CAPITULO II
El sonido de los altavoces. Las personas. Los gritos de los niños. Los hombres con trajes. Miles de maletas de aquí para allá. Mascotas en jaulas. Ladridos. Maullidos. Más habladuría de paja entre la gente. Y yo, con una pequeña maleta. Esto no podía ser mejor. Me sentía estallar. Me sentía peor que la última vez que estuve en este país. Me sentía humillada, por mi propio padre, pues obvio que yo no quería venir, ella prácticamente hacia conmigo lo que se le antojara o mejor dicho lo que le diera la gana. Esto era el colmo. La retaría por esta estupidez que me ha obligado a hacer. Reí. Parecía una desquiciada y de eso no lo dudaba j aja ja, no solo por hablar conmigo misma, sino que véanme siento que cargo la resaca del siglo.
Saque mi celular. Alegro más que nada que aun funcione después de haber vivido tantas caídas. Mi celular era mi vida, bueno una parte de mí. Mientras sonreía me preguntaba. ¿Qué estupideces estoy diciendo?
Busque entre mis contactos: "Papi". Y teclee para llamar… Atendió:
-Hola -dijeron.
Fruncí el ceño, me fije en mi teléfono y había marcado el contacto correcto, y así era. Volví a ponerlo en mi oído.
-¿Hola? ¿Quién es? -pregunte.
-Pues… eso debería preguntar yo, usted es la que está llamando.
-¿Disculpe? -dije indignada -Yo no tome un miserable avión a las 2:20 de la mañana para que alguien atendiera un celular que no le corresponde.
-Escúcheme bien, señorita. A mí me habla como se le corresponde -respondieron con amargura -, si quiere hablar con la dueña de este celular tendrá que esperar. ¿Quién habla aparte? ¿Su novia? No vi venir eso de Chikane -dijeron prácticamente con asco, que descaro.
Esto era el colmo. Pero quién demonios se creía esta mujer. Tenía ganas de golpear a alguien. Tome aire profundamente y retome la llamada y con toda la calma del mundo y asco comente:
-¿Sabe algo?, sea quien sea -volví a tomar aire -, primero que nada, pide el respeto que no está dando. Segundo, estoy pensando que usted cree que soy estúpida o algo similar-ella soltó una carcajada ingenua, odio a esta mujer.
-Primero, nadie me dice que debo o no hacer... – y con sarcasmo
-Pues, entonces -le interrumpí por tal maldita y estúpida aclaración suya -, deberían abrirle la cabeza y verificar si le han sacado el cerebro, que es muy obvio que no lo tiene, y ponerlo donde corresponde - respirar hondo con cierto desprecio.
-Ara, ara… quédese tranquila señorita que estoy segura que al terminar esta conversación usted saldrá ganando gracias a mi astucia -sentí un escalofrió recorrer mi cuerpo, poniéndome la piel de gallina. También pude percibir como sonreía con mala cara -
"¿Quién mierda es esta mujer?", pensé -, porque cree usted que yo pueda ser la novia de mi PADRE.
¡Me había cortado la llamada! Perfecto esto era "Fantástico".
Salí del baño de damas del aeropuerto, me había arreglado lo mejor que pude ocultando mi maldita resaca, y me dirigí a la salida para comenzar a llamar a un taxi. Esto no se iba a quedar así, o sí que no...
-…...
Tomé el ascensor para tratar de llegar al último piso de la Compañía de mi padre. Espere, espere, espere. Fueron 20 minutos de trayecto en taxi, no he dormido en más de 12 horas desde que salí de mi departamento. Al menos vestía bien. Una vez que llegue me dirigí a la oficina de papá. Ella no estaba, que desgracia... No había opción alguna que aceptarlo, camine con un paso inseguro hasta aquella otra puerta.
Mis rodillas temblaban, apenas podía mantenerme de pie. Les digo ¿una cosa? estaba pálida, sentía que vomitaría en cualquier momento... los famosos efectos del alcohol ya comenzaban a hacerme estragos… simplemente solo con ver lo que estaba escrito en la puerta:
"Shizuru Fujino
Jefe de Personal"
O mejor dicho, en una placa, un poco grande para mí gusto.
Abrí la puerta y allí estaba una mujer que no le calculaba más de la misma edad que mi padre, se le notaba un carácter agradable y dulce. Ella revisaba y firmaba unos documentos. Me observo de pies a cabeza. Me miro a los ojos y no sé por qué demonios sentí ese escalofrió, recorrer mi cuerpo. Ese enrojecimiento marco mis mejillas. Me sentí como una niña de 9 o 10 años otra vez. Perdida. Incomoda. Rara e inclusive hasta extraña diría yo.
….-…..
La mente de Himeko comenzó a llenarse de pensamientos sobre Chikane, el dolor del último encuentro regresó con toda su fuerza. Cada vez que pensaba mas en ella se veía como una tonta. Aunque sentía algo muy intenso por Chikane. Apretó los ojos con fuerza y se dijo que tenía cosas más importantes en las que pensar. Como en el bebé que ahora llevaba en su vientre.
Pero ahora había un pequeño problema, ¿cómo iba a decírselo a sus padres? Hija única y tardía, sabía que representaba todas las esperanzas y sueños de sus padres. Aparte de eso – Yo vivo con mis padres… ¿Cómo carajos se lo voy a decir?- Se estremeció al imaginar a su madre desmayándose y la expresión decepcionada de su padre.
No podía dejarse decaer, apartó a un lado sus preocupaciones decidida a seguir adelante como fuera. Tomó una ducha rápida y oyó que alguien llamaba a la puerta. Supuso que sería algún vecino, pero al abrir la puerta se encontró frente a Chikane.
Sintió que el corazón le daba un vuelco al verla. Esa seria expresión en su rostro revelaba el cansancio del arduo día de trabajo, pero no por ello dejaba de emanar su característica fuerza. Ese era uno de los motivos por los que Himeko se sintió atraída por ella desde el principio. Se intuía que, aunque Chikane pudiera caer como cualquier otra persona, no se desmoronaría y siempre saldría adelante.
La chica de ojos azules la observaba durante un largo e incómodo momento antes de mirarla directamente a los ojos.
— ¿Estás embarazada? – decía cruzando sus brazos, esperando respuesta
Himeko dejó de respirar. Se sintió como si acabara de pasarle un camión por encima. Desprevenida, abrió la boca para decir algo, pero no logró articular palabra. Miró la puerta y pensó en cerrarla ante sus narices.
Chikane debió leerle la mente, porque plantó un pie en el umbral.
—¿Estás embarazada? —repitió su pregunta, esperando la susodicha respuesta
Desacostumbrada a que Chikane centrara en ella su atención con tal intensidad, Himeko siguió luchando por recuperar la compostura. Estaba demasiado cerca de ella. Cuando logró respirar, inhaló su aroma y su cuerpo se ablandó como lo hizo la noche que compartieron.
—Sí —susurró, finalmente.
—Tenemos que hablar —dijo ella, y entró en la casa.
Haciendo un esfuerzo por mantener la cabeza fría, Himeko se cruzó de brazos y dejó la puerta abierta.
—Creo que no estoy de acuerdo.
Chikane alzó una ceja con expresión interrogante, pero no dijo nada.
—Ya dejaste bastante claros tus puntos de vista durante nuestra última conversación —continuó Himeko—. Dijiste que eras un padre funesto y que no debía de confiar en ti.
Chikane apoyó las manos en las caderas.
—Eso fue antes de tener toda la información.
— ¿Y cómo ha cambiado las cosas eso? —preguntó Himeko, negándose a ceder a su debilidad por ella. Esa debilidad ya le había metido en bastantes problemas—. ¿Acaso has adquirido de pronto la habilidad para ser un buen padre?
Chikane entrecerró los ojos.
—No. Puede que no sea capaz de hacer mucho por el bebé, pero al menos me ocuparé económicamente de él —tras una pausa, añadió—: También puedo darle un apellido.
— ¿Cómo?
—Podemos casarnos. Càsate conmigo Himeko —contestó Chikane, con la misma emoción con la que habría podido proponer que se compraran un coche.
Himeko hizo un esfuerzo para que su cerebro funcionara como era debido.
—A ver si lo entiendo. No me quieres, no quieres ser padre aunque tengas una hija que está a solo un corto tiempo de cumplir su mayoría de edad, ni marido, pero te parece buena idea que nos casemos para que el bebé tenga un apellido y seguridad económica, ¿es eso?
—Puedo ocuparme bien de él —dijo Chikane, con una firmeza que sorprendió e inquietó a Himeko.
—Financieramente —replicó ella—. Pero los niños necesitan algo más que dinero de sus padres. Un niño necesita seguridad, atención, amor, afecto, enseñanzas, risas. Un niño necesita ver que el amor es posible, y tú no crees en el amor. De verdad no entiendo como criaste a Natsuki sin una madre ahora dime ¿Por qué iba a casarme contigo, Chikane? Tú no… —un vehículo conocido llamo de repente la atención de Himeko—. ¡Oh, no! — Exclamó horrorizada al darse cuenta de que era el auto de sus padres —. Tienes que irte —dijo rápidamente—. Hablaremos más tarde. Vete.
Chikane la miró de manera de manera extraña
— ¿Por qué?
—Son mis padres tienes que irte —dijo Himeko, esforzándose por controlar el pánico y un nuevo ataque de náuseas.
—No les has dicho que estás embarazada —concluyó Chikane.
—No se lo he dicho a nadie.
— ¿Cuándo planeas decírselo?
Himeko vio que su padre bajaba del vehículo y la saludaba con la mano.
—Dentro de cuatro años o veinte diría yo —susurró, a la vez que se obligaba a sonreír a su padre—. No quiero alterar a mi madre… Tienes que irte, por favor Chikane-chan… por lo que más quieras en el mundo vete —añadió enfáticamente.
—No puedo. Por si no lo notas me bloquearon la salida —dijo Chikane, y la lógica de sus palabras hizo que Himeko quisiera llorar.
—Himeko —dijo su madre con una sonrisa mientras subía las escaleras a la entrada de la casa—. Vaya veo que tienes visita —observó a su hija con ojo maternal—. Estás un poco pálida, corazón. ¿Te encuentras bien?
Himeko sintió que el estómago se le encogía a causa de las náuseas, pero siguió sonriendo mientras abrazaba a su madre, como de costumbre.
—Estoy bien. Pensaba que llegarían algo más tarde
Su padre le dio un rápido abrazo y rió.
—Ya conoces a tu madre. No le gusta estar mucho tiempo fuera de casa. Es una mujer del hogar y espero que tú también lo seas por cierto ¿Quién es ella? —preguntó, volviéndose hacia Chikane.
Himeko habría deseado tener en ese momento una varita en las manos. Habría hecho que tanto Chikane Himemiya como sus náuseas desaparecieran como por arte de magia.
…-….
-No damos visitas escolares a esta hora de la tarde -dijo seriamente. Debían ser como las 3:30 pm.
-No vengo para eso -dije entre dientes.
-¿Entonces? -pregunto alzando una ceja volviéndome a ver por completo. Esa acción me hizo sonrojar más de la cuenta. Imbécil.
-Tampoco para lo que usted piensa -dije prestándole atención despistadamente a la habitación.
-Ara, ara… Pues, yo tampoco se en lo que estaba pensando. Algo en mi me dice que usted creyó que lo decía de una manera... -se froto la barbilla con una sonrisa burlona y su tono de voz hizo que me diera cuenta de todo. Maldita hija de perra -Para que decirlo, usted misma se contesta con lo tensa y colorada que esta.
-Hare de cuenta que no he escuchado eso. Y tampoco nada de hace un rato -fulminándola con la mirada. Ella rio.
-¿Hace rato?
Apreté mis puños suavemente y camine despectivamente en frente de ella, detrás de su escritorio. Sonreí amargamente estirando mi mano hacia ella.
-Un gusto, soy la NO novia de mi padre "Himemiya Chikane" -acentuando la palabra no.
Ella se recostó en su silla de oficina. Yo me cruce de brazos y fruncí el ceño. Mierda. Esto era increíble. Este dia, oficialmente, es el peor día de mi vida. Bueno, el segundo. Viene después del día en que mi profesora de educación física, tuviera "encuentros físicos", con mi padre en mi fiesta de 13 años. Fue... repugnante.
-Natsuki -dijo insegura, claramente por la duda de si ese era o no mi nombre.
-Shizuru -dije sin importancia.
Lentamente, sin sacar su vista de mí, ella apoyo sus codos en el escritorio. Agarro el celular de mi padre y me lo entrego. Yo lo acepte, obviamente, sin decir absolutamente nada. Todo estaba silencioso. Ella seguía mirándome tan descaradamente que sentí que iba a caer. Corrí la silla frente al escritorio y me senté.
-¿Qué haces aquí luego de tanto tiempo sin aparecerte? -dijo ella sin expresión alguna en su rostro -La última vez que te vi, peleabas por un perro con tu padre.
-Lo que hago o no aquí no es de su incumbencia -respondí -y la última vez que la vi, pues, se le daba por ser educada.
-No soy educada. Sabes, iba a renunciar a trabajar para tu padre ese día. Te vi a ti y no pude contenerme -dijo con una voz sumamente ronca y sexy. Espero Dios me perdone por las putas cosas que digo hoy.
-¿Contenerse? -pregunte. Ella se levantó de la silla y camino por detrás de mí. Yo solo la seguía con mi mirada.
-Oh, sí. Sí mi Natsuki -afirmo deteniéndose y mirándome. Yo solo volví a sonrojarme. Se acercó más a mí, inclinándose, y me murmuro a centímetros de mi rostro, para luego volverse a enderezar: - Eras una niña muy hermosa a temprana edad.
¿Quién carajo se creía que era? ella sonrió de manera muy dulce.
