3.— JAMES POTTER
Harry se bebió de un trago la poción para dormir sin soñar que habían robado Bronwyn y él de la enfermería, ya llevaban una semana en 1977 y la cosa no había ido a mejor, apenas había conseguido dormir, por lo que Bronwyn le había convencido para coger la poción y por primera vez consiguió conciliar el sueño.
Hasta la madrugada al menos, cuando Sirius le despertó agitándole con fuerza, Harry le miró molesto, antes de darse la vuelta en un infructuoso intento de dormirse de nuevo. Aunque cuando se dio la vuelta se encontró a James al otro lado agitándole también.
—Venga Harry despierta, sabemos tu secreto.
—Sí, seguro. —susurró Harry antes de ponerse boca abajo para no oírlos, subiendo las almohadas en un intento de no oírlos.
—Hemos mandado una nota a Bronwyn para que venga también.
—Pues suerte. Se lo contáis a ella y ya me hará un resumen. —susurró Harry, que sabía que por mucho que supieran o creyeran saber los merodeadores no estarían ni cerca de la verdad.
Bronwyn entró en la habitación de los chicos y cerró la puerta, mirándolos desde allí con curiosidad, prefería estar en la cama, pero también tenía curiosidad por saber que querían los merodeadores.
—Por cierto Sirius. —dijo Bronwyn mientras les devolvía la nota que la habían mandado y la chica se acercaba a la cama por una petición silenciosa de Harry—. Cuando quieras escribir una carta haciéndote pasar por otra persona, primero aprende a escribir el nombre y luego no pongas expresiones que solo tú usas.
—¿Qué has puesto? —preguntó Remus quitándole la nota—. ¿"Nenita"? — preguntó al leerla.
—Haberla escrito vosotros listos. —se quejó Sirius—. ¿Cómo sabías que era mía?
—Porque eres al único que le he oído decir eso de nenita.
Bronwyn se echó a reír, acompañada por Remus, James y Peter, mientras Harry tiraba de ella y la metía debajo de las mantas con él, apoyando su cabeza en el hombro de ella, hacia mucho que no dormían juntos y lo echaba de menos. Bronwyn se dejó hacer aún sonriendo.
—¡Venga ya! — se quejó James. — No queremos ver porno, queremos que confeséis.
—¿Confesar qué? — preguntó Bronwyn mirándolos con el ceño fruncido.
—Pero no les sigas el juego, que si no van a estar toda la noche con esta tontería.
—Venga ya, escuchar sus teorías conspirativas dos minutos y luego nos vamos todos a dormir. —pidió Remus, que estaba sentado en la cama de Peter mirando a los demás, y se le empezaba a notar la cercanía de la luna.
—Esta bien, soltadlo. —dijo Harry abriendo los ojos lo suficiente para que supieran que escuchaba.
—Sois testigos protegidos. —Harry se sentó bruscamente en la cama, era una excusa bastante buena.
—¿Cómo… cómo…? —fingió ponerse nervioso, esperando que ellos hablasen de nuevo.
—Fue por lo que dijeron vuestros amigos, que no podían dejar de viajar porque no estabais… —dijo Sirius.
—Por eso pensamos que tal vez Voldemort os perseguía y los persigue a ellos porque os conoce. —puntualizó James.
—Y por lo de ese tal Scabbers que es un traidor. —dijo Peter.
—Nos habéis descubierto chicos, pero debéis entender que si habláis de estos con alguien arriesgaréis nuestra vida. —dijo Bronwyn.
—¿Y no estáis arriesgando nuestra vida estando aquí? —preguntó Remus, que al parecer no aceptaba del todo la teoría de sus amigos.
—Voldemort teme a Dumbledore, no hará nada mientras estemos aquí.
—Por eso no nos dejan salir del castillo. —aclaró Harry, de verdad que la teoría de los merodeadores podía simplificarles mucho la vida.
—¿Qué habéis hecho? Para que os persigan quiero decir. —preguntó James interesado.
—No sabía que había que hacer algo para molestar a ese loco psicópata. —dijo Harry molesto, no quería enfadarse con ellos, pero no soportaba saber que los iban a matar.
—Realmente no queremos hablar de eso ahora, aún no estamos preparados. —mintió Bronwyn, los merodeadores parecieron aceptarlo porque se fueron a sus respectivas camas.
—¿Te quedas a dormir? —preguntó Harry acariciándola el brazo.
—Claro.
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—¿Y cual es el plan? —preguntó la chica en un susurró, no le gustaba nada la tesitura que estaba tomando esa extraña búsqueda—. ¿Ir de dimensión en dimensión buscando un atisbo de su magia?
—Me muevo siguiendo su magia, Elektra, tarde o temprano daremos con ellos.
—Sí, seguro. —musitó Elektra, aunque no quiso llevarle la contraría, Shido parecía frenético.
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—¿Qué ha pasado aquí? — susurró Hermione mirando las escaleras derruidas, no reconocían prácticamente nada del Hogwarts que había sido su hogar.
—No lo sé. — Ron parecía tan afectado como ella.
—No podemos bajar, no por aquí al menos.
—Pues será mejor que busquemos una forma, no quiero quedarme aquí.
La sala común que antes había sido un lugar donde se sentían tranquilos y a "salvo" ahora era algo frío y derruido, les dolía verlo tan deteriorado, así que fueron por el vestíbulo, el único camino por el que podían avanzar, Hermione iba delante, andando con cuidado, temían que el suelo cediera bajo ellos, un miedo muy coherente si se miraba alrededor, no entendían que podía haber pasado para que Hogwarts tuviese esa aspecto, pero sin duda no había sido nada bueno.
—¿Qué es eso? — preguntó Ron señalando al primer piso, se podía ver porque no había suelo en ninguna planta.
—Parece… gente. — dijo Hermione.
Y llevaba razón, parecía haber gente tumbada en el piso inferior, entre los escombros, ninguno se movía, Ron y Hermione cruzaron una mirada preocupada, no querían decirlo en voz alta, pero temían que esos cuerpos pudiesen ser los suyos, ya habían descubierto con anterioridad que Harry y Bronwyn estaban muertos en esas dimensiones, y era posible que ellos también lo estuvieran.
—Vamos, busquemos una forma de bajar. — dijo Ron empujando ligeramente a Hermione, no solucionarían nada allí parados.
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Sirius bajó temprano del dormitorio, Remus sostenía que no creía que los dos nuevos fuesen "testigos protegidos" como James y él habían pensado, no sabía que pensar, estaba claro que tenían muchos secretos, y quizás no eran testigos protegidos, pero estaba claro que estaban en contra de Voldemort, además Remus no había sido capaz de buscar otra explicación y eso era bastante pausible.
Se iba a sentar en el sofá, cuando vio a Selene tumbada en él a lo ancho, con los pies sobre el respaldo y la cabeza colgando, la miró durante un rato en silencio, esperando a ver si ella notaba su presencia, pero estaba demasiado entretenida mirando la chimenea del revés.
—Vale Selene, ¿me explicas que haces? —preguntó sentándose en la mesa frente a ella.
—Yo te explico lo que quieras Sirius. —dijo Selene sonriendo, aunque cabeza abajo quedaba un tanto raro. Probablemente otra persona se hubiese levantado rápidamente avergonzada y hubiera fingido que no pasaba nada, pero ese no era el estilo de Selene—. Pensaba que estaría bien ser un murciélago.
—¿Sabes, Selene? Creo que deberías ponerte bien, la sangre está inundándote el cerebro.
—No es eso Sirius. —no obstante se sentó bien en el sofá, quedando frente a Sirius—. Quiero ser un animago ilegal, así cuando mis padres traten de torturarme me transformaré y me esconderé, hay muchos murciélagos en casa, no me descubrirán.
—¿Y cómo piensas hacerte un animago ilegal? —preguntó Sirius.
La acarició los rizos castaños, deseaba matar a los padres de la chica, sabía todo lo que la hacían y no entraba en su cabeza como podían torturar a una persona tan dulce y buena como Selene, y sabía que las torturas no era lo único que la hacían. Pero era algo de lo que la chica no acostumbraba a hablar con nadie, y él trataba de no recordárselo.
—Tú me enseñarás.
—¿Qué? —preguntó Sirius mientras se atragantaba con su propia saliva por la sorpresa.
—Venga ya, no soy tonta Sirius, sé lo de tus viajes al bosque con Remus, lo descubrí a principios del año pasado. Y déjame decirte que eres un perrito precioso.
—No nos delatarás ¿verdad? —preguntó Sirius pálido.
—Claro que no, ¿quién crees que soy? Solo quiero ser un murciélago.
—Lo hablaré con los chicos a ver que podemos hacer. —la besó en la frente con dulzura—. ¿Bajamos a desayunar?
—Claro. —Selene se levantó con la ayuda de Sirius, la verdad es que la postura la había mareado un poco, tendría que perfeccionar aquello.
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—¿Habéis visto a Sirius? —preguntó James, mientras despertaba a todos y ponía la habitación patas arriba.
—¿Me puedes recordar que pida a Dumbledore una habitación lejos de ellos? —preguntó Harry mientras metía la cabeza debajo de la almohada.
—Se ha ido a desayunar temprano James. —dijo Remus molesto, la cercanía de la luna llena ya empezaba a hacer mella en su humor—. Y si no hubiera sido así, no creo que estuviese dentro de los zapatos de Peter. —murmuró el hombre lobo porque James revisaba en cada rincón de la habitación—. ¿Por qué no bajas con él y dejas a los demás dormir en paz?
—Ten amigos para esto. —dijo James, suficientemente alto para que le oyeran todos los de la habitación, mientras salía de la habitación y bajaba hacia el Gran Comedor, cuando localizó a su amigo le gritó desde la puerta, mientras andaba hacia él—. ¡Qué traición Sirius Black, no me esperaba esto de ti!
Sirius le miró con curiosidad, James se encogió de hombros, no estaba enfadado con él, pero le gustaba ser el centro de atención y había conseguido que todas las miradas se posasen en él.
—¿Qué te ha dado esta mañana, James? —preguntó Selene mientras mordisqueaba una tostada que quemaba.
—Y lo dijo la que estaba cabeza abajo en un sillón.
—¿Qué hacías cabeza abajo, Selene? —preguntó James divertido, mientras se untaba una tostada, seguramente alguna broma se había empezado a formar en su cabeza.
—Me vais a enseñar a ser un animago. —a James se le cayó la tostada, antes incluso de que esta pudiese acercarse a su boca, y clavó la mirada en Sirius esperando una explicación—. Aunque sigo diciendo que debería ser anibruja, lo otro es discriminatorio.
—Yo no te he dicho que te vayamos a ayudar, Selene, he dicho que lo hablaría con ellos. —Sirius pasó por alto el estallido "revolucionario", de la chica.
—Considéralo hablado y aceptado. —dijo Selene con simpleza encogiéndose de hombros—. Por el bien de vuestro secreto.
—Tú nunca nos delatarías. —dijo James.
—¿Seguro? —preguntó Selene con una ceja alzada y una pequeña sonrisa, estaba claro que nunca los delataría, pero quería ser un animago y un poco de miedo no les vendría mal.
—Bueno pero dejad de hablar de esto aquí. —dijo Sirius mirando a su alrededor, había pocos alumnos aún, porque era muy temprano, además que era viernes y los alumnos siempre remoloneaban más los viernes, pero aún así los pocos que habían tenían oídos y les podrían oír.
—Es Lily. —susurró James mirando la puerta, sus amigos pusieron los ojos en blanco—. ¡Eh Lily! Siéntate aquí.
James empujó a Sirius para hacer un hueco a Lily, la chica dudó un segundo, pero finalmente se sentó al lado del chico, tenía demasiada hambre para ponerse a discutir con él sobre los asientos.
—¿Qué tal estás, Lily? —preguntó James con una sonrisa.
—Eh… bien. —dijo Lily mirándole con curiosidad, cuando se ponía tan amable era porque solía querer algo. De hecho tanta simpatía solía ir acompañada de una petición para salir.
—Sí, Lily, ¿qué tal? —preguntó Selene con una sonrisa.
—¿Qué os pasa a todos? —preguntó Lily desconfiada, los tres parecían demasiado sonriente, una sonrisa culpable, sin duda estaban planeando algo.
—Nada. ¿Qué tal ayer? —pregunto Selene, sin duda trataba de distraer la atención para que Lily no sospechase, y debió funcionar, porque la chica se sonrojó.
—Bien.
—¿Qué pasó ayer? —preguntó James receloso, frunciendo el ceño.
—Nada que a ti te importe. —contestó Lily mirando mal a su amiga por haber sacado el tema.
—No te va a matar ser más simpática. —dijo Sirius, no le gustaba la forma en la que la chica hablaba a su amigo, y James la consentía demasiado.
—¿A ti quién te ha preguntado, Black?
—Venga dejad de discutir, solo trataba de ser simpático. —dijo James—. Ya te dije que este año no te iba a agobiar, solo quería sonar amigable.
—¿Así que este año te da igual que salga con otros? —preguntó Lily, aunque no se lo creía.
—Claro.
—Ya… —Lily no supo que decir, era lo que quería desde que James había empezado a "seguirla" por primera vez en cuatro años podría estar tranquila y tener una vida con otros chicos.
—Pues si es así, ayer salió con Duke Budge. —dijo Selene con una sonrisa, no es que quisiera molestar a James, porque sabía que él seguía enamorado de Lily, solo era que Budge no le caía nada bien y sabía que James le alejaría de Lily.
—¿Con Duke, el de Huflepuff?- preguntó Sirius boquiabierto, y él y James rompieron a reír.
—¿De qué os reís? —preguntó Lily con su orgullo dañado. Quizás Duke no era tan guapo como Sirius o James, pero era buen chico y la había tratado bien durante toda su cita.
—De nada Lils. —dijo James calmándose, aunque cuando acabó de hablar empezó a reírse de nuevo—. Debías haberme dicho que era él.
—¿Qué os hace tanta gracia? —preguntó Remus.
Remus, Susan, Peter, Harry y Bronwyn habían entrado en ese momento en el Gran Comedor, y se habían ido a sentar con los que ya estaban allí, James miró mal a Harry que se había sentado junto a Lily, así que el chico se apresuró a poner a Bronwyn entre Lily y el mismo.
Mientras tanto Sirius explicaba a los demás que Lily había salido con Duke Budge, provocando un sonrojo más acentuado en las mejillas de Lily y una risa, algo más discreta que las exageradas carcajadas de James y Sirius, por parte de Peter y Remus, Susan miró con lástima a Lily mientras la pelirroja lanzaba miradas asesinas a Selene por haberlo contado.
—¿Alguien me puede explicar qué es tan gracioso? —preguntó Lily, pero miraba a Remus, que consideraba al más sensato de los cuatro.
—En realidad no es tan gracioso. —dijo Remus, aunque seguía teniendo una pequeña sonrisa en los labios.
—Venga ya, dímelo Potter.
Harry abrió al boca para contestar, por suerte Bronwyn se dio cuenta y le metió un trozo de tostada en la boca, antes de que tuviera tiempo de meter la pata, le entendía perfectamente, cuando oía su apellido también la daban ganas de contestar, sobretodo en clase, cuando le preguntaban algo a Susan, Bronwyn había usado el apellido de su madre durante todo el tiempo en el que su padre estuvo escapado de Azkaban, la chica solía abrir la boca para contestar, y lo mismo la pasaba cuando preguntaban a Sirius.
—En realidad, de lo que nos reímos es de que… —James puso un gesto de extrema concentración, como si le preocupase herir los sentimientos de la chica—. Bueno Duke es gay, trató de ligar con Sirius el año pasado, y si sale con chicas es solo para que nadie descubra lo que es, lo siento pelirroja pero tu príncipe azul en realidad prefiere los vestidos rosas.
—Eso no es verdad, solo dices eso para que no salga con él, tratas de sabotear todas mis citas como siempre.
—Si quisiera sabotear tu cita sería más ingenioso Lily, pero ya no quiero sabotearte más.
James se encogió de hombros y le pidió el zumo de calabaza a la chica, la cual molesta tomó la jarra y se la volcó por encima a James antes de salir del Gran Comedor apresurada, sabía que su enfado era un poco infantil, pero la molestaba que por un chico con el que intentaba salir fuese gay, y la molestaba que James y los demás se hubiesen reído de ella, no podía saber que Duke era gay, no había dicho ni hecho nada que indicase aquello, pero sobretodo la molestaba que James hubiese pasado página de ella de forma tan abiertamente fácil.
Había estado tantos años siguiéndola que casi se había creído finalmente que estaba enamorado de ella, solo para que ahora la dijese, lo siento no me interesas, aquello la había molestado mucho, no sentimientos algo por él, como Remus y Selene parecían pensar, solo porque la hacia sentirse inferior, como si toda la vida la hubieran dicho que era guapa y un día alguien la dijese, en realidad no eres guapa solo te lo decíamos por no herir tus sentimientos. James la había hecho sentir mediocre, y era algo que no pensaba perdonar al merodeador.
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Ron sujetó a Hermione cuando la chica bajó por el hueco, habían bajado siete plantas descolgándose de un piso a otro porque no quedaban escaleras intactas, los primeros pisos no habían sido difíciles, pero después de cuatro les dolían los brazos y los tobillos de las caídas.
Así que se sintieron aliviados cuando llegaron hasta abajo, anduvieron hasta el vestíbulo, donde habían visto los cuerpos desde arriba, lo primero que notaron fue un terrible olor a podrido, que golpeó su nariz mientras, les inundaba completamente, revolviéndoles el estómago, Ron no pudo evitar vomitar, mientras Hermione cerraba los ojos y se tapaba la nariz para no acabar igual que Ron, cuando el chico paró de vomitar, volvieron a avanzar, respirando por la nariz tapada con la mano, para que no se les metiera en le boca ninguno de los innumerables bichos que pululaban por allí.
-¿Qué habrá pasado?- preguntó Hermione, pero Ron que había tomado un color verdoso, no respondió.
Hermione siguió avanzando y se metió de pleno en el vestíbulo, unos veinte cuerpos cubiertos de trapos negros yacían en el suelo, aunque parecían demasiado pequeños para ser magos adultos, Hermione se acercó al que más cerca esta y levantó el trapo que lo cubría, unas cuencas vacías la devolvieron la mirada, un cuerpo prácticamente devorado por los animales y cubierto de gusanos yacía allí.
La chica no podía saber quien era, apenas quedaba piel, ni ropa más allá de aquel trapo azul, pero por la altura parecía ser un niño, quizás de once o doce años, seguramente un alumno de Hogwarts, Hermione destapó un par de cuerpos más, pero todos eran iguales, Ron se había quedado fuera de la zona de los cadáveres, parecía muy afectado, sin tener en cuenta su tono verde, ni que de vez en cuando volvía a vomitar.
-Salgamos fuera Ron, esto es insoportable.- dijo Hermione, empujando las puertas, en un intento de abrirlas.
Ron se unió a ella en el intento de abrirlas las puertas, que no se movían ni un ápice, parecían enganchadas con algo. Quizás solo era por el tiempo que llevaba sin abrirse. Aunque los chicos no desistieron en el intento, porque cualquier cosa era mejor que volver con los cadáveres de niños que había justo detrás.
—¿Quién osa invadir nuestro castillo? —gritó una voz, que parecía venir desde el Gran Comedor.
Ron y Hermione se miraron un segundo, dudando de si ir a hablar con el dueño de la voz hostil o salir corriendo en dirección contraria, puesto que fuera quien fuese no parecía muy contento de verlos y seguramente tenía más magia que ellos.
Pero antes de que pudieran decidirse, un grupo los rodeó, llevaban la cara tapada con las túnicas, pero por la altura podían deducir que también se trataba de niños, eso o habían caído en una dimensión de gente muy bajita, de cualquier forma los niños, más o menos quince, que les rodeaban llevaban las varitas en alto.
—¿Corremos? —susurró Ron, Hermione se apresuró a sentir fervientemente.
—Busca un aula para saltar por la ventana. —respondió Hermione—. Nos encontramos en la cabaña de Hagrid.
Hermione no se sentía demasiado a gusto corriendo sola, pero sabía que si se separaban tenían más oportunidades de salir de allí, al menos uno de los dos, y suponía que si el otro era capaz de descubrir que los había llevado hasta allí los dos podrían salir.
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—¿Te has enfadado de verdad? —preguntó James.
Lily se sobresaltó, porque no le había oído llegar, se había ido a la puerta de transformaciones, a esperar a que la clase empezase, supuso que sus compañeros tardarían un rato en llegar porque quedaba mucho para que empezase las clases, pero como era lógico Potter no iba a dejarla en paz, se puso roja de nuevo, pero esta vez de furia, se dio la vuelta molesta, para enfrentarse a él, le sorprendió ver tranquilamente sentado en el suelo, se preguntó como se habría limpiado el zumo de calabaza tan rápido, pero suponía que Remus había tenido mucho que ver.
—No me gusta que se rían de mí. —dijo molesta, apretando los dientes mientras le dirigía miradas enfadada.
—¿Reírnos de ti? No nos reíamos de ti, Lils te lo aseguro, los hubiera matado si hubieran tratado de reírse de ti, solo nos reíamos de la situación, Duke ha engañado a muchas chicas, deberías haberte enterado ya, pero no nos reímos de ti, de hecho el año pasado en navidades se montó un escándalo por el tema.
—No me llames Lils. —no sabía que decirle así que se limitó a corregir su nombre.
—Siéntate conmigo, Lily, hablemos, ya te he dicho que solo quiero ser tu amigo.
—No creo que pueda ser tu amiga, Potter.
—Puedes intentarlo ¿no? —preguntó James con una sonrisa, Lily se encogió de hombros, pero se sentó enfrente de él.
—¿Por qué ese cambio, Potter? No es que me moleste, pero me extraña.
—Creo que ya hemos fracasado como novios, así que consideré que era mejor ser amigos que nada.
—¿Fracasado como novios? Pero si nunca hemos sido novios… —dijo Lily desconcertada, definitivamente Potter había perdido la cabeza.
—Por eso hemos fracasado, no se me puede acusar de no haberlo intentado Lily, de verdad que lo intenté, pero tal vez no estamos destinado a serlos, tal vez solo podamos ser amigos, no pienso fracasar en ser tu amigo también.
—Parece que has madurado mucho este verano Potter.
—Ha sido un verano duro. —respondió James con una sonrisa triste.
—¿Perdiste la Snicht Potter? —preguntó una voz fría desde el pasillo al lado de ellos.
James levantó la varita, apenas sin darse cuenta mandando a Snape contra la pared, y se quedó allí, como si unas cuerdas invisibles le atasen, se puso de pie acercándose a Snape, que luchaba contra las cuerdas invisibles, quizás James intentase ser mejor persona, pero nunca lo iba a conseguir mientras estuviese Snape cerca, conseguía sacarle de sus casillas con su sola presencia.
—¿Por qué no te mueres de una vez, quejicus? —preguntó James con odio.
—Tú primero Potter. —respondió Snape, mientras levantaba su varita como pudo y trató de pronunciar unas palabras, pero James se la quitó antes de que el chico pudiera hacer nada.
—Si vuelves a tratar de hechizarme te juro que vas a estar escupiendo trozos de tu varita los próximo veinticinco años, quejicus.
—Déjale Potter. —se quejó Lily tirando del brazo de James.
—No necesito que me… —empezó Snape.
—Cuando aprenderás que quejicus no es bueno, Lily, solo quiere hacer daño.
—¿Qué pasa aquí? —preguntó McGonagall, que acababa de llegar al pasillo.
—Profe… profesora…- trató de hablar Lily, pero McGonagall la cortó.
—No hay excusas, los tres serán castigados y cincuenta puntos menos para cada uno de ustedes.
—Eso no es justo profesora. —dijo James.
—Habérselo pensado antes señor Potter. —respondió la profesora.
—¿Qué? Ah no, castígueme si quiere, y los puntos los recupero en una clase, me refiero a que no debe castigar a Lily, ella solo trataba de separarnos. —James sonrió tratando de parecer convincente, mientras McGonagall boqueaba sorprendida.
—Tal vez deberíamos plantearnos un castigo más severo para usted, señor Potter, ya que considera un castigo como una agradable diversión.
—Bueno póngame el castigo que quiera, profesora, sabe que siempre considero acertadas sus decisiones. Pero haré también el castigo de Lily, ya que ella no ha hecho nada.
—Yo no necesito que me defiendas, Potter.- dijo Lily malhumorada, mientras Snape seguía pegado a la pared.
—Entren en clase ahora mismo, no quiero oír decir una palabra más, me pondré en contacto para comunicarles su castigo.
Lily entró la primera a la clase, chocándose enfadada contra el hombro de James para pasar, se sentó en su sitio habitual, esperando que llegasen sus amigas, esperando sinceramente no volver a hablar con James en un par de meses, como mínimo.
Pero no iba a tener tanta suerte, James entró tras ella y se puso delante de su pupitre, Lily se tomó su tiempo para respirar, antes de mirarle, quería relajarse para calmar sus instintos homicidas, cuando consiguió relajarse esperó a que él hablase, pero no lo hizo, parecía triste.
—Gracias Potter. —dijo Lily.
—De nada, lo que he dicho era verdad no…
—No, gracias por demostrarme que sigues siendo un capullo, casi había llegado a considerar que eras mejor, que habías cambiado, que tal vez mereciese la pena conocerte mejor, pero solo eres el mismo crío inmaduro de siempre, gracias por hacer que me diese cuenta antes de que fuera tarde.
—Lily yo…
—No me llames Lily, de hecho no me llames de ninguna forma, piérdete, y procura que no nos encontremos muy a menudo, a lo mejor me da por hacer lo mismo contigo que lo que tú haces con Severus.
En ese momento entraron los demás y Sirius que cuando había visto bajar los relojes de arena se había imaginado que su amigo tenía algo que ver con el descenso de puntos, y quería conocer los detalles, más que nada porque no le gustaba que su amigo le dejase fuera en las bromas.
—Lily se estaba considerando tener algo conmigo. —dijo James con una sonrisa, en opinión de Sirius, idiota.
—¿Y ya no? —preguntó Remus que había oído a su amigo.
El hombre lobo se dejó caer en una silla mientras Sirius le ponía una mano sobre el hombro, la luna llena estaba cerca y se le notaba en el aspecto cansado y ojeroso, pese a que trataba de disimularlo para que sus compañeros no sospecharan.
—Me vio pelear con Snape. —James agitó la mano quitándole importancia—. Pero ya casi la tenía y la tendré chicos. He estado tan cerca… Es genial.
—Mira James, deberías buscarte a otra, Evans no te conviene… Si te van las pelirrojas yo te puedo presentar a varias…
—Esa de Ravenclaw es muy guapa, y también es inteligente. —dijo Peter.
—Es muy paradita, ya solo quiero lo mejor para James. —dijo Sirius pasando un brazo por el hombro de James, aunque lo quitó cuando McGonagall les miró.
—¿Paradita? —preguntó Peter sin entender a que se refería su amigo, la chica parecía normal.
—Creo que no habla de su forma de ser Pet. —dijo Remus con una sonrisa.
—No quiero los restos de Sirius, quiero a Lily, ella es perfecta.
—Esa es otra, James, nunca te has acostado con Evans ¿y si no sois compatibles?
—Lo somos… lo seremos. Estamos hechos el uno para el otro.
—¿Puedes guardar silencio o les tengo que restar más puntos? —preguntó McGonagall.
Los chicos guardaron silencio con una pequeña sonrisa, se dedicaron a responder todas las preguntas de la profesora para recuperar los puntos que había perdido James, y aunque no lo había dicho en voz alta, estaba claro que la profesora hacia las preguntas para que ellos pudieran recuperar los puntos, a fin de cuentas era una Griffindor.
James se propuso sinceramente estar callado y recuperar los cien puntos, los de Lily y los que el mismo había perdido, pero cuando Selene le pasó una nota y vio su oportunidad de seguir hablando de Lily se olvidó de los puntos, y comenzó a responder a la nota en la que ponía: "¿Qué le has hecho a Lily que está tan seria?"
James volvió a explicar la conversación que había tenido Lily en el pasillo y que había estado apunto de sucumbir y salir con él, le explicó lo cerca que había estado y le pidió ayuda para saber que podía hacer ahora con Lily, después de todo el anterior consejo de la chica había funcionado.
James lanzó la nota, que cayó en el pupitre de Lily, tal vez porque James no dejaba de mirar a la pelirroja y por eso se había desviado, Selene estiró la mano y cogió la nota antes que Lily, pero despertó la curiosidad de la chica, que esperó a que Selene se despistara antes de quitarle la nota, normalmente la hubiese dado igual con quien se dedicara a perder el tiempo en clase mandándose notitas. Pero sabía que la nota venía de James y quería saber que tenía que hablar "ese" con su amiga, porque se había negado a llamarle por su nombre o su apellido.
Pero no tuvo que esperar demasiado, McGonagall hizo una pregunta a Selene cuando la vio despistada y Lily aprovechó para quitarle la nota, la leyó boquiabierta, mientras que Selene que había visto lo que pasaba trataba de quitarle la nota. La rabia se apoderó de Lily, Potter la trataba como un objeto y no tenía ningún derecho igual que no tenía derecho a creer que iba a acabar juntos.
—¡Potter! —gritó Lily furiosa levantándose de la silla y encarándose a él—. Te aseguro que no voy a salir contigo nunca, y si algún día soy tan gilipollas de considerarlo si quiera te juro que prefiero suicidarme antes de estar con un crío inmaduro y egoísta como tú, y más te vale no acercarte más a mí, porque te aseguro que haré que te arrepientas.
Lily salió de la clase, siendo consciente de que toda la clase la miraba, incluida la profesora, se sentía avergonzada de haber tenido ese estallido en clase, pero tenía muy claro que ella llevaba la razón, solo se arrepentía de haberlo hecho, solo de haberlo dicho durante una clase.
La profesora McGonagall dio por acabada la clase unos minutos antes, porque tenía claro que ninguno de sus alumnos prestaba ya atención, pidió a James que se quedase cuando acabó la clase, el chico tenía claro que le iba a echar la bronca, pero no comprendía porque se la echaba a él cuando la que se había puesto a gritar en medio de clase era Lily.
—Dígame profesora.
—Señor Potter. —la profesora pareció dudar, era como si la doliese pronunciar aquellas palabras, y seguro que era así, no la gustaba castigarles ni nada parecido, a fin de cuentas eran sus alumnos y les tenía mucho aprecio.
—Si es por el castigo por lo de antes…
—No James, es por la señorita Evans, entiendo que la situación entre ustedes ha empeorado mucho este curso, no estoy segura de que debamos seguir imponiendo a la señorita Evans su presencia.
—¿Me va a expulsar? —preguntó James boquiabierto.
—No señor Potter, pero creo que debo discutir su situación con los demás profesores, tal vez podamos cambiarle de casa o algo así.
—¿Por un enfado de Lily? Se la pasará, en el fondo sé que me quiere, estamos hechos el uno para el otro… Se ha enfadado porque se piensa que sigo siendo como antes, pero he madurado, por favor profesora.
—Señor Potter, esto es por su bien, por el bien de los dos, si ha madurado como dice, lo comprenderá.
—¿Y qué pasará con mis amigos y con el Quidditch?- preguntó James enfadándose por momentos.
—Ya hablaremos de ellos cuando tomemos una decisión, ahora será mejor que vaya a su siguiente clase.
James salió furioso de la clase, estaba claro que no pensaba ir a una clase de pociones doble en ese momento, porque si tenía a Snape cerca seguramente le mataría, si él no hubiese llegado para fastidiar ahora estaría con Lily y no estarían decidiendo si cambiarle de casa. Aquel era su hogar, no podían cambiarle sin más.
Dio un puñetazo a la pared con todas sus fuerzas, notó los huesos de su mano crujir, a medida que iban golpeando una y otra vez contra la pared, pudo notar el intenso dolor, mientras le empezaba a sangrar. Un grupo de niños de primero se le quedaron mirando, y le ofreció dos galeones al que fuese a pedirle al profesor Slughorn que dejase salir a Sirius Black para hablar con la profesora McGonagall acerca de un castigo, sin duda su profesor de pociones se creería aquello, no hubiera sido la primera vez que había pasado.
James esperó a Sirius en la salida de las mazmorras y cuando el chico salió enarcando una ceja en su dirección James solo le dirigió una sonrisa triste. Sirius puso la mano sobre el hombro de su amigo y le condujo fuera, había una zona en los terrenos, entre una gran piedra y el lago, la piedra impedía que les vieran desde Hogwarts si un profesor miraba por la ventana, y el lago les ofrecía una buena vista para perderse en sus pensamientos a los chicos les gustaba ir allí.
—¿Qué pasa James? —preguntó Sirius preocupado por su amigo.
James tomó aire, mientras se miraba la mano cada vez más consciente de que se la había roto, pero no le molestaba, el enorme dolor le ayudaba a sentir que todo aquello era real, no podía creerse que quisieran separarle de sus amigos, de la chica a la que amaba con toda su alma y de su deporte favorito, en el cual era muy bueno y era el capitán, no podían quitarle sin más.
James le contó con todo lujo de detalles lo sucedido con McGonagall, y Sirius fue bastante menos amable con la profesora de lo que había sido James, dijo en contra de la mujer todos los insultos que pasaron por su cabeza, lo cual no ayudó a aliviar el dolor que sentía James, era como si tuviese una piedra presionándole el corazón.
—No es culpa de Lily… —dijo James cuando su amigo comenzó a volcar los insultos contra la pelirroja.
—¿Cuándo entenderás que ella no te quiere James?
—¿Recuerdas cuando todo el mundo quería que fueses a Slytherin y tú tenías claro que querías ir a Griffindor? —preguntó James con una sonrisa triste, Sirius asintió—. Ella es mi Griffindor. Yo necesito estar con ella, y ella me quiere aunque no sea capaz de admitirlo aún.
—Pero prométeme que te lo tomarás con calma. Haz lo que dijo Selene, déjala en paz un par de meses, luego veremos lo que pasa.
—Está bien. Pronto será luna llena, será mejor que no le cuentes nada a Remus de momento, no quiero que el lobo se enfade conmigo y me ataque.
James no pudo evitar sonreír, mientras Sirius le daba un pequeño abrazo para darle ánimos, recordaba cuando habían entrado en primero, James siempre había sido muy cariñoso, y él había rehusado todo contacto físico, pero con el tiempo se había acostumbrado a los abrazos de su amigo y ahora era él incluso el que siempre se arrancaba a abrazar.
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Harry agradeció cuando acabó la cena y pudo sentarse en la sala común con Bronwyn tranquilamente, la mayoría de los alumnos ya estaban en la cama, solo estaban por allí Lily y Remus estudiando, el chico parecía sinceramente agotado, seguramente se acercaba la luna llena, pero aún así estaba poniendo sus deberes al día, Harry no pudo evitar pensar en Hermione.
Entonces la tan ansiada relajación de Harry se rompió, Shido y Elektra aparecieron justo delante de ellos, Bronwyn abrió mucho los ojos, como instándoles a que desaparecieran de inmediato, pero Shido no iba a ser tan generoso.
—¿Dónde están? —preguntó Shido.
—¿Quién? —preguntó Harry.
Lily y Remus se habían levantado, el segundo con mucho esfuerzo y habían levantado la varita alertas para atacar. Elektra se limitó a abrazar a Harry, después de todo con el frenético y enloquecido viaje de Shido había echado de menos la tranquilidad que la proporcionaba Harry.
—Hermione… ¿Dónde está Hermione? —repitió Shido, mirando con cierta burla las varitas de Lily y Remus, el chico odiaba las varitas, las consideraba inútiles.
—Pasó por aquí, pero se fue.
—¿Cómo habéis aparecido aquí? —preguntó Lily—. No se puede aparecer dentro de Hogwarts.
—Los magos y su inútil magia no podrán, pero yo no soy un mago…
—Cállate ya. —dijo Harry, tiró del brazo de Shido y lo arrastró fuera de la sala común.
Cuando salieron le explicó que Hermione había estado allí, y le pidió que se tranquilizase, le explicó lo poco que sabía de lo que había sucedido a Hermione y Shido le explicó que cuando ellos habían viajado al pasado habían creado una honda expansiva que había mandado a Hermione y Ron a viajar por distinto tiempo y distintas dimensiones.
—¿Y desde cuando viajas tú en el tiempo? —preguntó Harry.
—Desde que mató a un demonio y le robó ese poder. —dijo Selene.
—Ahora entiendo porque estás tan… furioso. Te está consumiendo su magia, tienes que tranquilizarte.
—Me tranquilizaré cuando encuentre a mi mujer.
—Así no la encontrarás Shido.
—No quiero tus consejos Potter, me conformaba con que la hubieses protegido aquí.
—¿Protegerla aquí? Si desapareció antes de que me diese tiempo a reaccionar.
—Si te hubieses preocupado más por…
—A mi no me cargues la culpa, Shido, la culpa es tuya, yo te pedí que la protegieras, sabías que estaba en peligro, y tú la dejaste desaparecer, si la pasa algo será solo tu culpa.
Harry observó como los ojos del demonio se enrojecían paso a paso, estaba más delgado que la última vez que le había visto y sus ojos mostraban grandes ojeras, probablemente más por la preocupación que por el sueño. No es que le dijese esas cosas horribles para cargarle con más culpa, es que si el chico iba a seguir buscando sin pausa a Hermione, más le valía que descargarse su magia.
—¡Cállate!- le ordenó.
-¡NO! Sabes que es verdad, ella nunca estará segura mientras esté contigo, no si no aprendes a controlar tus poderes.
Shido levantó la mano, una bola de fuego salió de allí, corriendo hasta Harry, que levantó la mano y la absorbió sin ningún problema, en ese momento Bronwyn no pudo contener más a Remus y Lily, que querían ver lo que sucedía fuera, Harry pudo oír una exclamación ahogada seguramente por parte de Lily, pero en ese momento no se podía distraer, Shido seguía lanzándole bolas, que él se esforzaba por repeler.
Harry observó como sus ojos iban perdiendo el color rojo y volviendo al azul según iba gastando su magia, Bronwyn agitó la cabeza, Harry solo había tardado una semana en mostrar su magia demoníaca, y aquello no iba a ser bueno, seguramente levantaría más sospechas, si eso era posible, aparte de que se arriesgaban a atraer a más demonios.
—Para ya. —dijo Bronwyn—. No tendréis magia para volver si no.
Shido parpadeó un par de veces, como si saliese de un trance, antes de dirigir una mirada a Harry y Bronwyn y desaparecer de allí con Elektra. Los chicos se negaron a hablar con Remus y Lily, que parecían repletos de preguntas, y se fueron a dormir directamente, aunque sabían que tarde o temprano tendrían que dar una explicación de lo sucedido.
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Hermione sabía que esa gente, sea quien fuese la perseguía, de hecho la iban pisando los talones, se metió por la primera puerta que vio, mejor dicho, que consiguió abrir, porque se había encontrado varias cerradas por el camino, cuando consiguió entrar en una hizo lo que le había dicho a Ron, saltó por la ventana, el golpe fue algo más grande de lo que se esperaba, pero al menos ya estaba fuera de Hogwarts, corrió hasta la cabaña y se metió dentro, Ron ya estaba allí, dejó escapar un pequeño grito de sorpresa y se abrazó a él un segundo, luego bloqueó la puerta.
—Hermione. —susurró el chico, pero no parecía aliviado, si no asustado.
—Tranquilo Ron, saldremos de esta.
—Yo no estaría tan seguro.
Una voz fría sorprendió a Hermione, miró la procedencia, Draco Malfoy estaba en una esquina de la cabaña de Hagrid, entre las sombras, apenas podían ver parte de su cara, aún así pudieron diferenciar su mirada, una mezcla de asco y diversión, sin duda aquel no era el Draco que Hermione conocía, seguramente tenía más que ver con aquel que hacia todo lo que su padre decía, no con el que se había casado con Kiara y había conseguido meter a su padre en Azkaban.
—¿Qué quieres de nosotros? —preguntó Hermione.
—¿Por qué insistís en ponerme como el malo? Yo estaba tranquilamente en mi castillo cuando mis súbditos me informaron de que se había colado gente allí, como comprenderéis no puedo dejar que la gente salga y entre libremente en mis dominios, porque entonces no me dejarían en paz. Vamos, es hora de que le conozcáis.
Draco salió por fin de entre las sombras, con la varita en ristre, Hermione ahogó una mueca de asco, aunque Ron no fue tan generoso y dio un paso atrás mientras murmuraba una palabrota. La parte derecha de la cara de Draco estaba cubierta de cicatrices, desfigurando completamente su rostro, el rubio le miró, pero lejos de decirle algo a Ron agachó la cabeza, con tristeza, se podía ver el dolor en sus ojos, seguro que aquello había sido como un castigo día tras día en su vida.
Draco volvió a llevarles al castillo, esta vez los chicos les dejaron entrar, Draco les indicó un pasadizo que conducía dentro del castillo sin tener que utilizar la puerta y les condujo a la sala común de Slytherin, Ron y Hermione iban delante de él, algo temblorosos, aquello no pintaba nada bien.
—Ya hemos llegado.
Draco los empujó dentro, una figura estaba sentada en el sofá de la sala común y no tuvieron ningún problema para reconocer al dueño.
—¿Qué demonios…? —dijo Ron.
Y hasta aquí el capítulo! Espero que os guste y que dejéis reviews! Gracias
