Aquí está el cap tres. Aviso que contiene Lemmon, todo él es lemmon. Si os ofende o hiere vuestra sensivilidad no leais este capítulo.

(Aprovecho para decir que el término correcto para designar escenas con sexo explícito heterosexual es RAPE. El término que todos usamos, LEMMON, es para referirse a parejas homosexuales. Igualmente yo también lo uso porque es lo más común)


3-. LAS SENSACIONES OLVIDADAS…

Esta vez, cuando Robin acercaba su cara a la de él, Zoro no mostró resistencia. Sus labios se unieron al fin, en un rápido beso. Zoro cerró los ojos y disfrutó de cada segundo. Cuando ella se separó lo miró a los ojos y dijo en un susurro:

- ¿Ves? No era tan difícil…

Zoro pasó las manos por la cintura de ella, con delicadeza, como si Robin se pudiera romper. Esta vez fue él el que la besó, con ternura primero. Robin no dudó un segundo y participó activamente en el beso, volviéndolo más salvaje. Aprovechó un segundo en que la boca del chico se abrió e introdujo su lengua dentro, sorprendiendo a Zoro.

En una rápida maniobra el chico agarró a Robin y la puso contra la pared, poniéndose él frente a ella. Volvió a besarla, enredando su lengua con la de Robin. Ya no iba a parar, y menos ahora que sabía que ella quería eso.

Las manos del peliverde se tornaron exploradoras y recorrieron el trozo del cuerpo de Robin que lograba alcanzar sin dejar de besarla. Las metió bajo la pequeña camiseta de ella, paseándolas por su espalda, provocando que la piel de la morena se erizara con esa sensación tan dulce. Ella pasó las manos por la cintura del espadachín, acercándolo más a ella si podía.

Sin palabras se pusieron de acuerdo para disfrutar de lo que estaba pasando sin pudor ni vergüenza. Zoro desplazó poco a poco sus besos de los labios de Robin hasta el cuello de ésta, recorriéndolo de arriba abajo con la lengua. La respuesta de Robin para ese gesto no se hizo esperar: con una mano despojó al chico de su camiseta, lanzándola al suelo. Ahora, con más piel para acariciar, Robin se dedicó a recorrer con sus dedos todas las líneas que los músculos del chico dibujaban en su torso y su espalda.

La temperatura de ambos subía como la espuma. Robin empezaba a respirar agitadamente, al sentir las manos de Zoro paseándose por su cuerpo de una manera frenética, apretándola con necesidad. De repente las ropas empezaron a sobrarles y Robin empezó a quitarse la camiseta. Apartó al chico con una mano y, mientras él la miraba, ella se despojó de la prenda y la lanzó, perdiéndola de vista. Zoro sonrió y se lanzó de nuevo sobre ella.

Volvió a besarla salvajemente en los labios, pegándose de nuevo a ella. Las manos de Robin seguían jugando por la espalda del chico. Las bajó hasta el trasero de él, apretándolo. Zoro se estremeció al notar las manos de la chica en esa zona de su cuerpo.

- ¿Te sigue pareciendo que esto está mal?- Preguntó ella cuando Zoro dejó de besarla para coger aire.

El chico suspiró y no contestó. Supuso que Robin se daría por contestada cuando agarró uno de sus pechos con una mano y volvió a besarla. Robin profundizó el beso llevando una de sus manos a la nuca del chico. Siguieron besándose y acariciándose durante un rato, con zoro aferrado a uno de los pechos de la chica.

Ella rompió el beso y se aventuró a morder y lamer una de las orejas de Zoro, haciendo que él empezara a respirar cada vez más agitadamente. Hacia mucho tiempo que la chica no se sentía así, tan libre. No se imaginaba a Zoro en una situación así, y verlo en esas condiciones, tan vulnerable, la volvía loca.

Robin volvió a llevar la mano al trasero de él, esta vez para apretar al chico más contra ella, notando, sin esperarlo, que la entrepierna del peliverde estaba empezando a reaccionar a sus caricias. Esa fue la señal que la morena estaba esperando.

Apartó al chico de ella apoyando sus dos manos en el pecho de él. Zoro primero no comprendió pero Robin señaló su cama con la cabeza. El peliverde sonrió y se acercó a ella. Se tumbó en la cama y espero a la chica, que no tardó en tumbarse ella también.

Robin se sentó sobre Zoro, para sorpresa de él. Zoro tampoco se habría imaginado a Robin así, tan lanzada. Sentada sobre él podía ver su cuerpo perfectamente. Pasó sus manos por el cuello de Robin, bajando por sus hombros, paseándose por su estómago para acabar en sus pechos. Los apretó y los acarició por encima de la ropa interior. Al poco rato Robin ya no podía más y en un movimiento se desató es sujetador. Necesitaba sentir las caricias del espadachín sobre su propia piel.

El peliverde captó enseguida el mensaje y se apoderó de un pecho con cada mano, ahora sin la molesta tela entre medias. Los apretó, los acarició y jugueteó con los pezones entre sus dedos, notando como se ponían duros a causa de esas caricias.

Zoro enloqueció al notar eso último. Le estaba encantando sentir como el cuerpo de Robin respondía a cada estímulo. Robin cada vez tenía más dificultades para respirar y de vez en cuando ahogaba un gemido. El chico era consciente de que eso era culpa suya y le encantaba.

La morena sintió el sexo de Zoro crecer entre sus piernas y sonrió al chico, que estaba con los ojos bien abiertos para no perderse nada. Robin bajó su cuerpo y apoyó sus manos una a cada lado de los hombros del chico. Le besó de nuevo, obligándole a soltarla. El peliverde aprovechó para volver a pasear sus manos por la espalda de ella. Resiguió de arriba abajo la columna vertebral de la chica. Robin rozaba su pecho contra los pectorales del chico, en un roce divino, cosa que hizo activarse más a Zoro, al notar los pezones de la chica pasearse traviesos sobre él.

Ninguno de los dos tenía prisa, así que saborearon cada uno de sus besos y aprovecharon todas las caricias que eran capaces de regalarse.

De repente el peliverde agarró a Robin de la cintura y la sacó de encima de él. La dejó en la cama y ella se tumbó, cosa que Zoro aprovechó para tumbarse sobre ella. Se colocó entre las piernas de ella y apoyó sus brazos a los lados para no aplastarla. Comenzó a besarle el cuello, pero tan solo era una excusa para ir creando un sendero de besos que terminó entre los pechos de Robin. Los besó con ansia, como si nunca más pudiera volver a hacerlo. Probó a juguetear con la lengua por sus pezones, para ver las reacciones de la chica. Zoro alzó la cabeza y encontró a Robin con los ojos muy cerrados, respirando muy agitadamente y con la frente perlada de sudor.

Las manos del chico acariciaban su estómago y su vientre, jugando con su ombligo. Una de sus manos se aventuró a desabrochar el botón del pantalón de Robin y, al no obtener ninguna señal, desabrochó también la cremallera. Robin se dio cuenta y apartó al chico de ella unos instantes. Los suficientes para deshacerse del pantalón. Zoro sonrió, terminando de despojar a la morena de sus pantalones, y se volvió a colocar donde estaba.

Robin se sobresaltó al notar de nuevo a Zoro en la entrepierna, ahora con menos tela para separarlos. Zoro se dio cuenta y se apretó más a ella. Robin no pudo más que cerrar los ojos. El chico comprendió qué había causado aquello y empezó a moverse contra ella, tan solo rozándola, pero causando que a la morena una ola de placer la recorriera de la cabeza hasta la punta de los dedos de los pies.

Zoro se ayudó con los pies para sacarse las botas. Al chocar estas con el suelo Robin se dio cuenta y llevó, sin pensárselo dos veces, una de sus manos al botón del pantalón del peliverde. Zoro se sorprendió y volvió a besarla mientras, entre los dos, se deshacían de los pantalones del chico, ya sobrantes.

Esta vez fue Robin la que atrajo al chico hacia ella. Agarró su nuca con una mano y lo besó con ansias, mientras su otra mano recorría su espalda. Zoro estaba ya sobreexcitado. Aquello le estaba gustando mucho más de lo que había imaginado. En sus sueños Robin no era tan lanzada ni tan experta, ni sus caricias tan eficaces. Se sentía como en el cielo mientras enredaba su lengua a la de la morena, frenéticamente.

Zoro dejó de besarla y empezó a bajar con su lengua por el cuello de Robin, besó sus hombros y bajó hasta sus pechos. Los besó y los apretó unos momentos para luego seguir besando su vientre, entreteniéndose con su ombligo. Mientras sus manos acariciaban de arriba abajo los muslos de Robin, provocando en ella un escalofrío. La morena había cerrado los ojos, expectante, intentando adivinar el siguiente movimiento del joven. Estaba disfrutando como hacía mucho tiempo de las sensaciones que su cuerpo estaba empezando a olvidar.

Los besos de Zoro siguieron bajando, lentamente, para no dejarse piel sin probar. Cuando llegó, lamió por encima de la goma de las braguitas de Robin. Luego, para encender aún más a la morena y provocarle ganas de más, se dedicó a besar y lamer la parte interna de sus muslos.

En ese momento Zoro, con la cabeza entre las piernas de la chica, se sintió amo y señor de su placer. Se sintió como algo importante y se propuso explicarle a la arqueóloga, sin palabras, cuánto la deseaba. Se acercó a sus ingles, besándolas y lamiéndolas, provocando que Robin empezara a dejar escapar pequeños gemidos, que encendieron aun más al chico. Ella agarró la cabeza del peliverde con una mano, dándole a entender que iba por el buen camino.

Entonces él empezó a besarla por encima de las braguitas, volviéndose loco al oír la respuesta directamente de la boca de Robin en forma de jadeos. Pasó su nariz de arriba abajo, disfrutando él tanto como ella.

Sin desprenderse completamente de la tela Robin estaba sintiendo un placer indescriptible. Zoro no dejaba de lamer y besar el sexo de Robin a través de la tela. Cuando ella ya no pudo más, lo apartó de ella y lo atrajo hacia sí. Zoro volvió entonces a besarla en la boca, cada vez más frenéticamente, haciéndole saber lo bien que lo estaba pasando.

- ¡Oh, Dios!- murmuró Robin, más para ella misma que para Zoro, cuando sintió como una de las manos del espadachín se escapaban a donde antes se escaparon sus besos.

Aun por encima de las braguitas, los dedos de Zoro recorrieron el sexo de la chica de arriba abajo, haciéndola estremecer. Cuando decidió que eso no era suficiente, Robin llevó una de sus manos y la puso sobre la de Zoro, indicándole como debía hacerlo. Eso provocó en Zoro más ganas de hacerla suya y con un dedo apartó la tela.

Robin dejó escapar un largo gemido cuando sintió los dedos del chico acariciándola ya plenamente. Con sus manos empezó a bajarse la única prenda que la separaba de la desnudez. En cuanto se percató, Zoro dejó momentáneamente su tarea para colaborar. Pero la retomó en cuanto pudo, ahora con más libertad.

- Robin… Ya no puedo más…- le susurró el peliverde al oído, sin dejar de acariciarla. Robin no contestó. No podía. Le empezaba a faltar el aire y tenía que abrir mucho la boca para poder respirar. Las caricias de Zoro estaban resultando para ella algo divino.

La chica tan solo llevó las manos hacia la ropa interior del chico. Metió sus manos por detrás y agarró el trasero del peliverde con ambas manos, apretándolo. Zoro se sorprendió. No esperaba que Robin hiciera una cosa así. Ella lo miraba a los ojos, divertida. Encontró entonces un hueco y la morena coló una de sus manos donde la de Zoro seguía acariciándola.

La mano de la chica apartó a la de Zoro de su intimidad. Él la miró extrañado. Ella, en vez de explicarle, se mordió el labio y metió la mano en la ropa interior del chico, con la única intención de bajarla. El espadachín sonrió, comprendiendo, y la prenda pasó a la historia.

Ahora ya no se escondían nada. Estaban completamente desnudos el uno sobre el otro, sin dejar de mirarse de arriba abajo. Zoro se volvió a tumbar donde estaba antes y mordisqueó el lóbulo de la oreja derecha de la chica. Él no quería hacer nada que la pudiera intimidar así que decidió esperar a que ella le diera bandera blanca.

Robin, sin embargo, no deseaba otra cosa. Al ver que el chico no intentaba nada más alzó sus piernas y las cruzó por detrás de Zoro, haciendo, a posta, que sus sexos se rozaran. Ella llevó una mano a la intimidad del peliverde, y sin pensarlo mucho la agarró fuertemente. La acarició con sus dedos por todas partes como para conocerla. Notaba como Zoro respiraba cada vez más dificultosamente sobre su hombro.

- Mmm….- murmuró Zoro a Robin en el oído. Cada vez estaba más tenso y más nervioso. Las caricias tan íntimas de Robin estaban causando su efecto.

- Zoro… Por favor…- le contestó ella, dándole a entender que tenía vía libre- Hazlo…

Zoro alzó la cabeza y la besó profundamente en los labios. Aquello estaba siendo mucho más importante para él de lo que hubiera imaginado.

Una vez seguro de que tenía permiso, se decidió y empezó a entrar en Robin, lentamente, para no causarle ningún tipo de molestia. Robin se estremeció ante ese contacto, tan íntimo ya, y se aferró a la espalda del chico. Zoro tenía las manos apoyadas una a cada lado de la cara de Robin. La miraba a los ojos sin disimulo, analizando cada gesto y cada expresión de ella. Tan solo pudo sacar en claro que Robin estaba completamente entregada. Con los ojos cerrados, le clavaba los dedos en la espalda.

Zoro siguió con cuidado. Cuando lo creyó oportuno siguió moviéndose contra ella, sintiéndose prisionero de Robin, que lo tenía abrazado de brazos y piernas.

Robin estaba sumida en otro mundo, identificando las embestidas cada vez más rápidas de Zoro con un baile de dioses, como una danza mortal. No creía estar viviendo eso, pero estaba disfrutando con cada movimiento, cada beso y cada caricia.

Cada vez la respiración de ambos era más rápida, y se entre mezclaba, respirando el aire respirado muchas veces. Fuera el aire era helado pero entre esas cuatro paredes, sin embargo, el calor era insoportable. Los únicos sonidos de la noche en aquél barco provenían de las olas que golpeaban el barco y de los gemidos de ambos. Sin duda, si hubiera habido alguien más en el barco los hubiera escuchado.

Robin soltó a Zoro de repente y, sin dejar de besarlo, lo empujó a un lado. El chico no se esperaba una cosa así y rió. Robin se abalanzó sobre él, que ahora yacía tumbado a un lado. Se sentó sobre él como antes y, sin pensarlo mucho, deseando volver a sentirlo dentro de ella, empezó a subir y bajar sobre el peliverde.

Zoro extendió los brazos en forma de cruz y cerró los ojos con fuerza. Ahora era el turno de Robin se tomar el mando y él solo se dejó hacer. La chica apoyó las manos sobre el pecho de Zoro para sujetarse porque el placer estaba empezando a hacerla su víctima. Cerró los ojos también y curvó su espina dorsal hacia atrás. Tiró la cabeza para atrás en busca de más aire para sus pulmones, porque le parecía que Zoro se lo estaba llevando todo, que se llevaba sus fuerzas.

De golpe Robin empezó a sentir descargar eléctricas en sus dedos y aceleró, arrancando pequeños gemidos, cada vez más rápidos, de Zoro. El chico puso ambas manos en el trasero de Robin, acompañándola en sus movimientos y abrió los ojos como pudo. No quería perderse aquél momento. Sentía como Robin estaba tensa sobre él, que estaba enloqueciendo. No quería perderse la expresión de la chica, que resultaba muy sexy son la boca abierta y realmente sudada.

Robin clavaba los dedos en el pecho de Zoro, haciéndole daño, pero el chico no se quejó. Estaba disfrutando demasiado con lo que estaba viendo. Los pechos de Robin bajaban y subían con cada movimiento de la chica, mientras ella cada vez gemía más alto y más seguido, acompañando a los gemidos de Zoro.

Ella estaba sintiendo que el final estaba cerca ya y se aferró a los hombros de Zoro. Aceleró aun más sus movimientos, provocando también el final del chico. Robin terminó lanzando un largo gemido y se derrumbó sobre el espadachín.

Él la abrazó fuertemente, sintiendo como ella recuperaba su respiración normal sobre su pecho. Zoro también respiraba agitadamente y cerró los ojos. Robin paseó las puntas de sus dedos por el pecho del chico, en una suave caricia. Zoro alargó una mano para agarrar una sábana y cubrirse ambos. El aire frió de la calle arrancaba susurros entre los tablones medio sueltos del Going Merry, siendo eso la Banda Sonora de aquellos momentos.

Robin concilió el sueño rápidamente. Ella, que era una mujer de poco dormir, se sentía derrotada y, entre los brazos del peliverde, se regaló a Morfeo. Zoro se dio cuenta de que ella dormía cuando bajó la cabeza y se la encontró con los ojos cerrados y respirando muy profundamente. Entonces el espadachín empezó a sopesar como había ido la experiencia.

"Desde luego ha sido impresionante… No tengo palabras…", pensaba mientras la miraba de arriba abajo. Jamás se hubiera imaginado, desde el día en que la vio por primera vez subida en la baranda del segundo piso del barco, hasta ese mismo día a la tarde, que la tendría desnuda entre los brazos.

Pero así era como se encontraban, Zoro sin poder dormir y Robin profundamente dormida, entre sus brazos. Zoro la levantó de encima de él y la dejó suavemente en la cama, sin despertarla. Se tumbó de nuevo a su lado. Hincó un codo en la cama y apoyó su cabeza en la mano, tumbado de lado. Definitivamente él, un hombre que era capaz de dormir en cualquier lugar y en las peores situaciones, no era capaz de dormir ahora. Miró a Robin, tumbada boca arriba con la cara vuelta hacia él, y acarició su cara con un dedo, desde la frente, por la nariz y hasta la barbilla. "Está preciosa, tan dormida… Es increíble lo que me ha llegado a hacer sentir… Ha sido increíble verla así, sobre mí, como en otro mundo… Y lo bonita que está ahora, rendida, recuperando las fuerzas que yo le hice perder…", pensaba él mientras reseguía con la vista todo su cuerpo, cubierto por una sábana que dejaba adivinar todas sus formas.

La boca entre abierta de Robin llamaba demasiado la atención del chico. Estaban rojos a causa de la excitación que había sentido antes, e hinchados. Zoro se acercó a ellos y los besó levemente, rozando apenas los labios con los de ella. Luego se acurrucó junto a ella, apoyándose en un hombro de Robin, y de dispuso a dormir.

Robin despertó un par de horas después a causa del ruido que el fuerte viento hacía al golpear las tablas del barco. Descubrió a Zoro apoyado en ella, dormido ya, y le besó la frente. Se destapó un segundo para levantarse a buscar algo de comer pero el frío la heló al instante. Tiritando se tapó de nuevo y agarró un brazo de Zoro, tapándose con él.

Tumbados ambos de lado, uno frente al otro, Robin hundió la cabeza en el pecho de él, respirando su olor y recibiendo el calor corporal de Zoro. Sentía su cuerpo muerto. Abrió los ojos y vio las marcas que ella misma, con sus dedos, había dejado en el pecho del espadachín. Las acarició. En el momento en que se encontraba cuando le había clavado las uñas no podía hacer otra cosa. Había sido un arrebato pasional, pero no recordaba haber notado ninguna reacción de queja en el chico. Dentro de su ser deseaba que aquél momento calmado y relajado no terminara nunca. Y entre pensamientos sobre lo que había pasado en esa noche se quedó otra vez profundamente dormida, perdida entre los músculos del torso del chico.

Nami abrió la puerta del Hostal hacia las nueve de la mañana. Estiró los brazos y se dispuso a ir hasta el barco a despertar a Robin. Sanji salió también en ese momento, decidido a ir al barco a empezar a preparar el desayuno. Nami había despertado a todos en el Hostal. No encontró a Zoro.


Bueno, pues aki va el primer capítulo lemmon...(Rape, jajajajaja)

Por favor, dejadme reviews, necesito saber vuestra opinión... por si soy mala escribiendo lemmon... si me teneis que apedrear pues hacedlo...

Y gracias a todos los que me dejais Reviews, espero que lo sigais haciendo hasta el final, eso querría decir que no lo hago del todo mal!!! Gracias!!! muacks!

En el próximo capitulo, las reacciones de ambos el día después y como salen del paso de algunos imprevistos...

Igualmente, espero que me déis vuestra opinión!!

Besitos!

(Los personages y los lugares pertenecen a Eiichiro Oda y a Toei Animation. Las paranoias me pertenecen a mí)