Un joven de cabello negro lentamente despertaba de la que había sido la mejor noche de sueño en mucho tiempo para él, pero ahora como suele suceder, su mente le molestaba diciéndole que abandone los reinos de Morfeo y vuelva al mundo real, donde su mala suerte lo estaba acechando.

La suavidad de la cama y la fragancia en su nariz le hacían difícil levantarse, muy difícil, la tibieza que sentía tampoco ayudaba demasiado.

Un momento… Kamijou Touma, la persona más desafortunada del mundo no puede estar experimentando tan magnifico sueño, el hace meses que no duerme en una cama cálida, sino en una fría tina de baño, y que es esa calidez, es noviembre, debe estar helando, con respecto al perfume, no tiene la más mínima idea, cierta superstición dice que cuando hueles a flores pero no hay ninguna fuente para el olor es porque un ángel está cerca, pero ningún ángel se acercaría a Touma a menos que sea para tratar de asesinarlo.

¿Entonces qué está pasando aquí?

De pronto Kamijou se percata del sonido acompasado de una respiración y un peso sobre su brazo extendido.

El chico abrió sus ojos, registro a su derecha de donde provenía el sonido de la respiración.

Usando su brazo como almohada, el cuerpo de una mujer de cabello castaño, cubierto solo con una delgada sabana.

Touma conocía a esta mujer, la había conocido durante un festival deportivo, un par de meses atrás, y luego había tenido que salvarla de unos Skill Out.

Touma tardo un poco en reconocerla, y un poco más en reaccionar, pero cuando finalmente lo hizo tuvo que contener un grito.

-"!¿Misaka Misuzu?!" –grito mentalmente.

¿Cómo había llegado a esta situación? Acostándose con la madre de Biri-biri, ya podía imaginarse lo que su suerte le tenía preparado, entraría el esposo de la mujer de un momento a otro en la habitación, seguramente no es un esper de nivel alto, casi no existen los esper de nivel alto adultos todavía, pero viendo la tremenda fuerza de su hija debe tratarse de un gorila aterrador.

Lo encontraría tratando de escurrirse de la cama, que el de algún modo que no conoce término compartiendo con la mujer.

Le daría una paliza, y luego tiraría el cadáver en el rio, no eso es buena suerte, lo más probable es que lo botase moribundo en el rio, luego alguien lo rescataría y lo llevaría al hospital, Misaka Mikoto no tardaría en enterarse de lo ocurrido y luego, bueno después de eso ya estaba realmente condenado.

El chico deslizó su brazo lo más despacio posible intentando no despertar a la mujer, pero sus nervios lo traicionaron, los ojos de la mujer se apretaron un poco más antes de abrirse, la mujer lo miro con una sonrisa, Touma que se había sentado estaba demasiado nervioso para decir algo.

-buenos días amor ¿vas a algún lado? –pegunto la mujer.

-eh?...

-pareces nervioso, ¿Qué ocurre? –pregunto la castaña acercándose a Touma.

La mujer al levantarse hiso que la sabana que la cubría se deslizase revelando su cuerpo, sus pechos magníficos, su vientre que para una mujer con hijos estaba magníficamente firme, su intimidad protegida por unos pocos bellos del mismo color que su cabello, toda una imagen de una mujer que pese a la diferencia de edad que tenían, resultaba endemoniadamente sensual para Kamijou.

Extrañamente no había sangrado nasal, tal vez porque la sangre se estaba concentrando en otra parte de su anatomía, Misaka noto esto, nada sorprendente tomando en cuenta que el chico también se encontraba desnudo.

-te despertaste animado cariño, ¿o acaso estas considerando darle una hermanita o hermanito a Miko-chan?

La mujer se acercó un poco más al joven, pegando su pecho contra el cuerpo de Kamijou, el tibio contacto estuvo a punto de superar la resistencia del chico, este ya casi no podía contenerse pero para evitar ponerse en más problemas de los que ya tenía decidió utilizar la táctica más valiente y varonil de mundo: salir corriendo.

-este… Misaka-san… tengo que… ir a… por allá… -dijo el chico mientras se ponía el pantalón y salía corriendo de la habitación, dejando confundida a la mujer.

-¿Qué le pico?

Una vez fuera de más habitación, Touma tomo aire lo más profundo que podía, le esperaba posiblemente una larga carrera.

Miro alrededor, nunca había visto ese lugar, aunque le pareció extrañamente familiar, la casa en la que se encontraba era una amplia construcción con paredes pintadas de blanco aparentemente bastante gruesos los muros, el piso era de madera, al final del pasillo habían unas escaleras, el avanzo hacia ella tratando de no hacer ningún ruido.

Tan pronto como piso el primer escalón, piso un juguete para perros cubierto de baba, perdió el equilibrio y rodo escaleras abajo.

"fukoda, ¡esa niña dejando los juguetes del perro en todos lados!" pensó. "alto, ¿Cómo sé que hay una niña en esta casa?"

No se preocupó por ese pequeño detalle, no lograba recordar que había hecho la noche pasada así quizás había conocido a una niña que vivía en esa casa y aunque no era capaz conscientemente de recordarlo ese pedazo de información había vuelto a su cabeza.

Los gruesos muros de la casa amortiguaron el ruido de su caída así que ni la mujer en la habitación, ni ningún otro posible habitante de la casa, que ahora que el había bajado, a la primera planta se había dado cuenta del accidente, para su fortuna, si se puede llamar fortuna a rodarse las escalera.

Las escaleras terminaban en un salón bastante amplio, pasando una mampara llegaba al recibidor de la casa y a las amplias puertas dobles del frente, el entonces aprovecho la oportunidad y salió de la casa sin que nadie lo notase.

Al salir vio que la casa tenía un muy amplio jardín al estilo mediterráneo con un caminito de piedras que llevaba fuera de la propiedad, al darse la vuelta vio que la casa, si no muy alta al ser de tan solo dos pisos era enorme, al estilo griego, no cabía dudas de que la familia de Misaka era rica.

Al salir a la calle vio que las propiedades estaban muy distanciadas unas de otras y todas eran muy grandes, debía ser una zona especialmente rica, aunque todo parecía extraño, extranjero, las señalizaciones eran diferentes a cualquiera de las que usaban normalmente en Japón.

Touma cogió un camino con rumbo este, al final de la calle a varias cuadras de distancia podía verse el sol levantándose desde el mar, obviamente ya no estaba en ciudad academia, uno, ciudad academia no tiene casas de este tipo, ni de ningún tipo, todos viven en departamentos o habitaciones de estudiantes de mayor o menor nivel; segundo, ciudad academia no era una ciudad con acceso al mar, aunque a través de un sistema de canales eran capaces de transportar algunas mercancías desde la costa a varias decenas de kilómetros de distancia.

Entonces… ¿Dónde se encontraba?

Al llegar a malecón vio varias tiendas, eso era bueno, podía pedir instrucciones de donde se encontraba y pedir instrucciones para volver a ciudad academia, solo había un problema, los carteles de las tiendas estaban en griego.

"Debe ser alguna especie de distrito de extranjeros, como el barrio chino que hay en cada ciudad importante o algo por el estilo" pensó Touma, claro esta deducción era bastante lógica, pero el hecho de que Touma la postulara significaba que tenía grandes posibilidades de fallar por la despiadada mano del destino.

Ingreso a la tienda impulsado por algún tipo de inercia, como si fuera algo que hacía a diario, cuando lo hiso el único ocupante en ese momento del establecimiento era un anciano que lo recibió con familiaridad.

-¡don Kamijou! ¿Qué hace tan tempano por acá? ¿Lo botaron de la cama?

"¿don Kamijou? ¿Cómo este hombre conoce mi apellido?" se gritó Touma por dentro, algo iba mal, terriblemente mal.

-no se preocupe, cualquier problema con las mujeres siempre se puede solucionar con algunos Kataifi, venga compre que mi mujer los horneo hace solo un rato y todavía están calientes como le gustan.

-si claro, don Fausto. "! ¿Cómo sé que se llama fausto?!

-¿Qué pasa muchacho? ¿Estas enfermo? Luces extraño hoy día. –pregunto el anciano examinado a Touma con la mirada.

-dígame don Fausto, ¿Dónde estoy? ¿Desde cuándo?

-pues en mi tienda muchacho, desde hace como 5 minutos.

-no, más general. –dijo Touma.

El de cabello negro tenía un fuerte sentimiento de Deja-vu, como si el Ángel fall se estuviera repitiendo, pero en vez de un simple cambio en las cara de todas las personas el mundo entero se hubiera reordenado mientras el estaba durmiendo.

-usted y su familia llegaron a la isla de vacaciones hace un par de meses, ¿está seguro que se siente bien? debería volver a su casa y descansar.

Touma estaba deambulado por las calles mientras más lo veía más obvio era que todo había cambiado, el mundo seguía sin embargo funcionando correctamente, era como si el hubiera sido ingresado en un fragmento de la historia sin siquiera darse cuenta, y estaba perdido.

"Tsuchimicado, él debe saber que está pasando"

Touma busco en sus bolsillos y encontró un celular, no era el suyo, posiblemente era el del padre de Misaka pero para lo que le valía era lo mismo.

Empezó a buscar entre los contactos, pero obviamente el número de Tsuchimicado no se encontraba, para solucionarlo luego de unos minutos de ejercicio de memoria logro recordar el número del agente múltiple Sis-com.

El número que usted ha marcado se encuentra fuera de servicio, por favor cuelga e inténtelo nuevamente. –la voz de una contestadora automática respondió al teléfono, claro, si todo el mundo había cambiado era lógico que Tsuchimikado no tuviera el mismo teléfono.

Touma cerró el teléfono y lo volvió al mismo bolsillo mientras que pensaba que más podía hacer cuando este empezó a vibrar.

El celular mostraba un nombre, Taoru Miyazaki, ¿Quién es él?

-alo.

-eh! Kami-yan, parece que estas en problemas. –la voz era la de Tsuchimcado, sin duda.

-¿Qué está pasando? Me desperté en un lugar totalmente desconocido con Misaka Misuzu en la misma cama, ¡quiero que me expliques ahora! –prácticamente grito Touma.

-respira Kami-yan, no puedo explicarte lo que está pasando por el celular, pero puedo decirte esto, te encuentras en , una de las islas griegas, vuelve a tu casa, yo estoy llegando para halla en unas 8 horas para explicarte que está pasando.

-¡¿Qué regrese a casa?! ¡Estoy a medio mundo de distancia, y como esperas que pueda estar acá sin saber el idioma!

-si no te has dado cuenta no me estas gritando en japonés.

En ese momento Touma se detuvo por un momento a pensar, ¿acaso había estado hablando griego sin darse cuenta?

-¿Qué está pasando?

-te lo dije, no puedo explicártelo por el teléfono, vuelve al lugar de donde saliste, por cierto, la mujer con la que despertaste no es Misaka Misuzu sino Misaka Mikoto.

Fukoda

(…)

El joven con la mayor mala suerte de la historia caminaba de vuelta a la casa al lado del acantilado donde había despertado, ¿Qué rayos estaba pasando? Era peor que la vez que había perdido la memoria, después de todo, cuando perdió la memoria estaba solo, ahora tenía una esposa, como lo había conseguido con su suerte, no lograba imaginárselo, pero ella de se daría cuenta, y él no quería hacerla sufrir.

Andando perdido en sus pensamientos, llego al frente de la casa, suspiro y se dispuso a entrar, cuando el sujeto la perilla de la puerta esta fue azotada hacia adentro, Touma solo pudo ver una enorme sombra negra antes de ser tirado al suelo.

Lo que acababa de pasar es que una niña, una versión de 5 años de Misaka salvo que con el pelo muy desordenado y los ojos azules de su padre, cabalgando un enorme Dogo Tibetano se lanzó sobre su padre para robarle los dulces que él estaba trayendo.

-¡Miko 2, papa 0! –dijo la niña jineteando su perro dentro de la casa de nuevo con su trofeo en alto.

A la puerta se asomó la mujer con que aparentemente había decidido compartir su vida. – ¿otra vez te derroto? –dijo la mujer riéndose. –anda levántate, guarda un poco de orgullo de padre. Mientras le extendía la mano.

-Misaka-san…

-eh… tan formal, anda dime ¿Qué estas tramando?

-tramando, ¿yo? Nada lo juro.

-hum… jeje. –soltó una risita Biri-biri crecida.

-¿Qué?

-nada, nada, cuanto tiempo piensas quedarte afuera, el desayuno se va a enfriar.

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¡Alzheimer! No logro recordar hace cuanto escribí esto, y la verdad tampoco tengo idea de cómo lo iba a continuar.