3. ¿Cómo ve con los ojos cerrados?

Son pasadas la una de la madrugada cuando Teuchi convence a Naruto de que es hora de dormir. El niño está tan lleno de energía que es antinatural. Aunque el Ichiraku ya se dio cuenta de eso desde que lo miró por primera vez. En ese tipo de cosas, como en la preferencias de comidas, Teuchi simplemente sabe. Son habilidades que vienen de familia y, después de ser entrenadas, son instintivas para él… Como el saber que, detrás de todas las artimañas del niño por seguir hablando o inventar juegos qué jugar con Ayame, está el miedo. El miedo de irse a dormir y despertar en un lugar diferente, en una situación tan fea como ésta es bonita.

A muchos niños del orfanato les cuesta dormir en los primeros meses de su llegada por problemas parecidos a ese.

―Vamos, Aya-chan, ¡so´o u-na vez más! ―pedía él desvergonzadamente, con la mirada de súplica infantil más potente que Teuchi ha visto en muchos años. Si Ayame hubiera tenido los ojos abiertos en vez de dormitar sentada en la silla, muy posiblemente sucumbiría de nuevo a quien sabe cuántas vueltas de "escondido".

Cuando Teuchi ve que la niña se está despertando, teme que eso es lo que va a pasar y decide ser más activo. Se acuclilla al lado del niño rubio, y lo hace girar hacia él para verlo a los ojos. Le habla muy amablemente.

―Naruto-chan, Aya-chan tiene sueño. Es hora de dormir, mañana deben ir a estudiar y ya es tarde. ―al ver que el niño no estaba muy convencido de eso, él vuelve a insistir― ¡Te digo qué! Si te vas ya mismo a la cama con Aya-chan, y llegan a tiempo mañana a la escuela, voy a recibirte con un plato de cada tipo de ramen que hago, para que veas que en serio que te va a gustar más el miso que todos los demás.

El chico sonríe tan grande y alegre, que Teuchi se sorprende mucho. ¿Cómo tanta felicidad puede caber en un cuerpo tan pequeño? El abrazo que Naruto le da alrededor de su cuello es tan fuerte, que a Teuchi le cuesta respirar por un momento.

Cuando finalmente logra despegarlo de él, el Ichiraku coge a su hija con un brazo y al niño en otro. Sube con ellos dos en cada costado, su hija le abraza la cintura, aún medio dormida, y Naruto ríe mientras mueve de allá para acá sus piernitas.

Apenas llega al cuarto de Ayame ésta se baja, prende la luz y busca la escalera de la litera con los ojos cerrados, "él va abajo", le había dicho a su padre. Teuchi ya estaba metiendo al rubio en la cama, y lo ve arrebujarse rápidamente.

―¿Quieres que deje la luz…?

El sonido de suaves ronquidos lo sorprenden, y Teuchi sonríe. ¡Si en el fondo el chico se estaba muriendo de sueño! Luego mira hacia Ayame y se encuentra con su hija dormida, sentada en el suelo y frente a la escalera.

Unos quince minutos después, con los dos niños bien cobijados y dormidos en la litera, Teuchi se acuesta nuevamente y se alista para descansar. Pero le cuesta conciliar el sueño. Siente, y por eso sabe, que cerca de su casa hay alguien que, sin duda alguna, es un ANBU. Lo ha sentido desde el mismo momento en que Naruto se ha comido su segundo plato de ramen. Al principio no le dio importancia, pues los ANBU suelen ser muy activos en la noche. Pero no suelen quedarse quietos y cerca de su casa. Por eso, Teuchi sabe que mientras el rubio esté allí, su casa seguirá siendo vigilada. Eso solo le termina de corroborar la sospecha que tuvo desde que pudo mirar al niño. Sabe que no es cualquier pequeño, y que por su propia paz y la de su hija, debería alejarse de él y no llamar más la atención.

Teuchi siente como se le aprieta el corazón y hasta se sonroja de vergüenza, si su Sora-chan lo hubiera oído decir esas cosas, nunca le habría perdonado. "¿Pero qué cosas piensas, Teuchi?" Se regaña a sí mismo. "Claro que es solo un niño, como mucho otros que he visto en el orfanato. Con miedo, con hambre y con necesidad de amor. Lo único que he hecho es ser amable con él por una noche. No es para tanto". Y convencido de eso, Teuchi pronto puede conciliar el sueño.

Solo a la mañana siguiente se da cuenta que, con su promesa de darle más ramen a la salida de la escuela, prácticamente se ha comprometido a tener al niño un día más en su casa. Eso le preocupa, porque sabe que los niños huérfanos y pequeños suelen apegarse muy rápidamente con las personas que son amables con ellos. Sin embargo, el romperle una promesa a un niño tampoco está en su naturaleza. Se dice que puede tenerlo un día más en su casa. Solo mientras organiza todo con los orfanatos del sur y central, claro. Y en cuanto al ANBU, bueno, lo único que el ninja puede reportar es que Teuchi es un hombre con buen corazón. Nada más.

… Aunque, si el ANBU tiene grandes habilidades sensoriales… Teuchi mueve su cabeza rápidamente para alejar esos pensamientos. "No, nada eso Teuchi. No hay nada de qué preocuparse…" Se demanda. Pero en ese momento se da cuenta de que tendrá que dejar el Ichiraku ramen a cargo de Nishi y Matsu por varias horas. Por lo que es posible que a la mañana siguiente tendrá que pedir una misión tipo D en la oficina de Pedido y Asignación de misiones. Nunca se sabe qué pueden destruir esos dos cuando no son supervisados.

Pero, entre la rebaja de salario que les haría si algo pasa y que el puesto estaría abierto para los clientes, no serían muchas las pérdidas. Puede vivir con ello.

O así es como debe pensar una persona positiva.

Sale de su habitación e inicia un nuevo día.

-o-

Naruto está entre dormido y despierto mientras recuerda un hermoso sueño. Él había salido del orfanato para buscar comida en aquel pequeño restaurante que a veces frecuenta. Sin embargo, al entrar le estaban esperando… Pero, y lo que lo hace uno de los mejores sueños de todos los tiempos, el señor amable de ojos cerrados no le regañó por entrar a robar de su comida. ¡Le hizo ramen! ¡La mejor comida que nunca haya existido! Y no solo eso, lo dejó hasta repetir tres veces. ¡En el orfanato con costos lo dejan comer dos veces seguidas!

Y todo mientras hablaban, y él les contaba lo que quisiera sobre lo que quisiera. Y el señor amable le oye, junto a su hija, le tienen paciencia y le entienden. Y no solo eso, ¡juegan con él! ¡El mejor sueño…!

―¡Naru-chan, despierta ya, Naru-chan! ―una voz aguda persiste en decirle, mientras una mano lo zarandea.

"¿Qué raro?" piensa Naruto "¿Y la campana?". Al abrir los ojos, se da cuenta porqué lo están despertando de ese manera y no como lo hacen en el orfanato. Se encuentra frente a frente con los ojos café oscuro de Ayame. La niña de su sueño…

―¡No e-ra un sueño! ―exclama Naruto, y se levanta rápidamente de la cama, riendo y brincando.

Ayame termina riendo también al verle ir de allá para acá, mirando alrededor como si nunca hubiera visto un cuarto antes.

La habitación de la niña es pequeña. Su piso y muebles son de madera y las paredes, blancas. Tiene una coqueta algo grande para ella, una silla, varios juguetes bajo la cama y en una caja cerca de la puerta. También tiene un ropero al otro lado, junto a la puerta y, al frente de éste, una litera. Además de eso, parece totalmente llena de cosas. Las paredes tiene fotografías, dibujos e imágenes de todo tipo, sobre todo de comida, flores, lugares emblemáticos del País del Fuego, músicos y actores. Sobre la coqueta se encuentran un sin fin de frascos, colas, perfumes, brillos labiales… Pero lo que más le llamó la atención a Naruto es la litera.

―¡Son dos camas! ¡Y una arriba! ―decía, brincando.

Ayame niega con una sonrisa en la boca.

―¡Por primera vez en mi vida, he logrado dormir allí! Estaba llena de polvo, por eso tou-chan tuvo que ponerle una sábana nueva…

―¡Yo kero subir, yo kero subir! ―la interrumpió Naruto, brincando en su sitio nuevamente.

Ayame quiso decirle que era peligroso, pero entre la mirada de cachorrito que él le dirigió y el recordar que él era el "chico naranja", Ayame terminó asintiendo sin más.

―Está bien…

―¡Síiii! ―Naruto grita, mientras la abraza y brinca junto a ella.

―¡Pero solo un ratito! Que tenemos que alistarnos para ir a la escuela…

Naruto asiente con la cabeza, mientras sigue subiendo la escalera a un lado de la litera.

-o-

Unos veinte minutos después, Teuchi Ichiraku escoge las ropas que le parecen más varoniles de las que Ayame ha dejado de usar hace mucho, y sube la escalera hacia sus aposentos rápidamente. Por haber crecido siendo uno de los chicos mayores en un lugar lleno de pequeños, sabe que hay dos cosas que significan niños haciendo travesuras: un extraño silencio en la casa… Y, lo más obvio, gritos y risas infantiles.

Y, por basta experiencia, Teuchi sabe que la peor de esas travesuras se dan con gritos y risas; y que esas risas se pueden convertir en un abrir y cerrar de ojos en llanto. Por eso va rápidamente por el pasillo hacia la habitación de su hija y abre la puerta para encontrarse con el caos… Pero en verdad no era para tanto. Una de las cobijas está tiradas entre el suelo y la cama de arriba de la litera, y los dos niños han usado juguetes pesados para mantenerla en su lugar. Por eso, han podido usar la cobija como un tobogán.

Los dos niños están riendo y gritando de pura alegría, al menos hasta que ven hacia Teuchi cuando entra a la habitación. Ayame y Naruto le miran en total silencio, con culpabilidad y miedo en sus infantiles miradas. El Ichiraku gira su rostro hacia el reloj en su muñeca con serenidad, y les comenta:

―Solo les quedan veintiocho minutos para llegar a tiempo, y Naruto no se ha cambiado la ropa, desayunado ni lavado los dientes. ―suspira―. Al parecer, no tendré que hacer las pruebas de ramen para cuando regrese después…

Antes siquiera de terminar lo que está diciendo, Naruto se levanta del suelo, va hacia él, coge la ropa que Teuchi tiene en las manos y empieza a quitarse las que él lleva.

―No, no, no. Señor Ichi-raku. ¡Llegaremos, llegaremos! ―grita él, la cabeza oculta en la camisa que no logra quitársela por más que lo intenta.

Mientras Ayame ayuda al muchacho, Teuchi esconde una sonrisa y vuelve a hablar con mucha tranquilidad.

―Iré a hacer unos bentos para que desayunen en el recreo… ¡Ah! Y, Aya-chan, has las dos camas, por favor. Si llegan tarde a la escuela por estar jugando, veré que les pongo a hacer cuando lleguen de clases…

Dejando en el aire esa amenaza, se va. Los dos niños no ven la sonrisa divertida que llevaba en el rostro mientras se alejaba del cuarto.

Habiendo podido quitarse la camisa por fin, Naruto mira hacia Ayame.

―¿Como qué cosas son esas, Aya-chan?

―Hacer más en el restaurante, o limpiar cosas o recoger algo que no hacemos hace muuuucho ―Ayame se encoge de hombros mientras recoge la cobija. Luego, recuerda algo que la hace abrir los ojos y la boca de espanto― ¡Rápido! Tal vez nos ponga a limpiar la parte de atrás del sótano, y creo que eso no se hace desde los tiempos del anterior dueño. Dicen que ahí están los cadáveres de algunos gatos que el viejo loco se comía cuando estábamos en guerra, y que si nos acercamos, sus fantasmas nos rasguñarían…

Ambos chicos se vieron con iguales miradas de terror, y se pusieron a hacer lo que debían con gran rapidez.

-o-

Unos minutos después, Teuchi ve a los dos niños correr hacia las instalaciones educativas. Está realmente sorprendido de lo tan rápido y energético que es Naruto. Ayame, que tiene un paso más largo que el chico, está más cansado que él y le está siguiendo. Teuchi, por supuesto, al ser el que tiene peor condición física y menos motivación de los tres, está a unos diez metros de ellos. Los ve llegar mientras camina con parsimonia y, aunque la campana suena un par de segundos antes que ellos entren por el arco de las instalaciones, decide simplemente levantar una mano para despedirse. Ayame y Naruto se lo devuelven, caminan de medio lado para no llegar más tarde y Teuchi les sonríe aún cuando ellos se han girado para seguir a la gran corriente de niños.

Por haberse quedado allí, mirando, se da cuenta de que entre los padres que se alejan de las instalaciones educativas hay un par de policías militares. A Teuchi le llama un poco la atención, pero luego se dice que no es como que ellos no tuvieran también el derecho de procrear. Además, un ANBU, un par de jonin y varios chunin en uniforme también dejan a sus hijos e hijas todas las mañanas en la escuela.

Sin embargo, hubo algo en la manera que esos policías miraron hacia donde estaba su hija y Naruto que… Teuchi niega y se manda a pensar en otra cosa. Pone sus manos en los bolsillos, se gira y camina hacia su primera parada: el orfanato central. Se dice que el hecho de que pueda sentir que él, su hija y el niño rubio seguían siendo vigilados por ANBU, no quiere decir que tenga que ponerse paranoico…

Sí, eso se oye contradictorio aun mientras se lo dice a sí mismo. Y, por alguna razón, el que la persona que los está siguiendo se haya quedado en las instalaciones educativas, sin duda alguna custodiando a Naruto, no lo hace sentir mucho mejor.

Que el día esté templado para los estándares del otoño en Konoha y haya una brisa amable, le tranquiliza más que esos pensamientos. Y que un par de personas, una cocinera que conoció cuando trabajaba en los restaurantes Akimichi y un comerciante de verduras, pararan para saludarle también le hace sentir mejor.

En su afán de no ser paranoico, Teuchi se puso a pensar en que podría contratar uno de los carreteros que se ganan la vida trasladando personas, pero decide que lo hará cuando vaya al orfanato del sur. Ése, al igual que los asentamientos de los grandes clanes ninja, está relativamente alejado del centro de Konoha.

-o-

La gente se cree que las dos enormes puertas que están al frente del centro de Konoha son la entrada a ésta… Y no pueden estar más equivocados. Para los dignatarios de la Nación del Fuego y su organización política, la villa es una provincia cuya capital es el centro de Konoha, lo que la mayoría de la gente confunde como la villa misma. La verdad es que, desde el mismo momento que las personas pasan entre los grandes árboles Hashirama, ya están en territorio de Konoha y han pasado una de las más importantes protecciones en contra de intrusos, varios de los sellos que Uzumaki Mito hizo para proteger su hogar.

Ese tipo de cosas hasta los civiles lo saben. Es una de las razones por las cuales se sienten seguros en sus hogares dentro de la villa, por más que ésta ha participado en tres guerras ninjas.

La organización territorial de Konoha está hecha para la protección de los civiles. Más que todo porque éstos fueron adoptados como Senju a petición del primer Hokage, que recibió a los primeros refugiados con las puertas abiertas. Por eso, y por la pérdida de verdaderos Senju ante la gran mayoría de nacimientos con diferencias anatómicas propias de otro clanes ninja con los que éstos se casaron, pocos recuerdan que ese centro de Konoha había sido el territorio del clan Senju en sus inicios. Custodiado por el monte de los hokages hacia el norte, ahí viven la mayoría de ninjas y civiles sin clan y además, se encuentra la mayoría de bienes y servicios y la base de toda la burocracia.

El centro está rodeado más que todo por sectores de entrenamiento; que limitan a sus afueras con los territorios de los grandes clanes ninja. Éstos pueden vivir en pequeños pueblos como en el caso de los Hyuga y Uchiha, simples vecindarios como con los Akimichi; o lugares tipo granjas como con los asentamientos Nara, Inuzuka y Aburame. Todos tienen algunos kilómetros de territorios propios para usar como quieran, y colindan hacia el exterior por los sectores de entrenamiento más especializados o secretos, de los cuales también hay detrás y a los costados del monte de los Hokages. Éstos lugares de entrenamiento, uno de los cuales es el sector 44 por cierto, son los que colindan con los bosques de árboles Hashirama y, media docena de kilómetros después, las grandes murallas invisibles, los sellos protectores puestos por los Uzumaki y que son los verdaderos límites de Konoha.

Puede que la villa oculta del País del Fuego tenga una población de veinte mil personas, pero su territorio la hace uno de los poblados más grandes del país y el segundo entre las grandes villas ocultas. La primera es Suna, pero solo porque todo el desierto del País del Viento es pensado como parte de ella. Desierto que es casi la mitad del territorio del más pobre y menos poblado de las cinco grandes naciones, dicho sea de paso.

En fin, que ser un carretero en Konoha puede pagar las cuentas, más cuando hay tanto movimiento entre el centro y los territorios de los grandes clanes. Y el orfanato del sur está a las afueras del clan Hatake. Teuchi no tiene mucho tiempo como para darse una caminata hasta allí, y más cuando ha dejado a Matsu y Nishi a cargo del puesto de comida.

Sin embargo, el orfanato del centro está solo a unas cinco calles de esas instalaciones educativas, así que una caminata en esas circunstancias solo será una buena práctica para su salud… Y ese tipo de cosas estaba pensando hasta que llega al orfanato y se da cuenta de que las instalaciones están rodeadas por la policía militar de Konoha, varios de los cuales están preguntando algo a los vecinos. Pero lo que más le llama la atención es que, hasta ese momento, se da cuenta de que los policías militares que él había visto frente a las instalaciones educativas también habían ido hasta allí, aunque por medio de brincar por los techos.

La manera como uno de los policías de Konoha lo mira no es muy alentadora, y no es algo en lo que se quiera centrar en ese momento. Es el jefe del grupo y el que ha estado hablando con los policías que estuvieron en las instalaciones educativas, los mismos que lo vieron dejar a su hija y a Naruto en la escuela.

Una cosa es llamar la atención de ANBU, que solo responden al hokage, y otra es llamar la atención de la Policía Militar; que son los que se encargan de todas las escaramuzas civiles y no trabajan en el secreto. Teuchi da un grave suspiro. "Allí fueron más de veinte años en el anonimato" piensa. Pero no quiere ser negativo, bien que mal, nada ha pasado aún.

El policía empieza a caminar hacia él. Sin embargo, un ANBU aparece de la nada entre los dos y mira hacia el oficial a cargo de la situación en el orfanato. Tanto éste como Teuchi se quedan quieto, mientras el ANBU camina hacia el Uchiha y habla con él. El Ichiraku no logra oírles, pero se siente esperanzado cuando el policía asiente, mira inquisidoramente hacia el chef, pero se gira a gritarle a su gente que todos se vayan, que el niño ya ha sido encontrado y se encuentra bien.

En pocos minutos, los personeros de la policía militar se han ido, los civiles vuelven a sus asuntos y Teuchi se da cuenta de que él no se ha movido de donde está en todo ese tiempo.

Solo el líder Uchiha, el ANBU, algunas mikos y Teuchi quedaron en las calles. El chef traga saliva, sin saber qué hacer. ¿Será necesario hablar con la miko, cuando parece que ya el ANBU le dijo en dónde había estado Naruto? Se siente tentado a dar media vuelta e irse, pero algo le dice que no puede simplemente caminar de ahí. Además, él le había dicho a Naruto que haría lo necesario para que fuera reubicado en el orfanato del sur.

Teuchi da otro gran suspiro. ¡Él y su suave corazón! El Ichiraku decide quedarse para hacer lo que había venido a hacer.

El ANBU y el policía están hablando entre sí y con las miko. Teuchi se acerca, como para esperar su turno, o que algo pasara.

Unos segundos después, ese algo pasó. Tanto el ANBU como el policía militar desaparecen en nubes de humo y hojas… ¿De dónde salen esas hojas? Uno de esos misterios de la vida, junto al misterio de ¿Cómo Teuchi puede ver con los ojos cerrados?

No solo Ayame se lo ha preguntado directamente al Ichiraku, eso ha pasado varias veces desde que llegó a Konoha. Él solo le ha respondido y enseñado sus ojos a Sora, porque así lo quiso; y al Hokage, porque no tuvo de otra.

Teuchi piensa en eso porque, mientras camina para encontrarse con la miko, se sorprende al reconocerla. Esa fue una de las personas más necias en preguntarle por sus ojos. Ha reconocido a Akane "la curiosa", una chica del orfanato central que, por alguna razón, necesitaba saber todo y nada sobre las personas recién llegadas a Konoha. Y él, con sus ojos cerrados, fue uno de los especímenes más interrogados por ella. Teuchi creía que cuando cumpliera la mayoría de edad para huérfanos ella se iría de Konoha. Así de desesperada estaba por saber del mundo fuera de esa villa. Nunca se imaginó que la encontraría todavía en Konoha, ¡y como una miko!

Hacía tiempo que no sabía de ella, pero tampoco es que fueran amigos. Solo que le extraña no haber tenido noticia. Konoha puede ser grande, pero los que viven allí se comportan como un pueblo pequeño. A pesar de lo secretistas que pueden ser los ninjas, cuando se trata de chismes sociales, casi nadie vence a los civiles. A Teuchi no le hubiera interesado mucho el chisme de aquella Akane, la gordita preguntona sí, ¡que se hizo miko…! Pero normalmente le hubiera llegado a sus oídos de alguna manera.

El que pueda sentir que ella tiene más energía de lo que es común entre civiles, le hace saber que puede que Akane no preguntara por sus ojos solo por curiosidad. Bien que mal, los extranjeros de Konoha pueden saber más y mejor de lo que pasa fuera del País del Fuego que los mismos espías.

Teuchi se demanda a mantener la tenue sonrisa que siempre adorna su rostro. Sabe que se consigue más con miel que con ácido y bien que mal, él ha ido ahí a pedir un favor.

―¡Akane-san! ¡Tanto tiempo sin vernos! ¿Me recuerda? Soy Teuchi, el del orfanato del sur…

La mujer, que ha dejado de hablar con una miko más joven, se gira para mirarle con mucha seriedad. Akane debe tener sangre de Akimichi dada su corpulencia, aunque no sacó de ellos su altura. Y, en ese momento, tampoco parece tener la famosa afabilidad de ese clan.

―Sí, claro que le recuerdo, Ichiraku-san. ―se acerca a él, su rostro aún severo―. Es bueno saber que Naruto se quedó en la casa de un buen hombre anoche. Aunque hubiera sido mucho mejor que lo hubiera traído a su casa apenas supo de él o, al menos, mandado un recado para hacernos saber en dónde estaba.

A Teuchi no le hizo nada de gracia el tono ni las palabras, pero sigue sonriéndole a Akane.

―Entre huérfanos nos entendemos, Akane-san. No me pareció tan importante, Naruto-kun no es el primer niño que sale de un orfanato en la noche, ni será el último. Creí hacer mi buena acción del día al darle cobijo al niño y no despertarla a esas horas de la noche. Además, como ve, vine a primera hora de la mañana a verla.

―Me extraña que lo tomara tan a la ligera. También sabes muy bien que durante años estuvimos perdiendo niños en situaciones parecidas a ésta, y que varios de estos fueron encontrados en los laboratorios del Sanin traidor. Que hubieras actuado más rápidamente hubiera sido muy apreciado.

Teuchi deja de sonreír. El que le recordara a Orochimaru ha sido un golpe bajo. Ella bien sabe el miedo que ese tipo evoca en cualquier huérfano. Durante años, los niños habían temido al "demonio en las sombras", el gran monstruo que acechaba a los niños solos y se los llevaba a torturarles para después comérselos.

Cuando se supo que era Orochimaru el que secuestraba a los niños, y la verdadera razón por la que los secuestraba, el horror más bien se intensificó.

―Sí, lo sé muy bien. Por eso me avoqué a cuidar del niño. Si ha podido salir en las noches y varias veces de este lugar, no puede estar muy seguro en él. ―le habla con un tono ameno que confunde a la miko hasta que logra entender el significado de las palabras que dijo. Su rostro se enrojece de enojo.

―¡Pero qué…!

Pero Teuchi simplemente sigue hablando, su voz más acerada.

―Ya que estamos hablando sobre el tema, me permito informarle de que Naruto no saldría del orfanato si ustedes le dieran de comer.

―¿Pero quién se cree…? ¡Por supuesto que…!

―No lo suficiente, y usted debería saberlo ―Teuchi mueve su cabeza de arriba a abajo, para dar a entender que está criticando su cuerpo―. Que personas con más energía o con metabolismos especiales, deben comer más que la mayoría.

Akane está tan furiosa que no puede ni hablar, aunque algo como un gruñido sale de su garganta. Teuchi se está golpeando la cabeza mentalmente. ¿Acaso no había pensado que se consigue más con miel que con ácido…? Pero su enojo no lo deja revertir lo que ha hecho. Además, como le decía Sora-chan. Si algo le ha enojado, no había otra que enojarse. Su Sora-chan hasta insistía que él se enojaba mucho menos de lo que debería. Así que él no retrocede por más que la miko ha recobrado su compostura y le habla con un tono aún más insolente.

―¿A sí? Y dígame, ¿cómo un chef civil de segunda puede saber más de cómo educar a un niño que la madre superiora de un orfanato?

Teuchi se encoge de hombros.

―Porque hasta un chef de segunda sabe que un Uzumaki tiene mucho más reservas de chakra y que, por lo tanto, debe consumir muchas más calorías. ―Teuchi sonríe cuando ve como la mujer palidece para luego enrojecer, pero esa vez, de vergüenza―. O eso me dijo Sora-chan que Kaede-san le enseñó cuando le preguntó sobre sus pacientes Akimichi e Inuzuka y ella le explicó las diferencias corporales en los clanes ninja… ¡Hablando de Kaede-san! ―dice Teuchi de repente, como si hasta ese momento se le hubiera ocurrido la idea―. Como es obvio que ella sí sabe cuidar de niños con necesidades especiales como Naruto-kun, creo que podré hacer mi buena acción del día, y pedirle a ella que lo traslade al orfanato del sur. ¿No es una gran idea?

Teuchi había vuelto a usar su sonrisa y tono amable, preparándose para la batalla de ingenios que vendría después de su propuesta. Teniendo en cuenta la manera en que se han relacionado hasta el momento, sabe que Akane estará en contra de su idea solo por principio. Sin embargo, el Ichiraku no está muy preocupado por eso. Desde los tiempos en que viajaba con su padre, él ha sido un experto de la negociación. Hay que serlo para conseguir un negocio de éxito… O que sobreviva a los vaivenes de la economía de una villa ninja.

Sin embargo, Teuchi se sorprende con la reacción de la miko. En vez de enojo y contrariedad, lo que encuentra en ella es indecisión. Akane se muerde el labio inferior, pensando. Y lo hace con tanta premura y ganas, que termina hablando consigo misma.

―… Momo Yakushi hubiera sido perfecta, pero si él cree que Kaede-san… ―al darse cuenta de que estaba susurrando, cierra su boca y mira hacia Teuchi. Éste se sorprende aún más al ver una gran esperanza en su rostro―. Tendría que hablarse directamente con Hokame-sama, pero si Kaede-dono está dispuesta a quedarse… Es decir, recibir a Naruto, me parece que es una buena idea. Tengo que ordenar algunas cosas por aquí, pero si usted está anuente, ¿podría ir a hablar de mi parte con Kaede-dono? Si ella está anuente, creo que entre las dos podremos lograr que Hokage-sama haga el cambio.

Teuchi no quiere pensar en que convencer a Akane no debería ser tan fácil, pero decide quedarse con lo positivo: una mejor vida para un buen niño de cinco años.

―Entonces, voy a hablar con Kaede-oba de una vez. ―decide él con una gran sonrisa―. Nos estamos viendo, Akane-san.

Y sin esperar una respuesta de la miko, Teuchi se gira, camina unos metros y se sube en uno de los coches de alquiler.

―Buenos días, cliente-san. ¿A dónde quiere que le lleve? ―le pregunta un joven moreno, con ojos adormecidos y cabello café, mientras coge las correas para guiar a los cuatro venados que llevan la carreta.

Hay menos de cuarenta carreteros en Konoha. Normalmente hacen viajes dentro y, si son alquilados como parte de una misión tipo C o algunas tipo B, también fuera de la villa. Aunque los carreteros y sus animales son nominalmente civiles, todos ellos vienen de clanes ninja y, por lo tanto y aunque tal vez comparables con las personas y animales del escuadrón genin, ellos no son solo civiles.

La mayoría de las personas prefieren usar a los carreteros Hatake, porque ellos usan manadas de varios perros de tamaño normal para llevar la carreta y el viaje suele ser rápido y cómodo. Además, ellos son los que alquilan carretas de lujo para los civiles de riqueza que no se contentan con menos. Los carreteros Inuzuka, que pueden llegar a usar hasta tres perros de gran tamaño, te llevarán muy rápido a tu destino, pero al camino será más accidentados. Los niños suelen pedir ir en ellos porque el vaivén y rapidez del viaje les parece de lo más divertido. Sin embargo, la gente solo contempla usar a los carreteros Nara si llevan cargas frágiles, son ancianos o están enfermos. Los tipos son extra-cuidadosos, que se traduce en anormalmente lentos. Pero aún así son los favoritos de Teuchi.

―Al orfanato, en los territorios Hatake ―le dice él animadamente.

El joven civil Nara asiente e inicia el camino. Teuchi se recuesta y empieza a hablar con él sobre el comercio del País de los Vegetales y lo último sobre los carniceros Akimichi. Puede ser que sean más lentos, pero se puede tener una conversación interesante con los guías Nara a propósito del mercadeo alimentario. Además, no dan nada de pelea para cuando él regatea el pago del viaje con ellos.

-o-

Kaede Senju había presenciado el nacimiento de la villa de Konoha, y ha contado innumerables veces como vio a su primo Hashirama hacer crecer sus famosos árboles para resguardarla.

―… Pero eso no es nada comparado con esto ―les dice la alta, morena y delgada anciana a los interpelados de turno, y hace un ademán con su cabeza hacia un lado. Su largo y lacio cabello naturalmente gris está amarrado en dos moños altos―. Hashi hizo crecer desde la misma tierra la gran mayoría de las casas, incluida ésta. Recuerdo bien cuando él nos la enseñó a mi madre, a mi hermanas y a mí, y dijo con esa emoción suya ―toma aire para decir con una voz gruesa, alegre y potente―: "¡y esto es para ustedes!" Mi madre le dijo que era mucho, que era una casa más grande que la de él mismo, pero Hashi solo dijo ―vuelve a imitar la voz―: "con la de huérfanos que hay por aquí, más bien me parece poco para un orfanato". Y entonces mi madre lo vuelve a ver con los ojos entrecerrados, una sonrisa escalofriante y acero en la postura de su cuerpo ―también hace la voz de la mujer, llena de un cadenciosa ira reprimida―: "¿entonces, crees que una familia compuesta por mujeres solo puede servir para cuidar niños?". ¡Aún puedo ver la cara de horror de Hashi, y los movimientos que hizo a los lados, buscando a dónde huir sin encontrar una salida!

Las risas de los niños a las que ella le está contando la historia no se hacen esperar. Sin embargo, una risa de éstas ella la sorprenden. Kaede mira hacia atrás y sonríe al ver a Teuchi recostado al marco de la puerta de la enfermería, riendo al escuchar la vieja historia. Ambos se envían un asentimiento de cabeza amable, y ella vuelve a girarse hacia su infantil y muy interesada audiencia.

―… Pero entonces, y para el horror de mi mamá, mis hermanas y yo ―sigue contando la historia como si nunca hubiera sido interrumpida―. ¡El shodai, el más fuerte de los ninjas solo por debajo del sabio de los seis caminos, se puso a llorar!

A Teuchi le da risa otra vez recordar que así iba la historia, pero pocos de los niños le acompañan. La mayoría miran hacia la anciana totalmente sorprendidos. Ella les sonríe y asiente.

―¡Así como lo oyen, que yo estaba allí y lo vi todo con estos mismos ojos! ―Teuchi da otra carcajada. Esa frase, "que yo estaba allí" era la favorita de Kaede-oba―. Lo hubieran visto, era la pura imagen de la miseria. Y se quejaba de que él quería hacerse cargo de los niños en el orfanato, pero que su mejor amigo había declinado ser hokage, por lo que él no tenía otra que serlo en su lugar. Y desde ese momento, decía Hashi entre hipidos, totalmente inconsolable, su hermano Tobi no lo deja en paz con tener que hacer el papeleo sentado frente a un escritorio por horas… ¿Se imaginan qué aburrido debe ser?

Los niños han empezado a reír, aunque a algunos eso les provoca tos. Si ésta se mantiene, Kaede-oba va hacia éste, rodea su mano de chakra médico y acaricia el pecho del niño o niña hasta que se calma. A la vez, sigue su historia sin perder para nada la concentración.

―… Y luego dice que, por culpa de ese trabajo, no tendrá tiempo para pasarla bien jugando como quiso cuando era niño hasta ser padre, porque si sigue siendo hokage no va a tener tiempo de nada. Y de repente Hashi deja de llorar. ―ella también para de hablar, con toda la intención de aumentar la expectación de los niños―. Mis hermanas y yo creíamos que ya se había calmado, pero no era así. Hashi miró hacia el suelo, con un aire totalmente triste alrededor de él, y se quejó en susurros de que eso nunca iba a pasar, de que nunca podría ser padre porque no tenía idea de cómo conquistar al amor de su vida: la princesa de un muy poderoso clan, Mito Uzumaki…

Mientras los niños abren la boca, sorprendidos, las niñas ríen con vergüenza y ternura. Teuchi usa ese momento de silencio para mirar de nuevo a Kaede, y hacer un movimiento de cabeza para decirle que la esperará afuera. Ella le asiente con una sonrisa, y se gira de nuevo hacia los niños.

―Así como lo oyen, que yo estaba ahí y no lo invento, entonces…

"Entonces todas la invitan a tomar un té para calmarlo y convencerlo de que sí podrá conquistar a Mito. Y esa fue la primera vez que ella entró en ese orfanato, y su familia nunca más salió de su hogar". Piensa Teuchi, una sonrisa divertida en su rostro.

Él ha oído varias veces esa historia. Es una de las favoritas de Kaede. Todas las que ella cuenta pasan en los 27 años de paz que hubo en el mundo ninja desde el momento que se fundó Konoha, hasta la primera guerra mundial. Teuchi recuerda que algún chico siempre se le ocurre preguntarle que si ella vio la fundación de Konoha, debe tener más de cien años, a lo que Kaede siempre contesta de mal humor: "¿De dónde sacan eso de que Konoha tiene cien años? Si solo tiene… 70 años", termina Teuchi la información en su mente… La primera vez que lo oyó, Konoha andaba alrededor de los 50 años de edad. Y ya estaba viviendo la segunda guerra ninja.

Pensar que en menos de cuarenta años han habido tres guerras ninja, no le hace tener mucha esperanza de que algo como los 27 años de paz vuelva a pasar muy pronto. Aún así, es mucho mejor de como era la vida cuando todos los clanes ninja peleaban entre sí a muerte. O eso es lo que debe pensar una persona positiva, se recuerda Teuchi.

―Chi-kun, qué agradable sorpresa. ―la voz aguda y potente de Kaede está acompañado de unos brazos abiertos.

Teuchi no se hace esperar y la abraza. Cuando se separan, él habla:

―Y yo no me sorprendo de haber oído de nuevo esa historia. ¿En serio tiene que hacer parecer al Shodaime tan… poco heroico?

Ella sonríe divertida. Las arrugas de su rostro se acentúan, pero sus ojos marrones brillan.

―Yo no lo hago parecer nada, Chi-kun ―Teuchi recuerda la voz de su Sora diciéndole así. Solo ella y Kaede le siguieron llamando de esa manera cuando creció―. Él era así, que yo estuve ahí y sé lo que digo.

―Sí, pero llorar…

―Fue lo que pasó. ―Kaede empieza a caminar y él la sigue―. Además, eso no es lo más importante de la historia…

Dos mikos estaban caminando juntas por el pasillo, y Kaede les pide que cuiden de los niños resfriados en la enfermería antes de seguir hasta el invernadero. Ahí está más frío y húmedo, pero la vista de todas las plantas frutales y curativas lo valen. Los dos se sientan en una banca.

―Y entonces, ¿qué es?

―¿Qué es qué?

―Lo más importante de la historia.

Kaede hace un poco de memoria y, cuando lo recuerda, habla:

―Que el shodai quería cuidar de los huérfanos. Que quería dejar el puesto de hokage por ellos. Algo que es muy importante, Chi-kun, tal vez lo más importante para ayudar a un huérfano: ellos deben saber que son amados. Y ser amados por el shodai, el gran héroe de los ninjas… Eso es lo más importante de la historia.

Teuchi asiente. Y de repente recuerda que cuando él oyó por primera vez la historia, se sintió feliz, extrañado pero feliz.

―Aún así, hacerlo llorar en la historia…

Ella ríe.

―¡Yo no lo hice llorar! Que eso fue lo que pasó, yo estuve ahí y sé lo que vi. Además, y eso bien lo sabes, una de las cosas que también es necesario enseñar por aquí es que está bien llorar.

Teuchi mira hacia un de las flores de manzanilla. Recordar esas primeras semanas llenas de dolor después de la muerte de sus seres queridos ya no le remueven como antes. No sabe si sentirse aliviado o culpable por ello.

―Pero estoy segura de que no has venido a visitarme para hablar de mis viejas historias. ―lo saca de sus pensamientos Kaede―. ¿En qué puedo ayudarte, Chi-kun?

-o-

Al contrario de lo que haría con cualquier otra persona, hasta Ayame incluida, Teuchi le cuenta toda la verdad a Kaede. Puede que él solo le haya enseñado y explicado sus ojos a Sora y al Sandaime, pero Kaede nunca lo necesitó. Ella sabía quién era Teuchi desde que entró por primera vez en su orfanato. Ella estuvo allí, y conoció a varios como él en el curso de su vida.

Por eso, Teuchi no teme hablarle de que sintió el doble chakra de Naruto al despertar de improviso anoche. Desde ese mismo momento tuvo la sospecha de que era el actual jinchuriki del kyubi, aunque no confirmó que el niño era el hijo de Kushina hasta después, cuando él le dijo que era un Uzumaki y Teuchi pudo sentir la familiaridad del chakra de la princesa heredada al del pequeño. Tampoco temió decirle a Kaede que los ANBU vigilaron su casa y al niño desde anoche, por lo que el hokage sabe en ese momento que él le dio cobijo, atrayendo interés hacia él y su hija, algo que siempre había evitado.

Al final, le cuenta con dolor el cómo Akane estaba tan esperanzada de poder traspasarle la responsabilidad de cuidar de Naruto a otra persona, lo cuál hace desembocar la conversación a la pregunta por la cuál Teuchi hizo el camino:

―Entonces, Kaede-oba: ¿te puedes hacer cargo de Naru-chan?

―Por supuesto que sí, Chi-kun. Sabía del mal ambiente que hay para el pequeño entre la gente de la villa, pero no que eso había influido en el cuidado que el orfanato le daba. ―da un suspiro―. Si hubiera sabido antes que eso pasaba, hubiera pedido más encarecidamente tenerle aquí. Hiruzen-san no me lo entregó desde el inicio solo por mi edad. Creyó que alguien con más vitalidad era mejor que yo… ―niega indignada, y decide cambiar el tema―. Pero creo que ahora sí que podré convencerlo. En unas dos semanas, puede que…

―¡Dos semanas! ―exclama Teuchi.

―Bueno, el papeleo para hacer cambios en asignaciones tipo S que incluyen a menores de edad es enorme. Pero creo que podremos hacerlo en dos semanas. Un mes máximo.

―¡Un mes! ―exclama nuevamente el Ichiraku.

Ella le sonríe, pero luego su rostro se entristece.

―Naru-chan tendrá que estar unos días más en ese orfanato. Pero bueno, no se puede hacer nada ―Sin embargo, Kaede se gira hacia Teuchi y su mirada brilla con ingenio―. A menos qué…

Él entiende qué es lo que ella quiere solo con el tono.

―Ah, no. No. Le voy a dar cobijo en mi casa por esta noche porque, de cierta forma, me comprometí. Pero después de eso…

―Sora-chan hizo todos los papeleos para que ustedes pudieran ser casa temporal. No veo porqué no…

―¿Cómo que no ves? Si te lo acabo de contar todo. No quiero que lo de… mis ojos se sepa. Soy un civil, quiero seguir siendo civil, tengo una hija…

―Y además ―ella le interrumpe, como si no hubiera oído lo que él dijera― es un Uzumaki, tal vez el último Uzumaki. Y después de lo que pasó con Kushina-san.

―Kaede-oba, no vaya por ahí, por favor.

Teuchi ve como sus puños, puestos sobre sus muslos, están temblando. La mujer le acaricia uno de ellos con su mano y el Ichiraku siente como se destensa un poco. La voz amable de la que fuera una madre para él también le ayuda a tomar la decisión.

―Tú mismo lo dijiste, Chi-kun. Solo es un niño, el hijo de Kushina y un shinjuriki, pero esencialmente un niño. Y hay pocos "solo civiles" como tú que pueden ayudar a un niño como él. ―le da una palmadita en el puño, un gesto alegre―. Y en el fondo, creo que él te ayudará más a ti que tu a él. Después de lo de Uzu y lo que pasó en el ataque del kyubi, la forma en que murió Sora-chan… ―ella se queda en silencio, pero toma una de las manos de Teuchi entre las dos suyas, para darle apoyo antes de seguir hablando―: Creo que esto es algo que recordarás y no te sentirás culpable por no haber hecho más de lo que te sentiste capaz. Estoy segura que en este momento eres muy capaz de enfrentar este tipo de cosas que tienen que ver con las responsabilidades que tenía tu familia, Chi-kun. Además, solo son dos semanas. Un mes a lo más. Y luego, lo tendré aquí y todo estará bien.

Los dos se quedan en silencio por unos segundos. Kaede mira a Teuchi, y éste tiene la cara hacia el suelo. Las lágrimas no pueden salir por entre sus ojos cerrados.

A los pocos minutos, Teuchi ya está recuperado y habla con naturalidad.

―No entiendo cómo el hokage me dejaría al niño en vez de traerlo de una vez contigo ―Teuchi toma aire y se irgue en su sitio―. Pero lo haré. Y si al hokage le parece interesante, no es como si fuera un ninja. Soy un civil, y mientras no haga nada ilegal, a él ni a nadie le debe importar lo que haga o no haga. Solo son dos semanas, y siempre me podré mantener en contacto cuando esté aquí.

―Sí, tener otro de tus apadrinados aquí será lindo. Lástima que solo uno de ellos tenga la oportunidad de pasar tiempo con su benefactor.

Teuchi mira a Kaede con una expresión seria.

―Ya hice una concesión con base a ser manipulado por la culpa, Kaede-oba, no tiente a su suerte.

Ella ríe, le da otras palmadas y luego se pone en pie para enseñarle a Teuchi las plantas con habilidades curativas que nadie creía que iban a sobrevivir en el clima de Konoha cuando ella y Ayame la plantaron. En ese momento, son unas largas y sanas enredaderas que suben por el tronco de un pequeño árbol y están llenas de flores blancas.

Para cuando sale una media hora después de haber entrado al orfanato, Teuchi se encuentra no solo al carretero dormido, también todos a sus venados. Pero el chef sonríe. Ya le ha dado una excusa para pedir el descuento.