N/A: Y aquí un episodio más. Espero que les guste~ Personalmente, amé escribirlo, sobre todo la primera parte xD
DOMESTICANDO AL NOVATO
Capítulo 3:
Curiosidad.
Los suaves rayos del sol se filtraron a través de las cortinas, impactando en las mejillas de Eiji como efímeras caricias. ¿Desde hacía cuánto no dormía tan bien? No era que acostumbrase tener sueños malos, pero... pero eso era algo totalmente distinto. No quería despertar del todo, aunque la consciencia ya empezara a obligarle a abrir los párpados, revelando aquellos ojos levemente azulados que le caracterizaban. Lo primero que vio fue el rostro de Echizen, a solo unos centímetros del suyo. Tragó saliva entonces, tensándose de inmediato. Mientras dormía, el menor había ido inclinándose más hacia él, en posición fetal casi, quedando ambos rostros frente a frente, pero invertidos. El pelirrojo miró lo que tenía exactamente delante: la boca del menor, al revés. Entonces se dijo que no era normal estudiar tan detenidamente el rostro durmiente de alguien y empezó a alejarse. No quería que el novato se despertara y creyera que era una especie de pervertido.
Fue en ese momento que percibió la silueta sobre ellos. Fue algo en extremo veloz, pero su visión se había desarrollado a tal punto, que pudo captar el leve y rápido movimiento. Dirigió la mirada allí, confiando en su percepción periférica, encontrando a un monje que sonreía de forma extraña. «¿Are? ¿Todavía estoy soñando?», preguntó una voz dentro suyo, mientras el hombre desconocido cogía una camiseta de Echizen y la usaba como velo, cubriéndose la cabeza y la parte inferior de la cara.
Entonces empezó lo bueno.
─¡RYOMA! ¡RYOOOOOMA-SAMA! ─comenzó a vociferar, imitando la voz de una mujer y moviéndose en ondas por la habitación─. ¡DESPIERTA, RYOMA-SAMA! ¡RYOMA-SAMA ENCONTRÓ EL AMOR!
─¡Oyaji!
Eiji notó que se había sonrojado entonces, cuando el hombre mencionó la palabra "amor"... «Espera, espera, no nos pongamos tan serios», se dijo a sí mismo, superando al siguiente segundo su estupor, al escuchar al menor llamar a ese hombre como a un padre. ¿Acaso...?
─¡Te dije que no molestaras! ─exclamó el menor, en pijama, con los cabellos revueltos y rojo de la vergüenza. De alguna extraña forma, el pelirrojo adoró verlo así.
─El trato era una hora por cada punto. No es mi culpa que solo consiguieras marcar uno ─respondió el hombre, el padre de Echizen, con tono burlón, antes de volver a la imitación de una mujer─. ¡Ryoma-samaaaa, tu novio te veía la boca!
─¡Eso es mentira! ─saltó Eiji, más rojo que tomate con fiebre. «No soy su novio», añadió en su fuero interno. Por un segundo, los otros dos lo miraron, antes de volver a ignorarlo. Se preguntó si aquello era algo de familia. Tal vez, era hereditario.
─¡Oyaji, vete!
─¡El pequeño Ryoma tiene vergüenza! ¡Es que ya está en esa edad!... Uhh... Muchachito ─añadió, mirando al pelirrojo con una sonrisa pícara─, espero que te estés cuidando.
Dicho aquello, se fue con una carcajada. Echizen chasqueó la lengua, rojo y evidentemente disgustado. Eiji no supo qué decirle, lo único que quería era esconderse. Se sentía expuesto.
─Esto... Ochibi...
─No le hagas caso, le gusta fastidiar. Siempre es así ─farfulló el menor, dirigiéndose al baño con una muda de ropa entre los brazos─. Karupin, ¿dónde estás?
En algún lugar de la recámara se oyó un maullido. El gato ingresó al baño con su dueño, moviendo la cola rítmicamente. El pelirrojo, por su parte, seleccionó la ropa que se pondría y esperó para poder darse un baño. Jamás habría imaginado que el padre de Echizen, el samurái Nanjiroh, fuese tan... Cuando Ryuzaki-sensei había hablado de él, Eiji se había imaginado a un monstruo del tenis. La imagen más cercana que tenía a ello era Tezuka. Tal vez por eso había pensado que el samurái sería más serio. Es decir, ¡era un jugador legendario!
─Ochibi la tiene difícil viviendo con él ─razonó, sacudiendo las sábanas. No podía estar quieto mucho tiempo. Necesitaba estar en actividad. Hacer la cama le ayudaría con los pensamientos─. Tal vez, por eso es tan huraño... Se vio obligado a ser así para equilibrar la personalidad de su padre.
Hmm, sí, podría ser eso. Es decir, el pelirrojo podía imaginar cómo sería todo si Echizen fuera una copia emocional de su padre... Y no, algo no encajaba. Uno de los dos debía ser el adulto y, al parecer, era Echizen. Se preguntó si no estaría adelantándose con sus juicios, ya que muy bien sabía él que una persona podía parecer extrovertida y eso no significaba que no fuera responsable. Lo infantil no quitaba lo maduro, no cuando se sabía encontrar el momento adecuado para cada faceta.
Luego de darse un baño y bajar a desayunar con temor de encontrar al samurái Nanjiroh, cayó en la cuenta de que el hombre se había perdido nuevamente. Echizen no parecía perturbado, así que Eiji no pudo evitar preguntarse cuánto de esa calma era fingida. Era obvio que la actitud de su padre le había provocado vergüenza al menor, pero ¿era solo eso? Recordó al hermano pequeño de Fuji y sopesó la idea de que algo parecido ocurriese con Echizen y su padre. ¿Podría ser?
─El tío está en el templo. Dijo que fueran a verlo luego de desayunar ─informó Nanako, sin dejar de caminar por la cocina, llevando vegetales de aquí para allá.
─Ni de broma.
─Ryoma-san...
─Ochibi, no olvides que tengo que retratar...
─Lo sé, Kikumaru-senpai. ¿Por qué crees que te mostré ayer el camino? Fue para que pudieras ir solo hoy ─le cortó el novato, sonriendo triunfal mientras un diminuto grano de arroz cocido caía de su boca.
Su boca...
─Ochibi... ─susurró el pelirrojo, inclinándose sobre la mesa para no ser oído por la prima del menor─. Tu padre querrá contarme muchas cosas de ti, seguramente. ¿Deberíamos tener una charla suegro-yerno?
La mirada de alerta del menor le dijo que se había salido con la suya.
─No bromees con eso, Kikumaru-senpai ─le advirtió Echizen. Lo peor fue la seriedad con la que lo dijo. ¿Tan difícil era ponerse en la situación? Quizás fuera imposible para el menor verse con alguien de su mismo sexo.
Como fuere, luego de desayunar, ambos se dirigieron al templo. Mientras Eiji empezaba a dibujar las estatuas de la entrada (sin poner mucho empeño, realmente, porque todo había sido una treta suya y no había ninguna tarea de Arte que cumplir), el menor se acercaba a su padre. Éste estaba echado al lado de la gran campana, leyendo algo... ¿una revista? Eiji sintió la curiosidad atenazarlo, así que se fue acercando, pasito a pasito...
No, no podía oír nada.
Intentó acercarse un poco más... Solo un poco...
─¡Hey, muchacho! ─samurái Nanjiroh lo llamó y a él casi se le cae el cuaderno de dibujo.
─¡Hai!
El hombre le hizo una seña para que se acercara, sonriendo pícaramente y, por un momento, Eiji temió que empezara a fastidiarlo otra vez porque había estado mirando la boca de su hijo.
─¿Qué me dices? ¿Matamos el aburrimiento?
El pelirrojo tragó saliva. Aquel hombre le intimidaba. Es que... ¡vamos, que lo había visto casi besando al hijo! ¡Seguramente quería matarlo! ¿O no? Que no quisiera hacerlo, en todo caso, sería peor. «Vamos, Eiji, tú no eres así. Relájate».
─¡Eso suena bien! ─exclamó con energía─. ¿Se le ocurre algo, Echizen no otosan?
─Mi inútil hijo me comentó hace algún tiempo que juegas dobles, ¿qué te parece si jugamos dobles, chico?
─Pero, somos tres... ─respondió el pelirrojo.
─Ustedes dos contra mí ─sonrió el padre de Echizen, mientras éste último suspiraba. Parecía resignado.
De aquella manera, terminó siendo pareja de dobles del menor. Samurái Nanjiroh jugó contra ambos, con los ojos cerrados. Era... Eso era...
─Desmoraliza ─el novato le miró, cuando hacían el cambio de posición. Le tocaba sacar─. Con el tiempo, deja de afectarte.
Entonces Eiji comprendió por qué el menor, no importando qué tan fuerte fuera su oponente, nunca se echaba para atrás. Simplemente, no había encontrado a nadie mejor que su padre. Enfrentando a aquel monstruo todos los días... incluso los jugadores más poderosos parecían accesibles.
─De hecho, iba a decirte que tu padre es increíble, cachorrito ─sonrió el pelirrojo, mientras intentaba no chocar con el menor para conseguir devolver una pelota.
Echizen le miró de soslayo un momento, de una manera que él no supo identificar. Como era evidente y predecible, el samurái les ganó. No obstante, Eiji se divirtió mucho jugando contra él, y no dudó en decírselo, descubriendo que el hombre no era tan raro como había creído en primer lugar. Una parte de sí se preguntó si no había sido el menor el de la idea del partido. Tal vez, había querido que su padre no quedara mal ante los ojos de un compañero de su club de tenis. ¿Quién sabe?
Al término de ese día, la cena fue amena. Empero, Eiji no pudo evitar extrañar a su familia. Era tan distinta a la de Echizen... Todos reían y hacían bromas. La familia de Echizen no era mala o en extremo seria, solo era... diferente. «Y... ¿qué tal si...?».
─¡Ya vengo! ─dijo a voz en cuello el pelirrojo, antes de ponerse de pie y correr hacia la habitación del menor. Podía sentir las miradas en su espalda, pero no le importaba. Estaba teniendo una epifanía.
Irrumpió en la habitación y se detuvo para recuperar el aliento, buscando con la vista su mochila. Karupin maulló y se restregó contra sus piernas, así que se agachó para tomarlo en brazos y mimarlo.
─Ya ves, Karupin, si no logras despertar curiosidad en alguien, puedes mover algunos hilos... ─susurró, sosteniendo al minino con la derecha y usando la izquierda para sacar a su compañero fiel, el pedazo de papel que era su guía. Ubicó la tercera palabra, sabiendo perfectamente lo que haría al día siguiente.
FASES DE DOMESTICACIÓN
1. Indiferencia X
2. Conveniencia X
3. Curiosidad X
4. Travesuras.
5. Mimosidad.
6. Independencia.
7. Reconocimiento del Hogar.
El día domingo llegó rápidamente. Eiji estaba descansado, pues había dormido como se suponía que debió dormir el primer día en la residencia Echizen. Temía hacer algo y que al día siguiente el padre del novato irrumpiera en la habitación nuevamente. Además, debía enfocarse en su plan.
─Echizen no okasan ─llamó, sentándose con las piernas cruzadas al lado de la mujer, quien bordaba algo con intrincados puntos─, ayer hablé por teléfono con mi familia y me dijeron que fuera a pasar el día con ellos. Están muy agradecidos por su hospitalidad.
─Es un placer, Kikumaru-kun. Cuando lo desees, las puertas de esta casa están abiertas para ti ─le sonrió la mujer. Era realmente hermosa. Eso explicaba la extraña combinación que había tomado forma en Echizen.
─Otosan me dijo que quería conocer a Ochibi, porque Ochibi ha dado una auténtica muestra de amistad. Dijo: "esos son los hombres del futuro, me da gusto que tengas esa clase de amigos, Eiji" ─el pelirrojo se irguió en su lugar, imitando la voz de su padre─. Mi familia quiere devolverle el favor, recibiendo en casa a Ochibi. Y, si ustedes lo desean, también pueden ir.
─Oh, eso es muy lindo de su parte ─comentó la mujer, pensándoselo unos minutos─. No sé si Nanjiroh podrá... Está pasando los fines de semana en un restaurante, en la playa, así que estará algo ocupado, igual que Nanako-chan y yo, pero le diré a Ryoma que te acompañe. Es lo menos que podemos hacer como agradecimiento hacia ustedes.
─¡¿En serio?! ¡Gracias, Echizen no okasan! ─Eiji se puso de pie con rapidez, haciendo repetidas venias y yendo a la habitación del menor para despertarlo. Sí, había madrugado para poder hablar con la madre del novato a solas.
Cuando empujó la puerta, encontró a Echizen quitándose la ropa.
─Kikumaru-senpai, toca la puerta, ¿quieres? ─dijo el menor, aunque no se oía enfadado. No parecía encontrar nada extraño en el hecho de que otro hombre le viera semi-desnudo. «El anormal aquí eres tú, Eiji», se dijo, intentando reprimir una sonrisa.
─Ochibi~ ¡Prepárate! ¡Hoy conocerás a mi familia!
Hubo un silencio atronador entonces. Echizen parpadeó un par de veces, inmóvil, antes de continuar lo que hacía.
─No quiero ─respondió con simpleza.
─Vamos, Ochibi... ─el mayor se le acercó, mostrando un puchero─. ¿Acaso no te da curiosidad?
Eiji había esperado un inmediato "no", pero en lugar de eso, solo obtuvo silencio. ¿Qué quería decir eso? Estuvo a punto de preguntar, cuando la madre del menor apareció en la puerta, indicándole a su vástago que quería que llevara un platillo de comida a la familia del pelirrojo, tal como éste había hecho al llegar a la casa Echizen. El menor objetó, pero al final terminó cediendo. «Bendito sea el poder de las madres», se regocijó el sénior, apresurando al menor para que se vistiera.
─Me hubieras dicho que tienes un perro, Kikumaru-senpai.
─Frost es incapaz de dañar a nadie ─habló el pelirrojo, sonriendo al ver cómo el menor llevaba a Karupin en brazos─. Irina, nuestra gata, nunca ha tenido problemas con él. Ya verás cómo Karupin se divertirá con ellos, Ochibi.
─Hmm.
El bus iba llegando a su destino, cuando el mayor (llevando sus cosas, pues ya no iba a regresar a casa de los Echizen) sintió que era momento de preguntarle algo que quería saber.
─Ochibi~
─¿Hm?
─¿Por qué, cuando te dije que conocerías a mi familia, dijiste que no? ─inquirió. Sabía que si lo preguntaba con normalidad, el menor se limitaría a decir que no quería, así que se cercioró de sonar lo suficientemente serio. De esa manera, podría sorprender al menor con la guardia baja y éste podría responderle con sinceridad.
─Demasiadas personas ─musitó el novato, acariciando la cabeza de su gato.
─Sí, he notado que no te agrada estar rodeado de mucha gente, Ochibi ─replicó el mayor, ya caminando por la última estación y saliendo de ésta para guiar al otro hasta su casa.
Echizen lo seguía, mirándole con cierta mezcla de sorpresa y enojo que le agradó.
─Pero, Kikumaru-senpai, si tú sabías...
─¿Alguna vez has intentado ponerte en el lugar de las personas para sentir lo que sienten, cachorro? ─cuestionó el sénior, antes de guiñarle un ojo al otro─. Pensé que no debía ser fácil dejar a un extraño ingresar a tu casa y ver tu forma de vida, conocer a tu familia... y pasar vergüenza. Entonces llegué a la conclusión de que, si pudiera, haría lo mismo por Ochibi. ¡Y me di cuenta de que realmente podía! Fue sencillo llamar a mi casa para concertar la cita.
Se encogió de hombros luego de decir aquello, sonriendo y teniendo las mejillas teñidas de un leve rojo. Miraba al frente, pero pudo notar los ojos dorados del menor en él. Lo veía... pero no decía nada. «Qué extraño...». Normalmente, Echizen diría algún comentario sarcástico o mordaz y él le abrazaría impulsivamente. Normalmente...
─Kikumaru-senpai no es un extraño.
El pelirrojo detuvo sus pasos al oír a su kohai. Algo se había removido en su interior con esas palabras. Eran palabras simples, de esas que se podían decir cualquier día y a cualquier hora. Y, no obstante, qué efecto habían tenido en él...
─De todos modos, es bueno saber lo que piensas, senpai. Ahora no tendré compasión al hablar con tu familia y sacarles tus más íntimos secretos ─añadió de pronto el novato, con una sonrisita de suficiencia al cortar aquel momento extraño.
─¡Ochibi, ni se te ocurra!
─¡Ya se me ocurrió! ─la sonrisa se hizo más amplia, justo cuando ambos llegaron a la casa del sénior. Éste tomó del hombro al menor, como una indicación de que se tomase las cosas con calma. O de que se preparara.
─¿Otosan? ¿Okasan? ─llamó Eiji.
─Eiji, llegaste ─exclamó su madre, saliendo de la cocina y acercándose al invitado─.Tú debes ser Echizen Ryoma-kun. Mi hijo nos ha hablado mucho de ti.
─Okasan...
─Ehh, así que Kikumaru-senpai es de esa clase de chicos... ─murmuró Echizen, sin borrar la sonrisa─. Señora, ¿puedo dejar a mi gato por aquí?
─Claro, claro, tú siéntete como en casa. ¡Anata! ¡Llegó el amigo de Eiji!
─¡¿El que derrotó al demonio de Yamabuki?! ─se oyó varios pares de zapatos bajando a la carrera por las escaleras, mientras el novato miraba a su senpai. Éste evadía su mirada, con el rostro rojo.
─Así que este es el novato estrella, eh ─dijo uno de los hermanos mayores de Eiji.
El pelirrojo procedió a presentarlos a todos, empezando por su abuelo, luego presentó a su abuela, a su madre, a su padre, sus hermanos mayores y luego sus hermanas mayores. El novato parecía tener problemas para recordar los nombres de tantas personas, lo cual el sénior encontró sumamente adorable.
─El quinto hijo de cinco, hmm... Eso explica por qué eres tan infantil, Kikumaru-senpai.
Sus hermanas rieron por el comentario, mientras él esbozaba un puchero. Su madre y su abuela terminaban el almuerzo y él las ayudaba, así que su abuelo comenzó a contarle a Echizen anécdotas de su niñez. Eiji intentó detenerlo, pero no podía estar a su lado todo el tiempo para vigilarlo, al final siempre tenía que volver a la cocina.
─Él es el que tiene la sazón ─oyó decir a una de sus hermanas.
─Y pensar que siempre se escapa cuando Oishi-senpai le dice que cocine algo ─ése era Echizen. Intentó escuchar mejor─. ¿Hay algún otro talento que tenga oculto?
─Colecciona insectos muertos ─habló uno de sus hermanos mayores. «¡Noooo!».
─¡¿Qué le están diciendo a Ochibi?! ─vociferó al llegar a la sala. Instantáneamente, sus hermanos y hermanas mayores, se alejaron del menor, quien sonreía angelicalmente. No, no estaba intentando ser social, él simple y directamente estaba vengándose de Eiji por todo lo sucedido.
─Kikumaru-senpai, no sabía que tenías ese lado nerd ─comentó con una sonrisa triunfal.
─Mira quién fue a hablar... el que ayuda en la biblioteca~
─¿Cómo sabes eso?
─No te importa~ ─canturreó el pelirrojo, sacándole una lengua al menor.
─¡Eiji!
─Ya voy, okasan.
Luego del almuerzo, Echizen pidió expresamente ver fotografías de su sénior cuando niño y, por más que éste intentó impedirlo, sus hermanos sacaron el álbum de fotografías. El novato ocupó el lugar central del sofá, con el álbum en su regazo y la familia de Eiji alrededor suyo, contando la historia de cada fotografía. El pelirrojo entendió que se estaba vengando, sí... pero, ¿por qué se le veía tan a gusto? ¿Por qué parecía realmente interesado en todo lo que le contaban sus hermanos, sus padres y sus abuelos? «Tal vez, sea muy buen actor».
─¡Mira! ¡En esta fotografía sale Eiji meando en el fondo!
─¡No lo había visto al momento de tomarla! ¡Juro que solo te veía a ti y al abuelo!
─Tenía cuatro años allí. ¿No es una lindura?
─Sí, con ese maní al aire.
Eiji sintió su rostro arder, sobre todo al ver lo bien que se la estaba pasando Echizen. Resistió las ganas de mostrar a todo el mundo la ridícula fotografía que él tenía del menor en su móvil, descartando la idea al siguiente segundo. En primer lugar, conocía a sus hermanos... De alguna manera, terminarían dirigiendo la conversación a él, acusándolo de acosador o algo peor. En segundo lugar... no, no era una fotografía ridícula. El hecho de ser el único que supiese de su existencia la hacía más valiosa.
La tarde desfiló rápidamente, para fortuna de Eiji. Al final, el novato y él terminaron jugando con Frost, Irina y Karupin en el jardín. Echizen se convenció de que Frost no era peligroso. Los años lo habían vuelto un perro bastante pacífico, que apenas caminaba. Incluso dejaba que los gatos se contonearan a su alrededor.
─Es todo un abuelo ─había comentado el novato─, como el tuyo. Kikumaru-senpai.
─Mi abuelo es único ─sonrió el pelirrojo, haciéndole cosquillas a Karupin.
─Y que lo digas.
─Ochibi, ¿nunca conociste a tus abuelos o no viven contigo?
─Nunca los conocí y oyaji rara vez los menciona, así que siempre supuse que están muertos. Debió suceder cuando yo era pequeño, aunque desde mucho antes oyaji ya se la pasaba viajando.
Eiji miró al menor durante lo que pareció ser una eternidad, engarzando su mirada con la contraria, antes de tirársele encima y rodar sobre el pasto.
─¡Ochibi, eso es el comentario más largo que te he escuchado decir! ¡Y me lo has dicho a mí! ─festejaba, apretando al menor contra su pecho y sonriendo ampliamente, con ojos brillositos.
─Kikumaru-senpai, dej...
─¡Es increíble!
─¡Senpai!
─¿Nani?
─Ya es hora de irme ─declaró Echizen, levantándose con un poco de torpeza (tal vez, estaba mareado por los giros). El mayor creyó ver un ligero sonrojo en su rostro─. ¡Karupin! Vamos.
Luego de las despedidas correspondientes, Eiji insistió en acompañar a su kohai, quien aceptó a regañadientes. Llevando las cosas del otro, se dio cuenta de algo: estaba tratando al menor, como sus hermanos lo trataban a él. Es decir, lo fastidiaba, sí, pero le gustaba consentirlo y cuidarlo. Al ser el hermano menor, Eiji sabía lo que se sentía ser cuidado, sentirse protegido, y así había estado bien toda su vida. Nunca se había detenido a pensar que cuidar podría sentirse mejor que ser cuidado, porque nunca se le había presentado la oportunidad de ser realmente protector con alguien. Echizen no parecía el tipo de persona que disfrutase teniendo protección, sino más bien el tipo de persona que ve la protección como un límite a su libertad. Sin embargo, incluso algo tan pequeño como llevarle las cosas o acompañarlo a casa, le daba al pelirrojo un fuerte sentimiento de fuerza, fantaseando... pensando que, si algo sucediera, estaría él allí para cuidar a su menor.
Cuando regresó a su casa, todo volvió a la normalidad. Al día siguiente el mundo seguiría en su órbita y las cosas volverían a su lugar. Se preguntó si es que la relación que tenía con el novato mejoraría y eso se reflejaría en el tiempo que compartían en las prácticas de tenis... ¿Sería posible? Ahora que el menor ya no le trataba tanto como a un extraño, tal vez, podría acercarse más a él. Salir a divertirse a un lugar o... «¡Bingo!». La sonrisa se volvió gigante en su rostro, sabiendo ya lo que haría al día siguiente.
Sin embargo, en el mundo de las imposibilidades, había muchos factores que podían influenciar para que un resultado se diera. En el mundo de las imposibilidades, todo era posible. Él no era Inui, no podría haberlo previsto... Dudaba que, incluso, el mismo Inui pudiera haberlo visto venir.
─¿Mushi mushi? ¡Dime, Ochibi!
─Kikumaru-senpai, ¿puedes buscar en tu casa a mi gato? Karupin no está. No lo encuentro por ningún lado...
─Pero ¿qué...?
Eiji enmudeció un segundo, oyendo la respiración irregular del novato a través del móvil. Dejó ir un suspiro, antes de cortar la llamada y salir corriendo de su habitación.
Continuará~
