Disclaimer: Lo diferente que sería OUAT si me perteneciera.
Comentario: Este capítulo esta dedicado a mi beta, mi Sunshine. De verdad no quieren ver los borradores, son horribles. Esta historia no existiría sin ella. I love you my Sunshine, soon we will meet :')
CAPITULO 3
Henry Mills
Sus pasos eran firmes mientras recorría el pasillo, su cabeza en mil lugares y su corazón latiendo desenfrenadamente. Las palabras provenientes de los espejos apenas eran un leve zumbido comparado con la ira dentro de su ser. Odiaba a ese pobre intento de hombre, ese supuesto señor oscuro. Odiaba todo aquel juego, se odiaba así misma por lo que tendría que hacer, por que no había otra opción si quería obtener su final feliz.
Al final del pasillo estaba su padre esperándola como siempre, fiel.
—¿Rumpelstiltstkin te ha dicho lo que necesitas saber?
—Sí.
—¿Entonces?
—No estoy segura si debo decirlo—Hace una pausa, porque ha de pensarlo bien, ¿Cuál será su siguiente paso?— Estoy en conflicto.
—Tan malo es. ¿Tal vez yo pueda ayudar? —Detiene su marcha por el salón, ha dicho las palabras y ella no puede decirlo. No puede mirarlo a la cara, así que desde su posición suelta la información dada por el señor oscuro.
—Tengo que destruir el corazón de la persona que más amo.
—¿Yo?—Él lo ha entendido, y así como de pequeña, voltea a verlo y lo llama por aquella palabra que no ha salido de sus labios desde hace años.
—Papi... ¡No sé qué hacer!
—Mi querida... No tienes por que hacer esto.—Su tono de voz es bajo, la expresión en su mirada podría ser de miedo, pero no es el miedo por su vida lo que ve ahí y ella estalla.
—¡Tengo que hacer algo!—Él no lo entiende, nunca lo ha entendido en realidad.
—Pasa de largo con esto. Tal vez esto te suene a autodefensa, pero no tienes porque activar la maldición.
—¡Pero no puedo seguir viviendo así!—Su padre debe entenderla, tiene que comprender sus motivos—¡Después de lo que Snow me hizo, de lo que me quito!—y deja de gritar, hay un nudo en su garganta y desea alejarlo— Me esta comiendo en vida Padre. Su mera existencia me molesta, debe ser castigada.
—Pero… pero si el precio es crear un hueco en tu corazón…—Lo ve medir las palabras, calibrar su mirada y sigue ese miedo en sus ojos, y por fin logra entenderlo: es miedo por ella, por lo que podría ocurrirle a su corazón—… un hueco tan grande que jamás podrás llenar—Se acerca a ella y toma una de sus manos— ¿En verdad vale la pena? Hija mía, destruirte por alguien más. Deja de preocuparte por Snow White y comienza de nuevo, podemos tener una nueva vida.
—¿Qué tipo de vida?—Logra murmurar, por que son tantos los sentimientos que pasan por ella, no sabe a cual poner atención primero, y hace tanto tiempo que el odio ha ganado la batalla de sus emociones y estalla una vez más contra la persona menos indicada—¡¿Dime?! ¿Qué tipo de vida? ¡Todas las que valen la pena se habrán ido! Mi poder desaparecería.—Las lagrimas están por escapar de sus ojos—Ellos ya piensan que no soy nada…
—Hija, mi tesoro—Su padre toma una de sus mejillas y la primera lagrima contenida escurre por su mejilla izquierda en un lento descenso—¿En verdad importan ellos? ¿o lo que piensen? Se que el poder es seductivo, pero también sé que no es lo que tú quieres.—Se están mirado a los ojos y ella sabe que él tiene razón, lo sabe en lo profundo de su ser. Todo aquello del deseo del poder se lo fueron enseñando poco a poco, primero su madre y luego ese hombre. Ella no quería poder, pero el poder podría darle lo que anhelaba, la maldición cumpliría todos sus sueños.¿Verdad?—¿Sabes algo querida? La magia más poderosa es el amor y tú puedes tener eso otra vez.
—No.
—Claro que sí—Su padre la abraza como cuando tenía cinco años y escapaba de alguna lección aterradora de su madre, la abraza con fuerza y ternura, la deja llorar todas esas lagrimas contenidas.
—¡Solo quiero ser feliz!
—Puedes serlo, estoy seguro de ello. Creo fervientemente que puede ser así. Pero la decisión es tuya.
—Creo que tienes razón, puedo ser feliz.
Ahora
La cabaña de Henry Mills era acogedora a pesar de ser pequeña, sin duda alguna tenia un toque pintoresco y un toque especial que te hace sentir en casa, tal vez esa impresión daba por la fogata encendida en la chimenea y aquel olor a madera seca y hiervas silvestres.
El dueño de la casa invitó a sus nuevos acogidos a tomar asiento mientras ponía una cacerola con agua a calentar en el fuego. Hacer aquello lo hacia sentir vivo. Ayudar a forajidos extraviados en las profundidades del bosque encantado en las tierras de nadie, siempre era como perder veinte años. Por supuesto jamás se lo confesaría a su hija. Tampoco era como si acogiera a cualquier persona, no sabía como explicarlo pero lograba reconocer cuando eran de fiar, cuando solo necesitaban un techo donde pasar la noche y un poco de comida para continuar su viaje. Todo había comenzado con un muchacho llamado Robbin, de alguna forma el chico que tenía ahora sentado en su pequeña mesa de madera le recordaba a él.
—Bueno, pueden contármelo. ¿De quién se esconden? —Los dos jóvenes se miraron el uno al otro, aún desconfiados. Así era al principio, no era fácil creer que una persona les abriera las puertas de su casa a unos desconocidos. Henry estaba acostumbrado a ello.—Pueden confiar en mi, tampoco estoy en buenos términos con la corona.
—No se ofenda señor Mills, pero usted no parece un bandido. —aquello lo hizo reír, se alegró que no fuera el único, el joven se le unió en unos segundos.
—Dulce jovencita. Las personas pueden sorprenderte.
—Eso no me ayuda a confiar en usted.
—Tienes razón, en realidad intentaba decirte que existen personas dispuestas a ayudar a la gente.
—Lo sé—Le sonrió amigablemente y ella le devolvió el gesto. —Parece una buena persona señor Mills.
—De cualquier forma ustedes tampoco parecen ladrones. Podría decir que son de la realeza. —Henry miro significativamente a Emma, se parecía mucho a la princesa, pero… ¿podría serlo?, pudo sentir cómo la habitación se cargaba de la tensión de la chica, su acompañante rompió el incomodo momento.
—Debe ser por mi, me lo han dicho muchas veces es por estas galas extravagantes que tanto me gustan.—Los tres se miraron un momento para romper a reír al instante. El atuendo del el joven era de lejos elegante o extravagante como el decía.—Eso fue lo que encanto a mi esposa.
Emma lo golpeo en el hombro y el señor no pudo evitar reír por lo bajo. El agua de la olla comenzó a hervir. Henry se levanto de su asiento, en tres pasos llego a la repisa de la cocina y tomó tres tazas, en seguida el muchacho se levanto a ayudarlo. Tomó las yerbas de menta y se las dió al joven para que las pusiera en las tazas. En unos movimientos más los dos regresaron a sus respectivos lugares. Henry llenó las tazas y el lugar se impregnó de un suave olor a menta.
—Lamento no tener variedad.
—No se preocupe. Me agrada la menta, el que podría quejarse es mi marido, es de lo más quisquilloso —La chica, sin duda tenía que ser Emma, le lanzó una mirada juguetona al chico, éste no se molestó en contestarle directamente.
—Señor Mills. El té de menta es mi favorito. —Volvieron a intercambiar miradas, no podría estar seguro si se estaban retando o coqueteaban. Había un aire extraño entre los dos, de complicidad, precaución y algo más, algo que ellos aún no habían notado y aunque Henry sólo los había visto interactuar unas horas, y casi podía apostar que no estaban casados, aquella forma que tenían de moverse el uno alado del otro, la facilidad con la que conversaban y sobre todo la forma en la que se miraban, cuando uno de ellos estaba distraído. Lo hacia dudar, en realidad parecían una pareja de casados y no cualquiera, tal vez una de varios años.
—Bueno. Me gusta ayudar a los demás, pero también me gustaría poder llamarlos por sus nombre—Logró sacarlos de su pequeña burbuja, devolviéndolos a la realidad, y pusieron toda la atención en él. Se volvieron a ver y ambos asintieron con la cabeza.
—Neal Cassidy.
—Emma Swan —A pesar de no ser el apellido de la princesa era tan obvio que era ella. Pero, ¿Este chico lo sabría?
—Mi esposa es independiente y no quiso cambiarse el apellido—La princesa no se molesto en responderle al joven Neal.
—Todo un placer Señor Mills.
—Por favor, llámenme Henry.
—Señor Mills, es decir…Henry. Estamos en una especie de luna de miel, y nos gustaría ir al castillo oscuro—No, decidió al final Henry, ése chico no conocía la verdadera identidad de la linda chica a su lado.
—Ése lugar no es precisamente para turistas.
—¿Sabe dónde se encuentra?
—Tengo unos mapas viejos con la ubicación.
—¿Podríamos verlos?
—Por supuesto, pero no recomendaría un viaje a ese lugar a esta hora, en realidad en cualquier momento.—Henry se levanto de la mesa y fue al rincón de la cabaña donde estaba una pequeña mesa y sacó dos rollos de papel, los puso delante de Neal—En este círculo nos encontramos, el castillo está por esta zona—El señor Mills apunto una zona de arboles y una montaña— el viaje lo podrían hacer tal vez en doce horas con un caballo, a pie no sabría decirles.
—Si…—Neal analizaba el mapa—…es un largo viaje. ¿Estás segura de querer ir a ése lugar?—Despegó los ojos del papel y los posó en los de la princesa, la cual contestó con firmeza.
—Sí.
—¡Mujeres! —Emma le lanzo una mirada asesina a Neal y éste a su vez una mirada cómplice a Henry.
—Puedo entenderte. La esposa ha de ir primero.
—Su felicidad es mi felicidad —Contestó el muchacho, y a pesar de no conocerlo Henry deicidio que no era un tipo peligroso que intentaría aprovecharse de la chica.
Emma rodó los ojos, mientras Henry y Neal intercambiaban otra cuantas frases sobre el matrimonio. El señor Mills estaba seguro que esa noche el joven no dormiría cómodo. La platica continuó por terrenos amigables y menos escabrosos, se habló muy poco del castillo oscuro, y el mapa regresó a su rincón. Les invitó un poco de pan de girasol, la verdad fuera dicha, Henry no vivía con mucho pero siempre estaba dispuesto a ayudar a los demás. Probablemente fuera un viejo hábito después de todo, había pertenecido a la realeza, sin embargo su esposa lo había llevado a la quiebra. Su hija le traía siempre lo necesario para soportar otro mes, tenía poco, pero era feliz. Tenía a su hija, su niña había logrado salir de aquella lucha de poderes incomprensible para él, y eso era lo importante.
Los jóvenes por fin se relajaron en su presencia, terminaron el pan y el té. Les ofreció el otro cuarto de la cabaña, por un segundo parecia que dirían: no, pero lo pensaron mejor y aceptaron su hospitalidad. En cuanto los dejó solos en la habitación. Emma se aventó a la cama, con los brazos extendidos y lo volteó a ver.
—¡Es mía, te toca dormir en el piso!
—¿Dejarás dormir a tú esposo en el piso?
—Es tu castigo por perdernos, amor.
—Como sea, nadie quería dormir contigo. Seguro eres de las que patea—Una almohada lo golpeo en la cara. La levantó del piso—¡No le puedes hacer esto a tu marido!
—Es una suerte que no se encuentre aquí.
—No estás casada Swan.
—No puedes saberlo…
—¿La alianza?
—¡Bah! no traigo una ahora, y sin embargo proclamaste que estamos casados.
—Es diferente.
—No hay diferencia, tal vez la dejé en otro lugar.
—La diferencia estriba en que me tienes aquí para asegurarlo. De la otra forma son solo especulaciones y si alguien me pregunta, diré que nuestra boda fue a las orillas del mar, vestías de blanco, con flores en la cabeza, ninguno de los dos llevábamos zapatos. Cuando expusimos nuestro votos tú madre lloro…
—Claro, también puedes agregar animalitos alrededor de nosotros, en una puesta de sol.
—Si eso quieres…
—¡Neal…!—Le aventó otra almohada, esta no dio en el blanco, su no-marido había puesto de escudo el otro cojín.
—¡Emma…!
—Ya entrados en tema—Emma se sentó en la cama con las piernas cruzadas—no vuelvas a hacerlo.
—¿Dormir en el piso?
—Sabes de que hablo.
—Lo siento, entre en pánico, ¿De acuerdo? Necesitábamos un plan.
—¡Vaya plan!
—¡Funcionó!
—Si, funcionó. Pero no quiere decir que tengamos que repetir el mismo truco todo el tiempo.
—Ya se nos ocurrirá otra cosa. Por el momento la farsa tiene que durar el tiempo que nos quedemos con el señor Mills.
—No será por mucho.
—Lo sé.
—Mañana nos iremos y se acabó.
—¡Si capitán! Tampoco sería tan malo—Él le sonrió y ella le aventó otra almohada.
—¡Funcionó!—tomo una almohada en cada mano e imitó una de ésas sonrisas de villanos—nunca regresaran a tí.
—¡Regresa eso!
—Una vez empleada como misil, no puede regresar a manos del atacante.
—No importa, aún me queda una.
—¿Que es una en comparación de tres?
—Puedo dormir sin almohadas
—¿Eso quiere decir que me dejarás la última?
—¿Pretendes decir algo más?—Emma levantó la almohada, lista para aventársela.
—Depende, ¿Me darás una sábana?
Llamaron a la puerta en ése momento dejando la pregunta de Neal sin respuesta. Henry les traía cobijas, aseguraba que en ése lado del bosque encantado hacía mucho frío. Neal aún no lo podía creer, estaba de regreso en su mundo. Parecía surrealista después de sus viajes por diferentes tierras. El señor Mills le informaba del clima y dónde estaría él si necesitaban algo, pero Neal estaba absorto en su mundo, dando vueltas a ésta idea de estar de regreso… al lugar donde jamás imaginó volver.
—Te daré estas cobijas, no pasaras frió. —Emma le sonrió, entregándole las sabanas y sacándolo de sus pensamientos. La vio tomar algo del piso, le robaba una de sus almohadas.
—Eso es trampa.
—Mentí. Necesito muchas de estas para dormir.
—Lo sabía.
—Claro…
—Se te nota en la cara.
—Estás inventando.
—No, de verdad. Incluso pareces de las que tiene cientos de peluches en su cama—Neal la vio sonrojarse hasta la raíz de sus cabellos— ¡He acertado!
—¡Cállate Cassidy!
—Gané ésta ronda Swan—Ella aún estaba a su lado y le pegó en un hombro con la almohada.
—Ésto es violencia domestica.
—Por eso dormirás en el suelo.
—El panorama no se ve tan mal. He pasado por cosas peores.
Emma lo miró, pero él veía a otro lado. Había olvidado que realmente no sabía nada de ése chico, su corazón se estrujó al pensar en los lugares donde tendría que haber estado para creer que su situación actual era buena. Dejó su capa y la espada en la esquina de la habitación, vio como Neal hacía lo mismo e intentó alejar los pensamientos sobre el posible pasado trágico del joven, regresó a la cama y acomodó las almohadas y se enrolló entre las sabanas, cerró los ojos, no le importaba lo que hubiera vivido, se dijo a sí misma. Escuchó cómo Neal acomodaba las cobijas para crear una cama improvisada y se acostaba. Mientras tanto ella no podía conciliar el sueño, ¿a quien engañaba? sí le importaba lo que le hubiera pasado antes. Tomó una de las almohadas, sin fijarse la lanzó a un lado de la cama, donde estaba la cama improvisada de Neal, dándole en el rostro.
—¡Hey!
—Cállate y quédate con la almohada. —pasó un momento en el que los dos se quedaron viendo el techo.
—Gracias.
—Sí, lo que sea.
—No eres tan mala para ser una roba chicos.
—Ya dije que lo sentía.
—De hecho no.
—Bueno, no es así—Se asomo a la orilla de la cama, él le sonrió, ella le devolvió la sonrisa. Había algo en este Neal Cassidy. Aún no lograba identificar qué, pero sentía que podía contarle todo, confiaba en él y era totalmente absurdo, tenía horas de conocerle.
—¿Qué ibas a hacer conmigo? ¿Hacer tacos con mi carne o algo así?
—¿Tacos?
—Es, es un tipo de comida.
—Del lugar de donde eres.
—No, más bien uno de los lugares donde estuve de visita.
—Eso debe ser increíble. Recorrer el mundo.
—Sí, supongo. Aunque llega un momento en que echas de menos tu hogar. ¿No lo crees?
Aquella plática se estaba poniendo seria. Mejor evitarla, se acomodó una vez más en el colchón, así no le vería a la cara. Una corriente de aire entró por la venta entreabierta y se estremeció.
—Hace frió.
—Yo me encargo de éso.—Lo vio levantarse y cerrar por completo la ventana. Aun así el aire seguía entrando, la ventana tenía un hueco en la esquina inferior izquierda.—Es lo mejor que puedo hacer.
—Gracias.
—De nada.
El silencio se apodero de la habitación, sólo se escuchaban sus respiraciones y los movimientos de Emma ya que no lograba acomodarse en la cama, y no dejaba de dar vueltas, se detuvo y se quedó viendo fijamente el techo por un momento.
—¿Neal…?
—¿Sí…?
—¿Estás despierto?
—Ajamm…
—El señor Mills parece una buena persona—Se tapó hasta la barbilla con la sabana.
—Sí, en verdad lo parece.
—¿Crees que hacemos bien en confiar en él?
—Nos ha dado un techo y comida…
—Lo sé, pero no podemos ser ingenuos.
—Emma, he estado en varios lugares, y conocido a mucha gente traicionera.
—¿Y bien?
—Eso es todo.—Se volvió a asomar por la orilla de la cama para poder verlo.
—Eso no ayuda.
—Estoy jugando. Henry parece un buen tipo. —Neal se frotaba las manos, las juntaba y las soplaba en un intento por entrar en calor.
—Sabía mucho del castillo oscuro.
—¿No es de dominio público donde vive el señor oscuro?
—Eso…el señor oscuro no vive ahí…
—¿No? …—Emma no pudo descifrar la expresión de Neal— ¿Qué paso con él?
—…hace mucho tiempo, antes incluso de mi nacimiento, la reina Snow y el rey David lo atraparon.
—¿Lo atraparon?
—Sí.
—¿Cómo?
—Desconozco los detalles, cuando pregunté sólo me dijeron que fue bastante simple, parecía como si él se hubiera dejado capturar.
—¿Fue fácil?
—No lo sé. Fue una maniobra de la princesa Ella, pero costó la vida del príncipe Thomas. Bueno, no su vida, más bien el señor oscuro lo secuestró o algo así, apareció hace algunos meses delante del castillo del rey David.
—Es extraño, no suena como Rumpelstiltstkin.
—¿Rumpel… qué?
—El señor oscuro, ese es su nombre.
—¿Cómo lo sabes?
—La pregunta es, ¿Cómo no lo sabes tú?—Emma chasqueó la lengua.
—Hace unas horas no sabías ni en donde estabas.
—¿Quién te dijo eso? —Emma regreso a acostarse bien en la cama.
—Se ve en tu cara Cassidy. Cuando el señor Mills dijo que en ésta parte del bosque encantado hace mucho más frió, fue como si una vela se encendiera en tu cabeza. A parte, si tanto supieras del señor oscuro sabrías las historias que circula por todos los reinos.
—¿Reinos? ¿En plural?
—El reino de la princesa Ella no está a la vuelta de la esquina.
—Asumo que sabes todo ésto por que…
—Para poder sobrevivir debes conocer la historia.
—¡Touché! Pero, dime Emma, ¿Por qué vamos al Castillo?
—En vista de que somos un equipo, creo que debo informarte de mis planes.
—Por favor y gracias.
—Voy a ignorar eso.
—Fue con total sinceridad.
—Como decía… Estoy en busca de la espada de Dyrnwyn.
—¿La del cuento de los tres?
—¿La conoces?
—Claro, es una leyenda…Nadie sabe dónde está.
—Eso es lo que todos creen, pero estoy segura que podré encontrar una respuesta en el castillo oscuro.
—¿Cómo pretendes hacer un trato con el señor oscuro si lo tienen capturado?
—No pienso hacer un trato con él, no estoy loca.
—Es un alivio escuchar eso.
—Neal…
—¡De verdad! hacer tratos con ese sujeto no es una buena idea.
—Lo sé, y no pretendo hacerlo. Como bien lo has apuntado, está encerrado. Sin embargo el castillo está ahí, lleno de secretos. Una vez escuché de alguien que tiene una habitación llena de libros. Sin duda ahí debe de estar la ubicación de la espada de Dyrnwyn.
—Sé lo valiosos e importantes que son los libros, pero no creo que algo así venga en uno de ellos.
—Debemos intentar, y la biblioteca del castillo oscuro es el mejor lugar.
—Aun así es peligroso, ¿escuchaste lo que dijo Henry?
—¿A caso tienes miedo?
—Tal vez.
—¡Vámos! El señor oscuro no está.
—¿No crees que tal vez dejo un montón de trampas?
—Claro que sí…—Emma pensaba continuar con su discurso cuando pudo ver como Neal se estremecía bajo las cobijas.
—¿Neal?
—¿Sí?
—¿Tienes frió?
—No.
—¿Seguro?
—Seguro.
—No te creo.
—De verdad, he pasado por cosas peores—Tal vez eso era verdad, pero el pobre era tan terco que amanecería morado y ¿quién la llevaría al castillo oscuro? A demás le importaba, no quería que muriera.
—Sube a la cama.
—¿Qué?
—No lo volver a repetir…
Se hizo a un lado en la diminuta cama para que Neal pudiera entrar, el joven llevó consigo sus sabanas y las almohadas. Tardaron un par de minutos en acomodarse y al final quedaron de lado, uno frente al otro.
—Gracias.
—No podía dejarte morir.
—Es bueno saber que te importo.
—No te creas tanto, no podía dejar morir a mi guía.
—Claro, el chico que no sabía que estaba en el bosque encantado te guiará.
—Sabes el verdadero nombre del señor ocurso. Asumo que puedes entrar al castillo sin problemas, además no se leer el mapa del señor Mills.
—¿De verdad?
—Es muy antiguo.
—¿Por qué crees que yo lo puedo leer?
—A menos que seas un gran actor, la verdad lo dudo, se que estabas leyendo ése mapa.—Y ella jamás admitiría que nunca aprendió a leer ni los modernos, su tutor de geografía era el sujeto más aburrido de la faz de la tierra.
—Tal vez estaba admirando los dibujos, era un mapa hecho a mano.
—¿Me estás diciendo que no sabes leerlo? Por que en ese caso puedes ir bajando y morir de hipotermia.
—Puedo leerlo.
—Lo supuse.
—¿Cómo sabes que no miento?
—Tengo un súper poder.
—¿Como magia?
—Por favor, no. Vamos a llamarle intuición.
—¿Puedes decir cuando alguien esta mintiendo?
—Así es.
—No te creo.
—Prueba.
—Ahmmm…—Emma puso sus manos frías sobre las mejillas de Neal—AAAAH ¿Por qué hiciste eso?
—Para ayudarte a pensar, estabas tardando.
—No se me ocurre una forma de comprobarlo.
—Dime una mentira.
—No me gustan las manzanas.
—De verdad, Neal.
—¿Estoy mintiendo?
—No funciona así.
—Eso quiere decir que no existe tal súper poder.
—Sí te gustan las manzanas.
—Suerte de principiante.
—Intentemos otra cosa—El levanto una ceja—¿Que tal tú edad?
—¿Estás coqueteando conmigo?
—¿Desde cuándo preguntar la edad de alguien es coquetear?
—Es tu expresión.
—¿Cuál expresión?
—Nada.
—Vamos, ¡inténtalo!
—A ver… tengo trece.
—Por favor, si quieres ponerme a prueba ésa no es una buena forma de empezar te creería más si me dijeras que tienes trescientos años—Neal no dijo nada—¡Tienes trescientos años!
—¡No!
—¿Cómo puedes tener trescientos años? Te calculaba como veinte.
—Bueno tú te vez de diecinueve pero bien podrías tener quince.
—Tengo veinte—El le dedico una mirada de incredulidad —de acuerdo tengo dieciocho.
—Esto está tan mal…
—¿Por qué?
—Tengo casi trescientos años y tú eres una niña.
—Por Dios, para empezar soy una mujer y tampoco nos vamos a besar o al…—el resto de la oración quedo inconclusa, las palabras no pudieron escapar de los labios de la princesa. Neal posaba una de sus manos frías sobre la mejilla de Emma causando un leve escalofrío por su espalada y no supo reconocer qué tanto debía culpar al frio, él se acerco un poco más a ella. Los labios de Neal quedaron a milímetros de los de Emma podía sentir su cálido aliento chocar contra sus labios, lo que provocó que cerrara los ojos y entreabriera los labios ligeramente, esperando y deseando un beso que nunca llegó.
—Claro que no—Soltó Neal, se apartó de ella y le dió la espalda. Emma tomó aire, no se había dado cuenta que estaba conteniendo la respiración, lleno sus pulmones desesperadamente y esperó a que su corazón parara de hacer ése sonido que llenaba sus oídos. Tomó un largo instante controlarse, prefirió no mover un solo músculo y cuando estaba por hablar el volvió a darse la vuelta—Emma, perdóname.
—¿Por qué me pides perdón?
—No debí haber hecho eso.
—No hiciste nada.
—Bueno, lo que casi hago, no debí, estuvo mal. Lo siento.
—No hay nada que perdonar.
—Emma, podrías simplemente aceptar mis disculpas.
—Te perdono—El sonrió una vez más, y eso hizo que su corazón saltara. Por un segundo Emma había creído que saldría de la habitación y no lo volvería a ver—con una condición.
—¿Cuál?
—Cuéntame tú historia.
—Es algo larga…
—Debes haber vivido mucho en trescientos años, pero puedes enfocarte en lo importante, y contarme los secretos de la eterna juventud.—Neal soltó una pequeña risita.
—No hay ningún secreto, digamos que estuve en una isla donde nadie puede crecer la mayor parte del tiempo.
—¿Tenías veinte cuando llegaste ahí?
—No, tenía catorce.
—Eso explica mucho.
—¿Perdona?
—Por qué te comportas como lo haces. Digo, pasaste la mayor parte de tus trescientos años con catorce, te quedaste atascado—Emma rió de su propio chiste.
—No sé cómo tomar éso.
—Ríe, fue un buen chiste.
—¿Quieres que continúe?
—Por favor.
—Pasé la peor de las adolescencias, como bien señalas tener catorce por más de un año no es agradable. Tenía que pelear por mi vida e intentar escapar de las garras del dueño de la isla, su sobra y su séquito de secuaces malvados.
—No suena agradable.
—No lo fue.
—¿Cómo llegaste ahí?
—Es una larga historia, y nosotros deberíamos dormir.
—¡Prometiste contarme tú historia!
—De acuerdo, es sólo que no sé por dónde comenzar.
—¿Qué tal por el principio?
—Bueno, nací en el bosque encantado hace muchos años, tal vez no trescientos, pero sí hace mucho. El bosque no se parece a lo que era cuando yo tenía ocho años y vivía con mi padre…—Pudo ver como se atoraba con la historia, lo estaba intentando en verdad, y Emma podía ver cuanto le dolía—…Mi madre nos abandono cuando aun tenía cinco años, mi padre me mintió y me dijo que había muerto. Después entendí que lo hizo para protegerme, después de todo ¿que niño puede vivir con la idea de que su madre no lo quería…?
—Neal, lo siento…
—No importa, ella esta muerta.
—¿Cómo?
—Es todo un revoltijo. No se cómo explicarlo.
—¿Por qué no mejor me hablas de tú padre?
—Bueno, no es una historia más bonita.
—¿Qué pasó?
—Fue un gran hombre cuando era pequeño. Pero se enamoró del poder, y lo prefirió sobre mí. Gracias a él termine en otro mundo, desconocido, solo…—Neal cerró los ojos—…Lo siento.
—No, yo lo siento—Emma posó una de sus manos en la mejilla del joven, y este abrió los ojos—No tienes que contarme ahora.
—Lo haré, lo prometo.—Ella retiró la mano de su mejilla y depositó un suave beso en el lugar donde antes había estado su mano. Vio a Neal sonrojarse y eso la llenó de un extraño cosquilleo en el estómago.
—¿Por que no dormimos y luego me cuentas?
—De acuerdo. —Ambos cerraron los ojos, pero ninguno logró conciliar el sueño…
—¿Emma?
—¿Sí?
—¿Estás dormida?
—Sí.
—¿De verdad?
—¿Qué pasó?
—Tengo frío.
—Tápate.
—Estoy tapado.
—Aguántate, no hace tanto frio.
—¿Me das un abrazo?
—No.
Los dos se soltaron a reír. Estuvieron otro rato despiertos, hablando de cosas menos complicadas, nada que involucrara el pasado. Eran más bien temas de lo más sencillos y cotidianos como su color favorito, o animal favorito, cómo les gustaba el té y nimiedades hasta quedar profundamente dormidos.
A las cuatro de la mañana cuando el Señor Mills se asomó al cuarto, para asegurarse de que aun estuviera ahí, los vio abrazados en la cama. La cabeza de Emma estaba recostada en el pecho de Neal, y éste apoyaba su cabeza en la de ella. Henry sonrió ante la escena, porque nada lo hace más feliz que ver el nacimiento del amor verdadero.
Esa noche, en otro lugar no tan lejano.
Han pasado los años y la vida de Regina a cambiado poco a poco. Se encamina al final feliz que tanto buscaba. Sin embargo aún sabe reconocer la magia negra, y los poseedores de la misma. Y a Él ¿cómo olvidarlo? Sabe que está en la habitación incluso antes de entrar en ella.
—Rumpelstiltskin
—¿Por qué no lo hiciste? —Ahí esta sentado en la ventada de su cuarto, con la misma repugnante apariencia de hace más de dieciocho años.
—No tengo por qué darte explicaciones.
—Pudiste tenerlo todo…—El señor oscuro da unos cuantos pasos hacia ella y con las manos señala todo el lugar—…en lugar de este basurero, ¿Por qué?
—¿Por qué te tomo tanto tiempo escapar? ¿Acaso ya no estás en el lugar exacto donde querías estar? —Se miran a los ojos, y toda la historia entre ellos parece golpearles con fuerza, habían estado intentado destruir la felicidad del otro constantemente, estaban en el mismo equipo en ocasiones y dentro de las más sencillas eran enemigos.
—Querida, confiaba en ti, te dí tiempo. Lo único que tenías que hacer era tomar el corazón del ingenuo Henry y tener todo lo que siempre habías querido.
—¿En realidad creíste que mataría a mi propio padre para lanzar tú maldición?
—Bueno, mandaste a matar a Cora. —La risa de Rumpelstiltskin llega a fastidiarla en verdad, la saca de sus casillas.
—¡No la maté yo!
—Su vida estaba en tus manos.
—Me manipulaste, lo sigues haciendo y ¿Para qué?—Lo acusa con el dedo, está harta de todas ésas tonterías. Está harta del juego del señor oscuro— ¿Sabes lo que pasó? Me dí cuenta que no quería ser un peón más en tu juego estúpido. Qué lo fueran los dos idiotas, pero yo no. Se acabó Rumpelstiltskin. Soy dueña de mi propio destino…—Él la tomo por el cuello, desprevenida tomo sus manos para intentar alejar la del señor oscuro.
—Querida, solo quiero saber ¿Por qué?
—Suéltame.
—¿Qué te hace pensar que no te matare ahora mismo?—la presión de la mano de Rumpelstiltskin disminuye para sorpresa de Regina— O mejor aun ¿Qué te hace pensar que no buscaré a tu querido padre y le sacaré yo mismo el corazón por tí?
—No te vas a acerca a él—La presión regresa.
—Dame una razón—Ahora la cara de Rumpelstiltskin está a centímetros de la de ella, amenazante, pero hace años que le ha perdido el miedo.
—Bella—Suelta el nombre que tiene la reacción que ella esperaba. Él la suelta y no puede dejar de mirarla.—Tú princesita esta viva.
Comentario: yaya este es el capítulo más largo hasta ahora. ¿Qué les parece? Me gustaría disculparme por lo de los tacos XD se que no tiene sentido y no hay forma de explicar como los conoce Neal, pero me pareció gracioso y a mi Sunshine también. ¿Creen que Rumpel y Regina están en personaje? Me gustaría creer que si...
En el proximo capítulo veremos a Graham! :D perdió un volado con Belle xD pero a ella la veremos en el que sigue de ese.
