—Tiene que ser una broma... — susurró incrédulo -. ¡Primero el hongo, ¿y ahora tú?!

—¿Ah? — murmuró extrañado el chico al escuchar un grito, aunque reconoció de inmediato quién era el dueño de aquella voz, por lo que se levantó rápidamente y se acercó a paso veloz hacia él con una gran sonrisa en la cara.

—¡Junpei-chan, qué bueno volver a verte! — exclamó alegre Mibuchi. Hyuuga, notablemente alterado, esquivó el abrazo que el de pelo largo intentó darle y retrocedió un par de pasos.

—¡¿Por qué estás aquí?!

—Eso es obvio, Junpei-chan. Vine a cortarme el cabello.

—¡No me refería a eso!

—Hablando de eso, ¿por qué estás tú aquí, Junpei-chan? — preguntó de vuelta, haciendo énfasis en la palabra "tú".

—Trabajo aquí en reemplazo de mi padre. —respondió con un tono bastante cortante, hecho que no pasó desapercibido para Reo.

—¡Eso es increíble!, creo que cada vez que necesite un corte, vendré aquí a partir de ahora. — dijo emocionado, para luego guiñarle un ojo.

—Solo avanza, o tendrás muchos cortes — De mala gana, Junpei le hizo señas para que se sentara. En cuanto lo hizo, el de lentes le ajustó la bata y se preparó para comenzar —. ¿Qué corte quieres?

El Rey sin Corona soltó un sonido de indecisión, para luego decir de forma risueña:

—No lo sé.

A Hyuuga se le marcaron dos venas en la frente al escuchar esto.

—¡¿Vienes a que te corten el cabello sin saber cómo quieres que lo hagan?, no soy un maldito adivino!

—Ya, ya, cálmate, Junpei-chan — pidió moviendo los brazos de arriba a abajo —. Si te enfadas tanto te saldrán arrugas.

—¡Muérete!

Tras una pequeña discusión —en la que el cuello de Reo casi es atravesado de extremo a extremo por unas tijeras—, Hyuuga decidió entregarle un pequeño catálogo, en el que se podían apreciar varios peinados novedosos.

—¡Hay tanto de donde elegir! — Se llevó la mano al mentón —, ¿cuál me recomiendas, Junpei-chan?

—Este. — Señaló una imagen de un hombre con la cabeza rapada.

—¡Junpei-chan, eso es horrible! — exclamó —. Dime, ¿si me hiciera este corte me vería guapo? — preguntó mientras señalaba una imagen de un sujeto con el cabello largo hasta los ojos.

—Déjate de estupideces y decide.

—No es una estupidez, Junpei-chan. Quiero verme guapo, y tu opinión es muy valiosa para mí. — tarareó, para luego lanzarle una mirada provocadora al capitán de Seirin.

—Pues no entiendo por qué, me da igual cómo te veas. Y ya deja de decirme así.

—Qué cruel. Pero sé que en algún momento me tomarás cariño. — Sonrió alegre.

—¿Podrías dejar de ser así por un par de minutos y elegir un peinado? — pidió Junpei, a la vez que giraba los ojos.

—¿Dejar de ser así? No sé a qué te refieres.

—Ya sabes, tan... afeminado. — especificó el mayor.

Mibuchi, inmediatamente después de escuchar estas palabras, cambió su semblante por completo. Su sonrisa tan característica se desvaneció, y esa mirada tan llamativa fue reemplazada por una de melancolía, hecho que no pasó desapercibido para Hyuuga, que pudo sentir como todo el ambiente se tornaba incómodo de forma drástica.

—Claro, perdón — susurró con la cabeza gacha —. Este está bien. — dijo con desgano, refiriéndose al corte que había señalado instantes atrás.

—Ok, entonces voy a comenzar. — Avisó Hyuuga, un poco sorprendido por el cambio de actitud tan repentino del contrario, aunque también se sentía aliviado por esto.

Porque no era necesario ser adivino para deducir que Hyuuga Junpei era homofóbico.

Tras un par de minutos, bastante silenciosos, cabe añadir, el mayor se encontraba a la mitad del corte. Cuando iba a empezar con los mechones del sector delantero, pudo notar como Reo observaba su propio reflejo en el espejo con una expresión de tristeza.

—¿Por qué se pone así? Solo fue un comentario, no tiene que armar un drama como este. Por Dios, ¿acaso todos los homosexuales son iguales?, siento que estoy tratando con una chica. — Se preguntó mentalmente el mayor.

El ver al chico de Rakuzan con esa expresión de cierto modo molestaba a Hyuuga, ya que, por algún motivo, observarlo con esa cara de tristeza le hacía querer... animarlo.

—¿Qué demonios estoy pensando?, no tengo que ayudarlo, no soy un psicólogo. ¿Entonces por qué siento ganas de preguntarle qué le pasa? No lo hagas Junpei, no lo hagas...

—Jun... perdón, Hyuuga — murmuró de repente, sacando de sus pensamientos al más bajo y sorprendiéndolo un poco, debido a que no lo llamó con ese molesto apodo que acostumbraba usar —. Yo... quiero disculparme por haberte incomodado todo este tiempo. No era mi intención, lo juro. Espero que puedas perdonarme.

—¡¿Eh?! — bramó inconscientemente, ya que no se esperaba algo como eso, mucho menos en aquel momento.

—Solo era eso. — añadió, volviendo a fijar su vista en el espejo. Hyuuga, por el contrario, fijó su vista en los ojos del chico; era evidente que estaban cristalizados. Esto hizo que, muy a su pesar, el capitán de Seirin por fin tomara una decisión.

—Voy a odiarme por esto... — Se regañó a sí mismo -. Mibuchi... ¿tienes algún problema del que quieras hablar?

—¿Ah? — El Rey sin Corona giró rápidamente la vista, enfocándose en el rostro del mayor, bastante sorprendido.

—¿Y bien? — habló de nuevo, sacándolo de su ensimismamiento —. ¿Me lo dirás o no? No intentes negarlo, porque sé que en verdad sí hay algo que te atormenta.

—Jun... - Intentó hablar, pero las palabras no se manifestaban. En su lugar, fueron los sollozos los que infestaron el lugar.

—¿Q-qué te pasa?, ¿por qué lloras? — Hyuuga se asustó al notar la reacción que tuvo el de Rakuzan.

—Es... mi padre. — Se secó las lágrimas, para continuar —. Él no... no me acepta como su descendencia. Se avergüenza de mi, y siempre me dice que si pudiera me regalaría a la primera persona que viera. — Su voz se hacía más débil con cada palabra que decía. Los sollozos aumentaron; Mibuchi agradecía que en el lugar solo se encontraran ellos dos —y Sakata-san, aunque este se había mantenido en silencio, por lo que aún no notó su presencia—.

—¡¿Eh?, ¿por qué, acaso hiciste algo malo?! — A pesar de la pregunta, el de lentes ya podía suponer el motivo de aquello.

—Es por mi... mi enfermedad. — Mibuchi aclaró su voz, aunque de todos modos sonó bastante quebrada.

—¿Enfermedad?, ¿cuál?

—Mi... - Reo hizo una larga pausa, pero al final no pudo decir nada, ya que un nudo se formó en su garganta.

—Vamos, puedes decírmelo. No te criticaré o insultaré. — dijo suavemente el capitán de Seirin.

—Mi... mi homosexualidad. — culminó.

—¿Eh?