Cuando terminaron de organizarlo todo, como faltaba aún un cuarto de hora para que llegasen los demás alumnos, Ron pidió a Harry que saliese fuera con él mientras Hermione aprovechaba para hacer unos deberes que no tenían que entregar hasta dentro de dos meses.
- ¿Qué pasa? – preguntó Harry intrigado.
- ¡¿Que qué pasa?! Tío, ¿por qué demonios has propuesto Bulgaria?
- Porque Hermione dijo que a ella le gustaría ir ahí…
- ¡¿Y?! Yo quería ir a Irlanda, y no has dicho Irlanda.
- ¿Es por eso? Ron, no seas infantil.
- ¡No es por eso! ¡Sabías que yo no quería ir a Bulgaria!
- Pero Hermione no va a dejar de hacer lo que quiera porque tú lo digas y, encima, no creo que la gente vote por ese sitio…
- Pues para que lo sepas, Hermione me ha dicho a la hora de desayunar que no iba a proponer Bulgaria.
Harry se quedó mudo.
- Yo no sabía…
- Ya, claro. Gracias.
Y el pelirrojo entró en el despacho indignado.
Los alumnos llegaron y comenzó la presentación. McGonagall explicó que cada alumno podría votar sólo a uno de los países citados y que después el recuento se haría juntando los votos de todas las casas.
Una vez hubieron terminado, partieron a la primera clase de la mañana, ya que el resultado no se daría a conocer hasta la cena de aquel mismo día.
- ¿Qué país habéis votado? – preguntó Hermione intentando calmar la tensión que había entre sus dos amigos.
- Yo he votado por Alemania – contestó Harry incómodo.
- Yo por… Finlandia – dijo Ron con un hilo de voz.
- Ah… yo he votado por México – siguió ella.
Nadie contestó. A ninguno de los dos les apetecía demasiado hablar, así que hicieron el resto del camino en silencio.
Las clases se hicieron aún más eternas ya que ninguno de los tres articulaba media palabra.
Al salir de la última clase, Harry agarró a Ron del brazo, que ya salía a toda prisa del aula.
- Eh, Ron…
- Lo siento – se adelantó el pelirrojo.
Harry puso cara de asombro.
- ¿Lo sientes? ¿Por qué? – preguntó.
- Porque no digo más que estupideces. Tú sólo intentabas hacer feliz a Hermione y yo cojo y me enfado contigo. Y, además, en vez de dejar que ella votase por Bulgaria, que era lo que quería, le he obligado a votar por otro lugar.
- No, eso no es así… Yo…
- Sí, sí lo es. Y lo siento.
- Yo también lo siento.
Ron sonrío frágilmente y propuso ir a comer.
A la tarde, los tres amigos y Neville Longbottom estuvieron haciendo un campeonato de ajedrez.
- ¡Bien! – vitoreó Ron al haber ganado a los tres.
- No vale – repuso indignada Hermione -. Siempre ganas en este juego, ya no tiene gracia.
- Pues no sabes el subidón que da ganar tantas partidas seguidas – sonrió el chico -. Deberías probarlo.
La chica rió sarcásticamente y después miró el reloj de la sala común.
- ¡Vaya, ya es hora de cenar! Vamos, quiero saber adónde iremos al final.
