La libertad de Annie 3

Terry volvió bastante tarde a su casa, pues se había quedado un rato ayudando a un amigo, un tramoyista, que necesitaba terminar rápido un escenario. El problema de una luminaria mal amarrada lo tenía aún un poco distraído. Ni siquiera se acordaba, ahora, de haberse encontrado con Annie.

Estaba tan cansado que no se fijó en el frío recibimiento de Candy.

Le dio un beso en la mejilla, saludó a los trillizos en sus cunas y se tiró en un sofá.

-¡Estoy muerto! – exclamó.

Candy no dijo nada. Se sentó al frente a él y lo miró un rato, mientras se mordía los labios.

-¿Qué hiciste hoy? ¿A quién viste? – le preguntó.

-Fui a ver a Jeremy, y le ayudé con un trabajo – respondió él.

-¿No viste a nadie más?

Terry iba a contestarle que vio a Annie, pero se acordó que ella le pidió que no la delatara.

-No – dijo después de un momento de vacilación.

-Ah – respondió ella, y comenzó a retorcerse las manos. Terry estaba con los ojos cerrados y no se dio cuenta. De pronto, ella se puso a llorar.

-No merezco que me mientas – dijo.

Terry se incorporó e intentó abrazarla, pero ella lo rechazó.

-Tenía la esperanza de que me dijeras la verdad, que esto aún se podía salvar, pero veo que te has convertido en un mentiroso traidor – de pronto dejó de llorar y lo miró con furia - ¡No dejaré que te acerques a mis hijos!

-Candy, no entiendo de qué hablas – dijo él.

-Es lo típico que dicen los infieles. Archie me lo dijo.

-¿Archie? ¿Qué tiene que ver Archie?

-Por un momento pensé que el asunto se explicaría de una manera adecuada para ti, pero veo que no. Le diré que puede publicarla, porque supongo que eso incluso te gustaría, para que todos vean que Terry es irresistible. ¿O no?

-¡No tengo idea de qué me hablas, Candy!

Ella no se dignó a contestarle. Fue al teléfono y habló:

--¿Archie? Tenías toda la razón. Sí, era verdad. Lamento haberte lanzado ese plato a la cabeza. ¿Puedes venir a buscarnos? No quiero estar un minuto más acá.

-¡Pero, Candy! ¡Explícame qué pasa!

Candy no quiso escucharle, se encerró en la habitación e ignoró las súplicas de Terry. Poco después llegó Archie, quien entró sin llamar a la puerta y, mirando burlón a Terry, se llevó a Candy y a los trillizos.

-¡Maldito Archie, algo tienes que haber hecho tú!

-No. Lo hiciste tú, y muchas gracias – respondió él; y antes de irse, le pasó a Terry un sobre con una foto.

Terry la miró. Aparecía él, siendo besado por una chica pelirroja. Él sabía que era en la mejilla, pero el ángulo de la foto se prestaba para confusión.

-Maldición. Si hubiera sabido de qué rayos hablaba, habría podido explicarle todo – gruñó Terry. Buscó su auto y partió tras su mujer.

Mientras, Annie cenaba con Peter. Habían pasado juntos todo el día, y él había encontrado el momento de aclararle lo de la chica que lo había besado.

-Es que Caroline es italiana, y en su cultura todos se besan. Hasta entre hombres. No te inaginas todos los problemas que he tenido por amigos que me besan, y como en América eso no pasa...

-Así que es italiana.

-Claro.

-Y se llama Caroline. Súper italiano el nombre – se burló Annie.

-Es que la madre era seguidora de una actriz británica llamada Caroline – respondió él.

Annie no le creyó mucho, pero agradeció el gesto.

-¿Y ese a quien besaste, acaso no es ese que actúa en Broadway? – preguntó él, ansioso.

-¿Yo? ¿Besar?

-Si, Annie, besaste a un tipo esta tarde.

-Sólo fue un beso en la mejilla.

-Yo te expliqué lo del beso con Caroline, ella es sólo una amiga. ¿No me vas a explicar lo del beso con el actor?

Annie ahogó una risita.

-¿Por qué te interesa saberlo?

Peter se confundió ante la pregunta.

-No es que me interese, es que pensé que era justo, si yo te contaba de mi beso, tú me contarías del tuyo.

-Pero yo jamás te pedí que me contaras del beso.

-Sí, pero... – Peter estaba aún más confundido. ¿Por qué ella no quería responderle? - ¿Son novios ese actor y tú?

Annie se horrorizó.

-¡Él es casado!

-¿Casado? No lo sabía. ¿Y qué tiene que sea casado?

Annie lo miró algo escandalizada.

-¿Andarías tú con una mujer casada?

Él no dijo nada, pero su sonrisa le dio la respuesta.

-¡Qué inmoral! ¿Y así te crees con el derecho a educar?

-Sólo fueron dos veces, además si todos somos adultos...

-Creo que no quiero hablar más del tema – dijo Annie, aunque se moría de ganas de preguntarle detalles.

-Pero tú fuiste quien la sacó a colación – respondió él.

-¡Tú empezaste a hablar de un hombre casado!

-¿Qué hombre casado? Ah, ese que es tu amante. El actor.

-¡No es mi amante!

-Pero lo besaste.

-¡Sólo lo besé para ponerte celoso...! – entonces, Annie se dio cuenta de que había hablado de más y se tapó la boca. Peter sonrió triunfante.

-¡Lo sabía! ¡Ese beso con Caroline te puso celosa!

-No, sólo que...

-Vamos, Annie, confiésalo: te gusta este feo ejemplar – repuso alegremente, señalándose.

-¡No eres tan feo! – reclamó Annie.

-Pero te gusto...

Annie lo miró algo asustada. Luego, se rió y negó con la cabeza.

-No conseguirás que yo sea la primera en declararme. Hazlo tú.

-Pero dime si te gusto aunque sea un poquito.

-Tendrás que averiguarlo – sin darse cuenta de la coquetería de su gesto, le guiñó el ojo y se acarició el cabello.

Se quedaron en silencio un momento. Luego, Peter dijo:

-Tendrías que quitarte la peluca.

-¿Qué?

-Si me declaro acá, en público, tendrías que quitarte la peluca. Si me ven intentando besar a mi hermana pelirroja, quedaremos como inmorales.

Annie reflexionó un momento, luego sonrió, algo nerviosa.

-Está bien – aceptó. Se levantó y fue al baño. Se sacó la peluca y la botó, sintiendo que era un gesto importante. Se arregló el cabello y volvió a la mesa.

Peter también estaba nervioso. No es que se asustara con las mujeres, pero... era la primera vez que se sentía realmente interesado en una chica, y le temía al rechazo.

Annie se sentó frente a él, con las mejillas rojas por la emoción. Peter le tomó la mano, y empezó:

-Señorita Annie, desde que usted llegó a mi vida...

Annie comenzó a reír.

-Perdón – se disculpó ella – es que estoy nerviosa.

En eso, una mesera se acercó a Annie y le dijo algo al oído. Annie enrojeció y se puso rápidamente de pie.

-Gracias – le dijo a la mesera. De espaldas a Peter, se dirigió al baño – ya vuelvo –le explicó.

Tenía toda la parte de atrás del pelo enredada, como un nido de araña. Con la ayuda de otra mesera, arregló la situación.

Peter, confundido con la actitud de Annie, se levantó de la mesa para pedir un trago en el bar. En eso, un hombre se sentó junto a él y le habló:

-Sé quién es esa chica – dijo el hombre.

Peter comenzó a tomar su vino y no se dignó a mirarle.

-Sé quién es esa chica y sé que se ofrece recompensa por ella: Diez mil dólares.

Peter siguió sin hacerle caso.

-Si tú trabajas conmigo, esos diez mil dólares serán nuestros. Pero si no...

Peter por primera vez se animó a mirar a su interlocutor. Y esa fue la primera vez que vio a Neil Leagan.

-¿Ah, sí? – dijo Peter.

-Ella se escapó de su casa, y si la devolvemos cobraremos esa recompensa. Trabajaremos juntos y nos iremos mitad y mitad.

-Vaya, justo esperaba a alguien como tú – respondió Peter después de un rato.

-¿Sí? Pues me alegra estar aquí para ayudarte.

-Te he visto en el bar de la otra calle – dijo Peter.

-Sí – respondió Neil -, ahí están mis amigos. Pero por suerte hoy vine acá, o nunca hubiera encontrado a Annie. Bueno, tú me dices cuando la devolvemos.

-¿Tienes un arma?

-¿Arma? – Neil palideció - ¿Para qué?

-¿No tienes? No importa, yo tengo dos. Justo esperaba a alguien que me ayudara, ya que al Sueco lo despacharon la otra noche.

-¿Lo despacharon?

-Tú sabes, despachar. Y el Jefe y Toby quieren un poco de acción pronto. Seguramente tendremos que enfrentarnos a la pandilla del Chino, o a la policía antes de cobrar el rescate.

-¿Rescate? – Neil se iba poniendo más pálido a cada instante.

-¡Rescate! ¿O acaso habías pensado que nos contentaríamos con esos miserables diez mil dólares? Claro que no, le sacaremos al viejo al menos un millón... para eso, tienes que estar dispuesto a afrontar hasta las últimas consecuencias.

-Oye, yo no sabía que estaba secuestrada...

-Idiota – murmuró Peter, y lo arrastró a la puerta, justo cuando Annie volvía del baño. Ella alcanzó a ver a Neil junto a Peter y tembló ante la idea de ser devuelta a su hogar justo en ese momento. Sin saber bien qué hacer, se sentó a esperar que Peter volviera a entrar.

Afuera. Neil temblaba mirando la furia contenida de Peter.

-¿Me dices que querías meterte en el negocio sin saber de qué se trataba? ¡Pues ahora vas a afrontar las consecuencias de hablar demasiado! Vamos donde el jefe...

-¡No, por favor, no! – sollozó Neil - ¡No sé nada, nada de nada! ¡Me callaré la boca!

-Por tu culpa, el negocio puede irse al caño.

-¡No diré nada, lo prometo!

-¿Sabes que le pasó a Bugs Jones?

-¿Bugs Jones? No lo sé, no lo sé...

-Se fue de lengua; Tuvimos que castigarlo en la persona de sus hijos. Y cuando se enteró de lo que le hicimos a su hijo mayor, él...

-¿Qué le pasó a él?

-Se suicidó...

Neil estaba a punto de llorar.

-¡Yo no sabía de qué se trataba, perdóname, déjame ir!

Peter pareció reflexionar.

-¿Cuál es tu nombre?

-Neil. Neil Leagan.

-¿Tienes hijos, Neil?

-No, pero soy el hijo favorito de mi mami. Ella moriría si me pasa algo.

-Bien, hijoto de mamá, por respeto a ella no te rebanaré los sesos. Pero vete de aquí y mantén la bocota cerrada.

-¡Sí, gracias, señor, eso haré!

Neil salió corriendo como alma que lleva el diablo. Peter lo contempló sonriente unos instantes y volvió a entrar al restaurante.

-¡Hola, preciosa! – le dijo a Annie.

-¿Qué pasó con Neil? – preguntó ella, ansiosamente.

-¿Qué relación tienes con ese imbécil?

-Es conocido de la familia. ¿Qué quería?

-Que lo ayudara a devolverte a tu casa. Vámonos rápido, creo que deberíamos dejar la ciudad por un tiempo, Annie.

-¿Qué? ¿Por qué, dijo algo?

-Le inventé una linda historia de secuestro. Con eso lo asusté por un rato, pero cuando deje de estar asustado, comenzará a pensar y se dará cuenta de que le metí el dedo en la boca; seguramente querrá volver a buscarte o mandará acá a tu familia. Y yo no dejaré que ellos acaben con tu sueño.

-¿Mi sueño?

-Te escapaste porque querías estudiar en la universidad, ¿no?

-Ah, sí... – ella no quiso decirle la verdad. La explicación de él sonaba ¡tan bonita! Además, ahora Peter la había tomado de la mano para llevarla corriendo a la pensión donde vivían. Perdida en la emoción de la fuga, olvidó todo lo demás.

Se escaparon esa misma noche de la ciudad. Peter les había dado vacaciones de verano a sus alumnos y nadie se extrañaría de que ellos hubieran dejado el lugar.

Por eso Annie no vio al día siguiente el tremendo titular en los diarios: "Granchester engaña a su esposa", con la foto de ella besando a Terry.

Si la hubiera visto, de inmediato hubiera aclarado el malentendido. Esa también era la esperanza de Terry, que no podía hablar con Candy para explicarle lo que pasaba.

Pero Annie estaba viajando hacia el Oeste, donde planeaban pasar con Peter unas semanas en Las Vegas, hasta estar seguros de que Neil no había delatado a Annie.

Continuará...

Nota de la autora: Muchas gracias por leer, y por dejar reviews!

No había actualizado esta historia porque no me llegaba la inspiración, pero ya llegó... aunque no sé cómo terminarla, porque estoy entre el típico final feliz, y el final más triste. Ahí veremos qué pasa.

Ah! Toda la parte del diálogo entre Neil y Peter fue inspirada en la película "Sucedió una noche" de Claudette Colbert y Clark Gable. Y algunas de las cosas que seguirán también estarán inspiradas en esa magnífica película, que se las recomiendo MUCHO aunque sea más vieja que el pecado original...

Y no es chiste. La película es de 1935, más o menos.

En fin, nos vemos pronto!!!