CAPITULO 2: TÚ DE SLYTHERIN Y YO DE GRYFINDOR

Draco y Harry estaban en el andén, ambos habían pedido permiso a sus respectivos custodios para que les dejaran partir. A su particular manera, Harry soborno a Dean para que si no fuera un ataque de magos oscuros ni le llamaran por el resto del día y Draco arreglo sus consultas para dejar el día libre, una vez los pequeños se subieran al tren, ellos se irían a divertir en algún bar para intentar ahogar la ansiedad con licor. No era una buena manera, claro, pero era la que conocían y al final, siempre estaba el sexo, dulce y delicioso que rompía los cristales del departamento.

-Sólo no lo hagan en mi habitación – Exigió Tom cuando descubrió la mirada que Draco siempre ponía cuando pensaba en hacerlo en todas las superficies de su hogar y que le dedicaba a Harry entre las personas. Un coqueteo inocente que algunos tachaban de inexistente, hasta que los encontraban en el acción.

Teddy hizo cara de asco y recordó que en una ocasión los sacaron de un restaurante por comportamiento inadecuado en los sanitarios. Por supuesto que ellos se enteraron ya hasta que sus padres estaban gritando y luchando por entrar en el restaurante muggle, específicamente en el área de juegos en el que veían desde la punta de la torre de la piscina de pelotas a los meseros intentar frenar el avance de su muy enojado padre, al que no le creían sobre sus pequeños. Según esos idiotas, unos desviados no podían tener unos adorables e inocentes angelitos.

La putada que se llevaron en los huevos cuando Tomas les echo a Teddy encima para que les mordiera los tobillos y algo más. Al último tuvieron que ir al hospital para asegurarse que el chucho no contrajera nada.

Ni Draco o Harry confirmaron si su licantropía se pasó o no. Tampoco era algo que le robara el sueño a Teddy.

-Si presentas los exámenes y consigues las notas en "perfecta", puedes exigir te hagan los disquisiciones para adelantar curso – Explico Draco – No será por mucho tiempo el que pases con mocosos que aún se dejan los fluidos en la cara y tiemblan por sus sombras.

Harry rodo los ojos, acostumbrado a lo sobreprotector que su esposo podía ser, les dio un fuerte abrazo a sus muchachos y les pidió que se cuidaran. Con una nalgada vergonzosa y amorosa, les obligo a subir al tren para que escogieran un vagón y pudieran hacer el viaje juntos. Pues aunque Tom lo sabía ocultar, estaba nervioso y Teddy siempre consiguió calmar el voluble temperamento de su hermano.

Aun había personas que veían mal a Draco. Que desdeñaban a Tom. Que les miraban por sobre el hombro y les juraban que lo que ellos decían y hacían era lo correcto. Draco les ignoro lo buenamente que pudo. Necesitaban que sus hijos les despidieran detrás del cristal y les vieran con una sonrisa en la cara, así como si estuvieran drogados con buena hierba. Para cuando el tren cerró sus puertas y encendió su motor, para cuando los chiquillos abrieron las ventanas y sacaron sus manitas y los hermanos Potter Malfoy hicieron su acostumbrada magia sin varita, transmutando los faroles del andén de negros y tristes celadores a cascadas de explosiones de flores y chispas, de magia que sonaba y se carcajeaba, Harry y Draco les lanzaron un beso.

Hasta que el último vagón salió del andén, ambos se quedaron quietos, escuchando las chisporreantes flores que seguían decorando todo.

"Nos vemos en vacaciones" decían.

"Prometemos no hacer destrozos el primer mes" juraban y ambos padres ni a un pétalo le creyeron.

Algunos alagaban la magia compartida y otros, ya cuchicheaban sobre un Mortifago más que compartiría clase con sus buenos hijos.

-Ignóralos – Pidió Harry.

-No puedo – Harry tampoco podía – Los alagan, les parece preciosa su magia de trasmutación pero si supieran quienes fueron… no dirían lo mismo – Harry no podía negarlo – Si los dejamos así, no se detendrán. Si vamos a tener que recoger año con año…

-Señor Potter – Les interrumpió Jessica Golondra, una nueva reportera que esperaba estar a la altura de Rita. Hizo a un lado a Draco y para evitar que esos tacones baratos le arruinaran el calzado, Draco la dejo creer que había ganado – Para el Profeta. ¿Contestara al nuevo desafío de sangre que el licántropo Amadeo ha lanzado contra usted para reclamar la oscura sangre de Malfroy? Ya sabe, están diciendo que las criaturas oscuras ocupan de la puta del que fuera el mago tenebroso más grande para poder alzarse contra el Ministerio e imponer sus negras y malignas presencias en la comunidad mágica de forma libre.

Draco se carcajeo de la cara de espanto que puso Jessica cuando su Harry invoco una marca que se asemejaba mucho a la que usaba Tom Riddle para puntualizar sus ataques y que inevitablemente hizo correr el pánico. Harry convoco unas llamas verdes en sus pies y agravo su voz con otro hechizo, todo luces y destellos.

El hombre era un dramático.

-Draco Malfoy es mío.

Así era como a Draco le gusta sentirse.

Importante.

Único.

Sólo de Harry Potter.

-Hey, tomy – Pidió Teddy desde su asiento, sacando la cabeza por la ventana del tren y disfrutando la brisa golpearle, y la vista que era divina– Tienes que ver esto. Alguien hizo enojar a padre.

Tom se delito al verlo…

Los Potter volverían a ser tema de conversación esta semana. Ya deberían de aprender a no hacer enojar a su padre. Para derrotar a un mago oscuro se debía de ser por lo mínimo un mejor cabron que un mago oscuro… y Harry Potter era uno.

-Mete tu húmeda nariz de cachorro que te la van a cortar – Teddy sacudió su naricita y Tom no pudo evitar compararlo con la bruja de Hechizada, la vieja serie estadounidense de media noche. – Hay que comenzar a hacer planes.

-No creo que debamos, hermano – Le freno los pies – No es bueno que de repente estés todo manipulador y controlador. No es buena propaganda.

Tom le mal miro y Teddy trago duro. No deseaba que sonara así pero no quería ver a su hermano triste por no encajar o ilusionarse con poder llevarse bien y nadie le diera la oportunidad de demostrar que era algo más que un maniaco de las pociones y las artes oscuras y un creído sabelotodo… bajo esas capas de sarcasmo y mala leche matutina, Tom tenía mucho que ofrecer. Y seria arruinado si de repente su vena controladora salía a flote antes de la cena.

Teddy no quería admitirlo pero el ser un Hombre Lobo no ayudaba. Incluso con su bonachona sonrisa y coquetería galante e inofensiva, mantenía un perfil bajo. Aun cuando se estaba viendo la posibilidad de aceptar criaturas mágicas oscuras desde el año pasado, totalmente inaceptable para algunos mestizos que temían por sus hijos. Y él fue una moneda de cambio, la imagen que el programa usaba para apaciguar a la prensa y al consejo de profesores y padres de familia. No estaban de acuerdo con Harry Potter pero seguían confiando en su héroe… y en el hijo de un hombre que nadie conoció y al que despreciaron pero justamente eso había ayudado a que no se le cerraran las puertas y las mismas se abrieran a otros alumnos.

Si al final la muerte de su padre si valía la pena.

Pero Tom no tenía nada parecido. Él era un huérfano de Tragadores, hijo de un Mortifago y seguramente el próximo seguidor de algún Mago Oscuro apenas viera la oportunidad. Tom la tenía aún más difícil que él.

-¿Te conté sobre mis amigos? – Tomas apretó sus labios y se dispuso a leer un libro. Si su hermano quería cambiar de tema, entonces él fingiría escucharle y Teddy sabría de inmediato que le ignoraba a posta, castigándolo por tratarlo como un niño cuando él era el mayor - ¡Oh, Tom! No seas berrinchudo. De seguro que Anni no vuelve a hablarme este año. Sus padres son unos snob que no quieren tener nada que ver con los Mortifagos… - Tom siguió con su lectura – Sus padres dicen que yo soy inocente y por eso la dejaban juntarse conmigo pero ahora que tu estas aquí, no creo que la vuelva a ver.

-Si esa chiquilla no puede pensar por sí misma – Le contesto – No se merece que le hables. No te merece, Ted.

Si, esa era la amabilidad de Tomas Potter Malfoy.

Él no daba abrazos, ni repartía besos. Se concentraba en las palabras. La guerra se hacía con ella y la paz se firmaba con ella, hacer que el hombre encontrara sentido en la vida se debía a un par de palabras bien dichas... Y Tomas no permitiría que un amor platónico mal encaminado le rompiera del todo el corazón a su tonto y sentimental hermano menor.

El tiempo pasó sin mayor contratiempo.

Nadie quiso entrar al vagón.

A Tomas no le sorprendía. Así que cuando tocaron a su puerta y no encontraron a nadie parado enfrente de ella, Teddy se levantó a abrirla mismo. Su nariz detectaba un olor debilucho e inexistente. El tren seguía moviéndose y la señora que vendía sus dulces siquiera les ofreció de la mercancía.

Abajo, hincado en el suelo, un niño de primero temblaba con un colorido pelo purpura cubierto por baba viscosa de dudosa procedencia. Sus enormes ojos cafés derritieron a Teddy que no tenía corazón para cerrarle la puerta en la blanca cara con pecas… muchas pecas… Tom lo leyó como un papel y si quiso negarse, tampoco pudo.

-Pasa – Insistió Teddy – Mi hermano es bueno con los hechizos, seguro que te ayuda.

-¿Yo? – Tomas carraspeo – Claro que hablas de mi – Fingió calma. Su magia no era para ayudar mocositos que no sabían defenderse. En el orfanato ya le hubieran hecho ceviche. Pero San Teddy quería dárselas de samaritano – Quédate quieto…

-Estel – Chillo casi sin voz.

-Estel – Concedió Tomas. Teddy reconoció el depredador brillo en Tom. Lo que fuera que descubriera del espantado chiquillo le tenía contento – El primer año siempre es difícil.

-¿A si? ¿Cuántos años has estado aquí, Tom? – Le corto Tedd. No le gustaba el aire sabelotodo en Tom.

-Por favor – Suplico – No tenía que estar aquí. Tú me colmabas la paciencia siempre contándome de tus experiencias – Ted tuvo que cerrar la boca – Cada año me contabas de los de primero y sus meteduras de pata. Siento que he cursado primero cuatro veces.

-Ahora que mencionas el tema – Se tendió en el asiento, tan largo era y trono los dedos, tomando una posición que sus padres no le conocían – Yo soy el que va en tercero, me gustaría que me trataras con más respeto. Al menos he conseguido estar a un paso… tres pasos delante de ti.

-No por méritos propios. Eso te lo aseguro.

-¡Tom!

-Naciste en la cuna correcta y es todo – Berreo sin alzar la voz – No voy a discutir eso aquí, frente a invitados – Señalo a Estel – Ahora si me disculpas, bruto hermanito, tengo que arreglar a este Elfo Domestico.

Estel se hizo aún más pequeño ante la atónita mirada de Teddy. Quien impresionado tuvo a bien oler al enano. Paseaba su nariz por entre los cabellos y el cuello, en donde las marcas de olor se concentraban y con horror le tuvo que dar la razón, una vez más, a su hermano que conseguía saber todo.

Las criaturas mágicas estaban permitidas… entonces, no sólo dejarían a Lobos y Vampiros entrar sino que la escuela se extralimitaba sin preparar a los alumnos sobre los riesgos que podrían correr con las diferentes especies o las ventajas que traía tener un intercambio intercultural…No, claro que no… Nadie se preocupaba de la verdadera manera en la que las cosas terminarían con el desconocimiento que siempre les obligaban a tener y a escoger como lo correcto.

Si Estel era un Elfo Domestico eso significaba que… arrugo la cara de asco ¿Quién se aparearía con un Elfo? Esas criaturas eran feas… lo pasaba de Elfos del Bosque o de la luz… ellos sí que eran modelos pero ¿Domésticos?

-Teddy estas incomodando a Estel – Le llamo la atención, viendo si conseguía que su estúpido hermano dejara de ponerse rojo – Te sugiero que te calmes.

-¿Cómo lo descubriste? – Pregunto Estel aun hecho una bolita en el suelo.

-Bueno, tu nombre es muy usado para la servidumbre – Estel agacho la cabeza y deseo morir de la vergüenza. Ted gruño, enojado por el poco tacto de Tom – No tomaste el asiento, un lujo que los Elfos Domésticos no tienen y esperaste a que se te invitara a pasar. Lo que nos habla de una esclavitud diferente a la que Hermione Granger abolió por medio del P.E.D.O y llevas la marca de tu dueño tras la oreja. La vi cuando te limpie y quite el color de tu bonito pelo negro.

-¡Estaba cubierta por un Glamour! - Chillo histérico.

-Ninguna magia es demasiado para Tom. Él puede con todo – Explico Ted y Tom hincho el pecho orgulloso – Será mejor que descanses un poco. Ya casi llegamos al castillo y tienen que arreglarse.

Tom se guardó los sórdidos detalles que ya sabía sobre la condición de Estel. De seguro que el medio Elfo no apreciaba que dijeran en voz alta que su amo era un familiar, que su gestante de seguro fue violado, que a él se le usaba como un esclavo con todo lo que ello implicaba porque no existía ley alguna que le protegiera y como cereza al pastel, estaba allí para encontrar algo… a ningún amo le gustaba que sus pertenencias se educaran.

Mantendría un ojo fijo en el chico.

El arribo a Hogwarts fue soso, simple y plano. Las velitas y el techo no sorprendían a Tom. Draco le había acostumbrado a verdaderos despliegues de magia decorativa que palidecía a los intentos de la escuela durante sus cumpleaños y siempre con pedido previo. La magia no estaba tan bien vista en casa después de todo.

Desde su lugar, Teddy le mandaba ánimos. Rodeado de sus amigos. Mismos que jamás pisaron la casa o invitaron a Teddy a pasar las fiestas, no que él supiera. Pero era cosa de su hermano y mejor no decir que estaba al tanto. Teddy no apreciaba que husmeara. Todo un Alfa.

-Alumnos, les doy la bienvenida a Hogwarts, el colegio de magia y hechicería más grandioso de gran Bretaña. El mejor en su historia y con una notable participación en la última guerra por sus servicios prestados de notable valor civil y moral incuestionable – Hablo Minerva McGonagall desde el pódium que Dumbledore usara. La vejes se había acrecentado y le faltaba poco para dejar la dirección a alguien más capaz y con un brío que pudiera contra los chiquillos que cada día se volvían más enérgicos – Espero que seamos su familia. Howards no es sólo una escuela, será su casa por siete años. Y como en toda casa hay reglas. Síganlas y les aseguro que su estadía será colmada de buenos recuerdos. Ahora, el momento que todos hemos estado esperando. La selección de los nuevos alumnos.

Tom no presto atención a la llegada del Sombrero Seleccionador o de su ridícula cancioncita hasta que sintió su pesada mirada encima…

Escucha la advertencia, mi hilo delgado es.

Porque la sabiduría en uno solo, la respuesta es.

Teddy tiro su jugo de calabaza en la falda de su compañera que pego el grito en el cielo, como si lo que le pusiera encima fuera acido, convenientemente todos giraron a verla y pasaron por alto el intercambio entre su hermano y el Sombrero. Teddy fingió preocuparse por ella y la limpio con un pase de varita.

Minerva McGonagall desenrollo su papiro y dio lectura a los nombres… el primero en pasar fue Estel Rosse y quedo en Gryffindor.

-Tomas Potter - Minervia omitió el Malfoy para evitar el susurro y no lo consiguió, de hecho, lo incremento. Ella le había dicho que Harry que no inscribiera a la criatura en la escuela, que ella no se responsabilizaría de lo que pudiera pasarle.

Tomas alzo su delicado mentón de Doncel e hizo sonar su pesada capa, un accesorio que Draco le dejo llevar para honrar a Severus Snape y seguro el viejo sonreiría satisfecho, ese hondear y chasquido era perfecto. Cara de luna y ropa oscura, pedantería Malfoy. Tom caminaba con la gracia de una serpiente y la presencia de un basilisco, Harry solía decir que Tom era un Hipogrifo…

Tomas arrugaba su preciosa frente y negaba.

Pero Tomas no se veía como Harry si alcanzaba a verlo, él sabía que su hijo volaría lejos algún día y llegaría a conquistar cielo y tierra, atravesando mar y fuego, con sus fuertes patas y el pico más duro que alguien pudiera tener. Un Hipogrifo era una representación perfecta de Tom.

Poder.

Seducción.

Vida.

Honor.

Lealtad.

Pero eso no tenía que saberlo Tom, no aun.

-Bien, bien – Dijo el Sombrero y Tomas mantuvo su expresión facial en neutral. Conocía que esa charla ocurría en su cabeza y nadie podría espiarlos. Pero, no significaba que estaba cómodo con la idea de que una entidad que no existía como tal, se metiera a su conciencia usando una especie de Legeremens – Uhhhh….aaaaaaaaa – Grito en alto. Tomas fingió taparse sus finos oídos y pidió una explicación de forma sórdida. Si, él no pedía, ordenaba cuando los groseros le gritaban en la cabeza – Tú, tú…

-Si, hemos dejado en claro que soy yo. Gracias.

-Tomas Riddle – Exhalo con espanto, removiéndose agitadamente sobre sus castaños cabellos. Casi gritándole a la directora porque salvara su pellejo de tela – No, no puedo escogerte por segunda vez.

Tomas respiro y se obligó a mantener la calma. Él no era ningún idiota y sabía leer. Historia de la magia e Historia social de los conflictos eran lecturas ligeras para ir a dormir y claro que entendía quién era Tomas Riddle. Toda Bretaña lo sabía.

-Sólo grita la estúpida casa a la que me vas a mandar para que podamos terminar con esto y será mejor que no le digas a nadie lo que has descubierto hoy.

-¡¿No lo sabias?!

-Terminemos con esto… por favor.

El silencio en la sala se hizo denso.

Teddy temía por su hermano.

Y cuando el Sombrero decidió ninguna casa celebro.

- ¡Gryffindor!

Tomas era el primer señalado como Mortifago en entrar en Gryffindor después de la guerra.

Tomas fue a sentarse en la punta de la mesa, alejado de todos. Incluso de su hermano que le valio la opinión de los demás y fue al encuentro de su familiar.

La selección continuo con los últimos cinco niños y Teddy no conseguía pasar bocado.

-Tú eres de Gryffindor y yo soy de Slytherin, Ted – Le aclaro – Estamos en la misma casa pero eso no me hace ser un león. Para esta manada de amantes de la hierba gatera soy una serpiente, ellos me hacen una. Tú eres un león y yo una serpiente.

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Notas de la autora

Agradezco infinitamente el que me tengáis tanta paciencia. Que me sigas leyendo, apoyando, comentando y que leas, de madruga, mañana, tarde o noche y digas que esto da para más.

A ti por seguirme, gracias.

A ti por comentarme, gracias.

A ti por inspirarme, mil gracias.

A ti por atreverte a conocerme, muchas gracias.