Ok... Entonces Glee y todos sus personajes [Incluidos los Warbers :/ ] pertenecen a la FOX, Ryan Murphy, Ian Brennan y Brad Falchuck [Aunque algun día Murphy se dará cuenta que yo hago un mejor trabajo con ellos que él y me los regalara *w* Okno...]. La historia es creacion de mi inconstante y cada vez más alocada imaginacion! :DD
Happy Klaine Week Habitantes del planeta Tierra que creen en finales felices! (':
Day 3: Fairy tale!Klaine AU (No me odien... Por favor no me odien.)
When You Wish Upon A Star
"Y es por eso que aquel que ve una estrella fugaz cruzar el cielo nocturno debe de pedir el deseo más profundo que su corazón albergue, y será solamente este el que sea cumplido. Es por ello que debes aferrarte a esa estrella, dejar que te conceda tu deseo y simplemente te haga feliz"
Cuando Kurt Elizabeth Hummel, heredero al trono del Reino de Dalton leyó estas palabras, una lágrima comenzó a resbalar por su mejilla. El recuerdo de cómo había sido este el último libro que su madre le había leído mientras estuviera viva abrumo su corazón de maneras impensables. No podía creer que tras tantos años, aún recordara un detalle como ese, o peor aún, que fuera capaz de alterarlo tanto.
-Su majestad, su alteza desea hablar con usted.
Una voz saco de su ensoñación a Hummel, recordándole que estaba fuera de la habitación de su padre y que debería de parecer fuerte ante el resto de sus súbditos. Paso su manga por ambos ojos y trato de calmar sus lágrimas. Sonrió y se levanto mientras era guiado por el paje de su padre. Al llegar a la puerta de la habitación real, el susodicho la atravesó mientras sentía como los rostros de todos los que estaban ahí se posaban sobre él, mostrando un rostro lleno de tristeza y lástima y…
-¡No! Ellos no pueden sentir lástima de mi… soy el príncipe… soy su soberano… soy…soy…
-Gracias por venir Kurt…
El aludido calmo sus reclamos internos hacia todos los que estaban fuera de la habitación al ver a su padre. Su sonrisa era tan brillante como siempre y sus ojos gritaban la vida que tenía pero…
Pero Burt Hummel, Soberano del Reino de Dalton, estaba muriendo.
-Oh Papá…Traeré a un mejor médico que al que tienes. Sabía que Schuester era un inútil, pero haré que algún mejor médico venga a verte…
-No Kurt… No quiero eso.
-Pero, padre…
-Kurt…no te he mandado a traer por eso. Necesito discutir el futuro del reino contigo ahora. Mientras…mientras aún pueda.
La sonrisa caída que su padre le daba no paso desapercibida ante Hummel. Cuando su madre se encontraba en cama su sonrisa iluminaba al reino entero y hacía sentir esperanza de que verdaderamente se recuperara. Kurt recordaba a la perfección cada uno de los gestos que su madre hacía mientras recibía a los médicos que la trataban. Con una sonrisa brillante los recibía, una que permanecía aun con los dolorosos tratamientos que le aplicaban y permanecía ahí cuando salían de la habitación. Kurt era pequeño, pero podía sentir el dolor de su madre cada vez que la miraba a los ojos.
Estúpido Cáncer…Te has llevado a mi madre ¿Por qué quieres también a mi padre? ¿Qué te he hecho? ¿Acaso he sido una mala persona?
Con su padre era una situación distinta, el dejaba expresar sus emociones de la manera en que se suponía que debía hacer, y Kurt no podría pedirlo de otra manera, pero…
No quiero que muera… No puede morir, yo soy joven e inexperto y… ¿Cómo se supone que dirija un reino?
-Kurt…sabes que nunca querría para ti algo que no te hiciera feliz, pero… Hijo…-Burt enfatizo tomando la mano de su primogénito y mirándolo directo a los ojos.-…La realidad es que no me quedan muchos días de vida.
-No papá, no digas eso… Yo mandare a traer a quien sea necesario para que te cure…Pero no digas eso, tú no morirás… no aún.
-Kurt, aunque yo lo desee con todas mis ganas, he perdido esta guerra desde hacía mucho hijo… No quiero… No quiero que vivas triste por el resto de tu vida ni nada por el estilo, pero…Hijo, tienes que dejarme partir ahora. Sé que no es difícil, también fue muy difícil para mí dejar que tu madre se fuera, pero… tienes que hacerlo. Por favor Kurt… ya no quiero más tratamientos. Quiero vivir mis últimos momentos en paz y…quiero asegurarme de que pensaras en el reino antes que en ti. No te pediría esto en otras circunstancias, pero… pero tengo que asegurarme de que hagas lo correcto para el reino. Sigue tu corazón cuando se trate de nuestra gente, pero nunca cuando se trate de ti hijo.
-¿A qué te refieres padre?
-Hijo…Tienes que casarte con Sebastian Smythe.
…
Cuando la muerte definitiva del rey Burt I de Dalton se dio a conocer, la noticia llegó hasta los lugares más recónditos del planeta. Su característica sonrisa y su política de paz y unidad se había ganado muchos seguidores incluso en reinos que no tenían nada que ver con el suyo.
Por supuesto, el ascenso al trono de Kurt Elizabeth Hummel, primogénito del rey Burt y la Reina Elizabeth y último miembro de la casa de los Hummel, se hizo una noticia aún más llamativa y la principal causa de cotilleos de todas las reuniones sociales. Todos sabían que contaba con la inteligencia y sabiduría de su madre, con la nobleza y valentía de su padre y que tenía un elemento Kurt que lo diferenciaba del resto de los monarcas.
Pero Kurt también sabía algo que sus súbditos no querían reconocer: que no estaba listo para ser Rey.
Si, amaba a su pueblo más que a cualquier cosa, y si, quería asegurarles paz y prosperidad, pero ¿Cómo pretendían que hiciera eso si ni siquiera había ido a la Universidad aún? Tenía mucho que aprender, mucho que vivir y…
Y tenía que casarse con Sebastian Smythe.
Sebastian Thomas Smythe era el segundo hijo de la casa gobernante del reino de Crawford. No tenía reino que heredar, pero si una enorme fortuna, sagacidad en los negocios y la política y una innegable belleza, pero…
Pero Sebastian no era Blaine…
Blaine Devon Anderson era el primo de Sebastian. El Señor Anderson había sido el mejor amigo del difunto Burt Hummel desde que habían nacido. Se habían criado, crecido y estudiado juntos. Habían hecho prácticamente todo codo a codo y cuando Hummel fue coronado como soberano no fue de extrañar que Anderson fuera nombrado Duque y que se convirtiera en su mano derecha a la hora de la toma de decisiones.
La historia de Kurt y Blaine no era muy distinta de la de sus padres. Kurt había nacido en Mayo mientras que Blaine había llegado unos meses después. Ambos habían crecido juntos, jugando en el castillo de los Hummel y disfrutando de su vida al lado del otro.
Decir que ambos querían vivir juntos por siempre y para siempre sería quedarse corto. Ambos habían decidido cuál sería el nombre de sus hijos cuando tenían 6 años, y a los 7 Blaine ya lamentaba la muerte de "la madre del amor de su vida".
Ambos eran el uno para el otro. Ellos lo sabían. Sus padres lo sabían. El castillo lo sabía. ¡El Reino lo Sabia! ¡POR EL SANTO AMOR A LO QUE MÁS SE AME! Todo el mundo (Literal) sabía que el príncipe Kurt y el duque Blaine estaban hechos el uno para el otro.
Así que cuando el resto de consejeros del reino llegaron ante los ojos de Kurt, listos para comenzar a discutir sobre la boda con Sebastian, Hummel solo atino a postergarlo mientras corría de manera desesperada por todo el castillo, buscando a aquel que era el único de calmar las lágrimas que caían por sus ojos.
Después de correr por casi una hora, Kurt encontró a Blaine debajo de un árbol mientras leía un libro. El sol comenzaba a ocultarse y el chico de los ojos azules se preguntaba en que momento pensaba Blaine entrar.
-¡Blaine!
El aludido se dio vuelta con su característica sonrisa al oír la dulce voz de Kurt, pero se desvaneció al ver sus ojos hinchados.
-Kurt…
Hummel prácticamente llegó al árbol y se aventó sobre las piernas de Blaine donde comenzó a llorar de manera desesperada. Anderson acaricio su cabello mientras trataba de tranquilizarlo y de hacer que Hummel le dijera que era lo que pasaba.
-Kurt… tranquilo. ¿Qué pasa?
-Es…Es…¡Es que todo pasa! Mi madre, mi padre, el reino… ¡Yo no puedo! ¡No estoy hecho para esto!
-Kurt…-Blaine dejo un beso sobre su cabello antes de preguntar qué había pasado. Kurt siguió llorando de manera desgarradora por un buen rato antes de que fuera capaz de articular una oración que tuviera sentido.
-Los consejeros reales han hablado…Y…y… Blaine…No quiero perderte.
El chico se aferro al pecho de Anderson mientras este lo abrazaba y le susurraba tranquilos "Todo va a estar bien" que solo alteraban más al chico de los ojos azules.
-No, nada estará bien. Tengo que casarme con Sebastian y…¡Y yo no quiero Blaine! Yo te quiero a ti…
-Kurt tranquilízate...-Pidió el chico de los ojos avellana mientras trataba de lograr que Hummel lo mirara a los ojos.-Quiero que escuches perfectamente lo que te voy a decir ¿Está bien?-Kurt asintió mientras trataba de calmar su respiración.-Ambos sabíamos que esto pasaría ¿Ok?
-Qu… ¿Qué? ¿A qué te refieres con que "Sabíamos que esto pasaría"? Tú… ¿Tú no me quieres Blaine?
-¡Por supuesto que te quiero Kurt! Eres el amor de mi vida, pero… Pero sabía que esto no podría durar para siempre. Kurt, tu eres un rey… yo solo soy un chico que lo único que puede hacer por ti es amarte.
-Pero… Blaine, es lo único que pido de ti.
-Kurt… Yo nunca podré darte lo que Sebastian te dará. Él es un príncipe, es de tu misma clase y… puede ofrecerle al Reino más de lo que yo podría. El es inteligente, es astuto y yo… yo solo soy un músico.
-Blaine, no digas eso… Yo te amo más que a nada…
-Kurt… Siempre te amaré… Siempre, y mi corazón siempre te pertenecerá. Pero en este momento tengo que dejarte ir.
-¡¿Qué?! No, Blaine… no me dejes… Encontrare una solución a este problema… No dejaré que nos separen.
-Kurt…-Blaine se separó ligeramente de Hummel antes de darle un beso ligero.-Te amo… Nunca lo olvides.
Y dicho esto, Anderson se levantó y comenzó a caminar hacia el castillo, sin importarle los gritos de desesperación que Kurt estaba produciendo. Anderson sabía que era lo correcto y que por más que le doliera, tenía que obligar a Kurt a que pensara en toda la gente de Dalton.
…
Kurt se encontró llorando de manera desesperada en el jardín del castillo. Nadie se le había acercado pese a la hora y no quería que nadie lo molestara o diría todas las palabrotas que alguna vez escucho decir a Cooper Anderson, el hermano mayor de Blaine.
Blaine.
Apenas habían pasado unas cuantas horas y decir su nombre dolía más que cualquier otra cosa. Aferrado al libro que Anderson había dejado olvidado, Hummel se enrollo a si mismo mientras observaba el cielo nocturno. Un cielo que así, lleno de estrellas, había sido observado por él al lado de las 3 personas que más amaba: su madre, su padre y Blaine.
El simple recuerdo del chico le hizo estremecerse y girar cuando, sin estarlo buscando, una estrella fugaz recorrió toda la bóveda celeste ante los ojos de Kurt.
Y por primera vez en su vida supo que su madre no siempre le había dicho la verdad.
Porque ninguna estrella fugaz habría sido capaz de lograr que Blaine regresara a su lado en ese momento.
Vale, pueden odiarme... Les doy permiso de odiarme.
No se, creo que esto de los Fairytale no es lo mio. Anyway, espero que no los haya hecho llorar y...you know, pueden dejar sus quejas despues del Bip. :333
No se que más decirles, excepto muchas gracias por leerme y pues...Happy Klaine Week! (:
Nos leemos!
Bip
