"La tercera Ley de Newton y el perdido ambientador de pino".

Esto es canon. Que las cosas no tengan sentido es canon. Así que esto es canon.

Falacias, falacias...

1.932 words, todavía K+, todavía pseudo Stiles&Derek? (= ¿eso existe?)

Nada de spoilers.

Derek POV otra vez.

Enjoy? ^^


"No me puedo creer que nos hayan echado".

Y no puede creérselo de verdad, que le hayan echado de un centro comercial por primera vez, casi a patadas, como a un perro, como alguien se encargó de anunciar, y todo por culpa de esealguien. Ese escurridizo, sarcástico, hiperactivo, absurdamente inteligente peligro andante. Ese... Stiles.

Porque Stileslo resume todo a la perfección.

Aunque él también tenga parte de culpa, por dejarse llevar y echar a correr como un idiota tras ver esa mirada tensa y sentir como la vibrante sed de venganza infantil en el tono de voz del crío intentaba congelarle la sangre.

¿Puede ser más estúpido?

Stiles trata de recuperar el aliento, con las manos apoyadas en la puerta de su Jeep y la cabeza tan gacha que parece colgar de sus hombros como si fuese un muñeco de trapo.

A veces se le olvida lo frágil que es en realidad.

Pero él ríe, entre dientes, casi más un suspiro ahogado que el bufido que probablemente tenía en mente, todo sarcasmo y falsa irritabilidad. La camiseta mojada se le pega a la piel y casi puede sentir los escalofríos que le recorren de arriba a abajo con cada golpe de viento.

Desde el otro lado del coche y todavía demasiado cerca.

"Tío, yo... no me puedo creer...", habla con dificultad cuando levanta la vista para fijarla en los ojos de Derek, hasta entonces concentrados en el subir y bajar entre temblores de su espalda, "que gruñeras al segurata cuando me atrapó".

Sí. Lo recordará eternamente. Seguro. Como le cogió del brazo cuando ya habían caído, Stiles tendido boca abajo sobre él en la fuente central de la planta baja, ambos empapados como tras una tormenta, enredadas sus piernas de una forma imposible y con Stiles riendo como el idiota que es.

Recordará eternamente como se sintió amenazado por aquel hombre cuando escuchó esos intermitentes quejidos de dolor entre sus carcajadas y como el corazón del chico se saltaba latidos aquí y allá, confundiéndole y casi obligándole a sacar los colmillos en público.

Debería avergonzarse. Está seguro de ello.

"Aunque yo te atrapé primero, lo-bez-no".

Derek bufa. Por supuesto que bufa. Y es entonces cuando Stiles rompe a reír, de esa forma que es tan despreocupada, tan rebelde y tan Stiles, que no puede evitar sonreír también, sintiendo esa absurda presión en su estómago como si de verdad estuviese intentando dejarse llevar otra vez.

Pero no puede, no puede hacerlo. No puede permitirse más familiaridad, ni cercanía, ni estúpida normalidad. No con él, el humano, el constante accidente esperando ocurrir. Porque es como una bomba de relojería y Derek no está seguro de saber qué cable deberá cortar cuando la explosión sea ya inminente.

Explosión e inminente se le antojan demasiado apetecibles en ese momento de todas formas y no tiene claro si quiere seguir pensando en ello.

"Deberíamos volver", dice, interrumpiendo toda línea de pensamientos y la risa de Stiles y el avance de cualquier amenaza demasiado cercana para evitarla antes de que empiece a caer sobre él. "Si llegas tarde a tu fiesta tendré que aguantar los lloriqueos de Scott durante una semana".

Stiles sonríe, sin dejar de mirarle, todavía con los vestigios de sus sonoras carcajadas moldeando su expresión facial y corporal, e incluso su estúpido olor. Y sonríe y sonríe y sonríe. Y le mira... y le mira y le mira. Y ladea la cabeza un poquito cuando arquea las cejas y su sonrisa se vuelve más rebelde y más segundas intenciones que lógica palpable.

Y ojalá siguiese siendo un puzzle para él, ese rompecabezas de cinco mil piezas sin lugar real en el plano, esa encrucijada imposible. Pero no. Porque Derek tiene las llaves del Jeep todavía en el bolsillo de sus vaqueros mojados y tiene, tiene, que bufar cuando se las lanza por encima del capó porque no tiene otra opción.

Stiles está dentro antes de empezar a reír de nuevo y Derek está gruñendo junto a la puerta del copiloto antes de que Stiles sugiera que debería sacudirse fuera de su preciado Jeep.

"No vas a salpicarlo todo, perro malo", ríe, deshaciéndose de su camiseta y tirándola sobre su mochila en el asiento de atrás.

Derek se inclina y le mira a través de la ventana, su tensa sonrisa una promesa demasiado explícita, y Stiles hace ese ruidito que está seguro de ser capaz de esconder, ese tenue cacareo que no es una risa, ni tampoco un grito de pánico, ni nada que pueda situarse en el medio. Es todo lo demás, porque Stiles siempre es todo lo demás.

Pero el maldito crío siempre tiene el coraje necesario para sostenerle la mirada y desafiarlo a pesar de que puede oler el áspero aroma del miedo rasgarle las fosas nasales como las garras que nunca tendrá, y cuando Derek sacude la manilla esperando enfatizar su impaciencia, la puerta se abre y no es capaz de recordar en qué momento le quitó el seguro, pero necesita dormir más. Tiene que ser eso.

Se desliza sobre el asiento cuando él se está enfundando la sudadera. Ninguno dice nada y Stiles arranca el coche antes de contener el siguiente chiste sobre perros en la larga lista que empezó con aquel "para ser el mejor amigo del hombre, eres bastante borde con los humanos". Esa mueca en su rostro dice a gritos que necesita hacerlo, decirle que huele a perro mojado, que luego lo sacará a pasear, que oler culos ajenos es grosero. Lo que sea, pero hacerlo ya.

Y aún así se contiene, se censura, y no cree que nadie entienda realmente cuánto puede llegar a costarle mantener la boca cerrada.

Ser Stiles tiene que ser jodido.

Derek se pasa una mano por el rostro y suspira con fuerza, una, dos veces, demasiadas en el silencioso camino de vuelta. Las malas ideas se acumulan en su vida, los desastres se amontonan y todo, todo, pesa demasiado para ignorarlo.

Stiles se mueve inquieto tras el volante.

"¿A qué hora es la fiesta?", pregunta, la misma inquietud en su voz.

"Sorpresa", aclara Derek.

Stiles gruñe y no puede parecerle mono, porque no, porque es demasiado ridículo incluso para la broma pesada en que se ha convertido su vida.

"¿A qué hora es mi fiesta sorpresa, oh, gran Macho Alpha de Beacon Hills?".

"No me llames así".

"¿Prefieres los chistes sobre perros? Porque, tío, tengo más. Siempre tengo más".

Entonces es Derek quien gruñe y no, de ninguna manera, bajo ningún concepto, puede parecerle monala forma en que Stiles se ríe. Sólo pensar en ese adjetivo le obliga a gruñir de nuevo. Es irritante. Es... Coge aire. Demasiado irritante. Pero...

"A las seis".

"Son menos diez", dice Stiles, como si él no pudiese ver los números brillando sobre el salpicadero. "Llegamos tarde. Voy a llegar tarde. Llegaré tarde a mi propia fiesta no sorpresa de cumpleaños. Geniaaaal".

Derek se acomoda en el asiento de forma en que su espalda casi reposa contra la puerta y puede verle sin necesidad de volverse hacia él.

"Alguien quería un batido", le recuerda, de repente más relajado de lo que esperaría jamás. Tiene la cabeza apoyada contra la ventanilla y cada desnivel en la carretera le hace golpearla, pero no le importa. De repente no le importa.

"Y alguien no pudo tomarse subatido".

"Lo recuerdo".

Stiles se gira sobre su asiento, olvidando por un instante que está conduciendo, que se supone que debe prestar atención a la carretera y que su indignada máscara no tiene ni el más mínimo efecto sobre Derek.

Porque de pronto es divertido sacar de quicio a Stiles y, qué demonios, el batido estaba mucho más rico que su asqueroso helado multicolor.

"Esa... cosa que hay en tu cara, esa... sonrisa, absurdo, lo que sea, da-miedo".

Derek se acomoda de nuevo, cerrando los ojos y cruzando los brazos sobre su estómago. Huele a humedad y a peces, a algas, a pino y a papel y a carboncillo, a tierra y a gasolina, pero, por debajo de todo ello, se esconde ese liviano sabor metálico que es Stiles y su corazón latiendo despacio, pero deprisa, ese olor a vida que juega entre sus dedos como plumas a punto de escapar con la primera ráfaga de aire, ese pitido en la parte de atrás de su cabeza que le grita que quema, que el fuego siempre quema y que no se puede domesticar al viento.

Pero no le importa. Porque todo importa, siempre, y está cansado.

"¿Le echan canela a los batidos en esa heladería?", murmura y ese repentino latido mucho más fuerte que los demás le dice que la pregunta le ha cogido por sorpresa.

"¿Qué? No s-. Sssí, bueno, si se lo pides sí, porque, admitámoslo, le queda perfect-OH, JO-DER. Sé lo que estás haciendo, sucio perro retorcido cabrón sin corazón".

Derek ríe, apenas durante un instante, pero toda la mierda pesa menos y abre los ojos. Porque puede abrirlos.

"Eres increíble", gruñe Stiles, su mirada dividida entre la carretera y la sonrisa que no desaparece de los labios de Derek.

"Lo sé".

Stiles abre la boca para quejarse, frunce el ceño y deja escapar el aire de sus pulmones en una pequeña risa cansada.

"Touché".

Vuelve a moverse incómodo y esta vez Derek se da cuenta de que tiene que ser por sus pantalones, porque están mojados, fríos y mojados y tienen que pesar tanto como los suyos.

"Todavía no me puedo creer que nos echaran", murmura, más para sí mismo que para Stiles, porque, de verdad, todavía no se lo cree.

"Yap", sus dedos tamborilean sobre el volante. "Pero teníamos la persecución bajo control hasta que decidiste bajar otra planta".

"Había demasiada gente comprando".

"Oh, ¿y tu personalidad hostil antisocial no podía soportarlo?".

"No quería hacer daño a nadie si te pasabas de la raya y tenía que sacarte los colmillos".

"Precioso".

"Culpa tuya por seguirme".

"Si no quisieras que te siguiera, no me darías siempre la espalda".

Derek le mira entonces, le mira de verdad. El coche se ha detenido frente al porche de su casa y Stiles está casi fuera del Jeep a pesar de que ni siquiera ha abierto la puerta. Sus ojos parecen cansados, su sonrisa una sombra demasiado fina y sus hombros caen a ambos lados de su cuello en el signo universal de la derrota.

El pitido en su cabeza no se ha ido, pero el olor a tierra, a libros, los restos del accidente en la fuente y del ambientador de pino perdido se han desvanecido. Todo lo que queda es Stiles, ligero como plumas en su paladar y cálido como siempre debe serlo la vida, real y palpable pero tan volátil como el aire que intentas atrapar en tus manos. Ese aroma que lo lleva hasta las nubes sin librarle de la solidez del suelo bajo sus pies.

Pero lo peligroso es el silencio que repta por encima de todo ello y que se deja envolver por el frío de la decepción. Porque Stiles no ha utilizado palabras, pero ya le ha preguntado si va a entrar, si va a quedarse, y ya ha entendido la respuesta.

Y antes de llegar a la puerta de su casa, mientras él todavía intenta recomponer los últimos fragmentos de lo que acaba de suceder, Stiles murmura una despedida y se deshace de todo lo demás para cubrirlo con una sonrisa y su mejor mueca de sorpresa.

Y él todavía puede escucharle como si lo hubiese dicho en su cabeza.

"Feliz cumpleaños".

Frío y sarcástico y como una patada en los huevos.


Al menos hay otra parte después de esta. Todavía estoy decidiendo siBUENO, VALE, VA A HABER MÁS. LO SÉ. I SEEEENSE IT. Ya veremos a dónde me lleva esta catástrofe de fic. XD

*hace una reverencia y sale corriendo*