Bueno, a continuación MUCHA porno, después drama, y luego porno otra vez :)


Cuando llegaba a casa era regañado por no avisar que iba a pasar la noche en casa de Kagami, su mejor amigo y al que había metido como excusa para salir hasta tarde el día anterior; Luego de ser regañado lo suficiente, y al notarlo su madre deprimido, lo dejaba ir a su cuarto y ahí se quedaba. Suerte que fuera sábado y no tuviera escuela, aunque si tenía trabajo pues el día anterior lo había reemplazado un compañero y ahora él tenía que cubrir sus horas pero eso era a la tarde. Se acostaba sobre su cama pensando en todo lo sucedido, bien estúpido había sido el mismo al hacerse algún tipo de ilusión, pero pensar eso ahora no le ayudaba en nada, lagrimeaba solo un poco, no se permitía llorar ni estar más deprimido porque se avergonzaría de sí mismo, era un ridículo y además estando así parecía más una quinceañera que un quinceañero, que bobo era. Dejaba de pensar en el tema y le mandaba un mensaje a su amigo dándole las gracias por no delatarlo cuando sus padres lo llamaron en la noche para saber si estaba con él, había apagado el celular durante la cena con el rubio por eso no hubo interrupciones. Ojala los hubiera dejado interrumpirlos, así no hubiera sucedido todo aquello.

ooooooooooooooooooooo

Kise ese día recibía una visita de su representante, que le informaba de su agenda de entrevistas por los siguientes tres días, por lo menos, ya que los medios estaban inquietos e insistiendo, debido a que no había hablado nada más que en exclusiva desde su regreso, todo plan de su manejador.

Algo de remordimiento le corroía esa tarde, nada del otro mundo, era solo por ver un corazón roto, cosa que pudo evitarse. Pero era muy diferente a lo que pasaba en la noche. Antes de dormir miraba su cama y se acordaba de su expresión; "tonterías" pensaba, entonces se dormía y su sueño era bien claro, apenas cerraba los ojos, veía el pequeño rostro excitadísimo del chico. Esa noche había tenido que levantarse unas dos o tres veces a refrescarse la cara, y a la mañana siguiente, se había enfrentado a algo que no había vivido desde primero de secundaría: una erección matutina.

Kuroko pasaba un domingo tranquilo y en casa, por la tarde iba al parque a jugar al basket con Kagami que se enojaba porque no le quería contar donde paso la noche del viernes, el decía que no estaba enojado pero se le notaba. La semana se le venía atareada como siempre entre la escuela y el trabajo, y como todas las semanas en el café los ociosos meseros -el incluido- realizaban apuestas sobre cualquier cosa que saliera en la tele. Eso lo hacían el martes, para el jueves tenían los resultados y el perdedor no era nadie más que Kuroko; y de castigo tenía que ocupar todo ese día una diadema de maid con orejas de gato cortesía de los elementos raros que llevaba siempre su compañero de trabajo Midorima-kun.

Por el lado del rubio sin miedo a equivocarse podía decir, que esa no había sido la mejor semana de su vida.

Después del incidente nocturno con el chico, las cosas se le habían ido gradualmente de las manos, no entendía por qué no podía dormir sin soñarlo jadeante, al principio pensó que había sido porque esa noche se había contenido un poco, aunque aun así había sido demasiado bueno, al parecer tenía una especie de complejo lolicon.

Esos sueños lo habían llevado a dormir poco, estar activo por las mañanas, sin poder o querer llamar a alguien más para calmar sus ansias, ya que gracias al maratón de entrevistas y sesiones de fotos no tenía descanso, y tampoco podía salir a la calle, pues la barricada de fans lo hacía difícil. Entonces empezó a preguntarse qué estaría haciendo el pequeño, se pregunto si estaría con alguien más, y sentía un poco de celos.

Eso lo había llevado a después de más de una semana de creer que se le pasaría, aceptar que eso no sería así, sino que empeoraría, no podía descansar de día y de noche no podía dejar de soñarlo, realmente… ¡Si ese enano era solo un mocoso! ¿Qué diablos le estaba pasando? Como quiera que sea, tampoco era un hombre que opusiera mucha resistencia a sus deseos, por eso había empezado el problema en primer lugar, así que pensó, ingenuamente, que si podía verlo, y quizá hasta tocarlo un poco, se calmaría.

Por eso, a la misma hora que se lo había encontrado la primera vez, Kise había ido a la cafetería sorteando la horda de fans que había disminuido bastante, por suerte, lo que no había esperado al llegar al lugar, era que el chico en cuestión, el culpable de su falta de sueños sanos, llevaría entonces un arma mortal sobre la cabeza.

El día iba vergonzosamente atareado en el café, justo que no quería que lo vieran muchas personas, venían muchos clientes, al final de tanto repetir que era por una apuesta que andaba así ya le daba igual y de pena le quedaba poco. Cuando sonaban las campanillas anunciando un nuevo cliente y lo mandaban a él todavía entre risas, no esperaba ver de nuevo aquel rubio cabello bajo el gorro y esos ojos seductores tras los lentes; aun así lo atendía, serio y fingiendo no conocerlo:

—buenas tardes, ¿qué va a querer?

"Te quiero a ti" dicho de un modo sensual hubiera soñado tan genial, como en alguna de sus películas, pero era la realidad, así que muy probablemente habría sido mandado al infierno. Miraba al chico y tomaba la carta revisando los mismos nombres una y otra vez, también poniendo semblante serio, o en su defecto normal, la verdad es que por dentro era como una fangirl, le daban ganas de robárselo, ahora su fantasía sexual tenía orejas, y decía cosas como "Nya~" después de cada oración… Lo cierto es que tenía una seria debilidad con las cosas lindas, ¿qué parte de un adolescente es tan linda?

—Capuccino y tarta de manzana… —Hablaba en tono serio pero las florecitas le salían por la cabeza.

Levantaba una ceja pues notaba un poco raro al mayor pero solo anotaba la orden y preguntaba el necesario "algo mas" de manera más cortante de lo necesario e iba al mesón a encargarlo. Rápido llevaba el pedido y se desligaba del asunto, atendía otra mesa cerca portándose notablemente más amable con el hombre desconocido de ahí que le consultaba por las orejas y le decía que era por una apuesta y hasta le sonreía.

El rubio hacía un gran esfuerzo por escucharlo desde su lugar, prestando poca atención a quien le atendía ahora; ¿Quién era ese hombre? ¿Por qué le estaba hablando tan amable? ¿Cuántas películas había hecho él? ¡Ninguna! ¿Por qué le prestaba atención al otro si él era mucho más guapo? ¡Era como compara el sol con basura galáctica! Inflaba un poco las mejillas y entonces escuchaba la charla de un par de empleados del lugar, al parecer el descanso de su turno sería pronto, eso era, mejor hablar con él en privado.

Se comía la mitad del postre y tomaba el capuccino rápido, dejaba un par de billetes en la mesa, que superaban por mucho lo que costaba lo que había pedido y salía del lugar, al parecer tomaban su descanso en la parte trasera de la tienda por donde le había ayudado a escapar la vez anterior, ahí lo esperaría.

Recogía lo servido al rubio que se había ido muy rápido y le había dejado bastante propina, suspiraba mientras llevaba el plato y la taza a la cocina; aunque no lo hiciera a propósito se había esperanzado mínimamente de que hubiera ido a verlo a él. Limpiaba las mesas recién despejadas y volteaba el cartel de la puerta a cerrado esperando que los pocos clientes que quedaban se retiraran para salir a su descanso. Un poco de charla en el callejón, flojear, quejarse por el sueño y luego volver a terminar el turno.

El actor se quedaba en el callejón esperando a lado de la puerta, gracias a su atuendo parecía un acosador, pero sorprendentemente pasaba de ser percibido mientras vigilaba la puerta, donde apenas veía la melena azul del chico cruzar la puerta estiraba su mano hasta alcanzar rápido la otra, y lo jalaba hacia una salida del callejón sin mirar atrás, en dirección a su auto, si quería hablar con él lo más seguro era hacerlo dentro de este, y así lo hacía.

Para cuando los demás chicos salían Kise estaba en su auto estacionado, mirando a un secuestrado adolecente con orejas de gato que no parecía muy contento.

— ¿Qué pretendes?— preguntaba serio frunciendo un poco el ceño cosa que no pegaba con su adorable diadema de neko maid. Se alejaba del rubio en el asiento, seriamente ofendido por lo sucedido la vez pasada y ahora por ser secuestrado.

Se quitaba gorro y lentes recargando sus brazos en el volante y miraba al chico, el cual estaba claramente enojado pero… se veía tan lindo.

—Me disculpo —le decía—, no lamento lo de ese día —bueno, solo un poco ya que no podía tocarlo de nuevo—, la verdad es que me gusto mucho, y quiero hacerlo de nuevo… quiero que salgas conmigo… tú y tus orejas…

Kuroko miraba inexpresivamente al otro no creyéndose lo que le decía.

—Vienes aquí, luego de dejarme como un "secreto", solo porque quieres hacerlo de nuevo, ¿y pretendes que yo lo acepte de lo mejor...?— ¿estaba bien de la cabeza ese tipo? Podía ser el hombre más sexy de toda la faz de la tierra, y probablemente lo era, pero no iba a caer a sus pies luego de lo triste y humillado que lo había hecho sentir.

El otro hacía un mohín y miraba a otro lado, luego volvía a verlo a él, no era bueno en eso, hace mucho que no, o más bien nunca, había estado en ese tipo de situación, para él lo normal era que la gente pidiera y aceptara; ¿Cómo podía rechazarlo a él?

—Ya te dije que lo lamento… —porque se veía tan lindo con esas orejas— de verdad no sé cómo hacer esto… ¿A ti no te gusto hacerlo? Dime qué puedo hacer para que te sientas bien de nuevo.

—Si me gusto pero tú lo arruinaste— se sonrojaba un poco al admitir eso y miraba hacia otro lado, ya luego devolvía su vista intensa al par de ojos dorados —no lo sé...— aseguraba, de verdad había sido horrible haber sido rechazado de aquella manera tan cruel.

Ese sonrojo le bastaba al mayor para saber lo que tenía que hacer, ese niño lo volvería loco un día; hacer una expresión tan linda frente a un tipo con sebera frustración sexual y poca resistencia…

—Tan lindo… —aprovechaba el contacto hipnótico que tenían sus miradas y el sonrojo del chico para animarse a llevar su mano a la barbilla de este, y aun con algo de reticencia contraria lograba inclinarse hasta alcanzar sus labios, y antes de tocarlos decía.

—Entonces lo siento, pero creo que al final tendré que secuestrarte… — entonces procedía a besarlo, ya estaba decidido, de ahí no se iba sin Kuroko.

Intentaba evitar ese contacto, no con todo el esfuerzo que habría podido poner pero lo suficiente para decir traté, al final era atrapado en un beso irresistible. Era cruelmente atacado por la certera lengua ajena recorriendo su boca haciéndolo estremecerse y olvidarse de cualquier enojo o resentimiento, quedaba perdido fácilmente por ese contacto tan simple a primera vista, pero él no era más que un adolescente inexperto frente al que seguramente era su primer amor.

Kise adentraba solo un poco más el beso y luego se separaba, entonces lo veía, quieto, sonrojado, con sus deliciosos labios entre abiertos, ojos cerrados y orejas de gato, a Ryouta casi le sangraba la nariz, de verdad, tenía un complejo lolicon bastante malo.

—Va-vamos a mi casa… —miraba hacía el frente decidido como un adulto y con estrellitas flotando sobre su cabeza nada adultas, arrancaba el auto, de verdad que lo estaba secuestrando.

Intentaba negarse y se agarraba del brazo del rubio, decía "no" sumamente inseguro y cuando arrancaba el auto apoyaba su frente en el hombro ajeno, cerraba los ojos suspirando; no tenía resistencia para ese tipo de cosas...

Sabía bien a que iba en ese momento, así que enviaba un mensaje avisando a uno de sus compañeros que lo excusara porque seguro llegaría tarde a terminar el turno, aunque seguro ni volvía, se sonrojaba de solo pensarlo.

No hablaban en todo el camino, pero Kise cambiaba su expresión de vez en cuando imaginando cosas que tenían todo que ver con su secuestrado y sus orejas de gato, llegando al lugar del rubio tomaban de inmediato el ascensor, con el mayor siempre llevando al más pequeño de la mano, más que porque no se escapara, porque quería hacerlo, le gustaban mucho sus manos pequeñas.

Llegando a su habitación lo encaminaba a la cama rápido y lo sentaba casi en medio de esta, el chico ya no se resistía, y el adulto pensando las cosas se hincaba en una orilla de la cama, con las rodillas en el piso lo veía desde abajo, lo inspeccionaba a él y a su sonrojo hasta que no se aguantaba.

— ¿Por qué tienes puestas orejas de gato? —le preguntaba mientras le tomaba una foto con su celular, era demasiado lindo, mucho, e imaginaba como se vería con algún otro cosplay.

Se cubría el rostro para que no lo fotografiara pero ya era tarde.

—Por una apuesta...siempre se apuestan cosas en el café— y nadie ganaba nada, solo se perdía y él era el perdedor en esa ocasión, le hacía gracia de repente contarle sobre que aposto, pero dejaría que lo preguntara primero.

— ¿Y qué apostaste? —Le preguntaba examinando la imagen y dejando luego su móvil sobre la mesa de noche, se sacaba el abrigo que llevaba puesto a pesar de hacer calor, que realmente lo hacía ver más sospechoso de lo que lo camuflajeaba.

—Aposté que tu última película no ganaría ningún premio...— miraba al otro andar por el cuarto y lo miraba casi alegre —eres un pésimo actor después de todo, creí que eso influiría en la decisión de los jueces...pero parece que no importa mientras seas popular— decía todo en un tono bastante serio y pareciendo muy sincero.

— ¿Eh? —terminaba de sacarse los zapatos sentado en la cama cuando escuchaba eso, era como un balde de agua fría lo que le decía y lo deprimía al instante —De verdad… ¿de verdad crees que soy tan malo? —Tenía un problema con eso, ya que al ser modelo al inicio de su carrera había sido sumamente subestimado y criticado como actor desechable, aunque ahora solo le causaba una reacción infantil de oscuridad momentánea. Se dejaba caer de lado en la cama y se enroscaba —Eres cruel… ya no te quiero —era un adulto bastante infantil en la intimidad, además de pervertido.

La reacción del rubio realmente lo sorprendía y se le hacía demasiado adorable para ser verdad, casi lo hacía sonreír, pero disimulaba bien.

—Eeh...bueno, tampoco eres tan malo...— decía rodando los ojos y acercándose al mayor para preguntarle incrédulo — ¿y desde cuando me quieres? Mentiroso.

Recostado de lado veía unas orejas acercarse a él, verlo desde arriba, tapándole la luz, entonces extendía la mano para alcanzar el cuello de su camisa y jalarlo.

—desde hoy… —le decía por impulso, atrapando sus labios con ganas al fin, se recostaba bien y ahora le pasaba la mano por la nuca haciendo al minino inclinarse más hacía él, como cobrándose la grosería con saliva.

Se recostaba también en la cama entregado al beso lento y deseoso que compartían, el intentaba replicar lo que el mayor hacía con su lengua sin mucho éxito pero si con muchas ganas. Mantenía sus ojos cerrados y su pequeño cuerpo se acercaba al más grande sintiéndose cómodo al estar así junto al rubio, intentando librarse de su timidez tocaba el pecho ajeno subiendo a los hombros no atreviéndose a mucho mas por el momento.

El beso se intensificaba y giraba en la cama quedando ahora sobre el más pequeño, chupaba su pequeña lengua y le mordisqueaba los labios, sus manos lentamente pasaban por debajo de la camisa del menor, entonces lo desprendía de su uniforme de trabajo, lentamente, con cuidado de no hacer caer las orejas de gato que tanto lo habían cautivado.

La manera voraz en que era besado lo hacía soltar pequeños quejidos que se perdían en la otra boca, el rubio lo despojaba de su ropa con paciencia pero rápidamente, pero no parecía tener intensión de quitarle las orejitas que tanta burla causaban en el café.

— ¿Por qué te gustan estas cosas?— consultaba realmente curioso en una pausa que se daban sus ya hinchados labios.

—¿? Bueno… porque te ves aun más lindo con ellas —se le quedaba viendo y tocaba la punta de una de las orejas, y luego bajaba hasta su oído, ya estaba encendiéndose, gracias también a la semana que llevaba aguantándose —Se ven tan bien en ti que hacen que quiera violarte… —jugueteaba con su oído y mientras una de sus manos iba a acariciar una pierna la otra iba a tocarle un pezón.

—Eso realmente asusta viniendo de alguien como tú...— comentaba mientras ponía gesto de desagrado, pero solo era el gesto y sus mejillas lo delataban. Las palabras al oído, que lo llamara "lindo" y las caricias alborotaban sus juveniles hormonas; su piel blanca tomaba calor rápidamente...

—Eres un gatito malo —le decía pegando su frente a la otra, y lo besaba de nuevo, para al despegarse informarle algo —Lo siento, no creo poder esperar mucho hoy… —sentenciaba despegándose por completo, para manipular el pequeño cuerpo frente suyo y ponerlo boca abajo, le elevaba las caderas haciéndolo clavar las rodillas en el colchón, y separando sus glúteos con sus manos acercaba su boca a la rosada entrada del chico, la cual comenzaba a lamer sin pensárselo mucho.

— ¿Eh?-¡aah! ¡¿Q-qué haces?! N-no...ahm...— apretaba las cobijas entre sus dedos y las rodillas le temblaban, el color de su rostro era un carmesí brillante que aumentaba mientras apretaba los ojos y se le escapaban pequeños quejidos de su boca, nunca pensó en que alguien podía hacerle algo así y era increíble lo bien que se sentía. Al parecer Kise lo hundía más y más en el abismo de sus perversiones, estaba deliciosamente perdido.

Derramaba saliva por todo el lugar y hundía su lengua con poca decencia, mientras estiraba su mano hasta tocar de nuevo uno de sus pezones rosas que tanto le gustaban, lo alcanzaba con la punta de sus dedos y lo aplastaba en círculos para después pellizcarlo.

— ¿Te has tocado aquí mientras no nos vimos? —le preguntaba relamiéndose y cambiando su lengua por un dedo de su otra mano, quería apurarse a prepararlo, pero no tomaría el riesgo de lastimarlo, después de todo, aun era un principiante, y eso, le encantaba.

— ¡No~!— negaba sumamente cohibido, ni siquiera se le había ocurrido que podía hacer eso, pero ahora que se lo decía seguro lo recordaba y por curiosidad lo hacía. Esa posición era demasiado para él, su rostro ardía como nunca pero también se estaba excitando más rápido que nunca, ya tenía entre sus piernas una erección instantánea, lo maravilloso de ser tan joven.

—Si llegas a hacerlo me gustaría una foto… no, mejor quiero verlo… —metía un segundo dedo y teniéndolo cerca, besaba y mordía ahora uno de sus glúteos —pero imaginarte solo, en tu cuarto, usando tus propias manos… Kurokocchi eres tan pervertido… —Se excitaba más aun con sus propios inventos —Piensa en mí la próxima vez que te masturbes…

El mayor no dejaba de comentar una cosa vergonzosa tras otra, los dedos en su interior lo hacían temblar aun más en aquella posición. Negaba ser un pervertido, no entendía cual era la idea del rubio de llamarlo malo siempre y ahora lo acusaba de pervertido por lo que imaginaba, él era el único pervertido ahí. La orden de al final la aceptaba en silencio y susurraba:

—solo si tu también lo haces...— pensar en el menor, claro, no en sí mismo, eso sería demasiado hasta para el ególatra Ryouta.

Ese niño siempre se tomaba seria su morbosas charla durante el sexo, bueno, por eso hablaba más de lo acostumbrado en este para empezar, por sus ingenuas y lindas respuestas que podían llevarlo al límite por sí solas.

—Pero ya lo hago... Llevó toda la semana así, en la noche, en la mañana, me tocó imaginado que te hago cosas... — y era verdad, aunque eso hasta para él era extraño, pero igual lo decía en tono malicioso, ya estaba dentro el tercer dedo.

La confesión desinhibida del rubio lo sorprendía de buena, y morbosa, manera; no creyó jamás que escuchar algo así lo hiciera sentir halagado y hasta feliz, era un poco ridículo aquello. Por la charla, que servía de distracción, y la gran cantidad de saliva anteriormente suministrada, su entrada cedía con mayor facilidad y pronto se encontraba lo suficientemente dilatada para que Kise pudiera hurgar con tres dedos tranquilamente, y luego ya dar paso a lo principal.

Se hincaba tras el menor, y luego se inclinada pegando su pecho a la espalda pequeña, llegaba hasta su oído y dejando ir todo su caliente aliento le hablaba con voz ronca.

—no puedo aguantar más... Voy a ponerlo dentro.

Y lo hacía, agarrándole con una mano la cadera y llevando la otra a agarrar una de sus pequeñas manos empezaba a entrar, mientras empezaba a besar su nuca, y aún seguía admirando las incitadoras orejas.


Ciaus! =(ll L)_