Los otros dos palidecieron.
Mila no podía estar más blanca, y Jean solo trataba de no perder el control.
—¿Có-Cómo que no lo reconoció? —Jean reía suave. Trataba de no asustarse más— Sara, sabes lo que tu hermano es para Emil —Le dijo muy cerca entre ellos tres, evitando que el italiano escuchara.
—Y el que no lo haya reconocido, q-quiere decir que…
El rostro apenado de Sara fue lo que impidió a Babicheva seguir hablando.
—N-No… —Leroy miraba hacia abajo, no queriendo creerlo— N-No, ¡É-Él no puede…! Simplemente… —Negaba poco a poco— No, Sara… No, Emil no puede olvidarnos, ¿O sí? So-Soy su amigo.
—JJ —La pelirroja tocaba el hombro del canadiense.
—Jean, cálmate. El doctor ya le está haciendo un segundo chequeo, además, Emil… Si pudo reconocerme a mi, q-quizás solo haya sido para algunas personas.
—No tendría sentido, Sara…
Jean se alejaba. Se quedó en medio de todo; cobraba aire para obtener calma.
Mila miraba preocupada al chico, seguido de ahí miró al hermano de su amiga, notando que seguía con la mirada perdida.
Jean, daba su vista a cualquier lado para tranquilizarse aún más, detuvo la acción precisamente en el Crispino masculino. Ladeó sus labios al tiempo que se acercaba a este para poder hablar.
Conociéndolo, dudaba que se encontrara mal, pero… Iba a tratar en darle "ánimos".
—Michele, ¿Estás bien?
El llamado no lo hizo reaccionar, al parecer.
—Crispino. —Llamó por apellido; nada.
Jean soltó un gruñido leve.
—Hey, Mickey.
—No me llames así. —Contestó de manera fría.
—Pues estoy llamándote y no me haces caso para nada.
—No molestes, déjame en paz. —Dio una leve mirada filosa en sus orbes violetas, separándose de la pared en la cual antes dejó caer un poco de su peso— Creo que hubiese sido mejor que fueses tú el quien hubiera entrado con Sara.
Con eso, el italiano se fue de la sala; Leroy solo miraba como se iba, manteniendo dudas ante su comportamiento.
Aunque de alguna manera tenía una idea de lo que pasaba, seguía sin tragárselo.
—Pero que le pa- ¿Sara? —El canadiense miró como la chica de cabellos azabaches iba a seguir a su hermano.
No iba a dejar que se fuera, por lo menos no sin antes de aclarar algunas cosas; Las repentinas disculpas de su mellizo al checo era algo que no se esperaba en esos momento que el rubio despertó.
—¡Mickey! —Llamó para que se detuviera, pero este hacía caso omiso— ¡Michele!
—Regresaré al hotel, quedate con Emil si el doctor llega a decir-
—¡Tú no te vas! —Terminó corriendo para poder alcanzarlo, tomándolo de la muñeca con fuerza.
—¡Sara!
—¿Que fue eso? Esas disculpas… —Suspiró— ¿Qué fue lo que paso ayer contigo y Emil?
—Y-Yo… —El labio inferior del mayor temblaba un poco— No tiene caso, él no lo recuerda.
—¡Y yo no lo se! Así que dime de una maldita vez qué sucedió.
El masculino no se dignó a mirarla, y con eso, ella supo que en verdad pasó algo bastante severo.
Apretó el agarre, causando que el castaño solo diera leves quejidos.
—¡Michele Crispino!
—¡Le dije que si quería estar contigo, que lo hiciera! pero… —Michele paró en secó.
—¿Pero qué?
...
"¡Lárgate y olvida quién es Michele Crispino!"
...
Lo recordó, esas palabras que incluso si se ponía a pensarlas mejor, parecía haber sido un golpe tan fuerte que por ello, tendría sentido la situación de ahora.
—Pero… —No lo podía evitar ahora. Los ojos violáceos dieron el brillo que indicaba las lágrimas aproximarse— L-Le dije que… Que se olvidara de mi.
—¿Qué hiciste que? —La chica se angustió al ver a su hermano llorar— ¡M-Mickey!
Se dio cuenta de lo que estaba haciendo, pero no daba acción alguna; no impidió que las lágrimas resbalaran de sus mejillas. Simplemente ya no tenía la suficiente fuerza para mantenerse firme.
Tenía ganas de golpearse, gritarse a sí mismo; deseó por un momento que el quien hayan atropellado fuese él.
—Sara, yo fui el causante de todo, yo… Yo tuve la culpa…
—No, n-no es cierto, Mickey. —Se acercó más— Ven acá, tonto.
Lo abrazó, dirigió una mano hacia la espalda, y la otra fue dirigida hacia la cabeza del más alto.
—Perdoname, Sara, Pe-Perdón…
—No, Mickey… —La melliza se negaba, usó el tono más suave que tenía— N-No es tu culpa.
—S-Sí lo es. Se lo dije, e-estaba enojado, yo… Y-Yo no quería…
Los labios del chico comenzaron a soltar sollozos lastimeros. Partiéndole más el corazón a su familiar.
Este se aferraba a ella, no quería que se separara, no quería estar solo.
Se sentía muy mal. Ya no podía evitarlo. Estaba bastante lastimado y roto.
Recordar sus propias palabras nuevamente, hizo que aumentara el mar de lágrimas.
—S-Sara… —Llamó en un leve llanto, ocultando su rostro en el hombro de su hermanita— N-No quiero, yo no quiero que E-Emil me olvide…
Su querer era casi igual a los reproches que daba de niño, cuando no estaba de acuerdo con algo, o simplemente no le parecían, no quería que se hicieran.
Michele no quiere ser un extraño para Emil, él no quería que ese checo aniñado olvidara quién es en su vida, ya sea que lo recuerde como "El estúpido hermano sobreprotector" o como... "Amigo".
Él sólo quería que Emil Nekola recordara quien es Michele Crispino.
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Los hermanos volvieron al lugar de espera, encontrándose al doctor hablando con los demás patinadores.
Después de la segunda revisión, el doctor no pudo confirmar muy bien cual era el problema exactamente, no sabían si lo que el checo tenía era falta de memorias o algo parecido a ello, sin embargo, realizarían pequeñas pruebas, para poder verificar si tenía algún tipo de amnesia.
Comenzaron en pasar a los compañeros y amigos del rubio. Dejando solo a los italianos esperando a que cada uno fuera a verlo.
El primero quien había pasado fue JJ, que luego de la "prueba", salió de la habitación con una sonrisa y unas pequeñas pero notorias lágrimas en sus ojos.
—Sabe quien soy. —Dijo en un tono suave, pero tosió para recuperar firmeza. Pensando que sus ojos ya no estaban cristalinos— D-Digo, era obvio, ¡No podía olvidar a su gran amigo JJ!
—Lo que digas, Compadre. —Leo solo rodó sus ojos divertido, siendo el siguiente en pasar al ver a su amigo paciente.
—Espera, Leo —Llamó Seung— Creo que podemos pasar dos.
—¡Claro! Después de lo que hiciste por Emil. —El latino le sonrió. Ambos fueron yendo hacia la dirección a la habitación.
—Él no es tan amigo de Emil. —Dijo Michele lo que pensó que era para sí, pero vio lo equivocado que estaba cuando su hermana lo miró molesta.
—Mickey, no seas malagradecido. Seung fue quien ayudó a Emil, él lo trajo aquí, por si no sabías. —Aclaraba la chica mientras volvía a mirar hacia los rusos que estaban a su lado.
Michele estaba por reclamar, cuando de un momento, miró de reojo el brazalete que Sara tenía.
Ese mismo, el que llevaba cuando los vio a ella y a Emil en el pasillo.
Ese sentimiento nuevamente, ya parecía muy molesto que se apareciera cada vez que recordaba los detalles que lo llevaran a aquellos sucesos.
Se giró de lado, mordiendo su labio, y soltando un suspiro pesado.
Después de un rato, Leo y Seung Gil regresaban al lugar. Notando por la sonrisa aliviada de Leo que el checo también pudo reconocerlo.
Seung mantenía un rostro tranquilo. Su seriedad natural no se quitó por nada, lo que hizo que Sara se obligara a dirigirse a este para preguntarle.
—¿Qué sucedió? ¿Emil…?
—Sabe quien soy, aunque me reconoció... De una manera que no esperaba. —Este alzó sólo una de sus gruesas cejas— Pero supongo que está bien.
La chica rió un poco, sonrojado levemente al tan solo tener una pequeña idea de lo que se refería el coreano.
Michele miró con solo un poco de incomodidad como ambos hablaban, tan plácidamente.
Aunque por un lado, solo estaba más tranquilo de que su hermana se despejara de las preocupaciones.
Y también, inesperadamente, quitó solo un poco de lo que era su molestia principal.
Los rusos fueron a ver a Emil, siendo ellos también reconocidos por este, aunque Georgi se quejaba un poco que el menor lo haya recordado como "Rey del drama". JJ también se quejó, saliendo con su "El único Rey aquí soy yo".
Las risas no se hicieron esperar, por lo menos todos comenzaban a estar un poco más tranquilos; Nekola sabía quienes eran.
Bueno, casi todos. Por ello, Michele no se unía al aura llena de tranquilidad y felicidad de estos otros.
Solo tocaba esperar a que el médico hiciera las demás pruebas.
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—Jóvenes Crispino, ¿Pueden pasar a mi consultorio, por favor?
Los mellizos asintieron levemente. Dejando sus almuerzos de lado para poder seguir al alemán hasta donde les indicó.
Habían pasado ya 9 horas, desde la madrugada en el que ambos se enteraron del accidente. Al ser ya las 12 del medio día, se sentían un poco cansados.
Pero no dejarían de lado el caso, no dejarían a Emil solo.
Pasando al consultorio, tomando asiento ofrecido inmediatamente por el médico, comenzaron con el tema.
—¿Cómo está Emil ahora? —Inició preguntando la chica de cabellos azabaches.
—Ahora está durmiendo, tuvimos que dormirlo para hacerle unas revisiones más, pero el chico se estaba poniendo nervioso e inquieto.
—Para ser practicante de deportes extremos, no viene seguido al hospital. —Recordaba la melliza con una leve sonrisa— Pero, ¿Que tiene exactamente, doctor?
—Pues, con la segunda revisión, los huesos siguen intactos, a excepción de la muñeca, como había dicho anteriormente, pero nada grave. —Apoyó sus brazos en el escritorio— Y el golpe en la cabeza tampoco parece ser dentro de peligro. Como les dije hace unas horas, solo fue un rasguño que causó un sangrado de nivel menor.
—¿E-Entonces por qué no me recuerda? —Michele trataba de no alterarse. La mano de su hermana hacia su hombro fue un poco de ayuda.
—¿No tiene algunas fallas de memoria? Digo, aparte de nuestros amigos que vinieron a verlo, ¿No hay alguien o algo aparte?
El médico ajustaba sus anteojos— Nekola recuerda a su familia; sabe como se llaman sus padres, su hermano, sus amigos de su país natal. Sabe que es patinador profesional y que practica deportes extremos en sus tiempos libres, como mencionó usted. —Miró a la italiana— Y que está aquí para apoyarla en el campeonato Europeo, ¿Se equivocó?
—N-No, él de verdad vino a apoyarme.
—Bueno, por esos casos cercanos, el chico muy bien sabe quien es y quiénes son las personas que conoce. —Pensaba un poco— Sin embargo, puede que tenga algunos recuerdos sin divisar, aunque lo que le preguntamos, la mayoría de las respuestas del joven se notaban seguras.—Miró a ambos hermanos— Le preguntamos que hizo el día anterior, el cual solo dijo que la había acompañado a usted y a uno de los chicos que entró a verlo, dando un paseo en ciertos locales de la ciudad.
Michele tomó el recuerdo, cuando había visto la foto que subió su hermana a su red social, acompañada del checo, pero nada más.
¿Acaso alguien más había ido con ellos? A como decía el doctor. Pero que él recordara, aparte de la imagen, cuando miró a esto dos en el hotel, no se miraba ningún otro acompañándolos.
—Él nos dijo que no recuerda nada del accidente, no recuerda haber salvado a una niñita y tampoco el cómo sucedió todo.
—Eso también me mencionó. —Confirmó el mayor— Y por último le preguntamos qué fue lo que hizo al llegar al país, lo cual solo nos dijo que luego de desempacar, se había ido a comer, con unos amigos que también pasaron a verlo hace horas.
—Él dijo que había ido con JJ y Leo a comer. —Sara hacía memoria. Frunciendo el ceño antes de ver a su mellizo— ¿Pero no habías dicho que lo ayudaste a desempacar cuando recién llegó, y de ahí se fueron a ver tiendas de regalos y otras cosas más?
—S-Sí, eso hicimos, pero… —El Crispino masculino se quedaba sin palabras que contestarle a su hermana. Miró al doctor, pudiendo articular algunas para este— ¿Y… D-De casualidad, no le dijo algo sobre… Una discusión?
—¿Discusión? —El doctor alzaba una ceja en lo que tocaba su propio mentón para recordar las palabras del paciente— No, no dijo nada sobre eso, o una pelea que haya tenido recientemente.
—Mickey… —Sara tocó nuevamente su hombro, pero esta vez, no sirvió para nada.
—N-No me recuerda, ¡Él dijo que no me conocía! ¿Usted cree que eso es estar bien?
—Cálmate Michele. —La melliza tomó fuerzas para tomar de ambos hombros a su hermano y obligarlo a tomar asiento de nuevo.
El alemán parpadeó suavemente. No quitando la mano de su mentón— Bueno, ante lo que usted está insinuando, es que tuvo una discusión con el joven Nekola.
—¿Y eso qué? —Preguntó frío, pero los nervios comenzaban a aparecerse en él.
—¿Qué tipo de relación ocupa con Emil Nekola? —El médico tornó un semblante con seriedad— ¿Es su amigo? ¿Lo considera un hermano? ¿O tal vez es su novio?
—Q-Qué cosas dice… —El rostro del italiano se encendió en un pequeño rojo carmesí, e inexplicablemente su corazón comenzaba a latir más de lo normal— ¿Que tiene que ver todo eso?
—Si usted considera al joven alguien importante, seguro él también. —Se cruzó de brazos— Entiendo que hacerle estas preguntas es algo muy personal, pero también el saberlo es importante, también el cómo estuvo la discusión que usted menciona.
Las palabras del doctor comenzaban a tener sentido. De igual forma el que este comenzaba a tener una idea del porqué Emil no lo recordaba.
Pero tenía miedo a confirmarse.
Michele miraba al mayor un poco tranquilo, pero los nervios no lo dejaban en paz dentro de sí. Sus manos se juntaron para ya no dirigir su color violáceo a este.
—La… La discusión —Comenzó en un tono suave, pero luego de pasar saliva, aumento el volumen— Fue… Algo fuerte. —Confesó— Le dije… Algunas cosas hirientes, y también, le dije… Que yo no era su amigo.
—¿Y eso es verdad? —La expresión del hombre suavizó un poco.
El chico se quedó en silencio, y por casualidad, su idea sobre la posible causa del que el checo no supiera quién era se volvía más fuerte ante la pregunta del hombre.
—Señor Crispino, ¿Es Emil Nekola importante para usted?
La pregunta le hizo comenzar a repetirsela en su mente; aunque quisiera detenerse, le fue imposible en ese momento.
¿Era Emil importante para él?
—Mickey…
—Disculpen. —El mellizo se levantó de su asiento para irse directo del consultorio.
La chica solo pudo dejar que un suspiro suave saliera de sus alientos.
Miró al doctor con cierta pena, este no hizo más que sonreír y negar.
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—Hey —La chica Crispino se adentraba a la habitación de su amigo, mirando que se encontraba una enfermera con una bandeja de comida— Oh, ¿Están ocupados?
—Oh no, solo vengo a alimentar al paciente. —Aclaraba la mujer con suavidad y amabilidad.
—Si gusta, puedo hacerlo. Quisiera pasar tiempo con mi amigo. Claro, si se puede… —Miró al rubio sonreír.
—Claro señorita, cuando termine de comer, solo deje la bandeja en la mesa portátil, yo vendré por ella cuando me desocupe de lo demás —La enfermera entregó aquello a la italiana— Con permiso.
Sara miró a la mujer irse. Luego, se fue sentando en la silla, sosteniendo la bandeja— Has de tener hambre.
—Y demasiada, realmente no he comido desde, eh… Desde la hora en la cual haya pasado mi accidente. —El menor rió un poco, acompañado por su amiga.
—Es bueno verte sonreír, a pesar de darte cuenta que pasaste por algo que quizás… Pudo dar a algo peor. —Dio una leve mueca.
—Lo bueno es que no pasó a mayores, así que tranquila. —Le tocó su mano un poco, antes de comenzar a comer de su alimento— Además, ¿Cómo no estarlo si lo que hice fue como algo heroico?
—De hecho, JJ dijo que la niña y su padre vinieron a darte una pequeña muestra de gracias por tu acción —La italiana sacaba un pequeño canasto de flores con ciertos dulces extranjeros, al menos para ambos— Se sintieron aliviados que no te haya pasado nada grave.
—Ooww, que dulce de su parte. —Emil ignoró el que no conociera aquellos caramelos. Sonrió con ternura.
—Concuerdo, es muy bonito. —Sara acariciaba las flores que tenían.
—Y, ¿Cuando me darán de alta? —Preguntó el checo con la boca llena de comida.
—El doctor dijo que por el momento, pasaras la noche aquí, y ya mañana temprano te darán de alta. —Apoyó uno de sus bronceados brazos en la cama.
—Que aburrido. —Soltó un leve puchero. Causando una risa de gracia por parte de la mayor.
—No te preocupes Emil, no te dejaré solo. Cancelaré mi práctica de mañana para irnos juntos y regresar al hotel.
—¡P-Para nada! No quiero que lo hagas, puedo pedirle a JJ que lo haga, además que él mismo se ofreció también a quedarse aquí toda la noche si se requería. —La italiana estaba por protestar, pero los ojos llenos de ternura del chico le hicieron desistir— ¡No quiero que te distraigas! Debes esforzarte para el campeonato.
Suspiró con diversión— Bien, le diré a JJ que se quede contigo, y ya mañana él y tú se vienen al hotel. —El checo.
Entre casi terminando su alimento y jugando con la cuchara, se le vino a la mente algo— Oye Sara.
—¿Qué sucede? —La chica le miró con atención.
—El chico… Que estaba a mi lado cuando me desperté… —El azul de sus ojos se fijaron en su amiga— ¿Es tu hermano?
La italiana se sintió algo incómoda, y un poco extraña que se haya referido al mayor de esa forma; un desconocido— Sí, es mi hermano mellizo.
Sus ojos mostraban cierta tristeza. Se le vino a la mente el cómo reaccionó este cuando Emil le dijo que no lo conocía.
—Oh, vaya… —Rascaba su nuca— La verdad, no recuerdo que hayas mencionado que tuvieras un hermano, o eso creo… N-No lo sé. —Hizo una mueca— No estoy seguro, la verdad.
—¿Uh? —La italiana pasaba un mechón por detrás de su oreja.
—Pero… Verlo de tal forma… El cómo me miró cuando le dije que no lo conocía… N-No entiendo muy bien —Apretó la cuchara un poco— Pero me causó pesar, no me gustó verlo así.
—Emil —Quería hablar, pero el checo le quitó su oportunidad de hacerlo.
—Dime, ¿Está bien?, ¿Cómo se encuentra?
Sonrió con ternura ante la preocupación sincera que mostraba Emil hacia su mellizo— Pues, está tranquilo, eh… N-No puedo asegurar que está del todo bien, pero al menos se calmó un poco.
Emil, con cierta angustia pequeña, dejó la cuchara a un lado para volver a poner atención a la italiana— ¿Yo… Lo conozco?
Sara le miró sorprendida.
—¿Conocerlo? —Preguntó para sí misma, pero el checo asintió de todas formas.
—Sí, dime… ¿Él es acaso alguien importante en mi vida?
No supo que responder, o no tenía las palabras correctas para hacerlo. Estaba insegura.
Si bien el doctor dijo que era posible que el checo recuperara esas pequeñas memorias en las cuales incluían a su hermano, y claro que podían darle ayuda para hacerlo, pero no sabía si sería bueno decirle todo de un momento.
¿Cómo decirle que su hermano era alguien muy importante para él?
—¿Sabes que tu silencio me genera pensar que la respuesta es un sí?
La chica sonrojó.
—B-Bueno Emil —Algo nerviosa, rascaba su mejilla— Solo te puedo decir que… S-Se llevaban bien.
—¿Sólo eso? —El checo alzaba una ceja sin creerse del todo la respuesta dada.
—Bueno, es mi hermano. —Parpadeó con lentitud. Sonriendo con calma y segura de lo que diría— Él es importante para mi, así que por eso, de cierta forma tú considerabas que él también era importante para ti, y tú eres importante para mi, así que… Ya sabrás como es eso.
De acuerdo, Emil realmente quedó algo confuso por lo que su amiga dijo, sin embargo, de cierta forma, tenía sentido; él realmente quería a Sara, tanto que si su hermano era obviamente importante para ella, él podría considerarlo importante también.
Aunque seguía un poco dudoso, la reacción del italiano no lo dejaba procesar. Seguía preocupado.
Pero bueno, iba a dejar por el momento el tema hasta ahí.
—Bien, termina de comer. JJ tiene tu teléfono celular, te lo traigo en lo que terminas, ¿Sí?
—Claro, eh… Pero… Sara…
—¿Si? —La chica miró como el checo tomaba su mano— ¿Emil?
Su semblante se dio serio, pues lo que pediría, tal vez sería imposible, aunque nada perdía con intentar.
—Quisiera… hablar con tu hermano, ¿Podrías traerlo?
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El salir del consultorio fue una decisión impulsiva, lo reconoce como el chico maduro que suele ser. Pero realmente las palabras y las conclusiones que llegaba a dar el médico sobre las razones del cuales estaba envuelto en el problema de la posible amnesia de Emil le hicieron revolotear su mente y desordenar un poco donde mismo.
Ahora, mientras pensaba en ello, se encontraba fuera del hospital, sentado en una de las escaleras del lugar mientras abrazaba sus propias piernas que entre ellas y sus brazos cubría su rostro cansado, y maltratado por la brisa del aire que hace poco comenzó al anochecer; hojas verdosas e incluso pedazos de envoltorios de comidas que no se desecharon en los botes correspondientes fueron lo que de alguna forma hizo que el italiano ocultara su rostro.
Y claro, también para que nadie notara su tristeza junto a sus frustraciones por la abrumada situación que estaba pasando.
Los pasos de las personas no lo distraen, ni siquiera cuando estos les hablaban, pues usaban el idioma del país en donde estaba ahora, aunque de algún modo, gracias a que varios decían frases similares, pudo deducir que algunos le decían "Apartate, por favor", o en el caso de un señor que lo usó en un tono más agresivo, un "Quitate del camino" pudo ser la traducción correcta.
Cuando estaba a punto de por fin considerar las palabras extranjeras, unos pasos que se detuvieron exactamente a lado suyo, hizo que solamente moviera el rostro para alzarlo, y mirar que se trataba de los zapatos negros pertenecientes al asiático patinador.
—No te preguntaré si estás bien. Que de seguro, o me darías respuesta afirmativa cuando no es así, o me mandarías al demonio y con eso deduciría que no es así.
—Terminaste tus opciones de la misma forma.
—Esa era la idea.
—Sólo déjame en paz. —Volvió a ocultar la mirada, aun teniendo un ceño fruncido que apareció al solo oír al coreano hablar— ¿O acaso vienes para decirme algo sobre Sara?
—No he visto a tu hermana desde hace un rato, porque se fue a ver a Emil. —Le comentó.
—¿Y… Él está bien?
—¿Por qué no lo descubres por ti mismo? —Se fue recargando en la pared, a lado de las pequeñas escaleras en las que estaba sentado el de piel bronceada— No lo digo porque no quiera decirte, pero creo que sería bueno que lo vieras.
—¿Tienes falla de memoria de corto plazo o que? —Dijo casi a gruñidos, pareciéndole una broma de mal gusto el que Lee le dijera aquello cuando la situación no era la adecuada.
—Yo no usaría esas palabras en sarcasmo si fuera tú.
El italiano no dijo nada. Solo una expresión molesta fue lo que dio a ver.
Seung miró de reojo al europeo— ¿Intentaras que recuerde quien eres?
Michele abrazó más sus piernas— N-No estoy seguro.
—¿Por qué no? Pensé que lo tendrías en cuenta. Tu reacción no fue la mejor, a como me dijo Sara.
Ignoró su molestia del que su hermana tuviese que decirle casi todo al coreano, para así removerse en su posición— Siento que no sería buena idea.
—No me digas que sigues negándote en aceptar tu obvia amistad con Nekola. —Se cruzó de brazos, ahora siendo él quien se comenzaba a molestar por la terquedad del mayor.
—Y-Ya no sé si de verdad, eramos amigos… —Mordía sus propios labios. Su forma de evitar en soltarse a llorar— Digo, n-no después de lo que pasó entre nosotros.
—¿Qué quieres decir?
Rodó sus ojos— Pensé que Sara ya te lo dijo. —Comentó con desagrado— Solo… Solo diré que si Emil estaba triste anoche que lo encontraste, fue por mi culpa. Le dije cosas que… Ni siquiera se me hubiesen ocurrido decirle alguna vez.
El coreano dio una mueca leve. Comenzaba a nacer en él un inesperado sentimiento de pena por aquel.
—Me enfadé, co-como siempre, me molestó el que haya salido con Sara. —Cerró sus ojos con leve fuerza— Aunque, hace horas me enteré que hubo alguien más que salió con ellos. Eso hizo que me sintiera peor que antes.
Sin poder evitarlo, el de piel pálida se sintió algo incómodo. Pero lo tuvo en silencio.
—Ellos no estaban en una cita, como yo pensé, así que… Toda conclusión que saqué fue estúpida. —Se quejó— Ahora, Emil no me recuerda, no sabe quién soy; a pesar de que por un lado, me alegra que haya olvidado todo aquello que le dije por culpa de mis equivocadas ideas, m-me sigue incomodando que… Ya no seré algo para él en su vida.
—Por eso no estás seguro si ayudarlo a recordarte. —Concluyó Seung— Si él lo llega a hacer, recordará no sólo quien eres, sino también la causa de porque esa noche sucedió todo. —Recibió asentimiento— Vaya que eres más miserable de lo que pensé.
—Tch. —Crispino chistó sus dientes, guardándose sus quejas para sí; no se encontraba con las ganas.
—Pero, en algún modo, eso es cierta manera admirable. —Le miró por completo— No intentarías que te recuerde pensando en él y su bienestar, e ignorando lo que estás sintiendo en estos momentos. —Resopló— ¿Sabes que con eso demuestras que Emil Nekola de verdad es alguien importante para ti, no?
Los orbes violáceos del italiano brillaron más, al momento que también un rojo comenzaba a inundar sus mejillas.
Separó un poco su rostro de sus piernas y brazos, tratando de mantenerse calmado, procesando lo que el coreano le acababa de decir.
Con ello, la pregunta del doctor en el consultorio fue respondido, por supuesto. Al igual del porque se vio demasiado afectado el que el checo no lo haya recordado, aunque eso último no fue del todo su duda.
Desvió su mirada con cierta vergüenza, no quería que nadie le viera de esa forma, mucho menos aquel asiático.
Demasiado tarde.
Seung Gil no pudo evitarlo, soltó una pequeña risa ante la expresión del italiano.
¿Acaso había oído bien?
Michele no podía tener sus ojos más abiertos, tanto por el hecho de que este rió al notar su sonrojo, qué porque precisamente, se rió.
Su hermana lo envidiaría, de eso estaba seguro.
—¿Sabes Crispino? —El de cabellos oscuros volvió a su inexpresivo rostro— Creo que si te interesa ensamblar nuevamente una relación con Emil Nekola, lo que puedes hacer es comenzar de cero.
—¿Uh? —Michele comenzó a ver al coreano con cierta atención.
—Digo, volver a empezar, ya sabes… —Suspiró con pesadez— Creo que sería muy horrible que te alejes de él cuando apenas estás reconociendo lo importante que es Nekola para ti.
—¡Y-Yo no dije que era así! —Seung rodó sus ojos; el Michele de siempre había vuelto.
—No me digas eso cuando te estoy viendo aun con la cara roja.
Crispino maldijo para sus adentros, ¿Cómo ese coreano podía callarle bien la boca?
Lo odiaba.
—Aún así, piensalo. —Acomodaba un poco sus cabellos— Quien sabe, quizás con tu nueva "amistad" con él, eso arregle todo lo que le hiciste, si es que llega a recordarte.
No lo quería admitir, pero la solución que le daba aquel, no se oía para nada mal.
Aún así, tenía sus dudas. Mantenía inseguridad.
—Necesitaría pensarlo. —Luego de hacer su rostro para atrás, tronando un poco su nuca, por fin se dispuso a ponerse de pie.
—Te estoy dando una solución a tus problemas.
—Esa es mi duda hacia ti —Le miró con pequeña desconfianza— ¿Por qué me dices todo esto? Yo… Bueno, no somos amigos, creo yo, y además, te trate mal cuando rechazaste por primera vez a mi hermana, aunque te lo merecías.
—Somos rivales, debo confesarte que eres uno bueno. —También comenzó a tronarse el cuello— Lástima que te darás un descanso este año.
—¿Có-Cómo demonios sabes que-
—Creo que ya sabes la respuesta.
Se quedó en pausa. Minutos después, solo dio un quejido, seguido chistando los dientes.
—Me voy. —Iba bajando el último escalón— Eh, ¿Puedo pedirte que le avises a mi hermana que regresaré al hotel?, aun y si le escribo un mensaje.
—Pensé que no querías que me acercara a ella.
—Como si fueses a hacerme caso. —Frunció su ceja, sin estar del todo enojado— Nos vemos, supongo.
Fue tomando camino para por fin alejarse de aquel lugar. Sintiendo de cierta forma un pequeño respiro, luego de tantas situaciones y emociones por el día de hoy.
Seung entró, y por esta vez, acataría al pedido del italiano, disponiendo en encontrar a la chica.
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Para Emil fue una pequeña decepción el no haber podido tener su intento de ver nuevamente a aquel chico italiano, que ahora sabía que era nada más que el hermano de su mejor amiga. Se sentía por lo menos un poco animado de saber quien era o quien fue, luego de ver que, sin querer, olvidara por completo de su existencia.
En el día de hoy, se encontraba con el canadiense en el taxi de regreso al hotel, a pesar de que el otro no se hospedaba en el mismo que el checo, aceptó en ir a desayunar juntos en el restaurante cerca del hotel de su amigo.
Emil había optado por ir primero a su habitación para ducharse, lo que dejó al canadiense querer hacer lo mismo, por lo que se verían en una hora nuevamente.
Ya estando de regreso, el checo tomaba el elevador que lo llevaría a su piso, también recordando después de todo el números de habitación en donde se encontraba.
Al llegar al correspondiente piso, salió con ciertos ánimos que no se percató que al salir del elevador, chocaría con alguien que iba del lado contrario a donde éste.
—¡Ugh! —Emil quejó un poco; aun y no siendo tan graves, sus heridas dolían un poco.
—¡Fijate por donde…! —El otro chico se dignó a mirarlo solo para reclamarle, pero su intención se esfumó al ver quien era.
Su color violeta se enterró en la imagen del más joven.
—L-Lo siento mucho, iba algo distraído por… —El rubio tampoco terminó de hablar. Miró que el chico con quien chocó era el mismo que vio en el hospital— Tú… Eres el hermano de Sara.
Michele, se sintió un poco disgustado al oírlo. Como se dirigía a él.
Emil lo notó, ahora se sentía apenado— Oh, l-lo siento, seguro te molesta un poco el cómo me dirijo a ti. —Rascaba su nuca— Después de todo, creo que nos conocemos.
—No tienes que… E-Espera, ¿Qué? —Los ojos de Crispino brillaban un poco, haciendo llamar un poco la atención del más alto— ¿Sa-Sabes quien soy?
—Pues, eso creo… —Respondió, un poco centrado en la mirada del italiano— Eh, bueno, eres el hermano de Sara. —Parpadeó muy suave— Creo que es obvio que te conozco, aun y sin recordarte.
—Oh. —El chico Crispino impidió que el checo siguiera viendo su mirada al bajarla un poco.
Inconscientemente Emil se sintió apenado en no ver más los ojos de este, pero más se sintió peor cuando lo vio un poco desanimado— Pero, ¡Pe-Pero eso se puede arreglar!
—¿Uh? —Michele con duda, una ceja alzó.
—Por eso quería hablar contigo ayer, no sé si Sara te dijo, aun y luego de que te fueras, pero… —Sonrió poco a poco— Quiero que nos conozcamos. Al menos podría intentar recordarte, si es que fuimos más cercanos antes.
El mayor abría su boca un poco, pareciendo que diría algo, pero solamente la sorpresa de la propuesta del checo fue algo inesperada para él.
—Si me permites, puedo invitarte a salir, ¡Podemos ir a los lugares más turísticos de la ciudad! Podemos comer en un restaurante, podemos ir a bailar, o hacer alguna otra cosa, ¡No habría límites! —Pensó un poco— ...Bueno, tal vez un poco. —Propuso con una risa apenada al dejarse llevar por la emoción. La naturaleza de Emil comenzaba a mostrarse nuevamente.
Eso hizo que interiormente, Mickey sintiera un cálido calor en su corazón. Era nuevo y extraño, pero nada desagradable.
—Así que… ¿Quieres intentarlo? —Nekola ladeó un poco su cabeza a un lado, manteniendo su sonrisa.
La idea de Seung que le comentó la noche anterior lo consideró, aún y teniendo sus desconfianzas y sus pequeñas inseguridades.
Pero ahora, que el checo inconscientemente le propusiera lo mismo que le dijo el asiático, lo tenía con total seguridad.
Él quería reparar su error, y realmente no se negaría a conocer un poco más profundo a aquel checo que, por fin se quitó la venda de sus ojos para ver que no era para nada una mala persona.
Lo miró un poco, su sonrisa que mostraba todo lo que Emil era en persona, en personalidad y en alma.
Luego de pensarlo un poco más, por fin se decidió. Alzando una mano en demostración de aceptación.
Tomaría el consejo dado por el patinador de corea.
—Entonces, creo que es mejor presentarnos adecuadamente. —Propuso el italiano, ahora recordando que, cuando conoció por primera vez a Emil, sus presentaciones no fueron las adecuadas.
Sus memorias se interrumpieron al sentir la mano del checo estrechar la suya. Sonrió con suavidad.
—Michele Crispino, soy patinador artístico, represento a Italia en la selección masculina.
—Que bueno saber que compartes el gusto con Sara y conmigo —Le sonrió con gusto— Soy Emil Nekola, patinador artístico, y también practico deportes extremos.
—"Lo sé" —Pensó Crispino, siendo interrumpido al sentir como el checo sujetaba su otra mano— ¿U-Uh?
—Me esforzaré para que podamos desarrollar nuestra relación de la mejor forma. —Los ojos azules brillaron cuando el dueño tuvo nuevamente la fortuna de volver a ver los violetas del italiano.
Michele sintió su sonrojo aparecerse, fue demasiado tarde para impedir que creciera.
Tragó saliva suavemente— Yo… Y-Yo también —Igualmente, suavizó su rostro— Me esforzaré para hacerlo.
...
Pido una disculpa por el pequeño –Grande– Hiatus que me tomé.
Si bien, creo que este capítulo quedó el doble de largo, y el doble de dramático.
El doble de todo, jsjsjs
Procuraré no tardar para el próximo capítulo, aunque tenga inspiración para escribir más OS y drabbles de esta pareja. Tal vez haga un libro dedicado a la ship. Necesitan más amor ಥ_ಥ
Pido nuevamente una disculpa a ustedes. Ojalá hayan disfrutado del capítulo; ya para el próximo se inicia el sentido de la trama :)
¡Procuraré contestar sus reviews!
