siento mucho haberlos hecho esperar...estoy en época de pruebas y recién ahora pude terminar el capi...super sory! espero q les guste!

Disclaimer: Hellsing NO es mío, sólo Ann Marie Boyle, el preceptor Brian Christopher y Alexandra Collins... pero la verdad es q tengo ganas de ir a casa de el "Herr (y eso q significa?) Mayor"Hirano-san y pedirle q ponga AxI y pronto...y d matarlo tb x lás últimas muertes!


Hellsing no Uta

Capítulo 3: Ready, steady, GO!

La biblioteca era maravillosa. Las paredes no eran tales, sino estanterías rebosantes de libros, de todos los tiempos y temas imaginables. O al menos eso imaginó el invitado, cuando vio juntos en el mismo estante un ejemplar antiquísimo de la Biblia y otro del Quijote.

Aquel hombre lo había recibido y lo había llevado hasta ahí, donde lo invitó a esperar a la persona con quien quería hablar. Ahora miraba embelesado las toneladas de papel que lo rodeaban. No le era difícil entender, viendo eso, porqué la chica jamás había pisado la biblioteca del colegio; claro¡si tenía una muchísimo más completa en su propia casa! Sin embargo, había algo de ese edificio que no le gustaba: era inusualmente frío, como si estuviera en una tumba. Tal vez sus presunciones eran ciertas, de algún modo, porque no había visto absolutamente a nadie, exceptuando por el criado. ¿En qué clase de lugar vivía la chica?

Revisó una y otra vez la ficha personal. Nombre, apellido, edad…blah, blah…eso era completamente trivial. Lo que le importaba (o mejor dicho, que le llamaba la atención) eran dos casilleros: "nombre del padre/madre/tutor", y "ocupación". En el primero, tanto "madre" como "padre" estaban tachadas, mientras que el otro estaba vacío. Vacío, sí, impecable. Eso lo preocupaba. ¿Qué tipo de profesión ejercería la tutora de la chica como para nunca estar disponible? Jamás había asistido a ninguna reunión de padres, ni tampoco a las fiestas de fin del año escolar, y menos a las entregas de premios. Era particularmente llamativo lo último, porque las calificaciones de Ann eran más que sobresalientes. Excepcionales, tanto como su desenvolvimiento en las clases de esgrima. Eso también era raro. Ann Marie Boyle, la mejor espadachín del instituto…¡y se negaba a competir! Y por último¿cuán riesgosa sería la profesión de la tutora como para que Ann fuera pupila, una de las pocas que quedaba en el colegio? En el caso de Alexandra Collins era obvio (la hija del máximo jefe de Scotland Yard necesitaba la mayor protección existente), pero en Ann no parecía tener justificación aparente… ¿o sí la tenía? Pero entonces…

La puerta se abrió y entró una mujer rubia, quien se sentó en el sillón que estaba justo delante de él. Apenas lo miró, el muchacho se sintió atravesado por esos gélidos ojos azules, y no pudo ocultar un estremecimiento. Luego de una milésima de segundo, el joven preceptor pudo articular las palabras.

– ¡Ah! Señora Hellsing, encantada de conocerla–dijo él, haciendo grandes esfuerzos por no demostrar el pánico–Mi nombre es Brian Christopher.

– Presentarse fue innecesario. Dígame ¿cuál es el motivo de su visita?

Brian tuvo que tomar un poco de aire antes de hablar.

–Verá, señora Hellsing…como se habrá enterado, este es mi primer año como preceptor en el Instituto…y bueno, me gustaría hacerle un breve comentario acerca de su…protegida.

Integra se limitó a liberar una gran cantidad de humo como toda respuesta.

–Señora, la verdad es que a todo el cuerpo de preceptores nos preocupa bastante el comportamiento de Ann Marie. En el poco tiempo que llevo a cargo del curso, apenas si la vi hablando una o dos veces con sus compañeros. Las señoras Grace y Francesca me han contado que en todos estos años que Ann está concurriendo la situación fue igual. Ya hace cuánto que está… ¿cuatro años? –Tomó un sorbo de agua y luego siguió hablando. –No es que queramos ser metidos ni nada por el estilo, pero no voy a negarle que el caso me preocupa. Si me permite una opinión personal, sería…eh…conveniente que hiciera una consulta con un psicólogo. Entiéndame, señora Hellsing, es nuestro interés como comunidad que todos los estudiantes se desenvuelvan de la mejor manera en todos los aspectos posibles. "Buenos cristianos y honrados ciudadanos", eso es lo que queremos.

Eso fue suficiente para Sir Integral Wingacy Hellsing. Sus ojos tenían un destello digno de su sirviente nosferatu cuando le contestó, inyectando una peligrosa mezcla de severidad, furia y frialdad en cada palabra que decía.

–Señor Christopher, le agradezco su preocupación, pero –y ese "pero" hizo estremecerse al preceptor–es mi responsabilidad y deber como tutora de Ann Marie tomar las decisiones más acordes a la última voluntad de su padres. Entiéndalo, ella tiene capacidades que sólo a mí me importa que desarrolle, capacidades que ustedes no pueden ver. Walter.

– ¿Si, señora?–Christopher se sobresaltó, ya que ni siquiera se había percatado de la presencia del criado en toda la conversación.

–Lleva a este caballero hasta la salida.

–Como usted ordene, señora Hellsing.


CLANCK!

¡Señorita Boyle!

Me duele, me duele tanto…

¿Se encuentra bien?

¡Maldición! Esta vez están en peligro…¡maestro¿Qué quiere el Vaticano con esta intromisión? Veo lo que ellos ven, siento lo que ellos sufren…

¡Señorita Boyle¡Por favor responda!

¡Aléjense de mí, humanos¡Esto es más serio de lo que pensé¿Por qué, por qué siento esto?

Tenemos…tenemos que irnos de aquí, ahora.

¿Qué está diciendo, Boyle¡Falta media hora para la final!

¡ESTAMOS EN PELIGRO!

¡Estúpidos humanos¡Escúchame, Integra¡La situación en Patrick es peor de lo que te imaginas¡Ellos están en peligro! Ellos están…


Ah, si…¡las habitaciones subterráneas! Esta zona estaba bastante más fría que el resto de la mansión, pero a ella le gustaba bastante. Se sentía algo perdida (si había visitado allí había sido en compañía de Integra, y no más de una o dos veces), pero igualmente no lo parecía. "Usa tu percepción mejorada; guíate por tu instinto. Si no lo haces, nunca llegarás más lejos que un vulgar humano", solía decirle Alucard cuando entrenaban. Eso es lo que estaba haciendo, y su maestro podía sentirse satisfecho al verla seguir sus consejos.

Bajó una escalera más, dobló cuatro o cinco veces, hasta que sintió que había llegado. Sí, definitivamente este era el cuarto; y su ocupante estaba dentro. Entonces, una duda esencial la atacó. ¿Golpear o entrar directamente? Si golpeaba, sólo lograría sorprender, pero si entraba sin pedir permiso podría matar del susto a quien quería visitar. Bueno, "matar" no era posible (esa persona ya estaba muerta, estrictamente hablando), pero por lo menos divertirse y demostrar cuán mejor era…

Victoria Ceres estaba cansada, agotada. Había tomado unos sorbos de sangre medicinal, y luego se había tirado en la cama, dispuesta a dormir una reparadora siesta, después de un agotador día de trabajo. No había pasado nada demasiado fuera de lo común…bueno, si se podía llamar común a una lucha contra diez gohuls. Igualmente, ya se había acostumbrado; si un operativo no incluía la presencia de su amo Alucard, de seguro que sería aburrido. Bostezó sonoramente antes de abrir los ojos, y entonces…

– AAAAAAAHHHHHGGGGG!

– ¡BUENAS NOCHES, AGENTE CERES!

Victoria se incorporó rápidamente, mirando a la niña que tenía enfrente con enojo.

– ¡Oye¿Quién eres y qué haces aquí?

Ann sonrió más diabólicamente. Ceres se quedó extrañada con la muchacha. Esa sonrisa le era familiar…

–Mejor maneja tus modales, agente Ceres...¿o quizás debería llamarte "chica policía"?

Victoria estaba cada vez más y más furiosa. ¿Quién rayos se creía esa enana como para tratarla así?

– ¡Ahá!–dijo la chica triunfalmente–"Esta enana" se llama Ann Marie Boyles, y procura por tu propio bien tratarme con un poco de respeto…si no quieres que Sir Integra se entere.

La joven policía se quedó sin habla, perpleja. ¿Acaso Sir Integra también tenía en la organización a menores de edad?

–No trabajo para la organización…todavía–dijo Ann, un poco apenada–En fin…como estaba diciendo¡ahora soy tu entrenadora!

– ¿Entrenadora?–repitó incrédula Victoria–Pero…el amo Alucard…

–Si, bueh, él estará ahí también, supervisándonos…–la chica suspiró profundamente y luego dijo– ¿Y bien¡Vamos, chica policía¡Comenzamos ahora!

Y sin esperar respuesta, tomó a Victoria del brazo y prácticamente la arrastró fuera de su habitación.