Sueños húmedos
Era mitad de la noche, los grillos cantaban a gusto desde sus madrigueras en el patio. Izumi dormía sobre su cama, sólo que algo anormal sucedía, su respiración lucía agitada y de su frente comenzaban a escurrir unas gotas de sudor. Gruñó, perdido entre sueños, apretando sus manos a los lados conforme su respiración se agitaba más y más. -¡Ah…! – otro gemido escapó de sus labios, y se revolvió un poco entre sus sábanas, acongojado por la sensación.
Abrió los ojos asustado cuando la sensación se incrementó, percatándose de que la sensación que tenía no era producto de sus sueños o su imaginación. Tardó unos segundos en reaccionar, asustándose de inmediato y sacándose las sábanas de inmediato. Miró sus pantalones, donde notó que algo se movía en su entrepierna. Extrañado, bajó sus pantalones, encontrando a Migi despierto y con las manos en un lugar donde no debería tenerlas.
-Estaba probando una erección en este músculo – le informó con calma al notar la cara extrañada del chico.
-¡Suéltame de una vez! – le gritó, sintiendo sus mejillas sonrojadas.
-Estoy muy cerca de esto, Shinichi, no esperes que me quede sin hacer nada – se alejó de donde estaba, mirando a su anfitrión con intriga y más curiosidad. –Se supone que debe entrar en algún lado, ¿No? – preguntó, mirando la parte noble del humano y el lugar mismo donde él vivía. El joven muchacho sintió su rostro explotar de la vergüenza, tomando su almohada y golpeando a Migi con ella.
-¡Cállate! ¡Ni se te ocurra! – le gritó y siguió golpeando.
La luna se extendía en las alturas, algunos perros ladraban en la lejanía de las calles, la noche era fría y silenciosa faltando aún horas para amanecer, sin embargo, Shinichi pensaba que jamás iba a volver a dormir tranquilo en su vida.
