DISCLAIMER: Star Wars pertenece a Disney y a Lucasfilm
Serenno
La mansión del famoso Conde Stuppar estaba rebosante de gente poderosa, él era famoso por organizar grandes fiestas sin tener reparos en gastos.
El jardín estaba cubierto de grandes toldos y droides de protocolo que servían bebidas a los invitados que llegaban en deslizadores de lujo. El Conde Stuppar, un hombre anciano de cabello canoso y bastante subido de peso, se hallaba en el umbral de su majestuosa residencia, dando la bienvenida a sus invitados con una gran sonrisa.
Un alienígena de piel gris y ojos completamente negros se acercaba acompañado de una hermosa mujer de cabellos rojos y ojos azules. El Conde Stuppar observó con deleite a la mujer, vestida con un elegante vestido azul que hacia juego con sus ojos, guantes finos hasta los codos y un collar de piedras preciosas adornaban su cuello.
El alienígena se plantó ante el Conde Stuppar y el droide de protocolo que acompañaba en todo momento al conde, habló.
—Conde Stuppar, he aquí el Coronel de la armada de la Ascendencia Zyn, Drenta'uoro.
El zyn, de rasgos humanoides se dio una leve inclinación ante el Conde.
—Mi acompañante es la capitana del navío, Savara Maren.
—Vaya…bienvenida capitana Savara Maren—dijo el Conde Stuppar, la mujer levantó la mano para saludar al conde.
—Tenía entendido que la armada Zyn solo admitía zyn—dijo el conde.
—Ella solo esta como enlace, Conde Stuppar—dijo el coronel Drenta— De la Primera Orden, por supuesto.
—Claro, quiero dejar en claro que apoyamos la Primera Orden, por favor síganos.
El conde, totalmente deslumbrado por la belleza de la mujer, decidió dejar la entrada, dejando encargado al droide y acompañó a sus visitantes al gran salón.
—Por si desean podríamos ir al bar.
—Me encantaría—dijo la capitana Savara, los ojos negros del zyn se entornaron y dio un leve asentimiento.
Llegaron a la barra del bar, donde un bith servía las bebidas con gran agilidad y destreza, el conde Stuppar ofreció un vino corelliano.
—Coronel Drenta'uoro—dijo el conde Stuppar mientras el bith servía el vino en tres copas —¿La Ascendencia Zyn tiene una alianza con la Primera Orden?
—No realmente—dijo el coronel mientras daba un sorbo a su bebida—Esto es solo un favor que le hacemos a uno de nosotros, el Líder Supremo Snoke'oshouro. Le prestamos algunas naves, adiestramos a sus pilotos pero nosotros—dijo el zyn resaltando la última palabra—jamás intervendremos.
—¿Por qué?—preguntó curioso el conde.
—Los zyn no atacan si no son amenazados—dijo la capitana Savara—Mientras no sientan que la Resistencia es una amenaza para ellos, no intervendrán.
—Vaya, eso es interesante—dijo el conde, terminando con su bebida y se sirvió otra mientras daba otro vistazo a la mujer—¿Y usted es la única humana entre los zyn?
—Oh no, por supuesto. Está el almirante Darius Irard, lleva afincado en Czilla desde que el Imperio cayó en Endor. Es muy respetado.
—Ciertamente—dijo el zyn de semblante serio que contrastaba con el rostro risueño de la mujer—La Casa Irard es de las más influyentes de la Ascendencia Zyn.
Savara miró a un rodiano y mediante contacto visual, empezó a controlarlo mentalmente.
—Te tropezarás conmigo y vaciarás ese aguardiente en mi vestido
El rodiano había sentido una voz en su mente, como un autómata fue hacia la mujer pelirroja y tropezó accidentalmente contra ella, vaciando toda la bebida en el lujoso vestido de Savara.
—Oh…disculpe—dijo el rodiano, totalmente confundido.
—Parece que alguien ya siente los efectos—dijo el zyn.
—No pasa nada—dijo Savara nerviosa—¿Dónde están los servicios para limpiarme?
—Al fondo a la derecha, un droide la guiará—dijo el conde bastante nervioso y le dirigió una mirada asesina al rodiano, que aún estaba de pie con la copa en mano.
Savara fue rauda a los servicios, acompañada por otro droide de protocolo, uno plateado con hombreras rojas.
Cerró la puerta tras ella, ahora el trabajo empezaba: no podía tardar mucho, el zyn se encargaba de distraer al conde mientras ella ingresaba a hurtadillas a su habitación.
Se subió a una banqueta y abrió la ventana, con la Fuerza atrajo una maleta escondida entre los matorrales.
Se desvistió para luego colocarse una ropa más cómoda. Se llevó el sable al cinto y se encaramó por la ventana. Trepó por los tejados salientes e impulsándose por la Fuerza, se encaramó al techo donde empezó a deslizarse rápidamente.
La noche estrellada la ayudaba mucho, sacó un generador de holos donde vislumbró el mapa de la mansión, la habitación del Conde no estaba muy lejos. Se puso de pie y avanzaba rápidamente hasta llegar al otro extremo del techo rectangular.
Se asomó donde vislumbró dos guardias gamorreanos en el suelo, dando vueltas.
Había peligro que ellos la vieran treparse por la ventana, sacó una pistola de dardos tóxicos y los apuntó. Un gamorreano cayó al suelo, muerto y el otro lo vio pero no le dio tiempo de soltar la alarma, un dardo le dio en el cuello y cayó muerto.
Savara, quien en realidad era Shira Ren, se apoyó en la barandilla y colgó con las manos en el filo del tejado.
Sus pies lograron encontrar la estabilidad en el friso, cerró los ojos y se concentró en la ventana, usando la Fuerza para abrirla.
Flexionó las rodillas y saltó al interior con gran agilidad, rodó y se puso de pie y con la mirada empezó a buscar el datapad del Conde.
Su vista se paseó rápidamente por la habitación, se tiró al piso y se arrastró a la cama, colocó sus manos debajo del colchón y encontró el datapad.
Lo encendió y colocó su guardadatos en el puerto del datapad y bajó todos los archivos que pudo encontrar. Cuando terminó, se llevó el guardadatos en el bolsillo y volvió a colocar el datapad en su lugar.
Savara salió del baño y rápidamente fue en dirección hacia donde estaba el conde Stuppar, elogió la comida y la música que sonaba en el ambiente y miró al zyn, asintiendo.
Algunas horas después, ambos decidieron retirarse de la fiesta y rápidamente fueron hacia la nave.
Ya en la nave, el zyn que en realidad era un caballero Ren, se colocaba el casco mientras Shira revisaba los datos.
—Y bien ¿es un traidor?—preguntó Zallius Ren, conocido anteriormente como Drenta. La historia que ellos habían manejado era una mentira, la Ascendencia Zyn no tenía un trato con la Primera Orden y él era el único zyn entre los caballeros Ren, lo único cierto era sobre Darius Irard, padre de Soont Irard que ostentaba el cargo de barón.
—Sí—dijo Shira, con el casco puesto y con su uniforme negro de caballero—Tiene lazos con Deiy'La For de Bothawui.
—¿El capitán de la flota bothana?—dijo el zyn.
—Según los mensajes, parecen ser amigos y le ha prometido darle un apoyo monetario. El Conde ha decidido darle la espalda a la Primera Orden.
—Es un traidor.
—Entonces es mi trabajo liquidarlo—dijo Shira Ren poniéndose de pie y bajando por la rampa, antes de salir de la nave se giró hacia el zyn—Gracias por tu apoyo, Zallius. Ahora puedo encargarme del trabajo.
—Ha sido un honor, Shira Ren—dijo Zallius haciéndole una reverencia.
El Conde Stuppar dormía plácidamente en su habitación, faltaban pocas horas para el amanecer cuando sintió un zumbido.
Abrió los ojos y vio una figura femenina delante de él, asustado se cayó de la cama.
—¿Quién eres? ¡Guardias!
—No vendrán—dijo Shira Ren y se retiró el casco—Ya nos conocimos, conde.
El anciano abrió los ojos de la sorpresa al ver a la hermosa pelirroja que había conocido, pero esta vez sus ojos amarillentos estaba refulgentes, no podía moverse y veía con horror como ella se acercaba con el sable en alto.
—El Líder Supremo Snoke no tolera traidores en sus filas. Yo soy su brazo ejecutor—y bajó el sable con fuerza y el cuerpo del conde cayó a un lado, sin vida.
Naves bothanas y cruceros calamaris orbitaban sobre el planeta de Corellia, Centralia, la poderosa estación central de batalla, no estaba muy lejos de ahí.
En dicha estación de batalla, nadie descansaba; sus controladores trabajaban arduamente; el general Gavin Delste, quien estaba a cargo de Centralia, caminaba por la pasarela de mando cuando un controlador pecoso rompió el silencio.
—General…capto algo.
Delste se detuvo y miró al controlador.
—¿Qué captas?
—Un destructor estelar se acerca al sistema corelliano. Aparecerá en minutos.
Gavin Delste torció los labios ¿un destructor? Podía ser una trampa.
—Activen escudos—dijo Delste—Cassion—el otro controlador se giró—Comunica al resto de la flota que adopten posición defensiva.
—Sí, señor.
Gavin se acercó presurosamente al mamparo donde apareció el destructor tras el salto, se acerca lentamente pero no parecía que querían atacar.
—El destructor estelar quiere comunicarse, general—dijo el controlador pecoso.
—Abre un canal. Hablaré con ellos.
Gavin se sentó en su sillón, donde descendió una pantalla desde el techo. Se encendió y vio a un hombre de perilla y bigote fino, sonriéndole de oreja a oreja, con las manos levantadas.
—Vengo en son de paz, soy Rik Castinhall y este es el Sombra de Mara. No estoy con los imperiales, estoy de su lado.
Gavin Delste estaba tan sorprendido que rápidamente recuperó la compostura.
—¿Cómo...? ¿Cómo es que tienes un destructor?
—Lo capturé—dijo Rik como si comentase el clima que hace—Me costó un poco pero lo hice, una hazaña si me lo preguntas.
—Vaya, eso sí es interesante—dijo Gavin.
—Lo es—dijo Rik—Y veo que ustedes tienen un destructor estelar. Desde aquí lo podemos ver. Bonita pintura.
—Ese destructor lo capturamos hace un año—dijo Gavin Delste con orgullo—Se llamaba Han Solo, ahora lo rebautizamos como Sueño Rebelde. Por cierto ¿Quiénes están contigo?
—Mis fieles "soldados", dos mandalorianas y una Jedi.
—¿Contrabandistas?
—Exactamente—dijo Rik—Le pedimos por favor que nos dejen aterrizar en Corellia—dijo Rik—Venimos a ayudarlos y hay varios que necesitan descansar.
—Está bien—dijo Gavin y se dirigió a sus controladores—Abre un canal hacia el CORSEC para hablar con ellos—y se volvió hacia Rik—Bajaré los escudos y mantengan el curso.
—Les agradecemos.
No hubo muchos problemas para aterrizar, varios pilotos miraban con desconfianza a los contrabandistas, algo que Rik Castinhall tenía que cambiar, el comandante Tycho Celchu y la Jefa de Estado de Corellia se acercaban hacia el grupo.
—Buenas tardes, señor Castinhall—dijo Jeela Rumarch—Estoy enterada de su llegada en un destructor estelar.
—Esa es nuestra nave ahora—dijo Rik—Estoy dispuesto a ayudarles en esta cruzada.
—¿Algo a cambio?—preguntó Celchu, Rey buscaba con la mirada a Poe y no tenía intención de escuchar lo que hablasen ellos.
—Disculpe que los interrumpa—dijo Rey— Señor Celchu ¿podría decirme dónde puedo encontrar a mi padre, Luke Skywalker?
—El maestro Skywalker se encuentra en la oficina—dijo Celchu—Puedo ordenar a un droide de protocolo que la guie.
—Gracias, puedo encontrarlo—dijo Rey con una sonrisa—Disculpen.
Ella se alejó del grupo, Poe será después, tenía la urgencia de hablar con su padre, después de lo sucedido hace un año cuando ella lo dejó en medio de desacuerdos.
La joven se hallaba ante la puerta metálica, se humedeció los labios u presionó un botón e ingresó, no era muy grande la estancia: una larga mesa de duracero con varias sillas reclinables, un proyector de holos que se hallaba apagado y las persianas estaban cerradas.
Leia miró a su sobrina al igual que Luke, quien se giró en su asiento; C3-PO se acercó.
—Señorita Rey ¡que gusto verla! ¿la puedo ayudar en algo?—exclamó el droide de protocolo.
—Estoy bien, gracias C3-PO.
R2-D2 emitió varios pitidos en la cual la joven Jedi interpretó como saludos.
—Rey, que bueno que estás aquí—exclamó Leia abrazando a su sobrina.
—Tía Leia—dijo Rey correspondiendo el abrazo y le mostró el sable de luz que le había prestado hace un año—Esto es suyo.
Leia sonrió mientras agarraba el arma.
—Gracias, Rey—exclamó la princesa y la Jedi miró a su padre, quien aún estaba sentado.
La general Organa no necesitó preguntar, entendiendo que ella necesitaba un momento a solas con su padre, se excusó que iba a buscar a Chewie, los droides la siguieron.
Rey estaba de pie y su padre sentado, se acercó lentamente pero el rostro serio de su padre miraba fijamente a su hija, ella sintió un extraño deja vú cuando lo encontró en aquella isla, con la diferencia que no tenía el sable de luz para ofrecerle. Aquel sable aún estaba en manos de Kylo Ren.
—Siéntate—exclamó al fin Luke con voz grave, no se veía molesto pero Rey tenía una extraña sensación que lo estaba. Se sentó, frente a frente.
—Perdóname, padre—rompió el silencio la Jedi—Reconozco que no disipé la ira que sentía en aquel momento. Debes entender que mi madre me instó a irme a Ukio. Ella me dijo que debía buscar a mi tío, Rik Castinhall.
—¿Entrenaste con la mandaloriana?—preguntó Luke.
—Sí, el entrenamiento fue duro—dijo Rey— Agotador e intenso. Mi compañera de entrenamiento, Tathana Wren fue un gran apoyo. Creo que no lo hubiera logrado sin su ayuda.
Luke asintió. Él sabía que su amada Mara tenía un hermano pero nunca lo había conocido, cuando conoció a ella; su hermano ya estaba con los piratas y no en Jakku.
—La ira y la venganza no es un camino para un Jedi, Rey. ¿Buscas venganza contra Kylo Ren?
Rey meditó la respuesta, había bastantes motivos para querer vengarse contra él: mató a Han y a su madre, hirió a Finn y a Poe, le cortó el antebrazo y agredió a su padre. A pesar de todo esto, reflexionando en la soledad de Ukio y posteriormente en Mandalore, no buscaba vengarse.
—No—dijo después de unos segundos—Sé que hay motivos. He aprendido la lección, vengarme no me va a llevar nada bueno. La venganza oscurece el alma de un Jedi y se concentra en los momentos negativos. Rompe la comunión de la Fuerza con el usuario del Lado Luminoso.
—Solo trae oscuridad—dijo Luke—Ira, agresión, temor, ellos son el Lado Oscuro. Si pasas por ese sendero, Rey; nunca regresarás.
—Mi abuelo regresó.
—Yo ayudé en alguna manera—dijo Luke—Fue el amor hacia su hijo que mi padre regresó a la Luz, sacrificándose.
Rey asintió.
—El Lado Oscuro de la Fuerza es tentador. Si llegas a tener un sentimiento negativo, te dará una falsa sensación de tener mucho poder, con meditación y concentración en la Fuerza Viva, apartarás esos sentimientos.
Rey levantó la mirada y volvió a asentir, se enderezó y sacó de su cintillo un sable de luz.
—Madre me dio esto.
Luke extendió la mano robótica, recogiendo el sable de luz de Mara y sus ojos se volvieron brillosos.
—Yo vi como Mara construyó su sable—dijo Luke examinando el arma.
—Lor San Tekka lo tenía escondido en Yakku.
—Lor San Tekka no era un usuario de la Fuerza pero si un estudioso sobre la misma. Él de alguna manera, me ayudó a localizar a seres sensibles a la Fuerza. Nunca pensé que volvería a ver esto.—exclamó el Maestro Jedi y se lo devolvió a su hija.
Rey suspiró y respiró hondamente, mirando los ojos azules de su padre.
—¿Es normal que la extrañe tanto?
—No deberías—dijo Luke—Yo no extraño a Mara porque sé que está viva, ella se ha convertido en una en la Fuerza, hallando el camino hacia la inmortalidad. Tal como lo hicieron mis antiguos maestros.
—Una en la Fuerza—musitó Rey.
—Por eso decimos en nuestro código: "No existe la muerte, solo existe la Fuerza". Un Jedi siempre está preparado para la muerte, es parte del cliclo de la vida y realmente no es el fin de todo, es solo el comienzo de otra etapa del viaje. A traves de la Fuerza, nuestra existencia continua con una constante conexión con los seres vivos. Ten claro que siempre amé a Mara pero recuerda que los celos y el apego te llevan el temor a perderlo.
—¿El apego?
—Exactamente.
—¿No temías perder a mamá?
—No—dijo Luke—Nosotros somos seres luminosos, Rey; tal como te dije en Thyton. Sabía que Mara no iba a ser eterna y en algún momento ella se uniría a la Fuerza, pero no imaginé que sería tan pronto.
—¿No te…?
—Tuve dolor, sí—dijo Luke dando un suspiro—No te voy a negar eso. Sentí su muerte y al no sentirte a ti, fue lo que casi me lleva al sendero oscuro. Recordé las palabras de mi antiguo maestro Yoda. Me exilié, alejándome de todos para meditar en la Fuerza. La Fuerza puede obrar de formas misteriosas.
—¿Entonces se le permite amar?
—Se nos insta a amar, Rey. Amar al prójimo y a la vida que crea la Fuerza; pero evitando el apego a las cosas.
—Entiendo—exclamó Rey y Luke sonrió levemente.
—Yo siento que amas a alguien—exclamó y las mejillas de Rey se colorearon de un rosado suave pero no bajó la mirada.
—Bueno…—dijo algo incómoda.
—Es normal, Rey pero recuerda lo que te dije.
—El apego nos lleva a buscar apasionadamente ese objeto que queremos y eso nos lleva a la agresión y nos generan angustia. No es el camino de un Jedi.
—Estás aprendiendo mucho, Rey—dijo Luke sonriendo levemente.
—Tengo un buen maestro—dijo Rey, bastante risueña.
—Ven, quiero presentarte a alguien—dijo Luke poniéndose de pie, la joven Jedi hizo lo mismo y ambos salieron de la habitación, caminaron por el pasillo y se detuvieron en el umbral del hangar.
—¿Ves aquella chica?
—Sí.
—Su nombre es Iella Horn—dijo Luke—Siéntela en la Fuerza.
Rey examinó al a concentrada agente de seguridad de Corellia en sus labores, la aprendiz abrió los ojos de la sorpresa.
—Ella es sensible a la Fuerza—exclamó.
—Ya tenemos por dónde empezar, si deseamos instaurar la nueva Orden Jedi.
La agente de seguridad se detuvo en sus labores y miraba por ambos lados, y su mirada se cruzó con la de Luke y él la saludó con la mano, ella le devolvió el gesto.
—Creo que me ha sentido—dijo Rey.
—Aún no controla sus poderes pero con un entrenamiento, será una buena Jedi.
—¡Rey!
La mencionada se giró a su izquierda donde vio a un piloto con su traje azul oscuro y casco bajo el brazo, avanzaba a zancadas con una sonrisa de oreja a oreja. Rey sonrió abiertamente a Poe y su corazón latió a mil por hora.
Avanzó lo más rápido que pudo hacia el experimentado piloto, sintió los brazos de él sobre su espalda y la Jedi buscó los labios del piloto.
Fue un beso corto pero intenso para ambos, Rey se giró hacia su padre, su mirada le daba entender que recordase lo que hablaron hace unos minutos atrás, ella dio un leve asentimiento y el maestro Jedi se regresó a la sala de reuniones.
—Me alegra verte de nuevo, Rey.
—A mí también, piloto—dijo Rey sonriendo pícaramente—¿Qué hay de nuevo?
—Finn está en Balmorra—exclamó el piloto— Sé que lo hará bien.
—Me hubiera gustado verlo.
—Te manda saludos—dijo Poe.
—Poe, ¿hay una manera de integrarme a tu escuadrón?
—Sí, aún hay un lugar para ti pero te tendré que asignarte un nuevo número.
—No importa.
—Entonces vayamos a presentarte a mi nuevo escuadrón—dijo Poe, ella enroscó su brazo sobre el brazo de él y empezaron a caminar por los pasillos, abandonando el hangar.
—¿Nuevo?
—Una parte de un escuadrón de Corellia, pilotos calamaris y bothanos y los antiguos. Se llama Escuadrón Espectro. Ha crecido un poco pero son pilotos valientes y experimentados.
—Me alegra oírlo—dijo Rey, ambos se detuvieron ante una puerta de duracero.
—Nuestra primera misión es Caamas y no será fácil. Vamos, tengo que presentarte al resto del equipo.
Rey ingresó al cuarto, encontrándose con varios rostros conocidos: Wexley, Jessica Pava, Syal Antilles como también rostros nuevos: cinco calamaris, tres bothanos, siete humanos corellianos, dos abednedo y dos hembras twi'lekos de piel azul.
—Ella es Rey Skywalker y es nuestra última integrante de nuestro escuadron—dijo Poe.
—¡Bienvenida!—dijeron varias voces, muchos daban asentimientos con la cabeza y sonreían.
—Pilotos ¿están listos para patear el kriffado trasero de la Primera Orden?
—¡Lo estamos!—vociferaron todos, incluyendo Rey y todos aplaudieron ruidosamente lanzando gritos de júbilo. La moral de los pilotos estaba por las nubes, confiaban en lograr una gran victoria en Caamas y ganar la guerra.
NA: Sabemos que el personaje de Snoke aún tiene un aura de misterio. En este headcanon él es un zyn, una especie inteligente creacion mia. Los zyn fisicamente son iguales a los humanos pero con diferencias notabes: la piel gris, los ojos completamente negros y el cabello blanco. Snoke es un zyn desfigurado y calvo.
Los zyn están basados un poco en los chiss del antiguo UE
