10 Cosas Que Odio De Ti
By: Vidian y Ary Valentine.
Capítulo III: El Plan (segunda parte)
El día había sido bastante extenuante, incluyendo por supuesto su práctica de fútbol y a un delincuente intentado cortejarla fallidamente. ¿Qué se suponía que tenía en la frente, un letrero que decía: "acércate, necesito atención"? Esa era característica de Sherry, no de ella.
No necesitaba a los inmaduros chicos de su escuela siguiéndole los pasos. Lo único que quería y necesitaba era largarse de esa ciudad cuanto antes, no quería tener a chicos como Leon tratando de formar una conversación en la que no sólo ella era capaz de usar el sarcasmo. Ojalá esa fuera la primera y última vez que ese chico intentará hablar con ella.
Estaba en el baño, frente al espejo, tratando de despejar su mente de todo lo que le había ocurrido en ese día. Abrió el grifo y con sus manos echó un poco de esa agua helada en su cara, necesitaba de eso, de algo que logrará tranquilizarla aunque sea un poco. Pero claro, la serenidad no podía durar para siempre, menos cuando tenía que compartir su casa con una invitada no deseada. Estaba cansada de escuchar a Sherry decir sólo cosas sin sentido, sin embargo y contra sus propios esquemas, la única hija del matrimonio Birkin resultaba ser un método de catarsis contra el estrés, siempre y cuando no fuera ella quien lo generara, le resultaba divertido atosigarla todo el día.
—¿De verdad no has pensado en ser un poco más…digamos, femenina? —preguntó la rubia, la pelirroja la ignoró secando su cara con una toalla. — Hablo en serio, tienes un enorme potencial debajo de toda esa hostilidad. — Tomó con delicadeza la peculiar coleta de su prima haciendo el ademán de peinarla; por supuesto esa era una mala idea si se trataba de Claire Redfield, así que con un hábil y violento movimiento, alejó la mano de la rubia sin contemplación.
—No es hostilidad, es fastidio —rectificó; tomó nuevamente la toalla e intentó secarse un poco más.
—Podrías ser más dulce, ¿sabes?...Tu imagen sería otra. —Caminó hasta quedar frente a otro de los espejos que estaban en aquel cuarto.
—Sabes que la gente no me importa —habló con seguridad, por supuesto siempre tratando de sonar indiferente.
—Sí te importa —la rubia tomó un cepillo y comenzó a pasarlo por su corta cabellera.
Claire la observó atentamente. Tenía frente a sí una clara consecuencia de lo que podía causar la sociedad al exigir tantos patrones de comportamiento. Una chica rubia tratando de agradar a todo el mundo, siendo quizás hipócrita hasta consigo misma.
—Sherry, no tienes que ser lo que la gente espera.
—Pues a mí me encanta la atención que recibo. Gracias por el consejo de todas formas —contestó irritada.
Le molestaba cuando Claire se ponía en aquel modo filosófico racional de la vida social.
—¿De quién son esas perlas? —hizo un gesto despectivo al darse cuenta de lo que aquella chica llevaba colgando en el cuello.
—De mi mamá —contestó digna.
—Pues están horrendas —luego de decir aquello, se giró para seguir con lo suyo.
El gesto de la Birkin rápidamente se endureció. Podía soportar que, esa bruja que se suponía era su prima, le molestará cada cinco minutos, pero jamás permitiría que se metiera con las cosas de Annette. Se levantó de su lugar y avanzó hasta quedar a lado de esa irritante adolescente anticuada.
Claire ni se inmutó por la cercanía, únicamente levantó la mirada para observarla fugazmente y volvió a prestar atención a sí misma. Aún mantenía esa toalla cerca de su cara, intentaba quedar seca. La rubia completamente enfurecida le arrebató con agresividad aquel trapo mojado y lo arrojó al suelo con la misma actitud. La única acción de la pelirroja fue levantarla de igual manera y enfrentarla.
—¡Retráctate! —exigió con dureza.
—Jamás. —Se cruzó de brazos y le sostuvo la penetrante mirada.
Sherry sabía a la perfección que aquellas peleas con Claire jamás tenían fin. Discutir con la hermana menor de Chris resultaba ser demasiado cansado, ella siempre tendría argumento para intentar dejar callado a cualquiera; aun cuando los argumentos de los demás fuesen buenos, Claire siempre encontraría la forma de ser superior tan sólo con el uso de los vocablos. Suspiró pesadamente. Se sentía demasiado contenta como para amargarse con los estúpidos comentarios de la otra integrante de la habitación. Annette le había regalado esas perlas no hace mucho; a ella siempre le habían gustado, así que cuando su madre decidió dárselas, ella no veía el momento perfecto para usarlas. Se giró sobre su propio eje y trató de ignorar por todos los medios a la 'bruja mala'.
—No importa, a mí sí me gustan. —Acarició las perlas sobre su cuello y se sentó delante de su espejo.
La pelirroja le miró una vez más, pero no tardó en salir de ahí en cuanto la otra había empezado a soñar estando despierta. Típico de mucha gente, comenzar a divagar en sus pensamientos esperando que suceda algo que al final terminará decepcionándolos.
En la mañana del día sábado, Claire debía dirigirse a la tienda de discos que se encontraba ubicada en el centro de la ciudad, le parecía muy tediosa la idea de ir en su moto, puesto que el viaje era un poco más largo en comparación al que solía hacer cuando se dirigía a la escuela, por fortuna tenía a su hermano y estaba segura de que él no se negaría a prestarle su preciado Mercedes Benz.
Terminó de atar su cabello en una coleta y salió de su habitación, descendió rápidamente las escaleras, suspirando al llegar a la pequeña mesa que utilizaban en la cocina para desayunar, siempre era la última en levantarse, para su desgracia Sherry ya estaba disfrutando de su cereal y no tenía señales de Chris en ese lugar, aquello implicaba dirigirle la palabra, se cruzó de brazos en forma resignada y miró a su prima que la ignoraba como habitualmente lo hacía.
—¿Has visto a Chris? —averiguó, la rubia apartó la mirada de su comida enfocando la vista en Claire, rodó los ojos con fastidio y regresó su atención al desayuno que estaba disgustando. — Gracias "miss universo", eres muy amable — comentó irónica y enfadada, se comenzaba hartar de convivir con una persona banal como Sherry Birkin, sencillamente no se podía, eran como el perro y el gato, sumamente incompatibles.
En el preciso momento en que estaba saliendo de la cocina el Redfield mayor hacía su entrada, ambos hermanos frenaron su travesía y se observaron atentamente. La joven sonrió con cariño, gesto que Chris conocía muy bien, ella siendo amable y otorgando expresiones de afecto sólo podía tener un propósito.
—La respuesta es no —sentenció antes de que Claire pudiese decir algo, ella frunció el ceño y abrió la boca disgustada, el chico simplemente levantó sus hombros y se acercó a la nevera con la intención de desayunar.
—Pero ni siquiera me dejaste hablar, Christopher —se defendió mientras lo perseguía, pero el líder del hogar no parecía tomarla en cuenta. — Por favor, sólo iré a la tienda por unos discos de Queen, los encargué hace más de dos meses, ¡Son originales, Chris! Los necesito en mi colección ahora.
—No —volvió a repetir, resopló cerrando la puerta del refrigerador, se llevó ambas manos a la cabeza y cerró sus ojos con cansancio. — ¿Sherry, te comiste todo lo que quedaba?
—¿Me estás diciendo gorda? —inquirió ofendida, los Redfield intercambiaron una mirada fugaz, ya sabían lo que venía a continuación. La rubia de orbes azules se levantó de la silla de manera brusca, corrió en dirección a su cuarto en donde guardaba una pequeña maquina para pesarse, desde allí comenzó a reír. — ¡Estás loco, primito, de hecho bajé un kilo! — gritó alegre.
Claire no lograba entender cómo es que una adolescente podía basar su vida en ser lo que el resto esperara que fuera, ella jamás había hecho una dieta y nunca en la vida lo haría, le parecían estúpidas y en la mayoría de los casos un fraude, le restó importancia a ese tema, Sherry creía que siendo delgada y popular podría ser feliz y realizarse como una persona plena, nada nuevo en realidad.
Chris tomó el plato que su pequeña prima había dejado a medio comer sin más alternativa comenzó a digerir el resto del cereal nutritivo y dietético que por su puesto no era del agrado de nadie más que de la misma rubiecita, pero las ganas de probar algo comestible y la pereza que le causaba ir al supermercado lo obligaban a rebajarse a comerse las sobras, la pelirroja gesticuló una mueca de repulsión.
—Puedes contagiarte de su virus y quedar sin cerebro.
—Tengo hambre —respondió con simpleza. — Me arriesgaré.
La muchachita no dijo nada más, se encaminó a la cochera sintiéndose decepcionada, pero tampoco era de esas que se quedaban de brazos cruzados, no tenía más alternativas que ir en su motocicleta y eso haría precisamente, sin embargo la voz del castaño interrumpió de manera sagaz su marcha.
—La última vez que te lo presté me lo devolviste sucio. —Claire se volteó y retrocedió dos pasos. — Y no llegaste en dos noches — complementó.
—No salí con ningún idiota si es lo que estás insinuando, sólo estaba en el festival musical con Jill —replicó.
—¿Festival musical?, ¿Jill?
—Sí, fue hace un tiempo y Jill es una amiga, creo que la única que tengo. Ahora dime, ¿Me prestarás el maldito auto?
El joven se quedó pensando en el nombre que su hermana menor había mencionado recientemente, creía haberlo oído antes, quizás en boca de la misma Claire, pero esta vez tenía una sensación diferente al escucharlo. Sacudió la cabeza con sutileza, de seguro era una idea poco probable.
—Está bien, pero te quiero de regreso en menos de dos horas y…
La Redfield ya no lo escuchaba, en cuanto afirmó el permiso para que utilizara su vehículo ella se había echado a correr dejándolo con la palabra en la boca.
Claire salió sumamente satisfecha de la tienda, el día no era tan asqueroso después de todo, con aquellos discos en la repisa de su habitación su colección se haría muchísimo más grande, los contempló con orgullo y los introdujo en la bolsa que le había facilitado el vendedor. Una agradable tarde escuchándolos le esperaba a continuación, no había mejor remedio que ignorar los comentarios carentes de razón que Sherry decía, escuchando la talentosa voz de Freddie Mercury… definitivamente no podía ser mejor el panorama, era el sábado perfecto.
Decidida emprendió camino hasta el lugar en el cual había aparcado el lujoso vehículo de su hermano, su expresión de relajación se borró de manera violenta al ver apoyado sobre éste al tipo que le había dirigido la palabra hace un día, la situación era cada vez más extraña y comenzaba a perder la paciencia con aquel pandillero sin futuro profesional, vaya que era insistente. Botó el aire contenido en sus pulmones y se preparó internamente para rechazarlo una vez más.
—Lindo auto —expresó a modo de saludo, le dedicó una sonrisa ladeada y tocó parte del ostentoso medio de transporte color gris con sus dedos. — Es completamente original. — Claire lo fulminó con la mirada aproximándose a él desafiantemente.
—¿Estás siguiéndome, no? —realizó una mueca sorprendido ante la acusación.
—¡Yo simplemente estaba en frente! —señaló el bar que se ubicaba en la dirección que apuntaba con su dedo, la pelirroja lo observó con desconfianza. — Te he visto con este auto en otras ocasiones y quise venir a saludarte.
Por un momento le pareció un gesto tierno, nunca lo había mirado más de cinco minutos a la cara, a decir verdad, para ser un delincuente desinteresado y poco culto era bastante guapo, pero no lo suficiente para hacerla caer rendida a sus pies, además no estaba en sus prioridades entretenerse románticamente, definitivamente no, mucho menos con alguien como él. Relajó un poco su cuerpo, estar a la defensiva, demostrarle rabia y desasosiego tampoco era una jugada inteligente.
—Pues… hola
Devolvió el saludo de manera fría, quería entrar en el Mercedes Benz y marcharse de una vez por todas, pero el muchachito rubio parecía empecinado en charlar con ella, se arrastró un poco sobre el vehículo hasta apoyar todo su cuerpo encima de la puerta del asiento correspondiente al conductor bloqueándole exitosamente el paso y el intento de huida, la chica retrocedió incómoda y nerviosa por la cercanía que Leon había impuesto entre ambos, suspiró posando la vista en las nubes que vagaban lentamente por el despejado cielo, contó hasta diez mentalmente…debía controlar su rabia y el impulso que sentía por pegarle una patada en sus partes nobles.
—Veo que eres de pocas palabras, no pensé que hablaras tan poco.
Cruzó ambos brazos sobre su pecho y la miró directamente, la Redfield era dueña de unos orbes altamente particulares, su tonalidad verde, azul y a ratos grisácea resultaba ser hipnotizante. Aunque estaba un poco sorprendido con ellos, incluso embobado, no lo demostraba y fingía seguridad ante ella y su alto temperamento.
—Depende del tema, este auto no suele ponerme hablar por horas.
Ahí estaba otra vez la dosis de sarcasmo que no podía faltar de parte de Claire. De igual modo era una frase muy simple para amedrentar a Kennedy.
—¿Tú no me temes, cierto? – indagó con interés, la mayoría de las personas arrancaban de su lado o no soportaban más de cinco minutos con su presencia, ella se rió con burla.
—¿Temerte, yo a ti?, por favor, ¿Por qué iba a temerte? —objetó con obviedad.
—Todos lo hacen —explicó de manera instantánea.
Se acercó un poco a su rostro de manera estratega, pero en esta ocasión la jovencita no retrocedió y permaneció quieta en su lugar.
—Yo no —debatió seriamente. Tragó saliva, esa chica no sería un blanco fácil, quizás con ella debía ser radical y entrar sin rodeos en la seducción.
—De seguro no me temes —dijo en tono neutral. — Pero… sé que piensas en mi desnudo — susurró alzando una ceja y procedió a admirarla de pies a cabeza.
La joven Redfield dibujó en su semblante una expresión de desconcierto que sinceramente Leon jamás había visto en una chica, por lo general sus comentarios cargados de coquetería solían funcionar, no entendía qué andaba mal con esa tipa.
—Ohhh se me nota demasiado —mencionó con ironía, cerró sus parpados y mordió su labio inferior fingiendo disfrutar de una situación sexual. — Tienes mucha razón, te quiero, te deseo... formas parte de cada una de mis fantasías eróticas, ¡Ohhh nene, tómame y hazme tuya! — finalizó pulverizándolo con sus iris.
El chico no supo cómo reaccionar ante eso, por primera vez en su vida alguien conseguía dejarlo sin palabras. Claire tomó la manija y abrió la puerta bruscamente sin importarle que con dicha acción hubiera empujado a Leon, se introdujo en el auto evadiéndolo definitivamente, ¿Creía acaso que iba conseguir algo diciéndole semejante idiotez?, el mundo cada día estaba más escaso de hombres que valieran la pena. Los guapos eran tontos, y los feos horriblemente aburridos y patéticos. Por dichos motivos, estaba dispuesta a morir soltera.
El muchacho de cabellera rubia se alejó derrotado, pero detuvo sus pasos al notar la petulante presencia de cierto tipo arrogante y estúpido.
Malditamente llegaba en esos momentos Steve Burnside, con su fiel compañero; su elegante y costoso deportivo descapotable de un intenso, pero peculiar color rojizo. Claire advirtió su presencia por el espejo retrovisor, rodó los ojos por tercera vez ese día al notar que el tonto de su compañero aparcaba su auto detrás del que ella estaba conduciendo, su propósito era claro, quería impedirle la salida sólo con el afán de fastidiarla. Pero si pensaba que iba conseguir salirse con la suya estaba muy equivocado.
—¿Acaso hoy es el día mundial del idiota? —preguntó en voz alta, el pelirrojo engreído descendió de su coche y se dirigió a la tienda de discos, al pasar por el lado de la pelirroja, no tuvo la minima consideración en explicarle los motivos por los cuales dejaba en dicho lugar su posesión material más querida. Claire asomó su cabeza por la ventana. — ¿Te importa, Burnside? bloqueas mi paso. — El joven curvó sus labios como si reconociera de memoria los reproches de la hermana menor de Chris.
—No, no me importa —respondió con indiferencia y prosiguió con su caminata de manera impecable, la fémina percibió la rabia acumularse en sus venas y salir por cada uno de sus poros, eso no iba a quedarse así, nadie jugaba ni se intentaba pasar de listo con un Redfield, mucho menos con ella.
Puso el vehículo en marcha atrás y retrocedió con gran potencia, poco le importó que ambos autos chocaran de manera abrupta, el peor daño se lo había llevado el descapotable de Steve y con eso le era suficiente para sentirse victoriosa y a la vez sonreír con amplitud. Leon visualizó todo y no pudo reprimir las carcajadas que le provocaba la locura impulsiva que dominaba el actuar de esa niña, repentinamente el desafío de salir con ella se volvía aún más interesante.
Claire notó el efecto que había provocado en el rubio, al verlo reír no evitó contagiarse con el gesto y esbozar una sonrisa en conjunto. Steve analizó la escena impactado, su preciado auto estaba dañado por culpa de esa maldita desquiciada, Claire había sobrepasado los limites esta vez, aquello lo arreglarían en tribunales.
—¿Qué te pasa, loca? —corrió escandalizado llevándose ambas manos a la cabeza, con angustia vio el estado en el que había quedado su maravilloso automóvil.
—Ups… —Fue toda la respuesta que ella pudo brindarle.
—¿Ups? —preguntó fuera de sí.
El mayor de los Redfield se paseaba de un lado al otro por toda la sala dejando en claro su estado de exasperación. Siempre ocurría algo cuando Claire se llevaba su auto, pero esta vez sí había rebasado los límites, sus límites. Su testaruda hermana se había encargado de estrellar su adorado auto contra el de un sujeto. Ahora tenía que hacerse cargo de dos malditas cuentas por culpa de los arranques de la pelirroja; tenía que pagar la reparación del auto del mocoso y también la infracción impuesta.
La observaba atentamente, estaba recostada sobre el sillón leyendo como siempre, como si nada hubiera ocurrido, ¡Claro!, como ella no tenía que hacerse cargo de los gastos. No era el dinero lo que lo tenía furioso, era esa hermana tan rebelde que se encargaba de sacarlo de quicio cada cinco minutos. Tenía que enseñarle que tenía que hacerse responsable de sus actos.
—Sabes que mi seguro no cubre los dolores menstruales, ¿verdad? —ironizó.
—Entonces diles que tuve un ataque.
Trató de no darle mayor importancia y continuó con su lectura. Un reproche más por parte de su hermano le daba absolutamente igual, además, ese estúpido de Steve lo tenía merecido; ese regaño por parte de Chris valía la pena sólo de recordar la cara de idiota que puso el pelirrojo cuando golpeó su auto.
—Es por esa escuela, ¿cierto?...Intentas ponerme de malas porque quiero que te quedes a estudiar acá.
Caminó hasta quedar de frente al sillón en donde estaba Claire. Lo que lograba ponerlo aún más furioso, era toda esa indiferencia que su hermana le demostraba.
—Tú siempre me castigas por ser como soy, ¡Estoy harta! —se expresó libremente sin reparar en lo dura que estaba siendo al decir aquellas palabras. Chris la miró con los ojos entrecerrados, el claro signo de molestia en los Redfield. Intentó relajarse, no quería discutir con su hermano, al menos no por el estúpido de Burnside. — Bien… tan sólo no intentes tomar decisiones por mí.
—Soy tu hermano mayor y tu tutor legal, así que estoy en todo mi derecho —jamás le quitó la mirada de encima, eso sería como regalarle la victoria a su empecinada hermana.
—¿Y lo que yo quiero no importa? —inquirió a la defensiva; Chris ya iba a empezar con sus sermones de padre frustrado.
—A tu edad todavía ni sabes lo que quieres. —Claire ante eso giró la cabeza tratando de evadirlo. — ¡Y no lo sabrás hasta que cumplas treinta y cinco!... y para cuando lo sepas ya no te servirá de nada — declaró furioso.
—¡Quiero ir a la universidad de Boston! —se levantó furiosa del sillón y se colocó delante de su hermano. — ¡Quiero poder tomar mis propias decisiones y quiero que dejes de controlar mi vida como si fueras mi padre!
Ahora sí estaba muy molesta y Chris no evitó sentirme mal por aquello; pero darle la razón a Claire era darle libertad para que siguiera haciendo lo que se le viniera en gana, y eso jamás sucedería de esa manera.
—¿Sabes lo que yo quiero? —Comenzó con el próximo reproche señalándola acusadoramente con su dedo índice. — Quiero que… — pero no pudo terminar con aquello pues su teléfono móvil comenzó a sonar dentro del bolsillo de su pantalón. Sacó su teléfono de inmediato y observó el número que este registraba. — Hablaremos luego…— se alejó, era Wesker y no debía ignorar eso.
—Cuando quieras —canturreó.
Tomó su libro e intentó irse a su habitación, estaba cansada y no iba a negar que se sentía terrible por la discusión con su hermano; sabía que ese disgusto se le pasaría a su hermano de inmediato, pero para eso tenía que estar alejada de él por lo menos unas ocho horas. Dirigió sus pasos desganados hacía las escaleras con el único fin de irse a descansar, pero como lo había dicho antes, eso no se podía cuando compartías tu casa con una ridícula rubia con complejo de Barbie. La chica que suponía era su prima, bajó por aquellas escaleras con el teléfono en mano y convertida totalmente en una fiera.
—¿Es cierto que te estampaste contra el auto de Steve? —preguntó incrédula.
—Sí, y creo que ahora podrán compartir asientos en el autobús. —Contestó como si nada tratando de esquivarla por completo, pero la rubia no le permitió dar un segundo paso.
—El hecho de que seas una amargada no te da derecho de comportarte así con los demás. —Le recriminó tratando de sonar completamente furiosa, pero a la pelirroja poco le importó eso, pues de un solo movimiento se quitó a su molesta prima de enfrente y continuó con su trayecto. — ¡Chris! — gritó al borde de la desesperación.
No podía creer todo lo que Claire era capaz de hacer para lograr enfurecer a medio mundo. Esa chica estaba completamente loca, había perdido todo sentido de la razón cuando deicidio sólo estrellarse en el auto de Steve. Estaba muy molesta, ahora todos en la escuela hablarían de su prima y su trastorno antisocial, y ella se vería inmersa en aquellas conversaciones, quizás hasta Steve dejaría de hablarle. Pataleó sobre la alfombra antes de ir a quejarse con su adorado primo.
Cerró su casillero con brusquedad, aún no entendía por qué motivo Claire Redfield se negaba a darle una miserable oportunidad, él no era como el resto de los idiotas del bachillerato. Se sorprendió de su reciente berrinche infantil, parecía un chico frustrado por no conseguir llamar la atención de la mujer que le interesaba, en evidencias claras, éste no era el caso, su sorpresa aumentó al analizar sus pensamientos.
¿Qué estaba haciendo?
Pensar en ella no era parte del plan, sólo debía conseguir cautivarla a como diera lugar… la pelirroja no era más que una simple jovencita rebelde, nada que debiera preocuparlo en exceso; ella no le interesaba en lo más mínimo, su única intención era recibir el dinero que fácilmente podía obtener del bolsillo de Steve Burnside, esa era su respectiva misión.
Al momento en que quiso marcharse a su próxima clase vio junto a él a quien por hoy sustentaba sus comidas y vicios, lo observó con aburrimiento. Ese mocoso dependiente de sus padres ricachones comenzaba a colmar su paciencia. El pelirrojo se arrimó de manera sutil, no debían verles juntos muy a menudo, sería levantar sospechas y no estaban en condiciones de cometer errores fatídicos para la culminación del plan, el rubio suspiró cansado ya imaginaba el motivo de la visita, obviamente: la insistencia.
—Pagué por adelantado y espero ver resultados favorables. —Advirtió Burnside.
Leon detestaba que lo presionaran, si no tuviera verdadero interés en esos billetes le hubiese dado un puñetazo en medio de todo el pasillo atestado de estudiantes sin importar que le vieran, pero consiguió calmarse y detener la tentación de hacerlo.
—Paciencia —contestó el rubio frunciendo el ceño. Steve negó con su cabeza.
—¿Me pides paciencia después de lo que ocurrió el sábado? —Leon se llevó unos dedos al puente de su nariz, además de ser idiota y engreído, era un maldito quejumbroso, eso sólo conseguía que aumentara su estrés. — Ver la manera en que esa bruja destruyó mi auto no es una buena forma de calmar mi ansiedad — agregó enojado.
—Fue gracioso.
No sintió piedad de decirlo, tipos como Steve merecían recibir humillaciones de esa índole, sonrió al recordar como la impulsiva pelirroja impactaba violentamente contra el majestuoso vehículo del muchacho soberbio, resultaba ser una escena muy graciosa de evocar.
—Oye, si no te esfuerzas… no tendré a Sherry —masculló muchísimo más molesto que antes. — Consíguela. — Sentenció utilizando un tono de voz autoritario, sonrió con arrogancia, por muy agresivo y poco manejable que fuese; Leon Scott Kennedy en dichos momentos estaba a su merced y no tenía más opción que obedecerle. Se giró sobre sus talones y empezó alejarse.
El rubio sonrió del mismo modo, ese sujeto si que era imbécil, él no trabajaba por caridad, carraspeó un poco llamando la atención del otro jovencito, posicionó la mirada azulada en las baldosas del suelo con aire pensativo.
—Doblé mi precio —musitó sin descaro, Steve se devolvió al tiempo en que oyó esa frase, sumamente impactado lo miró. Era increíble lo desvergonzado que ese pandillero podía ser.
—¿Qué? —inquirió con la esperanza de haber oído mal.
—¿Qué te parecen cien dólares por una cita con la fiera? —El chico de cabello rojizo soltó una carcajada, eso era imposible de alcanzar. — ¿Qué opinas? — insistió seguro de sí mismo, Steve detuvo sus risas y pasó a formar una expresión seria que pocas veces utilizaba.
—Olvídalo —farfulló alejándose una vez más. Leon ensanchó su sonrisa.
—En ese caso… olvídate de la rubiecita —replicó.
Su compañero volvió a regresar, se encaminó con resignación junto a su mirada verdosa que no tenía reparo en demostrar que lo odiaba con toda su alma. Sacó su billetera del pantalón y le entregó rápidamente el billete de cien que tanto deseaba.
—Es mejor que trabajes como presumes, Kennedy. —El mencionado recibió campante el resultado de su negocio, y sin más diálogos se alejaron el uno del otro.
Pasar las horas en el bachillerato de Raccoon era la mejor manera de invertir su tiempo por las mañanas. Su vida había mejorado mucho a partir de la separación de sus padres, que por supuesto a él le había costado mucho trabajo lograr; su madre estaba aferrada a ese sujeto que, cuando se ponía completamente borracho, sólo sabía insultarla y golpearla sin piedad. Cansado de esa situación, sacó a sus hermanas y a su madre de aquella pocilga y juntos se fueron a vivir a un modesto departamento en Raccoon City.
Pero tampoco era un muchacho de pasar el tiempo en familia, así que intentaba por todos los medios desaparecer un buen rato y no ver a su madre y a sus hermanas por horas; el mejor método había sido escabullirse al bachillerato de la misma ciudad; conoció a un buen tipo, Leon Kennedy, ese muchacho que le facilitaba la entrada al centro escolar era el único sujeto con quien había logrado entablar amistad. También gracias a él y a que le ayudaba a permanecer en las instancias escolares, había conocido a Rebecca, esa chica que hoy significaba lo más importante para él.
Dejó de pensar en todo eso; ahora mismo su amigo y su novia estaban en clase y era cuando él más se aburría. Afortunadamente tenía una buena forma de pasar el rato. Molestar a la consejera Svetlana le resultaba muy divertido. Esa mujer en sí era divertida; solía acercarse a ella y pedirle consejos en cuanto a cuestiones de índole sexual, siempre fingiendo seriedad en el asunto, por supuesto Belikova siempre le creía y trataba de aconsejarlo de la mejor manera. Esa profesora tenía algo contra el sexo, quizás una conducta obsesiva ante ello, pero no le importaba en tanto el tuviera una buena dosis de diversión; era una buena forma también de matar el tiempo si no entraba a clases.
Se acercó hasta la robusta asistente de Belikova y llamó su atención aclarando su garganta.
—¿Puedo…? —preguntó al tiempo que señalaba la puerta de la oficina de la consejera.
Por supuesto, la asistente sabía a qué se refería, no hacía falta que hiciera toda la pregunta. Resultaba ser un chico muy simpático y que le caía bien.
—Adelante, pasa —le sonrió y le otorgó el permiso. Seguro esa mujer ya estaba acostumbrada a verlo por ahí. Le devolvió el gesto y de inmediato se dirigió hasta aquella oficina.
Se acercó hasta la puerta y tomó la perilla, le giró lentamente y se asomó tratando de averiguar si no era mal momento para charlar con ella.
—Oh Billy…muchacho, no te quedes ahí, pasa. —Le pidió desde su escritorio señalando la silla que estaba justo enfrente de ella. Coen sonrió simpático y se acercó hasta lograr sentarse en aquella cómoda silla. La consejera ya conocía a aquel muchacho, sabía que no estudiaba ahí, pero no le importaba en lo absoluto verlo pasearse por la enorme escuela; no resultaba ser un delincuente que causara problemas desmedidos, sólo era un muchacho más, uno al que por cierto, comenzaba a cogerle cariño. — ¿Qué te trae por aquí, Billy? —cuestionó sonriente.
—Señorita Belikova, necesito de sus consejos. —Se fingió preocupado. — Yo sé que…yo sé que quizás resulto ser una completa molestia, pero es que sus palabras me han ayudado tanto que, no sé a quién más puedo dirigirme.
—Oh Billy. —Le miró angustiada. — No eres ninguna molestia, muchacho. Mejor dime, ¿Qué te pasa? — dejó de hacer todo lo que estaba haciendo por prestar atención a aquel joven frente a ella.
—Verá, ¿Recuerda que le comenté que sentía ansiedad al estar a solas con mi chica? —preguntó casi en susurró, quería parecer que realmente se sentía mal por aquel asunto que por supuesto estaba inventando. — Pues creo que aún no puedo contener esa ansiedad, aún no logro que aquello se levante — mencionó asustado al tiempo que llevaba sus ojos hasta su entre pierna.
La consejera una vez más le miró angustiada. Ese pobre chico estaba sufriendo en una etapa que resultaba ser muy importante para los jóvenes de su edad. Se levantó de su asiento ante la curiosa y confusa mirada del otro integrante.
—Billy, déjame ayudarte. —Se colocó detrás del asiento del muchacho y llevó ambas manos sobre los duros hombros de Coen. El chico dio un respingo ante la acción de esa vieja. — Tienes que relajarte, eso es la base de todo. — El chico tragó en seco y luego aclaró su garganta. A menos de que se estuviera volviendo loco, esa mujer estaba acariciándolo lentamente. Ahora sí comenzaba a sentirse terriblemente incómodo. La mujer pasaba sus huesudos dedos por sus hombros, incitándose ella misma a bajar un poco más; ya estaba casi tocando su gran y fuerte pecho. — Cuando estés con tu…chica, tienes que estar completamente sereno. — La mujer de origen ruso cerró sus ojos mientras intentaba calmar la tensión del muchacho. Recorrió con sus dedos todo el contorno de sus hombros para luego lentamente bajar sus manos hasta su duro pecho. Mentiría si dijera que no estaba deleitándose tocándolo.
—Uhm… —carraspeó y con un abrupto movimiento se puso de pie. — Señorita Belikova, tengo que irme, ¿sabe?...hace años que no veo a mi padre, creo que hoy en un buen día para visitarlo. — Se acercó hasta la puerta tratando de evadir la lujuriosa mirada de la rubia.
—Oh, bueno… te veré luego. —Contestó un tanto confusa.
—Espero que no —susurró para sí mismo y de inmediato salió de ahí.
Cualquiera que lo haya visto pensaría que estaba tratando de huir de aquella oficina, y siendo sinceros, no estarían tan equivocados con esa suposición. El divertido momento que quería pasar riéndose internamente de los consejos de Svetlana, se había arruinado por un de repente acoso por parte de la fémina. Jamás volvería a aquel sitio, al menos no por ahora que ella estaba con las hormonas a flor de piel.
En vista de que Leon Kennedy estaba actuando por su propia cuenta y no conseguía buenos logros con la Redfield, se veían obligados a interferir y echarle una mano para que el plan resultara exitoso, ahora el dilema no era qué excusa usarían para acercarse al chico rudo, el problema era la reacción que éste fuese a tomar al verlos nuevamente en su clase, al parecer odiaba ser interrumpido, sobretodo cuando estaba en el taller de reparaciones concretando sus tareas de manera concentrada.
Piers observó temeroso aquel salón, parecía ser habitado sólo por ex convictos, era oscuro y muy rustico para su gusto, se sentía perturbado y fuera de lugar. Jake esta vez ya no estaba asustado, pero tampoco quería arriesgarse a volver a ser atacado por un taladro en pleno uso.
Rebecca y Billy salieron tomados de la mano de aquella estancia, miraron a ambos jóvenes restándoles importancia, pero se extrañaron, ya que era inusual que ellos visitaran la sala de herramientas, el joven que no pertenecía a la escuela parecía estar pálido y traumado, su novia lo miraba preocupada. El pelirrojo y Nivans se miraron consternados convenciéndose de que eran los únicos normales en todo el colegio, lo cual de cierto modo era triste. Se quedaron parados en el marco de la puerta, debían entrar era el momento.
—Anda, ve —ordenó el hijo de Wesker.
El de los orbes color miel negó inmediatamente con un movimiento de manos, se rehusaba a entrar en ese sitio que podían golpearlo con tan sólo observar su absurda vestimenta.
—No, no, no… ve tú —objetó nervioso, intentó empujar a Jake pero no consiguió moverlo ni un centímetro.
—Yo fui la vez pasada, eres un jodido cobarde —expresó molesto, Piers descendió la vista, eso indicaba que no lo haría, liberó un refunfuño y caminó con precisión en dirección a Leon — maldición — susurró acabado, se detuvo cerca de él, escuchó unos pasos a sus espaldas, su amigo no le había abandonado, le agradeció la muestra de afecto con una mirada rápida, se armó de valor en esta ocasión no se dejaría espantar. — Sabemos lo que intentas con Claire Redfield — manifestó sin darle más vueltas al asunto, el rubio simplemente le escuchó, no les miró puesto que mantenía su atención fija en unos fierros que soldaba, por supuesto sin proteger sus ojos, típico actuar de un despreocupado como él.
—Entiendo —contestó luego de un momento, Piers y Jake se relajaron, sus vidas ya no estaban en riesgo, el joven se comportaba amable incluso les podría llegar a simpatizar. — ¿Qué planean hacer?, se los advierto, esa chica no es fácil.
—Pensamos en ayudarte —propuso el pelirrojo, Leon alzó una ceja, esos muchachitos si que eran impredecibles, jamás se esperó eso, la verdad era reconfortante recibir algo de apoyo.
—¿Y eso? —quiso saber un poco divertido, dejó por unos momentos de mirar las pequeñas piezas de metal que sostenía en sus manos.
—Lo que pasa es que mi amigo aquí presente —Nivans pasó su brazo sobre los hombros del muchacho de cabeza rapada. — Tiene un fuerte interés en Sherry Birkin la prima pequeña de Claire — explicó, el rubio frunció el ceño.
—¿Pero qué diablos tiene esa chica… pezones de sabores? —Ironizó. — O de seguro se sabe todas las posiciones del Kama sutra.
Jake se enfureció al escuchar la forma en que los demás chicos solían referirse a la custodiada por Chris, dio dos pasos con intenciones de dejarle en claro a ese delincuente que nadie hablaba mal de ella.
—Oye, idiota, ten más respeto cuando…
Piers lo frenó llevando una mano hasta su pecho, tratar así a Leon Kennedy no era un movimiento inteligente, aunque admitía que poseía grandes agallas para atreverse hacerlo, el hijo del empresario lanzó un bufido aceptando que estaba actuando erradamente. El encargado de la sala de audiovisuales llevó un dedo a sus labios y le indicó que se quedase en silencio.
—Yo…yo creo que no miento cuando digo que Jake es más noble y puro que el imbécil de Burnside. Es decir, él se merece más a la princesa, ¿Entiendes?
Leon se desplazó hasta detenerse en frente de otra mesa, posó los pedazos de metal en otra tabla y fijó sus orbes azules en ambos, quienes por supuesto le habían seguido los pasos.
—Me da igual a quien escoja esa niña, yo sólo quiero el dinero, ella puede dormir con quien quiera. —Le quitó la tapa a un lápiz y comenzó a trazar unas líneas sobre la madera. Nuevamente el comentario poco sutil de Leon desataba la furia de Jake Wesker Muller.
—Ella no va a dormir con un baboso como ese, deja de decir tanta mierda —replicó aireado, de nuevo Piers se vio obligado hacerle una seña para que permaneciera callado.
—Leon, te explicaré algo, nosotros preparamos todo esto para que Jake salga con Sherry, Steve no importa —el mencionado sonrió, definitivamente ese par de amigos se las traía y muy bien planeadas, por supuesto que era muchísimo más ameno trabajar junto a ellos que con el subnormal de Steve.
—Vaya, vaya… así que ustedes me ayudaran a domar a la fierecilla —comentó sonriente mientras los apuntaba a la cara con el lápiz que tenía en sus dedos.
—Desde luego.
—Haremos una investigación para saber qué es lo que le gusta —le informó el nerd del bachillerato, por segunda vez abrazó a su compañero y añadió. — Somos tus chicos en esto, puedes contar con nosotros para lo que gustes. — El joven de apellido Kennedy estaba demasiado divertido con ese perdedor entusiasta que tenía en frente, pocas veces conocía gente alegre y optimista como él, en el fondo comenzaba agradarle. Jake se sentía incómodo con la cercanía excesiva del castaño, se removió y rompió el abrazo.
—Está claro que él no habla de lo que pasa en las películas de prisión —le preocupaba que Leon mal interpretara lo de "ser sus chicos", debía aclararlo.
Una brillante idea se coló en los pensamientos de Piers, rápidamente sacó de su bolsillo trasero un llamativo papel de color amarillo.
—Debemos empezar este viernes. Alfred Ashford y su hermanita darán una fiesta, es la oportunidad de nuestras vidas, es perfecto.
—Sí… ¿Perfecto para qué? —inquirió.
—Para que lleves a Claire —aclaró con obviedad.
Leon les dedicó una risa ladeada, analizó el plan de Piers en silencio, no sería una mala oportunidad para demostrar que era capaz de conseguir que esa pelirroja saliera con él. Tomó el trozo de madera en el cual había estado trabajando.
—Lo pensaré —respondió alejándose.
Poco le importaba que ellos dudaran de su respuesta. Piers miró a Jake siniestramente, el de ojos grisáceos se estremeció al percibir esa mirada malvada sobre su persona. A veces Nivans era muy extraño.
—Además de hacer que Kennedy lleve a la loca de Claire a esa fiesta, yo podré concretar una venganza que anhelo desde muchísimo tiempo —explicó sonriendo, su amigo le miró sin entender. — Será una gran fiesta — declaró con malicia.
Jake guió sus pupilas a las letras de la hoja "fiesta, sólo estudiantes de elite", pasó por alto ese detalle, más adelante le preguntaría a Piers por qué razones se estaba vengando.
Pasado un par de horas, el joven de orbes color miel le explicó a su amigo que hace un tiempo él era muy cercano con los hermanos Ashford, hijos de otro empresario destacable de la ciudad, solían ser despectivos con todo el mundo y Piers no sería la excepción, como tal, le jugaron una broma diciéndole a media escuela que en su casa se llevaría a cabo una fiesta brutal, los alumnos llegaron a su hogar en manadas y destrozaron todo a su paso, sus padres aún seguían pagando los reparos en la vivienda, además Alfred difundió el rumor de que Nivans sólo compraba su vestimenta en liquidaciones.
Miraron las amplias copias de los carteles de la fiesta que sostenían en sus manos, se habían ubicado estratégicamente en el último piso de la escuela para aventar desde allí todos los papeles, era tradición informar de esa manera al alumnado, al menos en casos de actividades recreativas y eventos extraprogramáticos, les daba igual eso, ellos lo utilizarían para difundir la realización de la fiesta.
Jake volvió a leer el contenido del mensaje en las hojas." Fiesta, para todos y con cerveza gratis", sonrió, Piers era un genio.
—¿Estás listo? —Jake asintió netamente seguro, sin titubeos, lanzaron libremente todas las copias, la población estudiantil no tardó en notarlo y no dudaron en levantar sus manos para tomar un folleto y saber de qué se trataba todo eso.
—Esto es importante —inició Steve nervioso, para él era de suma relevancia conocer la opinión de Sherry, inhaló un poco de aire y sacó de su espalda dos fotografías que mantenía ocultas; en las cuales salía su imagen posando para una marca de camisetas, las puso delante de ella expectante. — ¿En cuál luzco mejor?
La rubia analizó las fotos sin saber muy bien qué decir, cuando el pelirrojo le dijo que se reunieran en el pasillo principal de la escuela pensó que iba hablarle de otra cosa, pero si para él era importante tocar aquel tópico de su carrera como modelo, lo ayudaría sin pensarlo.
Juntó ambas cejas formando un gesto pensativo, en las imágenes prácticamente se veía igual, lo único que variaba era el color de la prenda que estaban promocionando. No muy convencida continuó viéndolas sin hallar una diferencia realmente notoria.
—Mmm...… creo que te ves mejor con la camiseta blanca —respondió dudosa, el chico tomó la foto a la cual ella había hecho alusión, la contempló narcisistamente.
—Sí, estoy más…
—¿Pensativo? —le sugirió, quería creer que Steve no era un simple hombre superficial como Claire solía decirle.
—Iba a decir maduro —corrigió un tanto incómodo, la de orbes azules tragó saliva, tal vez ese no había sido el comentario más acertado. Se miraron unos segundos. — ¿Irás a la fiesta en casa de los Ashford? — averiguó cambiando el tema.
—Si, voy a ir —contestó.
Lo cierto era que no estaba segura, probablemente Claire no iría y Chris no la dejaría salir, se maldijo por vivir en una especie de dictadura, no importaba, esta vez no permitiría que sus primos la humillaran y no estaba dispuesta a perderse la oportunidad de salir con el muchacho más guapo y popular de todo el bachillerato. Burnside sonrió complacido al saber que la vería ese día.
—Yo solo pienso ir para verte ahí —susurró viéndola fijamente, la rubia se sonrojó al percibir el contacto de la mano se Steve sobre su brazo, la acarició gentilmente, pero el sonido del timbre se encargó de interrumpir el mágico momento. — Bien, te veré ahí. — Ella asintió regalándole una tierna sonrisa, ese chico la hacía estremecer, realmente le gustaba.
—Tenlo por seguro.
Comenzó a caminar con destino a su aula de clases, pero no pudo evitar voltearse para mirar al pelirrojo, no quería alejarse de él, éste le dedicó un gesto respetuoso y la vio marcharse definitivamente, en cuanto comenzó a perderla de vista abrió su casillero y estudió su semblante en el espejo que mantenía adherido a la pequeña puerta metálica, peinó su cabello pensando en lo maravilloso que sería tener a la virginal Sherry en su cama.
La oportunidad perfecta para salir con Sherry Birkin al fin se había presentado. Lo mejor de todo es que ahora le quedaba claro que Piers no era tan nerd como creía; él sólo había ideado aquel plan que ahora le serviría como la vía más rápida para intentar acercarse aún más a la rubia. El encargado de audiovisuales tenía cuentas pendientes con el gemelo de Alexia Ashford, pues él era el que se había encargado de esparcir el rumor de que compraba su ropa en ofertas.
—¿Escuchaste que los Ashford darán una fiesta el viernes? —la tomó de la mano para ayudarle a bajar por aquellas grandes rocas.
Juntos habían salido a dar un paseo, por supuesto con la excusa de que tenían que ponerse al corriente con el francés, pero había resultado para que Chris dejara a Sherry salir un par de horas. La rubia no se imaginaba las verdaderas intenciones de Jake, ella sólo creía que el hijo de Albert Wesker quería ayudarla con las reglas impuestas por Chris, por supuesto eso le venía bien a ella, y por eso es que aceptaba salir con él.
—Sí me enteré, y me muero de ganas por ir. —Suspiró — probablemente no vaya, todo depende de Claire.
—Sí, lo sé, estoy en eso…pero ella no ha querido salir con mi candidato. —Expuso tratando de no sonar demasiado pesimista; él haría todo lo posible por conseguir que Leon saliera con Claire. Algo debía andar mal con esa chica, simplemente resultaba imposible tratar con ella. — ¿Qué ella no es de tendencias…?
—¿Qué si prefiere a las chicas? —inquirió divertida. — No lo creo. Encontré una foto de Jared Leto en su cajón y estoy segura que no es de esa clase de tendencias — explicó aún con ese ápice de diversión.
—Entonces asumiremos que le gustan los chicos…bonitos por así decirlo —sugirió estando sumamente interesado en el tema.
La verdad es que se moría de ganas por salir con esa hermosa chica y tenía que tomarse el trabajo muy en serio. Se paseó un poco por aquel lugar en tanto una de sus manos rozaba su barbilla, tenía que pensar en algo mejor.
—No lo sé. —Se encogió de hombros. — Alguna vez escuché que le dijo a Chris que detestaba a los chicos fumadores.
—Perfecto, mi candidato no fuma. ¿Qué más? —estaba realmente interesado.
Necesitaba de esos consejos para hacérselos saber a Leon y que a este le sirvieran en su labor de conquistarla. Ahora al menos sabía que tenía que quitarle el vicio del tabaco aunque sea por un tiempo.
—¿Estás pidiéndome que me sumerja en su retorcida mente para saber lo que ella prefiere? —Cuestionó casi indignada. — La verdad no quiero hacer eso.
Jamás haría tal cosa, meterse con las cosas de Claire no sólo le traerían problemas con ella, sino que además su integridad física y mental quedaría traumada de por vida al saber todo lo que su pelirroja prima deseaba.
—Es que nada ha funcionado hasta ahora. ¡Debemos ir a la mente del enemigo! —sugirió decidido.
Sherry lo miró igual de interesada, quizás este chico no tenía tan malas ideas; si lograban saber lo que Claire prefería sería más fácil conseguirle un muchacho que estuviera dispuesto a salir con ella.
Sherry aprovechó esa misma instancia para husmear el cuarto de la pelirroja, Chris estaba trabajando y Claire había salido con su amiga Jill, además así podría introducir a Jake en su casa sin mayores problemas. El chico estaba emocionado, le costaba trabajo ocultarlo, estaría a solas con aquella rubia preciosa y conocería las dependencias de su hogar, se sorprendía del gran avance que había logrado con ella en menos de dos semanas y todo gracias a su buen amigo Piers Nivans.
Rápidamente se dirigieron a la habitación de la Redfield menor, era un cuarto grande, algo desordenado, pero espacioso… las paredes estaban pintadas de un color azul oscuro y permanecían repletas de fotografías de sus máximos ídolos, que abarcaban desde un filósofo controversial como Nietzsche hasta personajes femeninos famosos o influyentes, cantantes, algunas bandas de rock y otras féminas, incluida la heroína Wonder Woman, al parecer era una feminista por excelencia. La frase "Let me live" estaba escrita en la muralla repetidas veces al igual que "Made in heaven". Jake sólo enarcó una ceja esa chica Redfield sí que era peculiar.
Siguió con su mirada a la rubiecita que exploraba con sumo detalle el tétrico cuarto de su prima mayor, Sherry vestía unos cómodos pantalones blancos que se acomodaban perfectamente a su figura, especialmente a sus caderas, se veía demasiado bella, más que de costumbre… su única opción frente a eso era fingir que no le afectaba y actuar normal, pero le estaba costando apartar sus ojos del escultural cuerpo femenino. La jovencita se dirigió a la mesita de noche de la pelirroja y sacó algunas cosas.
—Bien, aquí está —le entregó velozmente los objetos que había extraído del mueble velador de Claire, él sencillamente los recibió uno a uno. — Es su horario, su agenda íntima y dos entradas a un show musical en el club ratón. — Aclaró, Jake asintió. Caminó hasta detenerse en otro mueble con varios cajones, abrió el primero de ellos y sonrió con picardía. — Lo sabía — sacó una prenda femenina. — ¡Pantys negras! — explicó alzando una ceja, el hijo de Albert Wesker no entendía a qué se refería con ese detalle insignificante.
—¿Y eso qué nos dice? —preguntó intrigado.
—Obviamente que espera tener sexo algún día —argumentó convencida, Jake frunció el ceño confundido, las mujeres y sus códigos eran todo un dilema.
—Oye, tal vez sólo la compró porque… no sé, quizás le agradó el color. —Sherry negó con la cabeza, ese jovencito era muy inocente.
—No compras ropa negra si no quieres que un hombre la vea —refutó, de inmediato .
Se plasmó una sonrisa en la cara del pelirrojo, escucharla decir eso despertaba todos sus deseos por querer conocer qué tanto sabía ella de eso. Bajó su mirada a las pertenencias de Claire que sostenía en sus manos, no supo de dónde ni cómo, pero tuvo el valor para insinuarle a la chica que quería indagar más acerca de su intimidad.
—¿Puedo ver tu cuarto? —lanzó sin pensárselo mucho.
Sherry no se esperaba semejante atrevimiento, aunque mentiría si dijera que ese muchachito que tenía en frente no estaba consiguiendo hacerla sonrojar. Percibió el calor acomodarse en sus mejillas, eso no debía suceder, sólo era un tipo normal, no debía provocarle ese efecto. Jake notó su incomodidad así que únicamente se limitó a observarla, tal vez había cometido un error.
—No, no puedes —respondió, se movió nerviosa, ajustó un mechón de cabello tras su oreja, el chico asintió avergonzado y un poco desilusionado. — Una alcoba es muy personal — añadió.
Luego de obtener información importante sobre Claire Redfield, era primordial hacerle llegar los resultados de aquella averiguación a Leon. Sabían en dónde encontrarlo, lo que no le agradaba demasiado a Piers es que el único lugar seguro en donde lo hallarían se trataba de un bar de mala muerte, él jamás había acudido a sitios como esos, en donde su moralidad podía llegar a los suelos sólo de intentar relacionarse con los que frecuentaban esos sitios. Pero eso no importaba, al menos no por ahora que tenía un amigo y necesitaba de su ayuda.
Tanto Jake como él se dirigieron a aquel sitio que resultaba ser de la preferencia de Kennedy. El hijo del famoso empresario no tenía un auto de su propiedad, y su padre muy difícilmente le prestaba el suyo, así que Piers tuvo que ofrecer su motocicleta para llegar al bar. Imaginó que la idea de ir en aquel transporte no sería tan mala, después de todo, muchos de los que iban a esos bares solían acudir en vehículos similares, quizás hasta le diera un aire de pandillero llegando de esa manera.
Arribaron al lugar, y como lo había supuesto, un montón de motocicletas se enfilaban delante del sitio público. Buscó un lugar perfecto para estacionarse, pero el único sitio disponible estaba entre dos grandulones que disponían a irse de ahí; no prestó atención a aquello, simplemente se acercó y se metió entre aquellas dos motocicletas.
—¡Linda moto! —expresó uno de los grandotes con sarcasmo.
La motocicleta de ese pobre chico debía tener ese trastorno múltiple de la personalidad, pues simplemente era una bicicleta con el típico canastito al frente tratando de fingirse una motocicleta con un débil motor.
—Oh, muchas gracias —agradeció sonriente mientras Jake rodaba los ojos, por supuesto había creído el irónico comentario del grandote. Los otros dos tipos ya no dijeron nada y sencillamente se marcharon de ahí.
Ambos se adentraron al lugar y observan todo con curiosidad, en especial Piers que jamás había pisado un sitio como aquel; Jake simplemente había perdido la costumbre, en su antigua escuela y con sus antiguos compañeros solían ir de vez en cuando a algún bar a despejarse un poco. Los tipos que se encontraban dentro del bar los miraban divertidos, esos chicos parecían perdidos.
Todos en ese bar/billar estaban llenos de tatuajes y sostenían en la mano un vaso con bebida de dudosa procedencia. Piers se sentía realmente intimidado, y aunque a causa de la inmensa nube de tabaco que albergaba el lugar no podía enfocar muy bien, no podía dejar de prestar atención a todo lo que iba encontrando con cada paso que daba.
Jake por su parte caminaba como si nada, él sabía cómo eran los sujetos que rondaban por ahí, así que trató de ignorar ese hecho acercándose hasta una de las barras que tenía encima un frasco con pequeños dulces libres para ser tomados.
—Vaya, hace mucho que no acudía a un bar —comentó al tiempo que tomaba un pequeño dulce de aquel contenedor.
—¡No toques nada! —el de orbes color miel le advirtió molesto dándole un manotazo para que soltara ese dulce. — Te podría dar hepatitis — se tranquilizó un poco.
Jake rodó los ojos por segunda vez antes el gesto exagerado de su amigo, pero era tarde para reclamarle, el castaño ya había comenzado a caminar con dirección a Leon.
El "delincuente" estaba en una de las mesas de billar tratando de ejecutar un exitoso movimiento. El par de chicos no perdió tiempo y emprendieron marcha hacia él. En el camino y en la mesa de billar conjunta en la que estaba jugando Leon, otro par de chicos se disponía de jugar un poco, Piers se vio tentado a tomar la bola negra que estaba cerca de aquel hoyo situado en la esquina, le pareció interesante aquel juguete y lo tomó de la mesa sin percatarse de que había arruinado el juego de ese par de chicos. Soltó la bola casi de inmediato, no resultaba ser un artefacto realmente interesante; sin más se dirigió hasta quedar en la mesa en la que estaba el chico al que todos le temían en el bachillerato.
—¿Qué hacen aquí? —preguntó el rubio en cuanto se dio cuenta de que tenía a ese gracioso par delante de él. Tenía el palo de billar en la mano y les miraba atentamente; jamás habría creído que Piers se atrevería a ir a un bar.
—Se trata de una chica complicada, anormal y rara.
Jake fue directo al grano, tampoco le interesaba mucho divagar en el asunto, y estaba consciente de que eso le daría una buena imagen ante ese rubio, así quizás Leon pensaría dos veces antes de meterse con él o con la rubia.
Kennedy les miró interesado y luego llevó la cerveza contenido en su vaso hasta su boca. Notó de inmediato como Piers lo miraba realmente asombrado, era como si estuviera viendo algún tipo de fenómeno.
—Quizás no deberías beber alcohol si no tienes hígado —comentó asustado recordando lo que se decía de ese chico en el bachillerato; según los rumores, se decía que él había vendido su hígado por unos cuantos centavos.
—¿Qué? —preguntó el aludido con suma confusión. Tanto Jake como Leon miraron confusos al castaño por tan extraño comentario.
—Nada, nada —restó importancia al asunto un tanto nervioso, no quería que Leon se fuera a molestar y lo sacara de allí a patadas.
Los otros dos dejaron de prestar atención al encargado de audiovisuales, quien cuando se lo proponía, podía llegar a realmente ser raro. Leon ya imaginaba que se trataba de unos de los estúpidos rumores que cargaba su imagen, pero no quería darle mayor importancia a aquello, así que sólo levantó su mano y ahora fue el turno del cigarrillo de viajar hasta su boca. Un chico rudo por cualquier lado que se le mirara, en la mano derecha sostenía el vaso con cerveza, y en la otra tenía su cigarro. Jake al percatarse de esa acción, recordó lo que Sherry le había dicho de los chicos fumadores.
—Escucha, supe que Claire odia a los fumadores. —Habló seguro de sí mismo en tanto señalaba aquel papel con tabaco dentro que estaba entre los labios de Leon.
El rubio le miró extrañado y lentamente sacó el cigarrillo de su boca; ese fue el momento preciso para que Jake le quitara eso de la mano y lo dejara caer sin cuidado al suelo.
—¿Están diciéndome que no…debo... fumar? —inquirió un tanto preocupado, eso sí que le asustaba un poco.
—Sí…bueno, sólo por ahora —asintió de inmediato Piers, el chico lucía un poco molesto, y tampoco se trataba de arrebatarle su vicio, eso tendría que hacerlo él no ellos.
—Un problema más, Sherry me dijo que a Claire le gustan los tipos…lindos —intervino nuevamente Jake.
El hijo del empresario pensó que aquella condición sería difícil para Leon puesto que se muchacho llevaba en la sangre el hecho de ser rudo.
Leon miró a Jake un tanto ofendido, en seguida dirigió su mirada al otro chico y le miró de la misma forma. Jake y Piers se sintieron un tanto intimidados por la agresiva mirada del delincuente; nada se había dicho aún, pero sus ojos seguían conectándose en un tormentoso silencio. Sin más, Leon se irguió por completo y se plantó delante de ellos aun con ese gesto defensivo en la cara.
—¿Están diciendo que no soy un tipo lindo?
La verdad estaba divertido con aquella platica; los chicos lucían realmente asustados ante la postura que había tomado y eso engrandaba su ego. No le mostraría a esos chicos lo realmente divertido que estaba con todo eso, dejaría el placer sólo para él.
—No, no…él es muy bonito —rápidamente Piers le respondió a Jake para que a este último le quedara claro esa virtud del muchacho rubio. Obviamente no lo pensaba, pero en ese momento estaba más asustado por la reacción de Leon, así que no había tenido otra opción. A Jake no le quedó de otra más que asentir ante lo que decía su amigo. — Tú sí eres lindo — volvió a resaltar aquella cualidad.
Leon hizo el gesto de tranquilizarse regresando a su anterior postura; aún seguía divertido, pero seguía fingiendo perfectamente su pose de muchacho rudo. Les dedicó una mirada más tranquila pero que aún conllevaba advertencia, y volvió a beber de su vaso.
—Escucha. — Jake también adquirió una postura defensiva y trató de ya no desviarse del tema. — Aquí están algunos de los gustos de Claire…— Sacó de su bolsillo una pequeña agenda negra y la abrió para leer lo que estaba en su interior. —… La prosa feminista, la comida tailandesa, y la iracunda música de algunas rockeras muy pesadas. — Leon le escuchaba atentamente, esa información era importante si quería avanzar con la fiera. — Ten, aquí están algunos de sus discos — le extendió un par de discos sacados de la colección de la mismísima Redfield.
—Esperan que me siente a ver y escuchar vídeos de chicas que ni siquiera saben cantar, ¿No es así? —cuestionó divertido; eso estaba fuera de sus planes, aquella música no era tanto de su agrado.
—¿Nunca has ido al club ratón? —inquirió Piers interesado. Si no quería ver los vídeos, quizás podría verlos en vivo.
—Su banda favorita toca mañana y ella ya tiene entradas —intervino Jake de inmediato para convencerlo.
Leon se puso un tanto nervioso y eso no pasó desapercibido para el par de muchachos aventurados.
—No…no puedo ir a club ratón...es…—contestó con una sonrisa nerviosa. Jake y Piers lo miraron extrañados por su de repente reacción.
—Pero ella va a ir. Tiene entradas. —Jake volvió a utilizar el mismo argumento, ese muchacho no podía dejar pasar esa oportunidad.
—Tortura a tu oído por una noche —interfirió Piers seguro de sí mismo, cosa que sorprendió un poco a Jake. El rubio volvió a mirarlo y sabiendo que no tenía otra alternativa, desvió la mirada y asintió desganado.
—Por cierto, ella usa ropa interior negra —mencionó el hijo del empresario, quizás eso lo motivara un poco a continuar con el plan. — Digo…por si te interesa. — Por supuesto que le había interesado, de pronto había prestado toda su atención a aquel comentario.
—Casi nada, eh —ironizó el castaño de orbes color miel al tiempo que le daba unos golpecitos en el brazo en gesto de camaradería.
Leon no negaría que eso resultaba ser un dato importante e interesante, jamás le había importado, pero estos chicos obtenían buen material de sus investigaciones.
No tendría de otra más que acudir a ese maldito club. Todo ese plan de conquistar a Claire estaba resultando sumamente interesante.
Holaaa (Vidian & Ary)
Gracias por leernos, esperamos les haya gustado este cap, en el próximo habrá valenfield (no lo hemos olvidado). Esperamos sus lindas opiniones como siempre. Saludos los queremos!
Anamariaeugenia: ¡Hola! Agradecemos muchísimo que leas este fic y nos alegra mucho que te guste. Agradecemos por supuesto tus reviews y no te preocupes, que lo de Claire y Leon se dará, no sabemos cuándo, pero se dará. ¡Gracias!
M. Bidden: ¡Hola! Oye, muchísimas gracias por el apoyo que le has brindado a este fic; no esperábamos que gustara tanto. Bueno en fin: muchísimas gracias por leer y por esos siempre esplendidos reviews. Por supuesto habrá más de Piers y Carla, así que esperarlo.
Yuna-Tidus-Love: ¡Hola! Agradecemos mucho tu review, y sobre todo que leas este fic. No esperábamos todos estos lindos comentarios. Seguiremos dando lo mejor de nosotras para seguirlos entreteniendo. ¡Habrá más de Chris y la consejera!
SorayaMendez: ¡Hola! Nos alegra que te guste el fic, y por supuesto te agradecemos muchísimo tu review. Gracias de verdad, esperamos seguir contando con tu apoyo.
Clauu: ¡Hola, hola! Nosotras también amamos a Leon. Muchísimas gracias por leer y por dejarnos esos maravillosos reviews; nos alegra que les divierta este fic. ¡Abrazos de osos panda de vuelta para ti!
Renila: ¡Hola! Eres nueva, ¡Bienvenida! Muchísimas gracias por pasarte por nuestro fic, y no te preocupes, que por supuesto el JakexSherry llegará. Ha sido casualidad y te ha encantado, eso nos hace muy feliz. Muchísimas gracias por leernos y por dejarnos ese fantástico review, esperamos seguir contando con tu apoyo.
Mire2006: ¡Nuestra mami tan linda!, nos has hecho una imagen hermosa y aparte nos has dejado tu fiel y motivante comentario lo agradecemos mucho, siempre nos subes el animo, ¡te queremos mucho!
Pamela: Nos alegra que te haya gustado y lo agradecemos mucho, en serio gracias por las palabras y por comentar ñ_ñ Svetlana es la pesadilla de muchos, te lo aseguramos xD
Feliz Ramos: Gracias por comentar :) ya se irá viendo el avance valenfield, pase lo que pase entre ellos, esperamos sea de tu agrado :D
LadyKya0: Primero que nada, agradecemos que le hayas dado una oportunidad a nuestro fic y más aún por haber comentado y porque en cierto modo te la hayas pasado bien leyendo, en serio gracias. Ahora, sin afán de hacer controversia o algo por el estilo, pero aprovecharemos tu review para aclarar algunos puntos. Si te respondemos lo de la canción sería un spoiler nivel Dios xD sólo te podemos decir que puede ser…y no puede ser…No sé si leíste las notas que hicimos en el primer cap, allí aclaramos que la trama sería basada en la fierecilla domada y la película (aquello implica, sucesos y personalidad de los personajes), nunca hemos caído en lo OoC debido a que el actuar de los personajes es fiel a los de la historia que aquí estamos haciendo( entiéndase, adaptados de la película), por eso dijimos que aquí no habría zombis ni nada muy relacionado con lo que en sí es RE, lo único de CAPCOM en esto es el uso de los nombres y las características físicas de los personajes que escogimos, por algo es un UA. No nos ofendemos, pero nos dio un poco de gracia esta parte xD, ojalá contáramos con una replica del libreto, nos ahorraríamos mucho trabajo xD, pues nada de eso, los diálogos y la narración está hecha por nosotras mismas, hay uso de frases fieles al doblaje, no lo negamos, pero gran parte del fic han sido creación nuestra, así que no creemos que el fic sea idéntico a la película, y en las mismas notas, aclaramos que cambiaríamos cosas, tranquila… apenas llevamos tres capítulos :P Gracias por la suerte, esperamos haber aclarado todo ñ_ñ
Catching RE: Gracias por comentar, nos sonrojas, tus comentarios son fascinantes jajajajaj. Piers es un ñoño, pero es un personaje clave en la trama y a nosotras nos encanta :). Saludos!
Sarah Hudson: Linda! Gracias tu review es altamente motivante, nosotras también amamos a Piers y a Leon. Cariños para ti.
"¡Felices fiestas!"
