Las pertenencias de Sunset Shimmer tenían un aire difuso. Luna podía apreciar cómo Celestia hacia levitar la estatuilla, no era más que unos palillos pegados torpemente y que, con varias irregularidades, tomaban la forma de una alicornio; una de las alas era más pequeña que la otra, mientras que el cuello era demasiado corto. Pero, de todas formas, se le quedaba viendo de vez en cuando.
Siendo hermanas desde hace un milenio, para ella todavía existían cráteres que desconocía en Celestia. Sin más preámbulos que sentarse a revisar algunas de las cosas de ese baúl, aclaró su voz.
- Así que, ¿Ella no tuvo que pasar ninguna prueba para ser tu estudiante?
Eso despertó en ella una sonrisa leve.
- Sé que es extraño viniendo de mí. Pero ese día lo recuerdo bien. Como creo que te conté, ella reprobó la mitad de las pruebas, no tenía el mérito suficiente como para pasar y después de robarle su pase a uno de los estudiantes de la academia, la dirección de la Academia no tuvo más remedio que vetarla.
- Vaya… ¿Cómo logró ser tu estudiante entonces?
Celestia observó una vez más la figurilla, la ternura invadía sus ojos.
- Pidiéndomelo. – Fue la respuesta que le dio a su hermana. – Al año siguiente, volvieron a abrirse las inscripciones. Resulta que ese año en particular fue bastante productivo, los que pasarían el examen, se convertirían en los mejores de su generación y también en los maestros de la siguiente generación. En esa prole ella trató de pegarse. Pero el alto que le pusieron fue inmediato.
Ni siquiera la dejaron inscribirse en el examen; fue escoltada por un guardia hasta la entrada del castillo.
Lo siguiente que pasó fue algo que recuerdo con toda claridad.
Ese día en particular, tenía tiempo suficiente para ver las pruebas que se llevaban dentro; pensé que sería mejor pasear un rato por el jardín antes de entrar. Y efectivamente, lo hice.
Disfrutaba de un tiempo libre breve, mi paseo se extendió hasta el muro sur del castillo, observé esas flores azules de las que siempre olvido su nombre.
- Espolón de Roc.
- Sí, esas. Me gusta la forma de estrella que tienen, y el aroma que emiten solo en el mediodía. En fin, me paré por un momento para apreciar el gran trabajo de nuestros jardineros reales y escuché de pronto un sonido que venía desde el muro. Debió estar a menos de cinco metros a mi izquierda y, por supuesto, fui a ver de qué se trataba.
No sabrás la impresión que me causó ver una potra de pelaje ámbar llegando a la cima del muro; ni siquiera me vio. Se concentraba en hacer levitar una cuerda para atarla a una de las salientes de las columnas del muro.
- Niña, te vas a lastimar. Le dije; pero ella no me hizo caso alguno, siguió con su intento de amarrar la cuerda. Sé que no soy una experta en eso, pero hasta yo me daba cuenta que el nudo no soportaría y ella caería.
- Niña, deja que te traiga una escalera. Le ofrecí, tratando de recordar dónde estaba el cobertizo del castillo.
- Gracias, pero tengo puedo perder más tiempo me respondió. Ella todavía tenía la voz de una niña y no era más grande que Twilight cuando la vi por primera vez. Enternecía como cualquier pequeña.
- Ya veo, tal vez no habría hecho algo muy diferente que tú. – Expresó Luna.
- Sí; pero como todavía no se dignaba a verme, se me ocurrió preguntarle: Por qué tratas de invadir el castillo de la princesa Celestia sin permiso. Ella, con jactancia, como si diera las cosas por hecho me respondió: Es que hoy ella me nombrará su protegida.
- De seguro era toda una vanidosa.
- Oh, vaya que lo era; mas en ese instante, había algo en ella que hasta me provocaba ternura. Claro que duró poco tiempo, pues ella tomó la cuerda con la cola y se dispuso a descender por el muro. Por supuesto, no tenía la fuerza para soportar su propio peso y cayó sobre las flores azules.
- Son Espolones de Roc, no puedo creer que no recuerdes un nombre tan peculiar.
- En fin, cayó sobre esos espolones y antes de que yo pudiera hacer algo, me apresuré a socorrerla; pero ella se levantó todo lo rápido que pudo; sus ojos miraron atentamente hacia la torre este, donde se iba a dar el examen ese año. Hasta me pareció que se había olvidado de que yo estaba allí.
- ¿Y para qué quieres ser su protegida? Tal vez reconoció mi voz o fue su simple reflejo a la hora de contestarme, ella me vio y su rostro se coloró, creo que hasta tragó saliva. Trató de disculparse, hasta balbuceó algo parecido a un lo siento. No pude entenderlo.
- Entonces, ¿Me estás diciendo que tú le dijiste sí y eso es todo?
- No precisamente; yo me mostré molesta con ella; bajó la cabeza. Llamaré a un guardia para que te escolte a la salida, te pido que no vuelvas a hacer eso otra vez. Le dije. Pero antes de que diera un paso, ella levantó la cabeza y elevó la voz: Princesa por favor no lo haga. Debiste haberla visto, no tenía esos ojos suplicantes de los pequeños, ni parecía estar al borde de los nervios. En ellos había miedo y yo lo supe ver con completa claridad, creo, creo que fue de las pocas veces que ella me dejó verlo.
- ¿Miedo?
- Sí, tampoco lo entendí en ese momento. Me quedé parada observándola, era una poni extraña. Éste es mi último año… yo no podré ser lo que se supone que debo ser.
- Aguarda, me dijiste que ella no tenía una Cutie Mark. ¿Cómo podía pasar eso?
- Me hice la misma pregunta en ese momento y no pude evitar preguntarle.
- ¿Qué le dijiste exactamente?
- No lo recuerdo bien; aunque creo que ella lo tomó con tristeza. Pero su respuesta no la he olvidado hasta hoy. No lo dijo con seriedad, sino con una certeza casi absoluta, sus ojos continuaron reflejando miedo, pero su cuerpo se puso tan firme como un guardia real, sacando el pecho, con las patas delanteras algo separadas y con la cabeza paralela al centro de la distancia entre éstas. Me dijo "Usted elije a sus protegidas un año antes de cumplir los trece. Si hoy no logro abrirme camino, nunca seré una". Me tomó un tiempo encontrar una respuesta válida.
- Qué te hace pensar que serás mi protegida. Le dijepues pude recordar de qué poni se trataba en ese instante, recordé todo lo que ella había hecho y, sobre todo, sus exámenes de magia.
- Princesa Celestia, yo sé que mi lugar es aprendiendo de usted, mi lugar es ser mejor que esto. No necesitó más palabras, era apenas una muchacha, sin indicio de ser uno de esos ponis reflexivos o que tienen facilidad para auto contemplarse.
- Rechazar lo que uno es suele llevar a muy malos caminos. – Luna parecía interesarse más en el relato.
- Entonces traté de hablarle con calma diciendo: Qué tiene de malo ser tú. El miedo desapareció. En su lugar llegó una frialdad de la que no di crédito; creo que debí hacerlo. Ella solo me indicó su flanco. Era el problema que acompleja a cada poni, claro está. Que solo aquí podré obtenerla. Y no podré estar aquí siendo una unicornio cualquiera, debo ser más que eso. - Luna pudo percatarse que el tono de voz de su hermana cambió por uno más débil.
- Y qué le dijiste.
- Le pregunté su nombre; cuando me lo dio traté de explicarle que cada poni es diferente. Pero ella insistió en que no quería ser una unicornio cualquiera. Entonces le pregunté a qué se refería con una poni cualquiera. Una unicornio que sabe que tiene talento para ir más lejos y no lo hace… yo sé que puedo ir más lejos y por eso estoy aquí; sé que mi Cutie Mark tendrá que ver con eso, fue lo que ella me contesto.
- ¿Y si no es así? Le pregunté, pues como tú ya sabes que el complejo a veces nos hace buscar caminos, talentos con desesperación; pensé que ella estaba pasando por eso. Pero enserio estaba convencida de que su talento tenía que ver con ser mi estudiante.
- Princesa, por favor, sé que mi talento tiene que ver con la magia y sé que debo ser su aprendiz. Por fin comenzó a rogar y a esas alturas me percaté del tiempo que había perdido. Traté de moverme; pero ella corrió delante de mí. Su mirada se llenó del mismo miedo y creo que me dijo: Mi futuro es con usted; yo lo sé.
- Así que era terca.
- Como una mula; aunque en ese momento yo no tenía que perder tiempo; si me hubieran dicho que se transformaría en mi protegida y estudiante, no lo habría creído.
- Al menos me estas mostrando que no siempre fuiste la princesa completamente recta e imparcial.
- Trato de serlo Luna. Yo traté en ese entonces; no había lugar para una aprendiz, pues Cadance ocupaba ese puesto en ese momento.
Estirándose a causa del cansancio, la princesa de la noche pudo oír sus huesos tronando a causa de la mala postura que había adoptado; sin embargo, fascinada por el relato cambió por poner los cascos sobre la mesa y arrullar su cabeza entre ellos.
- Apuesto a que le dijiste algo que la hirió.
- No fue mi intención; aunque no la herí precisamente. Fue algo como He visto tus pruebas del año pasado. No traté de ser más explícita; aunque dentro mío estaba segura de que Sunset jamás sería una unicornio que pudiera superar la media en la magia.
- Y ¿Cómo reaccionó ella?
- Al principio no dijo nada, me miró y sentí como si sus ojos pudieran atravesar la sonrisa que le puse. Entonces afloró otra vez el temor en ella. Le prometo que puedo mejorar, puedo superar a todos… yo lo sé. Escuché. No era ella, sino su desesperación la que hablaba. Traté de calmarla poniéndole un casco sobre el hombro. Y ella estuvo a punto de llorar.
Era tan solo una niña después de todo. Pero tenía esa habilidad para leer a los demás, retiró mi casco y observando hacia otro lado para que no viera las lágrimas que comenzaban a formarse en su rostro trató de hablarme; aunque creo que solo deseaba ganar tiempo; pues, al principio solo balbuceó algo que no entendí.
- De seguro esa situación fue muy fuerte para ella.
- Apuesto a que sí; aunque ella nunca me comentó sobre lo que sintió. Aunque cuando finalmente habló, causó en mí una respuesta difícil de creer para mí.
- Tengo talento para la magia; pero las pruebas que ponen son tontas.
- Ya veo; los exámenes desarrollados por la mismísima princesa Celestia no deberían ser cuestionados arbitrariamente. – Interrumpió Luna con sorna, ganándose una mirada de regaño por parte de su hermana.
- Vamos hermana, sabes tan bien como yo que, por muy talentosa que pueda ser una unicornio, no puede lanzar juicios sobre las pruebas de sus mayores hasta pasarlos, o al menos entender por qué se los hace de una forma determinada.
- Sí, Starswirl me lo enseñó a las malas; pero sígueme contando, ¿Cómo reaccionaste?
- Al principio, trate de entender que se encontraba afectada por las emociones de ese momento; pero ella continuó insistiendo en que las pruebas eran tontas. Entonces ¿Cómo diferencias de una unicornio que tenga un nivel mayor para la magia y otra que no? Le pregunté. Cuando estoy triste, mi magia es débil, cuando estoy nerviosa apenas la controlo y cuando me enfurezco, se sale de mis cascos, en un examen, siempre hacen todo lo posible por poner nervioso a todo el mundo. – La yegua rio – Disculpa hermana, es que lo dijo con un tono de voz y esa seguridad que solo los pequeños pueden tener, que me hizo pensar mejor en cómo no romper su joven corazón.
- Aunque, tenía algo de razón ¿No crees?
- A veces no hay que alimentar falsas esperanzas… las emociones son bastante relativas, en los exámenes no solo se ve que tengan talento con la magia, sino que sepan mantenerla bajo control, lo que se hace a lo largo de toda la educación de los unicornios es que no permitan que sus emociones controlen su magia a totalidad.
- Eso lo sé hermana mía. – Alegó con cierta jactancia la menor – pero también tienes a tu alumna estrella, hasta donde sé, ella desencadenó una magia muy poderosa en un momento de miedo e impresión.
- Ciertamente, pero lo que diferenciaba a Sunset Shimmer es que ella apenas había logrado pasar la mitad de los exámenes; entre ellos, la teoría no era su fuerte y solo en la práctica tuvo alguno que otro logro. Pero nunca al nivel de Twilight, al menos no hasta ese momento. Por eso le respondí Hasta ahora no has dado muestras de superar la media; porque la magia es también controlarte bajo esas situaciones. Todavía recuerdo la expresión que puso, era una niña lista, sabía que yo tenía razón. No recuerdo haber sido dura al decírselo; lo que sí recuerdo es que, todavía mirando hacia la izquierda, sin verme directamente a los ojos, se sentó.
- Usted dice en el prólogo del libro de magia avanzada que: Aquellos por los que estamos aquí no son estudiantes ni ponis tan brillantes como nosotros. En la magia, muchos no alcanzan la dote que nosotros alcanzamos, así como nosotros no alcanzamos sus niveles de talento en otras cosas como cocinar, construir, calcular u otros. Sin embargo, los necesitamos tanto como ellos a nosotros; estamos aquí para mejorarnos y poder ser mejores para los demás. Puedo recordarlo porque lo citó tal como está escrito en el prólogo. Seré mejor para lo demás cuando mi magia lo sea.
Luna tuvo que levantarse de la mesa, para estirarse un poco, comenzando a caminar en círculos alrededor de la mesa; se limitó a observar a Celestia, que apreciaba el baúl con las pertenencias de la yegua, como si las estuviese contando una por una.
- Me llevé un libro de magia. Lo devolveré mañana. – Expresó la menor adelantándose a una pregunta que ella le haría.
- Pero ten cuidado, no sabemos cuándo ella podría estar de vuelta.
Por supuesto, la princesa de la noche sabía muy bien que su hermana estaba intentando escribir una carta para Sunset Shimmer; la situación que vivían en ese instante requería la presencia de más ponis como ella, al menos eso sostenía.
No era difícil para ella notar que, a través de las expresiones bien fingidas de su hermana, existía un auténtico deseo por ver a esa tal Sunset Shimmer; apenas pudo conocerla, unas pocas frases, que le comentaron sobre estacionamientos… y algo que acostumbraba oír de su contraparte humana.
- Claro. Pero cuéntame – sostuvo la yegua azul marino mientras caminaba lentamente – qué pasó después.
- No tuve más remedio que pedirle que se fuera. También le pedí que devolviera el libro de magia avanzada; pues está restringido para estudiantes de la Academia solamente. No sé cómo ella pudo haberlo obtenido.
- Así que no fue amor a primera vista.
- Tardaría un año en cogerle cariño a la niña. Pero, para mi sorpresa, ella se fue sin rechistar. Claro que Sunset no es de las yeguas que aceptan la derrota o se dan por vencidas sin más; fue curioso, durante un mes se presentó en la entrada del castillo con la excusa de que devolvería el libro. Pero jamás lo llevaba y decía que solo me lo daría en persona.
Los guardias no tuvieron otra que aceptar su presencia, a pesar de que yo no tenía tiempo para recibirla, siempre me esperaba. Kibits me comentaba de su presencia al final de cada día. Se sentaba fuera de la entrada del castillo y esperaba desde la una de la tarde hasta las siete, hora en la que se marchaba a su casa.
Al menos fue así hasta que llegó el día en el que finalmente salí a recibirla.
Fue una tarde, a eso de las seis, traté de ser lo más directa posible, pidiéndole el libro. Ella me dijo que lo tenía consigo; pero que le diera tiempo para hablar.
- ¿Se lo diste?
- Me parecía buena idea; si me entregaba el libro sería la última vez que hablaríamos y si no, simplemente no la recibiría más. Claro que, hablamos de pocas cosas, ella gustaba de ser directa. Me preguntó si había reconsiderado la idea de nombrarla mi estudiante. Por supuesto, le dije que no.
Entonces cambiamos de temas, le pregunté sobre su familia y ella me respondió algo que me causó una impresión diferente: ella era huérfana. Vivía a las afueras de Canterlot, así que caminaba una gran distancia a diario para esperar fuera del castillo. Intenté tratarla como a cualquier huérfana; pero ella rechazó ese trato, alegando que a ella era más difícil engañarle
- Además tenía una gotita de orgullo. – Comentó la princesa Luna entretenida por el relato.
- No exactamente, sabía cómo tratar con los demás para que le siguieran su juego. – Rememoró Celestia, varios recuerdos pasaron por su mente. – Pero cuando estaba a punto de despedirme para ir a bajar el sol y elevar la luna, ella me dijo que me devolvería el libro, resulta que realmente lo traía consigo todo el tiempo.
- No me dirás que…
- Sí, resulta que ella pudo hacer que el libro se convirtiera en una pequeña cinta que llevaba debajo de la melena; cuando lo devolvió a la normalidad reconocí que tenía algo de talento en la magia. Tonta de mí; porque no le pedí que rehiciera el hechizo.
- ¿Había truco?
- Sí, ella le pagaba bits a estudiantes avanzados para que hicieran un hechizo de polimorfismo temporal, se acababa a las seis y treinta… ella llevaba un reloj consigo todo el tiempo y coordinó bien su jugarreta.
- ¿Te tomó el pelo?
- No era el hechizo más complejo, ni el más sencillo. Hizo parecer que tenía un nivel lo suficientemente alto como para estudiar en la Academia; pero no para ser considerada como una genio. Además, me fue imposible ver en sus ojos un rasgo de mentira. Debiste verla entonces; tenía una mirada que parecía tan inocente.
- Así que fue por eso que la hiciste tu estudiante.
- No, ella me habló con mucha franqueza; me dijo que si no tenía un talento como Starswirl, al menos le tocaba los cascos y que por ello le diera un solo año de apoyo en la magia. Que le diera algunos consejos y sugerencias.
- O sea su profesora privada. – Con una ceja levemente inclinada, la princesa Luna le dio la mejor etiqueta que se le ocurrió.
- Sí, pero solo tenía una hora a la semana, los viernes por la mañana. Ella venía, me hacía varias preguntas, le respondía y se iba. No me esperaba que, al final de ese año, yo me diera cuenta de que era una yegua diferente a todas las alumnas que había tenido.
Un bostezo interrumpió el relato de Celestia. Miró un reloj colgado en una de las paredes pétreas. El tiempo había transcurrido sin hacerse presente en sus mentes, el cansancio se evidenció en su expresión y se levantó.
- Mañana continuamos ¿Te parece? – Sentenció Celestia con un segundo bostezo al final.
- De acuerdo. Nos vemos hermana.
