3. Un Tauro para una amazona

A la mañana siguiente, Marin se presentó en la cabaña de Shaina, esperando encontrarla de mejor humor. Pero al escuchar insultos que provenían desde dentro, pensó en que no sólo no había mejorado, sino que encima había empeorado.
—Qué tripa se le habrá roto ahora…— murmuró la japonesa, entrando en la casita—. Shaina, Mu me ha dado tu máscara— dijo sosteniéndola en alto.

Su amiga estaba de pie en mitad de la sala, sacudiendo la mano derecha y soltando una larga lista de improperios en su lengua natal. En el suelo, un recipiente metálico y un charco de agua.
—¿Qué ha pasado?— preguntó la japonesa al ver el percal y buscando una fregona.
—No toques el recipiente, estaba hirviendo agua, le di un golpe sin querer y se me ha caído sobre la mano— acertó a decir la amazona de Ofiuco entre más insultos. Marin agarró a su amiga y la dirigió al fregadero, donde abrió el chorro de agua fría y colocó la mano bajo el mismo.
—Aguanta ahí— le aconsejó la japonesa, mientras se ponía a fregar el suelo—. Desde luego, eres una calamidad Shaina. Tienes que aprender a ser más tranquila y no andar tan aventada por la vida, luego tienes accidentes y pasa lo que pasa.
—Bah, esto no es nada— contestó la italiana, retirando la enrojecida mano del chorro de agua fría—,se cura enseguida. Pásame la fregona.
—¡De eso nada!— replicó su compañera—. Tú siéntate en la cama un rato mientras termino esto. Ahora iré a por una crema para las quemaduras.

Shaina resopló, negándose a ello, pero la amazona de Águila sacó su carácter y terminó por atajar la conversación y obligar a su amiga a permanecer quieta.
—Tú lo que necesitas es que te cuiden un poco— aconsejó Marin—, y dejarte cuidar. Cuando uno tiene pareja, lo normal es cuidarse mutuamente, con cariño.
—¿Y eso para qué sirve?— preguntó su compañera sin cambiar el semblante enfurecido—. Porque eso de depender de alguien o que dependan de mi, no me gusta nada. Soy una mujer autosuficiente.
La japonesa puso los ojos en blanco y negó con la cabeza.
—Pues esa autosuficiencia es la que te aleja de tener pareja— dijo sentándose a su lado—, si sólo buscas un hombre para que esté pendiente de ti para ciertos aspectos, no vas a conseguir tener novio nunca. Lo que buscas entonces es un sirviente. Amar es dar y recibir a partes iguales, en el momento en el que se desequilibra la balanza, el amor se desvanece.

Shaina puso los ojos en blanco y recogió el papel donde tenía apuntada la lista. La recorrió de arriba abajo sin saber muy bien a quién escoger.
—Hoy te toca ir al templo de Tauro, ¿no?— preguntó su amiga, terminando de limpiar—. Aldebarán tiene un corazón tan grande como su cuerpo, te hará sentir como una reina. Ya lo verás. Además, me han dicho que es un hombre que aunque parezca tosco, tiene una gran sensibilidad.

Pero la amazona de Ofiuco no estaba muy convencida. Siempre que veía al brasileño sentía incomodidad desde el primer segundo.
—Es que es muy escandaloso…cuando ríe, cuando llora, cuando se enfada…— la italiana comenzó a sacarle pegas—. Luego la diferencia de estatura…
—¡Shaina, que te recuerdo que no es una cita de pareja, que es para saber qué es lo que buscas en un hombre!
—¡Pero si tú dijiste que debía buscar pareja entre los dorados!— se quejó la amazona de Ofiuco.
Marin abrió los ojos sorprendida ante tales declaraciones.
—No has entendido nada de lo que te dije el otro día…— dijo pasándose la mano por la cara—. Dije que quizás podrías encontrar pareja, si alguno reunía las condiciones que buscas en un hombre. Pero es algo hipotético, de hecho, dudo mucho que alguno de ellos esté interesado en ti…
—¡Anda! ¿Y por qué no pueden interesarse por mi?— respondió molesta Shaina.
—Pues porque nunca les he escuchado mencionarte ni hablar de ti, y sin embargo de otras mujeres sí— señaló la japonesa—. Te recuerdo que Aioria es mi pareja y hablamos mucho.

Airada ante tal sentencia, Shaina arrojó el papel sobre la mesa.
—Pues te voy a demostrar que podré conseguir una cita y que se interesarán por mi— dijo muy segura de sí misma—. Tengo trece oportunidades…
—Tienes, exactamente, diez oportunidades. Shaka tiene voto de castidad y hace unos días vimos a Kanon junto a Tethys muy acaramelados en el bar Atlantis. Y encima espantas a Mu…
La joven italiana sonrió con picardía.
—Que sean diez— dijo colocándose la máscara— pero uno caerá— aseveró agarrando el pomo de la puerta con la mano quemada, retirándola al instante con un grito y saliendo de su casa dando un portazo, sin dejar de soltar maldiciones.

Caminó decidida, soplándose la mano dolorida y cruzó rápidamente el recinto de las amazonas hacia el Coliseo.

Al cruzarse con Cassios, éste agitó la mano para saludar a su entrenadora, y al verla renquear con la mano se percató de que estaba enrojecida.
—¿Qué ha pasado?— preguntó cogiéndole la muñeca de la mano herida—. ¡Pero si tienes una quemadura! Deja que te lleve a la cabaña y…

Pero la amazona se deshizo del agarre y negó con la cabeza.
—No tengo tiempo, estoy muy ocupada ahora Cassios— dijo siguiendo su camino, dejando a su alumno atrás.

Ni siquiera se giró para ver la cara de circunstancia de su alumno, quien abatido por el continuo desdén por parte de ella, se alejó del lugar arrastrando los pies.

Por su parte, Shaina llegó al Coliseo y oteó buscando al caballero de Tauro, quien no se hallaba por allí.
—Maldita sea, con lo enorme que es y lo que cuesta encontrarle— murmuró disgustada la joven, dirigiendo sus pasos hacia la palestra.

Y efectivamente, allí se encontraba Aldebarán, pegando gritos a sus alumnos, o como los llamaba él, "terneros". Talion, Simón y Kayafa corrían de lado a lado de la palestra, realizando ejercicios cuando su maestro se lo ordenaba.

La joven amazona observó con detenimiento el modo de entrenamiento, tomando notas mentales para Cassios. Los pequeños corrían, a una voz de Aldebarán se tiraban al suelo y realizaban veinte flexiones. Inmediatamente se incorporaban para continuar corriendo y la orden del brasileño era de veinte abdominales.

—Qué blando eres— siseó la amazona, acercándose al caballero de Tauro—. No les das la caña suficiente.

Como Aldebarán no se había percatado de la presencia de Shaina, dio un respingo que por poco empuja a la muchacha al suelo.

—¡Shaina no me des estos sustos!— exclamó llevándose la mano al pecho, tras lo cual indicó con una palmada a los terneros que cesaran—. ¿Qué tal guapa? ¿Cómo estás?

Halagada por el cumplido, la joven agarró del brazo al caballero de Tauro.

—Yo estupendamente, ¿y tú?— preguntó de vuelta ella—. Quería comentarte un asunto, pero a ser posible sin testigos delante…

Aldebarán observó que sus alumnos estaban arrinconados con cara de susto. No hacía mucho tiempo atrás, ella se encargó de su entrenamiento, mientras su maestro se hallaba en una misión. El recuerdo de aquel entrenamiento militar provocó escalofríos en los tres, especialmente en el más pequeño, Kayafa.

—Venid a saludar a Shaina— indicó el caballero de Tauro. Pero los pequeños negaron con la cabeza y salieron corriendo despavoridos.

—¿Pero qué les pasa?— se preguntó el brasileño—. Discúlpales, últimamente están un poco raros. No sé si será el exceso de azúcar o qué…
Si la máscara de Shaina pudiera reflejar los cambios que reflejaba su rostro en aquel entonces, nadie diría que no le dio importancia a aquel desplante por parte de aquellos niños. A pesar de que le hervía la sangre, carraspeó y prefirió centrarse en lo que había venido. De esa manera, así se libraba rápidamente de ellos, con lo cual, era una ventaja añadida. No le incordiarían como Kiki hizo con Mu.

—Pues me preguntaba si tienes un ratito libre— dijo la joven, recobrando la compostura—. Quería pasar un tiempo contigo. A solas.

El rostro de Aldebarán rápidamente viró a un tono rojizo por aquella proposición. Tragó saliva y se rascó la cabeza sin saber qué replicar. Tras una serie de balbuceos y risas entrecortadas, le contestó que sí, ya que sus alumnos habían huido del lugar.

Shaina sonrió tras su máscara. Su plan comenzaba a funcionar y ambos salieron de la palestra, ella agarrada del brazo de él.

A lo lejos, Marin observaba la escena con cierta preocupación. A su lado, Aioria la instaba a sentarse junto a él.
—¿Qué te pasa?— preguntó el caballero de Leo, al ver el rostro de su amada de esa guisa.
La japonesa suspiró y finalmente se sentó junto al griego.
—Creo que Shaina ha tomado como un reto un asunto que hablamos…y temo que pueda herir a alguien.
—¿Es por lo que me constaste de pedir consejos a mis compañeros?— preguntó de nuevo Aioria—. No te preocupes, saben lidiar con ella y muchos tienen paciencia.
Pero esta respuesta no terminó de tranquilizar a la muchacha.
—Es que creo que ahora de verdad quiere ligar. Con Aldebarán.
Ante esta declaración, Aioria abrió los ojos desmesuradamente.
—Pero si le rechazó en el pasado— indicó el griego—. ¿Ha cambiado de parecer?
Marin negó con la cabeza.
—Eso es, precisamente, lo que me preocupa.

Más allá, otra persona era testigo de aquella singular pareja. Cassios.

Ajenos a las habladurías, Aldebarán y Shaina charlaban amistosamente. El caballero de Tauro no hubiera imaginado jamás que la muchacha se dignaría siquiera a tomar algo con él.
Recordó por un momento el dolor que le supuso verse rechazado por ella en el pasado, alegando entonces que no tenía tiempo para perderlo en relaciones y que sólo deseaba entrenar sin descanso. Como también recordó la frase lapidaria de ella, "no me gustan los chicos con pelos en el entrecejo".
Pero ahora, casualidades de la vida, sus caminos se cruzaban de nuevo y él quería aprovechar la nueva oportunidad.

Así pues, pasearon hasta Rodorio, donde el caballero de Tauro la colmó a frases bonitas y la invitó a comer unos dulces en una famosa pastelería.

Shaina escuchaba la verborrea de Aldebarán, casi sin prestar atención. Marin tenía razón: Aldebarán sabía complacer a una mujer.
Pero mientras ella saboreaba un batido, no podía evitar pensar cosas negativas. Miraba al caballero de Tauro y sólo encontraba defectos físicos. Su manera de hablar estruendosa, su risa igual que era franca era demasiado escandalosa, por lo que mucha gente alrededor fruncía el ceño, molestos por el espectáculo. Shaina sintió cierto apuro ante aquella situación.
Y sus facciones, si bien no eran desagradables, no eran aquellas por las que Shaina bebería los vientos. Una mandíbula cuadrada, una boca grande, una nariz aguileña…y aquello que siempre le había disgustado: la uniceja.

Tras haber pagado la consumición, los dos salieron fuera. La joven seguía dándole vueltas en si realmente eran los tipos como Aldebarán los que le gustaban.
Dio un respingo cuando vio una rosa roja frente a ella.
—¡Tranquila!— comentó jocoso el brasileño—. No es de Afrodita.
La muchacha emitió una risa nerviosa y se mordió el labio inferior.
—Ah…¿y por qué me la das?— preguntó inquieta. Para ella, aquello había sido meramente una forma de conocer a un caballero de oro más profundamente y saber qué era lo que buscaba en los hombres. Pero aquella flor frente a ella la inquietaba.
—Es para ti— respondió Aldebarán, con cierta timidez—. ¿No te gustan las rosas? Si quieres te regalo un clavel, o no sé, ¿cuál es tu flor favorita?

Ahora sí que no sabía dónde meterse. Frente a ella, Aldebarán la miraba ansioso, esperando una respuesta. Una respuesta adecuada. Una respuesta que esperaba como agua de mayo. Y justo en ese momento, Shaina se dio cuenta de que, a pesar de la enorme sonrisa y de las buenas intenciones del caballero de Tauro, no era su tipo de hombre.

Agobiada por la situación, la joven miró a todos lados. Buscando una vía de escape.
—¿Qué te ocurre Shaina?— preguntó Aldebarán, desdibujando la sonrisa de su rostro—. ¿No lo estás pasando bien?
La joven se llevó la mano al rostro. No recordaba que se había retirado la máscara en la pastelería para poder comer. Todas las expresiones que ella había compuesto durante la velada, habían sido captadas por el caballero de Tauro, quien simplemente tendió el objeto que llevaba en la mano, cambiando la rosa por la máscara plateada.
—Imagino que buscabas esto— musitó él.

El brasileño sabía perfectamente lo que había. Lo intuía. Lo que el rostro de Shaina reflejaba aunque ella se mantuviera en esos instantes callada.

Por lo que, con sus manos, cogió las de ella, depositó la máscara y le cerró la mano, para a continuación darle un beso en la mejilla a la muchacha.
—Lo entiendo. Pero no está bien jugar con los sentimientos de los demás. Sin rencores, ¿de acuerdo?— musitó él—. Y esa quemadura que tienes en la mano deberías curarla.

Sin decir nada más, Aldebarán se alejó del lugar para regresar al Santuario.

Cuando al fin desapareció el caballero de Tauro entre la muchedumbre, las temblorosas manos de Shaina sostenían la máscara.

La joven se la colocó sobre su rostro y al cerrar los ojos, sintió un par de lágrimas deslizarse entre la piel y la careta.

Al llegar a su cabaña, Cassios la esperaba. Había preparado un balde con agua fría, crema para quemaduras y unas vendas.


NOTAS:

Muchas gracias a todos los seguidores del fic, así como a los que habéis marcado como favorita esta historia. ¡Espero que os haya gustado este capítulo!

Guest: Muchas gracias por el comentario dejado, me alegro que te gusta el anterior capítulo. ¡Un saludo y gracias por leer!

Sslove: Gracias por leerte el anterior capítulo. Dicen que cada signo tiene un lado positivo y un lado negativo, y que varía de una persona a otra. Mu sería el lado positivo de Aries y Shaina el lado negativo, de ahí el choque. Pero tranquila, que Shaina no es tan fiera como la pintan. Sí, he leído sobre ese tema, que en climas cálidos los jóvenes se desarrollan sexualmente antes que en climas fríos. También indican que la obesidad y los cambios hormonales de los últimos años son también una posible causa a esto, ya que hasta en climas fríos se están dando estas situaciones. Recuerdo que cuando leía la prensa inglesa, cuando vivía en Londres, hubo un caso muy escandaloso entonces. Un niño de trece años había dejado embarazada a otra de catorce y habían tenido al bebé. Y fue consentido todo. En fin…¡gracias por dejar comentario y leer el capítulo! ¡Un saludo!

¡Nos vemos en el siguiente capítulo! No siempre iré por orden, ¿vale? De hecho no sé qué capítulo subiré tras este…igual modifico un poco la entrada de uno que tengo porque creo que encajará mejor, tal y como está la situación.

¡Feliz semana!