ARDAMOS
Capítulo 3: La determinación de un hombre
Takano daba vueltas por la poco iluminada habitación del cabaret con un cigarrillo entre los dientes y las manos en los bolsillos del pantalón. Era ya el tercer cigarrillo de la noche, y había ignorado a Ritsu cuando le recordó que estaba prohibido fumar en espacios cerrados. El hombre no había dicho ni una palabra, y el chico que esperaba en la cama se sentía más incómodo por ese silencio que por habérselo encontrado en aquel lugar. Revolvió las sábanas y se cubrió con ellas el delgado y pálido cuerpo. Masamune ni siquiera había intentado tocarlo. Se sentía verdaderamente perturbado por aquella visión del muchacho actuando complacientemente erótico. No sabía qué pensar. ¿El acto de mensajero despistado de la compañía era solo una fachada? ¿Acaso esta era la verdadera naturaleza de Onodera Ritsu?
- Oye, ¿vas a hacer algo o qué?
Takano viró iracundo hacia donde él estaba. Escupió el cigarrillo al suelo y lo pisó hasta apagarlo. Luego de observar al semidesnudo joven por unos instantes, habló.
- Así que, Onodera, he descubierto tu pequeño secreto. ¿Qué podrías hacer para asegurarte de que mantendré la boca cerrada? ¡Ah! Acabo de recordar que ya pagué la tarifa. Supongo que podría divertirme un poco contigo.
- ¡No te acerques!
- ¿No me preguntaste hace un momento si iba a hacer algo? Pues bien, vine por una razón y no pienso irme sin estar satisfecho.
Ritsu se puso de pie rápidamente y corrió hacia la esquina de la habitación para tomar una jarra de agua que estaba sobre el buró. Tenía la firme intención de arrojar su contenido al editor si se aproximaba demasiado.
- ¡No me refería a eso, idiota! ¡Te pregunté porque estabas demasiado callado! ¡Estoy tan sorprendido como tú, pero deberíamos aclarar la situación! ¡Que no te acerques dije!
El agua cayó sobre la cabeza de Masamune, empapándole el cabello y el rostro. Una risa que pronto se convirtió en carcajada brotó desde su pecho, y se detuvo tan súbitamente como había iniciado.
- ¿Qué es lo que debemos aclarar? Para mí es bastante evidente. Onodera Ritsu se gana la vida vendiendo su cuerpo. ¡Vaya! Y yo que pensaba que te conocía bien. Tan enamorado estaba que no me di cuenta de nada. ¿Es por eso que eres tan popular entre los otros editores y trabajadores de la compañía? Dime, ¿a cuántos de ellos les has mostrado ese culo tuyo?
- Ta... Takano-san, detente.
- ¿Por qué? ¿No es lo que te gusta, puta?
Una limpia bofetada hizo que Takano Masamune se detuviera. Le empezó a arder la cara en donde la mano había arremetido en su contra. Observó a Onodera correr hacia una puerta al otro lado del ático, abrirla y sacar algo de ropa de ahí. Dejó que se vistiera sin decir nada, pero notó que su vestimenta era la misma que había llevado al trabajo más temprano ese día.
Sintiéndose derrotado, pero todavía increíblemente molesto, se sentó a la orilla de la cama meditando lo que debía de pasar. Onodera se aproximó a él lentamente y le ofreció una compresa helada para la mejilla enrojecida.
- Lamento eso. Oye, deberías irte. No le diré a nadie lo que pasó, ¿de acuerdo? Solo guarda también el secreto.
Onodera se tranquilizó un poco cuando vio a Takano extender el brazo para tomar la compresa que le ofrecía, pero la soltó por accidente cuando en vez de tomar la compresa le rodeó la muñeca con fuerza.
- Necesito un trago.
Onodera se acercó a un gabinete que estaba empotrado en la pared y de él sacó una copa y una botella de whisky.
- Supongo que esto estará bien – masculló examinando la botella.
Takano se bebió el contenido de la copa y pidió que la rellenara. Tras la tercera servida dijo que ya estaba bien, y se incorporó.
- Supongo que puedo guardar el secreto - dijo.
Onodera le observó caminar hacia la trampilla y voltear a verlo. En su mirada se escondía un gran pesar que hizo que el chico se sintiera mal.
- Espera. Dices que pagaste por el servicio, ¿no? Me sentiría mal si te fueras así nada más... - titubeó el castaño.
Lo siguiente que Takano supo fue que, de un momento a otro, el chico se había aproximado a él y le había plantado un beso en la boca para luego retirarse unos pasos ocultando su incomodidad.
- Vuelva pronto, amo - dijo aproximándose a un teléfono y hablando por el auricular.
- Cruel.
Takano descendió las escaleras hasta llegar de nuevo a la cocina. Hizo un gesto de despedida a la muchacha que había visto antes y siguió caminando hacia la salida. Durante la semana que le siguió a su encuentro no regresó al cabaret "Rubí".
No solo eso, también evitaba toparse con Onodera en el trabajo. Estaba en un estado de completa negación. Los sentimientos románticos seguían ahí, pero la confusión y la ira le hacían actuar de manera precipitada. No quería verlo, no quería saber nada de él; sin embargo, no dejaba de pensar en él a cada instante. Saber que estaban en el mismo edificio y que en cualquier momento debían verse cara a cara aumentaba sus inquietudes. Sentía que se volvía loco ante la expectativa, y no tenía idea de cómo actuaría cuando el irremediable encuentro se llevara a cabo.
No pasó mucho tiempo antes de tener que enfrentarlo. Aunque Onodera Ritsu fuera solo el mensajero de la compañía, por lo regular se presentaba al menos una vez a la semana para entregar la correspondencia en cada departamento, y como jefe del suyo, Takano Masamune tenía la obligación de ser quien recibía y firmaba la hoja de correspondencia. Ese día no fue diferente. Onodera saludó a todo el departamento como siempre lo hacía y extendió el sobre a Takano. Después, le acercó la pizarra electrónica donde debía escribir su nombre y esperó a que firmara. Le dio las gracias, Takano hizo lo mismo, y se despidieron de la misma forma en que siempre lo hacían.
El editor en jefe estaba asombrado de la frialdad con que lo había tratado. En verdad le parecía un muy buen actor. Se preguntó si él habría hecho tan buen trabajo aparentando, y supuso que así fue debido a que nadie parecía haber notado nada extraño en su comportamiento. Regresó a su trabajo en calma. Tenía tres autoras que aún no habían enviado su borrador para la publicación del mes siguiente, y otras dos que preparaban capítulos especiales de sus publicaciones, así que estaba rebosando de trabajo hasta el cuello. Eso le distrajo el resto del día de cualquier pensamiento relacionado con Onodera. Al finalizar la jornada arregló su escritorio igual que siempre y revisó el trabajo del día siguiente como era su costumbre. Estaba a punto de partir cuando se dio cuenta de que desde hacía varios minutos un rostro joven le estaba observando.
- ¿Takano?
- ¿Qué ocurre Kisa?
- Nada, solo quería un consejo acerca del manga que está a mi cargo. La historia no va del todo bien y supuse que tú podrías dar una opinión más acertada respecto al asunto.
Su colega sonrió nervioso y se llevó una mano a la nuca. Se peinó la negra cabellera hacia atrás con los dedos y se disculpó con su jefe por la molestia. Takano le devolvió la sonrisa y se dispuso a ayudarle. Corrigió varios paneles que para él estaban fuera de contexto o en un lugar inapropiado y le dio varios consejos al otro editor. Al terminar, Kisa le agradeció la ayuda y empezó a guardar sus cosas para irse.
- Kisa, fui a ese lugar.
Kisa sabía exactamente del lugar del que le hablaba su editor en jefe y lo miró desconcertado, pero curioso. Takano sintió que debía tener mucho cuidado al hablar de ese sitio, así que le propuso que fueran a algún bar o cafetería para discutir el asunto. Su intención al sacar el tema tan de repente: averiguar más sobre Onodera Ritsu.
Kisa eligió la cafetería, porque sentía que era un lugar más privado. Luego de que cada uno hizo su orden, Takano comenzó a hablarle de su experiencia.
- El servicio es... Bueno, no puedo quejarme. Los empleados saben lo que hacen, pero algunos de los precios son muy exagerados.
- ¿Te refieres al especial? Supongo que te lo habrán ofrecido.
Takano hizo lo posible por mantener una cara de póquer mientras meditaba su próxima respuesta con cuidado.
- Sí, me lo ofrecieron, pero me pareció bastante ridículo, incluso considerando lo de la noche entera.
- Lo sé, bueno, no, en realidad no lo sé. Sé que solo le ofrecen el servicio a quienes aparentan que pueden pagarlo. Gente que destaca, igual que tú.
- De cualquier forma me he estado preguntando, ¿cómo sabías de ese lugar? No pareces del tipo que suele frecuentar ese tipo de establecimientos, Kisa.
Kisa se removió incómodo en su asiento y se miró las manos con nerviosismo. Takano notó que sudaba un poco y decidió no presionarlo, no tenía tanta curiosidad por él. Su objetivo al hacerle preguntas era averiguar más acerca de Onodera, pero no podía permitirse revelar su secreto, al menos no por el momento; después de todo no tenía idea de si Kisa estaba al corriente.
- No me juzgues, Takano.
- No veo por qué lo haría. Yo ya he ido a ese lugar muchas veces.
- Pero tú has ido en un plan diferente al mío...
- ¿Diferente a...?
Masamune abrió los ojos de la sorpresa. En ese momento llevaron su pedido. Un café americano para él y un latte para Kisa. En cuanto el mesero se alejó, Masamune le dio un sorbo a su café y observó a Kisa agregarle algunas cucharadas de azúcar al suyo.
- ¿Por cuánto tiempo?
- ¿Qué?
- ¿Cuánto tiempo trabajaste ahí?
El pelinegro le observó algo disgustado como si no esperara aquella pregunta. Le dijo que pensó que sería más discreto acerca del tema, y Takano simplemente contestó con un ligero movimiento de hombros. Kisa suspiró. Tenía la nariz fría por el aire acondicionado, que no entendía por qué estaba encendido si afuera el invierno seguía congelando todo. Tal vez era para que beber el café fuera un poco más placentero.
- Algunos años - fue su respuesta.
Takano volvió a sorber un trago de café y asintió comprensivo.
- No pareces del tipo que tendría un trabajo como ese.
Quiso añadir más, pero entonces se dio cuenta de que lo mismo podía decirse de Onodera. Intentó que no se notara su creciente ansiedad, pero incluso si no se le notaba había hecho ya demasiadas preguntas, y Kisa parecía inocente, pero era muy perceptivo.
- Sabes, mis clientes decían lo mismo. Tampoco es que no me guste el sexo. Puedes decir que no lo hacía por necesidad, sino por gusto.
Ahora Takano no pudo contener la sorpresa. Abrió los labios para decir algo, pero no supo qué. Fue una reacción inconsciente.
- ¿Por qué lo dejaste?
- Conocí a alguien - dijo simplemente.
- Por alguien te refieres a...
- Me enamoré, Takano.
El aludido se dio cuenta de que se había movido demasiado hacia la mesa, así que volvió a recostarse sobre el respaldo del asiento. Miraba a Kisa al rostro y notaba un creciente rubor en sus mejillas que lo hacía lucir mucho más joven de lo que ya se veía. Evidentemente al chico le resultaba algo vergonzoso admitir aquello.
- Oye, ahora me da miedo tu cara, deja de sonreír de esa forma.
Solo entonces, Takano se dio cuenta de la tensión en sus mejillas que indicaba que sus labios se curvaban en una sonrisa. No se había percatado de que había sonreído, pero sabía la razón que lo había llevado a hacerlo. Muy en su interior se iluminó una ligera esperanza. Era diminuta, y no estaba seguro de cómo lograría cumplir su objetivo, pero ya lo había decidido. Sacaría a Onodera de ese lugar, lo único que tenía que hacer era lograr que se enamorara de él nuevamente.
Pero, como pudo comprobar después, decir que lo haría sería más fácil que lograrlo.
