YING YANG
La persecución había terminado hacia unos minutos. Steve estaba cansado y se apoyó en el Camaro para respira hondo y reponer fuerzas. Definitivamente agradecía que Danny estuviese allí porque no se sentía capaz de conducir a casa
- ¡Sal de ahí en este momento! – dijo la voz del rubio sobresaltándolo
- ¿Qué te pasa? – dijo Steve sorprendido – ¿Por qué gritas?
- No te subirás a mi auto después de arrastrarte por un kilómetro de alcantarilla – dijo Danny sonriendo
- Estoy cansado – dijo Steve –. No me siento capaz de manejar
- Y yo no me siento capaz de estar contigo en un lugar cerrado – sentencio Danny
- Hola chicos – Chin llegando en la camioneta de Steve quien se la había prestado como apoyo para el caso –. Hermano, necesitas un baño – dijo tapándose la nariz
- Lindo auto – dijo una rubia que se acercó el Camaro – ¿es tuyo? – le pregunto a Steve
- No, la mía es la camioneta – dijo Steve sonriendo – te invitaría a dar una vuelta, pero… vengo saliendo del alcantarillado
- Para mí no es ningún problema – dijo la rubia –. En mi casa tengo una tina enorme y muy cómoda
- ¿En serio? – dijo este mientras miraba a Danny – no me vendría mal algo de ayuda. Creo que no alcanzo una parte de mi espalda y tengo…
- Muchas gracias – dijo Danny tomando a Steve por la camisa – pero en casa también tenemos una tina. Camina animal – y se alejaron dejando al rubia sin palabras
- Dijiste que… – tartamudeo Steve
- Cállate y entra a la camioneta – ordeno Danny
- ¿Vas a conducir mi camioneta? – dijo Steve sorprendido
- Te voy a enseñar como yo conduzco lo autos grandes – dijo Danny sonriendo
- A puesto que no también como yo lo hago con los autos chicos – dijo Steve
Kono tenía razón, pensó Steve. Tal vez después de todo ser el polo opuesto de ese hobbitt gruñón no era tan malo
