Naruto y Naruto Shippuden son propiedad de Masashi Kishimoto

Dulce belleza pertenece a Chantelle Shaw.

Capítulo III

La ola de calor, que había sido inusual para el mes de mayo, cesó. El lunes por la mañana, cuando Sakura se acercó andando a los establos, estaba lloviendo. Temió encontrarse de nuevo con Sasuke. Durante el fin de semana había llegado a la conclusión de que había reaccionado de manera exagerada y había comprendido que él no la había besado para persuadirla de que se acostaran juntos. Sasuke era un playboy extremadamente guapo y un héroe deportivo que frecuentemente salía fotografiado en los periódicos en compañía de preciosas modelos. No era muy probable que hubiera sentido una lujuria descontrolada hacia una desaliñada chica como ella.

El no le había dado ninguna importancia al beso que habían compartido, mientras que ella había actuado como una virgen mojigata. Pero había sido porque jamás había mantenido relaciones sexuales.

No lo vio hasta por la tarde, cuando salió con algunos de los muchachos para ejercitar varios ponis. Sasuke llevaba puesto un largo chubasquero negro combinado con un gorro del mismo color. Montada en uno de los ponis, a Sakura le dio un vuelco el corazón al reconocerlo.

—¿Estás ya suficientemente recuperada de tu accidente como para montar? —le preguntó él, acercándose a ella. Sujetó la brida del poni.

—Estoy bien —contestó Sakura automáticamente, ignorando lo mucho que le dolían las costillas. Lo miró a la boca y se ruborizó al recordar el placer que había sentido cuando aquellos labios la habían besado. Vio cómo algo brilló en sus ojos y apartó la vista apresuradamente—. Será mejor que me marche y que lave bien a Charhe Boy. Está cubierto de barro.

—Ambos los estáis —comentó Sasuke con sequedad. No comprendió cómo pudo excitarle Sakura vestida con aquella enorme chaqueta y aquellos mugrientos pantalones de montar. Normalmente le gustaba que las mujeres tuvieran un aspecto femenino y seductor—. ¿Cómo tienes las magulladuras? —preguntó.

—Mucho mejor —respondió ella entre dientes.

—Podrías haberte tomado otro día libre —murmuró él—. Es obvio que todavía tienes el hombro entumecido.

—Está bien… y, además, no estoy acostumbrada a sentarme sin hacer nada. No soy la paciente más paciente del mundo —admitió Sakura.

—No, creo que no lo eres —contestó Sasuke—. Cuando te ocupes de tu poni, te llevaré a casa en coche. Tengo que ir al pueblo y la granja está de camino.

—Oh, no, está bien… todavía no voy a irme a casa.

—Hoy ya no hay nada más que hacer por aquí —dijo él, frunciendo el ceño.

—Quiero llevar a Piran a realizar saltos —admitió Sakura a regañadientes.

—Eso no es una buena idea. Es el primer día que has trabajado tras la caída y debes estar cansada —comentó Sasuke. La había observado en varias ocasiones durante el día sin que ella lo hubiera notado. Le había impresionado lo duro que trabajaba y lo mucho que se esforzaba.

Si Sakura era sincera, debía admitir que estaba destrozada y con todo el cuerpo dolorido. Pero su terquedad innata provocó que se revelara ante el autoritario tono de voz de Sasuke.

—Los campeones olímpicos no llegan a lo alto de sus carreras si abandonan el entrenamiento cada vez que están cansados —dijo—. Tanto Piran como yo necesitamos ejercitarnos todo lo que podamos antes de nuestra próxima competición.

—¡Santa madre! Eres la persona más cabezona y testaruda… —espetó Sasuke. Pero hizo una pausa para tratar de controlar su enfado—. Comprendo que desees tener éxito como jinete, pero es una estupidez correr riesgos innecesarios.

—Los saltos son un deporte peligroso… como lo es el polo —comentó Sakura—. ¿Cómo puedes advertirme acerca de correr riesgos cuando toda tu carrera ha sido construida sobre el hecho de que, cuando juegas, arriesgas constantemente tu seguridad? He visto por televisión cómo montas, lo haces de manera alocada, casi como si quisieras matarte… —añadió. Pero se le apagó la voz cuando la dureza que reflejó la mirada de Sasuke le advirtió que había llegado demasiado lejos.

—No digas tonterías —espetó él con la frialdad reflejada en la voz—. He estado en lo alto de mi carrera durante los anteriores diez años y sé lo que hago.

—Está bien —respondió ella, encogiéndose de hombros—. Acordemos que yo no te aconsejaré acerca de tu carrera y tú no me dirás cómo debo hacer mi trabajo.

Sasuke miró la boca de Sakura y sintió ganas de besarla de nuevo. Pensó que ella era tan testaruda y temeraria como lo había sido él a los veintidós años. Sakura pensaba que era infalible y quiso advenirle que no lo era… que nadie lo era.

El había sido muy obstinado e impetuoso y había sido precisamente aquello lo que había provocado el fallecimiento de su hermano. Cerró los ojos para tratar de contener el dolor que se había apoderado de él al recordar el cuerpo sin vida de Itachi. Incluso después de tanto tiempo los recuerdos estaban muy vivos en su memoria y el dolor era muy intenso. La angustia de su corazón no se había disipado, como tampoco lo había hecho la creencia de que no tenía derecho a ser feliz ya que, sin ser consciente de ello, había causado la muerte de su hermano.

Había pasado los anteriores diez años llevando las situaciones al límite ya que no le había importado vivir o morir. Pensó que era curioso que ello le hubiera llevado a ser campeón de polo, un héroe deportivo en Argentina y en todo el mundo.

El Torneo de Polo Hardwick era siempre un evento muy popular, pero aquel año se habían vendido más entradas de lo habitual debido a la participación de Sasuke Uchiha. Durante las anteriores dos semanas, Sakura había llegado a los establos al amanecer y había trabajado hasta el anochecer. Había ayudado a preparar la finca para la afluencia de veinte mil visitantes. Pero de alguna manera logró no dejar aparcados los entrenamientos con Piran. El primer día que lo había montado había sentido cierta aprensión y la presencia de Sasuke en el prado sólo había conseguido ponerla más nerviosa. Pero Piran había saltado las vallas sin problemas, hecho que le había alegrado mucho.

Aunque no estaba tan contenta de que Sasuke se hubiera impuesto a sí mismo la tarea de ser su guardaespaldas. Cada tarde, cuando llevaba a Piran al prado para practicar, allí estaba él. Su presencia la intranquilizaba. Sasuke la ponía nerviosa.

La mañana del día en el que iba a celebrarse el torneo de polo, él se dirigió al prado vestido con los colores del equipo de Hyuuga… camisa dorada, pantalones marrones y botas negras. Estaba increíblemente guapo. Al verlo, a Sakura se le aceleró el corazón y se ruborizó cuando él la miró. La leve sonrisa que esbozó Sasuke le dejó claro que éste era consciente de que había estado observándolo.

Tuvo que admitir que se sentía muy atraída por él y cada vez le costaba más ocultar su atracción cuando Sasuke estaba delante. Habían trabajado juntos cada día y no sólo se sentía atraída hacia él como hombre, sino que también lo admiraba profundamente como profesional. Le había impresionado la paciencia y la destreza que demostraba, así como la gran afinidad que tenía con los caballos. Era consciente de que podría aprender mucho de él y deseó poder preguntarle cosas con normalidad. Pero cada vez que Sasuke le hablaba, se quedaba como muda y temió que él sospechara que estaba deseando que la besara de nuevo.

Sasuke había estado charlando con los otros miembros del equipo, pero se alejó de ellos y se acercó a los establos para buscar al primero de los cuatro caballos que iba a montar.

—¿Te va a acompañar alguien a la fiesta que se celebrará después del torneo, Sakura? —le preguntó al montarse en el caballo.

—Naruto me pidió que fuera con él —contestó ella.

Naruto era un trabajador de la finca y uno de sus mejores amigos.

—¡Qué pena! Había esperado poder convencerte de que fueras mi pareja esta noche —comentó Sasuke, esbozando una insípida sonrisa. Pero algo se reflejó en sus ojos, algo demasiado parecido a un intenso deseo, algo que desapareció rápidamente.

Sakura se sintió muy decepcionada al haber perdido la oportunidad de ir con él.

Al finalizar el torneo, Karin Hyuuga le entregó a Sasuke el trofeo del vencedor y se ruborizó al darle un beso de enhorabuena. Entonces él tuvo que posar para las fotografías con las bellas modelos publicitarias. Sakura observó la escena y, al mirarse a sí misma y ver la mugrienta ropa que llevaba, se preguntó cómo había pensado que Sasuke podía haber estado interesado en ella. El iba a dirigirse a Hyuuga Hall para asistir a una recepción, mientras que a ella todavía le quedaba mucho trabajo que hacer en los establos. Sintiendo una opresión en el corazón, tuvo que reconocer que pertenecían a mundos distintos y pensó que por su propio bien debía dejar de estar tan encaprichada de él.

Cuando regresó a la caravana ya había anochecido. No sintió mucho entusiasmo por asistir a la fiesta que el conde Hyuuga ofrecía todos los años al personal y a los miembros del club de polo. Pero le había prometido a Naruto que asistiría, por lo que se quitó su sucia ropa y se metió en la ducha.

—Estás estupenda —le dijo Naruto cuando llegó a buscarla—. Deberías arreglarte más a menudo, Sakura. No puedo recordar la última vez que te vi vestida con otra cosa que no fueran pantalones de montar.

—No puedo pasearme por los establos con falda y tacones —señaló ella. Se sintió ridículamente femenina vestida con una falda con estampado de flores y una camisa de seda. Se había arreglado el pelo en un bonito moño en lo alto de la cabeza, moño del cual ya se habían soltado varios mechones. Incluso se había maquillado.

Cuando llegaron a la fiesta, ésta estaba ya en plena ebullición. De inmediato. Sakura buscó a Sasuke con la mirada. Era el más alto de los allí reunidos. Iba vestido con unos pantalones negros combinados con una camisa de seda del mismo color. Era exótico y diferente.

Cuando miró a su alrededor, se percató de que ella no era la única mujer que lo observaba. Karin Hyuuga y un grupo de sus aristocráticas amigas estaban comiéndoselo con los ojos. Al ver la preciosa ropa que llevaban éstas, sintió que ella no iba vestida con la elegancia apropiada para la ocasión. Había comprado la barata falda que se había puesto en un mercadillo. Se sintió muy cansada y repentinamente la noche le pareció muy aburrida. Comenzó a dirigirse hacia Naruto, el cual estaba en la barra, para informarle de que iba a marchase a casa, cuando Sasuke se acercó a ella.

—¿Crees que a tu amigo rubio le importará si te pido que bailes conmigo? —le preguntó, en voz baja. La diversión se reflejó en sus ojos al observar cómo Sakura se ruborizó.

—Naruto y yo sólo somos amigos. Bailaré con quien quiera —contestó ella entrecortadamente. Se le revolucionó el corazón al tomarle Sasuke la mano y abrazarla por la cintura con su otro brazo.

—Entonces baila conmigo, querida —la invitó él, esbozando una seductora sonrisa—. Valoras mucho tu independencia, ¿no es así? —comentó, tratando de centrarse en la conversación en vez de en el fuego que le recorrió las venas al acercar el delicado cuerpo de Sakura al suyo.

—Más que nada —respondió ella con seriedad—. La lección más importante que aprendí de la ajetreada vida amorosa de mi madre es que no quiero estar contemplando a ningún hombre.

—Quizá todavía no hayas encontrado un hombre que te excite tanto como para querer estar contemplándolo constantemente, ¿no crees? —dijo Sasuke.

—Eso no es probable que ocurra —contestó Sakura, preguntándose qué diría él si ella admitía que la excitaba profundamente.

Desde que la había besado en su caravana, ambos parecían haber estado tratando de ignorar la química que había entre los dos. Pero la mirada de Sasuke aquella noche le dejó claro que éste ya se había cansado de esperar.

—¿Qué opinas del matrimonio y los hijos? —quiso saber él, curioso—. ¿No quieres tener un marido? —añadió, pensando que Sakura estaba extremadamente sexy vestida con su sencilla ropa.

—Creo que los niños se merecen tener a ambos padres, padres que estén comprometidos entre sí y, como no quiero casarme, supongo que no tendré hijos. Quizá opine distinto en el futuro, pero ahora mismo no siento la necesidad de ser madre. Prefiero concentrarme en mi carrera como jinete.

—Así que eres un espíritu libre y puedes hacer lo que te apetezca —comentó Sasuke.

—Efectivamente —concedió ella, emitiendo un pequeño gritito al sentir cómo él bajó la mano hasta su rabadilla.

A continuación se dejaron llevar por la música y estuvieron bailando durante largo rato. Sakura sólo fue consciente de la presencia de Sasuke, de su fragancia masculina y de la fortaleza de su cuerpo. Deseó no dejar de bailar. Se sintió muy decepcionada cuando el grupo dejó de tocar y anunció que iba a hacer una pausa mientras se lanzaban los fuegos artificiales. En vez de soltarla, Sasuke continuó abrazándola por la cintura mientras la guiaba hacia el jardín para observar el espectáculo.

Allí de pie, ambos observaron los bonitos colores de los fuegos artificiales. Sakura sintió cómo un escalofrío le recorrió por dentro al acariciarle él el cuello con los labios.

Al terminar el espectáculo pirotécnico, los invitados aplaudieron entusiasmados y regresaron a la fiesta. Entre Sasuke y Sakura se creó un intenso silencio.

—No está funcionando, ¿verdad? —comentó finalmente él.

Sin comprender a lo que se refería Sasuke, ella se dio la vuelta.

—¿El qué no está funcionando?

—El que tratemos de ignorar el hambre que nos está devorando a ambos —respondió él dulcemente.

—Pero durante las anteriores dos semanas no me has dado ninguna indicación de que quisieras… —al darse cuenta de lo que iba a decir, Sakura dejó de hablar y se ruborizó.

—Me prometí a mí mismo que me comportaría de manera profesional en el trabajo —contestó Sasuke—. Pero eso no significa que no haya fantaseado secretamente con hacerte el amor sobre el heno hasta que ambos estuviéramos físicamente exhaustos.

—Oh…

—Sí, oh. Sakura. La pregunta es, querida, si no podemos ignorarlo… ¿qué vamos a hacer?

—No lo sé —dijo ella, aunque en realidad sí que lo sabía. Sasuke había despertado su curiosidad sexual y quería explorar las sensaciones que él despertaba en su cuerpo… al igual que quería explorar todo el cuerpo de aquel hombre y acariciar su dorada piel.

Pensó que no había motivo por el que no debiera acostarse con él. Era una mujer soltera.

—¿Estás saliendo con alguien en este momento? —le preguntó.

—No —contestó Sasuke, frunciendo el ceño—. Ni tengo ningún deseo de hacerlo —añadió con firmeza para dejar claro que no quería una relación sólida y permanente. Era cierto que deseaba a Sakura, y mucho, pero, al igual que con sus numerosas ex amantes, la relación debía ser bajo sus términos—. La fiesta ya casi ha terminado —comentó, mirando la hora en su Rolex—. ¿Quieres venir conmigo… a tomar café? Un café argentino.

Sakura no pudo creer que él le estuviera pidiendo que lo acompañara… ambos sabían que la invitación no era sólo para tomar un café. Con el maravilloso aspecto que tenía Sasuke, con lo guapo y sexy que era, podría elegir a la mujer que quisiera. Pero el abierto deseo que se reflejó en sus ojos la excitó tanto que se negó a escuchar ninguna advertencia que pudiera hacerle su conciencia. En aquel momento él la deseaba y, con sólo saberlo, le tembló todo el cuerpo.

—Está bien —contestó, temblorosa. Pero entonces recordó que él se hospedaba en Hyuuga Hall—. No puedo ir a Hyuuga Hall sin que me invite el conde —murmuró.

—Ya no estoy en casa de la familia Hyuuga —explicó Sasuke, acariciándole los brazos. Se deleitó al sentir su delicada piel. Recordó que cada noche desde que había llegado a Gloucestershire se había tumbado en la cama y había fantaseado con volver a besarla. Pero la espera ya había terminado. Bajó la cabeza y le acarició los labios con los suyos. Sintió cómo ella tembló y la abrazó, consciente de que en aquel momento no podía besarla como deseaba—. Me gusta tener mi propio espacio y he alquilado una casa en la finca. Está situada en una zona muy aislada de la arboleda —añadió, acariciando de nuevo los labios de ella con los suyos—. Te garantizo que no nos molestarán en toda la noche.

Emocionada, Sakura se percató de que si se marchaba pronto por la mañana, nadie sabría que había estado allí. No deseó ser el objeto de las habladurías del personal de la finca.

—Bueno, entonces… —murmuró. Se quedó sin aliento al ver el brillo que reflejaron los ojos de Sasuke.

El esbozó una sonrisa que provocó que a ella se le acelerara el pulso. Pero en vez de besarla de nuevo, tal y como había esperado Sakura, la tomó de la mano y la sacó de la fiesta…

-Gracias a todos los que leen y a dejan reviews y ponen en favoritos la historia de los agradezco mucho.

Intentare subir pronto la continuación

Se despide

*Haru 3*